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Sunday, May 15, 2011

Visita de Bra y Barral

Braulio García Noriega y Juanjo Barral

Ya podía contar en años la falta de un encuentro con Barral y con Norio... y esas faltas influyen en el ‘ser uno’ como una conjunción de astros capaces de mareas o de sismos. Llegaron –despistados, como siempre, que tiraron rectitos hasta Ciudad Rodrigo para llegar a Béjar desde Oviedo... algo así como ir de Barcelona a Tarragona pasando por Málaga– y con ellos la hermosa sensación de un tiempo vivido intensamente, con otro latido tan distinto a éste que lleva puesto el tedio de diario. Como si se hubiera dado una conjunción mágica de astros, ya digo, sonó la Velvet Underground después de las primeras birras bajo una tormenta verdaderamente hermosa... y se fraguó todo, la conversación constante sin una sola palabra de sobra, el paso por mi ‘sala de máquinas’, las evocaciones de tiempos pasados y amigos comunes, los libros recomendados, las visitas a NOTESALVES, a La Casa de la Sal y al Castañar; los agradecimientos emocionados por los cambios de cromos [aún recuerdo el último regalo de Norio... la entrada en el mundo sorprendente de Alberto Porlan a través de su magnífico poemario “País”, que Norio me regaló en su último viaje], el intercambio de libros [me dejaron ‘Muerte-Obrero’, un poemario delicioso de Armand Gatti publicado por KRK, y una canana de David Fueyo Fernández con el título de “Onírica”], las risas y las constantes frases ocurrentes y las continuas valoraciones reflexivas y atinadísimas del mundo del hombre y sus asuntos, que siempre son fresquitas en boca de estos dos tipos sabios como pocos... y luego el monólogo fantástico de Barral sobre la música o las historias interesantísimas y llenas de intensidad del contador racial Norio... un verdadero lujo para un tipo de provincias como yo.
Destacar la visita que hicimos a Luis y Josetxo y el hermoso detalle que ambos tuvieron conmigo... me regalaron nada más y nada menos que un ejemplar de “Mundo Inmundo”, lleno de dibujos sorprendentes del genial Topor [es una edición de ‘Biblioteca Universal Planeta’, de la serie ‘NARIZ’ que dirigió en su día Álvaro de Laiglesia, todo un tesoro con fecha de 1974]... tuvimos una conversación larga y tomamos otras cervecitas en el patio fantástico de La Casa de la Sal entre los bonsáis de J. y L. y el ruido del agua.
Acabamos la noche charlando animadamente, primero en El Castañar [donde las tontas técnicas de armar un libro de poesía y la pasión por los antiguos vinilos fueron los temas de conversación], y en ‘La Alquitara’, donde Alberto Porlan fue pura monografía.
Esta mañana paseamos juntos la ciudad y volvió a ser un paseo tranquilo de palabras y palabras y palabras... y que se me ha llenado todo de energía positiva, coño.
Qué bonito.



Retrato de Juanjo Barral

Retrato de Norio

Asombrosa la forma de liar tabaco de Norio... me da envidia.

Uno de los dibujos magníficos de Topor


Friday, July 30, 2010

Otro viaje alucinado por la D. O. Jamón de Guijuelo... y unas palabritas emocionadas de jubileo


