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Tuesday, August 10, 2010

"Formol con Havana 7" (12)


A Michel Houellebecq le encantaba escribir en los tanatorios. Tomaba su máquina de escribir a primera hora de la mañana y se recorría todos los tanatorios de París buscando al muerto más llorado; cuando lo encontraba, sacaba unos folios de su vieja carpeta, se sentaba en cualquier rinconcito y comenzaba el rito de la escritura con su tac-tac-tac constante y molesto.
El viernes pasado, mientras asistía al velatorio de mi amigo Pierre Robignac, escuché entre los llantos de la madre y las hermanas de mi amigo un nítido teclear. Busqué con la mirada. Era Michel escribiendo. Me acerqué hasta él y le pregunté por ese gusto tan extraño.
Me contestó: «por lo general, al hombre no le gusta su cuerpo, lo odia, lo aborrece. Eso a mí también me ocurre, y por ello necesito la cercanía de la desaparición para escribir. La muerte deja todo lo imperfecto depositado en un ataúd como si de heces mundanas se tratara, y el contacto con las heces me inspira... De todas formas, amigo, si quiere que le diga la verdad, hago esto para parecer original, que eso vende bastante. ¿No le parece suficiente?»
Me pareció suficiente... y necesario.


© lfcomendador • Propiedad editorial de "de la Luna Libros".

Thursday, December 18, 2008

Ce n'est pas cela...


18 de diciembre de 2008
Ce n'est pas cela. J'essaie de conserver mon corps en bon état. Je suis peut-être mort, je ne sais pas. Il y a quelque chose qu'il faudrait faire, que je ne fais pas. On ne m'a pas appris. Cette année, j'ai beaucoup vieilli. J'ai fumé huit mille cigarettes. Souvent j'ai eu mal à la tête. Il doit pourtant y avoir une façon de vivre ; quelque chose que je ne trouve pas dans les livres. Il y a des êtres humains, il y a des personnages ; mais d'une année sur l'autre c'est à peine si je reconnais leurs visages.
Je ne respecte pas l'homme ; cependant, je l'envie.

[Michel Houellebecq]

[No es eso. Trato de conservar mi cuerpo en buen estado. Quizás esté muerto, no lo sé. Hay algo que habría que hacer y que no hago. No me lo han enseñado. Este año he envejecido mucho. He fumado ocho mil cigarrillos. Me ha dolido, a menudo, la cabeza. No obstante debe haber una manera de vivir; algo que no se encuentra en los libros. Hay seres humanos, hay personajes; pero de un año al otro apenas si reconozco las caras.
No respeto al hombre; sin embargo, lo envidio.]


Y además de todo eso que habría firmado yo sin ningún rubor, pues que estuve en la asamblea ordinaria de la Fundación Premysa y acepté la responsabilidad de un puesto en la comisión delegada, porque en los estatutos se ha incluido la divina posibilidad de realizar proyectos de cooperación y desarrollo en países del Tercer Mundo, asunto sobre el que quizás tenga algo que decir y bastantes cosas que hacer y, además, que me ilusiona poder sumar los proyectos SBQ a la fundación para que puedan ganar en solidez [aunque me niego desde ya, y desde antes de ya, a perder mi responsabilidad de gestión y ejecución en ellos... eso, sobre todas las cosas].
Todo discurrió estupendamente [vuelvo a sentirme como en mi casa en Premysa, después del tiempo de silencio y resquemor al que me llevó la anterior gerencia] y pude saludar de nuevo al Hidalgo más Globalia, al extraordinario Manuel Bruno, al hermoso ugetero que aún trajina entre la realidad y la utopía, a mi Santi Nieto y a las niñas ‘prem’ junto al gran Eduardo, a Verónica, la nueva gerente [que promete]... y mirar con cierta curiosidad al representante de la Cámara de Comercio de Salamanca [engemelado y todo] y al poderoso delegado de Iberdrola avisando de que las cosas están jodidas y es fácil que solo existan ayudas a proyectos que rocen su sector [algo es algo].

•••
Y por la tardenoche a llorar como un chiquillo... primero por ver a mi Guille cantando un villancico vestido de jaguayano y rebonito, luego por ver en el mismo trance a mi Felipe grandote [me emociona más cada día que pasa ver a mis hijos], luego por saber de la grandeza hermosa de Bárbara Blasco y de su hermana Irene, después por ver la buena estrella de Sonia Luz, Carlo Mtnez. Aguirre y Ariel Luque... y, para remate, el mail de mi amigo del alma José Luis Morante con un poema para mí y sobre mí:

UN DIBUJO AL CARBÓN DE LUIS FELIPE

No me disgustó nunca
el extremo aislamiento
del que elige
salir de la corriente principal
para sentirse
un reguero irrisorio,
sombría transparencia
entre los juncos
que lucha por vencer el estiaje.

Vivir bajo sospecha,
alejado de prácticas que impliquen
la doble relación
de un yo y un otro.

Aprender a escuchar
las voces mudas
que rezuman firmeza
y consumir la pulpa
de un fruto paradójico:
ser libre.

© José Luis Morante

Soy un tipo con suerte por teneros a todos. Jo.

Monday, October 20, 2008

Ahora que las alas van torciéndose ...


