26 de abril de 2009
I
Recibo el número dos de la revista mexicana “Separata” [espero que llegue sin gripe porcina... vaya movida, coño] conteniendo una “Patología del desaliento” de mi amigacho chileno Juan Cameron que me gusta mucho, mucho y mucho [enhorabuena ‘Cameron de Valparaíso’], un cuentito de Carla Patricia Quintanar, un ensayo interesante de Víctor Sosa [“El necesario exilio (de la realidad literaria a la ficción de lo real)”], unas pinturas cardiacas de Edgar Vásquez y un elogio a Ernesto Martínez realizado por Federico de la Vega [“La continuidad del sonido”].
Gracias a Federico de la Vega y a Miguel Aguilar Carrillo por estos envíos que tanto disfruto.
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II
*En homenaje al Juan Cameron de “Escrito en Valparaíso”... otro, que ya hice uno hace meses del mismo tono.
Padre, no leas a Shakespeare, que la Venus de Milo no tiene brazos y aún quedan cosas por hacer en la casa [tornillos que apretar, maderas sueltas en la terraza, libros descolocados sobre el estante de la tele...]... no leas a Shakespeare y vamos a aprender juntos la palabra “patria”... pero una patria pequeña, la nuestra, una patria de andar por casa, sin túneles ni salas de tortura, sin jefes de gabinete ni oposición conservadora... se nos va haciendo tarde, padre, y yo sigo fumando para que tú me regañes y me avises de esos ángeles negros que te llevan sin avisar a la tumba... y algunos días llueve y otros no, porque hay que suceder y sucederse a pesar del mercurio y la meteorología... a la lluvia no le importan las caídas de la bolsa ni que a ti te cueste pagar los impuestos o que haya el pescado que te gusta porque hay crisis o eso dicen... no, no leas a Shakespeare, padre, que perderás tu tiempo precioso, el que le das a cada uno de mis hijos por las tardes, y no podrás hablar mal de los funcionarios en la calle [quizás al amigo Antonio Merino le moleste, padre, pero cada uno debe llevar su cruz bien pegada al esqueleto... y al fin y al cabo cobran cada mes de cada año]... no leas a Shakespeare, que te pondrás pedante, y a tu edad eso no rima nada con las canas ganadas en la calle, que el neón se hizo para otras generaciones... sigue guardando el papel y la pita que te encuentres, cobra mis facturas con esa rabia tuya, como un profesional del cobrar todo; abrásate en las cartas de la tarde y envida lo que puedas sin faroles notorios, y no leas a Shakespeare, que te volverá loco, y ya no es tiempo sino para que beses mis mejillas o me abraces como hacías de chico con tus hermanos... enséñame a vivir y no leas a Shakespeare, padre, que estoy desencantado y algo espeso, que necesito aún que tú me digas si voy bien o voy mal, si acierto o yerro... pero no leas a Shakespeare, que veo venir el tren que arrolla todo y precisos tus ojos para tomarlo bien, porque tú sabes que el hombre no llegó nunca a la Luna, que Dios es de otros tiempos [los de Franco], que la liga de fútbol la amañan cada viernes en alguna oficina de Madrid, que los banqueros andan necesitando hoguera y palos, que no hay que discutir si no tienes razones para hacerlo y que el Papa es de trapo y lo mueven con palos de marfil... no leas a Shakespeare, padre, ni a Cervantes, ni a Borges... que aún te queda mucho por hacer y todo está manga por hombro.
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Monday, April 27, 2009
Thursday, January 29, 2009
Previo Obibasé.

Anduve anoche de migueleta alquitareña, con un previo Obibasé que me dejó boquiabierto y patidifuso... Wendell Brunious con su trompeta de sordina mágica y una voz años veinte, mientras Gerard Nieto molaba en los contrapicados pianeros... una pasada que logró ponerme otra vez en el mundo, en el antes de antes, y, a mayores, junto a mi You y mi Juanito, junto a Juanma y los tipos coritos postizos que tan bien me caen. Fue magnífico sentir cómo me elevaba en el jazz mientras olvidaba estos malos rollos de deudas y ceños arrugados, de cosas falsas por hacer, de antones piruleros [cada cual que atienda a su juego]. Sí, sé que hoy estoy críptico para quienes no conocen mis referentes cercanos, pero para ellos resumo con un ‘fue una noche gloriosa’. Y, encima, había recibido por la mañana una hermosa carta del amigo Miguel Aguilar Carrillo desde Querétaro, un tesoro que contenía una antigua colección de postales galantes que perteneció a su padre y que el colega me ha regalado por el afecto que ha crecido entre nosotros desde que nos conocimos. No niego que me emocioné, como tampoco niego que dejé caer un par de lagrimillas por lo grande que a veces resulta ser el hombre [gracias, amigo Miguel. Conservaré esas postales como se merecen y las miraré a diario para buscar inspiración].