29 de julio.
Se presentó sin avisar, a media mañana, el coleguita Braulio García Noriega [T. S. Norio] haciendo paradiña en su viaje desde Oviedo a Moguer... y que tomamos unas cervecitas, nos pusimos al día de nuestras cosas e hicimos intercambio de cromos [a mí me tocó la suerte de quedarme con un ejemplar de “País”, de Alberto Porlan, y otro de “Las palabras del asombro”, una canana de los chicos hermosos de La Palabra Itinerante]. Vi a mi amigo más delgado, pero tan jovial, vivo e inteligente como siempre. Me hizo feliz poder abrazarle de nuevo.
•••
30 de julio.
Después de no poder pillar el sueño hasta eso de las tres de la madrugada [este calor me está matando... de sueño, entre otras cosas], tuve que madrugar para tomar camino de Guijuelo con el fin de hacerle un reportaje fotográfico a un cliente jamonero. Pablo tosía como un asmático durante el camino de ida y me dio unas lecciones breves sobre el color de las mucosidades de expectoración y de cómo atacarlas con antibióticos [magnífico para empezar el día... y sin desayunar]... y así nos plantamos en la tiendita de cárnicas, muy bien surtida, que pertenecía a nuestro cliente... el tipo era jovial, pero a la vez bastante peculiar, sobre todo en lo tocante a su orgullo de hombre hecho a sí mismo... sacó a toda la clientela temprana de la tiendita, ordenó a sus empleados [cinco] que se ocultaran en la trastienda y se puso en mis manos ‘profesionales’ [pobre]... y así comenzó el trámite fotero... tomas generales desde todos los ángulos, tomas de detalle [algunas robadas para mí, como un tostón blanquito entre carne roja, una colección enorme de rabos, una toma de jetas de cerdo muy bien colocadas y alguna otra curiosidad que me salió de ojo]... el tipo, mientras yo foteaba, me iba relatando parte de su vida... cómo llegó a Guijuelo, cómo se hizo a sí mismo con mucha voluntad y más trabajo... y de vez en cuando soltaba frases lapidarias que me dejaban flipaíto... un panorama.
Cuando acabé mi trabajo allí, debía esperar a Pablo, que había ido a visitar a otro cliente acompañado de su estado miasmático, me dediqué a pasear por la zona para buscar alguna toma sorpresa, y me topé de narices con un edificio lleno de pintadas realmente peculiares... desde una dedicada al Ché [en el pueblo más derechero de toda la comunidad de Castilla y León] hasta una pared entera que perfectamente la habría firmado Pollock sin problemas... me dije.... “¡Hostia, un Pollock a lo Banksy!”... y llegó Pablo... y nos fuimos a la fábrica de nuestro cliente para seguir haciendo fotos... el edificio era totalmente nuevo y de tipología federal [me refiero a esas casonas con columnas de la época de la Guerra de Secesión], un cerdo de fibra recibía a los visitantes a modo de león rampante [pero sin rampar] justo al lado de la puerta de entrada... y, adentro, las oficinas brillaban de un estuco amarillo muy bien tirado sobre el que lucían frases escritas en negro de grandes pensadores y de hombres de negocios... mi flipe iba en aumento, hasta el punto de que tenía que detenerme de vez en cuando a respirar hondo... charlamos un ratillo, rematé mi trabajo, hicimos unos mandados y terminamos tomando unas Cokes en el polígono industrial de salida hacia Béjar para quitarnos el enorme calor que llevabámos encima... las Cokes se acompañaron de magro, una bola de patata y atún picante y la segunda parte de la disertación miasmática de mi amigo Pablo, que realmente anda tocado y sufriente, pero trabajando.
De vuelta a casa vine en silencio, intentando procesar todo ese hiperrealismo acumulado en la mañana...
