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Friday, November 11, 2011

Adiós, Loli.


Salamanca era una postal tristísima... lástima de cámara, coño.


Los viajes iniciáticos llegan a veces a contrapelo, como las canas nuevas o los gansos en formación volando alto.  Ayer, hasta el mediodía, fue una jornada anodina y hasta feliz por momentos, pero todo se torció a eso de las tres y cuarto, cuando oí cómo se abría de golpe la puerta de la imprenta y sonaba mi nombre... ‘¡Felipeee!’. Yo reconocí la voz de Ricardo y contesté sin ganas, como siempre a estas horas de postsiesta... ‘hola,  Richi, aquí estoy’... pero volví a oír mi nombre pronunciado con cierta agitación... ‘¡Felipeeeee!’... y salí hasta la puerta para ver qué sucedía. Ricardo estaba vivamente emocionado y algo desastrado, como si se hubiera levantado de golpe de una siesta mal dormida... tenía los ojos inyectados de lágrimas y se movía nervioso de un lado a otro... ‘Felipe, tío, creo que se ha muerto mi madre!’... y me quedé helado, quieto, sin saber qué hacer ni qué decir... tan solo se me ocurrió pedirle calma y que viajara con tranquilidad, pues su disposición urgente fue la de tomar el coche para ir hasta la casa familiar... y así se torció la tarde al completo, una tarde en la que sentí a mi amigo Ricardo vulnerable por primera vez, golpeado duramente por la muerte que roza y lo destroza todo.
Tiré la tarde en hacer calendarios junto a mi gente, mientras evocaba en silencio la imagen de Loli, que había estado en estas mismas estancias hacía solo tres o cuatro días... recuerdo que le di un beso y le pregunté por su salud... ‘Como siempre, hijo, con este hombro que no me deja moverme como quiero, pero bien por lo demás... ¿y vosotros?... ¿todos bien?’... recuerdo que le presenté a mi hijo Felipe, al que elogió como una abuela linda, y luego fue a hacer unas compras a la Calle Mayor, –lo dijo en alto antes de salir de la imprenta–... y ya no he vuelto a verla, coño. Loli siempre me ha recordado a mi madre... una mujer sencilla y fuerte, una madre al completo que, entre dulzura y amor entero, se ha dedicado a hacer comidas, camas, compras en el mercado... su sonrisa era especial, igual que su pausa al hablar, que dejaba siempre un halo de tranquilidad y confianza capaz de conseguir que todo pareciese siempre fácil... y le daba a los calendarios como un autómata para olvidar el jodido suceso, colocaba faldillas en línea, ponía adhesivo, pegaba láminas... así hasta que llegó la noche y caí agotado en mi cama.
Y por la mañana llegó el viaje iniciático. Acompañado de Juan Carlos, Juanito, Jacinto y Pablo, viajamos en el coche del último hasta Gema, el pueblito zamorano donde habita la familia Luis Moral... todo eran nubes negras bajo la velocidad de bólido que Pablo le imprimía a su coche, nubes negras que se confabularon para dejarnos una postal bellísima a nuestro paso por Salamanca... la ciudad entre brumas y un arco iris delicioso marcándonos el camino –no suelo llevar mi cámara a las despedidas cabronas, y confieso que me dio rabia, pero mi móvil hizo su trabajo fotero dejándome algunas estampas mediocres de la mirada–... pasamos la cárcel de Topas como una metáfora de este tiempo torcido y llegamos a Gema, un pueblo extendido entre viñedos y bodegas con la extraña peculiaridad de mezclar de forma rara la piedra de Villamayor con el adobe... casas viejas junto a otras pretenciosas y absolutamente disonantes en el conjunto urbano, una iglesia notable –también de piedra de Villamayor– con dos hermosos confesionarios y más de un toque entre chic y hortera mesetario, el bar cerrado hasta que dieron las doce y una colección hermosísima de placas oxidadas de casas de seguros sobre los portales –las habría robado todas si hubiera tenido medio gen hurtero–... y el proceso de despedida de Loli, muy emotivo, con algunos rastros de esas antiguas ceremonias rurales de la muerte... cura en la calle responsando, viejito con cruz vestida, ancianas ordenando el rito y dando normas a los presentes para una buena despedida... pasamanos dentro de la iglesia (toqué el ataúd de Loli para darle un adiós cercano y lleno de cariño), abrazos sentidos a José y a Ricardo y adiós eterno y definitivo a una madre hermosa que nos dejó tristes y más solos.
La vuelta fue tan vertiginosa como la ida, pero sin arco iris y con el recuerdo amargo de José y sus hijos.
La vida sigue –imagino– y Loli deja una vida hecha en la que, por lo que me consta, ha dejado un hermoso rastro de bondad que no olvidaremos quienes la conocimos poquito o mucho.
Buen viaje, Loli guapa.





Restos de un naufragio.

Se vende casa y monte.



