Wednesday, January 31, 2007

Con estos mimbres vamos a perder el tiempo.

Casi hagiografo, coño... me ha hecho gracia.
Zumba el pastel y alguno no acaba de entender que somos a medias, siempre a medias; que nada es blanco entero o negro puro, que lo bueno se subsume en lo malo y viceversa, que en el empecinamiento está tanto el error como en la flaccidez de ánimo.
Llevo ya unos años pisando la frontera del «todo me toca los cojones» y ya me he acostumbrado a vivir en ella, un pasito aquí y otro allá. ¡Ay!, la vida... con el hombre ocupando el centro en un «siempre» hasta que se acabe, haciendo causa de lo que no tiene sentido porque simplemente no existe... Mi abuelo murio de eso; bueno, lo mataron por eso. En fin...
Qué bonito debe ser trabajar de funcionario de lo que sea.
Y también debe ser muy bonito conocer exactamente el origen de la culpa, la propia y la ajena.
A mí me contaron de chico –y lo creí– que el hombre es «hombre» porque se supo dotar de una organización sujeta a ciertas normas que deben ser norte a pesar de que no resulten cómodas. Y desde este punto de vista siempre me ha jodido un punto detenerme en lo anecdótico, de tal forma que no entiendo que se cargen los misiles contra el que cumple una norma mal trabada y se deje sonreír y respirar al que la dictó y la mantiene. ¿Quién coño es el culpable? Y no hablo de moral, que es un abstracto lábil y demasiado personalizable; hablo de lo escrito para ser cumplido. Hay que minar al sistema y a quien lo dicta, y no al que vive en él y se adapta con inteligencia –que a veces es el que mejor sabe minarlo–. Algunos se morirán sin entener nada, y lo harán felices de haber tenido sólo pequeñas inquinas y tontas disputas.
Lo que más me duele es que quiero a esta tierra, la mía, la que me vio nacer y recoge a todos mis muertos, la que mantiene a mis hijos –tengo tres propios y dos ajenos [de color negro]–... y la veo siempre nadada en una genética común de desánimo destructivo –y esto viene desde mucho antes de que el duque se trajinara a algunas de nuestras ancestras–. Debe ser una maldición finisecular o una especie de «andancio» nativo y eterno.
Y si Béjar no da hombres capaces de sacarla adelante –que no los da ni a tiros–, habrá que dejarse querer por alguno de fuera que sepa poner nuestra miseria en apartados y empezar a darles salida. Oye, y como muestra un botón, que hace un par de semanas me enteré de que la herencia del bueno de Girbal se la van a merendar los juzgados y sus hienas porque tres instituciones bejaranas no se ponen de acuerdo en cómo biengastar esos fondos –pocos–. Si no somos capaces de gestionar un pequeño regalo de alguien que tuvo que irse de aquí para triunfar, cómo vamos a sacar adelante lo complejísimo de este pueblo.... Eso sí, vengan palabras altisonantes, que en eso somos Giness... «Esto se cae... Esto se hunde... Esto no se puede hacer... Algo habrá hecho mal para estar donde está...»... A la puta mierda con todos, a la puta mierda... porque en el entretanto se van jodiendo el tejido industrial, el turístico, el social y el económico. Prefiero mil veces a un malvado con ideas positivas y capacidad de crear sinergia que a un bendito funcionario de buenas intenciones experto en poner pegas puntuales sin dar soluciones viables, que eso ha sido Béjar siempre, un puñetero paraíso de funcionarios de buenas intenciones expertos en el «ni como, ni dejo comer». ¡A la mierda!
Antes los respetaba e incluso los admiraba, coño. Ahora me producen picores.
Y luego esa otra coña de «Empresarios Ejemplares Bejaranos» con capacidad de salvar la patria. Si aquí ya no pasamos de un par de viejos trapeides y algún concesionario de automóviles... ¿Empresarios?... ¡¡¡Tenderos!!!, coño, tenderos y representantes de comercio... vaya tejido industrial y vaya mimbres.
[Hoy he recibido cinco mensajes telefónicos anónimos y agresivos en los que se me insulta y amenaza por defender a Francisco Montero. Vamos bien. Anoto aquí el agradecimiento al señor Gadea por poner su nombre junto al mío, aunque sea para tener opiniones encontradas, que de bien nacidos es ser agradecidos, y uno siempre ha respetado al que va con su nombre por delante].

Tuesday, January 30, 2007

Siempre me equivoco como me apetece.

No sé con qué intención –aunque la imagino– un tal señor Gadea define como «(casi) hagiográfico» un entresacado de este diario en el que hablo del colega Paco Montero... ni me importa demasiado, la verdad sea dicha. A su amor –al de ese entresacado– sí que me apetece indicar que con ese texto tenía muy claro que apoyaba a un amigo que lo necesitaba en ese momento –no voy a ocultar que Paco anda de capa caída a causa de ataques y comentarios generalmente anónimos que ponen una jodida sombra de duda sobre su persona en los últimos meses y anda valorando la posibilidad de mandar sus proyectos bejaranos a la mierda–. Y no quiero ir más allá porque no me apetece. Francisco Montero es mi amigo –«mi amigo»– y me tiene para lo que precise, para animarle, para discutirle, para reprenderle, para defenderle y para apoyarle... e incluso para hacerle una completa hagiografía, claro, cómo no, faltaría más, que yo siempre he hecho hagiografía de mis mejores amigos.
Cuando otros miran y vocean lo malo y sólo lo malo (o lo que ellos consideran malo, que en estos asuntos nunca hay verdades absolutas), es una estupenda salida el contar todo lo bueno de un colega (o lo que algunos consideramos bueno, que en estos asuntos –itero– nunca hay verdades absolutas) para que el ojo lector saque sus conclusiones por contraste.
El resumen es un corto y cierro con saludo de ánimo a Paquito.
El señor Gadea continuará... supongo. Que se divierta.
[Anoto que no incluiré en esta página comentario alguno del color, sabor u olor que sea... no me apetece].

Monday, January 29, 2007

El equilibrio es una fantasía del desasosiego.


Ya he leído el libro «Las cinco abejas. Béjar en el siglo XX», de Jesús López Santamaría, y debo decir que de toda la literatura histórica que hay sobre la ciudad tratando el mentado siglo, éste quizás sea el trabajo más aceptable si obviamos el tratamiento a la última decena del siglo. Una cosa me ha molestado –mejor decir que me ha jodido–, y es que no se ha tenido en cuenta como fuente a mi «Béjar Información» para datar esos años, mientras que se extraen datos del monocolorista «Plaza Mayor» para apoyar esas fechas –mala visión de la jugada por parte del autor al no enfrentar datos.
«Béjar Información» fue un semanario plural, una tribuna libre y una mirada distinta y veraz –si es que la veracidad existe– de todo el tiempo que cubrió con sus noticias y sus opiniones. Dio voz a un montón de silenciados de cualquier color político y clase social, mostró opiniones crudas y muchas veces encontradas, habló de una historia de Béjar distinta y muy distante de la percibida como oficial, propuso proyectos que llegaron a realizarse –mal, como no podía ser de otra manera– y otros que se quedaron esperando a la mirada de algún estudioso postrero. También creó polémicas impensables en otros medios y destapó asuntos sucios y limpios con documentación y justificaciones. Su muerte fue descanso para los que lo alimentábamos con nuestro trabajo diario y con nuestro dinero [dejo aquí un cariñoso y admirado recuerdo a César Yuste Prieto], pero también vacío, un vacío que no sé si han llegado a sentirlo más de dos personas de esta ciudad.
En su agonía nos abrió los ojos para que viéramos netamente quiénes nos sobaban la espalda mientras nos clavaban puñales... y cambió nuestras vidas y bastantes de nuestras costumbres... incluso aclaró con nitidez cuál era nuestro verdadero círculo de amigos y enemigos.
A pesar de ser yo la persona que lo sostuvo hasta el final, no sin grandes sacrificios personales, y sólo apoyado por el bueno de César, no me sonroja decir bien alto que fue un buen semanario, distinto, imaginativo, divertido y libre... como tampoco me sonrojo si digo que nunca se le ha reconocido en su hermoso valor ni como documento fedatario de un tiempo ni como fuente de apoyo para determinarlo [excepcionalmente lo ha hecho alguna vez Antonio Gutiérrez Turrión. Gracias por ello].
Me consuela tener la certeza de que el tiempo pondrá a «Béjar Información» donde se merece y que algún día dará luz sobre esta etapa oscura de Béjar a algún estudioso con ganas y con sentido común.
A veces echo de menos esas páginas en blanco que había que llenar como fuera antes de irse a dormir... y se llenaban con dos cojones. Y durante seis años y medio sin faltar una sola semana.

(21:27 horas) Vengo de aprender con Guillermo unas frases para la clase de mañana, pues van a representar un cuento en el que cada niño tiene tres o cuatro frases. Me encanta mi Guillermo cuando hace esfuerzos mentales. Es blanco como la misma nieve y se pone de un precioso color rosado mientras se le encienden las orejillas y repite: «Quédate con tu ciudad, que yo me quedo con mi campo», o mejor: «queeeedateee con tu ciudaaaaad, que yoooo me queeeedo con mi caaaaampo». Le beso fuerte mientras sigue con su perorata repetitiva. De pronto, sin saber por qué, me dice: «Papá... esto no es importante, ¿verdad?». Y yo le digo que efectivamente no es importante, que lo verdaderamente importante es que estemos juntos poniéndonos rosaditos y con las orejas rojotas. Entonces me da un beso y me prueba... «papá, ¿vemos juntos unos dibujinos?». Vale, le contesto, pero dime por última vez eso de la ciudad. Y me lo dice deprisa mientras pilla el mando de la tele.
Felipe es otra cosa ya, medio andando por su cuenta y con la espada de Damocles de un tiempo que no está hecho para adolescentes bailando sobre su cabeza. Hoy le han echado de clase por enredar con un colega... y yo le quiero más cada día y temo más por su futuro.
No sé.

Sunday, January 28, 2007

Rozar la derrota ya es haber vencido.


Hoy he salido tremprano a desayunar con mis hijos varones [la moza llegó a eso de las seis de la madrugada y sólo atinó a decirme en una extraña melopea somnífera: «tráeme algo rico, papá»]. Pillamos unos colacaos con bollería y reímos juntos un ratillo hasta que Felipe, en el que ya hierve una cabrona adolescencia, me montó su número diario de enfados sin razón. Quería que le diera cinco euros para comprarse no sé qué, y yo le oferté la mitad con la sana intención de negociar, pero se lo tomó mal y puso unos morritos que aún deben durarle. Si será cabezón, que no pilló los dos euros cincuenta que yo le daba y que volvieron a mi bolsillo.
La pubertad preadolescente es poco práctica.
Guillermo estaba radiante de felicidad con su desayuno puesto entre pseudoesquiadores de tirilla y nada. Me encanta desayunar con mis mozos.

