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Thursday, December 30, 2010

Eila y los Magdaleno...

Eila y Sonia en la imprenta.


A media mañana llegó Sonia a visitarme con su linda Eila, a la que todavía no conocía más que por las imágenes que ella y Pepe me habían enviado por correo electrónico... un verdadero placer ver cómo crecen los proyectos vivos de la gente que quieres. Eila es un mar de tranquilidad que resume perfectamente la genética deliciosa de sus padres, dos seres llenos de bondad y fuerza que siempre lo han dado todo por los demás... y creo que fue la primera pareja que nació de aquel MPDL lleno de ganas y situaciones, el que se fajó con mucha ilusión y muchas empeño en múltiples proyectos solidarios dirigidos por el gran Juanito Hernández Heras, mi hermano del alma. De aquellos días quedaron dos escuelitas en el valle de Mangola Chini [Tanzania], un puente en Camerún, montones de jornadas con niños a los que se les intentaba dejar la impronta de la solidaridad, días largos con muchachos difíciles con penas de trabajo para la comunidad, semanas enteras de redacción de proyectos y mucho tiempo compartido entre risas y cabreos enormes por los fallos estructurales y de gestión que siempre acompañan a una gran ONG y que a nosotros se nos escapaban de las manos y nos dejaban al pairo de cualquier viento.
De aquellos días antes de Eila quedan los mejores recuerdos y algunos lazos maravillosos que han permanecido en el tiempo y seguirán ahí para recordarnos quiénes fuimos y lo que hicimos juntos, como quedan las imágenes vivas de Malick y Youssouph, del cubano Reynaldo Lugo o de las familias argentinas a las que ayudamos a establecerse en España [de las que hace mucho tiempo que no tengo noticias, porque el mundo es difícil y las personas lo hacemos aún más difícil].
Eila me hizo recordarlo todo de golpe, me mostró en su carita llena de paz que era fruto de muchas horas de amistad y de un alto afán de trabajo sin esperar más que sonrisas, me trajo los días de números en papeles inacabables, pero también los días en los que festejábamos nuestra amistad y reíamos con ganas.
Mi deseo para esta chiquitilla es que herede, sin más, el trazo de sus padres, y que lo lleve en el tiempo con esa fuerza que da saber que haces lo justo.
Un abrazo fuerte para Pepe, Sonia y Eila... y mis mejores deseos para su futuro.
Por la tarde tuve que salir a un trabajo de rotulación que me dejó helado de frío y poco satisfecho a la vista del resultado, pero me estaban esperando Diego y Álvaro Fernández Magdaleno y el mal rollo desapareció en cuanto pude darles un abrazo. Habían venido desde Medina de Rioseco hasta Béjar con el solo objetivo de ver mi exposición [compraron dos cuadros, jeje] y pasar un rato juntos... la amistad tiene estas cosas.
La visita me permitió felicitar a Dieguete en persona por su reconocimiento con el Premio Nacional de Música y notar que su barba está más crecida y que en sus ojos [unos ojos paradójicamente tristes que confunden su estado de ánimo si no atinas a encontrarle la boca entre la barba, que es la que siempre da las claves de su estado como horas en punto]. Diego es un verdadero intelectual, un humanista convencido, un tipo que sabe pisar la calle y la pisa, un maestro de lo entrañable y un amigo con mayúsculas. Cuenta en su corta edad [que es corta por comparación con la mía] con una madurez crítica envidiable y con una visión de la jugada que para sí quisieran muchos de los que ‘están’ en los trámites del mundo... y su hermano Álvaro sigue en silencio cada jugada suya, cada gesto, cada movimiento... como un aprendiz vivo de todo.
Me alegró, también, regalarle mi mechero rojo usado [siempre he creído que en los objetos usados por una persona se encuentra parte de su vida y de su sensibilidad, y es por ello que siempre me han parecido los mejores regalos que se pueden hacer en símbolo de amistad].
Y nos fuimos sin pagar de PdT [que había invitado yo]... me di cuenta más tarde y volví para saldar la deuda.

Con Diego, Álvaro y mi hija Mª Ángeles.

Diego, Enma, Álvaro y Mª Ángeles.

Diego prendiendo un cigarrillo con mi/su mechero rojo.

Tuesday, December 28, 2010

El año está de sprint...

Con mi encantadora sobrinilla Estela.

El año termina acelerando con sucesos constantes que lo contrastan todo, reencuentros y despedidas, sorpresas y agriones... todo empezó el día veinticuatro con el horno jodido y la lavadora haciendo extraños ruidos en el previo al centrifugado... luego mi padre fue a arreglar un enchufe y, al martillear la pared, se le cayó encima un cuadro de Alberto Hernández [el de mayor tamaño que tengo en casa, un cuadro hermoso con armazón de hierro que posiblemente supere los setenta kilos de peso] con el resultado de un hombro dolorido y la mano magullada [no cuento que el cuadro se ha destrozado y me ha dejado como huérfano... pero no de padre, porque no atinó a darle en la cabeza a mi querido progenitor]... Reynaldo Lugo que se presentó como si nada con su segunda novela y me ha dejado boquiabierto con una historia que perfectamente podría fajarse en un premio de los gordos y ganarlo [una grata sorpresa que también me deja algo de pelusa por el buen hacer literario de este cubano amigo]... y mi sobrinilla Estela que vino de UK y solo he podido verla diez minutos para que me dejase un montón de material collagero que me ha traído de la Albión pérfida y despedirnos [por lo menos nos hicimos una foto juntos, que no teníamos]... y Diego F Magdaleno que me llamó para decirme que mañana vendrá a visitarme para ver mi expo y pillar algún cuadro... y mi Morantón, que me llamó para contarme que le gusta mucho mis “Dientes de leche”... y la inspectora de trabajo R. P., que me llamó para pasarme inspección telefónica [?] y me dio un buen repaso [que me dejó sin comer de la mala hostia que me puso el asunto]...
Lo dicho, que el año está de sprint y ya me está acojonando. Gracias a Valpurgis que voy siendo un tipo mayorzote y sé consumir con paciencia mis dosis de calma... que al final todo son cosas menores comparadas con la inexorabilidad cabrona que pende sobre nuestras cabezas.

Tuesday, November 23, 2010

Mi amigacho Diego es ya el Premio Nacional de Música 2010


Mi amigo Diego Fernández Magdaleno ha sido reconocido con el Premio Nacional de Música 2010, y yo me siento absolutamente feliz. Te lo mereces de verdad, hermanito.

Foto del pasado día 15, cuando Diego y su hermano ÁLvaro pasaron a visitarme de camino a Plasencia, donde Diego ofreció un concierto sobre Chopin y Schumann. ¡Qué guay!

Monday, November 15, 2010

Visita relámpago.



Visita relámpago de Diego y Álvaro Fernández Magdaleno, que iban de camino a Plasencia para un concierto de piano de Diego ante el público placentino. Tomamos cafetín y charlamos acelerados de nuestras cosillas... y nos reímos un rato. Antes de despedirnos nos tomamos unas fotos con el dibujillo que reza: "Cada uno termina teniendo la sonrisa de su ideología"... y quedó lo que veis.
Un placer recibir a mis amigos siempre.


