Showing posts with label EDMUND HUSSERL. Show all posts
Showing posts with label EDMUND HUSSERL. Show all posts

Tuesday, September 29, 2009

El positivismo fenomenológico... je, je.


Todo lo real termina afectado por el tiempo, pero lo ideado, no [mientras que el número nueve, por ejemplo, no envejece, sí que lo hacen los nueve castaños que están frente a mi ventana, pero tampoco envejece la idea de castaño]. Así, hay una dimensión real de las cosas, de los objetos, de los seres animados, que está absolutamente atada al tiempo, a sufrir cambios y acabamiento en el tiempo… pero hay otra dimensión, la ideal, que no sufre esos trastornos temporales, precisamente por su condición de ideal [aquí están incluidos los números, los colores, las especies, las figuras…]… esto es exactamente el positivismo de Husserl, que no niega ni afirma la realidad de las cosas, ni su existencia, se abstiene, ya que cualquier actuación cambiaría la cualidad del objeto sobre el que se actúa.
Percibir ya es enjuiciar, hacer existir de una forma u otra a lo percibido y tomar partido por una manera de ver… entonces Husserl se abstiene, no duda, no niega, no afirma… con lo que llega a la conclusión de que no se equivoca… ¿no está mal la fenomenología –qué es como se ha venido a denominar esta importante corriente filosófica–, verdad?... vamos, que dan ganitas de ponerse a mirar al mundo con esos ojitos Husserl de carnero degollao y hacer una descripción fría de lo que es y no de lo que parece ser [sin negar, afirmar o dudar]… y el mundo real [utilícese aquí el término en su calidad de lo afectado por el tiempo] se nos caerá encima como una losa… políticos, deportistas, hombres de la cultura, grandes empresarios, gurús mediáticos, economistas, arquitectos, cantantes [estos conceptos son ideales, como veis, pues no están sujetos al decurso temporal, pero pongámosles nombres conocidos y, zas, ya están sujetos al tiempo por reales]… todos afectados por la angustia de la contradicción [yo también, claro, pero mis decisiones y mis actos apenas afectan a cuatro gatos, no a multitudes]… ¿qué haríamos con ellos?, ¿resistirían solo diez minutos de tratamiento fenomenológico?... yo creo que no, ni cinco segundos.
Lo malo del asunto es que no nos importa tanto el color rojo como que la manzana que nos comemos sea roja y deliciosa, y es que la realidad nos puede y nos obliga al continuo calificativo de lo aparente, nos obliga a negar y a afirmar, nos lleva a dudar y a tomar posiciones en función de lo que sea mejor o peor para nuestra realidad individual [sujeta al tiempo, repito], no para el ideal que terminaría conformando parámetros puros en los que moverse.
Yo, por mi parte, creo que la poesía juega un poco con todo esto [cualquier actividad creativa lo hace], y es uno de los aspectos que más me hacen permanecer en ella con encono [y sin demasiados resultados, que todo hay que decirlo]… jugar con lo real y con lo ideal intentando cambiar sus roles, enredarlo todo hasta el temblor o el dardo… y ahí todo vale, lo juro… todo vale.

Friday, February 9, 2007

Una escalera a veces es más que un hombre.

No estoy hecho para subir escaleras; nunca participé de esa genética del riesgo y ahora me llega un jodido «a la vejez, viruelas». Hoy salí a hacer un trabajo de calle con Ricardo para el que tenía que subir a siete metros de altura con el fin de hacer una rotulación y me resultó imposible. Sentí pánico a esa altura pobre y miserable mientras él, Ricardo, hacía todo tipo de monerías en la cúspide de la puta escalera de tres tramos que se cimbreaba como su puta madre. Dejé el trabajo y me escondí en la imprenta, pero Ricardo no lo entendió [no lo entiende]. Cada uno está trazado en una genética que le marca profundamente y los usos de ella no pertenecen al mundo de la pericia, sino al de la posibilidad o la imposiblidad. A mí me resulta imposible subir a siete metros de altura en una escalera, y me gustaría hacerle entender a Ricardo que lo que para él nada en la facilidad, para mí es un jodido abismo. Supongo que si le propusiera asuntos para los que yo sí estoy genéticamente dotado y él no, entendería perfectamente mi pavor... Pero no merece la pena hacer el gesto de la explicación cuando quizás el problema radique en que no se está en el plano [genético] de recibirla. Yo me asombro ante su pericia y, por supuesto, la temo... temo verle usar la facilidad en el riesgo y sé que no nací para titiritero, o sí, pero de la palabra.
Quizás la armonía entre personas radique en saber entender las dificultades del otro y no forzar las situaciones... porque sería jodido que cada uno machacara a los demás abusando de las propias pericias. Y que conste que a este tipo le aprecio un montón, pero no sé si es que yo no sé llevarle o él no sabe recibirme.
Prometo trabajarme con interés este asunto para que vuelva el nivel a su lugar, el de descanso. Sé mis límites físicos y psíquicos y no quiero traspasarlos. Sólo eso.

(22:25 horas) He leído a trompicones, pero apasionadamente, los cuatro volúmenes de «Investigaciones lógicas», de Edmund Husserl, en los que se desarrolla toda la teoría de la reducción fenomenológica para llegar a la esencia. Y es de una complejidad simple [no entran los dos términos en contradicción porque no me da la gana] el llegar a la conclusión de la «epokhé» [guardo lo conocido –mejor lo ya sabido– entre paréntesis mentales y me quedo con la esencia]. El problema surge cuando un tipo como yo intenta poner en práctica lo que «el palabro» enuncia... No sé hacerlo, no sé poner entre paréntesis lo que ya sé para intentar llegar a la esencia... y me quedo frustrado.
Entiendo el proceso, comprendo la teoría de la reducción fenomenológica, pero no sé utilizarla ni aún llegando a un grave estado de extreñimiento de tanto darle vueltas.
¡Bah! Admito que admiro a Husserl, pero siento que necesito filósofos que hagan fáciles mis procesos interpretativos.
Me fumo un cigarro y pienso.