(11:34 horas) Enredando en mi biblioteca me doy de bruces con una edición de Jean Piaget [«Lógica y psicología»] que me sirvió de apoyo durante el tiempo en el que intenté el estudio de la psicología en la Universidad de Salamanca animado por mi prima Mª Carmen, que inició esa carrerar y podía facilitarme los apuntes mientras yo llevaba mi negocio en Béjar. Pasando las hojas del libro me encuentro con algunas notas manuscritas de aquel tiempo en las que me hago preguntas y saco algunas conclusiones. Hay una que copio porque me ha llamado la atención sobre las demás. Dice: «Si la lógica da un lenguaje bien construido y la psicología necesita claridad en la expresión de sus estudios sobre la operatividad de la mente, entonces deben complementarse la lógica y la psicología»... El resultado de aquellos dos años en los que estuve matriculado en la disciplina de Psicología fue que lo apuntado en la nota no se cumplía ni de lejos, dejándome la idea clara de que esta materia es un invento fraudulento contra el hombre y muchas veces harto dañino, ya que se ampara en percentiles, medias y modas para esteblecer los comportamientos «normales» del ser humano. Tal abuso estadístico tiene graves consecuencias si es llevado a términos generales, pues supone la exclusión de los individuos que no cumplen con los percentiles definidos y no siguen los caminos marcados, de tal forma que cualquier paso dado fuera del camino supone una perversión de la normalidad que desde la psicología se castiga con la injusta dureza de las «premisas consumadas»... Quien no sigue al dedillo la campana de Gauss de la normalidad que los psicólogos han diseñado en base a sus estudios estadísticos es un ser no válido para conformar el entramado social. No en vano, estos peligrosos «profesionales» tienen ya un enorme poder en la escuela y en el acceso al trabajo [no hablemos de su hambre por solucionar problemas escolares, de pareja o de comportamiento], determinando con descaro quién es válido y quién no en base a presupuestos absurdos que tienen mucho que ver con la comunión molinera [coño, sí, con eso de comulgar con ruedas de molino].
Su trampa está en la interpretación del catálogo lógico de las diversas conductas suponiéndoles unas consecuencias que hasta el día de hoy no tienen trabazón alguna. Dice Piaget que «el álgebra de la lógica puede ayudar al psicólogo proporcionándole un método preciso para especificar las estructuras que emergen en el análisis de los mecanismos operatorios de la mente» y que «desde el punto de vista psicológico, las operaciones son acciones interiorizables, reversibles y coordinadas en sistemas caracterizadas por leyes que se aplican al sistema como un todo. Son acciones, puesto que se llevan a cabo sobre objetos antes de ser realizadas sobre símbolos. Son interiorizables, puesto que se pueden ejecutar mentalmente sin perder su carácter original de acciones. Son reversibles, a diferencia de las simples acciones, que son irreversibles...».
Todo esto en una cabeza como la de Jean Piaget, en una mente lógica y bien formada en ese trasunto de acuerdo/convención entre hombres que hemos dado en llamar Matemática, puede tener consecuencias positivas que nunca pasarán de la barrera especulativa, porque... ¿Cómo puede someterse un ser tangible con latido y carne, con células y órganos funcionando por su cuenta, con esa electricidad biológica de la sinapsis, a un trasunto de acuerdo humano en el que las cosas son como son porque estamos de acuerdo en que así sean y no porque realmente tengamos la certeza de que son como son? [siento complicar con palabras lo que en mi cabeza es clarividencia].
Pero si estos postulados que se sostienen en unos eternos pies de barro se le dan como herramienta de uso y abuso a seres anodinos, sin la proyección mental suficiente para entender los límites de esos usos, ¿a dónde puenden llevarnos con sus absurdas decisiones sobre la validez o la invalidez mental de las personas? [Conozco psicólogos a porrillo y –hablando en su lengua estadística– puedo afirmar que no son capaces de ordenar sus vidas mientras viven y se alimentan de intentar poner orden en las de los demás]. ¿Cómo podemos hacer que paguen sus errores y sus fracasos profesionales, cuando estos errores y fracasos afectan seriamente a vidas tangibles?, ¿cómo se puede permitir que se tomen decisiones importantes con/contra individuos biológicos en base a supuestos matemáticos y a normas que se vienen cumpliendo sólo de forma porcentual, sin medir el posible valor escondido del que es diferente en su proceso mental?
Entresaco otro párrafo escrito por Piaget: «Por una parte la psicología no tiene nada de normativo, no investiga cómo se debe pensar, sino simplemente de qué manera se piensa. Por otra parte, se ha dado cuenta pronto de que la inteligencia procede según mecanismos mucho más variados que los que recogen los tratados de Lógica...».
Mi postura es que tal materia debiera quedarse en el campo de la experimentación y el estudio hasta que tome el cuerpo justo [si es que llega a tomarlo alguna vez] para poder afirmar con cierto nivel de éxito que está en camino de «verdad» y que, mientras tanto, no abrume al hombre con su parafernalia especulativa para tomar decisiones con efecto real y, muchas veces, equivocado.
Sí, lo sé, se me ha ido la olla, pero al ver ese librito rojo y negro he recuperado todas las razones por las que dejé hace ya un montón de años el estudio de la Psicología y lo cambié por la vida simple y llana. Ojo, y no me iba nada mal, que sacaba buenas notas sin asistir a clase y puedo afirmar que hice algunos trabajos brillantes al respecto por aquellos días.
El resumen, visto desde esta distancia, es que aquellos estudios me sirvieron para denostar una pretendidad ciencia oficial, igual que mis estudios de Biología durante seis años me llevaron a una percepción del mundo y del hombre tan interesante, que hasta el día de hoy puedo afirmar que son base sólida de cualquier desarrollo mental que me proponga.
Sé que no sé nada, pero percibo que he conseguido cierto nivel de criterio personal que guardo como un tesoro y con el que me defiendo mal o bien cada día de cada semana de cada año que pasa. No hay conocimientos acumulados –no me interesan–, hay percepciones críticas de todo lo que me rodea, y eso para mí ya es un punto importante, haber logrado conseguir un lúdico inacabable que va llenando mi tiempo de preguntas a la vez que va esbozando respuestas.
Es poco, pero menos es nada.

Saturday, January 27, 2007

El fracaso es la pereza de los lúcidos.


Amigo Alberto, a veces me levanto con prevención porque en ese estado de lucidez de la mañana, cuando los ojos apenas pueden despegarse de los párpados, presiento que algo va a cambiar en mi costumbre, en mi normal trasunto diario. Y no es que no quiera cambios, Alberto, que los quiero y grandes, pero tengo cierto temor a que las cosas no se desarrollen en el justo entramado que he edificado con el paso tedioso de los años.
La tranquilidad es campo abonado para la cobardía y el temor. Y yo juego a querer tranquilidad y a romperla, pero me gusta que esa ruptura sea controlada por mí, que no me vengan los cambios dados.
Lo peor de todo esto es que ya no somos niños y la rabia sólo puede llevarnos al ardor de estómago; no como antes, Alberto, cuando cerrábamos los puños y salíamos adelante con sonrisas, porque la juventud te permite cambiar sin más, ya que ella es estación de cambios.
Ahora sé lo que me gustaría ser y lo que me gustaría hacer, lo sé con seguridad; pero esa seguridad también convive con la imposibilidad tangible de ser y hacer lo que quiero.
(22:30 horas) Esta tarde la he dedicado a escribir poemas con el nexo común de Magdalena. Ya tengo un libro en marcha que quizás se titule «La candidez de los seres autótrofos». En él quiero dejar los pensamientos de estos últimos años como observador de un proceso de degradación y desaparición, y tengo la decidida intención de ser duro conmigo mismo y con los demás buscando una crudeza poética que hasta el día de hoy no he sabido trabar. Quiero hablar de la necesidad vana y de la importante, de la animalidad práctica del hombre y también de la animalidad soez, de la humillación del cuerpo y de la mente como peor final, de la pérdida de los valores primarios y de su recuperación con la enfermedad, de la tristeza y del miedo.
Magdalena es un vegetal neto que aún genera fluidos en su eterno estado de letargo y responde sólo a estímulos claros, y lo hace con la lentitud de una brasa que no acierta a extinguirse.
Me dice: «Ya no besa a nadie» [a mí me besa con levedad, despacito]... me dice: «Ya no te conoce»... me dice: «Ya no come sola»... me dice: «Apenas se ha movido hoy»... me dice: «No me conoce ni a mí»... Déjala que deslice una sonrisa leve, ríe con ella, juega y vive... pero no te lamentes, nunca te lamentes, coño... o pregúntale a Dios de qué va esta feria mientras le das mil gracias.

Friday, January 26, 2007

El necio vale aún menos que su necedad.


Me ataca el frío y la realidad se patentiza en mi entrepierna. La edad la va marcando el estrechamiento de banda de temperaturas aceptables, pero no pasa nada, me encierro, me abrigo y espero a que pase el temporal escribiendo madrigales.
Y del encierro emergen pensamientos enredados: La astucia como herramienta de la emergencia personal [saca lo positivo del desastre y utilízalo para crecer, sobre todo si eres capaz de ver que el desastre iguala a los que lo padecen], las preferencias como forma de creer en el mundo que no se controla [si no sé de alguien querido durante mucho tiempo, prefiero imaginar cómo está que buscarlo y tener noticias ciertas].
(22:09) Por la tarde me llamó Mª Sol Perales desde la capital del reino para decirme que tiene libro infantil rematado y que quiere edición. Yo, encantado de recuperar la voz de la mejor hermana de cantante que conozco [Mª Sol es hermana de José Luis Perales] y con ganas de editar ese libro que seguro será molón; y así, de paso, lo mismo encontramos un ratito para vernos y reír.
Y luego charleta con Manolo Bruno, que me sìgue cayendo igual de bien que siempre por su cercanía, su afecto y su accesibilidad. Es un tipo para tratar de largo y aprender... no sé por qué, pero en algunas cosas me recuerda mucho a Luis Alberto de Cuenca... todo un señor [dos señores].
Y después vi a mi amigo Santiago Sevilla con su cosa empresaria y una seriedad que me preocupa, pues yo le recuerdo siempre sonriendo... Habrá que procurar algún encuentro en su agenda llena de responsabilidades mortíferas para contarle un par de chascarrillos que le hagan sonreír.
Y mail de José Antonio Sáinz... Más libros, más libros, más libros.
Jo.

Thursday, January 25, 2007

Los periódicos son armas negras... de papel.

Día Montero a lo bestia, con el colega pletórico llevando ufano su plan director aprobado [¡¡¡APROBADO!!!] con todos los parabienes legales... ¿para callar bocas? No, coño, para hacer... Y sombra para los inventores (?) de hoteles de cinco estrellas en La Covatilla y no sé qué otras mingadas más dadas a lo alucinógeno que a lo paria de la Tierra.
Por cierto, hablando de Montero –hoy casi monográfico–, anoto en este notario de las horas la afirmación taxativa con conocimiento de causa de que el colega no tiene nada que ver con el nuevo periódico de corte pepero. Pista nueva que doy para los despistados, que ya son muchos: ¿En los ayuntamientos derechaires –más o menos importantes– con la sombra de perder elecciones, han surgido papeles del mismo tono y quizás la misma empresa? Pues nada, a investigar... yo qué sé, llamando a familiares o a colegas de esos lares con espada de Damocles sociata sobres sus coronillas tonsuradas. A ver si esto va a ser algo más grande y no sabemos ver los árboles por cegarnos con la visión del frondoso bosque... Oye, y los partido políticos pueden hacer con su guita lo que quieran –siempre que esa guita les llegue de legal y lo que hagan no vaya de ilegal–. En fin, marrones de las épocas de votos... yo qué sé... que les den bien por el culo.
Y saludo discreto y cariñoso para Mª del Castañar, mi casi única lectora virtual, pues siempre sale en las conversaciones Antúnez –hoy también– [nena, a mí también me da vergüenza ponerte en estas letras... pero en el fondo me gusta]. Un besote.

