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Thursday, June 30, 2011

'Yo no me puedo quejar', me dijo...


Yo no me puedo quejar’, me dijo, ‘no me debo quejar’, y no sé si rectificaba o sumaba el ‘puedo’ al ‘debo’... ‘y me da pudor ponerme al lado de los indignados cuando en un par de días salgo hacia la playa para largo y acabo de cobrar una extraordinaria golosota’... y yo le dije que no es cuestión de cobrar más o menos, que eso es circunstancial, y le expliqué que la cosa va por la cuarta o quinta cuenta del collar y que él está ubicado en la cuenta número diecinueve... y que ahí también va a llegar el ahogo, porque roto el nudo que lo hace circunferencia -que lo hace collar-, da absolutamente igual el lugar que ocupe cada cuenta, todas se deslizan y caen sin remedio... y le quise explicar que ahora tiene la oportunidad de ponerse del lado de la ilusión... ‘¿no ves que no puedo, amigo?, tengo un estatu que no me lo permite... ¿pero cómo me voy a quejar yo, con mi suerte?’... y le expliqué que eso no tiene nada que ver, que su postura debe ser la de la solidaridad, la de estar en el camino junto a quienes caminan... ‘he visto a demasiados necios arrimarse a esa gente, poniendo la mirada falsa de quien está a tu lado sin estar... he visto a muchos dando lecciones durante estos días para luego volver corriendo a su casa grande, a su sueldo enorme y fijo y, sobre todo, a su egocentrismo enmascarado de palabras... yo no sé hacer eso, amigo, ¿me entiendes?’... pues claro que te entiendo, pero quiero que comprendas que el hombre, cada uno de los hombres, necesita también tu apoyo, sentirte a su lado, aunque tú aún no padezcas ese mal de casi todos...
Luego me preguntó por mis cosas, por mi vida, por mi trabajo... y le conté que lo único que me salva es el proyecto solidario pequeñito en el que estoy empeñado... conseguir carritos polleros para familias necesitadas del Perú, hacer entender a un par de familias de allí que tienen hijos con problemas físicos que admiten mejora por cirugía, que acepten el apoyo e inicien el camino de un tiempo mejor; organizar la ayuda a Senegal –que ya tiene algunos mimbres magníficos para que todo empiece a fluir–, dejarme la piel en los mercadillos, con las ediciones solidarias y con la gestión de todo, que cada vez se me va haciendo más compleja... y me contestó... ‘no son tiempos para la solidaridad, amigo’... y le dije que, muy al contrario de lo que él pensaba, estos son los tiempos más hermosos para ser solidarios y cooperativos.
Luego hablamos de los hijos, del fin de curso, de los próximos destinos en el tiempo y hasta de la hermosa posibilidad de vernos en agosto.
Y me despedí de José Luis, no sin antes prometerle que le llenaría su correo de mítines políticos, sociales y humanitarios.
Me dio uno de sus grandes abrazos telefónicos... y me quedé algo triste por no sentir en mi amigo esa pujanza urgente de lo que es verdaderamente necesario entre los hombres (o, por lo menos, de lo que yo considero verdaderamente necesario).
Sin lucha, se cierran todos los caminos pronto o tarde... todos.

Te quiero de verdad, amigo.

Saturday, May 28, 2011

OTRO MAYO ES POSIBLE. Viaje a Madrid.


Ya arrastraba la piel algunos pesos zafios y el vocabulario se me venía haciendo más pequeño por ese mal absurdo del tipografo que incapacita a todo lo que no sean palabras. Ya era necesidad casi científica volver a una calle ajena y hablar con faltas de ortografía, como entonces. En este punto hay que decir que a veces, solo a veces, el fin justifica cualquier medio y cualquier miedo, que lo tengo muy claro.
Así las cosas, con la herida bien puesta entre las cejas y cierto remordimiento infantil y libertario [que a veces es lo mismo] me puse en carretera... y vi que España sigue en obras y a medio hacer, mientras me sobrevolaban rapaces y jilgueros, estorninos y urracas... también cigüeñas blancas.
La carretera es tráfago, pero el viaje es como un baño fresquito y reparador... y acercarse a Madrid es como jugar en un ‘Palé’ sin fichas, con casitas y hoteles, con enormes fajos de billetes falsos, pero sin fichas.

