Showing posts with label FRANCIS PONGE. Show all posts
Showing posts with label FRANCIS PONGE. Show all posts

Thursday, May 24, 2007

Me encantan los banquetes de carroña poética.

Últimamente le he pillado el gustito a una hora del día que jamás me fue propicia, las diez a.m.
Es la hora común del café con leche acompañado por Ríchar y Josema el bancario, como fijos, aunque cada día se van anotando nuevos añadidos que le ponen porritas al café y más de una sonrisa. Entre los itinerantes están el jefe de la guripa munícipe, un inefable empresario de pompas y sepelios, algún que otro funcionario de la casa grande, varios profesionales de sectores tan claves como el eléctrico, el de la construcción o el del gotelé y a veces mi arquitecto favorito, el niño Antúnez.
El ratito de las diez se me hace ya casi obligatorio para contar con la sensación de que el día empieza en condiciones.
Me gusta, coño.

(15:27 horas) Leo un ratito a W. H. Auden y no resulta muy de mi gusto en este momento [algo parecido me sucedió hace unos meses con Francis Ponge]. Por lo menos me ha dado tiempo a rescatar uno de sus poemas con el que me gustaría experimentar cuando llegue la tranquilidad de la noche [“Como el resto de fugitivos, como / las flores incontables que no saben contar / y las diversas bestias que no tienen recuerdos, / hoy es el día en que hemos de vivir. // Son tantos los que tratan de decir ahora no, / y tantos los que han olvidado cómo / decir yo soy y quienes, si de ellos dependiera, / estarían perdidos en la historia. // Honrando, por ejemplo, con gracia sentenciosa / la bandera adecuada en el sitio adecuado, / perorando entre dientes, como viejos sin gracia, / de lo mío y lo suyo o lo nuestro y lo de ellos. // Como si el tiempo fuera lo que ellos decretaban / cuando estaba adornado de tantas propiedades, / y como si temieran estar equivocados / si abandonan su afán de ser parte de algo. // No es extraño que tantos se mueran de tristeza / y tantos se hallen solos cuando mueren; / pues nadie se ha creído con gusto una mentira: / Otro tiempo tiene otras vidas que vivir.”].
Enredaré en esta tela de araña para buscarme un poema par que me dé gusto y ganas, para recrearlo con mis ojos y mis palabras propias, aún siendo siempre ajenas.
Disfruto destrozando los poemas de otros… armándolos de nuevo y luego destruyéndolos.
(21:28 horas)
RABOS DE LAGARTIJA

Las diferencias, los disgustos, las riñas, los cabreos… llegan siempre de los diferentes valores que cada uno le damos a un mismo hecho. El hecho está como un muerto de cuerpo presente, sin posibilidades de mutar o moverse, y nosotros nos despedazamos de forma absurda en tanto que lo valoramos.
Una ridícula pérdida de tiempo.
•••
La generosidad tiene un valor de mercado que ha de tasarse con inteligencia por quien la recibe [a veces el generoso lo es más por interés que por bondad].
•••
Necesito pistas de lugares, personas o cosas que me propicien olvido para poder llevar mejor toda mi miseria.
Hasta ahora sólo conozco la ironía como mejor método de olvido: desenmascararme y desenmascarar a los demás para reírme a mandíbula batiente de mí mismo y de aquellos ridículos ‘demás’.
•••
Al que más distancia pone se le ama más.
No es justo para el amante, pero sí para la distancia.
•••
Ser espontáneo es fruto de la simplicidad [dos circunstancias que pueden valorarse perfectamente en los extremos que marcan la inteligencia y la idiotez].
Y no pasa nada.
•••
La sensualidad, que es rechula, parte de la corrupción física de la sentimentalidad.
No entiendo.
•••
No debemos olvidar que la insatisfacción de lo que se tiene antes fue deseo.
De Tontopoemas ©...

Saturday, February 3, 2007

La razón a veces sobra.


Si algo envidio de ti, amigo Alberto, es la magnífica gestión que haces de tu instinto cuando el azar tiene tanto que ver en los resultados.
Instinto y azar que sabes favorecer siempre con la reflexión precisa.
Yo siento que ahí hay algo alquímico para lo que hay que estar dotado y formado. Y luego el dominio del tiempo, el saber escoger el grado exacto de calor en un segundo, el lanzarse a la obra candente como un suicida para intervenir en ella con un juego enervante de triunfo o desastre.
Sí, Alberto, ya sé que el instinto es una mecánica incierta de la mente, un gesto de hormonas que apenas responde a pensamientos previos y elaborados, quizás hasta una suerte... pero su valor reside en que te dota de una calidad animal de la que el hombre ha desertado y te acerca a un orden bioquímico que para el hombre es caos. En el instinto es tu naturaleza química la que busca salidas posibles y viables, y en él eres profundamente idividual, porque el latido es tuyo y para ti, dado que el otro es una química distinta y distante. Con el instinto juegas en unos límites a los que la razón nunca sabría llegar, y en esos límites es donde se roza el descubrimiento y la innovación.
La razón siempre lleva a instalarse en la media y escalar desde ella hasta lo original, lo que predice caminos difíciles en los que, para brillar, debes jugar a desestructurar, a deshacer, a desmadejar... para poder ir descubriendo caminos nuevos y alternativos. Desde la razón siempre tendrás que valorar al otro y estimar su reacción y las consecuencias que ella te depare, encontrando con harta frecuencia barreras insalvables que no proceden de ti. El instinto no se viste con esas reglas ni con esos obstáculos, pues sólo mide los aspectos de gozo individual como acicate y los de dolor como prevención.
Como ves, Alberto, la mejor forma de saltarse al otro es no pensar en él y dejarse llevar por la intiución particular, por el latido, por la prisa de hacer y deshacer... de esta forma se precipita el proceso de acierto/error y se gana un tiempo precioso en el que el aprendizaje es rápido y sabe ofrecer resultados.
Yo, amigo, cada día fío más a mi instinto, aunque luego pongo la razón como apéndice postrero, lo que me ayuda a interpretar mis gestos y, por qué no, a dotarlos de literatura y máscara; es decir, a adaptarlos al mundo «normal» de los hombres para intentar sumarlos a esa «media» en la que está instalada la razón.
Y soy más feliz, y me siento más vivo.

