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Friday, August 13, 2010

"Formol con Havana 7" (13)


Rimbaud celebró su decimoctavo cumpleaños escribiendo un poema en prosa a la sombra de los tilos de un pequeño jardín público parisino. Un haz de luz cuajó el papel y el reflejo cegó al joven poeta, haciéndole percibir con nitidez que su obra contenía la exquisitez de los clásicos. Rimbaud supo entonces ver el exacto concepto de la poesía y acertó a medir el contenido de aquella revelación hecha de valor y esencialidad.
Desde aquella señalada fecha, Arthur Rimbaud se dedicó a escribir el fuego y no su reflejo, avivando la llama a fuerza de inmediatez, de alcohol suave y hasch.
Rimbaud celebró su decimonoveno cumpleaños regalándose un silencio eterno que resultó ser su mejor poema.

Tuesday, August 10, 2010

"Formol con Havana 7" (12)


A Michel Houellebecq le encantaba escribir en los tanatorios. Tomaba su máquina de escribir a primera hora de la mañana y se recorría todos los tanatorios de París buscando al muerto más llorado; cuando lo encontraba, sacaba unos folios de su vieja carpeta, se sentaba en cualquier rinconcito y comenzaba el rito de la escritura con su tac-tac-tac constante y molesto.
El viernes pasado, mientras asistía al velatorio de mi amigo Pierre Robignac, escuché entre los llantos de la madre y las hermanas de mi amigo un nítido teclear. Busqué con la mirada. Era Michel escribiendo. Me acerqué hasta él y le pregunté por ese gusto tan extraño.
Me contestó: «por lo general, al hombre no le gusta su cuerpo, lo odia, lo aborrece. Eso a mí también me ocurre, y por ello necesito la cercanía de la desaparición para escribir. La muerte deja todo lo imperfecto depositado en un ataúd como si de heces mundanas se tratara, y el contacto con las heces me inspira... De todas formas, amigo, si quiere que le diga la verdad, hago esto para parecer original, que eso vende bastante. ¿No le parece suficiente?»
Me pareció suficiente... y necesario.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

Monday, August 9, 2010

"Formol con Havana 7" (11)


Cuando Joaquín Edwards Bello escribió su novela «El roto», en Santiago de Chile corrían tiempos agitados.
Esmeraldo era «El roto», un personaje educado al margen de la moral, hijo de Clorinda, la dueña del burdel «La Gloria». Y con él, Joaquín Edwards consiguió acusar con crudeza al orden social imperante.
Pasaron los años y, un día de septiembre, en Madrid, un hombre tranquilo, Andrés Rábago, accede a la obra de Joaquín y queda impresionado por el discurso de «El roto», decidiendo apropiarse de ese nombre para firmar sus pensamientos filosóficos dibujados.
Ayer nos hablamos por teléfono sobre un libro común. «El roto» estaba ausente por no sé qué movida de unos tipos sin techo ni alimentos que llevarse a la boca.
No concluimos nada.
Madrid es una bomba en estos días.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

Sunday, August 8, 2010

"Formol con Havana 7" (10)


Cuando Charlie Musselwhite presentó su disco «Continental drifter» en la ciudad de la Habana, asistí con mi gran amigo Eliades al evento. Fue comenzar «Delicious», cuando en las mesas de madera de ocumen de La Casa de la Trova comenzaron a crecer prodigiosamente bugambilleas explosivas de color y de aroma.
Una mujer de purito chocolate nos guiñaba las caderas y el son rociaba de sudor el fuego que era la noche habanera.
Terminamos orinando en la calle, junto a un jacarandá majestuoso, mientras Charlie recibía un aplauso cálido y sonriente.
Fueron lágrimas de orín emocionado.
Era el Caribe.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

"Formol con Havana 7" (9)


