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Friday, January 14, 2011

Arcadia

Esta jodida Arcadia en la que a veces creo vivir me sale rana, pero insisto e insisto en su valor de lugar habitable donde ser y donde hacerme y deshacerme para lograr esa ‘bucólica’ virgilia que constantemente ha sido de mis ganas... pero siempre están las responsabilidades acechando... lo hijos, el trabajo, las deudas contraídas... todo como un nublado en el país de los cielos limpísimos.
Con todo y con eso, creo que soy un verdadero privilegiado por el espacio que ocupo y por cómo tramito mi tiempo... y eso me hace relativamente feliz y hasta a veces me deja cierto regusto de serenidad.
En mi Arcadia la vida es simple, pues cada persona y cada cosa ocupan su lugar sin estridencias... la vieja es vieja, las calles aparecen generalmente vacías [no vaciadas], el camarero es camarero y los sentimientos son verdaderamente localizables aunque no sean intensos... y así se vive bien, siempre mirando al monte de enfrente, que es un juego perfecto de estaciones con una transición suave de verdes a ocres y amarillos que es el vivo reflejo de la gente que lo habita.
Mi suerte, mi gran suerte, es que encuentro soledad cuando la preciso y compañía cuando me apetece, que me puedo sentir aislado del mundo si mi tono anda en esa clave o absolutamente global y comunicado si deseo compartir expresión [libertad, nunca, claro, porque están los vínculos para matarla a puñaladas o soplidos... pero, a estas alturas, ¿quién puede decir que es libre?].
Y también en mi Arcadia habitan los secundarios precisos, que son imprescindibles y absolutamente predecibles... el que me odia, el que me ama, al que le resulto absolutamente intranscendente y el que me teme [todos por reacción, por supuesto, a lo que yo odio, amo, temo o me resulta intrascendente]... y esos otros personajes ajenos, los que están y que nunca podrán ‘ser’ desde mi punto de vista.
A veces me dejo llevar por el trajín y cometo el error de principiante que me pone de golpe en el mundo de los otros, y es cuando pienso que me falla esta Arcadia mía, pero soy yo el que falla... y hasta que soy capaz de volver a comprenderlo, lo paso mal.
Vivir así, como yo vivo, es verdaderamente un lujo [me dan ganas de seguir la frase con ese “cultural de los neutrales”, pero no voy a hacerlo] por el que estoy profundamente agradecido a mis padres y a todos y cada uno de los que intervienen en esta sátira hacia la nada que es mi vida... y hasta me dan ganitas de darle gracias a Dios, aunque no exista.
Hoy nado en un singanas fruto del catarrón que llevo puesto y he decidido pillarme el día libre [suelo llamarlo “vacaciones Santillana”] para quedarme observando todo lo que sucede a mi alrededor, para escribir con tranquilidad sin saber de qué escribir, para leer retales [párrafos de un libro y frases de otro], para mirar el cielo azulísimo que lo cubre todo esta mañana.
Estornudo a ratitos y apenas me separo del rollo de papel higiénico que tengo sobre mi mesa... mi nariz es un grifo abierto.

•••

Un texto de ayer que había dejado olvidado en mi diario manuscrito.

No sé quien me dijo ayer que no parecía el mismo en un acto público que por la calle y a mi bola... la verdad es que cada día me gusta menos acicalarme y disfrazarme para las cosas de los demás, pero cuando lo hago, parece que rejuvenezco, pues al disfraz le sumo un estiramiento especial del cuerpo que yo no controlo, pero que sucede.
Ayer, mientras asistía en Helmántica al recuerdo de las últimas tragedias y buscaba algo de satisfacción en mi cabeza, me di de bruces con el trazo de la gente que estaba a mi alrededor, gente del mundo de la colaboración con los demás, pero también gente del dinero como sea. Me dio algo de grima sentir en la nuca la respiración del encargado de un gran almacén que se sentaba justo detrás de mí... alguna vez miré atrás y pude notar su sonrisa de satisfacción, esa sonrisa sobrada que tienen algunos machos dominantes... no podía entender qué hacía yo allí o qué hacía él... uno de los dos sobrábamos. Sí, claro, el tipo representa el dinero posible para quienes gestionan a lo grande la ayuda internacional, pero también la explotación, los despidos improcedentes y todas las trampas del mercado... recordé entonces a Fernando Beltrán, que un día escribió “La semana fantástica” [Hiperión] en clara referencia a los ‘valores’ que representaba el perico de atrás...