Thursday, July 1, 2010

Día de músicos amigos



A veces pienso que me gustaría ser como Salinger... vivir encerrado inventándome palabras, enloquecer en defensa de mi intimidad, escribir hasta perder la noción del tiempo y el espacio, beber mi propia orina y crear un universo paralelo, privado y loco... y también hablar hacia afuera desde la boca de alguno de mis personajes [Salinger lo hacía por boca de Holden Caulfield, el protagonista de ‘El guardián entre el centeno’]. Y me gustaría ser como Salinger porque comparto algunas circunstancias vitales con su alter ego... siempre he sido un tipo que no sabe lo que quiere y que nada me llena, me he sentido incomprendido en largas etapas de mi vida, he sido un alumno mediocre, he criticado con acidez el mundo hipócrita con algo de cinismo, he sido sarcástico y rebelde, he sentido profundamente deprimente mi vida cotidiana... y tengo una hermana muy madura y un hermano muerto [el mío murió justo al nacer]... lo malo de todo esto, lo peor, y quizás también lo mejor, es que ando corrigiendo mi novela para presentarla a mi editor, Marino González [que me visitará el sábado y comeremos juntos, acompañados del inefable José Luis Morante] y me doy cuenta ahora, después de varios años de escritura, que no es ni más ni menos que un mal ‘El guardián entre el centeno’ a la española, algo así como aquel cine de Paco Martínez Soria de los años setenta. Me he dado cuenta de que en el fondo he intentado decir lo mismo que dijo Salinger, y eso me jode un punto, sobre todo si la novela se queda en su versión corta, que es la que me pide Marino.
Y que a media mañana llegaron Diego Fernández Magdaleno y su hermano Álvaro, dos tipos a los que quiero, y nos tomamos unas cañitas juntos... ellos venían a Béjar para comer con Albert Sardá y Pérez-Bufill [afamado compositor de la escuela de Josep Soler] y para encontrarse conmigo, que hacía un montón de meses que no nos veíamos. Acabamos en El Castañar, exactamente en La Venta del Bufón del colega Miguelito, charlando de todo lo divino y lo humano... Albert contó algunas anécdotas divertidas de su época Hippie y se confesó comunista libertario con una sonrisa de oreja a oreja... Albert está viajando por España en moto y esta semana le tocaba Extremadura, así que nos despedimos con un abrazote y marchó a dormir en Cáceres.
El asunto me dio vidilla, que la necesitaba.
Gracias a Diego y Álvaro y gracias también a Albert, un tipo extraordinario del Barça que compone música de la que yo no entiendo.



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A veces me quedo entre perplejo y mandarino cuando charlo con tipos del margen de edad de los cincuenta a los sesenta años, que es en el que yo estoy [por abajo, eh], y voy descubriendo que tenemos referentes más o menos iguales [es normal] y que nuestro estar no es nada serio, a pesar de que seguimos manteniendo cierta dosis de utopía en las neuronas y una pasión pasada [no revenida] por un tiempo de vino y rosas que nos llevó y nos trajo hasta esta progresía de hoy desbaratada y mentirosa... se habla de drogas, de amor libre, de socialismo verdadero, de vida en comunión con la Naturaleza... pero también de curas pederastas y de una religión capadora de mentes que persigue en vez de acompañar al hombre... de estas conversaciones siempre consigo sentirme un viejecillo destartalado que aún cree en el hombre como ser de futuro [de futuro mejor], que aún cree en la libertad como meta y camino... y salgo de ellas como vestido de una esperanza pálida que me ayuda a seguir en esta historia... y es que mi generación es tremenda... educada en contravalores de castidad y en disfunciones que producían granos en la cara... autoeducada en un salir adelante como sea para conseguirlo todo por las buenas, unidos y en la calle... y defenestrada en créditos y trabajos luengos como castigos eternos... y todo para llegar a entender que da igual el mes del calendario o no pagar el plazo del coche durante un par de meses, que da igual la ley o la trampa, pues al final todo es muerte... y somos lo que fuimos y lo que han hecho con nosotros... hambrientos de libertad encadenados al dinero y sobreviviendo en paraísos pasados [todos artificiales]... que ya es algo...
Y luego partirte el culo [o encabronarte] con los viejos hipócritas, con esos tipos ‘hechos a sí mismos’ [pero siempre al abrigo de los demás] que van de dignos ciudadanos y llenos de verdades que son exactamente su gran mentira... en fin.
Me hacía gracia Dieguito esta mañana, en PdT, soltando en alto eso de ‘¿qué coño significa el haber aprobado una oposición?’ [y me encanta porque D aprobó la suya correspondiente]... pues nada más que eso, Diego, el tener un argumento para escupir a los demás que eres mejor [que eso habría que demostrarlo cada día] y que tienes tu sueldo asegurado de por vida... pero nadie dice que quienes vivimos a salto de mata opositamos cada mañana con Hacienda, con la Seguridad Social, con el banco y con la caja de ahorros, con los clientes y con los proveedores... opositamos con el espejo y con la ducha... y hasta opositamos con la puta almohada que nos sostiene cada mal sueño.

Thursday, November 27, 2008

La mirada adelgazada.


Abrígame, porque el fulgor aniquila y mis ojos apenas y resisten mirar los faros encendidos de los coches, porque crujen los huesos y hay una vendedora de castañas asadas en la acera aseando del frío los carámbanos, porque el mundo existía hasta ayer y hoy solo veo sendas cerradas de espinos y afiladas zarzamoras, porque el atlas acumula fronteras y el cuerpo grillos y la muerte una alfombra de musgo espesa y húmeda.

Salí con la mirada adelgazada por los cuatro grados bajo cero que enmascaraban el día con su tacto de lija. La calle estaba quieta, como en un contraluz, mientras el difumino del aliento ponía un flou delante de mis ojos.
En estos días hay que ser astuto para engañar al frío.
Los héroes contados andaban a sus cosas [unos barrían con prisa las aceras, otros rastrillaban las hojas caídas de los plátanos y las amontonaban en pequeñas torres de babel sin idioma posible, otros corrían a mirar sus cartillas en los bancos]. Yo me concentré en el escozor constante de mi tallo [frío, igual a cistitis] y corrí hasta la imprenta como un ciclán buscando el río de alcohol para olvidarse. Allí estaba la crisis hecha carne, con su mono azulón y una maleta grandona de herramientas. Le saludé. “Hay que cambiar los rodillos… y estas piezas de aquí… y esos engranajes… y luego…”. Me lo dijo como sin darle importancia a que la avería nos va a joder el mes entero. Y yo a mi nada, al escozor mantenido del tallo y al aguantarme mientras el desastre se hacía museo en mis paredes.
Me calmé un poquito con la subida de grados y con ese acostumbrarse que tenemos los humanos a los días torcidos. Pero había más, que los días cuadrados lo tienen todo escondido en sus esquinas, y me saltó el personal con esa gilipollez de que más que un empresario parezco una ONG, porque suponen que mis amigos no pagan los libros que me encargan [no pensaban que quizás tengan razón, pero por otras causas, tales como las que ellos crean y propician, y a las que suelo contestar siempre con sonrisas y con ese ‘no pasa nada, colega, que somos humanos’]. Y me cisqué en todo lo que se mueve por ser un empresario de mierda que arriesga y no ve un duro, que mantengo unos puestos de trabajo aunque me cueste no dormir algunos días, que procuro mediar para que haya constantemente un ambiente de puta madre [asunto harto difícil siempre y siempre]. Así que la cistitis me volvió a joder fuerte y me dobló, que esa mamona tiene un duro componente psicológico y abrasa.
Así que decidí descargarme con cinco minutos de voces e improperios para quitarme la tensión y los picores, y lo hice, y ahora me arrepiento de haber dicho bien alto todo lo que pensaba –lo que aún pienso–, porque no quiero esto en este justo instante de mi vida, solo quiero armonía, soledad y palabras suaves como plumas, sonrisas y destellos, una sillita para sentarme a pensar y algo con lo que poder escribir las palabras que me resten.
Y así me hice silencio y no volví en la tarde a pronunciar palabra. Me quedé oscuro, estrecho, apagado, sin aire.
Mañana será otro día… ya veremos.
Lo siento por Dieguete, que pagó mi cabreo por teléfono sin saber qué pasaba. Un abrazote, hermano, y perdona mi estúpida llamada [sabre recompensarte como tú te mereces].
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No todo iba a ser hoy una puta mierda, pues llegó mi amiga Mamen Blanco [White] vía mail con una foto que tenía perdida en la memoria de mi antiguo equipo de baloncesto. Una delicia.

Sunday, October 19, 2008

Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura.


Hoy salí un ratito al otoño bejarano para oxigenarme y quitarme los malos rollos con tres o cuatro respirares hondos. Ya están los castaños alfombrando el suelo de erizos amarillos y la fronda toma los colores de esa magia xantófila que tanto me gusta y tanto me eleva. Esto durará cuatro o cinco días y debo aprovecharlo hasta que se me ahoguen los ojos… es purita lujuria.
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Y en la alfombra del campo hacer el engrudo y buscar el contrapeso, descalzarme y tomar mis pies entre las manos para sentirlos inembargables, y lanzar el boomerang del grito para que el eco administre y yo especule.
Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura, una mujer dejada de sí sobre el manto de hojas siendo la verdad y el pleonasmo, indiferente a los ojos, alzada como un panal sobre el mullido, muro de incontinencia y suelo mismo.
Una mujer sin techo sobre sus senos, pura y blanda, ofreciéndose con mechones y muslos a las tres abubillas de los plátanos con su cuello de oca, una mujer como sin huesos, pero con hijos escondidos hechos de balbuceos en sus entrañas rojas.
Serena mirará cómo se gesta el cambio más cromático de este otoño de lenguas, verá que se refugian las hormigas bajo su sombra explícita, buscando en el calor el almanaque de primaveras próximas.
Trillar a esa mujer es rol de dioses, porque acabará en humus y habrá de ser subsuelo bajo el suelo…

No hables más de la muerte, viejo.