De vuelta a casa.

Monday, December 8, 2008

51 formas de estar.


8 de diciembre de 2008
Al acostarme anoche, un cartelón de Guillermo sobre mi almohada me avisaba del tiempo: “¡Feliz cumple, papá!” (le oía reír a carcajadas en su habitación mientras yo lanzaba gritos de sorpresina por haber encontrado aquel tesorito) y corrí a besarle y a hacerle unas cosquillinas.
Dormí como un cosaco y me desperté a eso de las 10:30 h. con un indescriptible dolor de todo... un pis largo, duchita reparadora, miradita en el espejo para ver el campo de batalla hecho unos zorros, peinadita apresurada, toque de colonia, muda limpia, ropa al azar, desayunote con besos y corriendo a mi estudio para escribir estas palabras. Solo la visita de César Yuste y señora para felicitarme me arrancó del teclado un cuartito de hora.
Y me enganché a la tarea autoimpuesta de hoy, el escribir mis 51 formas de estar... y voy a ello.

1. Mi culpa es solo mía siempre, aunque mis defectos generalmente proceden de mi relación con los demás.
2. Amar nunca podrá ser un diminutivo singular. Estoy imbatido.
3. Fumar es magnífico para la escritura, pero se tose por las mañanas al despertar.
4. Ensucio cuando pinto y me limpio por dentro cuando escribo.
5. La verdadera metamorfosis está en la cabeza y sucede en el cuerpo.
6. Cuando no estoy solo me echo de menos.
7. No debo dejar nunca que mi debilidad sea la fuerza de los que no me quieren.
8. Obrar bien a veces resulta impúdico (en todos los sentidos del término “obrar”).
9. Que en la cabeza no haya lugar para la conciencia mientras piensas.
10. Dios se pone cada día mi muda y mis zapatos.
11. Ignoro siempre en voz alta... y sé en silencio.
12. Mi mano conoce la mejor forma de amarme. Pregúntale.
13. La costumbre es una compañera fiel... y nunca aburre.
14. Siempre pienso lo mismo de los que dicen que ya no soy el mismo.
15. No sé bailar, pero lo pienso mucho.
16. Cuando me utilices, no me lo digas, me sentaría mal.
17. Cuando creo que los árboles me hablan, termino dándome cuenta de que lo hace el viento.
18. Más que matarlo, me gusta dejar herido al tiempo.
19. Me acuso de que la sombra que proyecta mi cuerpo es la de una mujer.
20. Siempre amé más a lo que no pude tener.
21. Cuando menos me gusto es cuando soy prójimo de mí.
22. Todo lo que pienso se me deshace en la boca.
23. La verdad de mis sentimientos siempre termina siendo mentira en mis manos.
24. Que alguien me enseñe a diferenciar entre el efectivo y lo efectivo.
25. El sí y el no ya no son taxativos. Todo depende de mí.
26. A medida que pasan los años beso más con los ojos que con la boca.
27. Guardar un recuerdo es iterativo.
28. ¿Se soñará lo mismo durmiendo boca arriba que boca abajo?
29. Mi mayor venganza es escribir cuando no quiero.
30. Mi escritura es despreciable si la comparo con mis pensamientos.
31. Que la palabra me pertenezca, eso es lo que busco.
32. La disciplina que me autoimpongo me hace resistente.
33. Sigo asombrándome ante el milagro que supone una erección.
34. Que alguien me deje claro si la nada es un simulacro.
35. No quiero ceder nunca... pero siempre lo olvido.
36. Busco un lubricante de calidad para dar salida a mis ideas.
37. Me gustan los cuerpos de mujer detrás de una persiana.
38. ¿Mi vida es convexa o es el espejo?
39. Nunca te apresures conmigo, que siempre voy por partes.
40. Regresar a lo que fui es tan morboso como ir a lo que voy a ser.
41. Me encanta ser el eco de otro cuerpo.
42. Soy testigo de mí, pero no me recuerdo.
43. Tengo una gran certeza... y no es la muerte.
44. Si me miro desnudo, intento ser clemente.
45. Nada permanece, lo sé, pero aún no me he dado cuenta.
46. En sueños, acabo casi siempre suicidándome... luego tomo un desayuno copioso.
47. Mi mayor cobardía es conoceros.
48. Si mi cuerpo siente pasión, yo paso hambre.
49. Soy un ingenuo, pero me salva un poco el sentir estupor ante la mirada del otro.
50. Mi mejor potencia es la ineficacia.
51. Sé que voy a morir... por eso vivo.