Magnífico.
Acabé derrotado cayendo en mi camita como un fardo [algo influyeron los dos copazos de Havana 7 con zumito de limón y Coke que me metí pal cuerpo, yo, que no estoy acostumbrado a beber].
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Y hoy eché de menos esas parrafadas lúbricas de hace unos meses... el olor a vainilla de una piel, la leche chorreando por la comisura de unos labios, lo incandescente incauto, el acto de tragar, el ‘clin’ en un colmillo, la usura de unas manos calientes, las falanges crujiendo sobre la hoguera, lo sublime chocando sin encontrar obstáculos, el yacaré temblando trabado por la trampa, los adóndes jugando a ser crepúsculo, la pereza fecunda de un sabor en la boca, la digestión de un cuello, los poros, la mazmorra, la borda jadeante de la bañista sin boca ni ojos, el altar de huesos, la justa quemadura que pernocta en las vísceras, el buzón, el olor a pescado recién hecho, la lanza interrumpida... y ese sabor a vientre extendido, laxo, blando, almohada... y esta constante certidumbre de muerte.
Sunday, October 19, 2008
Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura.

Hoy salí un ratito al otoño bejarano para oxigenarme y quitarme los malos rollos con tres o cuatro respirares hondos. Ya están los castaños alfombrando el suelo de erizos amarillos y la fronda toma los colores de esa magia xantófila que tanto me gusta y tanto me eleva. Esto durará cuatro o cinco días y debo aprovecharlo hasta que se me ahoguen los ojos… es purita lujuria.
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Y en la alfombra del campo hacer el engrudo y buscar el contrapeso, descalzarme y tomar mis pies entre las manos para sentirlos inembargables, y lanzar el boomerang del grito para que el eco administre y yo especule.
Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura, una mujer dejada de sí sobre el manto de hojas siendo la verdad y el pleonasmo, indiferente a los ojos, alzada como un panal sobre el mullido, muro de incontinencia y suelo mismo.
Una mujer sin techo sobre sus senos, pura y blanda, ofreciéndose con mechones y muslos a las tres abubillas de los plátanos con su cuello de oca, una mujer como sin huesos, pero con hijos escondidos hechos de balbuceos en sus entrañas rojas.
Serena mirará cómo se gesta el cambio más cromático de este otoño de lenguas, verá que se refugian las hormigas bajo su sombra explícita, buscando en el calor el almanaque de primaveras próximas.
Trillar a esa mujer es rol de dioses, porque acabará en humus y habrá de ser subsuelo bajo el suelo…
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No hables más de la muerte, viejo.

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Leyendo hoy el blog de José Ángel Cilleruelo [El Visir de Abisinia], me llega hasta el punto del recuerdo que tengo en el cerebro la imagen siempre dulce de Rafael Pérez Estrada [mi Rafaelito querido y siempre admirado]. Recuerdo sus palabras últimas por una línea telefónica sucia y sus risas tan serias: “Los ángeles, Luis Felipe, ven siempre en el azul como tú ves… nunca desistas del azul, amigo. Yo ahora orino estrellas como una vía láctea y dependo de una línea de astros con olor a tabaco –sólo olor–. Si no te veo más, sigue siendo azul, hermoso caballero salmantino…”. Yo intenté animarle, sabiendo que su estado era muy crítico, pero resultó que él me animaba a mí a seguir viviendo y a “subir esa escalera de peldaños tan altos que da a la boca jugosa de una mujer bella”.
Hoy mi casa está llena de aquellos dibujos suyos que me enviaba, sin falta, cada semana, junto a una carta perfectamente caligrafiada en su letra redonda y rotunda. Yo me he acostumbrado a ellos como a mis hijos, y los miro con ansia por recordar la cara del amigo con su elegancia de blazier y corbata al tono como el dandy que fue, con sus constantes guiños y sus alucinaciones propia de su calidad excepcional entre el resto de los mortales.
Rafaelito tenía un mundo mágico y lo compartió conmigo durante varios años, y hoy me acuerdo de él porque sigue vivo en mis paredes, entre los legajos de las cartas viejas, en los ojos más limpios de las mañanas claras y en las noches azules de musas desnudándome.
