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Tuesday, August 19, 2008

Estoy mojicón y gatinino.


A esta hora, son las 22:03, aún no tengo el parte del día del amigo Halarberito, y lo echo de menos. Puedo contar que el día fue peleón de trabajo, que sufrí una sanción administrativa que ha dejado mermada mi cuenta [es decir, en menos no sé cuánto], que falleció la madre de Mercedes y Mari Sol Colorado [suegra de mis amigos Juan Carlos y José Manuel] con lo que eso me trae de ‘tira, Felipe, que te pilla el toro’ [abrazos fuertes para ellos porque sé lo que suma una pérdida en el ardor y en las ganas], que vino a verme después de veintiséis largos años mi amigo de juventud Felipe Sánchez Sánchez [para todos Felipe Garute] para darme una lección de vitalismo y de humanidad completa [me hizo reír y llorar a la vez, y hasta se me puso la piel de gallinita al oír su relato de vida… y me sentí pequeño a su lado, muy pequeño].
Con estos mimbres puedo colegir [inferir, deducir] que soy feliz y que tengo lo más importante en mi mano: la percepción de que no me preocupa mi salud porque es aceptable, y que esto me sucede junto a la gente que quiero y gracias a la gente que me quiere.
Y que yo quiero ser como mi Isabelita Huete, esa mujer firme y desatada con la que me encuentro en la boca del metro de Correos cada vez que voy a Madrid [que son para contar con los dedos de una sola mano], una tía con dos cojones y un Mayo maravilloso al que apoyar y en el que apoyarse [yo también te quiero, Isabel, y me gustaría ser como tú], y también quiero ser como Donce [a la que no conozco, pero que ya es como de la familia], y como Guadalupe, y como mi preciosa Lorena con sus apuros mesoamericanos y su hermoso coraje para salir adelante cada día y tener a los suyos como reyes, y con mi Belencita reguapa vicedecanada, y con You y Malick, y con Diego y su Tere, y con Riobó, y con Sinda y Jesús...
Sí, hay mucha gente maravillosa de la que debo aprender y con la que debo hacerme una flecha lanzada hacia la felicidad, porque el tiempo es corto y hay que aprovechar/aprovecharnos de lo que por él pasa y es regalo.
Hoy, Halarberito, comprendí de repente que mi misión debe ser hacer felices a todos los que me quieren, y hacerlo con todas mis fuerzas.
Estoy mojicón y gatinino… y eso es muy bueno a veces.
Que le den bien por el culo a esa sanción administrativa, que me la refanfinfla.

Saturday, August 9, 2008

“¿Qué letra le va mejor a la poesía?”