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Leyendo hoy el blog de José Ángel Cilleruelo [El Visir de Abisinia], me llega hasta el punto del recuerdo que tengo en el cerebro la imagen siempre dulce de Rafael Pérez Estrada [mi Rafaelito querido y siempre admirado]. Recuerdo sus palabras últimas por una línea telefónica sucia y sus risas tan serias: “Los ángeles, Luis Felipe, ven siempre en el azul como tú ves… nunca desistas del azul, amigo. Yo ahora orino estrellas como una vía láctea y dependo de una línea de astros con olor a tabaco –sólo olor–. Si no te veo más, sigue siendo azul, hermoso caballero salmantino…”. Yo intenté animarle, sabiendo que su estado era muy crítico, pero resultó que él me animaba a mí a seguir viviendo y a “subir esa escalera de peldaños tan altos que da a la boca jugosa de una mujer bella”.
Hoy mi casa está llena de aquellos dibujos suyos que me enviaba, sin falta, cada semana, junto a una carta perfectamente caligrafiada en su letra redonda y rotunda. Yo me he acostumbrado a ellos como a mis hijos, y los miro con ansia por recordar la cara del amigo con su elegancia de blazier y corbata al tono como el dandy que fue, con sus constantes guiños y sus alucinaciones propia de su calidad excepcional entre el resto de los mortales.
Rafaelito tenía un mundo mágico y lo compartió conmigo durante varios años, y hoy me acuerdo de él porque sigue vivo en mis paredes, entre los legajos de las cartas viejas, en los ojos más limpios de las mañanas claras y en las noches azules de musas desnudándome.
Aprendí de Rafael que hay que mirar con hambre y hay que escribir con ganas de amar al papel sobre el que la tinta mancha, que hay una forma lírica que está por encima del mundo de los hombres y más por encima del tirado mundo de la literatura, que el universo propio es la magia que quieras poner en él… y que vivir es más que la vida propia.
Creo que pronto habrá alguien que decida exponer con verdad lo que Rafael fue y lo que Rafael hizo, y entonces se abrirá un paraíso a los ojos de los que quieran verlo, un paraíso distinto a todos los conocidos e imaginados, el paraíso de un genio renacentista y de un hombre bueno sobre todas las cosas.


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Con Juan Cameron en Candelario

Y que me fui con mi Guille al cine para ver la última de la saga “La Guerra de las galaxias”, y me metí entre pecho y espalda una ensalada de tiros de no te menees, además de un mediano de palomitas y una Pepsi gigante… y que llegué aturdido a mi estudio para encontrarme con un hermoso correo de Miguel Aguilar, de vuelta a ese México al que yo no podré ir este noviembre [me cisco en todo lo que se mueve], que dice:

“Querido Luis Felipe, muchas gracias por todo. Mi estancia en tu compañía resultó muy grata y tus atenciones, lo mismo que tus comentarios sobre mi obra (estos últimos resultan excesivos). He regresado a mi patria y he sentido la nostalgia por Salamanca y sus alrededores, y el deseo de volver algún día. Durante el vuelo de regreso leí partes de tu antología ‘Vuelta a la nada’ y lo primero que me sorprendió fue el tono tan diferente de lo que conocía de la poesía española, una veta que conecta (creo yo) a los clásicos latinos con la poesía norteamericana, sin olvidar a Quevedo y su ironía. Por estos días volveré a tu poesía y a tus aforismos; en verdad los gocé mucho. También déjame decirte que el libro de Diego Fernández Magdaleno lo disfruté mucho. Es raro –por lo menos por acá– encontrar un músico inteligente, culto y sensible. Te mando algunas fotos, donde incluyo una en la que estás descabezado. Salúdame mucho a Pedro, así como a las autoridades que nos acompañaron. Un abrazo muy caluroso. Miguel Aguilar Carrillo. ‘...Y solamente / lo fugitivo permanece y dura.’ Quevedo.”

Apunto que no exageré ni me excedí en la percepción de la magnífica poesía de Miguel, que me fue muy grato conocerle, al igual que a los demás colegas, que comparto sus palabras sobre el amigo Diego Fernández Magdaleno y que le agradezco su lectura generosa de mis cosillas. Un abrazo, hermano.

Con Juan Cameron en La Fuente del Lobo.

Con Miguel y Sonia Luz Carrillo [foto de Juan Camero, el cortador de cabezas].

Con Juan Cameron y Miguel Aguilar en Candelario.

Con Miguel y Sonia Luz.

Con Nancy Morejón en Salamanca.

Wednesday, October 15, 2008

Sigue, viejo F., en tu alcanfor...


Es alcanfor lo que averiguo en tus axilas y retuerces en mueca la sonrisa que derrumbaba antaño, viejo. Hoy amaneciste oxidado, con los ojos hinchados por esas seis horas de sueño cortísimas, escasas… horas que taladran y que pesan como fardos enormes.
El gusano te acecha, viejo, y toda esa familia de himenópteros gustosos de cadáveres y restos putrefactos… pero tú te refugias en pensar Estrasburgo o en esos cuadros flamencos de van Eyck o de Brueghel donde la muerte triunfa sobre los cuerpos desnudos o la vida se riega con aspersores por la esfera de la más plástica locura; te engolfas en vivir arropado por los endemoniados de Líbano o los harapientos mensajeros africanos que llegan desde el sur sin nada más que nada, te deleitas en las mujeres como yemas de Santa Teresa de Ávila o en el apremio del miembro acostado en la entrepierna. Te acecha el marabú, viejo, y la corneja desde su negro irisado de invitación al banquete… y tú te pertrechas de añonuevos en Lucerna o El Cairo, te escondes en tus falsos recuerdos del París que no viste ni pisaste, te abrigas con tus musas de desván y te dejas arañar por sus uñas recién pintadas, te adormeces en esa jerga tuya en la que no existe el verbo extinguir ni en reflexivo, te alimentas usurpando como las oropéndolas… y no te reproduces.
Te acechan los pelícanos, viejo, y los peces jerárquicos de los abismos… y te quieres hacer transparente en los pórticos de un poema de Montale [‘Carta a Malvolio’]… “Fu la tua ora e non è finita…”, Calímaco y hereje de cada minuto, poseedor de una memoria subterránea y de otra lasciva… y quitas de tu cabeza el muérdago para que no haya briznas entre tu cabello de algún afán de otro.
Te espera extenuada la hiena, jadeando, viejo, pero tú la entretienes con visitas de amigos [hoy fueron Diego y Álvaro] o con el mar de hiedra que crece por tu pecho.
Te aguarda el tafetán que ponen a los muertos antes de vaciarlos en las frías autopsias, pero te da lo mismo mientras surcas el Ganges en tu cabeza extensa y te hundes en sus cienos y te lavas las rodillas en sus aguas turbias, mientras buscas los coleópteros con los que se anudan el pelo las sirenas, mientras cruzas tus libros por sus pasos de cebra sin mirar a los lados, mientras pones carnaza en las pausas para pescar cigarras inadvertidas o algún poema de Corso.
Te vigila silente, viejo, el de las últimas facturas [ya te tiene medido y trabaja en los planos de tu arcón], y tú lo sabes, pero no te importa, y le esperas en lo infinitesimal de las partidas de mus o de julepe, y le retas a rehusarte si sacas el primer as de anémonas, y le convocas a romper tu cerámica de Sèvres y la de Sargadelos y la de Castro y la de Petri el día en que tome.
Te sigue ese nictálope que desea verte arrodillado, viejo, pero sabes que, de momento, se quedará en obstuso oyente de otras necrólogicas, porque tú perteneces a los gajos de las naranjas mandarinas y a la obviedad concéntrica del kiwi.
Sigue, viejo F., en tu alcanfor y en tus ojos hinchados, persiste en el camino de Pólux, sé como el caucho en tu hemorragia de árbol…

Tuesday, August 19, 2008

Estoy mojicón y gatinino.


