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Saturday, November 10, 2007

Cuando sabes lo que necesitas....


Cuando, de pronto, descubres un día que sabes exactamente lo que necesitas, entras en barrena, porque a la vez percibes que en ese conocimiento hay contenida una tragedia inconmesurable que radica en la sensación [casi siempre realidad] de habitar en el punto de no retorno. Cuando eso sucede, cuando sabes lo que necesitas, percibes a la vez que no habrá correspondencia de los seres y de las cosas hacia tu certeza y, por tanto, sabrás a la vez que no serás capaz de alcanzar satisfacción para tu necesidad.
Es la historia del hombre… un camino de dones no apreciados y un monton de trochas abyacentes llenas de falta e insatisfacción.
Quizás mi tristeza inagotable radique en que ya sé lo que necesito, sé dónde está y cómo llegar hasta ello… y sé también que circunstancialmente es imposible hacerlo. En mi camino he ido tomando elecciones y decidiendo descartes, he aprendido a estar en el medio que me he creado y a gestionarlo con respuestas acomodadas y cómodas… pero también he ido acumulando preguntas que van encontrando ahora su salida inútil, una salida que me frustra y me deprime. Me he ido cerrando la vida con vínculos hacia cada persona y cada cosa que se ha rozado con ella, he armado una estrategia que me permitiera seguir dentro de unos cánones con voluntad de futuro y solo he conseguido acorralarme, ponerme muros insalvables que cada día hacen mucho más estrecho mi espacio y no me permiten ni siquiera soñar con un pequeño cambio que me proporcione un hálito de esperanza. Variar ahora en medio grado el rumbo de mi vida daría al traste con todo… decidir simplemente que quiero echarle dos horas diarias más a la escritura rompería mi jaula de cristal y todo se caería como una torre de naipes [y necesito escribir dos horas más cada día, lo necesito intensamente, pero ya no tengo de dónde sacarlas].
En todo caso, sí que puedo decir que me gustaría cambiar de trabajo [el que tengo me agota y me atormenta… me vacía y me elimina], que me gustaría tener tiempo para pintar y para escuchar la música que me embruja, que me fascinaría hacer los cuatro viajes que tengo pendientes desde la adolescencia, que me agradaría mucho no ser el centro de nada ni el acumulador de las responsabilidades ajenas, que quiero tiempo para leer [lo necesito], que me muero por disfrutar de mucha más soledad de la que ya tengo, que necesito pensar con tranquilidad [sin que nadie me perturbe], que preciso tiempo para atender a mi gente como yo quiero atenderla, que me encantaría desaparecer solo con cerrar los ojos y justo hasta que decidiera abrirlos…
Ya es imposible… la vorágine que yo he propiciado me ha traído hasta aquí y solo me queda pasar con ella y en ella o decidir un final que se me antoja imposible también.
Me estoy convirtiendo en un hombre asocial, y eso quizás sea lo único bueno que me sucede ahora.
Esperaré a ver si voy soportando lo que me viene con sonrisas forzadas, intentaré aguantar el tirón con la esperanza de que aún existe algo que yo no he sabido descubrir, seguiré macerándome en esta mierda que me deja el carácter avinagrado y la potencialidad vacía para ver, aunque sea, hasta dónde es capaz de llegar la degradación… porque quizás tampoco sea para tanto.
(12:55 horas) Me llega mail de un amigo extranjero felicitándome [con cierto retraso] por la obtención del Premio Nacional de Poesía 2003 (?). Y debe haber algún error corriendo por la red, ya que solo fui finalista en aquel evento galardoneador, lo que me acercó a uno de los escalones más altos del extraño cielo de los hombres y me hizo sentir algo más narciso de lo normal. Dejo noticia de ‘Europa Sur’ fechada el 09/10/2003 para que no existan confusiones, que me jode un puntito.

“Julia Uceda obtiene el Premio Nacional de Poesía

Portada
09/10/2003
Europa Sur

Julia Uceda, sevillana de 77 años, es la ganadora del Premio Nacional Poesía, concedido anualmente por el Ministerio de Cultura y dotado con 15.025 euros. La veterana y poco conocida poetisa se hizo acreedora al galardón por ‘En el viento, hacia el mar’, una antología que incluye poemas escritos a lo largo de más de cuatro décadas por esta poetisa poco menos que 'secreta' y dedicada profesionalmente a la docencia. El jurado que la premió lo consideró como la mejor colección de poemas publicada a lo largo del pasado año.