(17:00 horas) Rematar la lectura de la obra de Francis Ponge me ha resultado arduo y trabajoso. He accedido a él desde una edición bilingüe de Miguel Casado [«La soñadora materia»], y debo decir que estoy agotado de color y de naturaleza... a la vez que decepcionado por una poesía que no soy capaz de entender, de la que dicen los «entendidos» que es creadora de espacios... Y tanto, coño.
Y ya vuelvo a estar harto de la literatura de la dificultad, del decir escondiendo, de la tensión sin resolución posible. Ahora necesito palabras claras y conceptos concretos que se me muestren diáfanos y no me enreden en un apretar que ni quiero ni busco.
El mal de la Literatura es el rodeo churrigueresco y el jodido retruécano.
La poesía de Francis Ponge no me ha gustado nada... Seguro que es mi culpa.
(18:25 horas) En un pasaje inteligentísimo de «El oficio de vivir», Pavese argumenta que «la única y exclusiva razón de la moralidad individual es que un día morimos y no se sabe lo que viene después». Tan vivo como siempre, el magnífico poeta y altísimo pensador lleva esto al terreno de la política para indicar lo que sigue: «La razón por la que en política se permite cualquier porquería y el criterio es astuto/necio, y no bueno/malo, parece ésta: el cuerpo político no muere y, en consecuencia, no responde ante ningún dios».
QuÉ bonita forma de llamar inmorales a los políticos. Se arman unas proposiciones al gusto, se silogismean y se escupen verdades sin paliativos bien armadas en la lógica.
Políticos inmorales para destruir lo que les hace permanecer y para permanecer por lo que destruyen.
Viene esto a que ando mirando las noticias sobre la manifestación convocada hoy en Madrid por el Foro de Ermua y veo con claridad la manipulación política de un Partido Popular que utiliza a las víctimas de ETA con fines espurios y partidistas. Ellos son el centro, la cabeza y el culo de una protesta que sólo existe para dar pábulo al terror y llevarse la carnaza en votos de mierda con los que jugar al ordeno y mando, con los que hacernos ser un país beligerante con el gobierno asesino norteamericano y con los que inflarse a ganar dineros con prebendas constructoras en un camino despejado de «rojos». El PP hace de la INMORALIDAD muy buena caja mientras logra que a los ciudadanos de paisano nos dé verdadero asco la política.
Yo no puedo hacer nada más que llamarlos a voces ¡¡¡INMORALES!!! mientras siento cómo el miedo me hace temblar ante estas nuevas falanges, más fascistas aún que el carnicero Caudillo, y más frías.
Me jode decir lo que voy a decir, pero estoy seguro de que se frotarían las manos si ETA volviese a matar. Quizás es lo que buscan.

¿Qué poesía me gusta? Siempre la que va acompañada de descubrimiento, la que me obliga a escribir, la que rompe algo adentro...
¿Qué poesía no me gusta? La decorativa, la que busca dificultad para expresar sentimientos vivos y sencillos, la del alarde, la que se abstiene del sentimiento y se queda en la estética del decir...

Siempre espero que mañana sea el día de acabar con este diario para volver a escribir de verdad, pero mañana siempre es mañana y este diario es lo único tangible que tengo en las manos en los últimos tiempos.

Mi escritura es un fin en sí mismo.

(22:17 horas) Hay un retrato femenino inacabado de Edward Burne-Jones, que lleva por título «Hope», en el que me detengo con frecuencia cuando miro un libro de arte que guardo en mi biblioteca sobre el pintor [tengo marcada la página con un separador antiguo para volver a él cada vez que puedo]. Expresa mi ideal de belleza de una forma inimaginada: pelo rizado y rojo, recogido sobre las orejas, perfecta simetría en el rostro, nariz pequeña, ojos entre tristes y agresivos mirando a otro lugar distinto a mis ojos y con un arco de cejas inigualable, labios carnosos sugiriendo amargura mezclada con algo dulce, mentón redondeando una cara cuadrada, un cuello de vasija delicada, de corza, largo, interminable, llamando al beso... y una mano apuntada aguantando una pieza de fruta.

El hecho de que el cuadro no fuera acabado por Burne–Jones le aporta un halo de misterio que lo hace mucho más interesante.
Me quedo siempre absorto ante esa visión de belleza tangible, ante la pregunta del pensamiento de la modelo, ante esa tristeza que se patentiza en uno de los cuadros más bellos que conozco.