Después de una chapata con jamón en área de servicio... las luces, la ciudad, el tráfico, la gente... y en dirección Valencia, mi parada inexcusable, Rivas Vaciamadrid [llegar a Madrid es ver primero y siempre a mi amigo José Luis Morante, mi hermano poético, mi carnal, un tipo 'padre' donde los haya]... esperé media hora a que saliera de su trabajo, y lo hice paseando por el centro comercial que era el lugar fijado a nuestra cita... todo se vende o alquila en aquel sitio tan repetido en mis viajes, y los menús del día a han pasado de los quince euros de hace un par de años a los ocho euros de hoy y sin clientes esperando mesa [esto es la crisis real, me dije, la crisis verdadera de la democracia irreal]... antes bullía de público a cualquier hora, de ejecutivos menores con sus móviles abiertos, de inmigrantes con trabajo y de gente comprando mercaderías de todo tipo... hoy es un cromo repetido que ya no quiere nadie, espacio hacia la soledad y desatino.

Llegó mi amigo y nos fundimos en uno de esos abrazos fuertes en los que fluye cualquier cosa pendiente para hacerse común y compartida. Comimos a ocho euros y salimos veloces a un café, ya en Madrid, con el gran Urceloco [que, con su generosidad de siempre, me presto plaza de cochera en Tirso de Molina... una pasada para mi incapacidad circulatoria capitalina].
Jesús, Urceloco, apareció cojitranco y bastonero... juraba en arameo contra Gallardón porque se había herido con un bolardo asesino puesto a traición por el alcalde ganglio. Me dio penita encontrarme así a mi amigo, sufriendo –que sufría, se le notaba a voces– y sonriendo. Subimos a su casa para tomar café y charlar un ratito [el café estuvo bueno].
Luego llegó mi prisa por asomar en Sol, mis ganas por estar entre los hijos nuevos de Stéphane Hessel... y a Sol fuimos despacio [que Urce no está para prisas en estos días] y charlando del mundo y sus caries enormes.

Y Sol era una fiesta de calor y personas, una fiesta magnífica de la posibilidad, una fiesta cansada y necesaria con cierto tono de infección bullendo... me asombró la organización perfecta del poblado en el kilómetro cero de esta jodida piel de toro, la emoción, el trasiego de tipos variopintos mezclados en un deseo común de ser ‘comienzo’... me dio la sensación de estar viviendo el momento más importante de mi vida, de estar entre la gente capaz de propiciar lo que se venga y como sea... y abrí mí boca de admiración para no cerrarla hasta salir de allí, y me animé a hacer un cartel que dejé a su suerte en entre los miles de ellos que allí había... y me sentí feliz y triste a la vez... y presentí esperanza.
Como el calor era grande y se hacía insoportable, y como vi a mi amigo Urce bastante tocado físicamente... sugerí un cafetito en terraza de la calle Montera, justo a la salidita de Sol, para seguir disfrutando con los ojos de esa impronta bellísima llena de jóvenes que hará saltar cualquier día esta mierda de sistema por los aires... y llegó el contraste... junto a la voz cabreada del pueblo, la hilera interminable de árboles con su inseparable prostituta del Este, los multiplicados tipos del ‘compro oro’, las lectoras de manos y las echadoras de Tarot, los chulos vigilando, los pijos con mirada recelosa y pantalones apretados, la España de gomina fundida a la de lumpen y rozándose con la que clama una democracia real en una sola calle... pero esta vez no olía mal Madrid, como en otros viajes... esta vez olía a algo inesperado que aún no he sido capaz de definir.

Y Morante tuvo que dejarnos, pues debía estar presente en un acto de librería ‘La Central’ con Luis García Montero para presentar su último libro en ‘Cátedra’ [ed.]... y caminé con Urce, despacito y charlando, para acercarnos poco a poco hasta “Tipos Infames”, el local donde se desarrollaría el acto de entrega de los premios Charcolive.
En este punto quiero detenerme en Jesús Urceloy para decir de él que es pura generosidad a pesar de ser un escritor maltratado [no maldito, ojo], olvidado por muchos a los que ayudó a subir, hermosamente afectuoso, vivo como una liebre joven, atrevido hasta el riesgo [no sé si eso es ser ‘procaz’], ocurrente, brillante... y necesitado de un afecto intelectual que se merece como nadie [yo no perdono ciertos olvidos... y mucho menos algunos de los que han caído sobre Jesús, pero el tiempo pone y quita, y esa será su venganza]. Quiero a Jesús y basta.