Justo cuando Eterio Ortega [que estaba cenando en la nueva terraza PdT junto a Juan Antonio Pérez Millán, la concejalota Blanquita y un tipo con barba negra recortada] me preguntó “¿qué letra le va mejor a la poesía?”, fue cuando caí en la cuenta de que hablábamos idiomas distintos. Yo tiré por el camino de la sonoridad [casi sin pensar le contesté que la erre… y, como mucho, la ese], mientras él me preguntaba por la estética tipográfica [yo andaba en la música y él en la visualización estética]. No pareció importante el corto cruce de palabras, pero a mí me dejó toda la jodida noche pensando en la vaciedad del sonido [mi vaciedad] y en la tonta razón de la estética tipográfica sobre el papel [su sinrazón].
Dio Eterio con su flecha justo en la mancha nibelunga de mi espalda, pues llevo meses debatiéndome en armarme una nueva estética en la que la ‘sonoridad’ juega conmigo con mucha más fuerza que la ‘verdad’ presentada con ‘facilidad’ [que siempre fue mi norte de acción poética]. Su “¿qué letra le va mejor a la poesía?” fue un chorro de luz y a la vez una bofetada que le agradezco al coleguilla cineasta [todo asumiendo la inocencia de su pregunta, que más bien era un artilugio conectivo para quitarle hierro a la mirada y a la tensión del silencio primero entre dos desconocidos]. El caso es que Eterio logró que saltara en mí con fuerza esa duda permanente sobre lo que escribo con intención poética y me dejó hecho unos zorros [algo que me viene muy bien en estos días bajos y anodinos].
Seguiré dándole vueltas.
Y con la cabeza así de enredada, me levanté temprano y di una vueltecita por la ciudad vacía con intención de refrescar el cerebro de ese ardor quitasueño… Me senté en los escalones de la iglesia de El Salvador y enseguida se me vinieron a la cabeza mil postales antiguas que son casi mi historia común con otros hombres y mujeres que pisaron las mismas piedras y se sentaron en los mismos escalones.
Los días del “Santa, santa María, madre de Dios…” cantado por don Ciriaco en 1965 me llevan a un invierno de carámbanos y viento en remolinos, con el monte de El Castañar de color gris palo y los críos haciendo fila en el pórtico salesiano, ateridos, para entrar a las aulas. De aquellos días tengo vagos recuerdos que se mezclan con otros absolutamente nítidos: los sopapos a mano hueca de don Víctor Lobo, la vena del cuello del temible don Sabino, las estiradas de patilla de don Mariano, los campanazos en la cocorota de don Vicente, los reglazos en los dedos de don Jesús de Miguel [su regla llevaba escrito el nombre de ‘La Dolorosa’]… “… ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén…”. Fue un tiempo de jugar al hinque y de no toser [toser en clase suponía siempre un cogotón], de aguantarse las ganas de orinar hasta el final de las clases [luego meábamos en comuna a la puerta del colegio entonando aquel “el que no junta meao come mierda con salvao”], de echarse unos achuchones a pídola o de tirar el trompo tuneado con auténtica maestría, de rifar con las canicas a ‘porro’ al ‘gua’ o ‘al chino’ [la cantinanela empezaba… “porro, anteporro, giliporro…”], de echarse unos partidos interminables de ‘golcan’ con Riobó, de entrenar minibasket con don Pedro Fermosel, de cantar en el coro alrededor del organito procurando no hacer gallos [cada gallo se pagaba con un capón a nudillo saliente que chichoneaba la cabeza con todo lujo de abultamientos], de huir de los mohínes de algún curita pederasta, de tomar Laxembusto y aspirar Vics nasal mentolado, de oler al Vaporub que te embadurnó tu madre en el pecho y en la espalda antes de salir de casa, de bañarse en el cubo grande de zinc con agua recién hervida en el cazuelón, de quitarse la roña de las rodillas con fregón amarillo y jabón Lagarto, de rascarse los sabañones de las orejas y cazar arañas poniendo una hormiga viva en la tela [luego las guardábamos en cajitas de cerillas de Fosforera Española], de buscar lombrices para ir a pescar con el tío Rufino o con el tío Ricardo, de hacer tesoros en el murallón con papel de plata y un cristalito, de meter pesetas [y algún duro] en la hucha comemonedas de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca hasta que se llenase, de jugar a la taba con la correa en la mano…
También recuerdo al tamborilero de la Sierra de Francia tocando el ‘eché leña en tu balcón para ver si me querías… ahora que ya no me quieres, dame la leña, que es mía’ en alguna boda y a las mujeres con velo negro confesándose con don Carlos en San Juan [¿qué cojones le dirían, si todas eran castas y puras, coño?]. Eran tiempos de ropa negra para guardar el luto y de peinados huecos con olor a laca, de briscas en las tabernitas y de anginas y vegetaciones [nos las amputaban a la menor en la casa de un médico que vivía en la calle Colón], de novilladas con sombrerito tirolés y abanico de tela, de pan con canterón que siempre se comía el padre [el canterón, que para los críos quedaba la miga], de cine en blanco y negro y cintas de San Blas para proteger las gargantas, de hornazos con chorizo en la tahona blanquísima de Rosi, de bacalao donde el señor Anselmo, de la magia del Teatro Chino de Manolita Chen o del Bombero Torero, del lucero de la ERSA y del arroz con patatas y pimentón, de los cromos repe del álbum Maga, de los maletones aparcados en el andén de la estación de Béjar en espera del tren Ruta de la Plata…
Todo eso soy yo sentado ahora en estos escalones, con el portón de la iglesia detrás y un par de gitanos riendo a mi derecha… y también el ‘Pato sirirí’ de Cafrune o el ‘Estas botas son para caminar’ de Nancy Sinatra o el ‘Casitas de la colina’ de Víctor Jara… y también soy lo que voy a ser y lo que no podré ser jamás.
Y yo qué sé qué letra va mejor a la poesía, amigo Eterio. Ni lo sé ni me importa, pues ser una vida en Garamond resulta lo mismo que serla en Ybarra o en Times New Roman. A fin de cuentas es ser una vida.
A ver si nos vemos con más tiempo, compañero, y te cuento lo de mi abuelo, que te va a interesar mucho más que la estética editorial de la poesía. Un abrazote.
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Nuestro bejarano vivo más universal, el artista Alberto Hernández, anda ya por China mostrando sus bondades creativas con el fin de dotar de contenido al Centro Internacional de Artes Cerámicas de la ciudad de Fuping, cercano a Xian, donde reposaron durante siglos los impresionantes guerreros de terracota, que será uno de los más grandes e importantes del mundo, además de otras actividades propiciadas por la Academia Internacional de Cerámica [IAC], con sede en Ginebra, de la que Alberto es miembro de número [es curioso cómo de nuevo la prensa se olvida de lo que no se debiera olvidar… que ni una reseña ha existido sobre este importante viaje de nuestro mejor valor artístico a la cuna de la cerámica mundial].
El caso es que Alberto me ha empezado a enviar imágenes desde Shanghai y acabo de proponerle que junto a ellas me envíe algún texto de lo que le vaya llamando la atención para adjuntarlo a las entradas de mi blog y entrar así en una conversación virtual y visual.
Espero que mi mensaje le llegue al coleguita y podamos dejar una huella curiosa de su paso por esas tierras desconocidas y por esas costumbres apasionantes.
Hoy me llegaron tres correos de Alberto con las imágenes que adjunto y con el solo texto: “¡Qué belleza!”.
Hagamos un diario compartido de tu viaje, amigo, que me apetece un montón.
Besos.





