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Saturday, July 25, 2009

Quiero a Céline...


Terminé con “Rayuela” [aunque no la he dejado aparcada, pues creo que consultaré sus páginas con frecuencia diaria] y con “Cien años de soledad” [creo que no volveré a abrirlo en mucho tiempo], y pillé mi ejemplar de “Pulp”, editado por Anagrama en 1996, cuando solo cinco vehementes sabían en España quién era Buk y lo que traía debajo del brazo [de su poesía no se conocía nada de nada por entonces]. Yo recordaba el libro como una novela dinámica que me despertó en su día simple curiosidad por el autor, una novela que recomendé con profusión durante unos meses a amigos y conocidos.

Yo estaba sentado en mi oficina, mi contrato de alquiler había vencido y McKelvey estaba empezando los trámites para desahuciarme. Aquel día hacía un calor del demonio y el aire acondicionado se había roto. Una mosca se paseaba lentamente por encima de mi escritorio. Extendí el brazo con la palma de la mano abierta y la puse fuera de juego. Me estaba frotando la mano con la pernera derecha del pantalón cuando sonó el teléfono. Lo cogí.
–¿Sí? –dije.
–¿Ha leído usted a Céline? –preguntó una voz femenina. La voz era bastante sexy y yo llevaba mucho tiempo solo. Décadas.
–¿Céline? –dije–. Ummm...
–Quiero a Céline –dijo ella–. Tengo que conseguirlo.
Aquella voz tan sexy me estaba poniendo realmente cachondo.
–¿Céline? –dije–. Déme alguna información. Hábleme, señora, siga hablando...
–Súbase la cremallera –me contestó.
Miré hacia abajo.
–¿Cómo lo sabe? –le pregunté.
–Da igual. Lo que quiero es a Céline.
–Céline está muerto.
–No lo está. Quiero que le encuentre. Quiero tenerlo.
–Puedo encontrar sus huesos.
–No, estúpido, –¡está vivo!
–¿Dónde?
–En Hollywood. He oído que se ha pasado varias veces por la librería de Red Koldowsky.
–Entonces, ¿por qué no va a buscarle usted?
–Porque antes quiero saber si es el auténtico Céline. Tengo que estar segura, absolutamente segura.
–Pero ¿por qué ha recurrido a mí? Hay cientos de detectives en esta ciudad.
–John Barton le ha recomendado a usted.
–Ah, Barton, sí. Bueno, escuche, tendrá que darme algún adelanto y tendré que verla a usted en persona.
–Estaré ahí dentro de unos minutos –dijo.
Ella colgó, yo me subí la cremallera. Y esperé.
”.

No es un mal comienzo y, además, deja entrever el tono de ese Buk desatado que tantas horas buenas me ha dejado durante muchos años.
Yo llegué a Buk después de haber pasado por todos los Beat con auténtica fiebre... Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Corso, Lamantia, Orlovsky, Ferlinghetti y Carl Salomon... y me perdí a Clellon Holmes y a Huncke por no encontrar en España obra suya, a pesar de que la busqué con ambición –entonces no había internet–... y llegué a los Beat por Bob Dylan y Jim Morrison [la música siempre detrás de la poesía]. Comfieso que mis primeras lecturas de Buk fueron un mero entretenimiento de verano, un entretenimiento que a veces me dejaba pensando unos minutitos, pero que no iba más allá... pero un entretenimiento que me llevó a buscar todos sus poemas en cuanto supe que Buk no era un novelista –que nunca lo fue–, sino que era un poeta potentísimo con una voz rasgada e inigualable [aquel descubrimiento vino de la mano del inefable -y a veces intratable- Roger Wolf]...

hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde
”.

En fin...

•••
"Il conformista"



•••

"Novecento"



•••

"La dolce vita"

Sunday, June 15, 2008

Mi mesa se queja.

La caja “RAPID” de liar cigarrillos me mira desde el servilletero robado como pidiéndome uso, pero mi mesa es un desastre desde hace meses y no me apetece sacarla de su espacio de olvido. Haré una lista de las cosas que contiene para ver si me animo a colocar un poco:

• Un CD del Ministerio de Presidencia con el Expediente nº 1.112 que contiene todo el proceso del asesinato de mi abuelo Felipe.
• La tarjeta del tapicero decorador Joaquín Peromingo.
• El disco de Diego F. Magdaleno, “La Soledad sonora”.
• Una nota escrita a lápiz en la que pone: “Gonzal Escarpa buscar gmail / Cereijo / Julia / Gabriel / Deportes / 630 / 030 / 4 / 6 / 364” [nunca entiendo mis notas urgentes y quedan sobre la mesa como esperando a ver qué sucede].
• Una servilleta con la dirección de Tomás Salvador González.
• El distintivo de estacionamiento ORA con validez hasta 2008.
• Una carta con notas en su envés: “ 1-2 agosto / 6BANDAS / otros espacios / logos Pieldetoro 150x60 / Elliottplaza / (¿) / 7 fotos logos grupos 9FCCyL” [a saber de qué va la cosa].
• Un papel mal cortado con lo que sigue: “27 Guadalajara Nov. / SONORA-20.21.22 / 13.14.15 / 23 / Reserva Hopi /242526Monterrey-DF-Guadalajara” [será mi viaje a México, digo yo].
• Una tarjeta de Alicia Martín Pozuelo en la que pone a bolígrafo “Sulleylapluma.es”.
• Un Pentel Color Brusch verde.
• Un depósito de gasolina para Zippo “Premium Lighter Fluid”.
• Mi memoria USB Transcend.
• Mi móvil Motorola apagado [siempre apagado… le odio].
• Mis dos mecheros Zippo alineados.
• Las dos gafas de ver.
• Un cutter marca Olfa.
• Cinco lapiceros diversos, tres bolígrafos, una pluma de punto grueso y un rotulador Edding rojo.
• 16 mecheros desechados por mala impresión serigráfica [la mayoría ya no es capaz de darme fuego]
• Dos paquetes de Chester [uno con dos cigarros y el otro entero].
• Una lata de Coke abierta.
• Una bolsa de chiquitillos de anís [también llamados tetillas de monja].
• Una foto con Carita Boronska [los dos muy risueños].
• Tres enormes montones de libros apilados a mi izquierda [cuento exactamente 87 volúmenes sobre mi mesa], entre los que destaco la obra completa de Oliverio Girondo, los aforismos de Leonardo da Vinci, los diarios de Valéry, Pizarnik, Bukowski, Zenobia y Pavese; un libro de alquimia y mística, “El ser y la nada” de Sartre, “Tristes” de Ovidio, un poemario de Ana Blandiana, los pensamientos de Miguel de Unamuno, tres libros de Cumbreño, la revista Litoral dedicada a los ‘pasajeros’, la obra poética de Elena Martín Vivaldi, el diccionario RAE en dos volúmenes, un libros sobre Balthus, el “Dédalo e Ícaro” de Haldane y Russell, la poética completa de Valerio Catulo, “Sobre el estilo” de Demetrio, las obras completas de José Miguel Ullán, “Palabras para un cuerpo” de Gonzalo Alonso Bartol, “La camarera del cine Doré” del colega Aguirre, “La luna e i Falò” de Pavese…
• Tres sobres con tres trabajos de imprenta que tengo en maquetación.
• Un servilletero robado.
• La máquina de liar pitillos que me regaló paquito Ortega.
• Mi Imac blanco con su teclado lleno de ceniza.
• Un cenicero enorme de cristal.
• Un disco duro externo Lacie.
• Una impresora de sobremesa Epson Stylus.
• Un teléfono fijo Panasonic.
• Un flexo negro con tres intensidades de luz.
• Cables a mogollón.