•••
Y que mi hijilla me regaló una camiseta que reza: “mi segundo órgano favorito es el cerebro” junto a una imagen de W. Allen, y que me llamaron la hermosa tía Antonia y mi hermanita con su Lolo, y también lo hizo Hilaria [que siempre se acuerda de mí por estas fechas y nunca falta su llamada], y que mi madre me hizo tostón y picatostes con miel, y que hubo pastelones y muchas risas acompañadas, y que Albertito Hernández tuvo el lindo detalle de regalarme uno de sus cuadros últimos [una escena de otoño magnífica] y nos tomamos juntos un vinín, y que muchas cosas más que mejor no cuento porque las dejo para mí, aunque sí diré que me felicitaron Richar y Maite mientras viajaban hasta el hospital donde será operada mañana la coleguilla [os deseo toda la suerte del mundo, amigos].

Friday, January 18, 2008

Unos jodidos días para borrar.


Días de hospital con mi padre tendido y totalmente vulnerable ante el bicturí [nada del otro mundo… una operación pequeña y muy común].
De la espera como acompañante de paciente han quedado tres dibujos toletes, conversaciones y tiempo compartido con mi hermana… y la cosa dura de ver a mi padre tendido y desnudo en una de las situaciones que menos soporta…
Mi padre, siempre sumo hacedor, conseguidor de todo, perfecto en cada cosa que acomete, cabezota, soporte siempre de la familia, fuerte como ninguno, con el tiempo medido al minuto y con la mano siempre dispuesta para apoyar a quien lo precise… y me lo han dejado postrado y como vencido… es lo peor del mundo hospitalario, esa sensación de hombres vencidos que deja en la gente.

Y ya en casa, por si no fuera poco esa visión tremenda de mi padre con gotero y cara triste, recibo un mensaje de Ricardo para ir inmediatamente a realizar un trabajo de los que odio: montar tres enormes rotulaciones en altura colgados en una cesta a bastantes metros de suelo. Cuatro horas de ese curro casi circense, con las manos heladas y el miedo a la altura danzando en mi estómago.

Unos jodidos días para borrar.

Y luego leo la entrada de Antonio Gutiérrez Turrión, en su diario ‘Desde mi terraza’, con fecha del día 16 de enero y me quedo estupefacto por el cambio de tono que siempre le caracteriza y por lo que adivino como algo que le ha afectado muy seriamente por lo que puedo entender en sus palabras.
Me gustaría decirle a Antonio ahora las mismas palabras que él me ha dicho tantas veces cuando mi voz se tornó acre y violenta, cuando me sentía atacado y herido… es mejor la calma de la reflexión y la generalización, pues dejarte ver demasiado puede hacerte daño y no me gustaría nada que te lo hicieran.
La política, Antonio –te lo he dicho demasiadas veces en nuestras conversaciones–, es puta mierda y no responde a una lógica de verdadera democracia jamás… y menos en el seno de los partido políticos –sean los que sean–. Imagino que el protagonista fuiste tú, que todo sucedió en la agrupación local de tu partido y que el que perdió siendo el más votado fuiste también tú, siendo el que más se lo merecía por trabajo y altura intelectual [esto lo aseguro yo].
No eres el primero, ni serás el último. Para ser político con representación pública hay que haber pisado antes a demasiados compañeros… sin ir más lejos, el ‘compañero’ Melero se encargó hace unos años de expulsarme como columnista de un periódico provincial [en el que tenía mano el perico] y desde el que conseguí que me publicaran cuatro verdades bien dichas en torno al fracaso de su proyecto político… lo que más le jodió es que se lo decía un socialista con claridad y sin pasar por esa lumbre absurda y antidemocrática de lavar los trapos sucios en casa.
Suerte y mi abrazo fuerte, Antonio.




Thursday, September 27, 2007

Las soledades que saben agradecer la compañía pequeñita.



Cuando Paquito Ortega me dijo que somos soledades que saben agradecer la compañía pequeñita, ya andaba el concierto Serrat&Sabina con el pirata cojo con pata de palo, con cara de malo… Yo me quedé pensando como colgado entre las palabras sentidas de mi amigo y la letra machacona de la canción… el pirata solo, con cara de malo, sin pata de palo… el pirata cojo, con cara de malo, con pata de solo… el pirata rojo, con cara de solo…
Me divertí como hacía meses, disfruté de mi gente especial, salté, grité, bailé y pillé cierto puntito entre cándido y salvaje… el pirata solo, con cara de raro.