Aprendí de Rafael que hay que mirar con hambre y hay que escribir con ganas de amar al papel sobre el que la tinta mancha, que hay una forma lírica que está por encima del mundo de los hombres y más por encima del tirado mundo de la literatura, que el universo propio es la magia que quieras poner en él… y que vivir es más que la vida propia.
Creo que pronto habrá alguien que decida exponer con verdad lo que Rafael fue y lo que Rafael hizo, y entonces se abrirá un paraíso a los ojos de los que quieran verlo, un paraíso distinto a todos los conocidos e imaginados, el paraíso de un genio renacentista y de un hombre bueno sobre todas las cosas.



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Con Juan Cameron en CandelarioY que me fui con mi Guille al cine para ver la última de la saga “La Guerra de las galaxias”, y me metí entre pecho y espalda una ensalada de tiros de no te menees, además de un mediano de palomitas y una Pepsi gigante… y que llegué aturdido a mi estudio para encontrarme con un hermoso correo de Miguel Aguilar, de vuelta a ese México al que yo no podré ir este noviembre [me cisco en todo lo que se mueve], que dice:
“Querido Luis Felipe, muchas gracias por todo. Mi estancia en tu compañía resultó muy grata y tus atenciones, lo mismo que tus comentarios sobre mi obra (estos últimos resultan excesivos). He regresado a mi patria y he sentido la nostalgia por Salamanca y sus alrededores, y el deseo de volver algún día. Durante el vuelo de regreso leí partes de tu antología ‘Vuelta a la nada’ y lo primero que me sorprendió fue el tono tan diferente de lo que conocía de la poesía española, una veta que conecta (creo yo) a los clásicos latinos con la poesía norteamericana, sin olvidar a Quevedo y su ironía. Por estos días volveré a tu poesía y a tus aforismos; en verdad los gocé mucho. También déjame decirte que el libro de Diego Fernández Magdaleno lo disfruté mucho. Es raro –por lo menos por acá– encontrar un músico inteligente, culto y sensible. Te mando algunas fotos, donde incluyo una en la que estás descabezado. Salúdame mucho a Pedro, así como a las autoridades que nos acompañaron. Un abrazo muy caluroso. Miguel Aguilar Carrillo. ‘...Y solamente / lo fugitivo permanece y dura.’ Quevedo.”
Apunto que no exageré ni me excedí en la percepción de la magnífica poesía de Miguel, que me fue muy grato conocerle, al igual que a los demás colegas, que comparto sus palabras sobre el amigo Diego Fernández Magdaleno y que le agradezco su lectura generosa de mis cosillas. Un abrazo, hermano.
Con Juan Cameron en La Fuente del Lobo.
Con Miguel y Sonia Luz Carrillo [foto de Juan Camero, el cortador de cabezas].
Con Juan Cameron y Miguel Aguilar en Candelario.
Con Miguel y Sonia Luz.
Con Nancy Morejón en Salamanca.
Friday, October 10, 2008
Fragmento escrito en la cafetería.

La ofrenda de las tienditas chicas a la gente era mostrarse en los días claros bajo los toldos sucios. Todo buscaba adorno para los ojos náufragos de los que paseábamos la turbiedad sonora de los años ochenta: el bacalao colgado sobre la guillotina como un despojo incierto de aquello ultramarino, los sacos de lentejas para escoger en casa en el plato Duralex y en la mesa camilla con manteos, el almíbar de lata de los melocotones con su óxido ancestral, los rulos apilados de los ‘chiclet Bazooka’ con sus tres rayas transversales, los tebeos en Márquez colgados con las pinzas de madera pulida soportando los cambios caprichosos del tiempo meteorológico, la trenzas de las muchachas compitiendo con las ristras de ajos aluminando el sol, los paraguas de botón [“la técnica americana al servicio del consumidor más exigente”], los “Piuma d’oro” con boineta plexiglass en cuadritos vichy [“justo complemento para tus Katiuskas”], las manzanas reinetas trampeadas en su burda caja de madera [mi padre, que fue pastelero, siempre decía que un buen comerciante debe florear sus mercancías], las fajas Triumph sobre el maniquí mutilado de Menci [siempre en color carne y con sus ballenas como arneses], el Cristo de Dalí hecho colgante para comprarlo a plazos en Joyería Peral, los botones de nácar en El Abulense, las corbatas de paramecios en La Gorrera, los tornillos y el pasapuré en Apolinar Fraile, el queso donde Anselmo, los bolis cariocas en Policarpo y los calzoncillos slip [mi suegra bonita los llamaba “braguitas de caballero”] en el patinado “Palacio de la Moda”…
Aquella Béjar sí que era estrecha en sus días de cisco y mojicones de Castaño, y en ella viví para hacerme, y en ella encontré y aprendí a olvidar.