Y todo sobre una mesa de cristal de dos metros por uno que ha terminado siendo mi vida entera, porque sabe contenerme en su hermoso desorden cada minuto.

•••

Suena “Canta tu nombre en mis oídos” de Malevaje y pasó el mediodía como algo impostergable y desnudo. El día pasa y nada más… ¿qué puedo hacer? Pasa desnudo en un ‘pa mí la vida tiene forma de mujer’, mientras el hombre común pone en su cara de orangután un gesto pretendidamente humano [al fin y al cabo es la voluntariedad de un gesto]. El día pasa sin más, mientras el gran teatro del mundo suena en su oscurecimiento global [esa sinrazón que hace que la evaporación sea menor en términos globales y que los estudiosos que no saben predecir qué tiempo hará pasado mañana en mi pueblo, se arriesguen a predecir qué va a suceder dentro de un par de siglos en el mundo enterito], en las torvas miradas de los beodos mandatarios OPEP, en el seísmo último que arrugó la Tierra o la melopea yankee del minusválido Busch.
Nada, no pasa nada que no haya pasado antes, ni siquiera una esperanza de horizonte.
Y percibo mi encanto discreto en soledad, intentando no apurarme con todas las imposiciones vanas de los hombres y gustándome en esta pose ecuestre, sentado en mi sillón de escritorio como una ele minúscula y conformando el quorum en la academia de mí mismo. Sencillamente, hoy no necesito tampoco a los demás… …pero escuchar tangos me pone [me encantaría saber bailarlos, coño, y a veces lo intento con mi sombra] y me sublima… “Qué es tu vida, amiga mía, / si ya no tienes pasiones, / si no te queda deseo, / si se acabó tu ilusión; / si perdiste tus zapatos / en la última carrera, / si perdiste los sentidos / en ese postrero amor. // Al darte la media vuelta / viste que estabas tan sola / que únicamente sentiste / un nudo en el corazón, / y al mirar hacia lo alto / viste que no había estrellas, / que se escondía la luna / y que se fundió el farol. // Solo quedaba la noche / tan negra como una ausencia, / y ese frío que te hería / como un puñal vengador. // En un momento cruzaron / por tu recuerdo otros días / cuando alegre y desdeñosa / jugabas con el chaval; / lo engañabas cada día, / te reías en su cara, / te gastabas su dinero / en timbas y en bacanal.” [‘Solo quedaba la noche’ (Tango de Antonio Bartrina con música de Oswaldo Larrea)]… y el nicho empieza a abrirse y yo me pongo el frac y la corbata estrecha, y busco en mis heridas alguna cruz de ayer, y me hago todo insomnio por apurar el trago, y festejo en mis uñas todo lo improvisado, y juego a recibir lo que no puedes darme, y me hago cocodrilo hasta ratificar el cataclismo, y busco en los vagones un asiento vacío, y doblo mis camisas, y me desmenuzo como un pescado recién servido.

Saturday, May 17, 2008

Dándole mil vueltas, le hago una oferta a Antonio Gutiérrez Turrión.


Hay cierta historia en la pereza física que me hace potente en el terreno del pensamiento. Cuanto menos camino, cuanto menos me muevo, cuanto menos salgo… siento con más intensidad el baile de las ideas en mi cabeza y me percibo más capaz en los terrenos de la indagación y la comprensión.
Veo con admiración lejana cómo el amigo Antonio G. Turrión sale al campo con hambre y se trae el camino hasta las palabras, mezclando el bucolismo con la presentación serena de otras ideas con brillo y amasando la impresión del camino con la expresión ideológica o incluso con la mirada clarividente al mundo que excede al camino. Lo veo con admiración, sí, pero también me incomoda, pues la mayoría de las veces es como si me sobrase el paisaje para conseguir encontrar la intensidad de sus pensamientos, y entonces la lectura toma tintes complejos de explicar que la hacen algo tediosa a mis ojos. El caso es que me gusta mucho lo que escribe Antonio y siento cada día la necesidad urgente de entrar en su blog para masticarlo y aprender/aprehender, pero me quedo siempre con un regusto amargo que no atino a definir [me da mucha rabia no poder/saber hacerlo/expresarlo, pues siento que es una explicación que siempre le he debido al colega]. Lo que tengo claro es que la historia radica en una cuestión de estilo y en algo que comparto íntimamente con él, que no es otra cosa que el dejar la impresión de duda y el no acabar siendo taxativos en demasiadas ocasiones, otorgando un espacio a la razón de los demás.
Quizás podría buscar luz a partir de cómo me gusta recibir la escritura y de cómo no me gusta recibirla. Veamos, Antonio, a ver si somos capaces de analizar juntos:

• Me fascina la precisión en la idea, la simplicidad en su presentación y la desnudez [el decorado esconde la idea o la deja turbia].
• Busco impacto y razones que le den a ese impacto valor de ‘verdad’ [conozco a muy pocos escritores –vivos o muertos– que tengan la lucidez y la capacidad de Antonio para llenar de razones una idea, pues maneja a la perfección los procesos de análisis y síntesis… es quizás su valor más sobresaliente y el que me abre siempre hermosos caminos de conocimiento].
• Necesito brincos de ingenio/genio para mantener mi atención en la lectura [en todas mis lecturas tiendo a pasar por alto párrafos completos cuando aparecen descripciones que solo apuntan manchas de fondo sobre las que contrastar la línea firme de la idea central].
• Persigo nitidez [siempre a pesar de que yo suelo pecar de nebuloso en muchos de mis escritos], nitidez de la idea, pero también nitidez en la dirección de la idea, saber hacia dónde va, hacia quién se dirige y de dónde parte.
• Busco novedad en mis lecturas constantemente, y lo hago de una forma enfermiza, hasta el punto de que soy capaz de renegar de un autor que me gusta porque repite vocablos que taché de mi vocabulario por razones que no sé explicar. Y encuentro esa novedad, sobre todo, en el tratamiento metafórico de los textos y en el retorcimiento de las palabras hasta hacerlas cambiar de significado.
• Me fascina encontrar autores que sean capaces de crear un ambiente preciso en una sola frase y enrarecerlo en la siguiente. Mis ídolos literarios están hechos de ese barro [apunto aquí el nombre del amigo desaparecido Carlos Lencero, que era un maestro en ese palo, un maestro que me llena de envidia y me hace sentir pequeñito e incapaz… y cómo no, Buk].
• Idolatro a quienes ya escribieron lo que yo pensé alguna vez y no fui capaz de llevarlo a las manos ni al papel [Antonio lo consigue a veces y por ello me siento siempre en deuda con él].
• Siento la necesidad de conocer siempre la dirección de lo que leo, tanto la física como la metafísica.
• No soporto la dificultad expresiva y acostumbro a tachar páginas enteras de algunos libros, incluso llego a pintarlas de negro con tinta china. El hermetismo es el mal de la literatura y, por mucho que digan, no tiene nada que ver con la belleza.
• Aborrezco el artefacto en la escritura siempre que se quede solo en artefacto y no sea argumento inexcusable de la esencia de lo escrito.
• Me niego a la escritura que no deja abierta una trocha al lector para que se la camine solo.
• Odio la novela casi con ira, lo masticado y hecho.

