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Thursday, November 25, 2010

Otra vez volví a "Who is me".

Pier Paolo Pasolini, que nació en Bolonia en 1922 y falleció de muerte violenta en Ostia durante el año 1975, puede considerarse como uno de los más grandes creadores del siglo XX en diversos campos, aunque el de la poesía es que mejor muestra su enorme talento artístico, su sensibilidad llena de amargura y lo más sobresaliente de su existencialismo. Ejemplos de esta afirmación pueden disfrutarse en la lectura de «Dal diario (1945-1947)», publicado en su primera edición por Salvatore Sciascia Editore en 1954, un manojo de poemas donde la felicidad, la pobreza y la juventud toman la palabra con una magistral desazón; o en esos apuntes de un triste despertar que PPP tituló «Poesie a Casarsa» (1942) en el que el autor aparece lleno de inseguridad, pero ya poseedor de la palabra; o en «Le ceneri di Gramsci», con el hundimiento de los ideales saliéndose por los poros de cada poema; o en «Poesía en forma de rosa», con un tono autobiográfico impúdico. Todos trabajos deslumbrantes en los que Pasolini va desnudándose y mostrando su evolución racional y su gran altura poética.
«Who is me / Poeta de las cenizas», un monólogo en verso que Pasolini escribió durante una estancia en Nueva York durante el año 1966, y que DVD poesía ha recuperado para el lector español gracias a la traducción del texto realizada en 2002 por Marcelo Tombetta, es una obra inconclusa, un poema largo que presenta en tono discursivo diversos tramos de la vida de Pier Paolo salpicados de conflictos diversos de carácter íntimo, profundas reflexiones sobre la creación y la vida, sobre la relación del autor con la poesía y sobre su decidida voluntad de enfrentamiento con el poder en cualquiera de sus formas... dejando siempre alrededor un campo ético y estético en el que mirarse. «Who is me» recuerda bastante a aquella poesía civil, decadente y de izquierdas de «Las cenizas de Gramsci» que tanto elogiara Alberto Moravia.
En el transcurso del poema aparecen diseminados entre la rabia los asesinos de Guido –el hermano de Pier Paolo asesinado por sus compañeros de guerrilla–, los campesinos encendiendo una campiña idílica con su moral a cuestas, la madre como principio y fin, el Partido Comunista, la poesía hecha libros y crítica, el cine como excusa de todo y de nada, el fascismo y las contradicciones propias y ajenas, la religión con sus dudas, Roma, Alberto Moravia, la búsqueda de una definición de la poesía, América y Ginsberg, el valor del dinero cuando no se tiene y el horror que produce cuando sobra, la burguesía que solo juega a ganar o a perder y cómo despreciarla, el compromiso de la escritura, los múltiples problemas del autor con la justicia, la corrupción de los políticos y de la política burguesa, la mafia del cine y sus mediocres dirigentes, las obras por escribir o medio escritas, el temor a la impopularidad de los escritores florecidos que adulan sin medida para mantener su pedestal, la muerte y la vida confundidas con la posesión...
Pero sobre todas las cosas, un río existencial muy caudaloso que lo arrastra todo, asolando a quien escribe, a quien lee, desolando a quien regurgita sus versos y los racionaliza.
Muy destacable me parece la aseveración que hace Pasolini sobre que «la poesía es la acción real» y que evocarla –la acción real– es lo que puede concretarse en versos. Yo creo a pies juntillas que por ahí va la cosa, que la poesía habita en la vivencia, en el acto, en el sentimiento interior. No en la palabra, que solo puede acercarse al hecho poético con grandes pérdidas en el camino. Así, el buen poeta es el que se deja menos material en el viaje, el que encuentra los versos que son capaces de contener todo el indicio deshidratado, el que es capaz de reproducir en el receptor un tanto por ciento de los sentimientos sucedidos en la «acción real» –no se confunda el prosaísmo de lo descriptivo, por favor–. A más porcentaje, mejor poeta. Este planteamiento acabaría con cien mil poéticas en este justo instante. El decorado, el florilegio, la justa medida, el ritmo interno, la metáfora, el flou y el flash vienen bien y a mejor, pero no solo...
«Who is me» es un poema profundamente humano en el que PPP se desnuda dejando a la intemperie una piel hecha de moral y de ética, una piel que quema y se quema, un poema fresco e innovador, dramaticamente proletario y amargo, desolador y bello, triste, muy triste.