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Anoto visita molona de Diego Fernández Magdaleno y su Tere, así como comida entrañable con mi hijo Malick.
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Monday, June 30, 2008

Que ya se me pasó la morrionera.


Bah, que ya se me pasó la morrionera y vuelvo a querer a Bob Dylan como siempre, que a un padre espiritual hay que perdonarle los días delgadinos y cacagüeses, porque si no uno no sería ni un buen hijo espiritual ni una buena persona. Na, que me escuché de un tirón el “No Direection Home””, de 2005”; el “Love and Theft”, de 2001; el “Desire”, de 1976 y el “Patt Garrett & Billy the Kid”, de 1973, y que me puse morrionete y me deshice en ese ‘Tú sí que eres grande, Bob’ que se me viene a la boca con cada una de las audiciones tranquilitas que hago de su música [que es mi música].
Bob me trae siempre los días rebeldes [aquellos días perdidos y maravillosos] en la aldeína de Llueves durmiendo bajo una manta con tres colegas, las jornadas de protesta en el faro de Ribadesella o en las amarillas calles helmánticas, el no querer pensar como mis padres y quererlos a muerte, el rular del porrete de medianoche con sus risas cosidas, el hambre de mujer con amor libre a cuestas y las noches de tienda de campaña en Picos de Europa con su cosa edelweis y sus calcetines rojos gordos, las tardes de Latina con un mundo enterito que arreglar y unas birras después para olvidarlo todo, las manchadas de El Judío arrimado a los últimos borrachines de la noche, los ratos con Adares y las risas sin mácula junto a mi buen Riobó, la rabia por lo del abuelo y los días de muerte cercana…
Bob siempre estuvo ahí, a mi ladito, en cassette o en vinilo, para darme la pauta del pensamiento nuevo, para indicarme que nada es lo que parece, porque es peor, pero que hay soluciones a medio y largo plazo [soluciones de ser y no de estar].
Así que te perdono lo del otro día, carapito, y me quedo con tu música hermosa y con esa poesía que también detonó algo aquí adentro una noche de hace ya demasiados años. Tú no me debes nada, colega; soy yo quien te debe una estética y una profundidad que son camino hoy y lo fueron ayer también.
Gracias por todo, amigo… y hasta creo que te comprendo.
Bye.