La palabra paz es la palabra
más triste que conozco.

Se pronuncia con ojos de metralla
y demasiado miedo.

Se dibuja con alas de paloma
ateridas de tinta.

Nos abriga con sábanas
muy blancas
y muy cortas también,

queda la boca en paz
pero los pies helados
mientras sangra la herida.

Y como que me enfadé, conmigo mismo y con el tipo trajeado... entonces fue cuando le llamaron al escenario... salió con decisión y acompañado por un joven nervioso y trajeado también al mismo estilo felino... saludó con energía a cada uno de los que poblaban el escenario y miró de frente al auditorio, sin pestañear, como retando... es todo lo contrario de lo que aquí se pretende, me dije... le otorgaron el galardón, claro, que estaba cantado... y el pequeño enfado se me trocó en tristeza. Estaba todo claro, clarísimo, y no había discusión. A esa altura ya no dudaba que quien sobraba allí era yo [también sobraban los míos], pero aguanté y me dejé en un singanitas. Me lo tenía merecido por no haber declinado la invitación telefónica del día anterior... siempre me sale el jodido narciso en estas cosas... no aprendo.
Salvaron el día la tarde con Juanito y el ratito junto a mi hija.

Monday, November 5, 2007

La amada imposible.

Me encuentro algo depreso y un puntito maniaco [maníaco]… y me apetece inventarme una ‘amada invencible’ como la de Fernando Beltrán… o, mejor, una ‘amada imposible’ que en su calidad de inexistente no pueda hacer otras cosas que las que yo decida. Veamos… me apetece algo entradita en carnes [lo justo y necesario], golosa, de hablar lento y pausado, mimosa si se tercia, pendiente de mis cuitas cuando las tenga y con la capacidad de hacerse nada cuando no la necesite. Debe tener un puntito Ava Gardner en los labios y sus ojos han de mirar como lo hacían los de Lauren Bacall. Es imprescindible que posea una sensibilidad especial en la nuca y en la parte interior de los muslos, así como que maneje la caricia suave y la voz susurrante cuando ajuste a mi estado de ánimo. No preciso que sea diestra en la monta, pues uno ya no está para grandes cabalgadas [ni para pequeñas], pero sí que sugiera hasta lo húmedo jugando en sus volúmenes.

No hace falta que sepa de poesía o que atine a mantener una conversación inteligente [con mi rollo interior llevo ya carga suficiente en ese palo], pero sí que me diga cosas lindas en voz baja y sepa hacerme dulces gestos cómplices.
Si no fuera demasiado complicado, me gustaría que durmiese pegadita a mi espalda para sentir su seda mientras sueño, y que en la hora primera me ayudase a sacar mi cuerpo al mundo con cierto tono honroso y saludable.
Si he de ser sincero, debo decir que la pinto con frecuencia en mis papeles y no acabo de dar con su figura [a pesar de que busco mucho en Google postales de mujeres que me lleven a un compendio que se acerque a mi extraño arco áureo].

