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Wednesday, December 10, 2008

La hora de todos.


10 de diciembre de 2008
Pagar es, generalmente, esa ‘hora de todos’ que nos deja resecos y engurruñados. Pagar a Hacienda, pagar el gas, pagar el gasto eléctrico, los créditos, las clases de inglés y matemáticas de los críos, la fruta semanal, los diversos seguros, la carne y el pescado... pero esa ‘hora de todos’ es una tontería si la comparamos con la ‘hora de todos’ de verdad, la auténtica, la de desaparecer del mundo al ritmo de rap de la palabra ‘basta’. Y es que no le damos importancia a lo que la tiene, mientras ponemos en rijoso valor lo que no la tiene.
¿A ti, colega, te importaría morirte mañana? ¡Responde!... pues eso.
¿Por qué no pensamos cada día poniendo en la cesta de todo lo valorable nuestra propia desaparición? Actuaríamos de otra forma muy distinta en cada una de las decisiones que tomamos y el resultado común sería otro muy diferente al que ahora arrojamos.
Solo sabiendo que somos para no ser podríamos darle un giro del revés al mundo del hombre. Y es que no nos han enseñado nunca a pensar en descenso, desde lo importante –por definitivo e inexorable– hasta lo absolutamente accesorio.
Soy un hombre primario, lo sé... pero me encanta de ello el hermoso añadido de la contingencia [lo que puede suceder].
Que lo escribió Sarduy en su “Epitafio I”: “Yace aquí, sordo y severo / quien suelas tantas usó / y de cadera abusó / por delantero y postrero. / Parco adagio –y agorero– / para inscribir en su tumba / –la osamenta se derrumba, / oro de joyas deshechas-: / su nombre, y entre dos fechas, / ‘el muerto se fue de rumba’.”.

Sunday, November 30, 2008

El Kuriaki


El Kuriaki subía de la Plaza Mayor cuando yo bajaba a hacer fotos hasta la muralla. Iba cogiendo la nieve de los coches y armándose de bolas bien promediadas, apretadas, duritas, que metía en los bolsillos de su zamarra marrón. Le pregunté y me dijo: “se va a enterar la vieja, que anoche me tiró un jarro de agua desde la ventana, con la noche que hacía, se va a enterar hasta su puta madre…”, y tosía hasta las lágrimas, como congestionado. Le dije que no hiciera burradas, pero solo conseguí que se le calentara la boca… “por el coño se las voy a meter todas, me cago en todos sus muertos…”. Y le dejé tosiendo y jurando en arameo.
Ya en la muralla, me crucé con la peluquera, que había salido a pasear al perro por la nieve con una bata azul celeste de boatiné y unos calentadores de lana en la piernas… “¿cómo está tu mama, mi niño?, dale muchos besos, que es mu buena”. Sonreí y le conté que mi madre está magnífica, y le devolví los besos mientras me zafaba de la conversación que andaba buscando la mujerina… “voy a hacer unas fotos, llevo algo de prisa…”.
Durante media hora pisé la nieve virgen y tomé algunas instantáneas jodido por el obligado contraluz [no era la mejor hora para hacer fotos de nieve], me fumé un par de cigarritos sentado en una roca y mirando el paisaje, pensé en el frío y en los que lo padecen [debe ser muy jodido] y regresé hacia mi estudio por el mismo camino que me había llevado hasta allí. La peluquera seguía con su perro y con su bata, y me dijo de lejos un adiós hecho gestos al que respondí con mi mano.
Al llegar a la plaza, otra vez El Kuriaki, se le habían deshecho las bolas de nieve y tenía la zamarra absolutamente calada, chorreando. Estaba hablando solo hasta que me vio… “me cago en to lo que se mueve… tío, anda, dame un cigarrito, anda, ¿sí?, que estoy congelao, la hostia… y ¿fuego?, que no lo tenga yo que poner todo?…”. Le encendí el cigarro y le dejé sonriendo bajo los soportales del ayuntamiento mientras me decía: “a la vieja la dejo pa luego, que se va a enterar, se va enterar…”.
Subí la cuesta y me encerré. Hasta ahora.