Monday, May 5, 2008

La vida sigue al mismo ritmo que la muerte.


Van cayendo los días y también van cayendo las empresas al amor de esta jodida crisis. Esta mañana, sin ir más lejos, se me torcía el desayuno al saber que dos empresas fuertes de la ciudad me habían devuelto pagarés por cantidades importantes [una lo había hecho por quiebra y la otra por suspensión de pagos], lo que me dejaba con el culo al aire y con esa sensación agria de que no está en mi mano solución alguna. La cosa está en dejarme llevar y esperar a que los sucesos se tornen favorables antes de que la situación se torne insostenible… vamos, apretar el culo y aguantar el tipo para ver si los políticos toman las decisiones justas para que volvamos a tomar las riendas de la situación. Ya veremos.
Y por lo demás, pues nada, que la vida sigue al mismo ritmo que la muerte, y la primavera alumbra colores que conforman un decorado que rechina justo detrás del teatro de los hombres. Y que debo acordarme de las visitas y el afecto de mis amigos durante los últimos días [la marcha de Magdalena me hizo olvidar la anotación puntual y agradecida], que vinieron Emilio González y señora [un puntazo de tía que me cae de puta madre] acompañados de su delicioso Fernando [Fer], y vinieron dos veces [aunque no les pude atender como se merecen] y cargados de aceite del de rechupete, vinagre del caro y dulces judíos de relamerse… que estuvieron conmigo Fernando y Fabio R. De la Flor y me dejaron libros y ese constante testimonio de amistad buena que tanto agradezco… que me llamó José Luis Morante y que también lo hizo José María Cumbreño… que recibí abrazos interneteros y telefónicos de Donce, Jesús Majada, Sinda, Lorena, Riobó, Ángel Pasos, Guadalupe, Ramón Hernández Garrido y otro montón de gente, y que les digo que son hermosos y que los quiero de verdad a todos y mucho.
Y nada más, porque aún no tengo ganas, o sí… quizás de comerme un cordero con todos, un cordero regado con buen vino, y cantar juntos y emborracharnos hasta caer al suelo, y dejar que todo fluya y que el mundo sea nuestro para hacer con él lo que nos apetezca.

Saturday, February 23, 2008

Una de Aníbal...