Ahora que las alas van torciéndose con los primeros amagos reumáticos y ya no hay ilusión por el bourbon o las herederas de los fabricantes textiles que intentan mantenerse a flote de su escurrida soltería, y van con el culo tirado, como dejando un rastro de ardor no satisfecho por los bares de Ribera de Duero y música de ambiente… ahora, que es la realidad [nunca antes ni después], y las bodas se tornan funerales con chistes a media noche en la postura incómoda del tanatorio más Houellebecq que pueda visitarse con los hombros caídos, y se ha incrustado un no saber volver a empezar en los talones… ahora que el primer hijo se despierta fuera de casa y sonríe y bosteza sin que yo pueda verlo al cantar de ese despertador barato que siempre se retrasa, que la incomodidad es algo práctico porque en ella no pasa nada, y llueve sin estrépito en la fuente como regando el agua, y miras los higos secos que quedaron olvidados en las últimas fiestas como si fueran lo que habrás de ser…
Ahora es justo cuando todo se desenreda y veo el extravío en que me encuentro, con muertos prematuros a la espalda, siendo como un facsímil de mí mismo o de lo que quería ser, ya sin veranos posibles, sin meriendas a la caída del sol, con esa costra de los demás que apenas me permite moverme [solo puedo ya mirar las vías justo hasta donde se pierden]… ahora me desvelo y recaigo en pensarme sin ser cigarra, especulo en las dudas eternas que me comen y me siento dañado…
‘¿Estuve vivo al menos?’ –me pregunto– y recuerdo la sombra de las acacias pobladas de sus hojas iguales, ya inasibles, el hervir de la sopa en el fogón mezclada con el hambre, la hoguera de las piñas en el monte cercano, el vórtice de unos ojos vivísimos por los que anduve loco y lleno de titubeos…
Subí las escaleras automáticas por primera vez en aquellas Galerías Preciados de Sol, y fue como dar un salto evolutivo que me ha traído hasta hoy con este shock tan Alvin Toffler que es como un fondo de algas y de limo. Las subí y las bajé como cuarenta veces hasta que una señorita me llamó la atención y me amparé en la americana de mi padre [habían operado ya a mi abuelo de su cáncer de garganta y aprovechamos el viaje a Madrid para ir al Cinerama a ver las historias de los hermanos Green y gastarnos unas pocas pesetas en aquellos grandes almacenes que me dejaron boquiabierto]… y de aquellas escaleras llegaron el ‘exit’, el ‘out’, la fiebre por los snack y las zapatillas Nike, el fervor por los Zippo y la NBA, el canto de sirena de los magnetófonos pequeños, el Hit-Bit y el eterno sueño Mac del que no he salido todavía.
Y pasé de no saber si escribir ‘cervatana’ o ‘cerbatana’ a no saber si tramitar un tiff o un jpg, a no controlar una buena gestión de los pdf’s o a morder el polvo en los licuados de imágenes desde mi intuitivo Photoshoph.
Hoy soy reo de dos idiomas [el castellano y el informático], esclavo de cada una de las marcas que fueron fiebre un día, padre atónito de no saber serlo y empresario en un acuario sin agua dentro de un mar inmenso.
Ahora que ya sé que no pisaré Oceanía ni el Bronx, me están saliendo aletas en los costados y como chocolate con almendras para salvar mi ansiedad, y siento un mar de ganglios en mis pies, que son como raíces; y me crece este genio que ya nació impotente entre las vísceras, y no sé comprender que todo se tramita en lo veloz y que es indescifrable este desdibujo en el que estoy cayendo.
Un día me autodenominé ‘notario de las horas’… hoy solo puedo ser notario de las metas intentadas, de su yunque y sus heridas.

Sunday, May 11, 2008

Una paz de dicotiledóneas y ganitas.


Un paseo tranquilo por la humedad del campo me ha traído una paz de dicotiledóneas y ganitas de arreglarme la barba, que últimamente crece espesa y valiente cercándome la boca. Salí con mi Bonier a buscar agracejos, peonias, ababol, amarantas, ruibarbos, hortigas, filodelfos, droseras, euforbias, escrófulos… pero me quedé en un par de cigarros sentado en la humedad de una piedra y mirando el paisaje troquelado sobre un cielo plomizo en movimiento. Hoy todo es verde húmedo en la zona de Béjar y el cuerpo se me quería tirar entre los tréboles mojados sin pensar en ese después rojo de cistitis y riñones rampantes con garras de dolor de medio tono.
No me gusta tanto el paisaje de horizonte, pero me vuelve loco el de metro cuadrado, el que encierra en el campo de enfoque de mi Nikon, con su macro montado, una flora diversa con su fauna latiendo en un tam-tam… y la lluvia cayó, y yo callé aturdido por la belleza entera dibujada en la luz pobre del día. Con ella, con la lluvia, me perdí en un camino cerrado de vegetación, con helechos rizándose en mis pies con esas caracolas preñadas de pedúnculos que son la justa plástica a la que los hombres no sabemos llegar.
Caminé sin saber y sin querer, en una soledad de líquenes inabarcable y lúbrica… y acabé descansando los ojos en unos pechos pequeños acostados bajo un sostén tan rojo como la amapola muerta que encontré en mi camino, y todo junto al humo de un café con leche.
La ‘dulce muchacha triste recorría caminos en busca de una risa donde descansar…’ suena ahora en mi iTunes y dibujo un barco azul sobre un mar amarillo, el mismo de la canción de Pablo Guerrero. Me autoanalizo, me hago una pequeña crítica, bebo una Coke, leo a Michel Houellebecq, tengo frío y se eriza el vello de mis brazos, toco un ratito mi harmónica Hohner de blues y luego le busco el mismo blues de la harmónica a mi guitarra eléctrica [se me da bastante peor] y termino ensuciando las dos piezas que mejor toco de Bob Dylan, dibujo una página de mi libro con un cuerpo de mujer a base de manchas de tinta blanca, leo un par de páginas de los Cuadernos de Paul Valery, me enciendo otro cigarro y presiento que me siento bien.
De puta madre.