Monday, June 22, 2009

Poema al Príncipe.

Eché media horita a leer a Pier Paolo, exactamente el librito "La religión de mi tiempo". Es verdaderamente extraordinario, sí, verdaderamente extraordinario.

Poema Al Príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida…
Para ser poetas hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

Pier Paolo Pasolini

Thursday, September 11, 2008

No me gusta del todo la belleza…


Vuelve todo a la normalidad y yo vuelvo a echar de menos las palabras de Alberto, ya que desde su llamada telefónica no he vuelto a tener noticias.
Hoy el día salió bastante lunes y, de momento, la tarde no tiene pintilla de ponerse miércoles… comencé llevando al cole a Guille entre una marabunta de coches mal aparcados, luego me metí en mi trabajo de lleno y me percaté de que hay demasiado curro acumulado y pendiente… y, mientras, igual que me sucede desde hace diez días, he estado valorando mi viaje a México con parámetros de realidad. La verdad es que mi economía está por los suelos y no puedo permitirme un gasto especial si no es pidiendo un crédito que se sume a los que ya tengo en marcha, pues afectaría directamente a mi familia… también está la empresa, que anda entre alfileres y puede darme un susto en el momento más inesperado, y dejarla al pairo durante casi un mes me da muy mala espina. La gente de mi alrededor me anima, me empuja casi para que me vaya, pero mi criterio más frío [esta vez sin tener en cuenta el vértigo del viaje] me indica que no debo hacer ahora esta locura, aunque algo dentro de mí me grita: ¡¡¡corre, Felipe, vete!!!
Es una decisión jodida la que debo tomar, y debo hacerlo de inmediato, pues las fechas se acercan con velocidad.
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Y que mi coleguita Joselín llegó de Italia y me trajo dos periódicos del día [“Il lunedi de la Republica”, con Woody Allen en primera bajo el titular “Caro diario ecco i miei amori spagnoli” y “Il Giornale”, con un artículo interesante de Tommy Cappellini titulado “Paura in corsia, da Chechov a Crichton” en página 26], una pluma de Murano [en cristal de Murano, por supuesto], el poemario “Trasumanar e organizar” de Pier Paolo Pasolini con prefacio de Franco Cordelli y en edición de ‘Garzanti • Gli Elefanti’… y una montonera de etiquetas de cerveza, tickets de entrada a museos y otras pequeñas publicidades diversas, que sabe que me encantan [mil gracias, amigacho]. Todo me servirá para ir puliendo mi malísimo italiano, en el que pongo mucho empeño por temporadas.
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Quien concreta, se pierde las otras mil posibilidades.
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No me gusta del todo la belleza… porque no admite más.
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¿Hay algo mejor que yo mismo?… Sí, todo lo demás.
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Cuando mires, no enfoques el objeto… mira solamente cómo se relaciona con su alrededor. Verás mejor.
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Pensando hoy sobre mi diario, creo que debo explicar a quien accede a él que es puramente confesional en todos los campos que toca con ese azar del pensamiento, que desde él no se quiere convencer a nadie de nada ni con él se buscan seguidores que lo alimenten… y que tampoco es importante como para existir hasta el punto que le ponga llaves y lo arme de copias segurísimas [hoy me decía un desconocido en un coment que haga una copia de seguridad por si a la gente de Google se le ocurre eliminarlo por peso]. El pasado no existe ya, aunque nos quedé la candidez de su presencia… lo que se dijo fue importante para quien lo dijo en su justo momento, pero después es nada si no quedó una impronta que lo haga justamente innecesario.
Mi diario soy yo, y yo mismo soy mi propia copia de seguridad, una copia capaz de tergiversar datos, de cambiar opiniones de ayer por las contrarias, de resetearme o de multiplicarme en pensamientos extraños y siempre divertidos [aunque parezcan tristes o de un tipo acabado]. Mi diario soy yo y también es mi mejor medicina, y quien sienta que ha perdido mis letras, pues que me tiene aquí para darse cuenta enseguida de que mi realidad es exactamente peor –y aún– que lo que puedan adornar cada día mis palabras. Mi diario son las visitas al baño, el olor a sudor en las axilas, las ganas de tocar algunos cuerpos, el sexo a su bola entre las piernas, la heridita que me hacen las sandalias, la mano que me ama, el teclear constante con dos dedos en este viejo teclado amarillo de nicotina, los cafés calentitos y los blop-blops continuos de mi estómago, mi roncar por las noches, la vergüenza que siento frente a algunas personas, la rabia que me pone como la niña de El Exorcista cada dos o tres días, el no haber aprendido a decir que no, ese meterme el dedo en la nariz cuando estoy solo, el continuo dolor de mi rodilla que es como un compañero inexpresable, las ganas de reírme de los tontos que me hablan a veces como si yo lo fuera, mis frenéticos impulsos por hacer, mi no saber acabar nada, mi no saber decir como escribo, mi inseguridad, mis máscaras…
Mi diario soy yo y he de borrarme un día cualquiera sin que Google decida que ya es tiempo, y me borraré completamente de la memoria de todos porque no fui lo que debí ser, ni me dejaron ser lo que quise ser.
Yo mismo en estas letras… y también sin ellas.

