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Sunday, March 30, 2008

Y que volví a la calle de los Maristas Salidos.



1. VIAJE DE IDA


Joder, que me levanté a las 3,30 horas gracias al despertador de Felipe, uno que le regaló Pablo y que tiene un juego de alarma hortera de día y absolutamente cabrona de noche [colores barça y unas puertecitas que esconden a varios muñequitos jugando al fútbol a los que les da por girar al son del himno culé mientras lanza destellos de luz azulgrana]. Ducha rápida jurando en arameo, lavado de boca a la remanguillé, peinado a ciegas [así quedó], acción zombi de ponerme la ropa, chicle de menta fuerte y al coche… me acompañó durante todo el viaje una luna amiga en cuarto creciente, colgadita en lo oscuro de una noche despejada como una linternita a la que perseguir, y también la banda sonora de 2046 [llegué a tararear los temas a grito pelado]. Y que me puse en Sevilla con la amanecida y entumido por no haber parado en todo el trayecto. Decidí meterme en la carretera de Málaga y, ya ubicado fuera de la vorágine sevillera, detenerme a echar gasofa, a estirar las piernas y a tomarme un café calentito con algo sólido. Así lo hice, pero me mosqueaba no reconocer el camino por el que iba, el no encontrar los referentes de otros viajes, así que en mi parada pregunté a una pareja de la Guardia Civil por el trayecto que debía seguir hasta Lucena y, muy amables, me indicaron que llevaba el camino equivocado, que debía volver atrás unos kilómetros y tomar la primera desviación que indicase Córdoba. Desayuné opíparamente y me dispuse a seguir las indicaciones beneméritas [¿quién me mandaría preguntar?]. Cuando ya llevaba cuarenta kilómetros de camino desde lugar de mi consulta, decidí detenerme en un bar de carretera para volver a preguntar, y la respuesta del camarero escuálido con bigote a mis preguntas y a mis dudas fue como sigue, que no se me olvidará: “¡Zanta Virgen!, ¿cómo le pregunta uzté a loz guardia, zeñor?… zi aquí mandan a todoz loz tontoz del rezto de Ezpaña para hacer práztica… Ze la han preparado buena, amigo… Verá, que ze lo pinto [y me dibujó el recorrido que debía hacer para encontrar el camino correcto]… vuelve uzté por donde ha venido, juzto hazta el cruce. Allí hay una redonda que le marca a Zevilla la primera zalida y a Málaga y Ozuna la Segunda, puez ze marcha uzté por éza hazta Puente Genil, y zi ve a loz guardia lez hace uzté un zaludo militar con el dedo eze que ezta al lado del que lleva el anillo… luego, en Puente Genil, ya le zalen loz letreroz de azín, todoz seguidoz: Lucena, Lucena, Lucena…”. Me tomé otro café allí, por eso de agradecerle al tipo su información y, mientras lo hacía, me dijo: “¿No zerá uzté el artizta eze? Ze parece a uno que veo por la televizión, el de la zerie eza de loz vecinoz… me río con ella… ¿no zerá uzté? [negué con la cabeza]… Puez ze parece como una gota de agua, zí, zí…”… Y otros cuarenta kilómetros para recuperar el camino bueno en dirección a Lucena.

2. MANUEL LARA CANTIZANI



Casi ye-yé encontré a mi amigo, con despacho molón municipal en la flamente biblioteca lucentina [llamada ‘botellódromo de las letras’ en el lugar], hiperactivo, con brío en cada palabra y en cada gesto, lleno de cosas que hacer, pero con una sonrisa siempre para mí y los brazos abiertos… y que no sabría por dónde empezar con este tipo que no tiene parangón en la política española, así que enumeraré algunas de las cosas que hicimos:
• Desayuno con zumito y bocata de jamón con tomate [conté como 8 llamadas a su móvil durante ese tiempo].
• Recogida de Amalia Bautista, que acababa de llegar de Madrid.
• Órdenes a Jacob Lorenzo para que hiciera su tarea como presentador de mi lectura.
• Reunión con el concejal de Hacienda y con el director de la Banda Municipal de Música.
• Órdenes a la directora de la biblioteca, órdenes a las chicas de recepción, órdenes…
• Diez minutos para contarme sus proyectos de señalización literaria de la ciudad.
• Desplazamiento en su coche hasta el IES donde debía actuar yo.
• Desplazamiento hasta el IES donde actuaba Amalia y presentación de Amalia.
• Entrevista con una radio por teléfono.
• Llamada para encargar la comida para nueve o diez personas.
• Inauguración de una exposición en el Casino de Lucena [entrevista con tele incluida].
• Inauguración de exposición en la biblioteca [entrevista con tele incluida].
• Entrega de premios de teatro y preparativos con órdenes múltiples a empleados municipales varios.
• Asistencia al certamen de Teatro.
Y más cosas que ya he olvidado, porque me escapé media hora a pasear a solas por la ciudad.
Vamos, un campeón mi amigo, con una programación cultural importantísima en su ciudad y una gestión envidiable [también me contó que se había hecho coleguita de Alan García, el Presidente de Perú, a lo que yo aproveché para indicarle que buscase una posibilidad de viaje cultural conmigo a esa tierra hermosa, que es uno de mis deseos mayores al día de hoy].
Un tipo al que hay que querer porque sabe hacerse querer. Gracias, amigo, por acordarte siempre de mí.