Entre la multitud –que lo era– me topé con un poeta antiguo del que no pude recordar el nombre ni antes [ayer] ni ahora [iba con una moza que se empeñó enseguida en dejarme claro que era la directora de Tribuna… encantado, coño, encantado… y salí pitando, que me da canguelo todo lo que huele a prensa]; achuché a Paco Novelty y a su eternamente bella Marina [una dulzura mágica la de esa mujer], fumé justito junto a Jessica [la argentinita Yess de Paco Ortega que me dice bajito: ‘no bebás, nene’], reí a carcajadas con Ricardito Luis Moral [tocado con un sombrerito hongo de plástico y cantando a voz en grito todos los temas sabinos], me despanzurré de ver a Pedrito Cubino con carita de zurrasparse [las jodidas almejas, Pedrito, las jodidas almejas], gané un ratito Ana y hasta mereció la pena que perdiese la cartera para ver el contraste de su preocupación junto a esa soltura natural que siempre lleva y atrae, me emocioné mirando a mi Mª Ángeles disfrutar como una grupi [se lo merece mi reina, que lleva un tiempo de constantes desolaciones y ya era hora de ver su gozo aflorar por unas horas], encontré cierto azar inexplicable y solitario en mi Julia del alma [me preocupa un poquito verla en su faz cansada y no sé cómo armar una estrategia para que sea lo que siempre fue: la alegría exacta con vocación de eternidad], abracé a mi hijota y la noté vivísima y en el camino [sabe la libertad y la va gestionando… me gusta mi niña, me gusta mucho], abracé varias veces con auténtica fuerza a mi Paquito Ortega [acreedor cada día de mucho más afecto del que yo pueda darle], degusté a la Charito más social [‘el comodín de la llamada’, como la nombra Ricardo con esa hermosa retranca entre zamorana y vasca]… y bebí cervecita, y me comí un bocata, y conduje de noche… y fue todo un recuerdo hermosísimo para guardar entre gasas y seda.
Me gustó el espectáculo a pesar de que yo siempre fui de Lluis Llach y de Bob Dylan…


(17:19 horas) Veo con horror y con cierta extraña esperanza los sucesos que se desarrollan durante estos días en Birmania y no puedo por menos que recordar aquellos duros días del final de Salvador Allende y el principio del asesino Pinochet o las noches incendiarias con los colegas de Frente Sandinista que sobrevivían en la Salamanca estudiantil que yo gocé con 17 años… aquellos hombres tenían en su contra que en sus causas ponía pesas falsas la bicha norteamericana… en esto de Birmania, la verdad, no tengo ni puta idea en dónde se calzan los intereses… pero me aterra ver que el mundo sigue con sus horrores y me emociana que la gente siga sintiendo esa necesidad de conquistar la calle.
Hay un contraste en lo birmano que no existió en lo sudamericano, y no es otro que el poder religioso [la comunidad de monjes budistas] aquí se alía con el necesitado y allí se alió [salvando dignísimas individualidades] con el poder asesino y sojuzgador [la rijosa, piramidal e interesada iglesia católica oficialista].
De aquellos días me queda un rumor de música que toma rostro en Inti Illimani, Mercedes Sosa, Rosa León, Ana María Drak, Lluis Llach, Raimon, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Luis Eduardo Aute, Paco Ibáñez, Víctor Jara, el Cuarteto Cedrón, José Afonso, Joaquín Carbonell… siempre mezcladas con aquella otra cosa más lúdica de Bob Dylan, Leonard Cohen, Credence Clearwater Revival, Rolling Stones, Donovan, Carole King…
De todos ellos tengo magníficos recuerdos intensísimos, tristes y alegres… a varios los he llegado a conocer en persona delante de unas copas, a algunos los he podido escuchar en vivo varias veces y a todos los oigo con una frecuencia casi maniática en mi estudio y en mi coche… con ellos recupero días de vino y rosas, amores perdidos y amores recuperados, noches de miedo militante y vietnamita, días de lucha y días de auténtica abulia…
Junto a ellos, que son el justo sonido de mis recuerdos, viven en la misma morada discográfica y afectiva Paolo Conte, Nicola Conte, Madeleine Peyroux, Paco Ortega, Carita Boronska, Jonathan Richman, Zizi Possi, Cássia Séller, Caetano Veloso, Yann Tiersen, Willy DeVille, Umebayashi Shigeru, Tracy Chapman, Manhattan Transfer, Tom Jobim, Toquinho, Vinicius de Morais, Toninho Horta, Skeeter Brandon, Sergio Cammariere, Sarah Vaughan, Ray Charles, Renato Carosone, Patricia Barber Companion, Paloma Berganza, Norah Jones, Mildred Bailey, Lhasa de Sela, John Lee Hooker, Jack Johnson, Fátima Guedes, Etta James, Djavan, Dayna Kurtz… todo un universo de sensaciones en el que crecer o, por lo menos, intentar sobrevivir.
De FUMADORAS

INGLÉS AL DÍA: Smoking he(she) undresses

Monday, July 23, 2007

La decadente belleza preserrana.