Por pura casualidad, en mi último viaje a Duseldorf, tuve un encuentro con Rudolf Carnap. Lo más mágico es que nuestro encuentro se produjo en una salchichería a la que yo había ido a aprovisionarme de viandas típicas alemanas con las que compensar a mi familia por mis constantes ausencias.
Le reconocí de inmediato y me presenté a la vez que le hacía llegar mi admiración por sus trabajos sobre el positivismo lógico.
Carnap se ajustó sus lentes y me miró fijamente a los ojos mientras solicitaba unas piezas de buey que se mostraban desnudas en el mostrador frigorífico.
- ¿Cómo me ha reconocido usted?, si yo apenas aparezco en público. Sólo mis trabajos se publican y, eso sí, en revistas especializadas.
No supe qué contestarle porque, la verdad, nunca había visto su rostro, aunque sí conocía sus teorías.
- Ha sido una especie de presentimiento, algo especial que ha pasado por mi cabeza cuando le he visto.
- Entonces, amigo, no soy yo, porque, como usted sabrá, todo lo que no se ciña a la verdad empírica por observación o a la verdad analítica de las proposiciones lógicas son deducciones carentes de significado. Usted no me ha visto, no me ha reconocido... y yo no estoy aquí.
Se marchó después de pagar su paquete de carne y no dijo ni adiós.
Yo hice mi compra y volví a España.


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"Formol con Havana 7" (8)


La carretera al norte era una recta interminable y yo le daba gracias a Dios por llevar el depósito bien lleno y un automóvil con aire acondicionado. A lo lejos, como un espejismo nadando en la evaporación del asfalto, una figura me hacía gestos sentada sobre un macuto militar.
Me detuve.
Era un joven con la cara triste y los ojos inteligentes.
Le invité a subir a mi automóvil y continuamos viaje.
El muchacho no paró de hablarme en todo el trayecto. Yo no manejaba todavía bien mi inglés y el acento norteamericano me lo ponía más difícil, por lo que sólo pude entender algunas frases sueltas, que el tipo había estado trabajando en Eaton y que ahora se dirigía hasta San Francisco para ver si encontraba algún trabajo en el sector transportes.
Yo asentía a sus miradas y la cosa fue fluida hasta llegar a destino.
Cuando nos despedimos, me dijo que yo también era un hermoso vencido, como él y sus mejores colegas.
«¿Cuál es tu nombre?», pregunté.
«Kerouac, Jack Kerouac, pero mis amigos me llaman JK», y me regaló unos textos manuscritos que conservo entre mis cosas personales.
Nunca pasé tanto calor como entonces.


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"Formol con Havana 7" (7)


Paseando por Sao Paulo me tropecé con Quincas Borba vestido de San Agustín. Estaba subido a una caja de refrescos americanos y gritaba como un poseso: «Seguidme, sed mis discípulos y, poco a poco, comprenderéis mi filosofía. Cuando la hayáis comprendido a fondo, seréis los hombres más felices del mundo, porque no hay vino que embriague tanto como la verdad...»
Me estuve escuchándole alrededor de cuarenta y cinco minutos. Estaba yo solo. Bueno, él estaba también.
Cuando se cansó de gritar, me invitó a sentarme con él en una terraza cercana si yo pagaba las consumiciones. Acepté. Quincas Borba me contó que tenía un perro que se llamaba Quincas Borba, que había escrito un libro que se titulaba Quincas Borba, que había pintado más de mil cuadros que llevaban por título Quincas Borba... «... a todos mis seguidores les hago cambiarse el nombre y los rebautizo con el de Quincas Borba, porque esa es mi inmortalidad y la de los que creen en mí». Durante la charla se bebió cinco vasos enormes de ginebra. «... La guerra es un bien porque, si extermina al vencido, asegura la existencia del vencedor; la peste es un bien, porque impulsa a los hombres a descubrir la medicina que habrá de curarla. La muerte y el exterminio no existen: desaparece el fenómeno, pero la sustancia permanece. Cuando el agua hierve, las burbujas se hacen y se deshacen continuamente, y todo se queda en la misma agua...».
Hoy he comprado un canario naranja en una tienda de animales y lo he llamado Quincas Borba.