Ojo por ojo
diente por diente,
beso a beso
te quitaré el carmín,
me quitarás las gafas,
no sabremos muy bien por qué lo hicimos,
no querremos saber cuándo ni dónde,
el amor es así,
frágil y hermoso
como un cisne perdido en alta mar,
como un niño clavado en sus tristezas,
como un perro que corre enloquecido,
extraviado sin ti
con tu collar al cuello

*[Fernando Beltrán. “La amada invencible”]

(21:42 horas) Recibo de la Biblioteca Pública del Estado zamorana tres volúmenes deliciosos sobre Claudio Rodríguez [volúmenes 0 y 1 de ‘Aventura’, editados magníficamente por el Seminario Permanente Claudio Rodríguez, y ‘Cinco poemas’ de Claudio Rodríguez, editado en Hiperión por la Diputación de Zamora]. Mil gracias a su directora, a la que tuve el placer de conocer hace un par de semanas, y más cuando me ha traído el recuerdo del maestro que sentí en sus últimos hálitos muy cerca y con el que fui capaz de rozar ese maravilloso don de la ebridad que le hizo grandísimo y terriblemente humano a la vez.
Gozaré de su lectura, segurito.
De FUMADORAS

Saturday, November 3, 2007

Mañana lúbrica.


Tres esquelas de sábado en la esquina y el monte de El Castañar rezumando xantofila desde sus cimas suaves hasta su falda.
La ciudad está tomada hoy por los madrileños, que han madrugado para comprar viandas de cerdo ibérico y para barrer el pan de las panaderías con cierta cosa invasora.
Odio estos días de puente en los que me puentean en mis lugares fijos, en los que no encuentro ni pan… ni mi sitio de siempre para tomar café tranquilo.
Me encierro.

Y pienso en que estos días podrían servir para coronar unos muslos con las manos, para hacer el amor en una acera o para ser el fauno que sostiene su miembro lubricado a base de pensar mujeres tendidas sobre la hierba.
Soy el no casi absoluto y ardo en la cuerda de Gonzalo Alonso-Bartol, en su ‘Palabras para un cuerpo’, mientras me ofusco en Google buscando ‘vintage old sex’ o ‘naked female’ o ‘erotic mature’… Hoy necesito carne sobre carne, curvas, senos, humedades… porque tengo en el estómago mariposas calientes y necesito una estética por la que encontrar una salida que no esté solo en las manos. Ni siquiera en las manos.
Hoy deseo.
Y encuentro sexo explícito para todos los gustos… pero no para el mío.
Reseteo y cambio los conceptos de búsqueda.
‘Sugerente’, ‘muslos femeninos’, ‘senos’, ‘curva del vientre’, ‘caderas infinitas’… y más de lo mismo… mujeres penetradas por cualquier orificio, cohitos de Photoshop, bocas glotonas llenas, dildos brillantes y nudos imposibles de cuerpos afeitados… no me interesa, no. Yo busco gestos, miradas, paisajes de piel a lo sumo.

Y termino en mi viejo ejemplar de ‘Hora de poesía’ en el que el amigo [tristemente desaparecido] Javier Lentini hace unas traducciones insuperables de la poesía erótica de Giorgio Baffo, y luego leo cuatro poemas de Buck que dejé marcados hace meses y recuerdo a Jane Birkin, mi musa adolescente, esa mujer de sueño que me dejó trabado en el absoluto convencimiento del fracaso, porque desde el deseo la presentí imposible.
Tomo mi ‘Pura anarquía’ y sigo en su lectura por la página 131… “Este verano, los socios de un gimnasio neoyorkino bastante selecto se pusieron a cubierto cuando reverberó el retumbo que suele preceder a la separación de una falla mientras realizaban sus ejercicios matinales…”. Queda como media hora para finalizarlo… y para volver a la calma anodina de las hormonas.

(12:51 horas) Tengo una especie de biblia particular a la que acudo cada día, la abro al azar y leo [es el diario de Cesare Pavese, claro, ‘El oficio de vivir’], y hoy he caído sin más en la página 354 de mi volumen, que corresponde a la anotación que Pavese escribió el día 2 de septiembre de 1944. Dice:

“Poesía es, ahora, el esfuerzo por aferrar la superstición –lo salvaje, lo nefando– y darle un nombre, es decir, conocerlo, hacerlo inocuo. Por eso es por lo que el arte verdadero y trágico es un esfuerzo.
La poesía participa de todas las cosas prohibidas por la conciencia –ebriedad, amor/pasión, pecado– pero todo lo rescata con su exigencia contemplativa, es decir, cognoscitiva.”