Wednesday, January 24, 2007

La memoria es un espejo de pizarra donde adivinar tu sombra.

Sentimientos encontrados.
La política hace un mal uso del hombre, pues propicia en él valores de apariencia y de máscara que se tornan de mayor importancia que los valores de humanismo, como la solidaridad y la justicia.
¿Acaso es más importante parecer un humanista con una doblez mezquina de interés personal o de partido que serlo en la contrariedad y bajo cualquier consecuencia?
¿Habrá alguna vez un mundo sin fronteras físicas?

Un hombre es más importante que la opinión de una multitud.
¿Estamos de acuerdo?
(22:43 horas) Fallar o hallar. Al fin y al cabo es sonido [ruido] que se encierra en el acto vital como signo de que el paso está echado en busca de una huella. Encuentro y yerro a la vez y siempre y viceversa y no importa y sigo... Y me llamó Marino González para contarme que su «Luna» se va de Mérida a recorrer tablaos celestinos y bachilleres. Es un tipo que siempre me hace sonreír.

Tuesday, January 23, 2007

¿Me quiero o me inquiero?

Primero me pregunto: ¿Qué podría hacer? Cualquier cosa, Felipe, que eres un tipo despierto –aunque ya algo mayor–. Tú puedes hacer lo que te venga en gana, al igual que los demás hombres... diseñar aviones, pintar, cantar, tocar el piano, robar, jugar al póker, hacer un tren o una manta eléctrica...
Después llega otra pregunta: ¿Qué me apetece hacer? Y eso lo tengo bien claro, quiero decir en mi vida todo lo que necesito decir... y como postre... pues tener tiempo tranquilo en soledad, ver crecer a mis hijos con ganas –suyas y mías–, tocar blues, pintar como veo los cuadros en mi cabeza, amar sin prisa...
Y otra pregunta: ¿Qué debo hacer? Ja, ja, ja... lo que no está escrito, Felipe, lo que no está escrito. Debes aguantar a aunténticos hijos de la gran puta a diario, reírles las gracias y pillar sus asquerosos «donativos» para sobrevivir; perder el tiempo –tan valioso para ti– con historias prosaicas, luchar por el pan de a setenta céntimos la tirada para que tus hijos unten en la yema del huevo frito y vayan creciendo con más o menos suerte; escribir a tientas para no herir las sensibilidades de quienes pueden quitarte piedras en el camino o las ganas de vivir; sobrevivir para soltarle la guita mensual a la rata CD para que sus ejecutivos/ejecutantes sigan lamiendo sus corbatas de usura... y respirar fresquito de vez en cuando porque ya casi todos tienen asumido que soy la loca mientras sonríen cuando les llamo cabrones o hijos de una puta bizca.
Y por fin: ¿Para qué te haces preguntas, Felipe?
¡¡¡Imbécil!!!

Monday, January 22, 2007

El hambre tiene don de gentes.


Abro boca de lunes con un nuevo libro de mi amigo del alma Manuel Moya, esta vez de relatos cortos, que bajo el título «La sombra del caimán y otros relatos» me lleva a aquel otro tesoro que el de Fuenteheridos intituló «Regreso al tigre» y que me dejó tocado con un relato hiperbreve de una niña dormida y un tigre. Voy a devorar esta sombra de saurio al amor de los fríos que llegan para pillar algo de calor en la frente.

Y un par de horas después, aparece el cartero con paquete de mi Paulina Cervero: carta entrañable para un encuentro que quiero cercano y el volumen «Víctor Botas y la poesía de su generación [nuevas miradas críticas]» editado por la Fundación Universidad de Oviedo y Llibros del Pexe. Otro bocado para comulgar y descomulgarse, con trabajos sobre Víctor, el gran poeta Víctor Botas, de tipos tan entrañables como mi José Luis Morante o mi José Luna Borge y de pericos tan extrañados como el chiquito de Aldeanueva del Camino que escribía en el ABC. Gracias a superpaulina voy a volver a Víctor Botas como maestro de poetas, como genio en variaciones del clasicismo y como norte de la más fina ironía literaria europea del siglo XX.
No empezó mal el día, no.

(21:17 horas) Pasé el día entero maquetando el nuevo libro de José Luis Morante, su diario desde 2002, que bajo el título «Reencuentros» aparecerá durante el mes de febrero en mi colección «La viuda alegre». Cuando terminé de maquetar comencé la lectura del texto de mi amigo –ya tengo la buena costumbre de no leer mientras trabajo, no como antes– y ya me he comido más de la mitad del texto, pues lo he hecho con hambre. El diario es muy literario y tiene algo que me gusta mucho, pues fundamentalmente juega con el enigma, un enigma creado al eliminar el nombre de muchos protagonistas, dejando el suceso vital que les rozó con José Luis a modo de juego con el lector. Ese juego no implica que haya que conocer al autor y a su personaje, no, pues José Luis lo ha trabajado con verdadero conocimiento de causa, lo que hace que sentimientos puntuales y personalizables se universalicen conformando un material literario de mucho interés.
El diario es entrecortado, jugando a una guerra de guerrillas en la que la munición, en muchas ocasiones, alcanza gran altura poética, consiguiendo crear un libro dentro del libro lleno de aforísmos bellísimos e inteligentes –creación dentro del acto notarial, una magnífica mezcla con la que matar sin hacer sangre.
Nunca me decepciona el colega, nunca.

Sunday, January 21, 2007

Colecciono muertes ajenas. Busco muertos... pago a plazos.

Llega a primera hora Lola González Canalejo con las correcciones de la revista «Estudios bejaranos» y me regala un par de libros a los que me apetecía meterles el diente: «Celebración del mundo, celebración del tiempo», del colega José Luis Puerto, y «Las cinco abejas. Béjar en el siglo XX» de Jesús López Santamaría. Mil gracias, Lola.

Como descanso, me tomo un cafetín con leche en PdeT y me veo en papel prensa gracias a mi César Yuste, que da noticia en «El Adelanto» de la próxima edición de mi libro «Esa intensa luz que no se ve» en la deliciosa editorial del colega Segundo Santos. ¡Carne de papel!, Alberto, eso somos, carne de papel.
(13:44 horas) Quizás el asunto esté en el equilibrio, Alberto, en buscarlo, encontrarlo y quedarse a vivir en él, pero, ¿qué es el equilibrio y cómo se sabe que uno está en él? Mi abuela siempre decía que los hombres se visten por los pies para hacerme entender que hay que ser perseverante y enconado en las propias decisiones para poder llevarlas hasta sus últimas consecuencias. El problema surge cuando para perseverar en una idea, en un proyecto, en una obra... tienes que desequilibrar todo tu estado de tranquilidad y entrar en un campo de desasosiego y dudas. Si persigues el equilibrio, te detienes en la búsqueda y dejas tu proyecto de vida a medias, en una mera declaración de intenciones; pero si perseveras hasta el final, encuentras malestar y acabas siendo sacado a empujones de ese percentil humano en el que la vida es relajada y gozosa en medio tono. Querer brillar puede llevarte a la oscuridad total, y quedarte en lo gris es perderte en una penumbra que nunca puede saciar ni dar respuesta. ¿Qué debemos hacer, Alberto?
(16:24 horas) De cometerlo, he llegado a la conclusión de que me gusta el error, me gusta porque habla de imperfección y de posibilidad de superación, porque sabe dejar en difuminado los límites, porque deja turno de contestación y de réplica. No hay nada que más encienda y anime que descubrir el propio error y trabajar en ponerle soluciones buscándole las vueltas. Lo perfecto es cosa de dioses, y esas criaturas perversas son sólo fruto de la cabeza necesitada de los hombres. Vivamos pues en el error, amigo Alberto, y él nos propiciará caminos nuevos en los que perdernos con esa lujuria que abre selvas.
No hay que temer al error... a lo que hay que temer es a la perfección.
(19:22 horas) Llego de ver «Pérez, el ratoncito de tus sueños» con los críos y me ha parecido una pequeña estafa. Acostumbrado a ver pelis para críos desde hace la friolera de 18 años, creo que ésta es la que menos se sostiene en el desarrollo de la historia. Con bastantes menos medios he visto películas muy superiores a la mentada. Piensan que los chavales son tontos y se equivocan de medio a medio. Mis hijos han salido comentando los graves errores que presenta la historia y la floja sobreactuación de los personajes reales.
En fin... como es para niños.

(19:40 horas) «Nunca le falta a nadie una buena razón para matarse» [Pavese, 23 de marzo de 1938]. Lo mismo sucede con la urgencia de vivir, pues tampoco le falta nunca a nadie una buena razón para seguir viviendo. Todo radica en el estado de ánimo, en la que la voluntad decidida se apoye en uno de los dos lados de la balanza. A veces morir es lo fácil, pero otras veces la decisión de desaparecer es muy difícil de tomar. No puedo imaginarme en la cabeza de un torturado en Irak, en Colombia o en Guantánamo; no puedo imaginarme en el cuerpo de una mujer violada ni en el de una madre con su hijo muerto en los brazos... son vidas al límite, proyectadas hacia la muerte. En ellas debe ser fácil morir. ¿Y el hombre normal de una sociedad pacífica, con su vida medio resuelta, con un trabajo, con un amor caliente que llevarse a las piernas, con mil bienes de consumo en su mano, con la tranquilidad a la puerte de casa...?, ¿cómo puede ese hombre llegar a la voluntad de muerte? Esta situación plantea que hay un estado de la conciencia en el que el sufrimiento mental/sentimental puede equipararse al sufrimiento físico sin que éste exista... Matarse por amor, por fracaso, incluso por desgana, por falta de emociones y altibajos en la vida.
Pavese tomó esa decisión durante el año 1950, harto quizás de buscar la trascendencia, el amor o una esperanza en algo o en alguien. Hizo el gesto de la muerte y con él se bañó de una eternidad que acabará algún día, porque la eternidad también se acaba.

Saturday, January 20, 2007

¿Por qué no están los que se han ido?