Carne muerta expuesta a los ojos tranquilos de las mujeres ancianas con monedero, carne muerta y esputos mezclándose con Pollock y la visión constante de los colores patrios [en balcones, ventanas, cinturones, pulseras, sobre la cafetera del bar, en la antenita de radio de los coches...], carne muerta colgada, en salazón, sobre los límpios mostradores de acero inoxidable... pero carne muerta con sellos azules... y yo en sandalias y sudando como si me estuviesen exprimiendo por dentro... carne muerta y el orgullo constante de los hombres hechos a sí mismos [ése 'yo no era y terminé siendo' que tanto nos gusta llevar en la boca], carne muerta y la cajera con piercing de la tiendona ‘Rodilla’, carne muerta y los tres minusválidos caminando con dificultad por la acera contraria a la que a mí me llevaba, carne muerta y teléfonos móviles, carne muerta y dinero y dinero y dinero y dinero, carne muerta y coches de lujo nubio [el mundo del jamón es hierático en su urbanismo –y también tremendamente hortera–, pero absolutamente cuidadoso en su atomoción], carne muerta y negros y latinos trabajando a destajo y haciendo horas extraordinarias, carne muerta y olor nauseabundo... de esas ruinas nace aquí el dinero... y también la opción política acomodada al monedero generalizándose y vistiendo las calles.
Al llegar a casa me entristecí, pues al tío Antonio, uno de los hermanos de Magdalena que anda por aquí de vacaciones [al que quiero yo un montón], le había dado un jamacuco y había andado toda la mañana metido en urgencias con la familia a cuestas [circunstancia que le hará volver de inmediato a Sabadell, donde reside]... y que empecé a pensar en que voy mayor por ambiente y por purita comparación con mis cercanos, y que me acordé de pronto de mis cuñaetes Antonio y Mª Adela, ambos ya en proceso de jubilación... y que me puse un poquinín mimoso y me dieron como ganitas de tumbarme un ratillo para pensar con detenimiento en ellos... que yo tenía pensado desde hace un par de meses dedicarles una entradita de este diario, y que quería currármela por lo especial de estos seres hermosos que me han acompañado durante muchos momentos importante de mi vida... pero que pasan los días y no me sale la forma.
Quizás lo mejor sea expresarme con parquedad y ya, y decirles a ambos, a Antonio y a Mª Adela, que los quiero un montón y que me emociona verlos quemando una de las etapas más complicadas de la vida de un ser humano social, la del apartarse despacito y en silencio. Y eso... que me apetece mucho darles las gracias y un abrazote fuerte por haberme acompañado en esto del compartir durante muchos años, por haberme enseñado y por haberme aguantado con esa generosidad que solo pueden ofrecerte los que te quieren [y sé que soy dificilito de aguantar por temporadas]... deciros que en el decurso de nuestras vidas juntos he gozado de ver nacer y crecer a vuestros hijos [y ahora lo hago emocionado viendo a la chuli Sarita], que hemos compartido sentimientos intensos y hemos dejado un camino realmente especial [ahora se me caen los palitos del sombrajo pensando en nuestra Magdalena bonita y la inexpresable Ramona]... y que os deseo a los dos un tiempo divino en el que podáis gozar con todos los sentidos de todo lo que os rodea y de todos esos genes lanzados a su suerte que os van a poner sonrisas inigualables cada día.
Disfrutad de este tiempo que viene, haced de él lo que realmente os apetezca... y que yo lo vea, coño.... y no me deis demasiada envidia hasta que a mí me llegue la hora de ese ocio ganado con trabajo y trabajo.
Otro abrazo fuerte.