Dio el día para una excursión de trabajo a Ledrada y un paso fugaz por el Guijuelo rasgado y mojado por la sorprendente lluvia juliana que nos visitó hoy… Todo un retrato de la decadencia unida a las mejores opciones de negocio de la zona, contrastes por doquier y un no sé qué de no haber sabido crecer a la par del dinero: casas divinamente abandonadas junto a instalaciones de nuevo corte medieval, bello paisaje preserrano junto al exabrupto de las cárnicas… y la deliciosa ruina del ‘Cinema’ ledradense con su letrero orlado por una hermosa hilera de nidos de golondrina [les hirondels] contrastando con la Plaza Mayor de estética Diputación granítica postgirón. Un pueblo rico con unas pobres ruinas de corte histérico decadente [si tuviera dinero compraría ese edificio sólo para mirarlo]. Mi sensación fue de absoluto deseo por poseer ese silencio y esa estética, de quererme quedar a pesar del jamón y sus hedores, de ser en ese espacio hasta lograr abandonarme.
Comenzó el cielo a soltar su cortinita de agua justo cuando anotaba en mi cabeza el decorado e intentaba plasmar aquella imagen con mi Nikon… corrí a refugiarme junto a una de las oficinas bancarias [hay tres en la placita] y descubrí, mirando una tras otra, que todas estaban cerradas con un aviso en sus cristales: “Vuelvo enseguida”… Un pueblo rico de España que mantiene la sana costumbre de cerrar sus oficinas bancarias a la hora del bocata… Pensé: ‘quiero vivir aquí’.
Al asombro siguieron las gestiones de negocios… gente amable, sesión fotográfica con las damas de las próximas fiestas [empingorotadas como ninfas, pintaditas, con la permanente aún caliente a pesar del fresquillo del día y del viento airado, monísimas por juventud y sugerentes por el tiempo que corre], reunión con el alcalde [amable en grado sumo] y sesión fotográfica incluida con toma tras despacho ceminonónico y recién barnizado, algún que otro cigarrito a hurtadillas y viaje hasta Guijuelo por el asfalto gris salpicado de cárnicas semimonumentales.

En Guijuelo lo mismo, aunque algo más cosmopolita… parecidos contrastes, parecido dinero y exacta decadencia como una nueva estética paralela al exótico mundo ibérico de la pata negra.
Detuvimos el coche y Ricardo se acercó a visitar a un cliente mientras yo deshacía ese vicio de mirar preguntando. Sin más, entre la lluvia, me impactó un edificio de piedra y galerías con la misma ruina que el ‘Cinema’ de Ledrada. Lo miré mansamente [tal como caía la lluvia] y sentí una especie de “…hay esperanza” que me trajo la labrada herrería.
De vuelta a Béjar escampó, como en la vida… y una llamada envuelta en risas de mi Paquito Ortega me puso en el camino de la realidad de mentira, ésa edificada de amigos que esconden el paisaje.
De Tontopoemas ©...

Friday, July 20, 2007

hoy no ha pasado nada...

Quitando que me escribió Higinio Cascón con afecto desde su envidiable refugio mallorquín, que me llamó Cesarín con risas y algún guiño, que tomé café con un Albertito descuidado [eso decía él], con Ana y con Pedrito Cubino; que me visitó Antonio G. Con sus cosas de siempre, que me llamó Paquito Ortega para enchufarme afecto, que me acordé de Belén un par de veces, que me besaron mis mariángeles y mis chicos cuando llegué a casa, que comí con mi hermana macarrones con queso, que me llamó mi madre desde el centro de Oviedo, que pillé una edición hermosísima y vieja de un cómic de ‘El Capitán Trueno’, que me reí de ver cómo el Rey se mosquea por los chistes del príncipe, que se fue don Piqué del PP neofascista, que Ricardo se fue de viaje a Zamora, que cobré algo de la extra, que diseñé con prisa dos cubiertas y una carta menú de lujo nubio, que vi unas bragas rosa oreándose tranquilas en una ventanuca de la calle Mayor, que me fijé en la nieta de Sacho (+) [¡vaya moza!], que me senté en el patio de Julia y cayó una cerveza, que me manché de grasa el polo negro viejo y que vi a una mujer de pechos imperiales… […] …hoy no ha pasado nada.
De Tontopoemas ©...

Monday, June 25, 2007

Paquito... tan de nosotros siempre...


Estuvo mi Paco Ortega, ‘tan de nosotros’, paseando con su sonrisa la perla roja.
Vino el colega a verme desde el merengue que lleva siendo Madrid desde hace días y comimos rechulo en el Cubino con la corrobla cipriana y mi Ricardo fiestero.
Hablamos de la ciudad, de su futuro, de la fuerza que viene… tan necesaria, de sembrar con razones raíces largas y del afecto exacto que nos reúne.
Tocamos sin querer a Jesús Márquez, cartero eventual que canta a ratos; hablamos de Sabina y de Wyoming, de Jeager y del buen Amancio Prada… Trotamos la ciudad sin estridencias, con sonrisas abiertas al futuro, y vimos que en el centro de la nada hay algo que nos une aunque sea tarde.
Se fue y me prometió volver ya mismo con su jopo de fiesta y sus canciones, que siempre se resuelven en delicias.
Fue perfecto el encuentro, entre otras cosas, porque Paco es experto en ser amigo.


De Tontopoemas ©...

