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Wednesday, June 23, 2010

Las malas lenguas...



20 de junio
Pasé otra noche, que eso a estas alturas ya es todo un éxito, mientras mis hijos mayores andaban de celebración de fin de curso [estas celebraciones siempre me procuran cierta preocupación, pues los chavales se dejan llevar por su euforia de camino al verano y a veces hacen locuras que luego se pagan]. Llegaron tarde, pero en perfectas condiciones, circunstancia que les agradezco y suma mi confianza hacia su responsabilidad... y eso, que dormí mal, dando vueltas como una noria en la cama, sin pillar ese descanso que me viene faltando desde hace un montón de semanas... además, ayer me dio por arreglar el tresillo de casa, al que se le habían saltado algunos muelles, y, como soy un desastre, me hice un cortecito cabrón en el dedo, me dejé enganchado el brazo al intentar colocar una pieza base bajo los cojines y me quedé dobladito de los riñones por mantener una posición que apenas frecuento... eso y que, engolfado en pintar el pallet que comencé ayer, me quedó un mal gesto en la espalda que me tiene en semitorsión para evitar un dolorcillo flojo, pero constante.
Y que me llama Ricardito para contarme que han tenido que operar de nuevo a Maite... qué putada para esa chiquilla... les deseo lo mejor.



21 de junio
Vuelven a darme miedo mis hijos mayores. Son unos chicos magníficos, pero no tienen nada claro lo que quieren hacer en la vida y atraviesan un periodo de abulia juvenil extrema que los deja como incapacitados. Yo sé que saldrán adelante, pero me llena de preocupación la situación actual por la que pasan, una situación de la que me siento absolutamente culpable porque quizás mis niveles de exigencia no hayan sido los correctos, aunque nunca se sabe cuál es el mejor camino y el personal se empeña en perseguir sendas de severidad hacia la competencia y se marcan como metas máximas el que los hijos estudien carreras importantes... y luego la vida termina siendo otra cosa, otra cosa absolutamente distante a esas expectativas de triunfo y dinero... no sé.
Sí sé que me molesta mucho la hipocresía del sistema y de quienes lo alimentan mientras lo minan, los que solo ven lo suyo como don magnífico y piensan que dejan huellas indelebles llenas de momentos magistrales, los que en su ensimismada mirada hacia sí mismos son incapaces de darse cuenta de que sus vidas lo han llenado todo de un parasitismo egoísta muy bien disfrazado de saprofitismo... no quiero que mis hijos sean tipos de ese jaez, pero tampoco quiero que terminen siendo marionetas en manos de esa chusma... y para ello hay que formarse y tener experiencia de vida, hay que saber quién, cómo, de qué manera tramita los asuntos de los hombres esa pandilla de egotistas insoportables y destructores... ser para los demás y hacerse siendo para los demás, sin componentes místicos y sin trampas intelectuales... y hacer hasta el agotamiento sin darle demasiada importancia al bolsillo y mucha menos importancia a lo hecho, que los actos no terminen siendo baluarte del yo, pero que lo sean del nosotros.