La candidatura de Julia Uceda se impuso a las de Francisco Ruiz Noguera, Joan Margarit y Luis Felipe Comendador. Ruiz Noguera aspiraba al galardón con el poemario ‘El oro de los sueños’, Margarit con ‘Joana’ , y Comendador con ‘Travelling’.”

Gracias de todas formas, amigo Frank.
(16:46 horas) Es muy fácil escribir de lo que uno sabe escribir y absolutamente difícil hacerlo de lo que uno quiere escribir [se lo leí alguna vez a Alejandra Pizarnik]. Absolutamente cierto. Cuando no me sale la escritura que quiero, termino escribiendo sobre mí, y eso sucede casi siempre… quizás por ello en los últimos años adoro el género diarístico como material de escritura [también de lectura, quizás para intentar sentir lo que sintieron otros en mis circunstancias], lo que quizás muestre la magnitud de mi derrota en la escritura.
(18:23 horas) El mundo se desplaza lentamente a mis espaldas y está lleno de hombres solitarios en busca de ayuda, hombres dispuestos a hacer lo que les pidas a cambio de unas palabras amables, de una sonrisa, de una mirada o de que escuches lo que te quieren decir.

Hoy, a la hora del café, un anciano de muy buen parecer al que llevaba viendo por el local durante meses, se acercó a mí y le dijo al camarero que no me cobrara, que me invitaba él. Yo intenté no aceptar la invitación, pero el hombre insistió y me dejé. A cambio del café, me pedía con los ojos que le escuchara durante un ratito, y lo hice de buena gana. Su cara se mostró alegre de pronto, mientras se arrancaba con que tenía un hijo catedrático en Jaén [morcilleando con eso de que el euro es un fiasco para la economía de los españoles], contándome que tuvo un automóvil Saab que pertenició a un diplomático suizo, que corrió en el circuito del Jarama en los años sesenta con un Renault Alpine y que le quiso fichar la casa “Hispano/Suiza” para que corriera un rallye entre Francia e Italia, que vivió muchos años en New York… y así hasta que notó que debía irme, punto en el que reaccionó con absoluta naturalidad y me despidió con mucha educación y lleno de agradecimiento.
¿Terminaré siendo yo un hombre así?
Esta situación me ha traído a la memoria, no sé por qué, un poema de Raymond Carver, que busco en mi biblioteca y anoto aquí:

EL DON DE LA TERNURA

Tarde en la noche. Comenzó a nevar.
Los copos húmedos caían
más allá del cristal de las ventanas,
difuminando el aire frío
ocultaban el resplandor de la ciudad.
Miramos la tormenta
sorprendidos, felices, satisfechos
de estar allí y no en otro sitio.
Puse un leño en la chimenea,
me pediste que regulara el tiro.
Nos metimos en la cama.
Cerré mis ojos, de inmediato,
pero,
por razones que desconozco,
antes de dormirme
el aeropuerto de Buenos Aires
atravesó mi memoria.
Recordé aquella tarde,
la temprana oscuridad, las sombras.
Reconstruí la escena:
regresé a ese paisaje desolado
donde flotaba un silencio sepulcral
interrumpido únicamente por el rugido
de las turbinas del avión que rodaba
lentamente bajo el granizo,
tan fino que lo confundimos con nieve.
En las ventanas de los edificios no había luz.
Un lugar realmente solitario.
Sólo pasillos abandonados, hangares vacíos.
No vimos a una sola persona.
“Es como si todo estuviera de luto”,
fue tu comentario.

Abrí mis ojos.
El ritmo de tu respiración
me dijo que estabas profundamente dormida.
Te rodeé el cuerpo con uno de mis brazos.
Mis evocaciones
me trasladaron de la Argentina
a un apartamento en el que pasé
un tiempo de mi vida, en Palo Alto.
No nieva en esa ciudad,
pero el apartamento disponía
de un amplio ventanal desde donde
podríamos haber mirado por horas
la autopista que rodea la bahía.
La nevera estaba al lado de la cama.
Las noches calurosas, sofocantes,
cuando me despertaba con la garganta seca
sólo tenía que estirar el brazo, abrir la puerta
y dejarme guiar por la luz interior
hasta el botellón con agua fría.
En el baño, un pequeño calentador eléctrico
descansaba cerca del lavabo.
Todas las mañanas, mientras me afeitaba,
calentaba agua en una vieja sartén;
el frasco de café instantáneo,
siempre a mano, en el botiquín.