Veis… este tipo me mata, ‘dice’ exactamente como se debe decir, nombra, define con certeza, domina las palabras hasta el punto de ajustarlas a la idea con exactitud… y yo le adoro, le sigo como al dios que no tengo y que no siento, me dejo enseñar por él un poquito cada día, sin prisa, pero con un hambre voraz.
En las palabras de Cesare se patentiza su calidad de grande de las letras y de los sentimientos, pues sobre su poesía, y bajo ella, hay siempre indicio unido a un exacto saber lo que se quiere decir y por qué se necesita decir… Lástima que decidiera desaparecer cuando aún tenía tanto que decirme… es lo peor de los suicidas, el silencio que dejan.
(15:49 horas) Recibo comentario de mi querido amigo Javier G. Riobó recomendándome el título “Big Bang” de Servero Sarduy. Lo tengo, amigo, y lo leo con delectación, especialmente un soneto que dice:

•••
LAS HÚMEDAS terrazas dominaban
La esplendente planicie entre dos mares,
superpuestas, azules, triangulares.
Las húmedas terrazas dominaban.

Simétricas estatuas deslizaban
sus cabezas de mármol por la nieve
fresca, trazando un laberinto breve
simétricas estatuas deslizaban.

Los cuerpos arrastrados por el río
han quedado en la arena sepultados
bajo las piedras nítidas del lecho.

En el delta una mano, el globo frío
de unos ojos han sido rescatados.
Y más allá una frente, un brazo, el pecho.
•••

Y que tiene la curiosidad de un par cambiado en un homenaje de Sarduy a Octavio Paz… que dice así:

•••
Las húmedas terrazas dominaban
el templo, la planicie entre dos mares,
superpuestas, azules, triangulares.
Simétricas estatuas deslizaban

sus fragmentos de mármol por la nieve
–fueron torsos de Apolo, manos anchas
que el musgo ha devorado con sus manchas–
fresca, trazando un laberinto breve.

Los cuerpos arrastrados por el río
han quedado en la arena sepultados
bajo las piedras nítidas del lecho.

En el delta una mano, el globo frío
de unos ojos han sido rescatados.
Y más allá una frente, un brazo, el pecho.
•••

Es chula esta curiosidad, amigo, ¿no?

(18:01 horas) Mi amigo, y excelente poeta, Fernando Beltrán, hace unos años ideó una suerte de empresa que le proporcionó cierto éxito y una estabilidad económica que prosigue hasta nuestros días. La llamó “El nombre de las cosas” [http://www.elnombredelascosas.com/] y entre sus mercaderías ofrecía idear y clavar el nombre a nuevas empresas o a empresas que quisieran cambiar su denominación y crecer a partir de una palabra muy bien pensada. Buena salida la de Fernando [recomiendo encarecidamente la compra y lectura de su poemario ‘La amada invencible’, que está en la colección ‘KRK mala letra’, del sello editorial KRK ediciones… un dechado de sensibilidad y magníficos versos]. El caso es que, bajo el recuerdo [o sobre él] de mi amigo Fernando, se me ocurre que podría ponerme en venta para ver si saco algunos eurillos con los que respirar, prostituirme en panegíricos, madrigales, cantos de boda, aforismos por encargo, sonetos a la mayor gloria del comprador, visitas Houellebecq a sepelios y a otros actos relacionados con las pompas fúnebres, elegías, canciones de cumpleaños… e incluso poemas satíricos y cabrones con los que fustigar a los enemigos con cierta elegancia… Cobraría por horas de producción, y juro que para esto soy vivo y rápido, bajo la misma base económica de un diseñador gráfico [28,30 euros la hora, impuestos aparte]… incluso podría ofrecer mi trabajo en ejemplar manuscrito y dedicado o en el más moderno de los soportes digitales.
Nada, que si hay interesados en el tema, me pongo a currar de ya para ir solventando mi maltrecha tesorería… jajaja… ¡Encargos aquí!
De FUMADORAS