•••
Como por el monismo neutral de Bertrand Rusell, que propugna que el mundo se constituye por los acontecimientos y no por los datos que nos otorgan los sentidos, transito hoy por el día entre sabiendo y esperando que la lógica me aplaste o me empuje un poquito. Voy fotograma a fotograma haciendo mi película, construyéndome el yo de hoy [que no se parece nada al de ayer y quizás se parezca menos al de mañana] con momentos de sentido común –pocos– y con otros de falta absoluta de sentido.
Me hago y me deshago en percepciones que llegan azarosas, analizo mi relación con cada cosa que me roza un poquito, busco la propiedad de lo que toco y lo que razono –¿cómo hacerlo mío?–, indago buscando las formas más simples de cada una de mis ideas para llevarlas al papel en forma de palabras o dibujos… y siempre me salen mujeres para interpretar cualquier cosa que me ocurra o se me ocurra… y da lo mismo, porque cualquier cosa puede suceder o no suceder y el mundo seguirá igual –que lo argumentó en su día Wittgenstein, no yo; y si él lo dijo, que pensaba mucho y bien, quizás tenga razón–. Vistos los mimbres [que haga lo que haga, todo seguirá igual], me dedico a buscarle el placer propio –el gusto personal– a este oficio de ser para mí mismo y, cómo no, le voy sumando variables que, como poco, me entretengan.
Lleguen los acontecimientos y me encuentren empeñado siempre en otra cosa, de tal forma que los vea con sensación de paso y llegue a creerme que ‘es’ lo que yo soy y no lo que sucede fuera de mí. Es decir, que me explico mejor, coño, que busco ser vocación, pero que el exterior me resulte siempre relativo… pero también quiero ser escéptico y creer a la vez en todo, científico en la mirada y también absolutamente idealista, lógico e intencionadamente ilógico, la nóesis y el azar mismo en todo.
Estas tontunas son siempre los previos a un poema o a un dibujo… es cuando entro en este absurdo de pensamientos cuando necesito buscar una salida limpia y me enredo en la intención de escribir o dibujar, quizás con la idea de entenderme con el mundo sobre algo concreto [Gadamer fue un monstruo indagando en estos temas, lo recomiendo, sobre todo su trabajo “Verdad y método”]… sí, escribo y dibujo para entenderme con Sinda, con Alberto, con Manolo, con Antonio, con Marina, con Donce, con Mojadopapel, con Isabel… con cualquiera que decida en un instante entrar en ese campo de entendimiento y busque comprenderme y comprenderse…
¿Y qué obtengo?
Yo qué sé. Solo puedo afirmar que escribir y dibujar me relaja, me vacía y me llena, otorga sentido a mis minutos y a veces los llena de sensación de verdad [que eso me calma mucho]… y me pueblo de ambigüedad –que es algo chulo, casi como un éxtasis físico– y me creo que existo, y me interpreto e interpreto todo lo exterior a mí…
Pero siempre dibujo mujeres, poetizo mujeres como un ser primitivo, y las hago arquelogía de lo que fui y arquitectura de lo que seré… por ellas me conozco y me presiento, por ellas me descubro poco a poco, por ellas leo a Moore y paso el trago de empaparme en Foucault… por ellas degusto los poemas de Nerval y de Villon, de Larronde y de Keats, de Laforgue y Corbière, de Artaud y de Rimbaud, de Chatterton o Villiers, de Ángel González o Severo Sarduy [“… el ambar que me baña / opaca transparencia que espejea, / no macula ni daña. / Lo que más se desea: / que el ser de su retiro escape, y sea.” (Sarduy dixit)].
Día rarito el que llevo. A lo que se ve.