3. EL INSTITUTO MARQUÉS DE COMARES




Es, sin duda, un centro especial este instituto, y es especial porque lo hacen así sus profes y porque da la impresión de que los alumnos se encuentran muy cómodos en él [un abrazo desde aquí para ese poeta profesor que lleva Llamas por apellido, un tipo lleno de sensibilidad y de conocimiento]. Yo me sentí bien tan solo con pasar el umbral de aquel portón y ver la mirada de los chicos y el afecto de los profes que ya conocía.
Hice una lectura para jóvenes, cabrona en algunos momentos e hilarante en otros, y percibí atención y cercanía por parte de los chavales, que se mostraron muy atentos durante toda la charla.
Lo mejor fue al final, cuando salí corriendo a fumarme un pitillito en la calle… un grupo de chicos y chicas se acercaron a mí para charlar un rato y se les notaba entusiasmados [uno hasta me pidió consejo para pedirle perdón por una infidelidad a la chica con la que salía… soy como Elena Francis, coño].
Me gustó mucho este rollito y me aportó gasolinita para seguir.
Gracias a todo el personal del Marqués de Comares, mil gracias, de verdad.


4. JACOB LORENZO


Mi coleguita chico, el punto filipino de Lucena, el niño preferido de Lara Cantizani [y no me extraña] va a tener librito en Algaida en unas semanas gracias a que ganó el Ciudad de Badajoz con un poemario lleno de sangre joven y de fuerza. Pues que le tocó hacer mi presentación en el Comares y que lo hizo rechulo solo para joderme [él sabe bien que estas cosas me joden], que quedó claro en su inicio: “Quien te quiere, te hará sufrir… y yo quiero a este poeta, lo quiero mucho, y por eso hablo bien de él, porque sé que le jode y que le molesta”. Y terminó de cine sacando a colación un aforismo mío para aconsejar a los chavales, y así dejarme al personal bien dispuesto a escuchar: “A los que os guste escribir, os dejo una frase de Luis Felipe Comendador: para escribir bien debes hacerlo por el lado correcto del bolígrafo…”.
Nos tomamos unas cositas juntos y nos pusimos rápidamente al día de nuestras vidas impares. Le encontré bien, centrado, con muchas ganas y con la mirada pícara e inteligente [será un poeta para tener en cuenta muy pronto].