A esta hora, son las 22:03, aún no tengo el parte del día del amigo Halarberito, y lo echo de menos. Puedo contar que el día fue peleón de trabajo, que sufrí una sanción administrativa que ha dejado mermada mi cuenta [es decir, en menos no sé cuánto], que falleció la madre de Mercedes y Mari Sol Colorado [suegra de mis amigos Juan Carlos y José Manuel] con lo que eso me trae de ‘tira, Felipe, que te pilla el toro’ [abrazos fuertes para ellos porque sé lo que suma una pérdida en el ardor y en las ganas], que vino a verme después de veintiséis largos años mi amigo de juventud Felipe Sánchez Sánchez [para todos Felipe Garute] para darme una lección de vitalismo y de humanidad completa [me hizo reír y llorar a la vez, y hasta se me puso la piel de gallinita al oír su relato de vida… y me sentí pequeño a su lado, muy pequeño].
Con estos mimbres puedo colegir [inferir, deducir] que soy feliz y que tengo lo más importante en mi mano: la percepción de que no me preocupa mi salud porque es aceptable, y que esto me sucede junto a la gente que quiero y gracias a la gente que me quiere.
Y que yo quiero ser como mi Isabelita Huete, esa mujer firme y desatada con la que me encuentro en la boca del metro de Correos cada vez que voy a Madrid [que son para contar con los dedos de una sola mano], una tía con dos cojones y un Mayo maravilloso al que apoyar y en el que apoyarse [yo también te quiero, Isabel, y me gustaría ser como tú], y también quiero ser como Donce [a la que no conozco, pero que ya es como de la familia], y como Guadalupe, y como mi preciosa Lorena con sus apuros mesoamericanos y su hermoso coraje para salir adelante cada día y tener a los suyos como reyes, y con mi Belencita reguapa vicedecanada, y con You y Malick, y con Diego y su Tere, y con Riobó, y con Sinda y Jesús...
Sí, hay mucha gente maravillosa de la que debo aprender y con la que debo hacerme una flecha lanzada hacia la felicidad, porque el tiempo es corto y hay que aprovechar/aprovecharnos de lo que por él pasa y es regalo.
Hoy, Halarberito, comprendí de repente que mi misión debe ser hacer felices a todos los que me quieren, y hacerlo con todas mis fuerzas.
Estoy mojicón y gatinino… y eso es muy bueno a veces.
Que le den bien por el culo a esa sanción administrativa, que me la refanfinfla.

Sunday, August 10, 2008

Jet lag


Albertito es presa de un jet lag que le deja dormir solo tres horas en su oriental camastro y se torna imbuido de esa cosa Tao Yan-Ming que toma a los viajeros de largos recorridos. Escribía Tao:

Un huésped reside en mí,
nuestros intereses no son completamente los mismos.
Uno de nosotros está borracho,
el otro está siempre despierto.
Despierto y sobrio
nos reímos el uno del otro,
y no comprendemos el mundo del otro.
Propiedades y convenciones,
qué tontería seguirlas muy seriamente.
Sé orgulloso, no estés involucrado,
entonces te acercarás a la sabiduría.
Escucha tú, viejo borracho,
cuando el día muere,
enciende una vela.

Fíjate, Alberto, en lo que dijo Tao: “Sé orgulloso, no estés involucrado, entonces te acercarás a la sabiduría”. ¿Magnífico, no?, y tú lo sabes, lo sabes cuando me escribes eso de “considero más un triunfo que un fracaso el hecho de que se me ignore…”. Pero el hombre precisa que los otros hombres le pongan en valor por lo que hace o en vergüenza por lo que deja de hacer; y esa es mi responsabilidad hacia ti, aunque no te agrade demasiado en el tiro corto y en la referencia directa.
Tú debes estar siempre en el lado del orgullo por lo tuyo y en la orilla del no involucrarte, pero es mía la dulce palabra de ensalzar lo que considero en ti de valor hacia los demás [ahí solo puedes bajar la cabeza y enrojecer, amigo, porque en este regate soy yo quien lleva la bola]. Tu ‘haces’ y yo debo gritar que ‘encuentro’ donde tú buscaste, porque al ‘encontrar’ le debo al mundo compartirte. Y eso es el ‘reconocimiento’ [conocerme en tu obra y reconocerme en el pensamiento que ella me provoca… e intentar extenderlo sin que tú tengas que mover un solo dedo para ello, porque no lo necesitas ni lo quieres].
Sí es mi responsabilidad [por haber sido tocado por tu arte] el reclamarle al mundo que te preste atención y que te cuide, que te mime y te ponga los laureles [aunque eso no te sirva de nada, e incluso te moleste]. Y es que un hombre existe, Alberto, solo si otro hombre quiere que exista… y yo quiero que existas porque tu valor puede ser guía de otros… y no quiero que mis hijos y los hijos de mis hijos se pierdan en su desarrollo intelectual esa suerte de color explosivo, de formas sugerentes y de humos solidificados que a mí tanto me ha hecho crecer.
Así que a joderse, hermano, que a mí se me ha metido entre ceja y ceja que en tu ciudad terminen sintiendo el orgullo de tenerte en sus calles y en sus plazas como yo lo siento cada vez que tomamos un cafetín o charlamos de nuestras pequeñas miserias entre risas y cigarros. Tú hoy representas en China todo lo que somos quienes hemos compartido contigo días y espacio, eres un trocito dignísimo y brillante de Béjar en las tierras más lejanas, un trocito de Béjar que despierta admiración y respeto a quienes ni siquiera sabrían ubicarnos en un mapa, y antes lo has hecho con absoluta brillantez en distintos países y con la más alta consideración. ¿Por qué no he de reclamarle yo a nuestros políticos que te reconozcan entre los tuyos cuando ya lo han hecho sobradamente donde tu obra ha llenado de ebriedad ojos extranjeros?

Aquí, que se saca a hombros en la plaza pública a quien ha ganado una carrera ciclista de 14 días, a quien ha conseguido una etapa de montaña en un Tour de Francia, a quien ha escrito un ensayo brillante o a quien ha apoyado la realización de una central hidroeléctrica [a pesar de los pesares postreros, que los hubo]… Tú, que llevas toda tu vida adulta indagando en el arte cerámico mural y en su dimensión pictórica, que te has dejado vida y físico en tu hermoso empeño, que has sido capaz de abrir novedosos caminos artísticos que te han sido reconocidos por los organismos más reputados y que dominas técnicas propias que otros ambicionan con auténtico frenesí para lograr imágenes que permanecerán sobre los hombres… ¿no eres digno de estar sobre las cabezas laureadas de Lale Cubino, Roberto Heras, Santi Blanco, Gonzalo Santonja, Moisés Dueñas, Samuel Solórzano… o en los niveles míticos de Mateo Hernández, José Lidón, Valeriano Salas, Francés de Zúñiga o Nicomedes Martín Mateos… todos con sus luces y sus sombras?… ¿No eres digno?
Espero que ese jet lag tan molestote te sirva para disfrutar con los ojos de todo lo que te rodea, que te lleve a seguir pensando con la normalidad de los hombres tranquilos y te empuje a seguir escribiéndome desde las tierras mandarinas y enviándome fotos de todo lo que veas y te toque.
Un abrazo, chiquitín… y que duermas a pesar de mi encono en nombrarte y sacarte de esa paz oriental que tan bien llevas.

CRÓNICA VIJARRENSE PARA A.H.