Wednesday, October 10, 2007

La falta de uno es la falta de todo.

“Cuando en la blanca habitación del hospital de la Charité
desperté hacia el amanecer
y escuché a un mirlo, lo supe
aún mejor. Ya desde hacía tiempo
había dejado de temer a la muerte, pues nada
podría faltarme nunca en el supuesto
de que yo mismo faltase. Ahora,
para alegrarme, me basta también
todo canto de mirlo que suene cuando yo no esté.”
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Es chula esta valoración de la vida que hace Bertolt Brecht en su libro “Más de cien poemas”, que no releía desde mayo 2005 [tengo datada en él la fecha de última lectura] y del que ya apenas recordaba un par de versos que apunté para trabajar sobre ellos.
La falta de uno es la falta de todo, y entenderlo en clave práctica es muy difícil, a pesar de que el concepto es trivial por sí mismo. B. Brecht tenía una hermosa capacidad de encontrar conceptos magníficos y profundos en proposiciones llenas de simplicidad, circunstancia que le hizo y le hace grande, ya que fue capaz de mostrarnos sin enredos ni dificultades [recuerdo ahora mi lectura de Derrida] una serie de caminos luminosos accesibles a cualquier capacidad.
Recomiendo encarecidamente la lectura de sus poemas, aunque no es un poeta al uso.

Y, al amor de B. B., se me ocurre también pediros que leáis con la mente abierta la poesía de Pier Paolo Pasolini… es un lujo para los sentidos.
(23:35 horas) Hoy he tenido que echarle al curro más horas de las debidas y estoy como un trapo, pero me siento bien, porque mientras otros andan utilizando el terrorismo como capote electoralista y la bandera como lo que ellos creen que debiera ser, yo he cumplido con los míos para que esto siga adelante, aunque sea a empujones.
Ladran los perros, porque tienen miedo, mientras un tal Burgos cuenta en el ‘ABC’ que ellos tienen muertos falangistas y les llevan flores blancas [está bien que cada uno sepa de dónde venimos los demás… memoria histórica, coño] porque tienen tumbas a las que acudir… [pregunto yo de nuevo por la tumba de Felipe Sánchez Barbero, que me digan dónde está para llevarle flores rojas y contarlo aquí, no en el ‘ABC’]… y otro zorolo, del que no recuerdo el nombre –en el mismo medio y en página siguiente–, vomita contra el mito del Che desde su culo plano, desde su silla de diseño, desde su sueldo craso, desde su biblioteca llena, desde sus manos calientes, desde su panza repleta y desde su cabeza trastornada por un no sé qué de odio hacia lo que no suponga estatismo conservador…
Me tomo una copita de Quitapenas, me enciendo un cigarrillo y miro el humo… sí, odio a esos tipos, y los odio porque aún no tengo justicia para mi abuelo Felipe, ni para mi abuela Antonia, ni para mis tíos [sus hijos], ni para mi madre… no tenemos justicia, pero nos quedan unos cojones bien puestos para decirlo clarito, para gritarlo en la calle si es preciso, para buscarla donde haya que buscarla y para quedarnos con ella en soledad, sabiendo que hicimos lo que debíamos hacer y como debíamos hacerlo.
Quizás cuando pueda poner una flor roja en la tumba de mi abuelo empiece a tolerar a esos voceros que escupen en la prensa sus sandeces… pero hasta entonces…
¡Salud!, Felipe, que los jodiste dejando hijos en la Tierra.
De FUMADORAS

Monday, March 5, 2007

Las migajas de un plato frío alimentan más que la fotografía de un plato caliente.