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Saturday, August 7, 2010

"Formol con Havana 7" (6)


En la Comuna de París, dos brigadistas hacían mofa de un joven diletante alemán que miraba embobado la Balsa de la Medusa de Gèricault mientras farfullaba en un francés lleno de aristas que el Infierno de Dante era una imagen perfecta de ese tiempo de hogueras.
Cuando el muchacho se percató de que era objeto de las burlas de aquellos hombres, les increpó encendido: «Miraos un momento. ¿Acaso os reís de mi gozo por la contemplación de esta belleza única?... ¿o quizás lo hacéis de vuestra patética revolución proletaria? Queréis el reparto igualitario de la riqueza y sois incapaces de saborear lo prohibido de este santuario del poder opresor. Si lucháis por comida y por dinero, tomad mis pocas viandas y estos escasos francos, gastaos hasta la última moneda en vino y en mujeres, pero no minéis mi hambre estética con vuestras sonrisas maliciosas. Dejadme disfrutar de esta belleza única que ha sido negada a los ojos de los proletarios...».
Los dos hombres, comiéndose el orgullo que les daban sus armas, fueron presa de una vergüenza digna y agacharon sus cabezas. Uno de ellos preguntó con la voz temblorosa: «¿Cuál es tu nombre, camarada?». El chico, ajustándose sus lentes de miope, le contestó orgulloso: «Peter, me llamo Peter Weiss, y soy de Norwaes».
En el Cerro del Hambre, las múltiples huertecillas que trabajaban los vecinos para pasar mejor la hambruna de la guerra conformaban una acuarela luminosa y verde.
Un afiche rojo y negro sobre una pared salpicada de metralla era el único indicio de entusiasmo.


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Friday, August 6, 2010

"Formol con Havana 7" (5)


Cuando Marc Chagall estaba pintando «El muerto» en su estudio de San Petesburgo, su tío tocaba el violín sentado sobre la chimenea del tejado de la casa. En la calle acababa de fallecer un hombre de muerte natural y las vecinas habían rodeado su cadáver de velas mientras llegaban los empleados públicos encargados de retirar el cuerpo. Un barrendero hacía su trabajo de limpieza ajeno a aquel deceso sobrevenido como una parte más -no sé si la única- de la vida.
Mientras manejaba el pincel, Marc pensaba en cómo se ha de pintar una calle con formas físicas, pero sin literatura; en cómo construir una calle tan negra como un muerto, pero sin simbolismo.
Yo, entonces, aparecí por la casa, como era mi costumbre, para ver el trabajo de mi amigo y para departir con él.
Marc estaba risueño y triste a la vez, como casi siempre.
Le describí el rictus de la cara del muerto y el gesto patético de una mujer alborotando entre gritos y llanto y, en un instante eterno, le vi trabajar con los rojos y sumarle al cuadro un muerto tendido en medio del empedrado de la calle. Me sonrió levemente, como dándome las gracias, y me rogó que me sirviese un vodka del aparador de roble que estaba junto a la ventana del estudio.
El violín sonaba como una caricia eterna.
Tres años más tarde, en un viaje con Marc a Vitebsk, su ciudad natal, realizó una aguada rápida de aquel cuadro que regaló al director de la escuela Svanseva -su escuela de niño-. El director, Mijail Mariaska, se lo agradeció invitándonos a comer pescado en salazón en una de las múltiples tabernas del pueblo.
Fallecido Marc, viajé a Nueva York como invitado de la fundación Chagall de esa ciudad y, para mi sorpresa, vi colgado en el despacho de su presidente el mismo cuadro en una versión fechada cuatro años después de la realización del original. Era un cuadro lleno de sienas, rojos y azules intensos. Pregunté por su procedencia y me explicaron que mi amigo Marc repetía ese cuadro cada vez que tenía que agradecerle a alguien cualquier circunstancia de amistad.
Yo quedé triste, pues Marc Chagall nunca reprodujo «El muerto» para mí.