22 de junio
Guille dibuja robots en un cuadernito rojo porque le han reñido en el cole por dibujarlos en la parte de atrás de los cudernitos de apuntes... ayer me dijo que dibujar robots le hace olvidarse de los ratininos malos y de la presión que tiene con la asignatura de inglés, que no se le da muy bien. Guille es mi mejor analgésico para todo.
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Hoy vi en la prensa provincial que un concejal de Béjar había insultado a otro de un partido contrario en Facebook y que se pide su dimisión... ya dio ejemplo Esperanza Aguirre con alguien de su mismo partido en unas circunstancias similares... también se pidió su dimisión... y ahí sigue.
Insultar es un mecanismo de defensa muy humano... también, a veces, es un signo de impotencia ante los carros y carretas que hay que tragarse en política... las formas terminan siendo signo inequívocos de los fondos, tanto de los fondos de quien emite el insulto como del que lo recibe.
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Llamada a un cliente que me debe 4.000 euros desde hace un año... ‘tío, estoy jodido, he tenido que vender el coche y estoy endeudado hasta las cejas...’... ‘que no puedes pagarme, ¿no?’... ‘exacto, tío, de momento no puedo... me encanta la gente que entiende a la primera...’.
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Perseguir la poesía para intentar compartir el sueño, hacerlo comunicable ‘desviviéndose’... la poesía de Emilio Prados vista por María Zambrano.
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De Hans Magnus Enzesberger... ‘No leas poesía, hijo mío, lee los horarios de los trenes: son más exactos...’.
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En ‘Der Radwechsel, Bertolt Brecht’ escribía Bertolt ‘Ich bin nicht gern, wo ich herkomme. / Ich bin nicht gern, wo ich hinfahre...’ [hay traductores directos en internet y prefiero dejarlo en el alemán original fomentando la curiosidad y la sorpresa]... lo mismo también era el típico bejarano.
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Me encantan los sustantivos castellanos de aspiración [justicia, amor, felicidad, paz, sabiduría...]... pero me frustran tanto.
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Cebras cruzando el río Grumeti entre los cocodrilos: así está el mundo del hombre hoy, cruzando del Serengueti al Masaai Mara en busca de pastos.
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La mayor tragedia del hombre, y le robo unos versos a Ezequías Blanco [de ‘Una ceja de asombro’], consiste en no estar ni verdaderamente vivo, ni verdaderamente muerto.
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Quizás el típico bejarano sea una mezcla contradictoria de cultura e instinto, de ley y desorden, de moralidad e ingenuidad, de consciencia y autoinconsciencia... pura indecisión que nos hace ambiguos, nada en términos absolutos y un poco de todo en la eterna realidad de un espacio ocupado y desocupado constantemente, pero siempre el mismo... probablemente igual que el típico salmantino, el típico español o el típico francés... este problema no suelen tenerlo los individuos que viajan y, en su camino, dan por sentado que todo lo piensan bien y su criterio es incontestable... al final, todos humus, hasta los de apellidos múltiples y rancios.
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El lenguaje corriente es más sabio que el empleado por los intelectuales en sus intelectualidades... y la expresión artística más primaria suele darle varias vueltas a los trazos educados de los más afamados artistas. Saber esto te hará sentirte mejor, estoy seguro.
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Le dije a Guille que tendría que vender papeletas de rifa en la fiesta de fin de curso del cole [soy presi de la AMPA y me tocan estos marrones]... ‘¿nos van a dar algo a los que vendamos, papá?’... ‘nada, Gui’... ‘no importa, solo quería saberlo’. El conocimiento es una garantía... y el desconocimiento es una incapacidad.
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El Hombre es frontera [con la Naturaleza por abajo y con el misterio por arriba], es frontera en relación a lo físico y frontera en relación a lo metafísico... esa condición de frontera es lo que quizás nos haga especiales, pues armamos la capacidad de indagar por arriba y por abajo en esos ‘más allás’, aun con una alta posibilidad de equivocarnos mientras elucubramos.
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Píndaro: ‘Llega a ser lo que eres’.
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Donde hay un límite, siempre hay también una posibilidad de superación y otra de exceso.
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Fiesta de fin de curso... otra generación más que arranca... otra generación vencida.

23 de junio
Toda abstención lleva un asentimiento implícito.
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Y las malas lenguas, siempre las malas lenguas... deshaciendo, inventando, suponiendo, afirmando... me encantan Santiago y Luis Auserón, especialmente en su disco ‘Las malas lenguas’, en el que no hay un tema que baje el tono en ningún instante... hoy he acabado de encuadernar la revista de blues escuchando a todo trapo ‘Suéltame’, ‘Duro de pelar’, ‘Balada de un tipo flaco’, ‘Quién lo iba a suponer’, ‘Hotel del dolor’, ‘Amor en vano’, ‘Papá se ha puesto a bailar’, ‘Tristeza de verano’, ‘Por un hechizo’, ‘Me pones loco’, ‘Ya es domingo’ y el ya mentado ‘Las malas lenguas’... uno de los discos más completos que guardo en mis estantes.




Estas canciones van dedicadas a Lorena, que hace mucho que no le dedico discos...
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Saturday, February 16, 2008

Agradecería un masajito ahora...



