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Sunday, April 22, 2007

Una de electorandos.

Aquella derecha bejarana de señores/señoras [don/doña] con su ‘Casino’ [de los ‘Señores’ –era iterativo el término–] y sus fábricas, con su aquí sí y su aquí no, con su educación puesta como un traje de domingo y siempre… ya no existe. Ahora es una derecha de estanco y gasolinera, de ocioso matriarcado a lo mosto con guindita al marrasquino y de reserva generala. Y no está mal que a los unos se los hayan merendado los hunos, que este pueblo hispano nuestro siempre fue caníbal además de cainita [nunca un mejor ejemplo del cainismo democrático que el de este pueblo caldera], como tampoco está nada mal que los hijos de los obreros vayan pillando ínfulas y regustos poderosos, pasando del moco al pañuelo y del pañuelo al kleenex. El caso es que la nueva derecha ha revirado el término y ha pasado de magnífica a pollarda, que viene siendo algo más cercano al pueblo de andar por casa, porque entre los de la calle nos conocemos todos más y mejor, que no era bueno votar a un tipo al que sólo se le veía un par de veces al año y, cuando esto sucedía, era para hacerle un par de reverencias y llamarle de ‘don’. Ahora es mejor, vas al súper y coincides en la cola con el/la proconcejal/proconcejala de turno; te tomas un cafetín y allí los tienes, a tu justa vera con manzanilla y pastas; echas gasofa y te la sirve uno de esos prominicónsules; compras tabaco y lo mismo.
Así es mejor, coño, mucho mejor, porque haciendo cola se conoce más a la gente, y tomando cafés y echando gasofa y pillando Chester… Lo que ya no me cuadra es la milonga del asunto ideológico [no hablo de capacidad, que ese tema daría para tesis de varios doctorandos], y como no me cuadra, me encantaría detenerme con ellos en las colas Eroski para ver cómo andan de saber económico en entidades menores, para ver cómo sienten el urbanismo cercano y cuáles son sus normas, para saber si tienen idea de los problemas de gestión de una empresa tan grande como un ayuntamiento y cómo se solventan los jodidos problemas de personal y nóminas. Es más, me gustaría conocer su percepción de España sin los tintes políticos que norman los partidos para las elecciones, qué es lo que les molesta, qué es lo que les agrada, cómo se traza un pueblo con valor de futuro, cómo se arregla el tráfico, cuáles son los impuestos que animan o que joden, por qué se pierde empleo y cuál es su estrategia para que no suceda, su idea de cultura, su apuesta en enseñanza, sin van a ser ecuánimes con todos o sólo con los suyos, sin van a colocarse o a colocar a primos, si intentan escalar puestos en sus carreras...
No es mala baba, sino curiosidad e interés por saber hacia dónde, cómo, por qué y con qué mimbres se hará política pequeña. Y es que si no hay valor real en las personas que han de representarnos, lo más posible es que tampoco haya futuro. Y eso es lo que quiero sopesar, sus valores como individuos, sus conocimientos, sus percepciones, sus ganas, su proyecto político.
Me dirán que de los partidos de izquierda o del mismo UPS no hablo, pero es que a ellos los conozco de cerca, de mucho más cerca, y ya puedo trabajar con datos para elaborar una opinión más o menos formada de lo que me/se merecen.
No es mala baba, itero, es preocupación por no poder votar con una valoración personal completa y bien trabada.
Ya sé, pues siempre fue difícil hacer listas en Béjar, que siempre fue preciso tirar de gente extraña para hacer bulto y llenar candidatura, que se pillan paisanos con tirón e influencia en diversos sectores sin medir sus valores ni sopesar sus ‘deudas’, que se suman vacíos para llenar o incluso para fastidiar… pero esas imágenes no me interesan, quiero sus líneas de pensamiento, sus conocimientos, su experiencia…
No estaría nada mal que todos los ‘candidatos’ se prestaran a un encuentro con el público para responder a sus/nuestras preguntas. Todos acabaríamos con las ideas más claras.
(13:22 horas) Estoy convencido de que hay un momento para dejar de hacer en la vida todo lo que se supone salvífico y empezar a ser un tipo terrible e inaguantable… también debe haber un momento para dejar de leer y quemar tu biblioteca sin que quede posibilidad alguna de recurrir a esas palabras de otros que somos todos. Dejar de leer para empezar a ser uno mismo, dejar aflorar al miserable interior y recurrir al correlato de lo individual, escribir sin cordura, pero sabiendo lo que ya escribieron los demás… Y también debe existir un momento para dejar de escribir y tirarse al mundo sin medir consecuencias, pues sólo una es fruto de certeza, la muerte, y ésa no importa tanto, porque precisamente es la única importante [digo que no importa tanto en el decir]. De llegar a ese punto, circunstancia difícil para un fumador empedernido, me gustaría que no me gustara nada y decirlo con tranquilidad, ciscarme en todos los símbolos del mundo y dormir lo justo.