Y llegamos, más a trancas que a barrancas, hasta el lugar eventual [el del evento] para encontrarnos con Rafa Pérez Castells y recordar viejos tiempos, para conocer a su compañera, verdaderamente encantadora; para reencontrarme con Álvaro Muñoz Robledano [un tipo grande donde los haya... nunca olvidaré el detalle que tuvo conmigo al apretarme la mano para dejarme en la mía una aportación a los proyectos solidarios de SBQ], que es pura mordacidaz y un magnífico poeta, para volver a abrazar a mi David Torres [otro amigo grande que tuvo un detalle par al de Álvaro... mil gracias] y decirle eso de “me encanta tener amigos ‘de izquierdas de derechas’ a los que machacar a achuchones” [le noté muy afectado por su perrito, que anda el pobre metido en una enfermedad terminal]... siempre aprendo tanto de su conversación, y abrazar al ‘jovencito’ Antonio Rómar mientras me dejaba llevar por su entusiasmo narrativo.
También recuperé a un amigo viejo del que no sabía nada desde hace unos quince años, el artista plástico José Miguel Palacio, un maestro del hiperrealismo con el que pasé unos días estupendos en Béjar cuando éramos más jóvenes.

Y llegó la hora del evento y me sentí verdaderamente feliz de estar entre tantos amigos buenos para poder dotar a SBQ de una cantidad muy necesaria en estos días difíciles... leí mi poema y escuché los poemas de cada uno de los finalistas con emoción... y conocí a la italiana Roberta Parisio, que se alzó con el segundo premio [realmente encantadora], y al tercer premiado, Rodrigo Cueto, un madrileño entusiasta y comprometido que me pareció muy buena gente.
Luego un catering de sushi [qué poco avezado estoy yo en esos sabores y esas texturas] y una cena deliciosa y entrañable.
Antes de tomar mi camino de vuelta, le dejé a Jesús unos ejemplares de STANDDART para que hiciera proselitismo entre su gente y sus alumnos del taller de poesía.

Regresé a casa muy tarde, pues a pesar de que Jesús me había hecho un plano para poder salir de Madrid con facilidad, una de las calles que debía seguir estaba cortada y me perdí inexorablente hasta tener que tomar la determinación de pedirle a un taxista que me pusiera camino de la A6... me dormía por el camino y tuve que parar a tomarme un Cola-Cao frío en el área de servicio de Villacastín para recuperarme. Durante todo el viaje de vuelta mi cabeza viajaba entre Perú y la Plaza del Sol madrileña mientras seguía convencido de que el fin, a veces, justifica cualquier medio y cualquier miedo...
Durante todo el día, no sé por qué, estuvo presente en mi cabeza Hugo Izarra.
Llegué verdaderamente agotado, pero muy feliz.

Con Lobo, Álvaro Muñoz Robledano y Rafael Pérez Castells intentando el sushi.

Y como tontería final, pues que vi uno de mis últimos libros en los estantes de una librería madrileña... es la hostia.

Saturday, February 5, 2011

Por lo menos pon unos estores... un viaje para homenajear a Luis Alberto de Cuenca.

El teléfono móvil y los temblores de una compañera de curro de José Luis Morante dejaron esta imagen divina en la que estamos José Luis, Emilio Pascual, Luis Alberto y el que suscribe.