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Thursday, August 5, 2010

"Formol con Havana 7" (3)



Salvatore Quasimodo recogió su premio Nobel y se fue a comprar almendras agrias, dejando a la curia política sueca con dos palmos de narices.
En el puestecito donde compró las almendras amargas se encontró con un anciano español y se enzarzaron en una conversación en la que se mezclaban el inglés, el italiano y el castellano.
El anciano español, que respondía al nombre de Alberto Segade, le mostró su admiración por saber degustar esas difíciles almendras, y Salvatore Quasimodo le dijo: «Amigo, la poesía arrastra a la vida y la política empuja a la muerte; por eso necesito sensaciones físicas no demasiado agradables al paladar, porque vengo de un acto político en el que he sido protagonista y al que he asistido sólo por dinero».
Alberto frunció el ceño y aprovechó para contarle su azarosa vida entre El Ferrol, Barcelona y un pequeño pueblo de Salamanca, mientras salpicaba la historia con algunas anécdotas de políticos infames. «Habría que hacer una nueva revolución» -terminó diciendo.
«Sí -respondió Quasimodo-, la poesía se beneficia de las revoluciones porque puede participar en ellas con un sentido constructivo...».
«Pero, ¿es usted poeta?».
«No soy político, don Alberto, no soy político».

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El día 14 de agosto, a las doce del mediodía y en la Casa de la Cultura de Malpartida, se presenta el libro "Pedro Mirón García. Antología de su legado documental", escrito por Higinio Mirón, acto en el que tengo el honor de participar como homenaje a las víctimas del terror franquista y, en especial, como homenaje particular al padre de mi amigo Higinio.

Wednesday, August 4, 2010

"Formol con Havana 7" (2)


Estaba yo escuchando ese día la ópera «María», de Astor Piazzola, cuando llamaron a la puerta con cierta insistencia. Abrí.
Ante mis ojos estaba el mismísimo Friedrich Hegel con un legajo entre las manos.
Me rogó que le permitiera descansar para reponerse del esfuerzo que le había supuesto llegar hasta mi casa -vivo en un sexto sin ascensor.
Mientras Hegel descansaba, le pedí con la mirada que si me dejaba echarle un vistazo al legajo, a lo que asintió con una leve sonrisa.
Una leyenda que rezaba «Vorlesungen über die Aesthetik» ponía título al conjunto. Los papeles estaban teñidos de grafías ilegibles y apretadas, de tachaduras y correcciones.
– Son mis lecciones de estética -me dijo Friedrich.
Y pasamos el día y la noche discutiendo sobre esa teoría filosófica de lo bello que tantas horas de reflexión le habían llevado.
Sin atender a mis múltiples ofrecimientos de bebida, Hegel cabalgaba como un avezado jinete sobre las ideas de la crítica y la perceptiva, a la vez que intentaba definir una suerte de síntesis especulativa que fuera capaz de poner solución a ese principio único llamado arte.
Con la amanecida, empezó a zarandearme vivamente para hacerme entender lo que él mismo era incapaz de explicarse.
A las ocho, una hora después, se fue sin despedirse con su legajo bien apretado entre los brazos, y lo hizo muy enfadado.
Jamás he vuelto a verle.

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Tuesday, August 3, 2010

"Formol con Havana 7" (1)

Me apetece un montón ir recuperando poco a poco en esta bitácora los cuentos que completan mi libro "Formol con Havana7" [Delaluna libros, Mérida]... Ahí va el primero:

Nunca nadie supo que Armand Després, después de su discurso sobre los malos efectos de la asepsia en la cirujía -pronunciado ante la gran aceptación de sus colegas en la Academia de Medicina Francesa-, asistió la operación urgente de su hijo Fernand -atropellado por un carruaje en la Rue Robespierre-, lavándose la manos con un fuerte jabón de sosa y esterilizando todo su instrumental con un cognac de extraordinaria añada.
Que una cosa es el prestigio ante la masa y otra muy distinta la familia.

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