(17:40 horas) Me he leído en un ratito “La sed provocadora”, de Ricardo Virtanen, una recopilación de haikus y tankas que me regaló en nuestro encuentro madrileño de hace un par de días. Una brevería llena de sentimiento tranquilo y reposado. Lástima que no me dé por los haikus para llenar miles de páginas, pero siempre he pensado que no es un palo de nuestro idioma ni para nuestro idioma, de nuestra estrechura poética ni para nuestra voz. Prefiero las soleás mil veces… o por lo menos hasta que empiecen a rasgarse mis ojos y farfulle esa cosa entre nasal y rarofricativa del chinitojaponés. Ojo, que no me estoy metiendo con Ricardo, Dios me libre, que su libro tiene latido, sino que he aprovechado para meterme con esa forma poética extrañada y rapiñada para ser sucedáneo en nuestro idioma.
•••

Todo está bien o mal
y no me importa demasiado,
porque sentado
en esta silla pienso
en la arena que pisé un día
y que será voz de otros.

No tengo ganas
aunque sé que se fraguan atentados terribles,
muertes de hambre
y cenas a las nueve, cuando la luz eléctrica
es signo de otra vida.
No tengo demasiadas ganas
ni para el amor,
que ya es bastante decir,
ni para llevarme las manos a la cabeza
porque la vida es lo que yo quiera
y hoy no quiero.

Paseando por El Prado hace unos días
recordé que el latido se estrecha
como se estrecha el mundo
y no sirve decir
si no es para que alguien sufra
por lo que hizo
o por lo que habrá de hacer.

Me relamo de las uñas mordidas
sentado en esta silla
con una luz directa,
mirando el humo subir
con su afán de patinar el techo.
Esto ya me sucedió muchas veces,
demasiadas,
y sé que pasará como yo habré de hacerlo.

•••
De Tontopoemas ©...


* "Palabras para Julia" por Paco Ibáñez.

Saturday, April 21, 2007

Madrid y su millón de muertos.