Fue un viaje entrañable desde la justa salida. Venía yo de una semana llena de preocupaciones urgentes en la que apenas había podido reposar [la cabeza, que le da vueltas a todo hasta a la hora de dormir] y todo había encontrado solución a última hora, justo antes de pillar camino a la capital de reino. El día amaneció extrañamente primaveral después de tantos días llenos de flores del frío y solo esa circunstancia ya conformaba el mejor presagio.
Viajé con Antonio Gutiérrez Turrión y el viaje se hizo corto por la conversación constante [casi un monólogo de mi amigo, pues la obligada atención a la conducción y los restos recientes del naufragio semanal le daban forma a mi silencio]... hablamos del último pacto entre gobierno, patronal y sindicatos; de la movida prerrevolucionaria de los países árabes y sus posibles consecuencias, de las ideas de Ortega y Gasset sobre la deshumanización del Arte [Antonio había hecho una relectura reciente de la obra y me puso al día de los conceptos lanzados por el filósofo al respecto]... y así recalamos en Rivas-Vaciamadrid casi sin darnos cuenta.
Y en la macrociudad dormitorio encontramos enseguida a José Luis Morante, algo más delgado que la última imagen que se me había quedado trabada de él, vestido de un negro poético muy especial y con algunas canas más en el cabello. Nos recibió como siempre recibe, con generosidad y con los brazos abiertos, y nos invitó a comer [garbanzos con callos, morcilla de Burgos con huevos estallados sobre una base de patatas panadera y tarta San Marcos... deliciosa la comida]. Durante la comida, José Luis me regaló unos libros magníficos, entre los que había uno que me dejó perplejo: “La dolce vita. Poesía y Cine. Antología”, firmado por Francisco Ruiz Noguera y editado por el ‘Centro Cultural Generación del 27” y la Diputación de Málaga. Morante me pidió que mirase en el índice de autores y me vi en él enseguida con llamada a la página 195 del volumen, donde aparecen dos poemas míos [‘La sonrisa sardónica de Welles’ y ‘Rosebud’] arropados por una hermosa compañía entre la que figuran Francisco Ayala, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Carlos Barral, Pedro Casariego, Antonio Carvajal, Gabriel Celaya, Luis Cernuda, Carmen Conde, Luis Alberto de Cuenca, Gerardo Diego, Jordi Doce, Lorca, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Pere Gimferrer, Félix Grande, José Infante, Manuel Machado, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Edmundo de Ory, Pérez Azaústre, Pedro Salinas, Roger Wolfe... y así hasta completar un elenco delicioso en el que también figuran mi desaparecido maestro y amigo Rafael Pérez Estrada y el propio José Luis.
Toda una sorpresa en una edición realmente hermosa.
Junto a este tesorito, José Luis me regaló el volumen ‘Francisco Ayala. El escritor en su siglo’, de Luis García Montero, y “Escribir la luz. Fotografía & Literatura”, un ejemplar golosón del número 250 de la revista ‘Litoral’.
Y tomamos camino de Madrid, no sin antes dejar a Antonio cerca del centro mormón de la Villa para que fuese a visitar a su hermana.
Aparcamos en un parking del centro y salimos a pasear tranquilamente la ciudad... la Plaza de Cibeles con su molondra restructuración carísima del edificio de Correos para gloria y disfrute de los gallardonitos peperos... Alcalá con sus edificios mágicos y un primer café en la azotea del hotel ‘Ada Palace’, donde nos tomamos un café largo mirando desde arriba el mágico edificio ‘Metrópolis’, ese icono madrileño incomparable [más incomparable para mí desde que ayer descubrí que en su azotea hay una vivienda con puertita de cortina vieja y dos ventanales con persiana verde de maderitas enrollables y tres tiestos de geranios colgados en la pared, todo un contrapunto absolutamente recomendable de ver desde el ático del ‘Ada Palace’... y que se me escapó la frase del día... “hijo puta, por lo menos pon unos estores”].
Luego un ratito de Gran Vía, un ojeo a la bajada putera hasta Sol [las prostitutas cada vez son más jóvenes y ocupan cada árbol y cada esquina con una parsimonia ancestral], la Puerta del Sol con sus rateritos y sus chaperos o con sus ‘compro oro’ en un ambiente multicultural lleno de color que contrastaba vivamente con las modernas estructuras de los nuevos accesos al Metro madrileño... paseo obligado por Chueca [el Madrid que más me gusta] y una Coke en el Círculo de Bellas Artes con un posavasos de diseño Diana Raznovich en el que figuraba un preservativo usado junto al mensaje “No a la explotación sexual”... y se me empezaron a poner los dientes jodidamente largos con los cartelones que anunciaban un acto sobre el legado de Walter Benjamin, un ciclo sobre la nueva narrativa cinematográfica americana con la figura de John Ford como centro de todo, el ciclo ‘siete miradas africanas sobre España”, una exposición sobre la obra de Alberto Mangado o un curso sobre arquitectura contemporánea dirigido por Peter Eisenman...