Recuerdo ahora las partidas de póker de The Boris o los tutes Brasilia, las largas tardes Marvel y las horas de Lib devorando mis primeros desnudos femeninos, la baraja Play Boy y el cine de Don Carlos, las noches de discoteca tomando sanfranciscos con la chica más mona esperando a lo lento, los pantalones mil rayas que eran un auténtico escándalo cuando venías de los urinarios y se te escapaba la gotinina, el SEAT de Gerardo [le llamábamos ‘el canario’], que fue testigo mudo de las mil correrías de un tiempo adolescente; las horas de billar y futbolín en La Bola Roja, las primeras gafas Ray-Ban de pera que me trajo un colega de New York, aquel abrigo loden que me compré en Vertex y con el que hurté latitas de sardinas en Simago durante nueve meses [las metía en el forro por un bolsillo roto], los libros de RIAL [“los ponga usté a la cuenta de mi madre”], el sucio cucurucho de altramuces donde La Dominica, el tocadiscos Kolster, el rito inmaculado de lavarme los pies en el bidet, las excursiones brujas a ver preservativos en Santa Ana, mi primer baño a pelo en las lagunas, mi cámara Werlisa, mi ejemplar del Bonnier, mi lupa para sellos, mi fiebre entomológica, mi póster Buscató firmado y dedicado, la magra colección de “Hermano Lobo”, las cintas de cassette, el Hit-Bit y el Spectrum, el meccano, los palotes de fresa, las camisas de Fórmula, los Yanko, la hucha comeduros, aquel sillón de skay, Terlenka, la Citrania, Sofico…
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Ayer te falté, diario, porque llegaron a mi casa tres amigos poetas [Juan Cameron desde Valparaíso, Miguel Aguilar desde Querétaro y Sonia Luz Carrillo desde Lima]. Se vinieron desde Helmántica, donde habíamos asistido juntos al XI Encuentro de Poetas Hispanoamericanos, para leer sus versos a los bejaranos que quisieran escucharlos, que fueron poquitillos [no es dada esta villa a enfrentarse a las artes o a las letras ni aunque lleguen de regalo, como era el caso]. Mis amigos llegaron en taxi [los varones roncando en la parte trasera –jurado por Sonia Luz y verificado por el joven taxista] y, como tenían poco tiempo antes de su actuación en el Teatro Cervantes, decidí hacer una ruta volada por Béjar y alrededores para mostrarles un poco el sitio y que se enamoraran de lo que yo estoy perdidamente enamorado desde que tengo el uso de mi razón [paseo rapidísimo por el casco antiguo, parada en la Fuente del Lobo con fotos –Juan Cameron es un esperto en descabezar al personal con cámaras propias y ajenas– y prueba de agua fresca y deliciosa, paso rapidito por el monte de El Castañar, paseo asombrado por las calles de Candelario y visita a mi estudio para entregarles algunas de mis ediciones].

Durante el par de horas en las que paseamos juntos, descubrí la hilarante jocosidad del tipo Cameron [vivísimo en el uso de la palabra y veloz en sus movimientos, un puro rabo de lagartija con dedicación constante a torcer el idioma buscándole las vueltas más graciosas], la humilde tranquilidad de Miguel Aguilar, siempre captando el instante con sus ojos pensativos… un hombre tranquilo que me recordó mientras paseábamos a ese otro poeta amigo al que tanto quiero y que se llama Fernando Beltrán, y Sonia Luz asombrándose de ese ‘estar como en casa’ mientras repetía: ‘me parece estar caminando por Cuzco… Béjar se parece tanto…’.
Me sentí muy bien junto a ellos, percibí cierta garantía de humanidad en su compañía y disfruté como un niño de esa forma de hablar cantando que comparten los tres; y noté que algo nuevo llegaba a mi casa, una sensación de viaje que quiero completar un día con mis pies y con todo mi cuerpo… México, Chile, Perú… tres países a los que iré algún día, tres países en los que quiero ser más poeta que aquí, que no soy nada poeta.