Los hados meteorológicos que cierran los telediarios llevan diciendo toda la semana que nevará en España, que hará un frío de zurrasparse y que temblaremos bajo la bufanda, pero yo sigo notando una primavera fresquita que me hace salir en chaquetina de punto a la calle, sin más, y eso que voy mayor y friolero... Y tengo ganas de nieve, coño, que lo que más me gusta de mi tierra son las estaciones bien marcadas y los cambios que traen también variaciones estupendas de humor y de ganas de hacer.
Esperando el frío leo a Antonio G. Turrión en «bejar.biz». Hace el colega un elogio de José Luis Majada, el cura que me llevó a la poesía con su «Duérmaste, madre...» y que me dejó KO con ciertos días de su diario inédito. Yo debo sumar a lo dicho por Antonio que J. L. Majada fue difícil en el trato, hosco y distante, y lo digo porque a la vez que su roce me dejó una notable sensación de altura intelectual, también sentí siempre una distancia inabarcable que me llevaba a sentimientos contradictorios hacia el hombre que era capaz de escribir y decir con tanta brillantez, y que a la vez construía un muro lleno de dificultad hacia el otro. Y es que a mí me cuesta mucho separar al pensador/creador de la persona que pisa la calle, sobre todo si esa persona fue mi profesor durante un par de años e incluso hicimos charla a veces y nos cruzamos algunas cartas. Algún día daré a conocer –aún es demasiado pronto para hacerlo– el contenido de una carta que Majada dirigió al ayuntamiento de Béjar cuando yo tenía representación en él como Teniente de Alcalde.
Obviando al hombre y sus rarezas, firmo y firmaré cualquier apoyo para que la obra de José Luis sea conocida y reconocida como se merece.
(18:33 horas) Buscamos constantemente la comodidad del pensamiento, Alberto, y eso conforma nuestra conciencia y modela el uso moral de nuestras ideas. Vamos, que uno no es malo para sí siempre que actúe conforme a su costumbre y a su comodidad –la maldad social reside en sentir tranquilidad mientras incomodas al otro, y entonces eres malo para los demás, pero no para ti mismo... y eso es otra cosa–. En ese acomodo, amigo, perdemos el vértigo que contiene el azar creativo, que no hay peor creador que el que se acomoda a una forma de hacer y sentir para vivir instalado en ella hasta el final. A veces pienso que debiéramos saltarnos una norma diaria para pillar bien la costumbre y que no se instale el tedio en nuestras cabezas, que no se difuminen las ganas de pelear por una idea, una forma o unas palabras bien armadas.
Sé que siempre andas indagando en qué hacer –yo también–, pero a ello debiera ir siempre unido el pensar en por qué hacerlo y para qué hacerlo... siempre con un componente irracional, claro, porque en caso contrario armarías a tu alrededor un muro de comodidad de tales dimensiones que la razón no estaría dispuesta a saltarlo.
No sé si a ti te sucede, Alberto, pero a mí hay muchas veces –cada vez con más frecuencia– en las que la mano niega lo que la cabeza ordena, y se entabla una lucha entre la comodidad física y le necesidad creativa, una lucha que no sé librar con garantía de éxito y que me deja sumido en un estado de abulia mortífero y desolador. En ese estado sólo encuentro salida buscando el «desequilibrio» que rompa mi costumbre y me lleve a hacer algo distinto en lo que buscar ganas... de ahí que pinte, que haga fotografía, collages o manche papeles con cierta ansia de que el azar me alumbre una salida. Es todo una lucha por la expresión, una jodida lucha por una expresión que quizás no sirva para nada. ¿Y por qué quiero expresarme de forma individual?, yo, que ya me expreso a diario en mis hijos, en mis amigos, en mis enemigos y en los que me ningunean o me elogian... ¿Por qué necesitamos expresarnos de forma individual y ponemos en ello tanta energía?, ¿por satisfacción/autosatisfacción quizás?, ¿por buscarle cierta ganancia a la vida, cierto interés que no nos deje sensación de vacío en la fea vejez?, ¿para estar ocupados y así salvarnos del tedio? Yo creo que nuestro problema radica en que no sabemos vivir solamente, queremos vivir y algo más; y no sé si ese «algo más» tiene que ver con cierto e inevitable narcisismo íntimo, con una desmedida ambición por permanecer o por una jodida vocación genética por la intranquilidad.
Con lo fácil que sería sobrevivir como hombres primarios, sin querer meterle mano a las ideas complejas, ni querer saber a qué huele el descubrimiento o el fracaso, sin estar enterrados por la fiebre del conocimiento de nuestra propia capacidad. Lo mío creo que se va llamando hastío por la comodidad y, cómo no, también hastío por la incomodidad.
Amigo, ya no sé llegar a parte alguna ni con el pensamiento. ¿Será la edad?
(22:41 horas) Hace poco un amigo se quejaba encendido de que una compañera de curro le había faltado al respeto, y desde entonces yo me pregunto qué es susceptible de ser respetado en un hombre, sobre todo en un hombre que viste sus máscaras como una religión y ya las tiene asumidas como intrínsecas en su personalidad y en su mundo individual. ¿Qué se puede respetar hoy en un hombre?, ¿su colonía carísima, su traje de marca, su empleo de funcionario o de clase de tropa en banca...? Todo eso no es digno de respeto, es más bien digno de mofa y de escarnio. Cualquier hombre que se somete al dictado de una norma cerrada por dinero no es un hombre respetable, como el que no se la juega por sus amigos o no se tira al mar para rescatar a un hijo o a cualquiera que esté en trance de muerte.
Quien pide respeto adolece de humildad.
Pobre.

Friday, January 19, 2007

Ojo, que no somos tan tontos como ustedes creen ni ustedes son tan listos como se ven.

Salió el nuevo periódico de Béjar hecho en Madrid por una empresa llamada La Luna / El Iceberg, y desde el primer número queda claro el asunto, con dos cojones, protagonista masculino de derechas y futuro aproximado de edición hasta finales de mayo. Sólo me jode, ante tanta obviedad, que no haya ni una firma en los salmos que publica. Mis preguntas: ¿Quién paga esto?, pues la publicidad ha sido gratis –me consta– y el papel se ha regalado por todos los buzones de la ciudad... Y... ¿qué pretende conseguir –o ya ha conseguido– además de que la derecha gane las elecciones en Béjar? –que esta tirada electoral la llevan algo chunga los colegas peperos–. Las respuestas las sé desde tres fuentes fiables, pero prefiero que el personal imagine y se desborde, porque el asunto va a traer cola y ya se sabe que hasta el rabo todo es toro.
Sólo me extraña que no escriba el esbirro Losantos... claro, que esta es una plaza chica y aquí sólo se hacen corridas charras.
(15:48 horas) Cuando llegué al café de las tres, todo el periquiteo de barra hablaba de la nueva publicación sosa, pelma y monocolor. Uno dijo que Rajoy lo debe ver muy chungo en Béjar para pagar a unos escudillas de letra chica por hacer propaganda azul, otro se leyó los anuncios y dijo: «lo bueno de esto es que ya sabemos de qué va la gente y en los sitios donde no hay que volver a pisar», el de más allá sonrió y soltó un taco sobre la madre política de no sé quién... Después de unos minutos de calma, entró un albañilito bien currao, se pidió una copa de coñac, pilló sin querer la publicación sin firmas y dijo: «Niño, en la barra no se deja el papel pa limpiarse el culo, que no le da estilo a la casa». Yo pensé que o somos cuatro confundidos y todos tomamos café al mismo tiempo o la papelina preelectoral pepera está mal tirada pensando en que el ciudadano es gilipollas. En fin, que nos partimos el culo de risa de pensar en el que paga esto, y encima sin dejar pelas en Béjar, que ya viene hecho de los madriles/telemadriles. Con su pan se lo coman.

[Noticia de« HOY», el Periódico de Extremadura

'De la luna libros' promueve entre los institutos los textos de La Celestina
JUAN SORIANO/MÉRIDA

La editorial emeritense De la luna libros promueve entre los institutos de la región uno de los hitos de la literatura española, La Celestina, a través de su última publicación.
La firma presentó anoche el número 18 de su revista 'La luna de Mérida', dedicada al mundo del teatro. En esta ocasión, se ha elegido como tema a tratar la obra de Fernando de Rojas, tal como se hizo en las ediciones precedentes con el Quijote y el Lazarillo de Tormes.
El último número de 'La luna de Mérida' se compone de siete textos, de otros tantos autores, cada uno de los cuales ha escogido un personaje de La Celestina y lo ha traído a nuestro tiempo con un lenguaje más actual. Miguel Murillo, Luis Felipe Comendador, Pilar Galán, Luis Miguel González Cruz, Jesús Manchón, Francisco Rodríguez Criado y Marino González firman las obras.

Representaciones
Además de la venta de la revista, estos textos están escritos para ser representados. De la luna libros puso en marcha hace siete años esta iniciativa, que les ha llevado por institutos de la región, ayuntamientos y casas de Extremadura de todo el país.
En el caso de los centros de Secundaria, gracias a un convenio con la Consejería de Educación, se envía la documentación junto con un cuaderno de trabajo para que los alumnos preparen la materia. A continuación, la editorial visita el centro con unos actores para poner en escena los textos.
El pasado año se hicieron 40 representaciones del Lazarillo en institutos de la región.].

Thursday, January 18, 2007

Ser padre es labor de los hermosos vencidos.


¿Cómo sería mi abuelo Felipe si no le hubiera tocado la rosa de sangre en el 36?, ¿qué pensaría de mí? A veces me pregunto si mi abuelo alguna vez llegó a imaginarme mientras tomaba un chato de vino en la taberna de siempre o quizás mientras esperaba el trágico final que nos dejó huérfanos y encendidos de una ira que se mantiene aún en los ojos. ¿Qué diría mi abuelo de la nueva fiera fascista que se autodenomina «democrática»? Me encantaría enseñarle mi negocio, prestarle mis libros, beber con él entre risas, entregarle a mis hijos para que viera que todo perdura a pesar de que somos nada.

Wednesday, January 17, 2007

Mi banco me ha puesto en su menú de primer plato. Prometo atragantarle.