Y otra vez a pasear la calle para pillar un vale de súper oferta de ‘Mundo Kebab’ en su local de Hortaleza [con refresco, kebab y patatas por 4,90 €] y para encontrarnos de cara con Enrique Gracia Trinidad y caminar charlando juntos hasta la justa hora del homenaje a Luis Alberto.
Y a las siete, en la entrada del Círculo, empezamos a encontrarnos a amigos viejos [por tiempo y también por edad]... Paca Aguirre y Félix Grande [recién operado del corazón y con bastante buena pinta a pesar del achuchón], entrañables, como siempre; Javier Lostalé... y nos subimos hasta el quinto piso, donde estaba la sala en la que se haría la presentación homenaje a Luis Alberto. Allí aparecieron nuevos viejos amigos a los que fui abrazando... Miguel Losada, Emilio Pascual [qué tipo tan extraordinario, coño], Fernando Beltrán, Javier Puebla, Jesús Urcely y Sol, Ricardo Virtanen... hasta que pude abrazar a Luis Alberto y nos hicimos una foto movida que quedó espectacular y que se debe a la mano de una de las encantadoras compañeras de curro de José Luis.
Y que comenzó el acto y fue verdaderamente entrañable [y largo, aunque en ningún momento tedioso]... quienes estábamos allí habíamos ido a demostrarle nuestro afecto al amigo y al intelectual... y éramos un grupo extraño y misceláneo que dice mucho de lo que supone y es Luis Alberto... tipos de izquierda radical y de derecha recalcitrante, escritores de corte clásico y poetas rompedores, estudiosos, intelectuales, poetas jóvenes y viejos, editores [andaba por allí Chus Visor]... pero todo unidos por el vínculo de la amistad con Luis.
Y me tocó cerrar, aunque luego pediría la palabra Paca Aguirre para leer un poema, y que lo hice en los términos que siguen y a bote pronto:
Verás, Luis Alberto, me gusta ser sincero y debo decirte que yo había viajado aquí desde provincias con la intención de hacerme un abrigo de Visor, pero como se ha ido Chus [se había ido a mitad del acto], pues aprovecho para agradecerte tres cosas, no sin antes dejar muy claro que soy culé, de izquierda [genética e ideológica] y un pequeño editor que siempre pone en los corolarios de los libros que edita “y si encuentras una errata, la saludas de mi parte”. Pues que bajo estas premisas quiero agradecerte en primer lugar que escribieras “La caja de plata”, y especialmente “Serie negra”, pues desde su lectura cambió mi forma de entender la poesía y de escribirla; que me permitieras brillar como editor al dejarme editar uno de los mejores volúmenes que figuran entre mis trabajos editoriales: “No me las enseñes más... y otros poemas”... pero sobre todo, y por encima de la poesía, de la edición o de la intelectualidad generosamente prestada siempre, quiero agradecerte el valor que le das a la amistad y la generosidad con que la das y la recibes. Te quiero, tío... siempre a pesar de ser culé, de ser de izquierdas, de ser un editor con cierto historial de erratas -como casi todos- y de vivir en el más hermoso culo del mundo.”.
Y acabó el homenaje, y nos abrazamos, y nos despedimos [también abracé a Alicia Mariño, a la que no había visto entre el público hasta el final... me dijo... “se nos inundó la casa, Luis... qué mala suerte... escríbeme un mail urgente, anda”].
Y me bajé a la calle a fumar un cigarrito hasta que salieran mis amigos –la nueva ley me tiene pasando los rigores del invierno medio al raso–... y mirando el escaparate de la librería del Círculo me acordé mucho de Hugo Izarra y de su 'Standdart' [lo hubiera pasado bien allí, estoy seguro]... y bajaron Félix y Paca, y charlamos un ratito sobre Carlos Martínez Aguirre... y nos despedimos, pero Félix Grande dio un paso atrás y me dijo... “¿Sabes, Luis, que por ti dimití de un jurado?”... le dije que sí, que lo sabía, y se lo agradecí con un fuerte apretón de manos y una mirada cómplice.
Y la sorpresa fue ver aparecer por la escalera a mi sobrino Javier... había estado toda la tarde dibujando un piso por encima de donde se desarrollaba el acto... y bajaron los demás y nos fuimos a tomar unas cañitas y unas raciones con el añadido gozoso de Javier.
Salimos de Madrid casi a las doce de la noche y llegamos a Béjar con sueñito.
Dejé a Antonio en su casa y me metí en la cama feliz.
Pasé un día magnífico entre mis amigos y pude charlar mucho rato con José Luis, que es un tipo extraordinario.
Dejo aquí copia de mi texto en el libro “Alrededor de Luis Alberto de Cuenca”:

CUARTO Y MITAD DE MUSAS

Fui a comprar hace años cuarto y mitad de musas a una tiendita chica que me recomendaron y el tendero, atentísimo, me indicó con cierto desaliento que hacía unos minutos que Luis Alberto de Cuenca se había llevado el total de existencias de ese producto rarísimo y difícil. Me ofusqué, no lo niego, y ardí durante días en trazar estrategias para robarle al vate parte de aquella compra. Fue entonces cuando contacté con mi amigo José Luis Morante para que propiciara un encuentro pirata con el que ya era un pope de las letras modernas. Con engaños -no muchos, pues L. A. se deja, aún sabiendo los fines y sus restas-, quedamos en un restaurantito de Rivas-Vaciamadrid para buscar el truco -entre viandas, claro- con el que hacernos con el botín pensado y deseadísimo. Los otros personajes de la trama fueron Juan Luis Calbarro, Pepe Barrios, Juanito Hernández Heras, Julio Martínez Mesanza, Agustín Porras y Arturo Ledrado [que no debo negar que pasaron de meros secundarios a entrar en competencia directa por las musas].
De aquel día recuerdo con nitidez preclara que L. A. se levantó a los postres y, de memoria, recitó un poema mío y quedé boquiabierto. Fue entonces cuando me planteé empaparme de su obra como agradecimiento al detalle que me dejó narcisito perdido y muy blandete... y de ahí se consumó el robo más grande de mi historia personal y discreta, pues teniendo en mis manos "La caja de plata", descubrí de pronto el apartado genial que Lleva por título "Serie negra"... allí estaban las musas necesarias, las que andaba buscando como un loco, y las robé y las violé una por una hasta agotarlas y agotarme [así consumé tres años enteros de poemarios que tuvieron blasón en premios magros y pusieron el tono que tanto deseaba en mi obra].
Y con el tiempo descubrí poco a poco al Luis Alberto más hermoso, al amigo total que no dimite y que te echa una mano si la precisas, al que habla de ti de puta madre en foros donde eres un auténtico desconocido, al que te cita o te dedica algún artículo de prensa, al que te visita en casa con chauffeur oficial para compartir mesa, lotería y carcajadas [el chauffeur incluido, por supuesto], al que te manda de vez en cuando libritos deliciosos dedicados [lo último que recibí de sus manos fue una edición primorosa y chiquita de Bocángel en dos volúmenes de "El Parnasillo" o un libro delicioso de caballerías.
Y luego oírle hablar como embobado en alguna noche bruja -de Lucena o de Béjar- de héroes del cómic, de historias de algún clásico rarete, de andanzas literarias pretéritas y nuevas, de música o de cine. Mi afán pequeño en el mar interior de estas letras es declarar bajito que pude consumar el robo aquél... y que, además, soy un tipo con suerte, porque gané a un amigo enorme que se mantiene ahí aunque medien distancias y silencios, aunque no nos veamos en tres años... un amigo grandote y bien vestido que escribe como nadie y que me enseña con cada verso suyo a ser poeta.
De otros temas más arduos apenas puedo hablar, porque me siento anémico frente a los culos planos de la lírica y la crítica literaria pomposa.
Vine a decir que Luis Alberto de Cuenca es un hombre entre los hombres, pero un hombre especial, especialísimo, especialisísimo, al que le debo tanto... que ni tengo intención ya de pagarle.
Por cierto, que mi placer mayor fue ser el editor de su libro "No me las enseñes más...", un lujo que subió mi currículo de editor malo de atar a editor golosete.
Mil gracias, amigo.

JL con la última locura Gallardón al fondo.


Con JL y el Metrópolis.

Por lo menos pon unos estores, coño.

JL en la terraza del Ada Palace.

Con JL en el Ada Palace.

Puerta del Sol con su nueva entrada al Metro

Músicos latinos en la calle... me acordé de Perú.

