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Wednesday, August 6, 2008

Haciendo mis pinitos en las artes decorativas.

Tres días perdido en la hermosura caliente de la Sierra de Francia montando obra propia para decorar las habitaciones de un hotel lujoso y coqueto en San Martín del Castañar, y todo gracias a que mi buen amigo Josetxo Lami se enamoró de mi trabajo ‘Mira cómo te miro’ y le encontró una salida decorativa que es muy de mi agrado [no voy a contar lo putas que las he pasado para colocar la obra sobre las paredes recién pintadas, ni tampoco los juramentos que les he dedicado a los fabricantes de adhesivos rápidos]. El caso es que he pasado tres días de auténticas prisas, de agotamiento y de excitación, pues el trabajo debía realizarse con la zorola urgencia de inaugurar el hotel el próximo viernes.

Al placer de colocar mi ojo derecho sobre cada una de las cabeceras de las camas se sumó el encontrarme de sopetón con Fernandito R. De la Flor y su hermosura de señora sentaditos en la plaza mayor de San Martín [donde tienen una casona que comparte el apellido de palacio con el de tesoro]… y con ellos a Amelia Gamoneda y consorte, a José Antonio Sánchez Paso y diosa… y, cómo no, al enorme Fabio a su musa argentina [divina periquita con una sonrisa incomparable y un gesto pícaro en los ojos que me llemó la atención con cierta dosis de morbillo –perdona, Fabiete–].

Apenas pude estar con mis amigos porque andaba muy nervioso con el acabado decorativo, pero me dio tiempo a gozarlos lo que dura una Coke en verano.
San Martín andaba en mediofiestas, con jubilados bailando jotillas al son del tamboril y la dulzaina, con sus sombras y sus luces configurando una heráldica de agua. Pueblo hermoso donde los haya, para perderse en él y quizás hasta para quedarse a morir en sus callejas.
Estuvo todo de puta madre.












Saturday, February 23, 2008

Una de Aníbal...


Hermoso el viaje a la biliosa Helmántica para presentar los ‘Cartapacios’ de Aníbal Núñez. Hermoso porque pude abrazar de nuevo a Gonzalo Alonso Bartol y a Yolanda Izard, porque disfruté como un enano de la mimosa minusvalía de Fabio R. De la Flor y de la mirada a sus chicas guay, porque besé a Ana, a Amelia Gamoneda, a Nona y a Marina, porque sonreí junto a Paco Novelty, porque volví a admirarme escuchando a Fernando R. De la Flor y a Germán Labrador, porque charlé un ratito con el radiólogo de mi Mª Ángeles [me encantó cómo sentía el tipo y me llenó de orgullo que recordase como recordaba], porque una moza hermosísima me habló de Abraham Gragera con mucho cariño, porque me colgué del hombro de Marino González para reír juntos, porque volví a encontrarme en un ‘deprisa’ con Manolo el de Morille [qué tipo], porque me descojoné de ese Cid Lanzarote con cruz y espada… porque paseé –en fin– Salamanca a solas durante una hora mientras recordaba a Juanito Montero, a Iche, a Manolo Díaz Luis, a Isabel, a Riobó, a Lorena, a Andrés de la Torre Tosantos [¿dónde andará el colega?], a Fiz, al Tetas, a Manolo de la Cuesta, a Juan Delibes, a Paco Lin Yi Chin, a Daisuke Kido, a Forges [era un alias], a las camareras del Bartolo, a Caridad, a Bereciartúa, a Fernando Bote Rengrifo, a los hermanos Palma, a Cucurucho, a Gerardo Rico y a Santi Sevilla, a Javivi, al barbado Muriel… y se me vinieron a la cabeza el abrigo loden verde con el que iba a robar latas de mejillones a Simago, las noches clandestinas en La Casa Grande, el amor en Plus Ultra o en el Rojo y negro, las bolsas de pintura roja para lanzar a los grises, los cartelones reivindicativos en papel kraft que poníamos en ‘Ciencias’, las noches con el Frente Sandinista, los ‘Laudeamus…’ cantados a los ‘VICTOR’ en la sala de armas del Bartolo, los días en Aldealengua, los dondiegos de noche con el profesor Galán, las canciones Cafrune y las de Pi de la Serra…
Jo.
Qué viejo estoy.


Las manos de Fernando R. de la Flor [me alucina observar cómo las mueve].


Amelia Gamoneda sirviendo tapitas [un amor de mujer].


Fabio con sus chicas divinas.


Con Gonzalo Alonso Bartol, Yolanda Izard & consorte y Marino.


Mesa Aníbal junto a Germán, Fernando y Marino.


Vaya mariconada de Cid Campeador... si don Rodrigo levantase la cabeza...

•••
Eh, viejo F, estás en camino y sabes hacia dónde vas –a mí no me engañas–. ¿Qué hostias te importan a ti los que te siguen –si es que te sigue alguien-? Y no tienes que explicarte, porque sabes cuál es el camino y es cosa de los demás complicarse la vida.
Ya sé que a veces buscas reacción, pero la buscas para ti, para aprovecharla al margen de los demás.
Eres especial, viejo F, un tipo que no sabe lo que es el aburrimiento, aunque se te queden pegados los huevos a una silla cualquier domingo de invierno. Eres especial porque has aprendido a poner la inteligencia por encima de la moral, y la dignidad por encima de ambas… y así terminarás siendo una rata de alcantarilla o un artista, pero un artista de verdad, eh, no uno de esos gilipollas que son puro humo con pajarita. Tú haces lo difícil muy fácil, viejo F, porque ya sabes que después no hay nada, que todo acaba en oscuridad y huesos limpios. Ahí está tu arte, en que ya te conoces efímero y estás preparándote para joder bien jodidos a los gusanos que te aniden.
Sí, ya entendí por qué no te importa la muerte, pero aún no comprendo por qué te atas tanto a la carne, por qué te atas al sudor de otra axila o al estricto poder de unas hermosas nalgas. Ya no es tiempo de carne para ti… ¿o sí?… Quizás sí, y yo esté equivocado porque aún conservo ese ego que se hace con los demás… tampoco comprendo que no bebas hasta perder el conocimiento, viejo F, eso nunca lo he entendido.
Aquí no se puede vivir, aquí solamente se muere, porque se nace ya con la soga en el cuello y un peso en los pies… solo nos queda la última erección, el extasis final como culmen de la mierda entera. Quizás tengas razón, viejo F, y haya que hacer de la vida un exceso moderado.