Y llegamos al teatro sin que los jodidos voceros se presentaran a una rueda de prensa que la concejalía de cultura había convocado antes de la lectura [¿a cuántos individuos entrevistarán en su vida con la calidad humana y literaria de mis amigos?… ya perdieron en la misma plaza y en parecido lugar la oportunidad de entrevistar a Ángel González, a Pepe Hierro, a Jesús Hilario Tundidor, a Ángel García López, a Luis Alberto de Cuenca, a José Luis Morante, a Jorge Riechmman… y a tantos otros buenos poetas], y se presetaron una escasa treintena de personas para escucharlos [entre ellos, mis padres, Antonio Gutiérrez Turrión, Ana, Pedro Cubino o Belén Cela] mientras yo me preguntaba dónde coños andarían los profes de Lengua y Literatura de la zona y cómo habrían animado a sus alumnos para asistir a ese acto poético de calidad… y gratis.
El caso es que me deleité escuchando a mis amigos, que hasta tuvieron el detalle de dedicarme sus lecturas, y me emocioné un poquito.
Terminado el trasunto declamativo, busqué a Antonio para presentarle a mis colegas, pero ya se había marchado a la dura y hermosa tarea de atender a Ramona… y nos fuimos a cenar juntos a PdT, donde Pedrito se portó como sabe portarse siempre con la gente especial. Comimos, bebimos, fumamos y nos reímos un montón compartiendo anécdotas y chistes, curiosidades del lenguaje y costumbres, mesa y amistad.
Y se volvieron a Salamanca para regresar al día siguiente a sus países de origen, donde algún día nos encontraremos… lo juro por Mafalda.
Sunday, October 5, 2008
Desde el huerto magnífico de todos.
4 de octubre de 2008
[ayer, el malestar que traía no me permitió colgar esta entrada]
Llegué del XI Encuentro de Poetas Iberoamericanos [‘huerto magnífico de todos’] con una importante infección urinaria [no en vano me tiré al barro de la fría noche salmantina junto al inefable Juan Antonio Bernier –total pa nada– con una camisina blanca y una chaquetilla de mentira, entrando a montones de garitos donde el calor era sofocante y saliendo de ellos regazado para aterirme al instante].
*Con Curro Bernier durante la cena del día 3El encuentro fue estupendo, entre otras cosas, porque me trajo al Bernier más piporrillo con su cosa de búlgaro en ciernes [lleva el hombrito poco menos de un mes en Bulgaria como profe de español y anda como pirulín bandera], por recuperar y volver a abrazar con ganitas a Isla Correyero y quitarme de una vez esa distancia que tanto me molestaba y con la que tantos cabreos me he pillado… no hay como verse, ¿verdad, Isla? [a la que no reconocí al primer golpe de vista], por guiñarle el ojo a la fragante y listísima Isabel Bernardo, por conocer en persona a Nancy Morejón [cubanona hermosísima y poeta homenajeada en el encuentro por el Ayuntamiento de Salamanca… qué buen rollito tiene esta mujer], por quedarme boquiabierto con la poesía del mexicano Miguel Aguilar Carrillo [al que no conocía y con el que he flipado en colores al oírle leer su poema ‘Muchacha en la playa’], por saber también de la obra excelente del ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso [hace un ratito leí delante de un café solo ‘La conquista del agua’… ‘… Haremos un hijo de varias mujeres / que estrenen placentas en cumbres rosadas…’], por ver con mis ojos la bondad hecha gestos de Ángel Luis Luzán y su chica divina, por la lúbrica lectura de María Antonia Ricas [la vi de perfil mientras recitaba y fue precioso], por asistir absorto al derroche de seguridad –envidiable– de Paca Noguerol [lo que sabe la moza… y lo que controla…]... y por el buen trato recibido de Alfredo Pérez y de su Jacqueline.
Mil gracias a todos por el afecto y las ganitas.
*Alfredo Pérez Alencart y Jacqueline•••
Y nada, que salí de Béjar cargado con un espejo y unas cajas de zapatos para mi hija, con una maletita para mi ropa y bastante cansancio acumulado del curro semanal. Tardé lo indecible en llegar a Helmántica [la carretera está en obras y había multitud de camiones en el trayecto], pero lo hice con suerte y volví a encontrar aparcamiento cerca de la casa de mi hija. Llamada de aviso, descarga del material bélico y caminito a la casa para entregar. Mi reina estaba en el portal esperando junto a Adrián. Subimos los aperos a la casa y vi con alegría que mi chiquitilla ha cambiado de habitación [no ha ganado metros, pero tiene un ventanal con vistas al Campo San Francisco y a la catedral, circunstancia que le da un cambio cualitativo a su supervivencia]. Acabada la entrega, nos fuimos a tomar un café dando un paseo hasta la Plaza Mayor y charlamos los tres durante una hora larga. Luego, me acompañaron hasta el hotel donde me he alojado [Puerta de la Catedral NH] y subieron a ver la habitación, un lujo nubio para los días que corren [Mariángeles pilló la crema de manos que había en el baño y se la llevó en el bolsillo].