Saturday, November 3, 2007

Mañana lúbrica.


Tres esquelas de sábado en la esquina y el monte de El Castañar rezumando xantofila desde sus cimas suaves hasta su falda.
La ciudad está tomada hoy por los madrileños, que han madrugado para comprar viandas de cerdo ibérico y para barrer el pan de las panaderías con cierta cosa invasora.
Odio estos días de puente en los que me puentean en mis lugares fijos, en los que no encuentro ni pan… ni mi sitio de siempre para tomar café tranquilo.
Me encierro.

Y pienso en que estos días podrían servir para coronar unos muslos con las manos, para hacer el amor en una acera o para ser el fauno que sostiene su miembro lubricado a base de pensar mujeres tendidas sobre la hierba.
Soy el no casi absoluto y ardo en la cuerda de Gonzalo Alonso-Bartol, en su ‘Palabras para un cuerpo’, mientras me ofusco en Google buscando ‘vintage old sex’ o ‘naked female’ o ‘erotic mature’… Hoy necesito carne sobre carne, curvas, senos, humedades… porque tengo en el estómago mariposas calientes y necesito una estética por la que encontrar una salida que no esté solo en las manos. Ni siquiera en las manos.
Hoy deseo.
Y encuentro sexo explícito para todos los gustos… pero no para el mío.
Reseteo y cambio los conceptos de búsqueda.
‘Sugerente’, ‘muslos femeninos’, ‘senos’, ‘curva del vientre’, ‘caderas infinitas’… y más de lo mismo… mujeres penetradas por cualquier orificio, cohitos de Photoshop, bocas glotonas llenas, dildos brillantes y nudos imposibles de cuerpos afeitados… no me interesa, no. Yo busco gestos, miradas, paisajes de piel a lo sumo.

Y termino en mi viejo ejemplar de ‘Hora de poesía’ en el que el amigo [tristemente desaparecido] Javier Lentini hace unas traducciones insuperables de la poesía erótica de Giorgio Baffo, y luego leo cuatro poemas de Buck que dejé marcados hace meses y recuerdo a Jane Birkin, mi musa adolescente, esa mujer de sueño que me dejó trabado en el absoluto convencimiento del fracaso, porque desde el deseo la presentí imposible.
Tomo mi ‘Pura anarquía’ y sigo en su lectura por la página 131… “Este verano, los socios de un gimnasio neoyorkino bastante selecto se pusieron a cubierto cuando reverberó el retumbo que suele preceder a la separación de una falla mientras realizaban sus ejercicios matinales…”. Queda como media hora para finalizarlo… y para volver a la calma anodina de las hormonas.

(12:51 horas) Tengo una especie de biblia particular a la que acudo cada día, la abro al azar y leo [es el diario de Cesare Pavese, claro, ‘El oficio de vivir’], y hoy he caído sin más en la página 354 de mi volumen, que corresponde a la anotación que Pavese escribió el día 2 de septiembre de 1944. Dice:

“Poesía es, ahora, el esfuerzo por aferrar la superstición –lo salvaje, lo nefando– y darle un nombre, es decir, conocerlo, hacerlo inocuo. Por eso es por lo que el arte verdadero y trágico es un esfuerzo.
La poesía participa de todas las cosas prohibidas por la conciencia –ebriedad, amor/pasión, pecado– pero todo lo rescata con su exigencia contemplativa, es decir, cognoscitiva.”