Hermoso el viaje a la biliosa Helmántica para presentar los ‘Cartapacios’ de Aníbal Núñez. Hermoso porque pude abrazar de nuevo a Gonzalo Alonso Bartol y a Yolanda Izard, porque disfruté como un enano de la mimosa minusvalía de Fabio R. De la Flor y de la mirada a sus chicas guay, porque besé a Ana, a Amelia Gamoneda, a Nona y a Marina, porque sonreí junto a Paco Novelty, porque volví a admirarme escuchando a Fernando R. De la Flor y a Germán Labrador, porque charlé un ratito con el radiólogo de mi Mª Ángeles [me encantó cómo sentía el tipo y me llenó de orgullo que recordase como recordaba], porque una moza hermosísima me habló de Abraham Gragera con mucho cariño, porque me colgué del hombro de Marino González para reír juntos, porque volví a encontrarme en un ‘deprisa’ con Manolo el de Morille [qué tipo], porque me descojoné de ese Cid Lanzarote con cruz y espada… porque paseé –en fin– Salamanca a solas durante una hora mientras recordaba a Juanito Montero, a Iche, a Manolo Díaz Luis, a Isabel, a Riobó, a Lorena, a Andrés de la Torre Tosantos [¿dónde andará el colega?], a Fiz, al Tetas, a Manolo de la Cuesta, a Juan Delibes, a Paco Lin Yi Chin, a Daisuke Kido, a Forges [era un alias], a las camareras del Bartolo, a Caridad, a Bereciartúa, a Fernando Bote Rengrifo, a los hermanos Palma, a Cucurucho, a Gerardo Rico y a Santi Sevilla, a Javivi, al barbado Muriel… y se me vinieron a la cabeza el abrigo loden verde con el que iba a robar latas de mejillones a Simago, las noches clandestinas en La Casa Grande, el amor en Plus Ultra o en el Rojo y negro, las bolsas de pintura roja para lanzar a los grises, los cartelones reivindicativos en papel kraft que poníamos en ‘Ciencias’, las noches con el Frente Sandinista, los ‘Laudeamus…’ cantados a los ‘VICTOR’ en la sala de armas del Bartolo, los días en Aldealengua, los dondiegos de noche con el profesor Galán, las canciones Cafrune y las de Pi de la Serra…
Jo.
Qué viejo estoy.


Las manos de Fernando R. de la Flor [me alucina observar cómo las mueve].


Amelia Gamoneda sirviendo tapitas [un amor de mujer].


Fabio con sus chicas divinas.


Con Gonzalo Alonso Bartol, Yolanda Izard & consorte y Marino.


Mesa Aníbal junto a Germán, Fernando y Marino.


Vaya mariconada de Cid Campeador... si don Rodrigo levantase la cabeza...

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Eh, viejo F, estás en camino y sabes hacia dónde vas –a mí no me engañas–. ¿Qué hostias te importan a ti los que te siguen –si es que te sigue alguien-? Y no tienes que explicarte, porque sabes cuál es el camino y es cosa de los demás complicarse la vida.
Ya sé que a veces buscas reacción, pero la buscas para ti, para aprovecharla al margen de los demás.
Eres especial, viejo F, un tipo que no sabe lo que es el aburrimiento, aunque se te queden pegados los huevos a una silla cualquier domingo de invierno. Eres especial porque has aprendido a poner la inteligencia por encima de la moral, y la dignidad por encima de ambas… y así terminarás siendo una rata de alcantarilla o un artista, pero un artista de verdad, eh, no uno de esos gilipollas que son puro humo con pajarita. Tú haces lo difícil muy fácil, viejo F, porque ya sabes que después no hay nada, que todo acaba en oscuridad y huesos limpios. Ahí está tu arte, en que ya te conoces efímero y estás preparándote para joder bien jodidos a los gusanos que te aniden.
Sí, ya entendí por qué no te importa la muerte, pero aún no comprendo por qué te atas tanto a la carne, por qué te atas al sudor de otra axila o al estricto poder de unas hermosas nalgas. Ya no es tiempo de carne para ti… ¿o sí?… Quizás sí, y yo esté equivocado porque aún conservo ese ego que se hace con los demás… tampoco comprendo que no bebas hasta perder el conocimiento, viejo F, eso nunca lo he entendido.
Aquí no se puede vivir, aquí solamente se muere, porque se nace ya con la soga en el cuello y un peso en los pies… solo nos queda la última erección, el extasis final como culmen de la mierda entera. Quizás tengas razón, viejo F, y haya que hacer de la vida un exceso moderado.


