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Monday, June 28, 2010

Como los muros de Abancay...


Como los muros de Abancay, ensamblados en seco en un ardor ciclópeo, o la ‘Neue Sachlichkeit’ [esa objetividad divina y dadaísta de George Grosz... y Otto Dix]... ejemplos de la corrupción de sistemas que dejan huellas tan nítidas como el retrato de la perodista Sylvia von Harden con las medias arrugadas y caídas a media pierna, con la mirada flaca y el justo don de la estupidez en su boca pintada de rouge, embutida en un vestido rojo de mantel italiano... ¿qué pensaría la muchacha con gato de Balthus de esa Sylvia hecha pura realidad y absoluto modelo de su tiempo?... como el ‘Sueño y mentira de Franco’, del Picasso de guerra, o los ‘Ojos en el calor’ de Jackson Pollock... ¿qué pensaría de ellos la mujer desnuda del ‘Nunca más’ de Gauguin?...
El mundo son los labios pintados por Man Ray, pero también los happenings de Kaprow o las líneas tiradas de Mondrian... y también es la costra acumulada en un cuerpo agotado de un lugar sin agua... ¿Arte o vida?... yo qué sé...
Mientras Alemania va ganando a Inglaterra por dos a uno en el minuto 62 del partido de octavos de final del Mundial de Fútbol 2010 [tengo abierta una ventanita de internet con el marcador], yo miro libros de Arte pensando en todos los hombres que fueron coetáneos de quienes se pasaron la vida en la maleza de dejar huellas netas en el tiempo... y leo a Irina Razamfimbelo... ‘Madagascar aguantaría cien mil crisis como la de Europa’... pues claro que sí, claro, Irina... los europeos somos una pandilla de imbéciles, además de poco solidarios y desconsiderados con quienes viven mucho peor que nosotros... fíjate, andamos aguantando que los países europeos más ricos [sus gobernantes y, sobre todo, sus mandatarios financieros] nos llamen PIGS [cerdos], sí, PIGS [Portugal+Italia+Grecia+Spain], todo a pesar de que se están aprovechando de cantidades ingentes de nuestro dinero público... PIGS e imbéciles, Irina... y, además, unos ‘sinsubstancia’ incapaces de levantar la voz y quejosos de la situación a la que nos están llevando [solo quejosos]... en Madagascar murieron más de 40.000 malgaches por conseguir una independencia de los franceses que les llevó a pasar hambre y miseria... ¿de quién nos tenemos que independizar nosotros, los PIGS?, ¿de quién y cómo?... Alemania ya gana cuatro a uno a los ingleses [minuto 74]... y eso es lo que importa ahora, ganar guerras de imbéciles, breves guerras mediáticas y absurdas, y sacar a orear las banderas para lucir la patria como una vengancita ridícula a los ojos del mundo.
Últimamente no sé de lo que escribo, me disperso y presiento que mis palabras bracean como ahogadas... y el caso es que tengo muchas cosas que decir, pero no hay orden en mi cabezota y me disperso...
Muchachas paseando de camino a las fuentes cuando va atardeciendo, nubes negras que fraguan la tormenta siguiente agarradas al monte, un pasamanos triste por el último muerto [murió en la cama y de viejo... no es un tiempo propicio para héroes], la ropa en el balcón y caen algunas gotas [hay que correr a retirarla]...
Como ‘El abrazo’, de Schiele, con el sexo medio tapado por la sábana y la mano femenina separando su índice [el más bello gesto de placer que recuerdo en la pintura que conozco, esa mano posada sobre una espalda masculina], como aquella estructura de ‘Voilà la fille née sans mere’ de Picabia o, simplemente, como la ‘Fachada del café De Unie’ que Oud dibujó a tinta china una tarde del año 1925 para hacernos entender que también hay una racionalidad plástica...
En fin, el mundo.

Sunday, May 18, 2008

Jugando a ser Egon.


Fue en un venga ya. Aún estaba bostezando de mi noche Valpurgis y me iba acordando de Ángel sin querer vestirse, sin querer salir, sin querer hablar, sin querer hacer nada; y me hacía a la idea de un nuevo panorama en el mismo escenario de siempre, un panorama con un guión impar y con todos jodidos de nuevo. Aún estaba bostezando, repito, mientras atravesaba la plaza para dirigirme a mi estudio. Las siete cigüeñas de la torre de El Salvador ponían banda sonora con el tac-tac-tac-tac producido por sus picos y la gorda estaba tendiendo ropa en su balconcito con un cigarro encendido en la boca. Fue en un venga ya, porque al subir la calle de Las Armas vi el portón viejo sobre el que habían escrito con tiza “PUTA PITO” y una patrulla de la Policía Nacional tomaba los datos de un automóbvil al que habían robado durante la noche. Miré al cielo y ya empezaban a crecer las nubes para cocinar la tormenta de la tarde mientras un gato de atigrado canela y blanco se detuvo frente a mí y me miró fijamente a los ojos… ¡¡¡Sapeeeee!!! Solo me quedaba hacer acopio de tabaco en la máquina de la cafetería y encerrarme en mi estudio, pero un sostén azul se cruzó por mis ojos al recoger mi cambio y todo se hizo preclaro y luminoso. Corrí a encerrarme y tomé mi pluma de inmediato para jugar a ser Egon [o Luis Viñals] durante un par de horas que me han dejado 16 apuntes rápidos y nerviosos de cuerpos femeninos y algunas copias infantiles de pares dibujos de los maestros del trazo seguro.









Tuesday, May 13, 2008

Debo juzgar con magnanimidad el tedio.