Saturday, July 1, 2006

Kamo no Choomei


Viaje familiar a Helmántica con objetivos lúdicos y consumistas –lo odio, pero en fin...–. Salí de casa medio mosqueado porque cuando fui a echar gasolina aproveché para recoger en Correos unos libros que le había pedido al amigo Norio. Los abrí hambriento. Aparecieron ante mis ojos «Las aventuras del valeroso soldado Schwejk», de Jaroslav Hasek –un libro al que le tenía unas ganas especiales, pues lo había leído en mis días universitarios gracias a un préstamo de biblioteca y mantengo un vivísimo y grato recuerdo de aquella lectura–; «La amada invencible (80 poemas incurables)», de Fernando Beltrán –del que ya tenía hambre de leer sus nuevas maravillas poéticas– y «La atalaya del primo», de E.T.A. Hoffmann, en edición de Héctor Canal y presentación molona de de «KRK tras 3 letras»... Lo dicho, fue ver los libros y llegar a casa, donde mis chavales ya la tenían montada con el rollo «díagransuperficie». Bajé la cabeza como humillando y a viajar con esa cosilla de que era el primer día que me jugaba los puntos de mi carnet de conductor.

Accidente en una cuesta de los accesos a Guijuelo y madre acojonadita –«no corras, mi niño... fíjate, pobrecillo... ¿habrá muerto?»–, los niños de «gameboy» y «PSP» y la joven con un «¿qué me compro?» de setenta kilómetros.
La primera etapa fue un monográfico «centrocomercialtormes» con comida basura incluida y regalos de vasos Coke y un videojuego por menú infantil... Tejanos y camiseta para Felipe, videojuegos para Guille –por sacar el curso con brillo–, calzoncillos para el cabeza –que suscribe–, cosas para la madre, camisetas molonas para Youssouph y Malick y nada para la joven, que no se decidía...

Y a eso de las tres para la Salamanca histórico/artística... Helados, horchatas, granizadas, café en terraza y acuerdo de hacer dos grupos de trabajo: las mujeres a comprar y los hombres a dar de comer gusanitos a los patos de La Alamedilla –mi estrategia era buena, pues a los críos podría engañarlos para entrar a ver la exposición de la Plaza de San Boal sobre «El retrato español en el Prado».... ¡Mis cojones!–.

Llevé a los críos por la placita de camino a La Alamedilla y sin querer, los metí en la exposición con la trampa de que allí descansaríamos fresquitos unos minutos –el sol era de castigo, es la verdad–, pues nada más ubicarnos en el umbral de ese portón San Boal, Felipe, que acababa de comerse un helado y llevaba las manos pegajosas, se puso a hacerle caricias a una estatua antigua que servía de decoración fija del recinto... A tomar por el culo la exposición de la ida –la de la vuelta, también, pues tenía previsto meterlos en el Banco de España para degustar una exposición sobre el cabaret que se presenta allí en estos días... ¡Mierdaaaaa!...

Al final me harté de darle de comer gusanitos a palomas, gallos extraños, gorriones, gansos, patos y hasta a un jodido cisne negro.... y más helados, y más refrescos, y «cómprame un juguete», y «¿cuándo nos vamos?».... ¡¡¡¡Ya, coño, nos vamos ya!!!!
Hasta los mismísimos cojones, pero feliz de haber cumplido mi castigo familiar del mes.
«No nos une el amor, sino el espanto / será por eso que te quiero tanto...»