Saturday, April 14, 2007

Siempre las tuyas y dos más... [póker de damas]

Celebré la entrañable onomástica de la República Española cenando con cuatro amigos en la bodeguita de mi socio Ricardo: Risotto de hongos, guisado de langostinos, codorniz rellena de trufa, buen paté y postre delicioso… Café, copillas y una partidita de póker de las de antaño [hacía la friolera de veintitantos años que no jugaba una partidita de póker]. Y disfruté como un crío chico con mi ratito de gloria [un póker de damas] y mi hundimiento Titanic con un jodido full de sietes y reyes… Una noche perfecta con unos colegas majos de verdad, con conversación chula y con mi abuelo Felipe en la memoria [disfruté por ti, abuelo]. Nos retiramos a eso de las 05:30 de la madrugada con cierto dolor de cabeza por el tabaco consumido y esa copilla de más que pone clin y ardores.
No me gustan demasiado estas salidas de mi norma diaria, pero ayer/hoy lo pasé francamente bien. Gracias, Ricardito.
(18:05 horas) Hoy, antes de comer, como una obligación civil y familiar, realicé el rito de la tribu [de mi tribu] enseñando a mis hijos los papeles del abuelo Felipe y narrándoles el mito de su pasión y muerte para que lo retengan en sus [hasta ahora] frágiles memorias y lo lleven hasta su descendencia con la misma rabia que yo lo llevo y lo llevan mi madre y mi tía Toñi, para que lo retengan como una oración civil y profana o como esa cantiga matemática que se esconde en las tablas de multiplicar.
Mª Ángeles, que ya va entrenando su razón y desde ella llama a la sensibilidad, leyó en alto los papeles mientras un regatillo de lágrimas intentaba erosionar sus preciosas mejillas. Sintió al abuelo Felipe, a la abuela Antonia, al tío Pedro, al tío Felipe, a la tía Toñi y a su abuela Carmen igual que los he sentido yo desde que vivía con mi abuela Antonia en su casa del Solano y escuchaba las mismas palabras que ahora le pongo ante los ojos a mi hija. Sé que este ‘jápenin’ va a hacerla mucho más humana, mucho más sensible y mucho más solidaria… a mis otros hijos también, pero más adelante.
Luego comimos en silencio con un respeto tácito a esa memoria que debe mantenerse impoluta y vivísima para que ninguno de nosotros caiga en las redes de la barbarie y el odio feroz.
Me importa esto mucho más que la jodida Tecnología o las absurdas clases de Religión… mucho más.
De Tontopoemas ©...

Friday, February 9, 2007

Una escalera a veces es más que un hombre.

No estoy hecho para subir escaleras; nunca participé de esa genética del riesgo y ahora me llega un jodido «a la vejez, viruelas». Hoy salí a hacer un trabajo de calle con Ricardo para el que tenía que subir a siete metros de altura con el fin de hacer una rotulación y me resultó imposible. Sentí pánico a esa altura pobre y miserable mientras él, Ricardo, hacía todo tipo de monerías en la cúspide de la puta escalera de tres tramos que se cimbreaba como su puta madre. Dejé el trabajo y me escondí en la imprenta, pero Ricardo no lo entendió [no lo entiende]. Cada uno está trazado en una genética que le marca profundamente y los usos de ella no pertenecen al mundo de la pericia, sino al de la posibilidad o la imposiblidad. A mí me resulta imposible subir a siete metros de altura en una escalera, y me gustaría hacerle entender a Ricardo que lo que para él nada en la facilidad, para mí es un jodido abismo. Supongo que si le propusiera asuntos para los que yo sí estoy genéticamente dotado y él no, entendería perfectamente mi pavor... Pero no merece la pena hacer el gesto de la explicación cuando quizás el problema radique en que no se está en el plano [genético] de recibirla. Yo me asombro ante su pericia y, por supuesto, la temo... temo verle usar la facilidad en el riesgo y sé que no nací para titiritero, o sí, pero de la palabra.
Quizás la armonía entre personas radique en saber entender las dificultades del otro y no forzar las situaciones... porque sería jodido que cada uno machacara a los demás abusando de las propias pericias. Y que conste que a este tipo le aprecio un montón, pero no sé si es que yo no sé llevarle o él no sabe recibirme.
Prometo trabajarme con interés este asunto para que vuelva el nivel a su lugar, el de descanso. Sé mis límites físicos y psíquicos y no quiero traspasarlos. Sólo eso.

(22:25 horas) He leído a trompicones, pero apasionadamente, los cuatro volúmenes de «Investigaciones lógicas», de Edmund Husserl, en los que se desarrolla toda la teoría de la reducción fenomenológica para llegar a la esencia. Y es de una complejidad simple [no entran los dos términos en contradicción porque no me da la gana] el llegar a la conclusión de la «epokhé» [guardo lo conocido –mejor lo ya sabido– entre paréntesis mentales y me quedo con la esencia]. El problema surge cuando un tipo como yo intenta poner en práctica lo que «el palabro» enuncia... No sé hacerlo, no sé poner entre paréntesis lo que ya sé para intentar llegar a la esencia... y me quedo frustrado.
Entiendo el proceso, comprendo la teoría de la reducción fenomenológica, pero no sé utilizarla ni aún llegando a un grave estado de extreñimiento de tanto darle vueltas.
¡Bah! Admito que admiro a Husserl, pero siento que necesito filósofos que hagan fáciles mis procesos interpretativos.
Me fumo un cigarro y pienso.