No sé, y muchas cosas más. A lo que se ve, entro constantemente en contradicción, pero no me importa, que soy así.
El caso es que mi universo intelectual le debe demasiadas cosas a Antonio Gutiérrez Turrión, y siento la necesidad de explicarme, por un lado, y de empujarle a algo que quizás él no ha valorado aún o, simplemente, lo ha valorado y no desea hacerlo. Vamos a ello:
Amigo Antonio, creo que no debes irte de este mundo sin dejar una aforística intensa, un hermoso frutero con todas esas magníficas ideas que llenan tu cabeza preclara, presentadas con la contundencia de la sencillez desnuda, sin el decorado que exige el texto de más de tres líneas. Estoy convencido de que sería un trabajo brillante y digno de quedar en el tiempo con ‘valor’, un trabajo del que beberíamos muchos lectores con auténtica sed. Yo lo necesito, coño; necesito tener tus ideas desnudas sin los verdes caminos, sin los regatos, sin las fuentes, sin el paisaje onírico de nuestra tierra, sin el fresquito de la umbría o sin el calor sofocante de los julios, incluso sin la gente que te rodea. Solo tú y tu idea intelectual del Universo entero.
Yo me apunto a editarlo. ¿Te animas?

MIS OBJETOS PERSONALES DE ESCRITURA






Tuesday, April 15, 2008

"Coge siempre un pedazo …" [Sheri Martinelli]


No tengo ganas porque el par se hace uno sin querer y en la resta todo da cero, porque exijo y no doy o porque no sé darme, porque a veces las palabras se tuercen y lastiman, porque ya no sé mirar por el agujero en la media, porque no tengo espejo, porque el amor se piensa como filantropía, porque estoy solo y duele, porque me reconozco, porque nadie me enseñó a arrodillarme cuando fuese preciso, porque ya no traduzco las obsesiones ciertas, porque siento terror a mis manos vacías, porque lloro y sé por qué, porque tiemblo ante un nombre, porque lo clandestino termina en cotidiano, por esta mala racha, porque mi vida tiende a ser página en blanco, porque no soy capaz de mejorar a Milosz, porque soy una estatua de sal que se diluye, porque no siento sed pero presiento el agua, porque no creo en Dios pero sí en un adiós que me imposibilite, porque no sé qué hacer y no encuentro respuestas, porque siento y me como el sentimiento entero, porque me encolerizo, porque quiero dejar de ser yo y ya no puedo, porque estoy agotado, porque nada es ya simple en mi torpe existencia, porque niego la cruz y santifico el sexo, porque yo soy el tigre y el dolor de la víctima, porque moriré pronto si ya no puedo más, porque mirar seduce y me estoy quedando ciego, porque duele la herida, porque quiero ser otro, porque hay mucha distancia…
“Coge siempre un pedazo cuando te pasen la tarta, porque podría no volver…”, le dijo Sheri a Buk el día 15 de abril de 1961… y en mi cabeza siempre retumba ese consejo al hombre perdido… ‘coge siempre un pedazo, que podría no volver…’.


Autorretratos de hoy • © lf comendador

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Estamos decididamente en toda la obra de Otto Dix, en el “Selbstbildnis mit nacktem Modell”, tú mirando a la nada y yo a la idea, con mis manos caídas y bien afeitado; en el “Despreciadores de la muerte…” con la muda recién puesta; en la “Pareja de amantes desigual”, tal como somos con los ojos abiertos… y tú estás sola en el “Desnudo de espaldas, acostado”, y yo en el “Autorretrato con cigarrillo”, y tú en el “Chica de mejillas rojas”, y yo en el “Autorretrato fumando”, y tú en la “Embarazada”… y yo en la jodida “Trinchera”, intentando salir de toda esta mierda.
Mirar pintura me calma tanto como pintar… mirar pintura e imaginar mi vida en esos cuadros, retorcerla, constreñirla, ahogarla, terminarla y volverla a empezar.




Monday, April 7, 2008

Utilizar las uñas.


Siempre me pregunto por lo que nos hace salir adelante cuando estamos mal, pero sobre todo lo por que le hace seguir adelante al que no tiene dónde caerse muerto y su vida es una torcedura constante… levantarse entre la porquería y saber a ciencia cierta que vas a volver a dormir sobre ella, y sonreír y buscarse una solución de urgencia cada jodido minuto con la decisión de pasar un día más, aunque sea sin esperanza… quizás todo radique en saber conformarse y entender que el pan duro y la colilla a medio consumir que le arrebatas al tipo de la limpieza pública, ése que lleva un chaleco fosforescente, te pueden dar tanta intensidad como una campaña militar en el norte de África o descubrir las propiedades y los usos del Radio… quizás todo tenga solución en procesar la vida como una aventura por hacer, una aventura en la que te lo juegas todo a un mínimo absoluto que termina justo cuando aparece el siguiente.
El peligro mayor está en la cabeza, en pararse en el hacer y el conseguir, y dedicarse a elucubrar hasta la justa locura y la consiguiente desesperación.
‘Hacer’ resulta siempre una terapia magnífica para los fracasados como yo, pero hacer con imperfección y sin buscar finales, hacer como quien toma unas avellanas entre comidas o dibuja un monigote en una servilleta de papel. Al fin y al cabo, es muy sencillo percibir que nunca has ido a lugares concretos porque, entre otras cosas, no hay lugares concretos a los que llegar con la cabeza… por eso hay que utilizar las uñas y aferrarse en lo absurdo de una actividad sin frente y sin perfil. Y es que todo se resume en contrariedad, contrariedad de lo físico [el tiempo nos derrota hasta los huesos afilados] y contrariedad del pensamiento [que se abate siempre en busca de una luz, cuando tiene claro que solo existe un solucionario de oscuridad]. Por ello, por todo ello, hay que buscar siempre hacer de la vida una línea quebrada o, como poco, discontinua; una línea en la que la caída sea impulso y el ascenso convoque ese magma capaz de hacerte caer sin demasiado peligro.
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Se pregunta Valéry que si el hombre empezase hoy su camino, con los conocimientos científicos que poesee y sin el retórico bagaje de las supersticiones históricas a su espalda, inventaría las religiones tal y como ahora las mantiene y las consume. Es/fue magnífico este tipo, y su mundo [que acabó físicamente en 1945] late con fuerza y novedad en la filosofía por hacer. Leer [despacito, que lo pide el texto] sus “Cuadernos” es descubrir en cada frase un camino nuevo y distinto por el que pasarse diez vidas enteras caminando. Sus pensamientos son brillantes y su interpretación del hombre es asombrosa y positivamente distinta a otras que conozco venidas de los grandes intelectuales de los siglos XIX y XX.
Permítaseme decir que estos “Cuadernos”, junto a “El oficio de vivir” de Cesare Pavese, los “Diarios” de Alejandra Pizarnik y el “Noches de escupir cerveza y maldiciones” de Bukowski y Sheri Martinelli, son para mí [y seguro que también para quienes las degusten como yo lo he hecho] las cuatro obras luz del siglo XX, cuatro trabajos abiertos que dejan en la lengua el sabor intenso de que aún se puede hacer esa revolución necesaria que lleve al hombre a la excelencia y que le dé valor real a los principios y a los finales intelectuales.
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Y Buk… “… no debemos estar seguros nunca, ni siquiera cuando lo estamos…”. Buen plan de vida, un plan magnífico que solo responde a la realidad y que, por ello, nos pone en la realidad. Pero una cosa es no estar seguros y otra muy distinta es vivir acobardados, escribir acobardados y morir acobardados. No, a eso me niego. Me niego con rotundidad.
Llegamos desnudos [alguno dirá: ‘unos más que otros’, y tendrá razón…], y ya es inseguridad esa desnudez, una inseguridad de la que debemos aprender a empellones… luego, la vida nos pone en un espacio [que puede ser cabrón o amable] y en un tiempo [que siempre es para gastarlo, pero hay demasiados que no saben hacerlo], y tenemos que gestionarlos poniendo parámetros con cierto valor matemático [quiero decir ‘por acuerdo unánime’], unos parámetros que nos marcan la unidad, y luego nos queda operar con ella, sumar o restar, multiplicar o dividir, o quizás cualquier otro tipo de función compleja… y desde esa unidad nos sentimos colmados o frustados, derrotados o vencedores. Lo malo es que las unidades son completamente distintas de un hombre a otro y, lo peor, es que en ellas muchos se apoyan para mirar con seguridad al mundo que les rodea [el que nació con casa, no puede imaginarse sin ella; el que llegó con fincas, no se haría sin el horizonte que marcan sus hectáreas; el que amaneció con unos padres vivos, no puede idear su existencia sin ellos a corto plazo… y esas son sus unidades, y no admiten merma posible… hasta que llega].
Ayer, alguien a quien quiero mucho le puso nombre a uno de los monigotes que me inventé el fin de semana, un espectro con la cabeza hecha de una mancha negra y los ojos espirales. Lo llamó ‘Poemalo’, y me explicó que lo había visto en sueños como un ser capaz de entrar en las historias y cambiarlas. Sin querer le había dado forma a la ‘inseguridad’ no valorada, pues a ese ser de tinta china lo imagino capaz de quitarle la casa al que la tenía como unidad, de quitarle las fincas al que miraba su horizonte hacia el norte, de quitarle los padres al que fiaba en ellos la comida diaria… un ser, ‘Poemalo’, capaz de cambiar con su sola mirada el valor de la unidad de cada uno para ponerle a la vida sazón y desastre.