Thursday, December 6, 2007

Savonarólica compartida


Visita rechula de Pedro y Javier con proyectos sugerentes y expositivos, con conversación tranquila y entusiasmada, con palabras sobre arte y literatura, con paseo fotero por el final de otoño bejarano, con visita a los coleguillas de La Casa de la Sal, con comidita en Bar Tolo [calamares de tierra y tostoncito asado], con copilla de ron rechulo y Caribe… mucha complicidad también y cosas por hacer juntos.
Quedé encantado con su visita. Gracias, amigos.
Y luego botellita ‘Havana Club Añejo Especial’ de agradecimiento del cubanito al que hemos conseguido los papeles, y sonrisa entre feliz y temerosa, y ganas de comerse el mundo en la cara… Vuelvo a sentir satisfacción por mi existencia, vuelvo a sentirme útil y a encontrarle un poco de sentido a la cosa de vivir y trabajar por un mundo abierto y sin fronteras.
Y reluego visita del hermano de José Luis Majada junto a mis cuñados Antonio y Nena, con mirada especial a mis cosas mientras en mi cabeza bullía el recuerdo de que José Luis fue el culpable de que yo escriba poesía [gracias a su poema ‘Duérmaste madre’ del libro ‘Centauros’].
Buen día… para guardarlo en una de mis cajitas viejas de lata, conservarlo y redescubrirlo dentro de unos años.
En fin.




















Hoy he recuperado una historia que escribí en el año 2000 y que tenía perdida en uno de los incidentes con mis discos duros. La he encontrado en un CD que tenía despistado en mi cajón viejo y voy a ir poniéndola a trocitos en el blog:

TOLLE, LEGE I


1. Los números

Pensaba que la vida era una putada por todo el centro mientras ordenaba los partes de trabajo del mes y revisaba las facturas del trimestre cotejándolas con el libro oficial. Nunca le gustaron los números y se pasaba entre ellos todo el día, y los días anterior y siguiente a cada día. Presupuestos, facturas, contaduría, tiempos de trabajo, control de los créditos de la empresa, verificación de pagos y cobros... ¡una mierda! Sólo le salvaba su capacidad de dividirse mientras realizaba el trabajo tedioso con los números, y de esa manera, dividido, una parte de su mente se mimetizaba con el dos, con el tres, con el veinticincomil quinientos, con la suma, con la resta, con el tanto por ciento preciso del impuesto sobre el valor añadido... y su otra parte se dedicaba a la introspección, al viaje, a la desatada necesidad creativa que le comía por dentro. Así, mientras sacaba cuentas de resultados o remataba la última declaración del patrimonio, ideaba libros objeto, poemas visuales, historias llenas de un arrebato hecho de intensidad y aventura. Sólo había algo imprescindible para que se produjese esa división mágica de su mente, tenía que realizar el trabajo en su estudio, un lugar oscuro, desastrado, lleno de libros viejos y nuevos, de papelotes emborronados, de ceniceros preñados de colillas, siempre con humo a su alrededor, humo que podía ser de un cigarro o de esas maderas aromáticas de múltiples olores -opio, rosas, pachuli, jazmín, vainilla...-. Sahumándose le llegaba la maravillosa división de su mente.

Nº. de factura: 927. Ref. cliente: 009886001A. N.I.F.: 8100351-G. ... La soledad es el mejor acento para la razón. Cuando se está absolutamente solo, cuando incluso los lazos más íntimos con los demás se olvidan, la razón funciona en su máxima pureza; pero es una razón individual que se modela con parámetros absolutamente únicos. No importa el otro, no existe la barrera de la conciencia ni la del ridículo. Desde esa razón pura se pueden arbitrar todos los movimientos, se pueden abarcar todos los indicios y darles la forma apetecida. Quizás en este justo punto la razón haga una bella intersección con la libertad. De tal experiencia interior nace el acto creativo, que no tiene por qué tener una respuesta física... la creación para el deleite único del creador, la razón como experiencia interior inigualable, la libertad como patrimonio individual irrenunciable.