5. EMILIO


Fue la sorpresa de este viaje, una sorpresa hermosa con un proyecto golosísimo bajo sus brazos de oso tranquilo.
A Emilio le conocí hace años mientras cubría para Canal Sur, junto a su compañera, un encuentro literario en el que yo participaba, y nos caímos de puta madre desde el principio, hubo feeling, y desde entonces nos hemos visto de mucho en mucho en saraos diversos y en alicantinas literarias… el caso es que Lara me dijo: ¿Sabes que viene a verte hoy Emilio desde Sevilla?, y yo me quedé flipaíto por el esfuerzo del amigo y ansioso por volver a abrazarle y que me pusiera al día de sus cosas.
Y Emilio llegó a la hora de la comida, y comimos juntos haciendo los paripés precisos y esperando a que llegase el momento del café tranquilo para charlar… y llegó… llegó nada menos que con un proyecto hermosísimo de Emilio para realizar una serie de documentales para RTVE por todo el mundo sobre el fomento de la lectura, un proyecto en el que se mostrará el trabajo de tipos hermosamente empecinados en que la gente lea hasta en los más recónditos lugares de la Tierra… y que la cosa iba de que al Colega Emilio se le ha ocurrido que es un proyecto en el que encajo perfectamente como presentador. Él me ve en la historia como una especie de Richard Attenborough, desaliñado y entusiasta, mostrando el trabajo de esos locos por el mundo del libro en su exacto terreno, contando la aventura dentro de esa otra aventura que es el propio documental.
Me dejó atónito cuando me entregó el proyecto para que lo revisase [en el que ya figuraba mi nombre] y un cuaderno con el desarrollo completo del guión de uno de los documentales. Vamos, que aluciné en colores y le dije que sí, aunque lleno de temores, pues nunca me he visto en algo parecido. Así que a esperar su gestión y a ver en qué hermoso lío me meto esta vez [los líos con Emilio tienen buena pinta siempre].
Y nos tomamos otro cafetín en el patio cerrado del hotel donde me alojaba, y Emilio me contó su última experiencia colombiana entre los indígenas, una experiencia apasionante en la que le robaron todo su material, lo que propició una historia divina para contar y ser escuchada [yo lo hice absorto].
Nos abrazamos fuerte y quedamos para lo que haga falta quedar.
Gracias, hermano.


6. AMALIA BAUTISTA


Oye, y por si la cosa no estaba completita para un solo día de escapada al Sur, pues que tuve la suerte de conocer por fin a Amalia Bautista y pasar un ratito con ella. La cosa empezó mal –yo soy un experto en malos comienzos–, pues la felicité nada menos que por haber escrito “La mujer de Job”, cuando tenía que haberla felicitado por haber escrito “La mujer de Lot”, pero me bailaron los nombres de forma inesperada y ella rabotó con frescura diciéndome: “Seguro que Job tenía la paciencia suficiente como para tener mujer, pero yo escribí sobre la mujer de Lot…”… a así empezamos… de lujo, ¿no?… pero luego nos fumamos tres cigarritos a solas y al sol… y sentí a la poeta de verdad y a la mujer finísima y sensiblemente despierta [es buena de atar la jodía… recomiendo encarecidamente la lectura de “Tres deseos. Poesía reunida”, que editó Renacimiento en 2006].
No pude escuchar su lectura porque coincidió en tiempo con la mía, y me dio mucha rabia.
Un besote gordo, Amalia… y sé como Job conmigo, anda.

7. EL CASINO LUCENTINO


Impresionante, por mágico, esta especie de centro modernista de la nada más cándida… en su lujo desteñido hay un patio con fuente, dos canarios cantores, estufas del cincuenta con su carbón dispuesto, esquelas en los viejos sillones, partidas de ancianitos fuleros en un rojo de humo… auténtico ‘subrrrrrrealismo’ con concejala del PP que habla de puta madre de sus ‘compañeros’ del PSOE [encomiable esta excepción, de aplaudir y ponerle nombre a una calle], con desfile de modelos en salón postrrefectorio (?), cúpula con un fresco deliciosamente cándido, exposición de la romería del Rocío con trampita en los fondos al modo fotochó, vídeo de la Madre de Dios en superpantalla plana, lámparas de morirse de gusto, salón de tele llena de socios mirando, prensa haciendo entrevistas… una delicia, al fin, con la que deleitarse los ojos y hacer viajar al espíritu a un tiempo que ya no será jamás.
Quedé alucinado con el lugar y sus ocupantes.
Abrazo emocionado para todos.









8. JOSÉ MORUETA


‘Y para postre, las bañistas…’, que escribió mi Ángel González con esa maestría que compendia… nada más y nada menos que José Morueta con su compañera de sonrisa guapa de verdad, inventando trémolos en el aire, siendo alma de blues y también cuerpo… un tipo que ha tocado con Raimundo Amador y con el mismísimo B. B. King, con su tabarda de cuero hasta los pies [que fue objeto de chanza del manquito del bar que le decía…’quilloooo, ande vas tan abrigao…’, con sus rizos Amador y una cosa especial que produce sosiego al que le escucha. Fue un encuentro fantástico al que hube de sumarle mi agotamiento y un puntito de alcohol que llegó de mil cañitas y un par de ‘Havana 7’ con cola en local de blues con jefe molón que se dejaba llevar por aquel ritmillo.
José me regaló la maqueta de su nuevo disco, que está a punto de ver la luz, y me contó sus próximos proyectos entre risas y Chester.
Un gran tipo con una gran mujer al lado.