Un mañana me senté en la cama
vestido, recién afeitado,
bebiendo sorbos de café caliente
intentando olvidar planes,
proyectos, todas esas cosas
que había decidido realizar.
Finalmente marqué el número
de Jim Houston, que vive en Santa Cruz,
le pedí prestados 75 dólares.
Me contestó que estaba sin fondos.
Su mujer había viajado a México
por unos días y él ya no tenía dinero,
no llegaba a fin de mes.
“Está bien”, le dije. “Te entiendo.”
Y así era,
no necesité explicaciones.
Hablamos un poco más y cortamos.
Terminé el café cuando el avión
comenzaba a elevarse en mi recuerdo
y yo desde la ventanilla miraba
por última vez las luces de Buenos Aires.
Después cerré los ojos
iniciando el largo regreso.

Esta mañana hay nieve por todos lados.
Hablamos sobre la tormenta.
Me cuentas que no dormiste bien.
Te digo que yo tampoco.
Tuviste una noche terrible. “Yo también.”
Estamos tranquilos el uno con el otro,
nos asistimos tiernamente
como si comprendiéramos nuestro estado de ánimo,
las mutuas inseguridades.
Creemos adivinar los sentimientos del otro,
no podemos, por supuesto, nunca podremos.
No tiene importancia.
En realidad es la ternura lo que me interesa.
Ése es el don que me conmueve, que me sostiene,
esta mañana, igual que todas las mañanas.

(21:03 horas) Perplejo y confundido regreso de mi cena después de ver y oír el “¿Por qué no te callas?” espetado por el Rey Juan Carlos a Hugo Chávez… tan perplejo y confundido que decido hacerme algunas preguntas:
1. ¿Soy español?: Sí, coño, claro.
2. ¿Soy monárquico?: Ni de coña… ¡¡¡Viva la República!!! [en lógica, por ideología y en clave de modernidad, no hay manera de que trague con el concepto del poder por la genética].
3. ¿Aznar es un fascista?: Es indudable y a las pruebas me remito.
4. ¿Las grandes copañías españolas abusan en los países latinoamericanos?: El que piense que no, que aporte datos [me da que lo lleva crudo].
5. ¿Me gusta Hugo Chávez?: No. Su política populista es incendiaria y encierra diversos peligros individuales y sociales [pero cae bien por tener los cojones de oponerse a la bicha norteamericana y por llamar a algunos por su nombre].
6. ¿Y Daniel Ortega, Evo Morales…?: Me parecen hombres cabales de izquierda que defienden lo suyo con razón y con razones [leerse su historia, coño].

En resumen, que Chávez no mintió ni exageró [aunque no guardó las formas y no me cae bien el tipo], que ‘monsieur le roi’ debiera dedicarse a sus fincas y dejar que gobiernen los políticos votados en urnas [ganas tenía el hombre de pillar bañitos de masas… y los tendrá], que Aznar sigue siendo un fascista recalcitrante que cada día se parece más a Bocasecamán, que las grandes compañías petroleras españolas [y las no petroleras] se están llenando el bolsillo en países que aún deben empezar a encontrar sus vías de desarrollo para solventar los peligrosos índices de pobreza en los que bailan [y toda mi solidaridad y mi admiración para Ortega y Morales]… y que sigo siendo español a pesar de todo, un español perplejo y confundido, republicano y solo, tonto de baba casi, solitario…
¡País!
De FUMADORAS

Saturday, October 13, 2007

De 19 a 49.


Con 19 años todo era atractivo a la mirada, el mundo estaba poblado de caminos abiertos por hollar y la vida se presentaba franca y dispuesta para tomarla y vivirla…
Ya con 49 años, todo ha tomado la pátina de la decepción y sólo el estado de búsqueda puede hacerme permanecer fresco y atado a una vida que aún puede guardarme un puntito de luz y sorpresa si me empeño en ello.