Las señales son claras.

El estado de la cultura... en la cafetería del Círculo de Bellas Artes.

JL y Enrique Gracia Trinidad.

Pep Guardiola en Cibeles... esto sí que es una metáfora.

Las compañeras de curro de JL... dos cielotes.

Emilio Pascual y JL.

Urceloy y JL.

Arranque del homenaje a LA.

Urce y Sol durante el acto... esto no son formas.

Intervención de Emilio Pascual... estuvo brillantísimo.

LA firmando ejemplares y con un catarrón de no te menees.

Mi sobrinillo Javier con Ricardo Virtanen a su espalda.

Urceloy y Javier... ya de cañas.

Sol, Antonio y la fotógrafa temblorosa.
MATERIALES














Tuesday, December 28, 2010

El año está de sprint...

Con mi encantadora sobrinilla Estela.

El año termina acelerando con sucesos constantes que lo contrastan todo, reencuentros y despedidas, sorpresas y agriones... todo empezó el día veinticuatro con el horno jodido y la lavadora haciendo extraños ruidos en el previo al centrifugado... luego mi padre fue a arreglar un enchufe y, al martillear la pared, se le cayó encima un cuadro de Alberto Hernández [el de mayor tamaño que tengo en casa, un cuadro hermoso con armazón de hierro que posiblemente supere los setenta kilos de peso] con el resultado de un hombro dolorido y la mano magullada [no cuento que el cuadro se ha destrozado y me ha dejado como huérfano... pero no de padre, porque no atinó a darle en la cabeza a mi querido progenitor]... Reynaldo Lugo que se presentó como si nada con su segunda novela y me ha dejado boquiabierto con una historia que perfectamente podría fajarse en un premio de los gordos y ganarlo [una grata sorpresa que también me deja algo de pelusa por el buen hacer literario de este cubano amigo]... y mi sobrinilla Estela que vino de UK y solo he podido verla diez minutos para que me dejase un montón de material collagero que me ha traído de la Albión pérfida y despedirnos [por lo menos nos hicimos una foto juntos, que no teníamos]... y Diego F Magdaleno que me llamó para decirme que mañana vendrá a visitarme para ver mi expo y pillar algún cuadro... y mi Morantón, que me llamó para contarme que le gusta mucho mis “Dientes de leche”... y la inspectora de trabajo R. P., que me llamó para pasarme inspección telefónica [?] y me dio un buen repaso [que me dejó sin comer de la mala hostia que me puso el asunto]...
Lo dicho, que el año está de sprint y ya me está acojonando. Gracias a Valpurgis que voy siendo un tipo mayorzote y sé consumir con paciencia mis dosis de calma... que al final todo son cosas menores comparadas con la inexorabilidad cabrona que pende sobre nuestras cabezas.

Thursday, December 16, 2010

Reseña

El amigo José Luis Morante publica en "El Este de Madrid" la reseña que sigue sobre "Que yo soy normal". Muchas gracias, compañero.