Veis… este tipo me mata, ‘dice’ exactamente como se debe decir, nombra, define con certeza, domina las palabras hasta el punto de ajustarlas a la idea con exactitud… y yo le adoro, le sigo como al dios que no tengo y que no siento, me dejo enseñar por él un poquito cada día, sin prisa, pero con un hambre voraz.
En las palabras de Cesare se patentiza su calidad de grande de las letras y de los sentimientos, pues sobre su poesía, y bajo ella, hay siempre indicio unido a un exacto saber lo que se quiere decir y por qué se necesita decir… Lástima que decidiera desaparecer cuando aún tenía tanto que decirme… es lo peor de los suicidas, el silencio que dejan.
(15:49 horas) Recibo comentario de mi querido amigo Javier G. Riobó recomendándome el título “Big Bang” de Servero Sarduy. Lo tengo, amigo, y lo leo con delectación, especialmente un soneto que dice:

•••
LAS HÚMEDAS terrazas dominaban
La esplendente planicie entre dos mares,
superpuestas, azules, triangulares.
Las húmedas terrazas dominaban.

Simétricas estatuas deslizaban
sus cabezas de mármol por la nieve
fresca, trazando un laberinto breve
simétricas estatuas deslizaban.

Los cuerpos arrastrados por el río
han quedado en la arena sepultados
bajo las piedras nítidas del lecho.

En el delta una mano, el globo frío
de unos ojos han sido rescatados.
Y más allá una frente, un brazo, el pecho.
•••

Y que tiene la curiosidad de un par cambiado en un homenaje de Sarduy a Octavio Paz… que dice así:

•••
Las húmedas terrazas dominaban
el templo, la planicie entre dos mares,
superpuestas, azules, triangulares.
Simétricas estatuas deslizaban

sus fragmentos de mármol por la nieve
–fueron torsos de Apolo, manos anchas
que el musgo ha devorado con sus manchas–
fresca, trazando un laberinto breve.

Los cuerpos arrastrados por el río
han quedado en la arena sepultados
bajo las piedras nítidas del lecho.

En el delta una mano, el globo frío
de unos ojos han sido rescatados.
Y más allá una frente, un brazo, el pecho.
•••

Es chula esta curiosidad, amigo, ¿no?

(18:01 horas) Mi amigo, y excelente poeta, Fernando Beltrán, hace unos años ideó una suerte de empresa que le proporcionó cierto éxito y una estabilidad económica que prosigue hasta nuestros días. La llamó “El nombre de las cosas” [http://www.elnombredelascosas.com/] y entre sus mercaderías ofrecía idear y clavar el nombre a nuevas empresas o a empresas que quisieran cambiar su denominación y crecer a partir de una palabra muy bien pensada. Buena salida la de Fernando [recomiendo encarecidamente la compra y lectura de su poemario ‘La amada invencible’, que está en la colección ‘KRK mala letra’, del sello editorial KRK ediciones… un dechado de sensibilidad y magníficos versos]. El caso es que, bajo el recuerdo [o sobre él] de mi amigo Fernando, se me ocurre que podría ponerme en venta para ver si saco algunos eurillos con los que respirar, prostituirme en panegíricos, madrigales, cantos de boda, aforismos por encargo, sonetos a la mayor gloria del comprador, visitas Houellebecq a sepelios y a otros actos relacionados con las pompas fúnebres, elegías, canciones de cumpleaños… e incluso poemas satíricos y cabrones con los que fustigar a los enemigos con cierta elegancia… Cobraría por horas de producción, y juro que para esto soy vivo y rápido, bajo la misma base económica de un diseñador gráfico [28,30 euros la hora, impuestos aparte]… incluso podría ofrecer mi trabajo en ejemplar manuscrito y dedicado o en el más moderno de los soportes digitales.
Nada, que si hay interesados en el tema, me pongo a currar de ya para ir solventando mi maltrecha tesorería… jajaja… ¡Encargos aquí!
De FUMADORAS

Friday, November 2, 2007

Poemas difuminados.