Cuando las ricas puertas de los palacios modernos dan en romperse, una metáfora está a punto de nacer. Y pasa, claro que pasa... Hoy mismo ha caído una de esas puertas para que vuelva a entrar el relente en las estancias de las máscaras y se corra el peligro de que vuelen y dejen al pairo las caras reales de los mimos, esos hombres blancos que son sólo expresión y acaban dando valor de rey al bufón bejarano por antonomasia, don Francés de Zúñiga, Francesillo. Sí, se ensancha la ciudad estrecha ante una puerta rota, y el mundo se ve de otra manera porque todo vuelve a parecer posible.
Yo, por si acaso, me acerqué hasta el notario con el carnet en la boca para que diera fe de una nueva condena... condenado a vivir para pagar por los siglos de los siglos en que el aire penetre en mis pulmones. Firmar la aceptación de un crédito es firmar una sentencia de vida. ¡Ay!
Lo que más me subleva es esa perversión bancaria que acogota a los tipos con yo con intereses crasos y porcentajes leoninos... mientras soba el cálido lomo del rico y le hace cucamonas perfumadas con vinillo de la Ribera del Duero y los finos langostinos de las marismas sorianas [si no los hay, se pintan]... En fin... para el rico un jodido 3%, y para el pobre de mierda, del 5’7% en adelante y con todo tipo de cláusulas amenazantes y precondenatorias [si no pagas... te quito la casa, el coche, la empresa, el trabajo, el poco dinero que tengas, el sueño, la mujer... ¡hijos de la gran puta!...]. Y aún así me cae bien José Manuel, coño, me cae de puta madre a pesar de su curro prostibulario y matarife, que lo siento y percibo como un azar en su vida, un azar para tener estómago. Bien, ya eché la mierda... y tan feliz. Y la puerta rota, como una boca mellada o un vomitorio de la prisa, una puerta que voy a terminar pagando yo con mi trabajo, por Adán, mientras otros se la van a merendar con delicias puturrú.
Ser empresario es una mierda para partirse el culo [si es de risa, mejor], una bobada que te llena de ínfulas ñoñas de ordeno y mando, de pago y debo, de despido y contrato. No merece la pena preocuparse ni un ápice, pues la nave va o no va, y lo hace siempre a su puta bola, por pulsiones extrañas e incontrolables.
(21:52 horas) Y de la autopuntilla con ayuda cajaduera a un encuentro difuso y fugaz con Tomás H. Castilla, a un beso encantado a Mila, a unas risas Antúnez, a un pasar sin pensar por unas horas. Y Morante que me llama ilusionado con el casi remate de su diario para editar [yo estoy más feliz que él por hacerlo posible, por posibilitar esa llama que nunca va a apagarse], y Segundo Santos que me dice que ya está la prueba de mi nuevo libro, «Esa intensa luz que no se ve» y que la recibiré en un par de días [jo, qué suerte tengo... qué suerte], y Albertito dándole calor al «uso» [gracias, hermano].
(23:01 horas) Alberto, dice Pavese que «sufrir y gozar es ceder a la pasión», arrogarse a la parte inferior del hombre, mientras que la serenidad pertenece a la parte superior... ¿pero no se llega a la serenidad indefectiblemente desde la experiencia del sufrimiento o el gozo? ¿Qué quiere decir esto?, ¿que debemos crecer desde las pasiones hasta alcanzar el estado superior? ¿Y en la serenidad, en ese justo estado superior, se puede crear o quizás no es necesaria la creación cuando has alcanzado tal estado?
Yo, sin dudarlo, prefiero agostarme/agotarme en las pasiones, porque entiendo que en ellas está el pulso vital, como lo está en el desorden, en el caos personal... porque en ellas late el camino que agota y enciende, y en el estadio superior reina la calma, el estatismo, la tranquilidad. Prefiero, sin dudarlo un solo segundo, las cimas y los valles, las caídas en picado y las elevaciones como un «coup» de corazón, eso que sientes en las vísceras y es tan parecido al vértigo.
Cuando estoy muy cansado, Alberto, deseo una serenidad eterna, pero luego se pasa y vuelvo a meter el dedo en los enchufes para sentir... Lo que sí estoy aprendiendo es que hay una serenidad que tiene que ver con las pasiones y que pertenece a ellas, es una serenidad física –no mental– que hace que el latido esté en las manos para ser escritura o gesto... y que deja en el rostro una mueca dulce, como de paz; una mueca que he visto en ti muchas veces y que intento encontrarla para quedarme en ella.
Últimamente busco esa mueca en la gente, y lo hago con sed... pero no la encuentro.

Tuesday, January 16, 2007

Dios no sabría ser Subdelegado del Gobierno en Salamanca.


Me arregló el día por todo lo alto el colega Jesús Málaga [te quiero a rabiar, tío], un tipo absolutamente humano y merecedor de todos los elogios que puedan salir por mi boca. «Sacúdete el temor porque el humanismo es cosa de hombres» [va por ti este aforismo. Va por ti, amigo].

Y el resto del día lo pasé sonriente, faltón de puro simpático, tomado por una ironía de corte optimista que me ha arreglado hasta el dolor de riñones. Durante el café le dije a Cubino padre en voz alta que era de derechas en un juego verbal de alta prosapia [sé que en el fondo le jode que se lo digan y yo me regodeo en la suerte] y me salió un Hontiveros desde el envés de una columna pieltorera [andaba el jodío comiendo –otra vez– a mesa puesta]... «Oí gritar un ‘eres de derechas´ y dije: ‘aquí está Felipe’... te deben estar picando los oídos, porque estábamos hablando de ti... ven, que te voy a presentar a un amigo...», y me presentó a un directivo de Dragados y Construcciones de barba cuidada y swing saxero. El tipo... amable y formal. Y en la misma mesa, el otro comilón [«comelón», que dicen por ahí con extraño criterio], el arquitectual Rodríguez Antúnez, latiguito de medioconcejales mihuras y hermoso vencido a ratos o triunfador indiscutible a desratos... «¿Conoces a María del Castañar?... Vive en Madrid y lee a diario tu diario... sí, coño, es de Béjar, con rizos muy rizados de siempre, hermana de... ¡coño, Felipe, que tienes que saber quién es!... era amiga de... su hermana... verás, ¿conoces al socio de Comadrán?... pues es primo suyo... Anda, escríbele algo, que le hará ilusión»... Y el jodido Yllera con el piloto en rojo, y una mancha en el lado del mantel de Pepe –te tiembla la mano, Pepito, que vas mayor– y mi café enfriándose a pasos Kelvin... Y yo que le digo al arqui que le voy a escribir a la colega un polvo virtual para que se entretenga... y que se ríe el tío, coño. Pues no.
María del Castañar, hermosa, que te quiero sin caer aún en quién eres, que hay que querer a gente que pierde la hermosura de su tiempo en leer a un minguilla como el que viste mis camisas y mis mudas blancas... que te invito a una birrita cuando pases por el pueblo para que sigas en el tono [me encanta comprar a mis pocos lectores] y que tienes todo mi afecto, que no es poco, pues no en vano la Virgen que lleva tu nombre y yo mismo somos los únicos patronos de honor de este jodido y precioso pueblo estrecho y cusaco. !Ah¡, y que a este paso vamos a ver los dos al tipo Antúnez en una cura kilera de tanto meterse menuses toreros en vena y tartitas de queso dragadas y deconstruidas.
Un beso gordo, reina... gordo y beso, ¿vale?... Muaaaaac. Nos vemos.

Sunday, January 14, 2007

Me miro en el espejo y veo a otro.


Leo, no sin admiración perpleja, que la ciudad de Béjar se sitúa con el número 346 en el listado de ciudades con mayor capacidad de autofinanciación de nuestro país [estudio realizado por la Universidad de Málaga sobre 7.500 ciudades de España]. Luego pienso: ¿Eso qué supone? Pues que se ha perdido la propiedad de servicios públicos deficitarios, cediéndola a la empresa privada y ganando con ello en tesorería. Habría que ver si eso es bueno para el ciudadano en lo que le afecta en calidad de servicio y aportación económica propia. Tengo claro, por ejemplo, que el agua ha subido por los cielos en Béjar [carga pública sobre los hombros del ciudadano para el beneficio de la empresa privada y, cómo no, para abundar en esa autofinanciación] y me gustaría conocer con detalle el funcionamiento de cada una de las privatizaciones realizadas por el gobierno municipal... Vamos, que la pregunta del millón sería: ¿Estamos mejor los ciudadanos con la situación de autofinanciación creada en la ciudad? No tengo ni puta idea, pero estaría bien que alguien nos hiciera este análisis con datos.

(12:01 horas) Existe una hermosa tragedia que tiene que ver con la duda y la certeza, con la verdad de la duda y con el error de la certeza. El hombre que ama intensamente debe ser campo trillado a una duda que duele, y el hombre que ama con certeza se equivoca decididamente en esa dirección. Sucede lo mismo con la creación, la misma tragedia de error y dolor. Y no tiene que apartarse el gozo de taL circunstancia, y por ello es una tragedia hermosa, ¿verdad, amigo Alberto? –hablo hoy contigo y para ti porque necesito un interlocutor atento en mi soledad; perdona que te use, amigo–. No saber que lo que se crea con intensidad y desasosiego es exactamente descubrimiento o magia [duda, siempre duda] o asertar firmemente que lo es [certeza/error] hasta caer en la cuenta de todas las carencias que contiene, que contenemos... y luego hundirse. Sí, una hermosa tragedia, Alberto, en la que crecemos y vamos anotando cada arruga de vejez en nuestros rostros.
De ese celo, que es la duda, nos acaba siempre amaneciendo el paso siguiente, un paso exacto al anterior que nos lleva a avanzar tímidamente... pero a avanzar. De aquella seguridad, que es la certeza, nos llega la niebla gris que nos hace perder el norte y, acaso, dar pasos atrás o caer a un precipicio sin vuelta.
En todo caso, Alberto, debemos preguntarnos qué ganamos y qué perdemos, qué dejamos en el camino y qué nos llevamos puesto sobre los hombros en este viaje desde la nada hacia la nada. Quizás lo importante sea el camino y no los pasos ni quien los perpetra, dejar la trocha limpia para el siguiente que quiera pasar por ella o detenerse.
Respiro y me pregunto cómo he de amar lo que soy, Alberto, cómo he de darme/mostrarme al mundo si aún me siento inocente y, por tanto, absolutamente vulnerable. No te pido respuestas, amigo, tan solo hablo suponiéndote ahí porque necesito el muro que recoja esta voz que no sabe hacia dónde caer ni cómo hacerlo, y tú eres hoy el muro perfecto –lo has sido siempre– sobre el que lamentarse sin más por no saber crecer con la máscara puesta todo el día.
Quiero dudar, amigo, y me llegan certezas... Lo llevo chungo.
(13:40 horas) Recibo mail Escobar de mi Manolito Moya asilvestrado como un dondiego de noche entre los castaños finiseculares de la Sierra de Aracena. Escribe como una máquina porque es lo que quiere y desea y le gusta y le apetece y basta. Y yo le envidio por esta tartamudez literaria que ya se ha hecho endémica en mi mano y porque respira hondo y claro, mientras el aire que a mí me llega es superficial y lleno de un humo raro que me pone un puntito parilítico de desatar. Va a sacar más islas en Pre-textos mi Manolo y eso me gusta, porque las islas Moya son un cielo en el agua por el que nadar sin siquiera haber aprendido los mecanismos de flotación. Suerte, hermano, y mucho tiempo igual al ya pasado.
(16:57 horas) ¿Por qué lo que ahora conozco no pudo estar en mí cuando tenía diecisiete años? Me habría convertido en autista apagando algunas zonas de mi cerebro de forma irremediable. Ah!, saber decidir qué neuronas son las indicadas cuando el cerebro arde y se pelea contra sí, y dar un golpe de estado haciendo morir todo lo te lleve a la banalidad, una revolución en condiciones para llegar al coito de la idea y quedarse ahí, sin más, disfrutando ese orgasmo en la cabeza. Saber que sufrir no es de recibo si no está el conocimiento como fin, que es absurdo apretar el cuerpo y el espíritu al abrazo del dolor sin consecuencias brillantes. ¿Qué conclusión puedo sacar? ¡¡¡Hedonismo!!!, vulgar y gozoso hedonismo como norma y norte, pasar de la ictericia diaria y ridícula que te pone amarillo de bilis. Ante el problema pequeño basta un «todo pasará», y lo mismo ante el grande. Sonrisas consecuentes e incluso carcajadas contra el que vive en esos nudos ridículos del interés. Mofa.

Saturday, January 13, 2007

Rompo los libros que leo para que no contaminen a otros.