Aún con las palabras frescas de José Antonio Sáinz metiditas en las cuencas de los ojos, sus consideraciones sobre la poesía latinoamericana [esas cosas del ‘serme’ y tal], su afirmado gusto por JG de Biedma, su postura ante los peces depredadores de todo en su invasión de ecosistemas [creo era la jodida perca del Nilo –Lates niloticus–, que nos la querían colocar por mero en el restaurante subterráneo donde comimos], sus constantes ironías a lo ‘siempre incendiado y siempre fiel’, a las infraestructuras montañeras de tartera con tortilla de patata, a las fiestas patronales a las cuatro con bocata urgente, a lo de ‘hacerse un triste’ calle abajo, a la ‘poesía violenta’ con sus consiguientes ‘no sé… no sé’, y a la sonrisa siempre puesta en su cara como una corbatita hermosa con cierto fondo delirante… me encantó el colega, y mira que fue solo un ratito, y me llegó cierto olor a valor poético importante en su figura de tono cándido y soltero [me da que debe ser un excelente compañero de marcha nocturna entre jocosa e intelectual].
Vamos, que me lo pasé en grande con el tipo y que me agrada un montón su compañía y su forma de expresar cada sentimiento que le llega.
Decía que aún con las palabras frescas de José Antonio, acometo este sábado que ha empezado gris, con trabajos imprevistos que hacer a deshora, con las cuentas a cero, sin tabaco que fumar y con la sombra de la última erección dando la hora entre los muslos [ya no soy capaz de darle sombra a mi ombligo].
Después de los inoportunos curritos, me leo algunos capítulos de “Islandia, 2004”, del colega Ezequías Blanco, y me lo estoy pasando bien con las confidencias del Gran Hermano de George Orwell retirado del servicio en 1994 y su…
“‘Ésa cae esta noche. Está que lo vierte. La tengo en el bote…’. ‘¿Quieres condones?’ ‘Déjame dos’. ‘¿Te tomaste la Viagra?’ ‘A que te doy una hostia’.”.
Bien por Ezequías, que se ha dejado llevar por esa forma de combatir el miedo que se llama humor, un humor para untar y relamerse en cualquier barra de Getafe con tapitas ricas.
Y de pronto me dio un ‘queo’ en la riñonada [ayer me tocó trasegar un montón de resmas de papel desde la calle Colón gracias a que un simpático había dejado mal aparcado su coche frente a la imprenta y el camión de transporte no podía llegar hasta el lugar… toda la cuesta cabrona de Colón cargando con papel pesadísimo, resollando, parándome a respirar…] y ahora parezco un cartabón, aunque me da la risa cuando quiero estirarme y el dolor latiguero me lleva de nuevo a la posición de inicio… un vejete de mierda, eso es lo que soy, fumador compulsivo y con cara de haberlo visto todo sin haber visto nada.
En fin, que agradecería ahora un masajito relajante de cualquier mano amiga.

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FRAGMENTOS CÁUSTICOS PARA J. A. SÁINZ

En el lecho de la amada de Oscar Wilde se oye al pájaro de notas susurrantes llamando al amor encendido y todo para un poema nefasto que se escribe ‘Under the balcony’… y Richard Aldington mira a la torpe Venus desenfrenadamente sobre la pileta de la cocina en su ‘Evening’ –algo mejor, no me cabe duda–… Y Hank puede orar todo el día y Dios no vendrá… pero si llama al 911, el Diablo se presentará en un minuto –dónde va a parar, coño–… o el No hay salida. Los grandes capullos andan sueltos jodiéndolo todo a su alrededor. Cuida tu culo. La ‘Democracy’ de Harold Pinter –ya vamos, ya–… pero prefiero a Silvia Plath con su No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago de atigradas listas y un rostro pintado, redondo como la luna, que mire, quiero estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo entre minerales mudos, raíces. Ya los veo: los pálidos, astralmente distantes rostros. Ahora no son nada, no son siquiera criaturas. Los imagino huérfanos, como los primeros dioses, de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia. ¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar! Mi espejo se empaña: unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada. Las flores y los rostros blancos como sábanas. No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños, por la boca o los ojos. No puedo impedírselo. Un día se irá para no volver. Así no son las cosas. Permanecen, sus luces idóneas se calientan en mis manos frecuentes. Ronronean casi. Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules, mi turquesa, me darán solaz. Déjame mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites, que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, silentes. Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón bajo mis pies, bien envuelto. Me conoceré a mí misma. Seré noche y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar. –la rehostia–…
¿Poesía violenta?… Pues sí, porque el hombre es violento. Y se puede jugar a lo explícito [yo ya lo hice] o se puede bucear en cierta estética de lo violento a partir de palabras no violentas [que no violenten]… Me encantan esos pasajes de Isidore Ducasse sobre la belleza: ‘bello como el temblor de las manos en el alcoholismo… bello como la retractibilidad de las garras de las aves de rapiña… bello como la poca seguridad de los movimientos musculares en las llagas de las partes blandas de la región cervical posterior… bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección, de una maquina de coser y un paraguas…’. Un mago el tipo cuando imposta su voz en la de Maldoror.
Todo lo que encuentra palabras violentas para ser descrito se hace mucho más potente y cobra más valor porque turba y perturba.
Así, me gusta, por ejemplo, Ana Rossetti, cuando tira de martirologio para escrutar el sexo carnal… o Buk cuando hace esas plétoras perversas de su sociedad de perros solitarios… o Pinter con su execración de casi todo lo que creemos bueno… yo diría más bien que esa poesía violenta es más una poesía del aborrecimiento, una necesaria poesía del aborrecimiento.