Tuesday, March 11, 2008

La luna de Cheshire.


Anoche caminaba agotado hacia mi casa cuando me sorprendió una luna enorme, igual que la que vi en Mangola durante las noches de mi viaje africano. Era de nuevo el gato de Cheshire, con esa inquietante costumbre de dejar su sonrisa flotando en el espacio, haciéndome partícipe de la magia de su boca lunática [y hasta diría que lasciva]. Recordé entonces algunos párrafos de la obra del gran Enrique Anderson Imbert intentando revelarme desde su muerte lo que sucede al otro lado del espejo, junto a esa gran sonrisa absolutamente perturbadora que es la purísima intuición en la que me gustaría vivir por los siglos de los siglos y amén… y así transgredir la realidad con toda la irreverencia que me queda.
Decidí alargar mi camino para sentirme acompañado de esa luna/gato que me mataba de puro placer y vi en ella unos labios distantes que sugerían el desnudo invisible más bello que pueda imaginarse, y me sentí mordisqueado levemente por sus dientes blanquísimos, y note que me abducía como a un amante imperfecto y me hacía el amor por dentro hasta hacerme implotar [debe ser luminoso eyacular hacia adentro y que el placer recorra hasta la más mínima célula por debajo de la epidermis, como una descarga eléctrica que no encuentra salida y entra en bucle hasta el exacto agotamiento]. Anonadado, vagué durante un tiempo sin caer en la cuenta de que era la hora de dormir. Luego volví la vista al cielo y un nublado nocturno embriagó la sonrisa lunar, que se tornó extranjera, tomando cierto idioma irreconocible… después llovió… y aún no sé si fue por dentro.
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De aquel “las cosas van bien porque aún no estoy muerto”, que escribió Buk en junio de 1962, estoy aprendiendo… y del “… Joder Dios santo cómo me alegro de que comamos y caguemos, cómo me alegro de que haya música. Me alegro de que haya pan de centeno; me alegro de que haya perros viejos en las calles. Me alegro de que haya lluvia y puentes y vino. Y sueño…” que le escribía ese mismo día a Sheri Martinelli después del poema que comenzaba como he citado. Las cosas van bien porque yo sigo adelante, aunque sea a trancos cortos y descuadrados, aunque respire mal y un tapón mucoso me haga hablar como la voz en off de los documentales de La Dos. Pero más bajito; aunque me muera de sueño y me pase el día tirado y bebiendo mosto frío en vaso bajo… todo va de puta madre porque parezco imbécil y aún no llego a serlo del todo, y porque me he tomado unas vacaciones gracias a la cosa política, unas vacaciones de borrego para intentar conseguir lo menos malo con un voto que no sirve de nada, porque no suma para el todo regional y a mí me resta…
Lo malo de ser algo en la vida es que siempre te enteras después, si es que llegas a enterarte. En el ‘mientras tanto’ solo eres capaz de darte cuenta de que no coincides con casi nadie en la visión de cada una de las jugadas, que la percepción de la poesía de los arriba [esos tipos con nombre en cuerpo 42 de los suplementos culturales ‘importantes’] no coincide para nada con tu visión tranquila y ardorosa [donde tú ves vida, ellos ven prosaísmo; y donde tú no ves nada, ellos ven la hostia de cosas]. A mí lo que me interesa es ‘decir’ sin esa gilipollería de los culos planos, salvaguardando mi esencia de la estupidez formal todo lo que puedo… pero es difícil.

Hoy me llamó Antonio Orihuela para contarme que Juan Cano Ballesta [el tipo es Commonwealth professor of spanish university of Virgina, que debe ser la repanocha] me ha incluido en su estudio “Nuevas voces y viejas escuelas en la poesía española (1970-2005)”, editado por la editorial Atrio de Granada. No está mal, coño, otro poquito de canela para este bizarro engreído.

Saturday, February 16, 2008

Agradecería un masajito ahora...



Aún con las palabras frescas de José Antonio Sáinz metiditas en las cuencas de los ojos, sus consideraciones sobre la poesía latinoamericana [esas cosas del ‘serme’ y tal], su afirmado gusto por JG de Biedma, su postura ante los peces depredadores de todo en su invasión de ecosistemas [creo era la jodida perca del Nilo –Lates niloticus–, que nos la querían colocar por mero en el restaurante subterráneo donde comimos], sus constantes ironías a lo ‘siempre incendiado y siempre fiel’, a las infraestructuras montañeras de tartera con tortilla de patata, a las fiestas patronales a las cuatro con bocata urgente, a lo de ‘hacerse un triste’ calle abajo, a la ‘poesía violenta’ con sus consiguientes ‘no sé… no sé’, y a la sonrisa siempre puesta en su cara como una corbatita hermosa con cierto fondo delirante… me encantó el colega, y mira que fue solo un ratito, y me llegó cierto olor a valor poético importante en su figura de tono cándido y soltero [me da que debe ser un excelente compañero de marcha nocturna entre jocosa e intelectual].
Vamos, que me lo pasé en grande con el tipo y que me agrada un montón su compañía y su forma de expresar cada sentimiento que le llega.
Decía que aún con las palabras frescas de José Antonio, acometo este sábado que ha empezado gris, con trabajos imprevistos que hacer a deshora, con las cuentas a cero, sin tabaco que fumar y con la sombra de la última erección dando la hora entre los muslos [ya no soy capaz de darle sombra a mi ombligo].
Después de los inoportunos curritos, me leo algunos capítulos de “Islandia, 2004”, del colega Ezequías Blanco, y me lo estoy pasando bien con las confidencias del Gran Hermano de George Orwell retirado del servicio en 1994 y su…
“‘Ésa cae esta noche. Está que lo vierte. La tengo en el bote…’. ‘¿Quieres condones?’ ‘Déjame dos’. ‘¿Te tomaste la Viagra?’ ‘A que te doy una hostia’.”.
Bien por Ezequías, que se ha dejado llevar por esa forma de combatir el miedo que se llama humor, un humor para untar y relamerse en cualquier barra de Getafe con tapitas ricas.
Y de pronto me dio un ‘queo’ en la riñonada [ayer me tocó trasegar un montón de resmas de papel desde la calle Colón gracias a que un simpático había dejado mal aparcado su coche frente a la imprenta y el camión de transporte no podía llegar hasta el lugar… toda la cuesta cabrona de Colón cargando con papel pesadísimo, resollando, parándome a respirar…] y ahora parezco un cartabón, aunque me da la risa cuando quiero estirarme y el dolor latiguero me lleva de nuevo a la posición de inicio… un vejete de mierda, eso es lo que soy, fumador compulsivo y con cara de haberlo visto todo sin haber visto nada.
En fin, que agradecería ahora un masajito relajante de cualquier mano amiga.