EL LENGUAJE DE LA LUCIDEZ

"Que yo soy normal"
Luis Felipe Comendador
De la Luna libros
Mérida, 2010

Desde sus primeros pasos, el quehacer creativo de Luis Felipe Comendador (Béjar, Salamanca,1957), poeta, editor y artista visual, tiende a la mixtura genérica, a convocar en una misma mesa poesía, novela, aforismos y autobiografía dando campo libre a una sensibilidad iconoclasta ante la percepción de una realidad saturada de estímulos contradictorios que desdice cualquier representación referencial.
Fiel a sí mismo, en la novela "Que yo soy normal" recurre al verismo autobiográfico para contar en un largo monólogo la historia de un sujeto diagnosticado por la psiquiatría oficial. Con lenguaje directo y en primera persona, el protagonista vuelve a los días de infancia y al inicio de su aprendizaje sentimental para encontrar las claves de una conducta que los demás perciben como desajustada e inestable. Gestos como vender tacos en medio de la plaza mayor de Salamanca o torear al tráfico urbano, corroboran la necesidad del reajuste mental, de un ficticio descanso al cuidado de tratamientos, médicos y enfermeras.
Pero la voz narrativa tiene su propio punto de vista y a partir del mismo se recupera una cronología en la que las instituciones tradicionales caminan renqueantes y llenas de grietas. Las aspiraciones familiares impulsan a la frustración y aquellos profesores que tenían como misión explorar la esperanza del futuro apuntaban sus ojos miopes a lo concreto y a la anulación de cualquier utopía. Del mismo modo, la relación con el otro y el descubrimiento de la fisiología amorosa resulta un asunto complejo y laberíntico.
El hilo narrativo avanza en dos tiempos, con una neta diferenciación formal. En el primero –ya se ha dicho- un incontinente monólogo recupera la peripecia biográfica de un sujeto que mira el pasado desde un presente interno en el psiquiátrico. En el segundo aporte nos encontramos con la escritura fragmentaria de un diario en el que, con lenguaje inquisitivo, se nos ofrece un análisis pausado, una ventana sobre el mundo doméstico y sus contradicciones. Quien nos habla se siente un hombre de porcelana liberado de su vida anterior, con una idea clara de su voluntad y entendimiento, y por lo tanto en disposición de considerar a los otros ubicados en la estatura moral del títere, de quien se mueve por los hilos del interés y las convenciones sociales. Ese yo se somete a una intensa sublimación estética y recoge en las palabras el sentido vital necesario.
A través de sus personajes, Luis Felipe Comendador argumenta que “la literatura no es cuestión de retórica, sino de verdad”; sus temas practican un existencialismo que cree en la individualidad con raíz y norte, que trabaja a diario lo social porque tiene una ética que no se limita a lo individual, que da y comparte, que busca su felicidad en la incertidumbre.
"Que yo soy normal"  en su dualidad –el libro podría estructurarse perfectamente como dos novelas cortas– supone también, -más allá de su trama narrativa- una indagación sobre el lenguaje; sobre las conexiones entre coloquialismo y esteticismo, sobre ese modo que tienen las palabras de definir una identidad.

JOSÉ LUIS MORANTE

Sunday, November 21, 2010

Porlan, Morante y Botas... ¡Vaya tarde!

José Luis Morante
Después de la batalla [ésa conmigo mismo que libro cada día] leo por segunda vez a Alberto Porlan, un poeta magnífico que me llega y me enseña lo que se debe hacer [recomiendo por segunda vez su libro “País”, una pasada para mi gusto]... y como tengo hambre de palabras, que son ya varias semanas dedicadas al trazo y solamente al trazo, vuelvo a pillar con calma el “Mapa de ruta” de mi amigo del alma José Luis Morante, y llego sin querer a ese poema que lo resume todo, el poema global que compendia a José Luis y a cada hombre, ‘Causas y efectos’... 
Alberto Porlan
El centro del silencio me ha enseñado / a aceptar como un juego que la vida / es una sucesión aleatoria de causas y efectos / sobre las dunas de la realidad. / Aparecen las causas simultáneas, / inflexibles, anónimas, / y los efectos manan disueltos en los días, / con cauce renovado y variable, / cuyo curso ninguna voluntad puede eludir. // Cada mañana tiene leyes propias. / Es al azar la fórmula cifrada / que descubre sus vínculos. / Un extraño rumor nos configura, / encubre quiénes somos, quién seremos. // Causas y efectos pasan, se suceden. / Articulan el tiempo. Y eso es todo.”... y me araño en el brazo para ver si es posible que esté vivo, que haya algo capaz de aminorar el tedio de todo este pasar tan azaroso. 

Víctor Botas
Leer a mi Morante me ubica en el lugar exacto en el que estoy [y también en el que estuve], me hace sentirme apenas uno más, pero tan grande... y ya puestos, que la tarde me devino prestosa, pillé con ganas el ejemplar de “Historias con Historia”, de Víctor Botas, que hace unos días me llegó de la mano de Paulina Cervero, su viuda rebonita con voz de contralto y todo acelerado [a ella le deseo lo mejor, que sé que anda en movidas puñeteras de enfermedades cercanas]... y penetro en el clásico más puro de la poesía mejor hecha en el final del siglo XX: la poesía de Víctor [leo como diez veces el poema “Estás entre las cosas que me acechan”... un maestro, uno de los grandes poetas del siglo, definitivamente].... y así la tarde se me ha ido en aprender muchísimo de tres autores mágicos con cierto nexo de unión... Porlan, Morante y Botas... ¡Vaya tarde!