Thursday, February 8, 2007

Las aves son pensamientos sin vuelta.


No fui dado nunca a los signos ni a las premoniciones. Advierto y sigo.
Hoy cumple ocho años mi niño Guillermo, ocho años que hace ahora de la noche bellísima y terrible en que su madre lo puso en el mundo. Guillermo se deslizó aquel día entre las piernas de su madre mientras paseábamos por los pasillos del pabellón de Ginecología/Obstetricia del Hospital Clínico de Salamanca obligados por la comadrona de turno para propiciar el parto. Guillermo cayó de pronto y sólo mis manos y las de Mª Ángeles evitaron que su cabecita se golpeara con el suelo. Todo fue mágico y trágico, pues mientras su madre se desangraba en una sala de partos que semejaba la escena de una película gore, yo me quedé una hora a solas con mi niño desnudo alumbrado por una lámpara azul que le daba calor y envuelto aún en el sebo amarillo que traía de abrigo. Nos miramos los dos durante una hora eterna. Él ajustándose a los rigores del mundo y yo temeroso por la vida de su madre.

Hoy salí a las seis de la madrugada camino de Mérida para realizar un trabajo urgente que nos había requerido un cliente. No sabía cuántos días podría faltar de casa, pues no tenía valoración temporal para realizar ese curro, pero contaba con un mínimo de dos días. Iba a perderme por primera vez en mi vida el cumpleaños de Guillermo, y eso me jodía un punto [a él también, que echó unas lagrimillas cuando se enteró de mi viaje urgente]. Lo tomé con resignación, pues no andan las cosas para ir dejando trabajos sin hacer, y me fui con Ricardo hasta la capital extremeña.
Ya allí, se empezó a producir la bella coincidencia de la que quiero dejar palabras.

Cuando llevábamos aproximadamente una hora de trabajo, nuestro cliente cambió sus planes de forma sorpresiva, indicándonos que el trabajo que debíamos realizar se dividía por tres [había contratado con nosotros el mateado de veintisiete grandes lunas y lo redujo a sólo nueve, eso sin detraer un euro del presupuesto que nos había aceptado, pues entendió que era su voluntad y no debíamos padecerla nosotros (¡)] Todo se ponía de perlas para mí y para Guillermo. Sonreí desde ese instante y aún sigo con la sonrisa puesta.
Trabajamos con eficacia y a la una de la tarde ya estábamos camino de Béjar. Reí, fumé, llamé a mi Guillermo para darle la noticia de mi pronta llegada y conseguí que el camino se me hiciera más corto que nunca.

Al llegar a las estribaciones de Hervás, justo subiendo hacia Puerto de Béjar, aproveché que la lluvia había parado para abrir la ventana de la furgoneta y juguetear con mi mano a cortar el aire –íbamos muy cargados y la velocidad no pasaba de 80 km/h. De pronto sentí un golpe punzante en mi mano y la metí rápidamente para mirarla. Tenía una pequeña mancha de sangre en ella, pero no era mía. Ricardo vio perfectamente cómo un pajarillo chocaba con mi mano y caía inerte al asfalto.
No fue un signo, que nunca creí en ellos, pero la muerte se convocó de nuevo en mi memoria como hacía ocho años, la muerte y la vida en un mismo sentimiento, la alegría y el temor...
Ya en casa, besé muy fuerte a Guillermo y le saqué de compras para que escogiera el regalo que más le apeteciera.
Se decidió por un par de juegos para la PS. Se los compré mientras sentía que la muerte del pajarillo por el azar de mi mano era un trágico tributo a no sé qué.
De Tontopoemas ©...

Tuesday, January 9, 2007

Nunca se me caen los anillos... porque no llevo.