9. NOCHE DE HOTEL


Llegué hecho unos zorros a la habitación de lujo nubio que me había reservado Lara [no sé qué hora era] y me metí en la ducha recordando el día completísimo y hermoso que me habían deparado mis amigos… la familia de Lara [un compendio de amor donde los haya], el paseo en solitario por los rincones lucentinos, las exposiciones diversas a la que pude asistir, la magia del casino, la música, la gente… la cama se me hizo enorme y me sentí en ella huérfano, sin poder pegar ojo hasta que llegó la amanecida, que lo hizo relativamente pronto.
Los hoteles, a veces, son realidad corpórea y en ellos se descalza la acidez de los días prestados. Hacía mucho calor y me quedé desnudo entre las sábanas para ver si llegaba el sueño… pero solo pude rememorar mi día de gloria y pensar en la gente que quiero… estaba agotado, pero no pude dormir.












10. VIAJE DE VUELTA


Salí temprano de Lucena y hacía calorcito ya. Todo fue bien hasta que perdí la salida a la SE 30 y me metí en todo el mogollón de Sevilla, donde pasé casi dos horas hasta encontrar la salida. Llegué agotado a casa, pero absolutamente feliz.








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Acuso recibo de “Bohemios, raros y olvidados”, una edición de Antonio Cruz Casado en la que participo con la ponencia “Bohemios de provincias (las vanguardias en las comarcas de Béjar y Ciudad Rodrigo)” ; la revista “Saigón/8” con inéditos de la nueva poesía española; el catálogo “Ciencia y sugerencia”, editado por el Ayuntamiento de Lucena [en el que participo con un poema] y los libros “Cosecha de Ángeles” y “¿Qué es poesía” [regalo del inefable Pipo, librero ejemplar]. Gracias por tantas letras.
•••
¿Por qué los placeres proporcionan tan poco placer y el dolor, sin embargo, lleva a cotas inimaginadas de ese trance delicioso? Fijaos que cuando cesa el dolor, cuando se aminora, el placer que se siente es de un orden superior y su gozo se mantiene durante bastante tiempo. Son los contrastes y los grandes altibajos los que producen intensidad, nunca las situaciones mantenidas con monotonía.
Valéry me ha despertado hace un ratito con su cosita de que perder la vida es perder la posibilidad de mañana, y me duelen los riñones, y me pican los ojillos del poco dormir, y siento esa cosilla de la resacota en los tobillos… y es que, como un machote, me quité la camiseta esta mañana pensando en que ayer pasé calor, y hoy tengo las chichitas frías y reblanconas, como asustaditas de la bajada de temperatura. Y en esta situación comprendo que todo lo que no aprendí fue porque me lo quisieron enseñar a la fuerza, y que lo que aprendí, siempre me llegó a solas, dándome mojicones en el cogote a mí mismo por ser un cabezorro.

Saturday, June 9, 2007

Arquitectura de un viaje a Lucena.

Con el viaje recién cumplido, vuelvo a tomar posesión de mi espacio como con avaricia, porque ya he aprendido que lo que más me gusta es ‘volver’.

Salí tan temprano como se le antojó al despertador del Barça que los Reyes Magos le echaron a Guillermo este año, pues no quiso sonar a la hora prevista y el asunto me torció un poquito el orden de salida. No importó, porque siempre me gusta ir sobrado de tiempo a los sitios y logré despertarme y acicalarme a una hora que no implicaba un retraso importante.
Muerto de sueño, arranqué mi coche a la vez que encendía el primer cigarro del viaje [fue un viaje de humo y soledad acompañado por el último disco de Sylvie Vartan repitiéndose durante 543 kilómetros]. Y amaneció en Sevilla con la jodida incertidumbre de si tenía que pillar la salida hacia Granada o la que indicaba dirección a Córdoba. Escogí bien [la de Granada], pero no estuve seguro hasta que me detuve en una gasolinera cercana a Estepa. Desde allí, camino franco hasta el hotel HUSA de Lucena, donde tenía reserva.