Mientras espero con ansia la llegada de Abraham Gragera –me llamó el lunes para decirme que vendría a pasar el sábado conmigo– siento cómo empieza a caminar de forma inexorable toda la movida de las elecciones municipales. Es muy probable que a esta hora ya haya sido nombrado Cipriano González Secretario General de la Agrupación Socialista Bejarana y, por tanto, candidato a optar a la alcaldía de Béjar.
Sé a ciencia cierta que ya se están velando armas, que es como decir que ya hay movimientos subterráneos para llevarse cada uno de los gatos a las aguas limpias o cenagosas, según cuadre.
Puede ser divertido pasar estos meses escuchando los «yo hice» y los «yo haré», anotando los argumentos que pongan la cara de bondad a la maldad o a la simple ineficacia, haciendo un rol de «la culpa es de otros... de ellos» y enfangando a gente que no quiere ni tiene ganas de rozarse con los malos rollos políticos de pueblo.
Ya puestos en faena, pues que a mí me gustaría que saliese un grupo de gobierno con ideas muy claras sobre cómo desarrollar nuestra ciudad en los campos más diversos, con un proyecto realizable racional y de plazos justos, sin populismo, con buen rollo y abierto a la comunicación constante con los ciudadanos, sin inquina hacia el que pierda –es más, procurando integrarle en las labores de gobierno... a pesar de las malas experiencias que esa actitud trajo en legislaturas pasadas–. Me apetece un gobierno municipal que democratice el ayuntamiento para que vuelva a ser la casa de todos y para el uso de todos. Sinceramente, no sé cómo puede lograrse lo que mis deseos gritan, pero sé que si hay voluntad positiva se podrá avanzar.
Y de la prensa... me encantará cómo humillan y callan o cómo humillan y ladran. Si fuera por ellos ganaría el PP por diecisiete a cero [incluso para los que están por llegar].
(19:10 horas) Ya se fue Abraham para Helmántica, pero se dejó en el camino –para mi suerte– «Banderas detrás de la niebla» de José Watanabe y «Fábula del escriba» de Eugenio Montejo, además de diez bellísimos dibujos de flores realizados con café soluble. El colega estuvo entrañable, delicioso –porque lo es– y sonriente. Me encanta verle ilusionado con sacar adelante un sueldo al mes, pero sin pensar más que en vivir como él quiere, que es como yo también quisiera vivir. Sigue en la poesía como una niebla que es a la vez luz y percibo que tiene las ideas tan claras que es fácil que no necesite escribirlas ni llevarlas a la palabra poética, porque con tenerlas claras basta.

A los postres de nuestra comida «Piel de toro» llegó Ramón Hernández Garrido para tomar café con nosotros y para intentar ser el catalizador de algún encuentro intercultural con Portugal –yo le agradezco la buena voluntad y procuraré estar a la altura de lo que me proponga–. Nos contó que está feliz en Lisboa y que lo que más le agrada es que la familia se ha integrado rápidamente en aquel ambiente –yo creo que lo tenían fácil–. También charlamos de la política del pueblo, de las ganas de ganar que hay en la Agrupación Socialista y del ambiente positivo que se respira al respecto entre los bejaranos. Ramón es otra persona ahora, y se percibe netamente su felicidad y el buen rollo que le fataba en Béjar. Haremos algo juntos y será bueno, lo presiento.
(23:17 horas) «¿Me dejará la muerte / gritar / como ahora?»... dice el «Orgasmo» de Watanabe y yo veo los dedos de Abraham indicándome la página... «Está tan cerca de lo tuyo, Felipe...» –me dice Abraham bajito mientras me invita a leer–... «esta poesía te ayudará a escribir, amigo, estoy seguro.». Y mis aforismos son como sus dibujos, los que me ha regalado, unos dibujos muy parecidos a los bocetos de aguadas que hace tiempo me confió Alberto Hernández y que conservo como un tesoro, unos bocetos que miro y remiro hasta agotarme... Estamos en lo mismo... vibramos en la misma finísima cuerda que anda siempre a punto de romper por puro estiramiento... y eso es bueno, porque nos une y nos hace voz y trazo en la misma perversión y en el mismo sueño: flores espirales que sentencian a seguir viviendo, a seguir latiendo como individualidades con algo trágico y con algo luminoso, con una interpretación mínima del mundo con la que poder sobrevivir hasta mañana.
¡Zas! Mañana puede ser el día de la muerte y no debe importarnos, porque estamos haciendo uso de la vida en cada palabra y en cada gesto, estamos haciendo un uso decente de la vida, tan decente como inútil.
Alberto y Abraham tienen la misma tristeza alegre en la mirada, la misma consideración al silencio, el mismo ardor que no les deja reposar y sin embargo les hace parecer tranquilos. Eso me falta a mí, pero no pasa nada, no me importa, porque también en el contrapunto está el camino. Son tan parecidos a Aníbal Núñez en la mirada a los espejos que me espanta como un Norte al que debo llegar tarde o temprano.
Cuando apague la voz... ¿habrá silencio?

Friday, January 12, 2007

Dios toma el café con sacarina.


Empiezo la mañana con intensidad tomando un café con Juan M. de Marañón preocupado con el tema Morille. Charlamos un ratillo y llegamos a la conclusión de que hay que dar paso al diálogo, por lo que llamo a Manolo Ambrosio y quedo con él para tener una reunión en Béjar el próximo lunes. El tema acaba con la llegada de Paco Montero y de José Manuel [Caja Duero], el primero acelerado con sus cosas empresarias y el segundo, como siempre, poniendo calma, sosiego y sonrisas.
Qué importante es el diálogo mirándose a los ojos, viendo volar las manos de tu interlocutor y sabiendo sacar sonrisas de donde habitaba el mal rollo. El problema general es que el gentío no sabe mezclar la seriedad con la chanza relajadora y se engolfa en hacer causas vitales/mortales donde sólo cabe buscar soluciones y encuentros como final expreso y moló. Después de todo, los problemas siempre provienen del carácter de tu interlocutor, y las soluciones también. Es decir, los problemas somos y los creamos las personas, por lo que el mejor solucionario pasa por trabajarse a la persona que crea el problema y no al problema mismo. Y todo por historias absurdas que tienen que ver con el honor, la vergüenza, el pudor, el sentimiento de inferioridad/superioridad y otros sentimientos personales que casi nunca tienen que ver con el meollo de la gestión/problema y que, sin embargo, hacen inviables las soluciones.
A mí me suelen dar ataques de risa con estas seriedades problemáticas, y muchas veces de esas risas crecen las soluciones.

(15:40 horas) He tomado café con Manolo Chinato, que estaba celebrando la concesión de un crédito para comprarse un coche de segunda mano. Es un tipo racial, estupendo, un joven eterno y un sobresaliente rapsoda de lo suyo. He quedado en bajar hasta su bar de Puerto de Béjar a tomar unas copas con él.

(16:25 horas) Me pasa el colega Juanito un recorte de prensa sobre la exposición «La cerámica española y su integración en el arte», que está abierta al público en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias de la ciudad de Valencia. En dicho recorte se hace homenaje de admiración al colega Alberto Hernández, que partricipa en dicha exposición junto a artistas tan destacados como Picasso, Gaudi, Barceló, Zuloaga, Artigas, Cumella, Miró o Chillida [esta exposición permanecerá abierta al público hasta el día 4 de febrero de 2007]. También se da nota de la compra de dos obras de Albertito por el Ministerio de Cultura, por lo que me siento absolutamente feliz [pido en este punto a cualquiera que lea estas líneas y tenga acceso a conseguir un catálogo de dicha exposición, que lo haga en mi nombre y me lo envíe a gastos debidos a mi dirección de Calle Las Armas, 12 • 37700 Béjar (Salamanca), pues mantengo abierto archivo sobre el artista con el fin de realizar un estudio más profundo sobre su obra que el que ya publiqué hace unos años, «La luz en las manos». Gracias].

Vista la nota de prensa, vuelvo a recordar al amigo y pienso en el café que nos tomamos juntos hace una semana y en la conversación breve que mantuvimos sobre las posibilidades de futuro para un artista contemporáneo. Yo creo que su apuesta debe centrarse en buscar el salto a Estados Unidos y a Japón. La verdad es que no sé cómo puede conseguirse saltar hasta allí si no es con dinero y con la apuesta fuerte de un lobby, pero habría que intentarlo de alguna forma, pues la obra de Alberto crecería allí en prestigio y se pondría en valor, dándole al colega la ración de justicia que se merecen él y su obra (eso por no hablar de su trabajo de investigación e innovación en el arte cerámico y de su arriesgada apuesta por llevar a la cerámica mural a una altura cualitativa que hasta la fecha nadie ha alcanzado, la de equipararla como técnica artística en iguales condiciones que la pintura o la escultura).
Todo llegará, hermano, estoy seguro.

Thursday, January 11, 2007

Cuando sonrío parece que lloro. No sé engañar a mi máscara

Ya se anda trabajando en una nueva publicación periódica y gratuita para la zona de Béjar, y no niego que me come la curiosidad por conocer sus principios y sus fines. Nos llega de la zona de Madrid. Esperemos a ver qué sucede para sumarla a alguno de los roles ya establecidos o para nombrar alguno nuevo.
Que sea para bien [toco madera y Dios nos coja confesados].