Madrid es una ciudad de chulos por cojones que no se pueden ver entre la mixtura de gente interesante que deambula por sus calles… como Salamanca es una ciudad de tratantes de ganado que se ven por todas las esquinas helmánticas mirando lo culos extasiantes de norteamericanas becadas y rubísimas.
Y Madrid es para ir con gafas de sol oscuras que filtren con sabiduría las infinitas emociones que se meten por los ojos cada jodido segundo capitalino [Salamanca es mema en eso, pues en vez de unas gafas de sol debes ponerte una venda tupida y apretada].
Estuve en Madrid, sí, y pude volver indemne a pesar de los túneles chulescos con olor a mazmorra moderna y las promesas de soltar la teta al aire de la procoima bizca Esperanza Aguirre [miedo me daba encontrarme con esa pezonería al doblar cualquier esquina]… El caso es que me presenté en Rivas a los postres para ver a mi eterno Morante [antes me había metido entre pecho y espalda un bocata de atún con queso caliente entre pan de aceitunas en ‘Pans & Company’… toda la tarde repitiendo, coño]. Lo dicho, que mi Morante, como siempre, con los brazos abiertos hasta hacerse daño para quererme, llevarme, traerme, dejarme, regalarme… Gracias, tío, por esa amistad inquebrantable y por el lujo de “Noche de escupir cerveza y maldiciones” que ya estoy leyendo como si yo mismo fuese Charles Bukowski y Sheri Martinelli a la vez. Es un libro para devorar.
Y luego al centro con aparcamiento al primer intento [todos los tontos tenemos suerte] con el morro Korando mirando a la estupidez Moneo pegada como un mal cromo al Museo del Prado [cualquiera es arquitecto… o podría serlo en esos términos simples y anodinos y con esa pasta gansa y comunitaria].
Paseo. Del Jardín Botánico salían japonesas con helados en la mano y en la boca, blanquísimas, sin culo alguno con que dar aire a sus vestiditos de gasa negra… y dos yankees tetonas con sello de Virginia en la cabeza comiendo palomitas como palomas ávidas… sonaba mientras tanto un violín electrónico pidiendo unas monedas [era el ‘Desafinado´ más chulo de la tarde] tras las manos de un tipo con estética country y sonrisa Paradox… un argentino cutre vendía camisetas bandidas del ‘Madrí’, bufandas toro Osborne y banderas de España [aquella otra España… ésta] con el águila al viento. Me giré y me miraba fijamente Velázquez desde su silla negra, lo hacía como para pintarme y le daba la espalda al andamio de siempre que luce como fondo [le pregunté la hora… no sabía]. Crucé un par de semáforos como quien cruza el tiempo y en un salto de ciego me pasé de la zona del arte [atrás quedaba el Tissen con sus rostros mirándome] a la zona política… todo vileza y lujo marcando raya justito en una acera llena de guardaespaldas maximoduttis con cordón en la oreja y la mirada en grados escudriñando todo… coches de ensueño, cafés a cerochenta, helicóptero fijo como una garrapata agarradita al aire, putas de a mil/minuto… y enfrente el Barrio de las Letras [que ahora ya son de cambio, aunque no del que yo quisiera]. Hoteles de mil euros la noche miran aquellas letras que fueron hambre y rabia y son negocio a secas. Me enfadé, pero nada… Tomamos unas ‘Cokes’ en una tabernita con patatas servidas en flanera [por allí andaba el hijo de don Gonzalo Torrente Ballester con tres vestales, que me lo dijo Fernando con su sonrisa entera].
Visita al Ateneo… Vetusto, con solera, sin ese toque chungo de arquitectos horteras que han jodido en El Prado un antes que ya era, pesado en pensamiento [de peso, se me entienda], con flou republicano, con pátina de Ortega, con retintín Inclán, con olor Fendetestas… Me gustó el Ateneo… con su Miguel Losada [moreno hasta la médula, con camisa ahitiana y americana fresca], con María Antonia Ortega, con la niña francaise [la hija de Gamoneda], con el Bartol de siempre, con Marisol Perales, con Cereijo and Virtanen, con Juan Pastor y su luz desierta… Y todo sin Esther… me dio pena.
Andaba por allí la gente del poeta [Aníbal Núñez, coño], amigos, un sobrino copiado de las fotos Larraz y alguno que se queda en esta triste niebla que baja a mi memoria después de la tormenta.
Hablamos para el público sin más. Yo, de patética entrelengua [no soy para los actos ni para andar en ferias]; Fernando, delicioso, con auténtica ciencia de ponente con años, tranquilo en su perfecta perorata propoética; Germán, verbobrillante, fuente a chorro, videncia de la evidencia misma, como una cabra eterna de magistral, excelente en su misma excelencia [este tipo me mata cada vez que le escucho… me encanta, me asombra… y también me da un miedo extraño que no sé definir].
Terminó y nos perdimos [yo ya andaba perdido desde las tres p.m.] sin poder compartir una última cerveza con todos los presentes. Se hizo otra vez la ausencia.
Cañita con Virtanen, Cereijo, un encanto de niña y mi Morante eterno.
Viaje al interior según volvía a Béjar.