Hablaba de ti con unos amigos en PdT mientras nos tomábamos unos cafetines y en la tele corría por los aires el supergimnasta chino para encender el pebetero olímpico con su antorcha mediática en la mano. Tu padre andaba rifando con los naipes una partida de las suyas y, al oír tu nombre, giró la cabeza y me saludó con esa carita suya de ‘tranquilo, que a estos mataos los tengo en el bote’. Le pregunté por ti, pensando que estarías en Beijing [el Pekín de toda la vida] y quizás hasta que te hubieras colado en esa desmedida ceremonia inaugural, pero me dijo que andabas por Shanghai [circunstancia que corroboré después con las entradas que hiciste en mi blog desde ese punto geográfico] y que habías llegado bien. Yo entonces sentí un puntito de envidia por no poder estar contigo disfrutando esas tierras sin saber el idioma mientras tu padre levantaba su brazo derecho con fuerza y golpeaba la mesa con un naipe que dejó patidifusos y medio cabreados a sus compañeros de partidas [son unos tíos difíciles y me asombra que que esa partida permanezca día tras día, que ya he asistido a alguna refriega entre hermanos en la que se dieron voces y todo… es la polla, amigo Alberto]. En fin, que tu padre sigue estupendo desde mi punto de vista y me regala cada día esa mirada tuya/suya y esa tranquila pose tan oriental que compartís.
Luego, ya no recuerdo las horas ni los momentos exactos, me visitaron Diego y Tere, que iban de camino para Huelva, donde Dieguete ofrecerá uno de sus conciertos de piano, y José María Cumbreño acompañado de su divina compañera y de su chiquitilla de ojos como lunas negras [el colega, siempre generosísimo conmigo, me regaló un puñadito de libros golosos, de los que ayer por la noche me leí con auténtica pasión ‘La frontera que nunca existió’, de Alonso de la Torre, un recorrido mágico por la cercana ‘Raya’ que hace frontera entre España y Portugal, lo que me sirvió para envidiarte un poco menos y hacer un viaje a solas entre loberos y pequeños y antiguos contrabandistas de café, moneda falsa y armas; la monja de Beja o la alquería ‘El quinto coño’…], y Luis Martín Cabrera, que venía acompañado por una chica norteamericana con la que está embarcado en un apasionante trabajo de grabaciones por toda España sobre testimonios de la Guerra Civil [a los tres, a José María, a Luis y a mí nos unió por un momento Omar Pimienta y su poesía asombrosa]. Luis me dijo que si en mi viaje a México paraba en Tijuana –que creo que lo haré–, que estaba invitado a leer en la Universidad de San Diego, en la que él trabaja [intentaré que así sea, pues me apetece un punto] y también me dijo con cierto tono de queja y algo de ironía que le había contado a Omar Pimienta en Moguer que yo le enseñé a jugar a basket, cuando la verdad es que me dediqué a darle hostias diversas y codazos en los muchos partidos que jugamos frente a frente [Luis es de una generación anterior a la mía y ya se sabe que los baloncesteros de siempre solemos adoptar a los más jovencitos como hijos nuestros, pero, cuando destacan, intentamos machacarlos con nuestros más burdos ardides para que no se coman al padre –mi fuerte eran los rodillazos bocadilleros en los muslos y los codazos en el plexo solar o en la barbilla–]. Que perdone Luisillo el desliz, pero imagino que algo aprendería de mis golpes bajos y altos [jeje], de ahí mi autoasunción con ese ‘yo le enseñé…’. Y nada más, colega, que me tengo que poner ahora a hacer la limpieza de la imprenta, que es un coñazo, porque despedí a la empresa de limpieza por esto de la jodida crisis.
Ya te cuento.

Saturday, June 7, 2008

Argucias de lo lógico y lo imprevisto.

Después de una semana de currito molón [todo se echa de menos cuando te falta], pillo el fin de semana con ganitas de descansar escribiendo. Pocas cosas me han sucedido estos días que no fueran la absoluta concentración en el diseño de todo lo referente al IX Festival Internacional de Blues de Castilla y León y algún que otro manipulado imprentero echando una mano a mi gente en el remate de trabajos. Solo un café con Mª Rosa y un par de colegas suyos, con el fin de darle forma a un hermoso proyecto que tengo en mente desde hace meses, le han puesto algo de color a estos días de paso gris y cintura. Eso, y alguna que otra incomprensión cercana, que no entiendo, al trámite de mi tiempo. Vamos, una semanita para olvidar casi si me miro a la cabeza.
El caso es que me levanté tarde esta mañana y me vine con los ojos a medio cerrar hasta mi estudio, acompañado de Felipe [anda estos días lleno de exámenes y de dudas, y a mi lado encuentra soledad y un poquito de esa concentración que le falta]. Dejamos el coche en la Plaza Mayor y la postal ya estaba montada cuando salimos de él: andaba el desinhibido con su punto alcohólico dándole voces a todo el que pasaba a su lado, el gitano de negro sentado bajo los arcos con su gesto de mando tranquilo en el rostro, la viejita del turbante y la bata de boatiné paseando junto a las escaleras de la iglesia, el infartado dando vueltas infinitas a la explanada para cumplir con sus ejercicios diarios, el librero del barrio repartiendo los periódicos del día por los bares cercanos, el taxista del eterno purito en la boca apoyado en una de las columnas que dan entrada al ayuntamiento, la gorda sacudiendo una manta en el balcón… todo en su lugar, como cada día, y yo también.
Y es que el espacio por el que transito tiene un algo cerrado que lo hace bello, algo cerrado y también algo que late como queriendo abrirme puertas para que salga un ratito de la costumbre y del cansancio. Estas puertas abiertas me muestran de nuevo que no tengo que atacar a las cosas con afán de finalizar, sino que tan solo debo dejarme llevar con la percepción puesta en todos mis sentidos… y cuestionarlo todo para buscar una constante ‘necesidad de’ que me aporte vitalidad [es decir, ganas].
Envidio a los tipos como mis amigos Diego F. Magdaleno o Alberto Hernández [pondrán el grito en el cielo por mis palabras], que tienen su trabajo en el justo lugar en el que vibra su energía intelectual y su afán creativo. Yo tengo que desdoblarme a diario entre lo prosaico de un curro que no me interesa más que como una opción al pan y a la carne bien hecha, y lo que me propicia el placer de hacer y conseguir lo que me sugiere la mente bien rebozadita de instinto. Eso sí, tengo claro que para mí, por mis circunstancias, resulta mucho más fácil disfrutar de mis ‘momentos’, ya que pertenecen al apartado de lo extraordinario [entiéndase aquí el término ‘extraordinario’ como aquello que se sale de lo común y diario, de lo prosaico del trabajo monótono]. Quizás no desee en el fondo hacer de mi mundo extraordinario un puesto de trabajo para no acabar odiándolo, y me encante permanecer en esta situación de ‘envidia’ a mis amigos… porque creo que terminaría consiguiendo que lo que hoy es salida, luz al fondo, se convirtiera en mazmorra oscura.
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Decía San Agustín que ‘no debe estar solo el hombre’, pensando en que debiera conocer la ternura, el amor o el deseo de la mano de otro ser capaz de compartir. Hasta aquí, el santo extraordinario lo bordó [no se oculta que el tipo tuvo amada compañera y hasta un hijo brillante, Adeodato]. El caso es que a mí se me ocurre que sí, que no debe estar solo el hombre, pero no debe estar solo exclusivamente de otro hombre/mujer, sino que debe acompañarle la idea, la mano, la duda profunda y la superficial, la palabra [decía Valéry que “El verdadero escritor es un hombre que no encuentra sus palabras. Así que las busca. Y buscándolas, encuentra las mejores.”], cierta discontinuidad de acción/emoción, el accidente, las potencias, la subjetividad, el dolor, la muerte, el contratiempo, la idea de libertad y la de mordaza, el placer… Siendo así el hombre, no estando solo, hará causa común con todos sus acompañantes y comprenderá la razón de romper la lógica que le lleve hasta el espíritu creativo, que no es otra cosa que negarse a que lo verde sea verde; lo cuadrado, cuadrado; lo transparente, transparente [esas situaciones de lógica que hacen al hombre solo conformarse con lo definido y asumirlo sin trabajarle las vueltas, aceptar el estado de su mundo como pura definición estática]. El hombre no debe estar solo asumiendo su decorado fijo e invariable, pues será fracaso hasta su muerte exacta, no será evolución ni preguntas, y ello implicará que no sea ‘hombre’.
¿Cuántos seres asumen sin preguntas, sin dudas, su espacio y su tiempo?, ¿cuántos se proyectan en la seguridad de lo definido para pasar su vida sin la emoción de la ruptura de un concepto, por mínimo que sea?, ¿son ‘hombres’ esos seres?… He aquí una de las razones por las que odio las novelas, que son micromundos deglutidos y cerrados, que son estructuras fijas que amordazan y atontan por su falta de indicio y por su juego de lógica, a veces sorprendente, pero siempre cerrada y marchita. Una buena novela lo es mientras se escribe o mientras se lee, y luego es un muerto. Un buen poema lo es incluso después de que se acabe el mundo. En la novela, se llega como mucho hasta el placer literario, mientras que en la poesía se trasciende hasta el placer intelectual.
Derivo, me voy sin querer de unos temas a otros, como en un crucigrama, pero no pasa nada, que sé que soy así. Y me gusta, porque sentirme imprevisto me hace sentirme en el camino.