Sunday, August 30, 2009

"Tres poemas" [un libro de T. S. Norio]


Dormí en una posición extraña [soy de dormir agitado] y al intentar levantarme esta mañana, sentí un leve mareo que me devolvió ipso facto a la cama. Con la cabeza sobre la almohada estaba bien y me quedé como media hora mirando al techo, aguardando a que desapareciese de mi cabeza esa sensación desagradable de vértigo… en el trámite de despostrarme, recordé los membrillos robados en la huertita aneja a Filiberto Villalobos, la prisa que dio con mis huesos en el suelo un día que iba a examinarme de Microbiología, el culito de Áquel temblando mientras escribía frases de francés en la pizarra –luego se casó con el profe de mates–, la noche que orinamos la pared de la comisaría de Salamanca –seríamos quince tipos con barba recién salida–, la noche bruja con Paco Ibáñez en Puerto de Santa María –estábamos tan bebidos, que acabamos riendo como gansos sin pronunciar palabra–, los helados de mantecado del puestito del Caño Comendador, Sara Montiel besándome con ganas en aquel restaurante de lujo de Castellón –me regaló una copa con sus labios marcados–, la parada en la A6 para que Pepe Hierro aliviase su vejiga –“tápame bien, chaval, que me sacan la chorra en los periódicos”... le dijo a Antonio G.–, los pijos con sus motos jodiendo los veranos del ochenta, mi madre haciendo roscas fritas en la cocina de casa, el póker en The Boris por las tardes, los hermosos silencios de mi Pepe Servando, la tarde con Rafaelito Pérez Estrada a más de cuarenta grados malagueños, las manzanas reinetas del árbol de la entrada de la finca de Palma, las tardes de dentista con el miedo agarrado entre las piernas –se llamaba Campito el sacamuelas–, el Fauvismo alemán en el Barrio de Salamanca –perdí el coche–, el rol de fenotipos en las tardes Latina con Isabel y Caro, aquellas bragas mínimas de encaje que llevaba la americana becada en Salamanca en el 77 –fue mi primer asombro erótico… se llamaba Lucila–, el tren parado en Cangas y lloviendo, la pistola en el vientre en el meeting que Fraga dio en el pabellón de La Alamedilla –creí que me meaba encima–, la peluquera mesando mis cabellos recién lavados, Amparitxu Gastón besando mis mejillas en la entrega del Celaya, la jodida máquina en envarillar calendarios que me dejó sin uña en el dedo pulgar del pie derecho, las horas de Gimnasio Colón haciendo el ganso, el primer crédito… y el último, el día Margarit en el calor Lucena, las horas de manchada en El Judío –pura ebriedad, lo juro–, el topo pelirrojo de la poli en la Facultad de Ciencias –nadie le tocó nunca, aunque ganas quedaron–, el calabozo oscuro de Ribadesella después de lo de Raimon en el faro, el arresto de un mes en Menacho por insultar a voces a un sargento primero, los ojos de Pablito Milanés cuando le di la mano –estaba muy enfermo–, Malick en Los Montalvos con un camisón blanco y en estricto aislamiento, la camarera de Gorfan, las tardes de La Otra Casa –inolvidables–, los años de político nefasto en los que aprendí tanto, la primera edición de un libro mío –Narciso diez minutos… luego, nada–, mi abuela en su ataúd un día de lluvia, Andrés Neuman en casa comiendo una ensalada, las comidas Santonja y aquel extraño mundo que algunos definieron como “El Grupo de Béjar”, la copa con Claudio en el bar del Felipe II, mi primera canción, mi primer disco, los días de editor arruinado, Salim junto al Toyota en la casa MPDL de Mangola, el miedo en Cáceres con mi Tacuma destrozado en un sembrado, mi primer Motorola haciendo clac al colgar las llamadas, Javi Bauluz con su cámara vieja en el 12&23, los días en La Toja… y que me levanté sin más, y ya sin vértigos, y me metí en la ducha como un zombi, y que salí un poquito más despierto y me puse la ropa [gayumbos de rayitas marrones, los pantalones Chinos color crema, el polo negro y las chanclas de rafia]… y me vine a mi estudio a leer de un tirón el último poemario del colega T. S. Norio [Braulio García Noriega], que lleva en cabecera el título de “Tres poemas”, y que ha sido editado con un gusto exquisito por los hermosos vencidos de “Baile del Sol”. Me ha gustado el libro y le he encontrado en muchos tramos bastante Ginsberg [y hasta un puntito Pasolini en aquel delicioso poema “Who is me”]… muy norteamericano en su estructura y en su presentación poética, con mil cargas de fondo que me han llegado fuerte y en un tono social que, por generación, da en la diana de mis años… Braulio toma el camino del prosaísmo en estos poemas y con ello consigue claridad meridiana, la justa claridad que demandan las ideas que quiere hacernos llegar como balas y preguntas. No niego que, desde mi punto de vista, el contenido intelectual [altísimo] hace una sombra dura sobre los aspectos poématicos, entre los que echo de menos en algunas ocasiones el trasunto del ritmo, pero repito que no importa, que a mí no me importa la forma ante un fondo tan clavado como un salto perfecto desde el trampolín más alto. En definitiva, tres poemas que dicen con emoción y con verdadero conocimiento del trasunto existencial que ahora nos lleva. Muy recomendable el libro, lo aseguro.