Ayer me llamó el colega Manuel Ambrosio [Manolo es alcalde de Morille] para contarme su cabreo con la gerencia de Premysa. El año pasado se partió el pecho buscando y consiguiendo todos los medios para hacer posible el taller de cantería de la fundación, poniendo su nombre como garantía a las personas y empresas que participaron en el proyecto y hoy, sin más, sin que nadie le informase oficialmente, se entera de que el grupo de canteros formados en ese taller se van a ir a restaurar la muralla de Monleón, cuando él trabajo e invirtió en este proyecto con el fin [lógico] de que Morille se viera beneficiado en el futuro con proyectos de restauración de su casco y entorno [Monleón no lo hizo].
Hay que decir que Manuel es un alcalde distinto, preocupado fundamentalmente por la recuperación racional del casco y el entorno de Morille, en el que ya ha realizado proyectos culturales y de restauración sobresalientes [ejemplos magníficos son los encuentros PAN de poesía rural o el cementerio de arte], y la circunstancia mentada le hace dar un paso atrás en su proyecto mientras ve que su inversión y su trabajo de gestión han sido en vano.
Quizás la gerencia de Premysa debiera ser más dialogante, más abierta a la colaboración y más cuidadosa con las formas y los fondos [conozco algunas quejas al respecto], y tengo muy claro que no se deben cerrar caminos ni generar tensiones cuando no es necesario, y más cuando se está trabajando para convocar voluntades con afán de crecimiento social, patrimonial y cultural.
Y que me encantaría, como Patrono de Honor [me encocora el término porque me da la risa floja], que reinase el buen rollo y se cuidasen las formas hasta la exquisitez, porque creo en el proyecto global de Premysa y en el indicio y las hermosas posibilidades que se alumbran. Que se entienda por la gerencia que cada persona que se acerca a la fundación para colaborar o trabajar lo hace con voluntad positiva y no para pillarse cabreos inútiles. Siempre se trabaja mucho mejor con sonrisas, y mejor si se sabe delegar con inteligencia [que no caigan en saco roto estas últimas palabras, porfa].
Coño, y que se procure solucionar ya lo de Morille, tanto desde parámetros de justicia como de gratitud, que no se puede dejar tirados a los tipos que apuestan fuerte y decididamente por un proyecto.
También se me ocurre –y esto ya es una coña con cuadruple intención– que la Junta de Castilla y León le meta mano a la mimosa muralla de Monleón, que para eso se llevaron el gato al agua en aquella población como se lo llevaron [véanse las notas de prensa al caso en cualquier histórico de noticias]. A mí, como miembro honorario de mi nada personal, me jode un punto... y más si es fastidiando al colega Manolo y a su Morille ejemplar.
(12:22 horas) «Perderlo todo de un golpe, / de un tajo limpio. //... // Mansiones vaciándose, las honro / como a una madre anciana. / Porque vaciarse –madre– es acción: / lo vacío no se puede vaciar. // ... // Nunca pierde quien rompe / y huye al alba. Yo en la noche / me he cosido a ti / toda una vida sin bastas.». Marina Tsvetáieva daba con harta frecuencia en el centro/cetro de la nada. Vaciar la vida para no perderla, usarla hasta agotarla, gastarla hasta la ruina. Porque morir con la vida a medias es un tremendo fracaso. Me lo dicen los ojos tristísimos de mi amigo Santiago Nieto sólo con mirarlos. Morir sin haberse vaciado es un fracaso, morir sin haber dicho a voces lo que te piden las vísceras es un fracaso, vivir sin pensar en el vacío para la muerte es un fracaso.
(16:22 horas) [Recordando un poema de Joan Margarit] «Podría ser contable o profesor», pero ya hace unos años que decidí correr por mi cuenta e intenté aprender a tocar el saxo... y no, no soy de esfuerzos mantenidos, por lo que sólo aguanté un par de lecciones de solfeo y lo mandé todo al garete... En fin, que podría haber sido un lucido bancario o un representante de comercio para surtir a esas tienditas de venta al detall con olor rancio «Punto Blanco» y «Dusen», pero decidí apuntarme a la lista de los hermosos vencidos igual que te apuntas a lista de «VISA» o a la Cámara de Comercio, pagando una pequeña cuota anual por los servicios de pena, cansancio, asco y existencialismo.
Joan Margarit es arquitecto y yo soy arquitexto, aunque ambos nadamos la palabra con distinta suerte y con distinto sueldo.
«Podría ser contable o profesor», motorista de «Telepizza», gigoló de barrio, castrado funcionario, cura párroco o vendedor ambulante de paraguas... y aún podría serlo.
(17:18 horas) He cerrado con José Luis Morante la edición de su diario y sé que será mi proyecto del año, un proyecto en el que intentaré poner de mi parte todo lo mejor. Volver a tener palabras de mi amigo con las que jugar me hace sentirme muy feliz.
(18:27 horas) A veces me desespera saber que algún sentimiento que descubro ya existía antes, como me jode un montón escribir un poema y encontrarme en alguna lectura con ese poema escrito por otro autor antes que yo y mejor. El valor que siempre le doy a un descubrimiento es el de la perdurabilidad, y por eso fracaso, porque siempre el descubrimineto se extingue en otros modificándose, aunque sea levemente, lo que le hurta esa dosis personal de permanencia con el que yo intento insuflarlo. También, a veces, vibro en el tono contrario –repito por enésima vez que soy un tipo contradictorio– y lanzo a voz en grito arengas contra la permanencia de cualquier sentimiento, pensamiento o cosa, abogando con iracundia por cierta suerte de carpe diem que en el fondo no responde a mi narcisismo. En el fondo me voy entreteniendo, que ya es bastante.

Wednesday, January 10, 2007

El hombre es una estafa de la materia.


Anna Ajmátova temía a los disfraces porque creía que una sombra hueca y sin nombre se vestía con ellos [“Cuento de Petesburgo”]. Yo también temo a esas vestiduras que son capaces de cambiarte hasta conformarte en una sombra hueca y sin nombre... y por tanto le temo al mundo, al mundo del hombre, al mundo entero del hombre, pues todo, absolutamente todo está tocado por el disfraz, con una maldad sutil que ya reina de forma inexorable. Sin embargo, hay días especiales en los que todo parece más luminoso y asoma un poquito de esperanza, días en los que llega mi hija ilusionada gracias a las clases que le imparte Mila, su profe de Francés. Esos días parece que se caen algunas máscaras para mostrar una sonrisa especial que se te queda posada en los ojos y no puede olvidarse.
Hoy quiero dejar escritas unas gracias enormes a Mila por saber llenar de ilusión a una joven que busca el norte sin querer y sin poder hacerlo. Gracias por cambiar la hora lectiva de Francés por una hora de entusiasmo y ganas de vivir. Gracias por educar a mi hija como yo quiero que sea educada, por acompañarla en el camino sin ponerle trampas ridículas.
Yo también temo a los disfraces, especialmente a los de adustos profesores con síndrome curricular y fe ciega en los percentiles y en la acumulación absurda de conocimientos.
Mil gracias, Mila, mil gracias.

Tuesday, January 9, 2007

Nunca se me caen los anillos... porque no llevo.


Me encanta que mi David Torres esté vivo y veloz, con más cintura que su púgil literario, pero con el mismo encaje. Sí me jode que meta en el mismo saco a la marasma fascista y a los colegas sociatas, pero me rasco y ya está, porque reconozco puntito de razón en la crítica. Un beso para el tipo duro [sé que a los tipos duros les joden los besos de ositos como yo... ja, ja, ja...] y mi perseverancia de que le den bien por el culo a «El Mundo» y al cacho carne baboso que lo dirige [PJR]. Ojo, pero eso no quita la simpatía, el afecto y la afición que le tengo yo a mi vicenadalino de letra clara y de palabras lúcidas [sobre todo en los programas Dragó telemadriles con noble hierático]. Queda en pie ese encuentro bejarano con ron añejo y patatas bravas. Besos otra vez, tío.
(18:05 horas) A las cuatro y media llegué a la sobremesa del cocido Hontiveros [me había invitado el hombre y pasé, que no me gusta nada comer fuera de casa]; allí estaban José Luis Rodríguez Antúnez [este tipo está creciendo bien, con la sonrisa puesta y con un magnífico don del guiño irónico. Me encanta charlar con él], José Manuel [el mejor fichaje Caja Duero de los últimos dos siglos], Richar [campeón en todo lo que se haga a lo grande y por el centro], Pepe [ajustando con fortuna el chiste a la ocasión] y Pedro Cubino [sencillamente brillante]. Fue un buen ratito en el que había que estar vivísimo para pillar todos y cada uno de los dobles y triples sentidos que corrieron por aquella mesa.
El mejor, sin duda, Pedrito, que, cómo bien dice de sí mismo, es un hombre de letras puras [yo diría que un pureta de la palabra justamente ácida]. Cada vez que coincidimos me sorprende con nuevas letanías que nadan en una originalidad sin precedentes conocidos por el que suscribe... Hasta el punto de que durante la charla me enteré de que tiene una serie de artículos publicados en «Béjar en Madrid» en los que tengo que bucear.

Sunday, January 7, 2007

A final de mes siempre caigo en la cuenta de que mi vida pertenece al banco que me da credito


Vuelvo a la realidad desde el desastre navideño con la noticia de que Felipe Benítez Reyes (Felipe Bonitos Rollos para la peña literaria) se ha llevado el premio «Nadal» con la misma facilidad con la que se llevó el magro «Hucha de Oro», el «Nacional de Poesía», el «Nacional de la Crítica», el «Ateneo de Sevilla» o el «Loewe». Vamos, que volvemos a la normalidad del fango, al engaño a los esclavos de la letra y al negocio editorial.
Claro, que don Felipe Bonitos vive de esto... Lo malo es que junto a él se presentaron otros trescientos y pico autores que también querrían vivir de esto y han visto por enésima vez que la realidad se la meriendan los popes aún antes de que suceda (no escribáis para competir, coño, que estáis tontos).
Con su pan se lo coma... y que sepa devolver bien los favores, que aún le quedan por pillar el «Reina Sofía», el «Príncipe de Asturias», el «Nacional de Literatura» y el «Cervantes».
Me gustaría saber qué piensa ahora mi colega David Torres.
¡¡¡País!!!
(11:34 horas) Enseñar debiera estar prohibido a la mayoría de los que practican esa profesión y no saben que lo que realmente debe inculcarse a los alumnos es el proceso y las técnicas con los que se puede acceder al conocimiento. No es lo mismo conseguir un alumno con disposición y curiosidad que un pequeño y monstruoso archivo de datos para la nada.
Los enseñantes cojean de tal visión de la enseñaza y fracasan por ello. Sí, fracasan, porque cada alumno que no progresa en sus aptitudes de curiosidad, crítica y duda, es un fracaso para quien le forma y, sobre todo, para la futura sociedad que deberá aguantarle, alimentarle y destruirle.
Los padres somos grandes culpables de los fracasos de nuestros hijos, claro que sí, por supuesto... y los enseñantes nefastos (que son miles) son los que suman la puntilla en esos materiales maleables que son los chicos.
Yo no quiero que mis hijos sepan a pies juntillas los nombres de los reyes godos, las herramientas necesarias para fabricar tornillos o las mediciones correctas para hallar el valor de una apotegma... lo que quiero, lo que necesito, coño, es que comprendan que hay una historia en la que hurgar, un material con el que construir y un proceso con el que lograr aciertos sin tener que demorarse en errores. Quiero que los formen en la curiosidad, en el deseo de averiguar, en la manera de acceder de forma autónoma a las soluciones de los problemas que se les planteen.
Ellos, nuestros hijos, están fracasando... y con ellos fracasamos todos (ojo, y cuando digo que nuestros hijos están fracasando, también me refiero a los brillantemente integrados en el sistema... ellos son los que sentirán el fracaso pasado mañana y con más fuerza, con más dolor, con más desesperación).

(22:47 horas) Por la tarde/noche vinieron a visitarme Malick, Youssouph y Abdalá con el fin de ver las fotografías que les hice durante la última semana. Reímos, les saqué algunas copias y al final me mostraron su preocupación por el estado de sus cosas. Yo volví a tranquilizarles con la historia [real] de que su situación es mil veces mejor que la de la amplia mayoría de sus compañeros de viaje y de ganas. Ellos sólo tienen que esperar a que les llegue esa cosa tan curiosa del «arraigo» [dos años demostrados de estancia en España] para poder empezar a tramitar sus papeles. Les repetí por enésima vez que aquí están de puta madre, que tiene todas sus necesidades cubiertas por arriba y que ya han hecho un magnífico círculo de simpatía y amistad que les ayudará a sobrellevar su espera.
Volví también a mi perorata sobre la tipología de personas con las que no deben mantener trato, de cómo deben moverse, a qué horas no deben salir de casa y cómo deben comportarse con la gente con la que se rozan a diario. La verdad es que me da la sensación de que aprenden rápido, pero luego el tiempo me va demostrando lo contrario [hace tan sólo una semana que Malick fue detenido por la Guardia Civil mientras paseaba por la carretera general dirección Béjar/Salamanca, y la cosa fue sería, que ya empezaron los trámites en extranjería para devolverlo a Gambia y me tocó mover Roma con Santiago para poder sacarle de ese jodido atolladero].
No sé cómo vamos a salir de esta, y ya son tres los africanos que han puesto sus esperanzas en Juanito y en mí.

Saturday, January 6, 2007

El resumen de mi vida ocuparía más de mil años de ecritura. ¿A que no es lógico?


