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Saturday, March 7, 2009

Hoy, comidita escritorera.


7 de marzo de 2009
Hoy tengo comidita escritorera, y vendrá mi Morante, después de tanto tiempo [qué lástima que me pille en horas bajas, coño]. Quizás el encuentrito me saque de la mierda en la que está nadando mi cabeza otra vez, otra vez, otra vez... ya pienso que me estoy volviendo paranoico, pero no, que el enemigo es real, tangible y nada cándido. En fin, me buscaré un ‘sigamos’ y a tirar adelante.
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Anoto con sonrisa la visita relámpago de Mayca y Concha Bueno con cubata en la mano [gracias, chicas, por aguantar mis cuitas durante un ratito... y disculpas por ser tan mal recibidor].
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Estoy flipando con la lectura de “La dimensión oculta. Enfoque antropológico del uso del espacio”. Ando ahora por lo que Edward T. Hall denomina ‘el espacio térmico’, y me vienen a la cabeza mil historias sobre la interacción olfativa y la relación térmica entre un grupo de personas que se apiñan frente a un espectáculo [cualquiera]. Escribe el tipo: “... cuando yo era jovencito, al bailar observé muchas veces no solo que algunas de mis parejas estaban más frías o calientes de la media normal, sino que la temperatura de una misma chica cambiaba de vez en cuando. Lo cual ocurría siempre en el momento en que yo notaba cómo iba estableciendo un cierto equilibrio térmico con ella, creciendo mi interés por la chica sin saber realmente por qué...”. Me asombra, sobre todo, el grado de percepción que manifiesta Edward en todo lo que llevo leído, sus anotaciones precisas y llenas de intuición, su valoración del detalle más pequeño y la aplicación de éste en su proceso de introspección representa para mí un alto conocimiento de lo prepoético, esa situación perceptiva que lleva al poema y lo hace fluir. Desde luego, si tengo que anotar algo sobre este libro, creo que me basta con escribir la palabra ‘descubrimiento’ y luego entonarla en todos sus caminos posibles. Es un libro para conocer y conocerse, un libro para aprender a saber lo que sucede en el espacio que habitas, todo lo sucede, todo, todo.
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De lo leído, podríá escribirse algo así:

Un grado centígrado más en su pecho marcaba la justa distancia del deseo.
La urgencia de liberarse de ese grado centígrado se hacía obsesión, porque la moral es como la pleura o como un tic-tac en la noche cuando el resto es silencio.
Yo sentía el diferencial entre nuestros cuerpos y quería exprimirme y tomarla de almohada y sentir su fuego de aguardiente entrando en mi boca de napa. Sentir su calor me hacía subsuelo y aldaba... hasta burdel o iglesia llegué a sentirla.
Ella se dejaba y no.
La sugestión, entonces, tomaba el color de las fresas y los ponía en sus mejillas.
Medio grado centígrado más en su pecho.
Pensaba en las piedras en días de nieve, en los huesos pulidos del íbice sobre la pared, en el cajón de la ropa limpia, en la esponja del baño, en el andamio amarillo que subía hasta la torre vieja, en la pared recién revocada, en la piedad de un Viernes Santo... pero poco a poco su cabeza ardía y subía en térmicas inimaginables... la carne latiendo, las entrañas húmedas, el sonido blando de lo que no roza, un limón abierto, el vértigo mágico del éxtasis mismo...
Se dejó llevar e inició la danza... mordió, tuvo, apresó, se dejó caer, lamió, tembló, crepitó...
Sus grados de más se hicieron de menos después de aquel coito.
Yo aún guardo mis notas termométricas de aquel encuentro, el gráfico exacto de tiempo y gradiente, la cima y el valle de grados centígrados, el calor perdido y el calor repuesto de aquel sumatorio de cuerpos unidos. El proceso lógico del experimento arrojó la frase que anoté y escribo: “me quedé templado en el proceso físico que tramitó el cambio del calor al frío”... y una nota al margen que también repito: “el trabajo fue tan solo el preciso”.
No hemos vuelto a vernos.
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Acabé tardecito y solo me da tiempo a poner unas imágenes del día... jajajaja... me encanta.



Friday, November 28, 2008

Dame luz.


Qué artificial es todo, qué indecente…
Contra el mundo debo tomarme la vida como un sacerdocio o ser el extranjero que no fue capaz de aprender el idioma de los otros, el que sonríe para que le tengan por imbécil, el que asiente con la cabeza a cualquier gesto.
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Hoy vi a la familia completa de Luisito y María [una suma hermosa que casi se ha hecho multiplicación] y me gustó la pinta del asunto, con mi amigo feliz [que se le nota a la legua] y sin permiso para salir ya de parranda [él lo asume encantado]… y me dio en la nariz que todo tiene arreglo si dejas que exista el horizonte. Luego hice resumen del día y me volví a acordar de que hay buena gente por ahí dispuesta a lo que sea [de las últimas horas me quedan los hermosos detalles de Joselín, Manolo Casadiego, Lorena, Dani y Ana, Concha, Gerardo, Guadalupe, Antonio G. T. …].
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Dame luz hincando tus rodillas sobre lo aniquilable, pues soy la triste acrópolis de un esplendor pasado que masculla su ruina y necesita asedio. Que se haga mediodía entre los ojos y todo en mí destiña xantófila inflamada, y me haga grito y gruñidos hermosos, como los de una selva.
Me miro en la botella que reposa vacía sobre la mesa llena… y soy como una esquela sin el nombre completo hasta que tú decidas.
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Siempre sumo mi cuerpo con el colchón por el lado izquierdo y mi cabeza herida se acomoda a la almohada como un rinoceronte mientras los cabellos caen desde su trono hasta el hueco del pozo. Así, y abrazado a la almohada como a una mujer blanda y luminosa, asigno a cada sueño uno de mis ojos [siempre tengo dos sueños] con intención de atraparlos [lo que jamás consigo].
Cuando, ya derrumbado y preso de las sábanas, entro en el mundo blanco, no sé lo que sucede porque todo se borra.
Y cuando me despierto con esos golpecitos de mi hijo Guillermo y no sé dónde estoy ni qué ha pasado, la boca está pastosa, el vientre blando, los genitales prestos, lo riñones punzando sobre la carne anexa… hago siempre un empuje de memoria y no hay nada en la bolsa… estoy lavado.
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¿Quieres el ademán de tocarte y las convulsiones, que te talle como a un diamante con esta afasia mía de mangas sobre mangas, que haga la ceremonia rara de las aves del paraíso para tus ojos, que intente disuadirte mientras punzas mis músculos más blandos con tus uñas recién pintadas?, ¿quieres que me exija y te apodere, que rodemos por el suelo y seamos el ovillo, que te roce y te encarnes, que te repita entera con esta lengua de ceniza que escondo en la corola?, ¿quieres que te sahúme con incienso y apure en la escalera la copa que me ofreces, que te muerda el sombrero de rafia y te estuque la espalda y te haga un altiplano sobre lo espeso y te junte las piernas y te pliegue?, ¿quieres que te dibuje en tinta negra y todo se hinche como el arroz, que me precipite Niágara desde los orificios y quedemos maltrechos como la pulpa batida y seamos el reverso de todo lo que somos?