Monday, January 28, 2008

No se puede hacer nada.


Hoy escribo al amor de un comentario en mi entrada de ayer, un comentario que ponía en mayúsculas diversos nombres de bejaranos con la utópica ilusión de hacerlos revulsivo de no sé qué.
No se puede hacer nada –ni ellos, ni otros– por un cambio social severo y con futuro en este momento, y menos en la categoría puntual que se propone: un solo pueblo. La política marca un decurso de las cosas de tal forma que apenas puede hacerse nada sin destruir antes todas y cada una de las categorías sociales y administrativas en las que estamos metidos, y eso es trabajo duro y largo [además de precisarse para él hombres con ganas y valores tangibles en múltiples niveles]. Desde mi punto de vista, a corto plazo solo nos queda la palabra para usarla contra el sistema feroz y buscarse un buen escondite para que nadie sea capaz de silenciarla.
Sé que mi afirmación es tremenda, que sugiere rendición y quizás apatía, pero estoy convencido de que cualquier esfuerzo se topará de lleno con el jodido stablismen tan bien edificado por los señores de la economía bien apoyaditos por los políticos en masa.
Mi opinión particular, y muy pensada, consiste en dejar que la sociedad se corrompa hasta el justo punto de ruptura –que lo hará sin remedio más pronto o más tarde, pues no en vano llevamos ya bastante tiempo en una fase potente de corrupción de los sistemas sociales modernos, que han entrado en caída]. Será entonces, cuando la ruptura sea patente, cuando serán necesarios los hombres precisos para liderar las nuevas formas de ser y hacer [me parece absurdo quemar ahora las naves ante la completa seguridad de fracaso que se averigua con facilidad].
Por cierto… recibí hoy tres ejemplares del disco ‘Soledad sonora’, que contiene obras para piano de Pedro Aizpurua interpretadas por mi amigote Diego Fernández Magdaleno [sorprendentemente lo puse y me encantó… je, je]. Le pasé un ejemplar a Antonio Garrido.
Mil gracias, Diego, y muchos éxitos.

Wednesday, October 3, 2007

Haber… debe… tener… pagar…

El haiku japonés de esta mañana se hizo una soleá como de invierno: llovía.
Haber… debe… tener… pagar…
Un nublado en los pies, una manzana bañada en caramelo rojo, Gomorra rediviva en mi entrepierna, la luz impenetrable de los ojos de Julia, el pan a la una y media, un deseo impotente de ser joven, la plástica sonrisa de Mercedes Comarq, el clavicordio viejo en esa estancia comida por el tiempo, un rufián en la esquina, dos deudas que pagar y sin dinero, la casa sin hacer, el polvo de la rubia que pasea un carrito, esos naipes marcados de la banca [hijos de la gran puta], el móvil apagado y mi desidia, un poco de hachís, tetas con desayuno cada día y una erección de nada por las tardes, Lorena haciendo cola en Ministerios, dos monjas en un Jeep, mis mangas regazadas y hace frío, Lucero, Guadalupe, Isabelita Huete, Belén, Beatriz [la de Dante, ¡pardiez!], tres gipilollas, una fotografia del revés con todos mis amigos en la sierra, ¿qué será de Isabel?, el ‘traigo viudas mozas…’ gongorino, un Diego de Ravel o Josep Sou, Hilario equilibrado en su poesía, Jacinto, Richar…
El otoño es preclaro con las cosas de atar, y de trabar facturas me queda lo que pienso mientras sumo sus cifras [justo lo que arriba se cita]. La verdad es que no me interesa nada el tema de los números prosaicos: los saldos positivos, el rojo de los números, las letras de vencimiento urgente, créditos por pagar, el renting que revienta por sus flancos, las nóminas del mes…
Tengo trabajo y me basta… pero también tengo llamadas de bancarios apremiándome y clientes que no pagan si no es con una daga relamiendo sus cuellos… Me toca los cojones esta feria del debes y te deben, pues su música autista me rechina justito en la frontera de lo que me apetece.
Me toca los cojones… pero también me afecta.
De FUMADORAS

Wednesday, September 19, 2007

La felicidad de los tristes.


[Pensando en mi amigo Diego F. M.]
Decía don Gustavo Flaubert que la tristeza es un vicio, y tenía razón, sobre todo cuando se vive la tristeza como una estética llevada en los ojos. Yo conozco a demasiados ‘tristes’ [yo mismo ando esas trochas] y puedo aseverar que es un vicio peor que el del tabaco, aunque un vicio con alta consideración de belleza en nuestros cuerpos decadentes.
A la tristeza se puede llegar desde el dolor físico o psíquico [es la más trágica, aunque no la menos bella], desde el justo desencanto [es la tristeza más común de la mediana edad y suele ir unida a una notable capacidad de raciocinio] o desde el planteamiento filosófico del trasunto eterno de los principios, los tránsitos y los finales.
En el estado de tristeza, provenga de donde provenga, no se vive mal, pues es el territorio de los hermosos vencidos, un territorio en el que dejarse llevar sin entender más que la justa meta. Allí reina el hacer tranquilo [sin el estorbo del fracaso o del éxito], la armonía de gestos y palabras, la mirada como cansada pregunta que no espera respuestas, la simplicidad que da clarividencia sobre los asuntos del mundo y los hombres…
El triste sabe perfectamente que no va a ningún sitio que no sea la muerte, que es absolutamente vulnerable [pero no importa], que no sirve para nada la capacidad de hacer y deshacer porque todo está ya hecho y deshecho, que esperar es un magnífico estado de la carne que lleva, que el contraste es absolutamente necesario y que implica más dolor que placer en su resumen, que hay una nada que habitar y hay que hacerlo en simbiosis con el cero… y por ello goza de su tristeza, y por ello es poseedor de la capacidad de reír o de no hacerlo…
El triste que sonríe es, quizás, la más feliz criatura de la Tierra.

(17:28 horas) Hay una cosita Martín Garzo, ese ‘todos éramos náufragos en los confines del mundo’, que me gusta un montón [últimamente me tropiezo constantemente con naufragios: los restos del naufragio de Ricardo Franco, el naufragio de la derecha bejarana, dos o tres amigos náufragos que han llegado durante los últimos días a mis costas, el naufragio casi eterno de Youssouph y Malick con su incoherente ramadán, el naufragio de mi hija en eso de la Historia del Arte y el naufragio de sus profesores, el nebuloso naufragio de Magdalena y el triste naufragio de Ángel, el naufragio de la casa hasta que nos acostumbremos de nuevo a los horarios escolares, el naufragio de la imprenta en estos días de baja material, el naufragio de mi literatura pequeña –no escribo ni por prescripción médica–, el naufragio de muchas de mis amistades por falta de contacto y de tiempo… y este naufragio Martín Garzo de ahora mismo –un naufragio que aparece en la página 8 de su nueva novela “Mi querida Eva”.]. Digo que hay una cosita que me gusta en esto de los naufragios porque soy un apasionado de la derrota, pero de ese tipo de derrota que abriga un resquicio de esperanza y nos permite seguir tirando adelante como sea y aunque sea.
*[A lo que se ve hoy me ha salido el día de gustavos].

(22:36 horas) Que fui con mi Felipón a ver el partido del Barça a PdT y tuvimos que salir hastiados [y antes de tiempo] de un mangurrián del Madrí que sólo sabía que dar voces y buscar enfretamiento. Esto es lo que me molesta de verdad del fútbol, los payasos que no saben disfrutar de la estética de la competición… por ellos soy antimadridista [pero no voceras]… Vamos, llevar a mi chavalote a disfrutar de un partido con unas cocacolas y tener que salir por pies por esa desgracia que se llama mala educación y grosería.
La estupidez no tiene fronteras.
*[Lo que le debe escocer en el culete al tal mininas es que ganamos por tres goles a cero… para que aprenda a comportarse delante de los niños, coño].
De FUMADORAS

Friday, August 31, 2007

Filípicas y Molineras.