Monday, May 22, 2006

Igarashi


Tensión furiosa y un poco de cansancio es lo que me ha quedado del fin de semana, todo un «güiquend» dedicado a maquetar para el Festival de Blues de Castilla y León... inventando textos, sacándome fotos de artistas de la chistera o de las puñetas de mi polo Lacoste, perpetrando anuncios y colocando y descolocando logos institucionales... como si me hubiera ido a París o como si estuviera desentrañando los entresijos del pelotudo Priorato de Sión.

El relax (?) me lo di el domingo por la noche en el cine. Ángeles y yo fuimos a ver el petardo de «El código Da Vinci». La sesión de las 23 horas es mortal de la muerte si la peli es mala, y ésta lo era hasta el punto de pegar varios cabezazos en pareja.
Sinceramente, no entiendo cómo el tipo que escribió esta historia de la nada se está forrando, a no ser que estemos viviendo entre una pandilla de mingaslacias.

Y lo peor es que me jodieron la imagen de mi Amelie, deformando aquel gesto divino en una cosa afranchutada y cutrera. Purita pena negra, de verdad. Y encima yo creo que esto le hace un favorcete a la Iglesia, pues vuelve a atraer al personal con las milongas del misterio y de las preguntas para imbéciles. Juro no volver a perder mi tiempo en estas pachangadas peseteras del espiritualismo de cartón piedra. Y, sí, seguiré pensando en la Iglesia de Dios como un magnífico negocio basado en el dogmatismo de corte fascista y en los tontos de misa con la fe como un caballo.
Ellos a lo suyo, que es pedir, engañar, someter y acumular riquezas con avara actitud cristiana... y yo a lo mío, que no sé lo que es.
(23:21 horas) Existen las malas personas, me consta, malas personas a todas las horas del día, cuando hablan, cuando comen, cuando duermen... hacen el mal sin sacarle gusto, sólo por afán de venganza contra la vida que se han buscado. Son seres amargos, rasposos, vulgares... y si son mujeres es mucho peor, pues lo femenino les aporta inquina y muy mala cara –y no soy misógino por norma–. En fin, una mierda pinchá en un palo para esa gentuza que te ataca cuando menos lo esperas.

•• RECOMENDACIÓN ••

«La amada invencible (80 poemas incurables)»
Fernando Beltrán
S.B.N.: 84-96476-66-9
Editorial: Krk Año: 2006 Páginas: 184
Formato: 12 x 17 cm.
P.V.P. euros: 14.95 Cómpralo en www.paquebote.com

Fernando Beltrán (Oviedo, 1956) abre esta singular antología con un epígrafe que inaugura su poética amorosa al modo de una verdadera mitología. Su escritura se propone aquí como una especie de "viaje sin fin / a la mujer poema", figura que con diversas variantes se convertirá en leiv motiv de esta recolección paciente de palabras, para celebrar la presencia femenina como inspiradora y artífice de la pasión amorosa. El autor transita con rigor y agudeza por toda su producción desde 1980 hasta hoy, recolectando aquellos textos que cantan el amor en sus diversas formas; añade unos cuantos inéditos y busca reescribir desde un nuevo orden reflexivo ese precioso material, para entregarnos estos 80 poemas incurables. El resultado es un nuevo libro en la mejor tradición de la lírica amorosa, pero con la temperatura y el tono de una voz de principios de milenio, entre la canción de amanecida y el fragmento minimalista, entre la crónica urbana y la confesión sentimental, entre copas y recortes fotográficos de una ciudad insomne, ebria como el hombre que la habita y poderosamente apasionada. Un gozador impenitente habita en estas páginas; un auténtico "amador" que se declara rendido ante una mujer eternamente ubicua, siempre una y plural, la de mil rostros y figuras: la amada invencible´, como declara el título.
La antología está dividida en cinco secciones tituladas "Amor ciego", "Bar adentro", "La pala del amor", "Martes, miércoles, llueves..." y "Punto y amarte", que suman los ochenta poemas prometidos. En ella recopila muchos textos de sus libros editados, junto con otros nuevos e inéditos.
(De la introducción de Laura Scarano)