Nos despedimos con abracito.
*Material del congreso en mi habitación del Hotel Puerta de la Catedral NHCuando quedé solo en la estancia hotelera, me acomodé [me quité los zapatos y los pantalones, y me tumbé en la cama] y me dispuse a hacer la selección definitiva de los poemas que habría de leer en mi intervención en el encuentro [se me había encomendado la labor de cerrar la jornada inaugural con mi declamación y de hacer un breve discurso de bienvenida a los poetas de las ciudades Patrimonio de la Humanidad]. Cerré el asunto en media horita y salí a pasear Salamanca a solas hasta las siete de la tarde, hora en la que había previsto un encuentro informal de los poetas en el hotel para hacer las presentaciones [mis primeros abrazos fueron para Bernier e Isla, a los que hacía un montón de años que no veía]. Saludos, charla distendida y caminito del salón de recepciones del ayuntamiento salmantino. Cuando llegamos, estaba lleno hasta la bandera, y entre el personal asistente –para mi alegría– estaban mis amigos Gerardo y Elenita.
* Con Nancy Morejón en el Ayuntamiento de SalamancaArrancó el acto Isabel Bernardo con un discurso muy bien preparado que me gustó [esta chica es racial y muy inteligente… y encima me cae de puta madre]. Dio entrada a Nancy Morejón, entregándole el título de ‘Visitante de Honor de la Ciudad de Salamanca’ e invitándola a realizar su lectura, que inauguraría el encuentro. Nancy estuvo muy poeta en su lectura [es cubana y solo con su acento y la forma de vocalizar y casi susurrar sus poemas ya tiene medio ganado el cielo]. Estuvo bien. Luego fue el turno de Xavier Oquendo Troncoso, que me sorprendió gratamente con su poesía, y el del portugués Vasco Graça Moura [bastante más alejado de mis gustos poéticos… y demasiado político]. Ambos fueron presentados por Alfredo.
*Foto política en la cena oficial del primer día de encuentroY llegó mi turno. Me presentó Isabel Bernardo y lo hizo desde el cariño, con lo que puede imaginarse que se pasó tres pueblos en elogios hacia mi persona y hacia mi poesía, pero uno ya agradece estas cosas, aunque no se acerquen a la verdad del todo, por eso de que son demasiados años de palos y silencios. Y leí con ganas y con fuerza, levantando la voz cuando era preciso y susurrando cuando los versos me lo pedían. Rematé dedicándole a Nancy un poema de alto contenido erótico y creo que me la gané desde ese instante [hasta que volví a casa todo han sido sonrisas y frases cariñosas, hasta el punto de que me indicó a la hora de la comida que me sentara a su lado para charlar, y lo pasamos estupendo con una conversación entre seria y distendida… me llamaba ‘cabrón’ cuando le decía alguna maldad... y reía a carcajadas].
* Emilio y Los Derrumbados cantando en la noche de El SavorY cenamos de lujo en una cena oficial… y a eso de las doce me escapé con Bernier a la noche salmantina [demasiada bebida, frío/calor como para pillarse una erisipela y una curiosa audición en ‘El Savor’ del grupo Los Derrumbados, que dirige mi amigo Emilio… divertidísimos]. Nos acostamos tarde y maltrechos.
Dormí poquito.
*otra foto con NancyY a eso de las nueve me levanté, desayuné rapidito en el hotel y me tiré a la calle para pasear Salamanca a solas. Di varias vueltas largas y en una de ellas me encontré con Willy y su señora, el radiólogo que trato a Geles en su última operación, un tipo entrañable y cultísimo que me sigue desde hace años y me muestra su afecto con alegría cada vez que me ve. Charlamos de largo y me enseñó algunos secretos salmantinos, como ése por el que un arquitecto se burla del que realizó el edificio de enfrente con un medallón esculpido en piedra de Villamayor [lo fotografié]… varios acertijos, definiciones y juegos de palabras y, pásmense, me regaló un par de cositas que llevaba en la cartera y que yo vuelco a estas páginas.
*el entrañable Willy y su esposa (dos cielos agarraditos del brazo)1. Papelito fotocopiado y cortado de forma irregular que reza:
“EL LIBRO: abierto, es el cerebro que habla; / cerrado, un amigo que espera; / olvidado, un alma que perdona; y destruido, un corazón que llora. (Proverbio hindú).