Tomarse un día para dejarlo en blanco a veces es un lujo inalcanzable. Yo lo he intentado hoy, pero la brasa telefónica lo ha fastidiado todo.
En fin.
Decía el gran Pavese que “es pecado lo que inflige remordimiento”, y a mí me remuerde hoy la conciencia por haber contestado a todas y cada una de las llamadas que me han hecho. Soy un pecador en línea… y, encima, cabreado.
A primera hora intenté que me pudiese la poesía y me empapé de ‘El canto y la ceniza’, buscando el frío lírico de Anna Ajmátova y la tierna dureza de Marina Tsvetáiva, pero solo encontré consuelo por mi falta de palabras y una envidia amoratada por sus versos [‘Cuando alguien muere / cambian sus retratos. / Miran de otro modo sus ojos, y sus labios / sonríen con distinta sonrisa…’ (A.A.”] • [‘Perderlo todo de un golpe, / un tajo limpio. / Suburbio, arrabal: / el día se acaba… // Se acaba la ternura –piedras–, / las casa, los días y nosotros –se acaban. // Mansiones vaciándose: las honro / como a una madre anciana. / Porque vaciarse –madre– es acción: / lo vacío no se puede vaciar. // (Mansiones medio vacías, mejor sería / que os quemaran.) // Que un gesto rudo / no abra la herida. / Suburbios, arrabal, / costura que se rompe. // Sin desmesura verbal, / el amor es sutura. // Sutura: ni venda ni escudo / –no pidas ayuda– / Sutura: el muerto cosido al suelo / como yo cosida a ti. // (Con qué hilo, lo ha de decir el tiempo, / si endeble o fuerte.) // … // Quien rompe no pierde. / Oh, arrabal, / suburbio, divorcio seguro / de dos frentes. / Cerebros al aire, / patíbulo de las afueras. // Nunca pierde quien rompe / y huye al alba. Yo en la noche / me he cosido a ti / toda una vida sin bastas… // … // Es éste el último farol’ (M. Svt.)].
Y debo escribir como sea, sin miedo a ser vulgar, sin temor a dejar sin su gesto a las palabras del hambre de palabras.
El tedio no es excusa, porque es tedio y contiene una voz que puede ser definiva, y yo debo buscarla y practicarla hasta rendirla… descoserle sus retales ajados y coserlos de nuevo de una forma extraña y extranjera, como esas mantas incas con dioses geométricos, y encontrar en su nuevo firmamento algún duelo perdido, una sonrisa tierna o un inútil canto de victoria… El poema, amigo Pablo F. M. [lo intuyo ahora] es darle una vuelta del revés a lo prosaico y hacerlo mágicamente extraño y atractivo, un juego tan insentato como poco práctico, un acto de decir de otra manera lo que será obviedad y antes fue nada.
No es prudente definir lo que ‘es’, pues en su ‘ser’ ya se define con toda la plasticidad del silencio… quizás sea eso lo que la poesía le roba al ‘ser’ y lo que consigue significarse en poema: el silencio que define sin nombrar y tiene vocación de nebulosa.
Se cose el poema a quien lo recibe y se torna disfraz de muchos y verdad o mentira de uno solo. Yo soy el poema… mientras el mundo es prosa, una prosa segada o consumida por los omnívoros que igual hacen a carne que a verduras, a pan templado que a manteca fría… el poema/la poesía es la piedra que muele, pero que no alimenta; el tronco viejo de un árbol muerto que sirve de guarida a los gusanos, pero jamás podría contener una mesa o un armario. No sé, Diego, Pablo, Álvaro… pero siento esa voz tan adentro… que, sin saberlo, poseo la certeza del espacio poético, presiento cada trocha que lo surca y lo temo también…
Veréis que es inconcreto todo lo que farfullo, pero sé que es camino de conocimiento que late entre mis vísceras.
•••

Quiero rescatar una entrada de este diario que data del día 31 de octubre de 2004, y lo hago en respuesta a mi anónimo interlocutor de la entrada anterior. Yo me equivoco, claro, cada cinco segundos, pero mantengo mis posturas si creo en ellas, como es el caso.
Va la entrada aquella:
“31 de octubre de 2004
Leo en «Mundolibro» que César Antonio Molina hace un elogio de la poética de José Ángel Valente tildando a las nuevas voces españolas de «perezosas», armando sus argumentos en que Valente supo estudiar idiomas para indagar en las voces de su tiempo, y todo para vender el nuevo volumen que saca a la luz en estos días «Galaxia Gutemberg». Y el colega es Director del Instituto Cervantes. Juan Gelman, en el mismo artículo, sin embargo, se ciñe a hablar del autor en clave positiva y contando la relación poética que existió entre ambos: «Siempre nos preocupó, por razones distintas, el misticismo, la cábala, lo sufí y la sensación de la preocupación ausente de lo amado ... Siempre transcurre por la búsqueda del amor y la palabra como pasado que va a ocurrir. Él habla de la ceguera y de los ojos acostumbrados a no ver nada, el deseo de poseer es la negación del ser, decía Valente, siempre siguiendo la razón del corazón». Y uno, pobre payaso, casi «último mono» –como bien escribía Lorenzo Oliván hace unos días– tiene que aguantarse la risa de ver a los poetas políticos lanzando elogios por comparación al poeta muerto, pero no por una comparación normal, sino por una de esas comparaciones genéricas tan parecidas a esa de Gila que decía «alguien ha matao a alguien». Yo, sinceramente, cada día entiendo menos que para que una multinacional se hinche a vender libros tenga que salir el poetita oficial que vive del dinero de todos –y que hasta quizás «aprenda idiomas con él»– a poner su jodido dedo en los pobres ojos de los que no tenemos ni editor, ni pelas para aprender, ni poepolíticos para que nos soben el lomo por comparación. ¡Me cago en todo lo que se mueve! Y mi respeto enterito para Juan Gelman, al que he admirado siempre y leo con verdadero placer. Con bastante más placer que a José Ángel Valente, aunque quizás con menos vértigo. Y no se me sume ahora en la lista de los que denostan su poética, ¡por Dios!, no. Lo que sucede es que mi gusto estético no encaja tanto con la poesía intelectual y desnudada de palabras, aunque respeto esa concepción críptica del poema. Siempre he pensado que el conocimiento hay que democratizarlo, pues la orientación intelectual puede convivir perfectamente con la claridad. Vamos, que no entiendo esa historia de «conocer para esconder» que lleva a la poesía críptica buscando la dificultad. Tampoco la belleza está reñida con la claridad, faltaría más. Y no se me acuse ahora de defender una escritura que piense en el lector sobre todas las cosas, que no lo acepto. Sólo pienso que la baja catadura intelectual y la pose propugnan la dificultad como escondite de las carencias, circunstancia que se patentiza en los textos oscurísimos de multitud de autores. Repito que respeto el hermetismo, la cábala o el retorcimiento, pero no comulgo con esa forma de ofrecer sin querer dar. En todo caso, dejo uno de los mejores poemas de César Antonio Molina, editado por la Agencia EFE como titular de una de sus noticias: «Un buen gestor nunca se preocupa del dinero, y yo me considero un buen gestor». Pues yo tampoco; aunque mi pena es de euros que no me dejan viajar a París, a Viena, a New York, a Madagascar, a Oslo... ni siquiera a Barcelona para intentar quitarme esa «pereza» poética de la que habla en voz alta Cesarín. ¡Me cago en russss! Oye, y, por cierto, ¿cuánto habrá cobrado este César/Cervantes de las arcas de Galaxia Gutemberg por mordernos con la excusa de hablar de Valente? Lo mismo nada, como no le preocupa el dinero.”
[puedes verlo en su entrada original en: http://64.233.183.104/search?q=cache:HJmZ0uW7Z5sJ:www.lfediciones.com/comendador/diario.asp%3Ffecha%3D20041031+mundolibro+cesr+antonio+molina+valente&hl=es&ct=clnk&cd=1&client=safari”].
Queda respondida la entrada de mi amigo/a… y queda claro que ya ponía yo en solfa a este señor hace unos añitos… pero lo mismo soy un equivocado.
De Carmen Calvo no he hablado nunca… ni la conozco… ni la he ‘leído’
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Y luego un hervor de tirolinas en la Plaza Mayor con un Cubino [llamémosle con cariño 'el cuarenta', tal como indican él y su hermano] mirando anodadado el vuelo de muchachos sobre ese mar de piedras recientes [granito hortera] que tanto dieron a unos y tanto les quitaron… Y luego respirar unos Chester y beber cocacolas, empeñarme en un verso y fracasar, enredarme en un absurdo acopio de imágenes y quedarme saciado hasta mañana… que viene Felipe Benítez Reyes [ya veremos].