A veces le asaltaban días vacíos en los que deseaba morir con la intensidad más inimaginada. Se veía ínfimo, inexistente, perdido en los números vacíos de sus libros y de sus papelotes. Era incapaz de mirarse en los espejos, y menos en los ojos de los otros. Esos día fumaba hasta la extenuación y se desataba en garabatear papeles, uno detrás de otro, a una velocidad de vértigo. Sus garabatos eran números deformados hasta resultar irreconocibles, unos con el mástil rizado ocupando toda la superficie del papel, doses espirales con la inocencia perdida, treses abombados hasta el mismo ridículo, cuatros torturados en una eterna pasión de cruces, cincos con chorretones semejando la cera de una vela deshecha, seises anonadados en multitud de círculos concéntricos como cerezas o palomas a veces, sietes obtusos, ochos entrelazados como rúbricas antiguas, nueves como una arboleda infantil indefinible. La garganta era pura flema y el tabaco le escocía en la lengua, en los pulmones. Y retornaba a los números sin ganas, sumándoles los otros números terribles, los de las horas, los minutos, los segundos.

*[Continuará]


De FUMADORAS

Saturday, December 1, 2007

Paseo iniciático por la calle Alcalde Juan Belén Cela.

*[Trabajo dedicado a mis amigos Javier G. Riobó y Pedro Ojeda]




Ayer, aprovechando una salida de trabajo, pillé mi cámara sin otra intención que la de que me acompañara [fue una intuición pillarla y meterla en la furgoneta]. Nuestro trabajo se demoró por falta de unas piezas que no estaban terminadas y ello me permitió dar un paseo por la calle Alcalde Juan Belén Cela. Toda una experiencia moral, cívica y casi política…
La calle estaba desastrada y yo enseguida percibí la calidad del ‘homenaje’ que el Partido Popular le había hecho al primer alcalde democrático bejarano [aunque la verdad es que el homenaje diario se lo hemos hecho todos los bejarananos, día a día, destruyendo la placa con su nombre y llenando de porquería todo el lugar].
Aquello es una metáfora viva del ‘agradecimiento’, una metáfora que pide a gritos ser llevada a un poema largo sobre la capacidad humana de destruir.
Sin embargo, entre toda la mierda que compone aquel paisaje, si miras con ojos lúcidos, puedes encontrar cierta belleza plástica que merecería ser llevada a la calidad de obra artística, de monumento a la pequeña y rijosa humanidad bejarana.
Lo que ayer fue deshecho, hoy puede ser materia de contemplación y éxtasis.
*[Vaya aquí mi mejor recuerdo para el amigo Juan Belén].






