Alojado y aseadito, abracé a Morante delante de un café y, un poquito más tarde, hice lo propio con Joan Margarit, que acababa de llegar desde Granada, donde había participado en un acto poético [encantador el tipo, aunque aún no tenía yo pillada la medida de su encanto]… Y luego José Pedro, profe del IES Miguel de Cervantes y El incorruptible Lara Cantizani con su ‘luc metromesoitaliano’, su constante disposición a recibir magníficamente a sus invitados y su carita de concejal de cultura encinta de pillar acta [un cielo de tío siempre]… Desplazamiento al IES M. De C., presentaciones de rigor, risas, charla y de cabeza al acto literario en el que interveníamos Morante y el que suscribe [nos presentó Lara y marchó con Joan a otro acto en el que intervendrían ambos en un centro educativo cercano]. Los chavales, un centenar, de edades que rondaban entre los 13 y los 15 años, tuvieron con nosotros un comportamiento modélico en el que no faltaron la atención y la participación [dos horas seguidas aguantando las miserias de un par de poetas es para nota, y ellos aguantaron y hasta me dio la impresión de que se divirtieron]. Un once para ellos y para sus profes, que estuvieron presentes durante el acto [entre ellos estaba el poeta Antonio Llamas, un tipo majo al que espero leer pronto, pues me ha prometido próximo envío de libros].

Comida rechula con todo el personal [se unieron a los antedichos mi querido amigo Pepe Rodríguez –socialista de los buenos sin sombras y en la penumbra ahora–, un par de profes del centro donde intervino Joan y la hermosa consorte de Cantizani –pletórica y brillante… feliz–] y una sobremesa de las de guardar en los anales de las sobremesas.
Ahí empecé a notar el valor inmenso de Joan, su magisterio y su ironía. Intercambiamos anécdotas, nos contamos chascarrillos y tocamos algunos temas sobre la memoria y la literatura, temas en los que coincidíamos tanto como en el gusto por la poesía que dice y no oculta. Auténtico magisterio para mi suerte eterna.

Feliz fue también escuchar a Antonio Llamas, más parco en palabras que Joan, pero muy atinado en sus comentarios y con un gusto poético bastante elaborado a base de lecturas muy bien escogidas [me pareció un tipo muy interesante por sus comentarios, sus formas y el buen rollo que emanaba… me queda leer su poesía], así como la presencia atenta de José Pedro.
Matamos la sobremesa a eso de las 5,30 p.m. y Lara nos regaló un par de horas de descanso que yo aproveché para pasear a solas la ciudad, volver a ver [a medias, porque andan restaurándola] la abigarrada capilla rococó (¿) de la iglesia de Lucena, visitar la plaza de “Los padres maristas (salidos)” [de la que conservo una entrañable fotografía que me hice en ella hace un par de años con Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño] y descubrir asombrado una suerte de piedra roja que decora los edificios antiguos lucentinos y que está llena de grandes y bellísimos fósiles.


A eso de las 7:30 p.m. nos reagrupamos en el patio porticado del hotel HUSA Santo Domingo y allí creció aún más mi estimación hacia Joan, pues la conversación trajo dos o tres temas en los que su valoración fue magnífica [ya los iré comentando con el reposo de los días]. Además hicimos intercambio de libros y me regaló su “Casa de misericordia” [lo leí como un poseso nada más llegar a mi estudio, justo antes de escribir estas líneas, y es un golpe brutal en la afirmación de lo que yo entiendo como ‘poesía de verdad’…”…Y todos los lugares son la muerte.”]: Me dedicó el libro con estas palabras: “Esta Casa de misericordia es para mi amigo Luis Felipe. Ojalá en su ‘mundo –habitable imperfecto–’ encuentre amparo en uno solo de estos poemas. Con la admiración y el afecto de su Joan Margarit. Lucena,8 – VI – 2007”… Y, coño, claro, joder, Joan… he encontrado amparo en cada una de sus páginas, incluyendo el redondo sonido musical del catalán [“…M’invento cap a on vaig, i en la vorera, / davant la casa, escolto: com un gos, / la mort està gratant rere la porta”]. Mil gracias.
Y para sumar tiempo llenito de lectura potente y primorosa, Morante me hizo entrega de un presente especial al que tenía unas ganas enormes de hincarle el diente desde hace ya unos meses, el diario completo de Zenobia Camprubí, desde 1939 hasta 1956, en tres gruesos volúmenes editados por ‘Alianza Literaria / La Editorial, Universidad de Puerto Rico’… y Lara Cantizani se presentó con los cuatro volúmenes que ha editado en su colección Cosmopoética [bilingües todos]: “Qué es poesía?”, de Lawrence Ferlinghetti con traducción de Jesús Aguado; “Vigía de largas distancias”, de Shlomo Avayou y traducción de Joan Margarit; “Cosecha de ángeles”, de Ana Blandiana y traducción de Rafael Pisot y Juan Vicente Piqueras, y “Las extremidades frágiles”, de Gaia Danese y traducción de Juan Carlos Reche Cala… y si no fuera sufiente, el mismo Lara me regaló “El invernadero de la nieve”, editado en DVD Ediciones, con el que ganó en el certamen ‘Ciudad de Burgos’.
Muchos y buenísimos días de lectura me esperan.
Gracias a todos por la generosidad y prometo cumplir anotando mis impresiones aquí de cada uno de estos libros.