Wednesday, August 29, 2007

Felicidades, Antoñito.


Ayer concelebramos el enésimo cumpleaños de Antoñito G. Turrión con merendola piscinera y un puntito de rasca que me dejó grogui, pues no en vano ya iba yo con mi cosita cistítica apuntando, fruto del jodido estrés que me he pillado durante estos días de actividad frenética.

Me jodió un chis no estar vivo para animar la fiesta y celebrar al mejor cuñado por roce y palabras y al amigo [otra vez será, Antonio, que tu cumple siempre me pilla en momentos extremos]. El caso es que le vi feliz y con buena disposición a sobrevivir, que es lo que se pretende a estas alturas.
Los críos estuvieron enredones y simpaticorros [a mí eso me distorsionaba aún más, pues no me dejaba concentrarme en mi malestar para calmarlo por autoconvicción, pero entiendo su vitalidad y aguanté hasta donde pude].

El caso es que mi percepción doliente de la movida es la de que tengo una familia estupenda y a la que quiero un montón… Julia está pletórica y siempre anima verla sonreír y hablar con esa gracia que es su mayor poder, Julina es una delicia turca digna de pasar a los anales de la belleza particular y serena [cada día la quiero más y creo que ella lo percibe], Nena es una bomba de actividad que no conoce rendiciones y sabe perfectamente cómo llevarlo todo a su justo lugar [su dinamismo es admirable y agotador], Antonio vive una madurez tranquila de la que se puede aprender mucho [el tiempo le ha limado esas esquinas afiladas que a veces ponían distancia y está configurándolo como un tipo muy interesante de tratar y de frecuentar], Ángel es la desesperación quieta y noto en él que vive ahora las dudas que debiera haber vivido hace muchos años [dudar a su altura, después de haber molido siempre una fe ciega, debe ser desesperante y lo entiendo… pero cada uno es libre de ponerle pendiente a su cuesta. Yo le deseo luz y ese difícil entendimiento de que hay que gastar los días con intensidad y no con derrota].

Magdalena es el amor entero y la justa exasperación [su no estar es indecible y casi invivible, pero suma siempre en el plano de la sensibilidad]. Felipe es mi chaval, yo mismo hecho hormonas y actividad pura, mis defectos adolescentes y mis valores utópicos [me puede siempre… pero aún no ha ganado la batalla precisa]. Guillermo es la paz extrema [otra belleza intrínseca que anotar para un siempre que es ahora] y mi Ángeles es la luz entera y necesaria, el amor sin medida desde la actitud tranquila y responsable [no voy a hablar ahora de los que no estuvieron presentes… precisamente porque no estuvieron presentes –a todos los adoro, que quede claro–].

(17:49 horas) Recibo ‘Los caprichos de Ceres’, el último poemario del amigo Ezequías Blanco [al que hace un montón de años que no veo], editado por Devenir y prologado por Juana Rosa Pita. Lo leo en un pispás y disfruto del sentido homenaje que Exequias hace en esta obra a los hombres abrazados a la tierra que regala y quita. Su estilo es depurado en esta entrega y juega a la belleza que mueve cosas adentro [conmigo lo ha conseguido]. Elementos y vida para decir sencillamente que en el paso está ‘la verdadera sombra de la dicha’. Enhorabuena, hermano.
De LECTORAS