Hicimos puente en la imprenta y he dedicado la primera hora de la mañana para leer “Todos los rostros del pasado”, de Francisco Brines. Solo algún destello me ha llamado la atención de estos versos Brines llenos de paisajes y flores, de noches y días, de campo y mar… Y es que este tipo de poesía tan cercana al lugar común no es muy de mi gusto. Ni por asomo se acerca Brines [en mi estado de hoy como lector] a la altura de Severo Sarduy [al que leí hace un par de días]. La recurrencia a esos símbolos líricos tan gastados me hace poner mala cara [la rosa, el bosque, el atardecer, la brisa, el amor, los campos verdes, la alegría, la primavera, la gloria, los veneros, el jazmín, el cielo…], sobre todo cuando se utilizan en sus presentaciones más ‘bellas’ y, por tanto, más empalagosas.
Sentí al leer a Brines que hay que hacer un esfuerzo por desnudar la poesía de esos vestidos pomposos, de esos tocados cursis, de esas expresiones que difuminan el poema hasta hacerlo una cosita flou… me jode tanto paisaje y tanta hostia lírica. No sé… me parece tan fácil hacer esa poesía descriptiva y blanda [a pesar de que Brines se apoya en metáforas bastante bien trabadas]…

De decir: ‘hollar tus trochas y quedarme en tus frondas a hacer noche” o escribir: ‘desearte hasta el daño y tropezar tu cuerpo con el mío’… va un abismo de forma.
(16:09 horas) En el marco de lo real es muy difícil construir, ya que todo está lleno de trampas para sujetar lo hecho y asumir con comodidad una posición conservadora que evite los niveles de vida establecidos. Para construir es necesario trabajar en el espacio de la fantasía, justo allí donde se pueden suponer bases imposibles, y partir de ella.
Con un idea bien elaborada desde la fantasía se puede llegar al mundo real para que te den de bofetadas, pero con un pequeño indicio de posibilidad de cambio que anima.
•••

Me revuelco de risa con la lectura de ‘Pura anarquía’, el último libro de relatos de Woody Allen que me regaló Jesusote Urceloy. Me parece fantástica esa capacidad de mezcla que tiene W. A., una mezcla que ya intenté hace años en ‘Formol con Havana 7´ y que me aportó muy buenos momentos y estupendos resultados.
Esas piezas cortas me están alegrando la tarde con unas sonrisas sobresalientes.

(17:36 horas) Hay cierta cosa Litvinenko en los trasuntos políticos mundiales, y no es demasiado extraño, porque el mundo se ha movido en los últimos siglos entre las moviditas caderas de la chica de Leeuwarden [Mata Hari] y los trajes negros stasi de Markus Wolfe. Historias perfectas para llevar al cine o a la novela negra y para cambiar los signos políticos que bambolean al mundo… y lo peor, lo mucho más peor [que diría mi hijo pequeño] es que este tipo de personajes existen también en el mundo pequeño, en las comunidades chicas y culomundistas… aquí no son espías, que son simples chivatos, correveidiles y hasta plumillas de chichiná que viven tergiversando, mintiendo, sacando las cosas de contexto para intentar llevarse las últimas raspas de la sardina a su trozo de pan duro.

Mientras que aquellos que mueven gobiernos, o lo intentan, participan de una categoría mítica incontestable, éstos son babosos infames que venderían a su padre o a su hermano por un plato de lentejas… pero crecen en el mismo caldo de cultivo y se alimentan de la misma mierda.
Hay alguna historia negra española que los dejó retratados, pero aún es poca manteca para tanta masa.
Nuestra literatura, que ensalzó al pícaro con éxito, debe guardar algún estante para delatar ese espíritu de ‘cheka’, tan español, que lleva a tantas personas a estar incómodas por esas delaciones menores y envidiosas, por ese mentir que algo queda.

Ando estos días en unos retratos breves al modo de la ‘Spoon River Anthology’, del bueno de Edgar Lee Masters, en los que diversos personajes miserables se revuelven en sus tumbas para contar de forma muy sintética sus vidas desperdiciadas en lo oscuro del puñal por la espalda. Espero terminarlo pronto, pues parece que estoy en vena.
De FUMADORAS

Wednesday, October 31, 2007

Severo Sarduy.