UN BELLO DETALLE DE ANÓNIMO [Gracias]
De LECTORAS

Wednesday, August 22, 2007

Lunares.

Hay lunares para todos los cuerpos de faralaes.
Por ejemplo, amigo Pablo, el par de lunares de E. Medel [enormes sobre el cuerpo embikinado de su poesía- –proesía–]… o los lunares móviles del cuerpo bizantino y muerto de Pepe Hierro [que no era peor que José Ángel Valente, pero sí mucho más majete]… o el lunar de la Pizarnik cuando escribe “no sé si amo u odio… eres muy capaz de suicidarte, no por lo que eres sino por lo que no eres…”… o esa galaxia de lunares itinerantes que corren desde tu hermano Diego hacia mí y luego regresan [entrañables lunares que más que de melamina están hechos de silencios]… o los lunares blancos de aquel grito Pavese en forma de pregunta [“¿O no es quizá la verdadera caridad este lanzamiento violento de sí mismo?”]… o ese lunar canalla que corola algún pecho de mujer deseada… o el lunar del rijoso personaje mediocre que medra y lo tatúa… o el lunar infinito de Youssouph o Malick… o el lunar del dinero [postizo y practicable, como la peor poesía].
Conozco mis lunares y eso es un grave síntoma de edad… sé si laten o brillan, si se tornan sedosos o si encierran el cáncer que me haga ser, sin más.
Yo convivo con ellos [también con los de otros] y juego a decorarlos con palabras absurdas para que se aparezcan a los ojos extraños como mi piel normal.
Hay lunares, amigo, que nos nombran y hieren… yo los estoy contando en un nunca acabar.
De LECTORAS


Para Pablete

Thursday, August 16, 2007

En fin… otro día sin más.


El día ha dado para un agudo ataque de ciática que se venía gestando desde hace una semana, y lo llevo relativamente bien porque, entre otras cosas, ayer perdió el Madrid en el último minuto [todo dicho sin acritud y, en todo caso, para que los madridistas piensen que en el castigo está la penitencia]. En fin, que sobrellevé el día de costado y con la cruz ominosa de tener que currarme los anuncios de la revista de ferias [castigo autoimpuesto por mi falta de decisión y por no haber aprendido aún a decir que no taxativamente].
Lo mejor fue la visita apresurada de los hermanos Fernández Magdaleno [casta de músicos grandes y pichones de la mejor sensibilidad imaginada]. Los quiero yo a estos tíos por todo, haciendo énfasis especial en Diego.
La otra visita también fue chula, aunque con más calidad de relámpago [todo por mi culpa, claro]. Unos amigos majetes de mi hermana vinieron a visitarme con ella y solo dio para un mosto con tapita por las jodidas urgencias imprenteras.
Y la tarde… reunitiva y de mediaciones, con buen rollo final.
En fin… otro día sin más.
De LECTORAS

Wednesday, August 8, 2007

Restos de otros naufragios...

Terrible el día con el colega Pepe pegado a la chepa desde primera hora [un castigo divino que no puede imaginarse si no se ha vivido]. Corretivas a la de ya, urgencias, vengavengas, vamosyás… y el trabajo tomando ese cariz cabrón de lentitud rijosa e insoportable. Definitivamente no sé trabajar bajo presión a pesar de que procuro sonreír y la boca se me llena de palabras gruesas contra todo.
Respiré a las ocho, cuando logré dejar el arte final en manos del transportista, que estaba de los nervios, pues le hice retrasasrse más de un cuarto de hora en su salida.
Respiré, pero me tocó hacer de taxista con Antonio, de cuidaperros en casa de Julia y de padre [dulce tarea] con mi Guillermo delicioso y blandito.
Los días para tirar a la basura, como éste, me hacen sentirme imbécil, y más cuando aún no he cobrado el mes y ya se está pasando el plazo [cuánto me acuerdo de Carlitos, panza arriba en la playa y sin haber dejado rematadas las facturas para cobro… para matarlo].
A dos putas velas apenas me dan ni ganas de mirar a las mozas precelulitis… ni a las postnalgatorias tampoco… ¡Si serán malos! [los días así, claro].
Y lo mejor es que hay tipos que me ven como un suertudo que trabaja en lo que quiere y cuando le da la real gana… ¡Ah!, la realidad, la jodida realidad, que es como un enorme supositorio seco y mellado…
Me agarraré a la espera de que llegue hasta casa mi Diego F. Magdaleno para poner palabras y sonrisas, releeré la carta que Belén me envió hace unos días desde Arsur-Arsurette, un pueblito del Jura, justo en la frontera de Suiza, y miraré rendido su rostro bellísimo en la postal de ‘Ediciones Tansonville’ que me adjunta…
Restos de otros naufragios acaban construyéndome una balsa habitable en la que seguir el camino de Ítaca como en un sueño.
Hoy ando chungo de ánimo… Mañana me desquito.
De LECTORAS

Saturday, June 23, 2007

Exponerse al otro.

Habla mi amigo Diego F. Magdaleno –en la entrada de ayer en su blog– sobre la necesidad de exponerse permanentemente ante los otros [http://laspalabrasdelagua.blogspot.com/2007/06/debera-estar-practicando.html], y lo hace a partir de sus certezas vocacionales y de sus obsesiones de búsqueda.
Siempre tomo nota de sus comentarios acertadísimos e intento seguir cada una de sus propuestas de lectura, vida y comportamiento social y humanista [gracias por la impronta, amigo], y hoy me apetece hablarle de esa exposición a los otros que a él le produce tantas dudas [a pesar de que persevera en ella para mi suerte y la de muchos que le seguimos y no tenemos otra forma de tenerle cerca].
Existimos, Diego, si –y solo si– el otro existe; somos por comparación, por enfrentamiento, por apetencia, por roce, por intercambio de humores, por miradas, por amor y por odio, por decepción, por afinidad, por ausencia… y de ese ‘ser’ conseguimos hacernos y deshacernos, estar y dejar de estar, crecer o agotarnos… Así las cosas, hemos de compartir, aunque sea por exposición, lo que pueda ser susceptible de tornarse ‘indicio’ en el otro –da igual que tal indicio sirva para crecer o mermarse.
De Tontopoemas ©...

Saturday, March 31, 2007

Tocar es poseer... mirar es robar un poco.

Quien toca toma posesión de lo tocado, lo hace suyo, lo adhiere a sí y lo interpreta, pero lo tocado toma conciencia de tal posesión… Quien mira, roba. Quien mira una boca, roba. Quien mira unos pechos, roba. Quien mira a unos ojos, roba.
Poseer y robar. Poseer para tener. Poseer para destruir. Poseer para intentar permanecer en lo poseído… Robar para sentir la tensión de quien no sabe que está perdiendo. Robar para poseer. Robar para permanecer en lo robado.

MEME
Me invita el colega Javier Méndez Llamazares a participar en una “meme” iniciada, al parecer, por Álvaro Valverde. La cosa consiste en copiar las cinco primeras frases del segundo párrafo de la página 139 del primer libro que tengas a mano.
Yo copio de “¿Para qué sirve el arte?”, de John Carey:

“La sencilla distinción de Laski, junto con la intervención del lord justice Coleridge, nos proporciona una manera de diferenciar a los amantes del arte. La pregunta que debemos formularnos es: ¿cómo el amor que alguien siente hacia el arte afecta a su actitud hacia los seres humanos?”

Invito a esta meme/cadena al músico y poeta Diego Fernández Magdaleno, al poeta Jesús Urceloy y al escritor David Torres.
De Tontopoemas ©...


* "Blowin'in the wind" de Bob Dylan