Me encanta que mi David Torres esté vivo y veloz, con más cintura que su púgil literario, pero con el mismo encaje. Sí me jode que meta en el mismo saco a la marasma fascista y a los colegas sociatas, pero me rasco y ya está, porque reconozco puntito de razón en la crítica. Un beso para el tipo duro [sé que a los tipos duros les joden los besos de ositos como yo... ja, ja, ja...] y mi perseverancia de que le den bien por el culo a «El Mundo» y al cacho carne baboso que lo dirige [PJR]. Ojo, pero eso no quita la simpatía, el afecto y la afición que le tengo yo a mi vicenadalino de letra clara y de palabras lúcidas [sobre todo en los programas Dragó telemadriles con noble hierático]. Queda en pie ese encuentro bejarano con ron añejo y patatas bravas. Besos otra vez, tío.
(18:05 horas) A las cuatro y media llegué a la sobremesa del cocido Hontiveros [me había invitado el hombre y pasé, que no me gusta nada comer fuera de casa]; allí estaban José Luis Rodríguez Antúnez [este tipo está creciendo bien, con la sonrisa puesta y con un magnífico don del guiño irónico. Me encanta charlar con él], José Manuel [el mejor fichaje Caja Duero de los últimos dos siglos], Richar [campeón en todo lo que se haga a lo grande y por el centro], Pepe [ajustando con fortuna el chiste a la ocasión] y Pedro Cubino [sencillamente brillante]. Fue un buen ratito en el que había que estar vivísimo para pillar todos y cada uno de los dobles y triples sentidos que corrieron por aquella mesa.
El mejor, sin duda, Pedrito, que, cómo bien dice de sí mismo, es un hombre de letras puras [yo diría que un pureta de la palabra justamente ácida]. Cada vez que coincidimos me sorprende con nuevas letanías que nadan en una originalidad sin precedentes conocidos por el que suscribe... Hasta el punto de que durante la charla me enteré de que tiene una serie de artículos publicados en «Béjar en Madrid» en los que tengo que bucear.

Tuesday, June 6, 2006

Shintaishi


Tengo un mal que me producen mis hijos, sobre todo los mayores. Es un mal que va minándome despacio, día a día, un mal del que quizá tenga yo toda la culpa por no haber aprendido nunca lo que es la severidad -–entre otras cosas, porque nunca me ha parecido un valor, sino todo lo contrario–. Yo siempre pensé que ser justo debía ir unido a tener y mostrar confianza, y así lo he aplicado siempre con ellos –mis hijos–, les he dado cuerda, caminos que hollar... y apenas los he dirigido, pues siempre creí que lo haría por el camino de mis frustraciones. Y he conseguido en ellos señales vivas de fracaso que son también mi propio fracaso.
No entiendo cómo tipos intratables, auténticos estúpidos, tienen hijos cabales que van superando con éxito cada uno de los pasos que intentan. Mis hijos, no. Tienen todos mis defectos y han aprendido a magnificarlos hasta exasperarme. No comprenden nada que no sea en su propio beneficio subjetivo, no saben ordenarse y su desorden físico se traduce en una eterna contradicción en su forma de ser, pensar y hacer.

Y todo esto es para mí como una enfermedad terrible a la que no sé atacar de forma alguna.
Yo quería hijos libres y probablemente esté creando tristes esclavos de sí mismos, pobres hombres, fracasados en lo más importante, en su capacidad de razón y de autocrítica.
Ahora bien, asumiendo mi culpa, que debe ser casi toda, me cisco en todos los planes de enseñanza y en sus putas madres, porque cuando llegan a sus centros de enseñanza se dan de bruces con una pandilla de inútiles que no comprenden más que lo que les indican los absurdos planes de estudios. Niños de 12 años aprendiendo lo que es el trigémino, la octava real, el milagro de los panes y los peces, el nombre de los instrumentos de viento africanos, cómo construir una estructura para un edificio de seis niveles o las aventuras y desventuras de los electrones ante un campo magnético.

En mi tiempo de estudiante no había clases obligatorias de música, la religión era una hora para hacer los deberes, en gimnasia se hacían cuatro flexiones y en dibujo se hacía un retrato de la Virgen del Carmen mientras le mirabas la calva al profesor de turno. Las asignaturas troncales, en las que te enseñaban a escribir, a leer, a practicar con las operaciones matemáticas... ocupaban las horas de más concentración, lo que se resumía en tres asignaturas de auténtico peso y unas cuantas de verdadero descanso. Ahora, ¡Dios santo!, un crío tiene que estudiar ética, moral, dibujo técnico, solfeo avanzado, anatomía y mofología humana –en gimnasia– y la hostia en verso.
Y con cada chaval que fracasa, fracasamos todos... y estamos fracasando de cojones.

(22:40 horas) La tarde la eché en aprender a manejar nuestra nueva encuadernadora junto a Ríchar y el técnico de la marca –un rollo infernal–, pero a eso de las las cinco se me arregló el asunto con la llamada de los colegas vallecanos –ya había olvidado que había quedado con ellos para una entrevista junto a Luis Pastor.
Fue muy entrañable volver a escuchar al colega, aunque fuera de lejos, y oírle decir que necesitaba un concierto en Béjar para resarcir a los que nos quedamos a dos velas en el 73 –creo que fue ese año–, cuando estaba programado en Béjar un concierto de Luis y de Pablito Guerrero y prohibió la autoridad gubernativa.

Adelanté también el principio de su biografía leyendo parte del primer capítulo que tengo escrito y recibí el cariño del amigo hecho palabras.
Buen rollo el vallecano y excelente tipo mi Luisillo.