2. Papelito del mismo tipo que el anterior en el que está escrito:
“Dices que para vivir, / debo dejar de beber, y tengo que prescindir / de fumar y de joder. / Tu consejo es a mi ver / sabio, atinado y prudente. / Mas si tanto inconveniente / suelen tener las pasiones, / dime para qué cojones / quiere la salud la gente. José Antonio Gabriel y Galán a su médico.”

Y reímos juntos mientras su esposa repetía como un eco cada dicho que Willy me relataba. Les hice una foto porque me pareció tiernísima su imagen.
*el excelente poeta mexicano Miguel Aguilar Carrillo con Isabel BernardoLuego asistí a la segunda jornada del encuentro [ya mellado por mi infección urinaria] y escuché a Mª Antonia Ricas y me gustó, y escuché a Miguel Aguilar Carrillo y me fascinó, y escuché a Juan Antonio Bernier [que me dedicó su primer poema] y me afirmé en mi idea de que es un poeta de una vez; y escuché a Ángel Luis Luján y sentí enseguida que es una bellísima persona, y escuché a Mario Pérez y no encajé en su tono poético.
*Curro Bernier ante una sopa de melón con jamónComimos y me sentí muy molesto con mi infección, por lo que decidí volver rapidito a mi casa para ponerme la manta eléctrica encima y tumbarme a reposar para encontrar algo de sosiego en mi malestar.
Sentí un montón perderme la última sesión [pido disculpas por ello a María do Cebreiro Rábade, a Juan Cameron, a la buena de Isla, a Vicente Valero [que me dio la sensación de ser un tipo excelente] y a la peruana Sonia Luz Carrillo.
Podré desquitarme de esta falta el día 9 en Béjar, pues vendrán a leer sus poemas Sonia Luz, Juan Cameron y Miguel Aguilar.
Lo he pasado estupendo, de verdad, y creo que he hecho nuevos amigos.
*Isla Correyero cenando enfrente de mi punto de vista• Libros recibidos durante el encuentro:
- “La conquista del agua” de Xavier Oquendo Troncoso
- “Así procede el pájaro” de Juan Antonio Bernier
- “Laberinto del cuerpo” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Historias” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Muchacha en la playa” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Libro cero” de Fernando Díaz San Miguel
- “Habitación de olvidos” (antología)
- “Epitafio del fuego” (antología)
- “Poesía en Salamanca” (antología)
- “El huerto magnífico de todos” (antología)
- “Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España” (edición infantil)
- Un catálogo de literatura infantil del peruano Jesús Cabel
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5 de octubre de 2008
Va remitiendo la infección [ayer me metía a las nueve y media en la cama con una manta rodeando la cintura y me quedé dormidito viendo la goleada que el Barça le clavó al At. De Madrid], aunque arrastro un incómodo dolor de riñones que me molesta cuando permanezco un ratito de pie. Y hoy me levanté tarde y lo primero que hice fue correr a leer con hambre ‘Muchacha en la playa’, de Miguel Aguilar. Encendidos poemas y jocosos de lumbre para un tipo mayor como yo, exactamente iguales a mi percepción penúltima y antepenúltima de la mirada lúbrica, casi hermanos en expresión y auténticos gemelos univitelinos en sensaciones. Me encanta la poesía de Miguel, me arma y me desarma, me vuelve loco.

Copio aquí dos de esos poemas magníficos en su chorro sensible:
¿Por qué la carne, Señor, la turgencia, las células
ahítas a lo largo del camino, los secretos
lugares, la oscuridad latente
en ese centro, las pequeñas espinas
que alimentan la sangre? ¿Por qué los huesos, la albura
siempre oculta de los huesos?
¿Los órganos contrechos; esa arritmia, ese dolor
en el insomnio, ese perfume
lento, caminando hacia el espíritu
indeciso, el malestar de la lejanía? ¿Por qué si rubio, trigueño
o pelirrojo
el centro? ¿Por qué los muslos fiables, Señor, los muslos,
como agua, leche y mirra? ¿Las rodillas,
Señor, las comisuras entre muslo y pantorrilla?
Esa rayita, Señor, no tan rayita,
justo en el blanco, Señor, ¿por qué?
¿Por qué la oscuridad de los pezones y la línea
convexa de la espalda? Los ojos,
Señor, y las mejillas, las clavículas y el centro,
oscuridad cegada, tan hondo,
tan centro, tan profundo. ¿Por qué la noche inmensa,
el infinito, en ese centro?