Hoy acepto la naturaleza provisional de mis escritos, la acepto y la comparto con la prevención de que en su mayoría no son más que manchas que intentan componer el cuadro de mi mente, un cuadro en el que un día soy capaz del trazo preciso y otros divaga la mano igual que la de un niño que busca las formas sin ser capaz de fijarlas más que en la mancha y el trazo grueso. También hay mil borrones que son la corrección precisa que he de hacerme, porque soy contradictorio y ciertamente contengo diploidía mental, esa cromosomía doble que no deja enfocar las ideas por exceso de foco o por distorsión.
Hoy tomo conciencia de que todo lo proceso con primera intención, pero repitiendo el gesto y pensando que es nuevo otra vez, otra vez, otra vez, otra vez…
Hoy declaro que mi constancia procede de la impaciencia total, a la que me someto, y que aspiro al olvidarlo todo para volver a crearlo y a nombrarlo como si fuera la primera vez.
Hoy sé que mi movimiento en círculos tiene ínfulas de eternidad, que repito para que nada acabe y todo se me quede colgado en un bucle infinito del que no pueda salir jamás y así creer que no participo de esa cosa zoológica que juega a vida y muerte en su sistema.
Hoy no sé si mi verdad es voluntad de verdad o simplemente atención a lo mío, adaptación a lo mío, a lo que quiero.
Hoy casi averiguo que cuando escribo mi diario me escribo a mí mismo y no a vosotros, que lo hago sin rigor y sin cansarme, porque me debo esto como me debo la mano posada sobre un cuello o sobre un vientre.
Hoy aprendí sin más que la imprecisión me hace ser latido, que lo preciso es muerte, que tengo curiosidad y eso es perfecto, que soy intelectual porque imagino y busco lo inverso de cada suceso que me roza, que lo que no comprendo termino por inventarlo a mi manera, que me he hecho capaz de sacar todo lo que pasa por mi cabeza y lo hago sin melindres, que sé que hay algo inesperado en cada esquina y espero que me golpee de frente, que educo a mi cabeza desestimando el mundo de los demás y ella me devuelve adivinación e instinto, que otorgo y quito valor como un pequeño sátrapa… y me sirve, que cuando me comprometo termino asqueado, que encuentro novedad constantemente aunque no podáis imaginarlo, que construir es dar la idea de construcción y que los demás trabajen atados en su desarrollo, que el tonto que soy me enseña mucho más que el listo que son los demás, que dejarlo todo en el plano de las ideas ahorra mi tiempo y lo multiplica… que debo juzgar con magnanimidad el tedio en el que suelo caer, porque de él termina emanando mi esencia.
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Cuando eran tiernas las hojas de los castaños y también las miradas, yo vestía camisas color guinda y pantalones crema cortitos con doblez. Entonces el salón de juegos era el largísimo balcón de la casa de mis padres y la calle entera. Yo tenía dos pandillas, la del colegio salesiano y la del barrio de San Juan. La del colegio estaba atada por el baloncesto y el intercambio de deberes; y la del barrio se armaba en los juegos salvajes de guerrilla, fútbol en el terrero de El Murallón y cientos de horas minicares. Entonces ya me enamoraba de las cosas [también de las chicas, claro] y hacía acopio de las que podía obtener en mi habitación de la casa de la carbonería: piedras con formas reconocibles o extrañas, insectos pinchados sobre corcho marrón con alfileres, varios montones de revistas y cómics diversos, mis libros favoritos [entre los que se encontraban “El libro del joven” o “La cruz invertida”], un trozo de piel de cocodrilo que robé en no sé dónde y una enorme colección de singles “Fundador” que solía poner en mi comediscos azul.
Cuando eran ácidas las manzanas reinetas, me enamoré de una chica preciosa con flequillo y melena que no me hacía caso, y yo sentía cómo el mundo se me venía encima y era infeliz, cómo había un motor extraño que me obligaba a decir tonterías en su presencia y cómo un calor indescriptible subía a mis mejillas y ponía un rojo contraste sobre mi blanco natural.
Cuando los melocotones se maceraban en vino con azúcar en una jarra de casa, pensé que había seres vivos e inteligentes en otros planetas y que los espíritus de los muertos venían a visitarme por las noches y se sentaban a mirarme en el sofá tapizado en cuadritos verdes y negros, pro no sentía miedo.
Cuando las uvas verdes en las parras de los corrales interiores, supe del Mayo francés y lo sentí importante, porque así lo necesitaba mi cabeza y mi primer brote ideológico… y quise ser un clandestino y me gustó la noche y su metáfora. Los hombres entonces se conformaban y decían que no les iba mal con el General, y andaban siempre a lo suyo, acumulando duro tras duro en las cartillonas que emitían las Cajas de Ahorros y el Monte de Piedad, comprando localitos donde crecer y casitas humildes en las que parecer algo más y dejar algo a sus hijos [colgaban siempre en los salones enormes cuadros horrendos con escenas de caza y colocaban candelabros niquelados sobre los aparadores de formica y ponían uno de aquellos monjes meteorológicos en la pared junto a una imagen de la Virgen María o del Sagrado Corazón]. Fue entonces cuando me dejé el pelo largo y desarreglé mi aspecto, cuando dejé que mi barba creciera a su libre albedrío y me hice compañero constante de una mochilita azul en la que llevaba todas mis cosas.
Cuando la tierra del parque fue sustituida por adoquines rojos y blancos, fue cuando empecé a pensar en que no había solución alguna y que, si la había, jamás estaría en mi mano.
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Y que hoy el día ha sido otra vez de paro total y me he dedicado a mirar con ojos golosos los dibujos divinos de Egon Schiele, con cierta turbación por el vértigo de ayer mezclado con este otro vértigo de las líneas mordiendo cada mancha lasciva del cuerpo.