•••

FRAGMENTOS CÁUSTICOS PARA J. A. SÁINZ

En el lecho de la amada de Oscar Wilde se oye al pájaro de notas susurrantes llamando al amor encendido y todo para un poema nefasto que se escribe ‘Under the balcony’… y Richard Aldington mira a la torpe Venus desenfrenadamente sobre la pileta de la cocina en su ‘Evening’ –algo mejor, no me cabe duda–… Y Hank puede orar todo el día y Dios no vendrá… pero si llama al 911, el Diablo se presentará en un minuto –dónde va a parar, coño–… o el No hay salida. Los grandes capullos andan sueltos jodiéndolo todo a su alrededor. Cuida tu culo. La ‘Democracy’ de Harold Pinter –ya vamos, ya–… pero prefiero a Silvia Plath con su No quiero una caja sencilla, quiero un sarcófago de atigradas listas y un rostro pintado, redondo como la luna, que mire, quiero estar mirándolo cuando lleguen, escogiendo entre minerales mudos, raíces. Ya los veo: los pálidos, astralmente distantes rostros. Ahora no son nada, no son siquiera criaturas. Los imagino huérfanos, como los primeros dioses, de padre y madre, se preguntarán si tuve importancia. ¡Debí haber preservado mis días, como frutos, en azúcar! Mi espejo se empaña: unos pocos hálitos, y no reflejará ya nada. Las flores y los rostros blancos como sábanas. No confío en el espíritu. Huye como vapor en mis sueños, por la boca o los ojos. No puedo impedírselo. Un día se irá para no volver. Así no son las cosas. Permanecen, sus luces idóneas se calientan en mis manos frecuentes. Ronronean casi. Cuando se enfrían las suelas de mis pies, los ojos azules, mi turquesa, me darán solaz. Déjame mis cacharros de cobre, déjame los cacharros de afeites, que florezcan en torno a mí como flores nocturnas, silentes. Me envolverán en vendas, almacenarán mi corazón bajo mis pies, bien envuelto. Me conoceré a mí misma. Seré noche y el relucir de tantas cosas será más dulce que el rostro de Istar. –la rehostia–…
¿Poesía violenta?… Pues sí, porque el hombre es violento. Y se puede jugar a lo explícito [yo ya lo hice] o se puede bucear en cierta estética de lo violento a partir de palabras no violentas [que no violenten]… Me encantan esos pasajes de Isidore Ducasse sobre la belleza: ‘bello como el temblor de las manos en el alcoholismo… bello como la retractibilidad de las garras de las aves de rapiña… bello como la poca seguridad de los movimientos musculares en las llagas de las partes blandas de la región cervical posterior… bello como el encuentro fortuito sobre una mesa de disección, de una maquina de coser y un paraguas…’. Un mago el tipo cuando imposta su voz en la de Maldoror.
Todo lo que encuentra palabras violentas para ser descrito se hace mucho más potente y cobra más valor porque turba y perturba.
Así, me gusta, por ejemplo, Ana Rossetti, cuando tira de martirologio para escrutar el sexo carnal… o Buk cuando hace esas plétoras perversas de su sociedad de perros solitarios… o Pinter con su execración de casi todo lo que creemos bueno… yo diría más bien que esa poesía violenta es más una poesía del aborrecimiento, una necesaria poesía del aborrecimiento.





Wednesday, January 23, 2008

Tengo los ojos verdes...



Ezra Pound y Charles Bukowski tenían los ojos verdes, como yo. Mira por dónde… ya somos tres… pero a mí nadie me entiende como los entienden a ellos… o nadie hace un pequeño esfuerzo por entenderme… ni puta falta que hace.
Aunque, la verdad, ayer leí de corrido un par de libros viejos, de mi primera época, y me pareció que quien los escribió [yo] era un imbécil que aún andaba a gatas con treintaitantos años. Debí tener alguna crisis de identidad para publicar aquella podredumbre o lo mismo estaba loco por ver mi voz atildada en letra impresa.
Me pregunto cómo me tomaré dentro de diez años las palabras que escribo ahora, cómo me avergonzaré de ellas, cómo las negaré.
Escribir es un insulto hacia mí mismo… pero tengo los ojos verdes, como Buk y como Ezra, aunque no me sirven para demasiado.

Sunday, January 20, 2008

Es la hostia....


Desde el punto de vista gnoseológico, Dios es un absurdo que excede a la calidad humana, pues su definición [definir como acotar, marcar, señalar y limitar] resulta imposible sin más, ya que no se basa en un soporte material y, por tanto, no admite definición ni valor de ‘existencia’.
Claro que podríamos pensar que en la percepción del mundo desde el punto de vista de una bacteria, el hombre tampoco admite definición, aunque sí la misma posibilidad de existencia que los planetas, las estrellas o las galaxias [no son susceptibles de ser poseídos por la mano, pero sí por ‘la razón de la lógica’, circunstancia que tampoco le cabe a una improbable definición de Dios]. Así pues, el hecho de plantearse una definición de Dios y arbitrar su existencia carece en sí mismo de sentido, ya que el hecho ‘Dios’ no existe como tal y, por tanto, no admite ser materia de conocimiento [anoto aquí el error de Nietzsche en su afirmación de que la muerte de Dios significa la liberación del hombre… Dios no puede morir porque no es, no existe].
Dios, entonces, resulta el marbete que responde a diversos sentimientos emotivos del hombre para los que no encuentra respuesta o sobre los que no puede arbitrar un solucionario lógico que le deje satisfecho. El hombre busca consuelo en la idea de Dios cuando es incapaz de encontrar razones [bien porque no tiene la capacidad suficiente para razonar, porque no tiene el valor para hacerlo o porque simplemente teme por el resultado cierto que le aportará la razón y lo niega amparándose en la facilidad de la palabra ‘Dios’].
Pordría entonces decirse que Dios es cobardía del hombre… como puede también decirse que si no existe Dios, el ateísmo es un absurdo, ya que consiste en negar algo que por definición no existe [es un juego muy curioso al que me gusta jugar con frecuencia].
Y ahora viene el problema… ¿Qué cojones hacemos con esa multitud que vive por y para Dios, que mata y da la vida por Dios, que suspira y expira por él, que se enriquece a su costa y arruina y somete en su nombre?, ¿qué podemos hacer con esa turbamulta de creyentes que dominan el mundo y lo dirigen amparados en una vaciedad conceptual que no tiene ni posibilidad de definición?, ¿cómo podemos poner solución a un problema que tenemos y sufrimos en el estado de ‘realidad’ si su generador pertenece al campo de lo inconcreto por inexistente?
Es la hostia, ¿no?
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Después de comer, ‘peluché’ un ratito con Guillermo y su amiguito Dani en el sofá y les gané gracias al secreto ‘mordisco de vaca’ que practico con maestría en los muslos de mis cotrincantes… aún así, vencidos con mis mejores/peores artes, los críos se agarraron a mis tobillos y no me dejaban salir de casa, por lo que tuve que practicar con ellos la técnica del dedo eléctrico en la cintura, que los dejó a puntito de pis tumbados sobre el suelo. Y mira que sé que no era un combate equilibrado, pero los jodidos chavales se defendían como leones y hasta me tiraban tarascadas a los ‘güevanillos’, por lo que debía estar atento y ágil para no sufrir un desaguisado en mi entrepierna.
Estas peleas me dejan absolutamente feliz y me dan la dimensión de lo que soy y de lo que quiero ser, además de un regusto especial de padre que me encanta sentir de vez en cuando, a pesar de que ya me agoto un poquito bajo la insistencia incansable de los chavales.
Es entonces –después de estas ‘peluchas’ divinas– cuando percibo que sí puede darse una definición de Dios, que no es otra que yo mismo sonriendo agotado.
Ayer alguien me dijo que creía más en Dios porque me había conocido… y yo debiera haberle contestado que es normal, porque yo soy Dios, un dios capaz de lo mejor y de lo peor, un dios imperfecto y absolutamente finito, un dios de andar por casa en gayumbos y sin camiseta, con los pies desnudos y el pelo despeinado, mitad diablo también…
Ahora tengo gatas [agujetas] producidas por mi trabajo físico de Dios, y decido con cierta sorna bíblica que son buenas, muy buenas.
Lo único malo es que para mí los domingos no son ‘días de guardar’ [¿qué expresión, verdad?]… así que me he dado un paseo largo [no como los de Antonio G., que me moriría de asfixia siguiendo a Trucho] por “Noche de escupir cerveza y maldiciones” junto a Charles Bukowski y Sheri Martinelli… así hemos paseado juntos por “un gemido bestial está muy bien pero el lloriqueo y la afectación no sirven para nada…”, luego caminamos sonriendo por “… El hombre no está destinado a entender la naturaleza de la mujer. Si así fuera la evitaría por completo y el plan natural de la naturaleza se iría al garete…”, y rematamos agotados llegándonos hasta “Ahora voy a pillarme un ciego de la hostia. Algo me ha interrumpido la jornada, pero ahora voy a llenar el tanque de nuevo… claro, cariño, ¿por qué no?… otra vez he perdido el boli…”. Y ahora reposo un ratito escuchando la voz divina de Paula Bas.
En fin… cosas de dioses.