•••
El Señor es misericordioso y atento con mis huesos.
Él los lleva a poblar las anchas avenidas
que van a dar al mar / que es el morir
donde crece la mirada.
El Señor es cariñoso con el cuerpo mío, con los ojos
y las manos y las piernas dirigidas a entablar
una conversación con la arena, con la brisa y con el sol
que solo pertenecen a la calma y el sosiego.
El Señor conduce las miradas donde esa frágil
muchacha asciende de las aguas vestida con Su sol
solamente con Su sol, vistiendo el aire con el cuerpo solo.
El Señor es atento con mis huesos. Él los lleva a adorar
no al becerro de oro de piedras recamado sino a esa niña
de cabellos mojados lejos de los mercaderes
paupérrimos que buscan el sustento diario.
¿Quién no confía en el Señor? Pues el Señor trajo hasta aquí
las arrugas, las canas, el exceso de grasa
para mirar a esa muchacha.
El Señor es pescador de hombres ateridos,
de cómplices de la rutina
y me conduce lejos de las inclinaciones de la sobrevivencia,
de los lujos y manjares que solo caben en la imaginación.
Loado sea el Señor que me conduce a contemplar
los redondos pechos y la negrura de ese centro
de la muchacha aquí, acomodando una toalla
sobre la arena como un altar y tomando el licor refrescante
de una piña y aguardiente.
Loado sea el Señor por tantas maravillas.
* © Miguel Aguilar Carrillo ['Muchacha en la playa']
•••

¿Por qué la palabra quiere tanto a Miguel Aguilar [“Con dulce oscuridad trota la muerte, / con esa simpatía, /… / viene jadeando la dulce muerte.”] y a mí me quiere tan poco?
Leí esta tarde ‘Historias’ y ‘Laberinto del cuerpo’ [“… La carne es un invento prodigioso.”], y me quedé hecho un guiñapo, me sentí chiquitito ante tal chaparrón de versos hermosísimos.
Tengo que dejar de leer también poesía, me dije, por lo menos poesía buena, que no me viene bien a la tensión de todo lo que en mí es tensión.
Pensé con uno de esos libros en la mano [libros de editoriales pequeñas o hasta quizás autoeditados, con maquetación mala y poca planta para poner en los anaqueles o mostrar en los escaparates de las librerías] que tenía un tesoro que pocos pueden disfrutar, y me calmé un poquito. Luego leí ‘Así procede el pájaro’, deal amigo Bernier, y recibí la puntilla exacta con ese “Luz de dentro, / mis ojos”.
Que no vuelvo a leer, he dicho.
…

Y recorrí mis cortinas, las que me pongo en los ojos por las noches, y decidí cerrarlas para sentirme sepultado como se sepultan los hombres en la carne precisa de las hembras. Penetré en mi prehistoria sentado en el borde de la silla [que juega a ser el túmulo mejor para mis huesos] y estiré mis tendones buscando el calor húmedo del soportal sin límites. Mi reino es de otro mundo.
Pasó entonces por mi muerte pequeña la preñada mujer que lleva pantalones ajustados de color crema, y la hice ruborizarse con mis ojos mientras pensaba en sus desmayos, e imaginé sus brazos desnudos mientras el pedicuro le limaba las uñas de sus pies de almohada.
Un instante me basta para hacer el amor en la cabeza, un instante magnífico en el que todo es místico y bermejo, en el que hay obsesión inabarcable y un tic-tac en el pulso acelerado.
Pasó luego la mujer de la camisa negra mostrando bajo su botonadura el blanco de nácar de su piel y un sostén deshilachado… ¿qué contendría ese cáliz blondado, qué raíces, qué género de piel, qué blando tacto…? La dejé transmutarse porque advirtió mis ojos y me gusta el asalto sin defensas.
Y de pronto vi al ángel con su pozo de líquenes, con sus dulces medusas ofreciéndose a mí, inmóvil, hincado en el aire de enfrente con sus rodillas pudorosas buscando mi rara trashumancia, mi ser junco y sal, mi sangre haciendo el grumo, mi lengua sin remedio. Su boca transportaba todo el hambre y quería cambiármelo por mi sed.
No accedí sino a ser su pantano o a sudarle su fiebre… y me olvidó.
Ahora soy el alfiler que prende al insecto entre las alas, el idiota tendido que mira sus dominios pensando con desastre que va a perderlos pronto.
Mi cuerpo son las sábanas que me acogen… y mi alivio es el yeso del techo que me cubre.

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