PINCELADAS SIN AGUA

José Luis Morante: Todo el agua bajo la superficie del agua.
María Antonia Ortega: Porcelana dispersa que busca fijamente un punto donde anclarse.
Fernando R. De la Flor: La justa referencia.
Germán Labrador: La nota al margen que supera al poema.
José Cereijo: Algún día de seguro ha de orinar estrellas.
Ricardo Virtanen: El silencio que acecha.
Gonzalo Alonso Bartol: Solo toma poesía si la ponen de tapa con la última cerveza.
Miguel Losada: La poesía se va de vacaciones y vuelve bien morena.
Marisol Perales: Escribir no se lleva… Tú ya eres el poema.
Juan Pastor: Siempre en pareja, siempre. En pareja.

ESTAMPITAS MATRITENSES

El guardia jurado en ventanuco hablando con una mujer gruesa de pechos generosos a la vista, el pobre arrodillado pidiendo en una súplica grotesca, la yonki en chándal Karhu mostrando sus bragorrias azules por entre el pantalón, el pijo con su perro luchando como un loco para que no se tirase a una pointer sin ‘pedigrí’ frente al Palacio de las Cortes, un negro con maleta, la japonesa en sostén sobre la hierba del jardín de El Prado, el chino de la tienda de conservas, la exsede MPDL [¿en qué quedará esto?], dos esculturas nubias haciendo bien su footing de miradas que buscan, diez tangas en los bancos del Paseo del Prado, una ciega comprando un bocata de anchoas, una guripa con los labios pintados de rojo intenso, el pelo rojo de una bedel sin dientes, la prensa en la basura, la mirada perfecta de aquella camarera era como de ambigú de cine de domingo, el olor ácido de la calle, el sudor. Cierta sensación Paso que se hizo insoportable, un apretón de tripa sin servicio a la vista, cistitis otra vez, la risa Fernandito [misteriosa y perfecta], un café con pastillas, una oriental goyesca con la cara aplastada mirando fijamente mis ojos verdegrises, cien posibilidades, cierto look Gallardón con sensación de plástico, un vómito de esquina, un beso a cuerpo abierto que me produjo envidia, más de cuarenta abrazos, libros viejos llamándome y mi bolsillo vacío, un amor, siete odios, el tren de cercanías, Santa Eugenia, pintadas…
Todo se me hace grande algunas tardes… ‘luego meriendo algo’ [y todo con permiso de don Ángel González].
(16:37 horas) Llego a casa para comer y me encuentro con un mensaje de Fernando R. De la Flor pidiendo explicaciones [con razón] por mi desaparición de ayer en Madrid. Me expliqué con el colega, pues me dejé llevar por el grupo y ya no supe más del resto de la gente [yo en Madrid soy nada]. Me comentó que a Gonzalo le jodió un puntito mi rara ausencia… le pedí el teléfono de Gonzalo, le llamé [andaba por Galicia entre ribeiros cambadinos] y todo volvió a su ser. Sólo me queda disculparme con los que no tengo contacto directo, y lo hago desde aquí con la esperanza de que me lean: Marisol, María Antonia, Germán, Juan, familia Núñez, niña Gamoneda y consorte… todos… me perdí en Madrid y no supe encotraros, se me hizo tarde para volver a Béjar y pillé carreterita y manta. Os debo una a lo grande. Queda pendiente, coño.
NOTA: Agradecimiento a Pepe Benito por hacer las fotos del encuentro y también las disculpas pertinentes por el despiste.
De Tontopoemas ©...


* Leo Messi me quita el calor madrileño.