Sunday, October 21, 2007

Noche de perros.


Noche de perros hasta que lo eché todo entre mareos y sudores fríos. Eran las seis de la madrugada y no había podido pillar el sueño porque mi estómago ardía como un infierno particular. Cómo se estira el tiempo cuando estás mal, qué lento pasa… y sin embargo en mi cabeza tomo consciencia como nunca de que estoy vivo, siento el latido con más intensidad y percibo el valor del dolor y el malestar como signo inequívoco de vitalidad. Y una noche tan larga da para muchas cosas, para demasiados pensamientos que se van solapando en esa oscuridad del dormitorio en la que reinan los dígitos rojos del reloj despertador… sobre todo, los hijos: su tensión, su salir adelante sin poner casi nada, sus fracasos pequeños y diarios, su huida lenta de la casa [que los siente y los echa de menos cada día un poquito]… la edad con sus miserias y sus triunfos, la derrota de este cuerpo que es batalla perdida, las cosas por hacer acumuladas, los poemas pendientes, el amor sin trabar, el viaje que me debo a París…
Todo amalgamado con un dolor soportable y un malestar rijoso dando vueltas por la habitación.
A las seis terminó todo como en una boutade intestinal que me dejó helado y totalmente agotado, presto a las sábanas y al cerrar de ojos.
No me gusta estar mal mientras lo estoy, pero, cuando todo pasa, ese estado de consciencia/conciencia que va junto al dolor me parece sublime, magnífico, esclarecedor… pues me hace recapacitar, ordenarme en lo prioritario y volver la vista para saber de forma neta lo que he hecho y lo que debo hacer.
Hoy, el día me parece más luminoso, el aire entra en mis pulmones como algo mágico que percibo y anoto, todo me parece más nítido [lo mejor y lo peor]. Tengo ganas…

Decía Baudelaire en sus ‘Cohetes’ [en el apartado XVII] que ‘hay momentos en la vida en que el tiempo y el espacio son más profundos y el sentimiento de la existencia infinitamente mayor’, y lo hacía refiriéndose a un ‘algo’ sobrenatural que contiene ‘intensidad, sonoridad, limpidez, vibración, profundidad y resonancia en el tiempo y en el espacio’.
Es exactamente la definición que encaja en esos momento de malestar.
Termina Baudelaire… ‘La inspiración viene siempre que el hombre lo quiere, pero no se marcha cuando él lo desea.’. Y en esto ya no estamos tan de acuerdo, amigo B., que yo creo que la inspiración es azarosa, a pesar de que el hombre debe poner de su parte un estado perceptivo que requiere constante e(x)fuerzo de atención y procesamiento, que llega cuando le apetece y se va sin más [aunque pienso ahora que quizás en esto esté la clave de su genialidad y de mi mediocridad].
Controlar los momentos de inspiración y propiciarlos cuando realmente lo deseas y lo necesitas sería el justo triunfo del creador… pero quizás también su mayor miseria.
(17:07 horas) Me parto de risa [y mira que aún recibo latigazos resacosos del dolor de ayer] cuando leo la idea de Charles Baudelaire sobre el amor que sigue: “En el amor, como en casi todos los asuntos humanos, la entente cordial es el resultado de un equívoco. Este equívoco es el placer. El hombre grita: ‘¡Oh, ángel mío!’. La mujer zurea: ‘Mamá, mamá!’. Y este par de imbéciles están persuadidos de que piensan acordes. El abismo infranqueable que los incomunica queda infranqueado.”. Era un pedazo de cabrón delicioso el tal Charles y tenía esa piel de la ironía y el sarcasmo para ponérsela cuando le daba la gana, dejando un fondo filosófico brutal con el que desnudar al hombre y dejarlo en pelota picada al menor descuido.
•••

RECREACIONES CON HURTOS DE PAPEL [11]

Hice noche con Hank en el Motel Viking [28 dólares la habitación… 30,10 con el impuesto] y nos reunimos después de cenar en su habitación para charlar un ratito y beber unas copas de ‘petite sirah’ mientras enganchábamos el sueño [era la habitación número 20]. Sobre la colcha azul raída Hank me explicó que una mujer que jamás haya podido ver a su hombre desnudo con el miembro en reposo puede sentirse una mujer querida, a la vez que me comentaba que a él nunca se le había dado tal circunstancia, y por eso sabía que no había dado aún con la mujer de su vida.
Había allí una televisión en blanco y negro de 12 pulgadas. Hank la encedió, subió el volumen y la puso mirando a la pared.
– No sé dormir sin compañía, amigo.
Cuando nos despedimos, vi cómo Hank comenzaba a boxear con su sombra.
– Siempre hago ejercicio antes de dormir… nunca al despertarme.
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De FUMADORAS

Monday, September 24, 2007

Maite no conoce la poesía de Hank.



La ‘Confesión’ de Bukowski
“Esperando la muerte / como un gato / que va a saltar sobre / la cama // me da tanta pena / mi mujer / ella verá este / cuerpo / blanco / rígido / lo zarandeará una vez y luego / quizás / otra: // ‘!Hank!’ // Hank no / responderá. // No es mi muerte lo que / me preocupa, es mi mujer / que se quedará con este / montón de / nada. // Quiero que / sepa / sin embargo / que todas las noches / que he dormido a su lado / incluso las discusiones / más inútiles / siempre fueron / algo espléndido / y esas difíciles / palabras / que siempre temí / decir / pueden decirse / ahora: // Te amo.”.
Para Maite esta tapita con mis mejores deseos.

NOTA: Como la moza maneja el inglés, copio la versión original, para que no se pierda nada

CONFESSION

waiting for death
like a cat
that will jump on the
bed

I am so very sorry for
my wife

she will see this
stiff
white
body
shake it once, then
maybe
again

"Hank!"