La verdadera poesía pide distancia, que el poeta haya sabido distanciarse de la realidad que la empujó. Cuando esto sucede, el poema se carga de una ironía especial que nunca contiene el de bote pronto. Y es que la poesía más sólida está llena de ironía, porque la distancia valora el tiempo de la herida y lo acerca a un interesante punto de objetividad que no puede contener el poema de vivencia caliente. Sin el dolor latiendo, sin el sentimiento empujando en la cabeza, el poema se desenvuelve mejor, sin el exceso de lo trágico y con el justo láudano de lo que se puede valorar completamente porque ha pasado. Y el dolor no es tanto cuando ya sucedió, ni el amor, ni la euforia, ni la decepción, ni la risa.
...Pero me gustan tanto los poemas urgentes...

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RECREACIONES CON HURTOS DE PAPEL (6)
(Va dedicado a mi amigo Ramón Hernández Garrido)
Nadie sabe en qué fecha José María Aznar pactó con Saturno para tomar el espíritu de Pecksniff* y cambiarlo por el suyo –un espíritu anodino y planchado–. El caso es que en la herrería saturnal celebran lo bien escogido del personaje, pues nunca, nadie, desde el principio de los tiempos, había llevado con tanto aprovechamiento un espíritu ajeno.
Para celebrar tal circunstancia, Saturno ha encargado a sus magníficos fundidores que le vacíen una copia del rostro de don José María con una leyenda orlada en laureles que rece: “José María Aznar. Excelencia en hipocresía saturnal”.
Hace un par de semanas coincidí con Saturno en una conocida cafetería madrileña y me comentó que en su gabinete de diseño están trabajando en una suerte de “VICTOR” para poner en la fachada sur de la antigua catedral de Salamanca.
Bebimos bastante… era absenta.
* (Pecksniff es un personaje de la obra “Vida y aventuras de Martín Chuzzlewit”, de Charles Dickens).
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(15:43 horas) Decía Pavese que “el destino es abandonarse y vivir la plenitud”. Yo digo que sobre todo es abandonarse y vivir la nada, porque “destino” es el final del viaje y no el camino. Todos llegamos al mismo punto siempre, un punto de desaparición total y absoluta [a unos les llega justo cuando la vida se alumbra en sus cuerpos, y a otros cuando ya han sucedido muchos años después de su muerte física… pero todos respondemos perfectamente a los versos de Manrique]. Ítaca, que no el destino, está justo en el camino, en el paso dado, y en ese viaje es donde se puede jugar a alcanzar la plenitud… Ítaca es la búsqueda y el destino es la nada.

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RECREACIONES CON HURTOS DE PAPEL (7)
Cuando visité a Pier Paolo Pasolini en el hotel de Riva Ligure en el que se alojaba, le encontre desastrado y arisco. Me recibió a pesar de su estado y charlamos de asuntos superficiales durante más de cuarenta y cinco minutos.
De repente, cuando nuestra conversación transitaba por la curia romana y sus asuntos oscuros, Pier Paolo cortó la conversación con una especie de rugido, me miró fijamente a los ojos y dijo:
“Eres la reencarnación de Homais*, cabrón. Mediocre, anticlerical y volteriano… siempre pendiente de tus intereses. Tu alma provinciana no te permite ver cómo caemos vencidos los héroes, mientras te hinchas con tus condecoraciones absurdas y grotescas… Métete tu seguridad donde te quepa…”.
Y haciendo gestos de bufón, como una burla, desapareció por el pasillo de camino a su habitación.
De vuelta a casa, pensé en sus palabras y las encontré cargadas de razón… a los mediocres sólo nos queda la posibilidad de ser Homais, que es como ser nada.
* (Homais es un personaje de “Madame Bovary”, de Gustave Flaubert).
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(17:29 horas) ¿Existen las ‘cosas’ antes de que yo las conozca? ¿Después de que yo las conozca, las ‘cosas’ se destruyen? Sé que la apetencia de conocimiento es puro oxígeno, pero también sé que la obtención del mismo es como una bocanada de dióxido de carbono. ¿Fue capaz el sabio árabe que ideó de forma vaga el flujo direccional de la luz [cambiando la idea del mundo que le rodeaba de que la luz emanaba de los ojos como rayos] de medir la incidencia de su idea en el negocio de las gafas con filtro solar? Su idea destruyó una forma establecida de ver el mundo y creó un amplio camino de consecuentes destrucciones.
El conocimiento es una interminable carrera hacia la destrucción de lo mítico.

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