(12:19 horas) Releyendo por enésima vez ‘El tiempo incinerado’, de mi amigo Diego Fernández Magdaleno [cuatro libros –todos diarios– componen una foto fija en mi mesa: ‘El oficio de vivir’ de Pavese, ‘Diarios’ de Alejandra Pizarnik, ‘Vida de Samuel Johnson’ de James Boswell y el citado ‘El tiempo incinerado’], encuentro en su entrada ‘Miércoles, 11 de febrero’ una extraordinaria cita de Jacques Derrida que reza: “cuanto más confuso es un concepto más dócil se muestra a la apropiación oportunista”. Todo un tratado podría hacerse de la vaciedad que los hombres lanzamos al mundo a partir de la utilización espuria de conceptos confusos. Es sorprendente cómo armamos planes de vida en base a esa vaciedad, cómo diseñamos argumentos de purita truculencia y cómo intentamos solapar la realidad con las máscaras que nos propicia tal juego de confusión.
Ayer me decía un amigo que Zapatero es un nuevo Hitler porque está enfriando la economía sin saber lo que está haciendo, que va a cargarse el sistema económico porque solo atiende a la política de la amabilidad y se ha empeñado en cepillarse el mundo de los ricos de un plumazo… y me explicaba que ha cerrado el grifo a los bancos para que puedan financiar los negocios más brillantes de este país con créditos abundantes y gruesos.
Me quedé estupefacto con sus argumentos y me dediqué a buscar razones para responderle el próximo día que tengamos un café cruzado [y es que yo no entiendo de economía y él sí]. Indagué un poquito y enseguida vi la razón de su cabreo: resulta que hasta ahora los bancos podían dar créditos sobre un estudio de valor de mercado [valor de calle] que suponía hasta el 80% del valor del negocio a realizar [a rasgos gruesos, los empresarios grandes podían realizar negocios sin poner un duro, dada la sobrevaloración del mercado en comparación con los valores establecidos por el Estado, ya que recibían el 80% de un negocio con más del 50% de beneficios, lo que implicaba que en el crédito ya tenían conseguida la financiación completa más el 30% de beneficios antes de acometer el negocio… está bien, ¿no?]. Ahora, los estudios deben hacerse desde el valor que otorga el Estado a los bienes [el valor catastral, por ejemplo], que es un valor muy bajo, por lo que ahora al gran empresario le toca poner para el mismo negocio un 35%, aproximadamente, de sus propios recursos y esperar a que el negocio se remate para poder realizar beneficios.
Claro, así se enfría la economía de puta madre, pero sobre todo se iguala al personal por abajo y se anulan las hermosas ventajas para los poderosos.
Ya comprendo por qué mi amigo está tan cabreado, ya que le han dado un palo de la hostia donde más le duele… pero no entiendo por qué llama Hitler a Zapatero, cuando lo que ha hecho ha sido aplicar una lógica de socialismo moderado para buscar acercar al pueblo la igualdad de oportunidades y poner en valor a los verdaderos hombres de negocios, los que no necesitan de recursos ajenos para emprender ni de dinero en el aire para ganar.
Yo respeto mucho a mi amigo y le entiendo perfectamente si me pongo en su lugar, pero no entiendo lo de ‘Hitler’… me lo tendrá que volver a explicar.
¿Será acaso una historia que tenga que ver con la cita Derrida del colega Diego?
•••
Me hago un café en la máquina del curro y esbozo un rostro conocido en mis papeles con los carbones viejos. Las manos quedan negras y me gusta.
En fin, todo alimenta.
Leo también las últimas entradas de Antonio G. en su blog, y también alimentan, pero no acabo de sacar conclusiones que me dejen tranquilo por un rato, pues su mundo parece de otro mundo tan distante del mío… Él muestra una preocupación cercana por los restos del naufragio, siempre en el medio tono de querer estar y querer desaparecer a la vez, y yo me ando currando una rasgadura entera, de los jodidos pies a la cabeza [o estando definitivamente o desapareciendo inexorablemente]; pero me encanta leerle, porque me pone cierto puntito lúgubre en los ojos, que es lo que necesito, y me siento par al notarle buscando soledad.
Me hago otro café, que el anterior me supo a poquito, y leo un poema de Derek Walcott:

Al final de esta frase empezará a llover.
Y al filo de la lluvia, una vela.
Lentamente la vela perderá de vista las islas;
la creencia en los puertos de toda una raza
se perderá entre la niebla.
La guerra de los diez años ha terminado.
El pelo de Helena, una nube gris.
Troya, un foso de ceniza blanca
junto al mar donde llovizna.
La lluvia se tensa como las cuerdas de un arpa.
Un hombre con los ojos nublados la toca con los dedos
y tañe el primer verso de La Odisea.

Y solo me gusta que ‘al final de esta frase empezará a llover’, y no porque el verso me encienda, sino porque estoy deseando que llueva y ese verso es como una premonición.
Salgo a la calle. Llueve.

De FUMADORAS