Hank won't
answer.

it's not my death that
worries me, it's my wife
left with this
pile of
nothing.

I want to
let her know
though
that all the nights
sleeping
beside her

even the useless
arguments
were things
ever splendid

and the hard
words
I ever feared to
say
can now be
said:

I love
you.

De FUMADORAS

Thursday, August 30, 2007

Un Nescuí frío a las doce.

Las cuadrículas de los astrados cuadernos de Felipe, el poder de los necios, la absurda decisión [e incomprensible] de hacer Ministro de Cultura a César Antonio Molina [pesetero y narciso como pocos… y además va de poeta], el poder de la banca, las rosas desnatadas del parque de mi pueblo, el imbécil de turno cruzándose a mi paso, la esbelta limpiadora del emporio PdT, un Nescuí frío a las doce [pe] [eme], las cosas Sánchez Paso que me cuenta Paquito, el dormido pasar de mis hijos en verano, la empecinada occidentalización de Malick [valiente cabezorro], el preambiente de fiesta, un viento de noviembre que amanece y luego se hace agosto, la risa de Mondrian, un cuadro de Albertito que me tiene jodido, el cura de la plaza con su moto a remolque, el aire de vendetta que portan unos ojos [esa cosa calabresa del oeste de España], el PP con recambios por dentro y voceos por fuera, la cara más enorme que ha pintado Pajares, llamadas de M. Ambrosio, el destino a su bola, un atasco en Las Armas que cabrea bastante, el cielo para amarte, la luz insospechada de un gañán de provincias, los pezones erectos de una bruja de viernes, cocacola a las cinco, un vaso, dos entradas carísimas para ver a Serrat, el CD de Carita Boronska se ha trabado en mi Imac, hace frío en Perú y hemos buscado ropa que llevar a Cruz Roja, Juanito que no está ya para casi nadie, las 1028 olas de Juanjete Barral, un poema Bk. Para pasar la tarde, textos de Pasolini con los que arder un rato, la máquina perfecta de liar cigarrillos que fue de Mª Jiménez y ahora es mía, la paz pactada/pacata, los hermosos vencidos llevan siempre el apellido Magdaleno, cartas que no recibo, un mail, un fiel sin su balanza, las cartas marcadas de PM, el azul como rosa, el parque hecho bullicio, unas piernas de muerte me caminan delante, unos ojos azules que no miro hace tiempo, hay una prisa Eroski flotando en el ambiente, una tapa de rabas, el ‘Café y cañas’ más Ortega, la rusa vendepolvos, el tonto de la puerta, los gitanos de abajo, la vecina cabrona que me ha jodido la pintura del coche, el canto de sirena llamando a muerte súbita, los muertos importantes y los que ya no importan, tres pitos y entro a grande, la Cruz del Sur, el corte de mangas con mi polo Lacoste, una foto de ayer, esas noches contigo, el pelo que blanquea hasta en el pecho, el dolor de riñones, el mar de los estúpidos que sortean las olas, un naufragio en la sierra, el deseo constante de una tormenta eterna que haga a los hombres verdes, las ganas de morir y de no hacerlo, el sopor, el ardor, el terror, la frontera…
La llorona no puede soportar que la mire.
De LECTORAS

Monday, April 23, 2007

Escapar también es querer quedarse.

Relajarse consiste en hacer lo que te apetece hacer, no en quedarte quieto mirando a un punto fijo y escuchando una música bella, vibrar en lo que te apasiona sin que te moleste otra cosa. Yo me relajo escribiendo y dibujando, y dedico mis días de asueto a esa actividad [ésta] que actúa como la valvulita de la olla a presión de mi casa. Las ideas se agolpan y empujan mientras yo les voy dando una salida lenta y anárquica. Si logro vaciarme un poquito, voy notando cómo mejora mi estado de ánimo y sube mi euforia.
(11:28 horas) ¿Qué puedo vender yo? Alberto y Antonio venden esporádicamente sus trabajos plásticos para ser colgados en las zonas más nobles de las casas o en algunos locales públicos, incluso en instituciones. Apenas saben ponerle precio a sus obras, pero terminan haciéndolas entrar en el juego de mercado porque tienen tirón artístico y verdad. Con eso se come mal, pero se come. Yo podría vender ideas, pero en este tiempo no se cotizan; y salir adelante con un trabajo mediocre me llena de vacío y de una extraña sensación de fracaso. Un poema no vale nada si no tienes la capacidad antipoética de trabajarte un premio literario –yo lo he hecho varias veces y siempre me deja un mal sabor de boca–. Quizás pudiera vender palabras, como mi amigo Fernando Beltrán, o vender proceso creativo a esa pandillita de personas que piensan que a escribir se aprende en talleres literarios [de esto viven mal muchos de mis amigos]. Todo es falso y no importa si se sabe y se dice que es falso… Pero hay que vender o venderse como sea para poder salir adelante, para poder seguir en esta cuerda floja que en uno de sus vaivenes nos dejará caer un día sobre la mierda misma.
Mientras llega ese día, estoy pensando en montar un escaparate de palabras en rebajas con jugosos descuentos y con ofertas que no podrán dejarse escapar.
Ya ando preparando la lista de ofertas:
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Manuscrito con firma: 10 euros
Manuscrito con firma y dedicatoria: 15 euros
Manuscrito con firma, dedicatoria y dibujo: 25 euros
Impreso digital con firma: 5 euros
Impreso digital con firma y dedicatoria: 8 euros
Impreso digital con firma, dedicatoria y dibujo: 17 euros
Por la compra de tres poemas un descuento del 10%
Por la compra de cinco poemas un descuento del 15%
Poemario completo manuscrito con firma: 200 euros
Poemario completo manuscrito con firma y dibujo: 250 euros
Poemario completo impreso digital con firma: 75 euros
Poemario completo impreso digital con firma y dibujo: 100 euros
Aforismo manuscrito con firma: 10 euros
Aforismo manuscrito con firma y dibujo: 20 euros
Dibujos sueltos con firma: 7 euros / unidad
Dibujos sueltos con firma y dedicatoria: 15 euros / unidad
Repentización con firma y dedicatoria [especial para bodas, comuniones y actos públicos]: 50 euros
Para encargos especiales estudio presupuesto.
[Envíos a portes debidos por agencia urgente]
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Lo mismo empiezo a ganarme la vida con esta chorrada mochuna y puedo dejar de una puñetera vez los rigores imprenteros.
Por si calara la idea, acepto trabajos ya mismo.
Encargos a mi mail.