Siempre sentí una debilidad especial por los sonetistas contemporáneos [aunque hay pocos que merezca la pena reseñar], pues acostumbro a entrenarme intentando sonetos en la búsqueda de la música y el ritmo en el poema. Hoy recalo sin querer [azares de enredar en mi biblioteca] en un sonetario muy de mi gusto y en un autor que me fascina: el poemario es “Un testigo fugaz y disfrazado”, y el autor responde al nombre de Severo Sarduy. Tiene un soneto que le viene muy bien a estas páginas, pues su título es ‘Página de un diario’, tanto como a una idea de la muerte que comparto:

Pasado, todo el día, en el complejo
trámite funerario. No es la muerte
lo que derrumba con su hachazo –fuerte
así es el hombre–, sino el turbio espejo

que nos tiende. Si su mercurio muestra
tetanizada de dolor y miedo
una cara deforme o el remedo
de una cara –un borrón–: eso es la nuestra

devuelta a su verdad por la guadaña
que no ahuyenta la fuerza ni la maña.
Es su brasa te alumbres o te quemes,

que no sepa, ni en sombra, lo que temes,
ese dios que veneras y encareces.
Porque eso mismo te dará. Y con creces.

Como curiosidad, suyo también es un soneto que lleva por título “Que se quede el universo sin estrellas” y que no tiene nada que ver con la canción que todos conocemos.
(17:31 horas) Es tan importante el idioma [‘propiedad privada’ es el significado original del término griego], que además de servir para nombrar, y por tanto para dar existencia a las cosas que nos rodean, sirve para tener consciencia del mundo, para comunicar nuestros sentimientos y recibir los de los demás, para conservar la historia pequeña y la grande, como potencia creadora en campos tan magníficos como el arte o la poesía, para armar la evolución social en base a uso [el del idioma] filosófico, para edificar nuestro pensamiento complejo, para rememorar y hacer revivir lugares y gentes en mentes que no las conocieron, para amar y odiar, para agredir y perdonar… Si nos detenemos a analizarlo, nos percataremos de que pensamos en nuestro idioma, de que sentimos con él, de que amamos en él y por él, de que somos en función de sus limitaciones y de sus caminos por hollar.
También el idioma nos aporta cierta trama de automatismo que nos hace en cierta forma el carácter a los que lo compartimos en uso y costumbre, y eso es realmente peligroso, pues se pierde el valor neto de la palabra y su idea, adormeciendo y hurtando la grave potencialidad expresiva y significativa que posee.
Es jodido caer en la red de lo automático [esa historia de repetir frases, actos, hechos… sin saber por qué lo hacemos, habiendo olvidado la necesidad original que los planteó]. Ese automatismo es muy bien aprovechado por los medios de masas, por los gobiernos poderosos y por las empresas globales como pauta hacia la alienación de los grupos humanos y de los individuos… por ello es preciso que empecemos por ser muy cuidadosos con lo que decimos y con la forma en que lo decimos… a la vez que exigir encarecidamente a quien nos habla o a quien nos ofrece un discurso grupal, que sea absolutamente meticuloso con el idioma, de tal forma que todos y cada uno de los receptores sean/seamos capaces de procesar con garantía tanto lo preclaro como las trampas buscadas o ya instaladas en el proceso automático.
Para lograr tal utopía [juego con imposibles, pues cualquier utopía lo es], es preciso que la formación de nuestros hijos vaya dirigida con empeño y vigor hacia ese conocimiento del idioma y sus usos, que lo demás debe ser fruto de la propia curiosidad [o de la ajena], y dejarse de esas zarandajas modernas de tecnologías, música, plástica y educación física [otra cosa sería armar esas materias en función del mejor aprendizaje del idioma, sin exigir contenidos, pero exigiendo ‘expresión’ y conocimiento exacto de vocabulario específico].
De FUMADORAS