Hecho el cambio de cromos, salimos hacia Cabra para acompañar a Joan, que era el encargado de cerrar el curso de uno de los institutos de ese pueblo ofreciendo un recital [se sumó al viaje Jacob Lorenzo].
El panorama en Cabra era más de boda o bautizo que de espíritu poético, pero un buen poeta se crece ante las dificultades, y Joan demostró allí el pedazo de poeta que es. Su recital fue impresionante, sobrecogedor a veces, imbuido de tristeza a ratos, lleno de la pesada razón/sinrazón de la memoria siempre [llegó a erizarme en un par de poemas que me trajeron a la memoria a mi abuelo Felipe y a mi abuela Antonia y me hizo llorar con uno de los dedicados a Joana]. El temblor me duró bastante tiempo después del recitado, y fue la voz dura y perfectamente trabajada, junto a la enorme calidad de Joan como rapsoda, lo que me llevó a tal estado. Fue entonces cuando algo se abrió definitivamente dentro de mi estómago y acogió a Joan como algo propio, como a mi hermana o a mi padre o a mis hijos… sucedió y ahí está ya para siempre [para mi siempre].

Terminado el momento más emotivo de todos los que se acumularon en este viaje y en mi cabeza, nos acercamos al ágape, tomamos unas cervecitas, picamos y departimos con el personal. Ya mediocomidos y mediobebidos volvimos a Lucena para llevar a Joan al hotel, pues habría de viajar temprano al día siguente hacia Barcelona.
Nos despedimos con un abrazo fuerte y con la sensación preclara de que allí había un lazo en el que seguir creciendo.

Acomodado el maestro, nos fuimos con Jacob a disfrutar la noche de viernes lucentina, con sus miradas brujas, con sus pechos de arena fina y suave, con el ardor nadando entre piernas vestales, con su alcohol y su dosis de sensual belleza, con su lumpen de pueblo, con su mezcal hispano… conocimos a una peña rejoven y lo pasamos chuli, pues Jacob es un punto filipino además de poeta [¿en ciernes?… No, un poeta], charlamos con la cantante pop más de moda en la tierra cordobesa [Marián] y con el futbolista joven de más trayectoria en esos campos de olivos alineados como un ejército [jugará en el Barça pronto, ya lo veo].

Dormir y volver a viajar.
Volver.
Joan, mientras desayunaba en una ortopédica área de servicio, ya de camino a casa escribí este poema tan lleno de resaca como mi cuerpo entero:

JOAN MARGARIT RECITA MIENTRAS LE SOBREVUELAN TRES MURCIÉLAGOS

Cada una de mis mentiras
se me queda en el rostro dibujada…
las verdades también,
y me hacen viejo…
Entonces, sabio Joan,
la realidad da un paso
y se adelanta, sin más,
a lo pensado
porque vive en mi gestos
aún antes de la idea.

Tú brotabas veloz,
con ese vigor raro
de los que ya han sufrido,
nombrando cada letra
de la palabra ‘rabia’…
Yo miraba mi sombra
–que es todo lo que soy–
llena de vanidad, pero vacía,
y extendía mi mano
buscando caridad en tu talento.

Bajó el primer murciélago y me dijo:
“No es caridad, Felipe,
es justicia”.
Y quise ser el muerto.

Mirando mi intención,
bajó el segundo
agitando su vuelo hasta mi oído:
“Busca la simetría del dolor…
es sorprendente”.
Y decidí seguir hasta ahora mismo.

El tercero quedó sobre tus labios
para gritar contigo aquella arenga:
“Entender te redime”.

Ahora bebo deprisa,
porque se acaba el tiempo
de una sed que no tendremos.

* Lou Reed lee el poema 'Primer Amor / Joventut procaç' de Joan Margarit
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