(12:45 horas) Mientras en la cocina de arriba se hacen las tapas y todo ha subido diez céntimos de euro, las camareras cambian sus pantalones ajustados por esa ropa negra e impersonal que les pone cara de atención al cliente [antes tan carnales y ahora tan frías]. Apenas hay gente por la calle en este día Maldonado y yo permanezco medio infeliz de encierro oscuro, casi como las bellas camareras de arriba, pero menos agotado.
Suenan constantemente las cisternas y algunos golpes de martillo [no hay descanso para los inmigrantes con contrato basura] y el claxon de algún coche que se pierde poco a poco camino de la Plaza Mayor.
Si salgo a por tabaco me dará el sol de lleno y quizás me deshaga.
¿Cómo serán las camareras con toalla?
Subo sin más.
Y vuelvo.
Hay tres televisores encendidos y nadie mira porque no hay nadie. En cada uno un programa distinto y la prensa del día amontonada en la barra, sin usar.
Hoy interesa poco lo que haya sucedido, pues es día civil de vacaciones, que murió Maldonado sin que sepamos por qué ni para qué. Es fiesta y basta.
¿Cómo serán las camareras sin toalla?
Se oye ladrar a un perro y unos chiquillos gritan… pero no entiendo, pues sus gritos se mezclan con los ladridos y la cisterna y los golpes de martillo.
Hoy no hay bancos abiertos, ni se multan los tiempos de aparcamiento en ORA… sólo un retén de guardia con un par de guripas que escaquean a su horario una caña con morro… y las camareras… las camareras siempre en su lugar, por turnos, de festivo, sin el tiempo normal de los demás mortales.
Probablemente luego, cuando la tarde acuda, se llene el bar y encuentre justificación perfecta la señal de TV.
Ezra estaría feliz en estas circunstancias.
A mí me da lo mismo.
(18:27 horas) El café fue con Alberto y con Luisito. Arriba las cosas discurrían igual que en la mañana [los días Maldonado son de Carrefour placentino]: sonaban los martillos, ciscaban su puntito las cisternas y había una cosita Mamadou que flotaba en el ambiente. La camarería sopesaba su último bostezo mientras yo me admiraba con lo último en móviles de la mano prediestra de Albertito. Visita a la obra como afanados arquitectos, vistas abiertas, coñosquebien y esas historias.

(22:47 horas) Ya la noche. Me anida como un vértigo la semana que empiezo ya maquetando trípticos y postales para la feria de muestras bejarana. Todo será en tono de precampaña y me preparo para ello, como me preparo para recibir a Barral y a Norio la noche del próximo jueves, a Fabio el mismito viernes y a Morante, Uberto y mis mil amigos editores durante todo el fin de semana. Iré a Punta Umbría después de un largo receso de tres años y tengo muchas ganas de reencontrarme con esa pandilla de locos maravillosos que se reúnen allí cada año.
No niego que estoy algo nervioso por el viaje y por la ingente cantidad de curro que dejo aquí sobre las mesas y los estantes.
Leo un ratito a Buk y me imagino en aquellos días y en su piel áspera y forunculosa. Es un escritor que me llega y me impacta, que me obliga a escribir. Leerlo es un auténtico placer que me hace terminar el día encendido y relajado.
De Tontopoemas ©...


* "Como tú" por Paco Ibáñez

Sunday, October 8, 2006

Lauri Soininen


Cada semana, sin falta no justificada, me da un arrebato dominical y matutino y me zampo dos programitas seguidos de la tele que están entregados a la religión. El primero es una ensalada judía con estética años 50 y el segundo es el famosísimo «Pueblo de Dios» –estética 36– con una tal María Ángeles que presenta muy castamente.
Hoy, los judíos han estado más comedidos de lo normal, celebrando una fiesta de rememoración de viajes de antepasados por tierras difíciles –estos tipos siempre atraviesan desiertos, se dejan barba y trencitas y, luego, se ponen a celebrarlo– (felices fiestas, muchachos).

El chascarrillo descojonante llegó con la programación católica, cuando la casta María Ángeles entrevistó a un tipo vestido de negro y con alzacuellos que daba nota de un congreso mundial de televisiones católicas. El cuervo dedicó unos minutos a enumerar los pecados mortales de las nuevas tecnologías y todos los peligros que contienen contra la moral cristiana. Cuando se vació de tanto pecado –una vecina mía diría de forma más castiza: «¡¡¡Echa tu veneno!!!»–, se arrancó con que los medios de comunicación audiovisuales son fundamentales para llevar la palabra de Dios a todos los rincones del mundo, con lo que –a pesar de mis tiernas legañas producidas por el sueño recien acabado– enseguida até cabos y deduje que las palabras sórdidas del involucionista Jiménez Losantos son palabra de Dios.

Ya era hora de que públicamente los cuervos reconocieran de qué jaez es su baba divina, por lo que me santigüé y, sin más, aporreé el mando a distancia para que me llevara a ver caer a otro dios en las pistas niponas: Shumy jodió su motor por acelerar más de la cuenta, poniéndole así un pequeño clavo más a su cruz.
Lo mismo es un aviso del que debiera dar nota mañana don Losantos en la COPE a la vez que agradece a los cuervos que le nimben la voz por la tele.
Palabra de Dios.
(19:42 horas)
[CHARLES BUKOWSKI: Yo era joven cuando mi héroe era joven, la única diferencia es que él se hizo famoso enseguida... ... luego se fue a Malibú y se sentó en la playa a mirar las olas que rompían en la orilla como embustes, como embustes, como embustes...]
Todo llega a encadenarse siempre, de forma fortuita, si, pero todo llega a encadenarse. Y es una ironía ver cómo el fracasado –el realmente fracasado, porque para llegar a lucir su Jaguar ha tenido que mamar mil pollas arrugadas– sonríe desde su poltrona sin saber más que el truco absurdo de crecer en falso, y sonríe porque su farsa funcionó y funciona cada día... Yo era joven cuando el fracasado también era joven, y le vi temblar de ira por conocer su propia incompetencia, y le vi tomar el camino torcido, subirse al carro del integrismo católico para medrar y llegar hasta una cima de asco bruñida de dinero... ....luego se fue al interior y se sentó en una playa inexistente a mirar las olas que rompían en la orilla como embustes, como embustes, como embustes...
[JOAN MARGARIT: cuesta entender la vida, no la muerte. La muerte nunca encierra enigma alguno.]
Vivir en legítima defensa es a veces lo que no se nos ocurre para vivir, porque existen los demás y nos agreden con su sola presencia muchas veces, y te sientes extraño, fuera de lo que estimas que debiera ser la vida, y te acostumbras a sufrirlos y no haces otra cosa que dejar pasar todo por encima o por debajo. Y la única riqueza que te queda en los bolsillos es recordar un tiempo que quizás ni existió o imaginarlo.
[CESARE PAVESE: La tremendad verdad es ésta: sufrir no sirve para nada.]
Y se me caen las religiones, las patrias, las revoluciones, los dentistas, los partos, el trabajo, el matrimonio, las guerras, los masajes tailandeses, los mártires, las prisiones, el hambre, la faja y los sostenes de blondas.
Es mejor indignarse y volver la cabeza antes que sufrir.

Friday, September 29, 2006

Matti Yrjänä Joensuu


Hoy, mi mujer y mi hijucha me han regalado «Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta», de Charles Bukowski, un libro que tenía muchas ganas de leer desde hace tiempo, que pedí varias veces a mi librero y que nunca conseguí que me lo trajese. Mañana le daré entrada y fin.
Por otro lado, ando reflexionando sobre la obtención del Premio a la Libertad que mañana nos será otorgado de manos del Ministro Jesús Caldera. No hay duda de que es un bonito empujón que nos llena de responsabilidad y de ganas renovadas, sobre todo un magnífico empujón para Juan, sobre cuyas espaldas siempre ha pesado la responsabilidad de nuestra actividad social y solidaria. Espero que mañana sea el día que marque el principio de nuevos proyectos y de mayores riesgos.

Dejo aquí mi abrazo de hermano al compañero de fatigas Juan Hernández, el Juanito de siempre, a la vez que le aseguro que es uno de los tipos más importantes de mi vida –y de la de muchas otras personas–. Eres grande, hermano, el más grande. Gracias por existir y estar siempre a mi lado.
(22:51 horas) Es inevitable sufrir en el transcurso vital, pero si ese sufrimiento no lleva consigo una carga de conocimiento, resultará absolutamente inútil, lo que lo multiplicará y terminará por hacerlo mucho más arduo. Sufrir es saberse vivo, y tal circunstancia –tal conocimiento– terminará siendo gozosa si se sabe procesar.
Lo más práctico es ser consciente de cómo vibra el dolor –sea físico o psíquico– y arañarle cada esquina para saber superarlo y aprender de él.