Día de Reyes con patatas rebozadas de mi madre [una delicia] y reparto de regalos al moderno uso del «amigo invisible» en la casa gris [me tocó caja de carboncillos y sanguinas] con Mada hecha un guiñapito y un juego de miradas múltiples con cierto rollo de que algo se está rompiendo. Vi y besé a Sara –mi Sara chuli– y a Nacho, a Pablo, a Miguel Ángel y Mercedes, a Claudia y a Julia... y a mis cuñadas [incluyo con afectote en este capítulo a Antonio G. Turrión].
Las faltas resumen que se van cayendo poco a poco los palos del sombrajo [para lo que, sin querer, Ángel sumó banda sonora Otelo o similar].
Y a mí me van dando ya un poco por el culo los Reyes Magos si no es para festejar a mis hijos y a mi santa esposa y reina mora [agotada, delgada, decaída, derrotada y vendida a hacer y servir comidas y a protagonizar constantes cambios de muda... como el resto de sus hermanas presentes y ausentes]. Y Ángel sin enterarse de lo que vale un peine, sin percatarse de que se va corrompiendo todo, de que el personal se está agotando, de que las familias están medio jodidas o jodidas enteras porque no acepta la solución fácil y simple de delegar/descansar con contrata... mientras que le encanta verse rodeado de ese sacrificio filial [¿acaso luz de santidad?] que pone abandono en los nietos, con fracasos múltiples incluidos, y en el resto del personal de tropa. Y con Otelo de banda sonora... para bailar, coño... y tocar palmas.
Yo intento mantener fuertes mis lazos, pero me va costando un huevo y parte del otro, intentando aparcarme en un «no pasa nada» cuando Geles no está para comer ni para vivir/convivir –casi siempre– y los críos andan a su bola. Es todo una puta, destructora e insoportable mierda.
Y siempre pienso en lo mismo: Si esa casa estuviera padeciendo la enfermedad al revés, otro gallo cantaría, que Magdalena siempre tuvo dos cojones para sacarlo todo adelante sin perturbar. Lo que jode la educación machista, ¿verdad?
¡Joder!, vaya resumen de día de Reyes que me ha salido... de Reyes reales, contantes y sangrantes. La pena es que no me dejan decir esto en alto en el foro preciso y necesario. Mierda de respeto absurdo.
(19:07 horas) Anoto que vi de pasada y saludé a Ramón Hernández Garrido y a Pilar [estupendos, relajados, sonrientes... me alegro un montón], que me descojoné de risa siguiendo a Malick y a Youssoup disfrazados de cristianos viejos en la cabalgata de Reyes, que dos personas me dijeron en la calle que Cipri va para alcalde y que va a salir (?) [lo que sabe la gente], que una de esas personas también me dijo que para junio un tipo sorprendente presidirá Premysa [mira que saben, coño, y yo sin enterarme... le dije que se asegurara antes de soplarlo a los cuatro vientos, pero me dejó acojonadito], y el mismo tipo me contó algunas cosas de rollo interno que me dejaron preocupado [y yo sin enterarme otra vez, por lo que anoto tales comentarios con pelos y señales en el privado de este diario para que no se me olvide, que lo que anda en el rumor es jodidamente venenoso y hay que medirlo con precaución]. Y que murió de forma terrible la novia de un colega y me han entrado escalofríos.
La vida es una putada. Fuerza.

Friday, January 5, 2007

No sé parecer lo que no puedes ver en mí


Me llega delicioso paquete del colega José María Cumbreño Espada junto a una carta llena de afecto. [Anoto el recibí de «El coleccionista», de mi recordado Rafael Pérez Estrada y en edición de José Ángel Cilleruelo; «El ancho olvido» de Malén Álvarez, «Muertes impares» de Florián Recio, «Antología sumergida» de Javier Rodríguez Marcos, «La princesa y la muerte» de Gonzalo Hidalgo Bayal y «Entrevistas literarias» de Liborio Barrera]. Mil gracias, José María.
(12:05 horas) Cualquier amago de profesionalizar el arte, el sentimiento o la literatura me parece abyecto, sobre todo si dicho ánimo es apriorístico: «voy a escribir, pintar, sentir para vender...». Otra cosa es el después creativo, que ya pertenece a otras manos y a otros ojos. Aún en ese punto, en el de las postcreación, siempre me joden ciertas maneras mercantilistas y clientelistas que son capaces de destruir la luz creativa con su niebla de intereses.

Viene esto a que recuerdo hoy vivamente a Rafael Pérez Estrada –otra vez, que su recuerdo late en círculos en mi cabeza; y ésta gracias a José María–. Él, que fue la generosidad hecha carne, que siempre supo acercarse a cualquier alma sensible con una sonrisa, dando sin pedir; que escribió como los ángeles vencidos sin medir la condecoración o el fracaso, que supo ser brillantemente discreto y, sobre todo, amigo eterno de sus amigos... Ahora, en este tiempo marcado por su falta, es seleccionado, antologado, escogido y puesto a secar por tipos que saben hacer dinero de lo que él conseguía llevar al terreno de los sueños, de las alucinaciones y de la sorpresa. El mago en el mercado exhibiendo sus vísceras a los ojos compuestos de todos los insectos necrófagos.
Vuelvo a recordar que llamé hace un par de años a su albacea y le dejé mensajes sin obtener respuesta alguna. No me importa su silencio, pues cada día disfruto de todos los dibujos que me hizo el amigo y cualquier día, sin contar con nadie, los daré a la luz en una edición limitada para mis amigos y los suyos.
Y los albaceas que albaceen, antologuen, reúnan, seleccionen a su antojo, a su puto y goloso antojo.
(12:23 horas) Sé que en mi caso es imposible, pero me gustaría desentenderme de lo material para que mi individualidad aprenda a crecer mejor. El problema fundamental de obtener tal desentendimiento radica fundamentalmente en que a tal circunstancia irá siempre unida una grave dosis de egocentrismo y de iracundia propiciada por cada una de las intromisiones del otro en mi decurso vital de soledad... Otra opción viable puede ser la del desinterés, trabajar el desinterés como opción de escape a la dictadura de los demás.
En fin, elucubraciones de un discapacitado para asuntos de individualidad y desprendimiento.
(18:39 horas) Me he dado cuenta de pronto que estoy en el bando de la eufonía, me gusta el ritmo machacón, la música en la palabra, los vocablos blandos y redondos, la rima que sorprende (nunca la buscada). Me fascina la palabra «muslos» y me enloquece la palabra «vértice». También me encanta crear palabras sin sentido, pero con sonido y sensación de blandura: «algábala», «dolamela», «voralanda», «dusmilebla»... y enredo con ellas creando una tranquila melopea que llega a hacerse física.
A veces también juego a un ritmo hecho de números, los pronuncio en alto dándoles distintas entonaciones y cadencias... es divertido y ayuda al ritmo de mi mala poesía.

Thursday, January 4, 2007

Pasar desapercibido a veces es un grave error


Día intenso de verdad desde primera hora: Hablo con Paco Ortega después de un largo tiempo de silencio [«Cómo me alegro de escucharte, tío... El mercado de la música está jodido por culpa de... no lo cuentes, por favor... Pronto saldrá a la calle el disco de Jesús Márquez... Tenemos que hacer algo juntos, colega, que me apetece un güevo... Estoy rematando el disco de Ángel González, chulo, chulo... Ya tengo mi primera cosecha de vinito, te mandaré... Te quiero, tío, de verdad... Nos vemos pronto], hablo con Esther Muntanyola [Jo, qué bonito... ¿Tienes un libro sobre lectoras que salió hace unos meses?, te lo envío ya... Me acuerdo mucho de ti... Me han sacado en una antología, también te la mando... Un besote... Muaaaac], recibo a 29 negritos menores que están en acogida en Trujillo y los hemos traído a Béjar para que jueguen un partido con los juveniles del Béjar Industrial. Me llenan la imprenta y el alma entre risas y una vitalidad envidiable [Pasa... defiende... tira... coñooooo...]. Perdieron 11-1 y no pasó nada. Me hubiera gustado quedármelos a todos en casa.
Como cierre un encuentro frugal con Santiago Sevilla [meses sin vernos]. Me contó que tenía referencias de mí por un colega de su hijo que reside en los maristas helmánticos y yo no caigo en quién puede ser el chaval.

Me encantan los finales regados de principios

Es curioso cómo la voluntad poética lleva siempre a buscar una existencia en lo trágico que se traduce por lo común en la insistencia en caminos que no responden a la realidad pacata en la que sobrevivimos. Al poeta le gustaría ser intenso en todo y, a la vez, ordenar su vida en monotemas: este año el amor, el año que viene el sufrimiento existencial, el siguiente la duda... y así gozar la itensidad de un sentimiento, de una forma de ser o estar... pero la vida no es así, la vida es caos y tono bajo como constante de paso. Es por ello que me encanta sentirme poeta, verme poeta; y es por ello también que escribo con más o menos suerte.

Tuesday, January 2, 2007

Miro al fondo de mi vida y veo que no ha pasado nada


¿Recuerdas el mundo que queríamos? No ha pasado nada desde entonces, sólo que han muerto hombres y los nombres de las guerras y de sus generales han cambiado. Queríamos un mundo libre y socialista, con la banca socializada, con la igualdad por montera; un mundo tan utópico como nuestra visión del amor. Nos encantaba engañarnos a nosotros mismos mientras paseábamos entre los plátanos del parque o mientras tomábamos refrescos entre risas y proyectos.
¿Recuerdas que hacíamos trabajos sobre el origen de la vida basados en los textos de un tal Oparín, que diseccionábamos ratones y hacíamos experimentos con permanganato y con perborato sódico? A mí se me ha quedado clavado el recuerdo de mi paraguas negro y los largos paseos dominicales por una Calle Mayor llena de charcos y de chicas que me gustaban.
Ahora todo el mundo dice que no pasa nada, que estamos mejor, que todo va bien... pero a mí me falta la utopía, las ganas de creer en que se puede propiciar un cambio de aquellos que eran parte de nuestras constantes conversaciones. No pasa nada. No ha pasado nada desde entonces.
Ahora me pregunto qué debo hacer y sólo encuentro valor en detenerme en lo pequeño, en gozarlo hasta donde me dejen mis sentidos.
Perder la esperanza es duro, pero me quedan mis hijos. Ellos me llevan siempre a considerar mi derrota y a levantar la voz en las comidas para cagarme en Dios y en todas sus mesnadas, para ofrecerles un meeting radical e incendiario que les pueda servir para, por lo menos, guardar una llama en sus corazones.
(17:24 horas) Escribió Pavese en su diario que «todo lo que no podemos hacer solos disminuye nuestra libertad», y yo lo sumo a mi colección de razones hacia la individualidad. Lo malo de la relación entre personas es que siempre se produce en clave de posesión, en mayor o menor medida, lo que conlleva cierto mal rollo en cuanto a la realidad comparada con las espectativas. No me pidas que comparta contigo lo que mi soledad nunca aceptaría y no me pidas tampoco que sea tenaz y persista siempre en la idea que tienes sobre mí.
Igual que en la vida social hay que dejarse abducir por las rutinas prediseñadas con el fin constante de la integración y de «merecerse» el estar acomodado en los percentiles de la «normalidad» [subnormalidad], debemos también crear unas rutinas que nos refuercen en lo individual y nos ayuden a mantener criterios propios con empecinamiento. Yo hace unos cuantos años que me impuse varias horas diarias de soledad en las que ser, pensar y actuar de forma absolutamente individual. Lo he conseguido de forma relativa, en una especie de camino paralelo en el que me afirmo en mi «yo» sin ese jodido «vosotros» que tanto daño me hace.