Mientras que con 19 años no importaban las palabras como ‘valor’ tangible de lo vivido y de lo por vivir, con 49 años se han hecho herramienta imprescindible para intentar engañarme en el asunto de que mi vida es pura supervivencia. Ahora no importa tanto lo que quiero decir [antes era siempre lo fundamental: gritar aunque no supiera cómo hacerlo] como de qué forma decirlo [ahí tienes preclaro el personal asunto deconstructivo traído de Derrida al que me refería hace unos días, amigo anónimo que no entendías]. Necesito que mis palabras acoten, se cierren lo más ajustadamente posible al concepto que quiero expresar… o que se pluralicen en su significado… pero siempre bajo mi control minucioso.
Antes caía sin problemas y sin sonrojo en la generalización [demasiadas veces me llamó la atención sobre ello mi amigo Antonio G. Turrión, cosa que le agradecí y le agradezco], no medía las consecuencias porque no me importaban demasiado. Ahora procuro escribir cada una de mis palabras con una medida exacta, sopesando su ‘valor’ de proyectil o de caricia.
También entiendo que eso me deshumaniza, pues sacrifico la frescura [calidad que fue mi norte durante demasiados años], pero me proporciona un poder que no conocía entonces: el de saber que la fuerza añadida al peso de cada palabra la pongo yo y solamente yo, de tal forma que, conociendo su calibre, averiguo cómo llegará, hasta dónde alcanzará y en qué forma hará herida o conseguirá restañarla.

Este proceso en el que me encuentro también me permite asistir a la relectura de mis poetas preferidos y encontrarlos distintos, ya que no solo leo sus poemas como conjunto plástico y creativo, sino que asisto a ellos con ojos de histólogo, deteniéndome en cada una de sus palabras, en el tejido de cada verso, y encontrando gozo o decepción en ese universo escondido que se hace descubrimiento paralelo al de la oportunidad del poema… es luz sobre la luz, conocer las cartas que tiene el contrario antes de que se desarrolle la jugada, pero sin intervenir en el resultado, ya sea errado o absolutamente brillante.
Entenderé perfectamente que un joven de 19 años vea que mi proceso actual se queda en lo anecdótico para huir de la raíz pura del poema [que en la juventud es el ‘mensaje’], que suponga una pérdida de tiempo el trabajo reflexivo alrededor de unos versos tan preclaros (¿) y conocidos como, por ejemplo, ‘Vendrá la muerte y tendrá tus ojos’.
El joven de 19 años los estampará en una camiseta junto a, yo qué sé, la imagen de El Che; los dibujará en su carpeta universitaria junto a una foto de los Extremoduros y lo mostrará ufano y sonriente a los ojos cerrados de la plebe… El mensaje sobre cualquier otra valoración, y el ‘mensaje’ unido a la ‘estética’ en una nebulosa que termina siendo confusión eterna muy bien aprovechada por la mercadotecnia, ese pozo sin fondo al que todos lanzamos monedas a diario para intentar convertirnos en lo que nunca podremos ser.

Derrotado y escéptico, casi puedo afirmar que prefiero mis 49 años, con sus miedos y sus fobias, con sus dolores y sus jodidas manías, con su doloroso descenso físico y con este enredado proceso de las palabras y a las palabras.
Me lo dijo Joan Margarit en Lucena y ya lo he relatado aquí algunas veces y con distintos fines: a cada edad del hombre le corresponde una edad de la mujer y una edad de las palabras.
De FUMADORAS

Wednesday, September 12, 2007

Cuando llega septiembre [vintage naked]


* [Foto robada por Concha durante el Festival de Blues... ¡brujilla!]
•••
Cuando llega septiembre me entra una euforia chiquitita que se lleva de pronto, como el simún, el placer de las chanclas, el sudor sobaquero y la estival estética de llevar las camisas por fuera del pantalón. Mi cuerpo empieza a pedir el jerselino y mis pies demandan calcetines… junto a ese vestuario viene también la gana de escribir y el rumor de cistitis se va haciendo más cierto.
Ya no sirven las sábanas como ayuda nocturna contra los relentes para tapar el cuerpo desnudo… ahora empieza el ciclo del pijama [primero el de tela de algodón y luego el antilujuria esquijama –que lo mismo viene de ‘pijama de esquimal’– de rizo], el rito de las mantas [en octubre con una y en noviembre con dos], que no soy tipo de edredones modernos.
En cuanto a las posiciones, pasaré del estiramiento pleno veraniego a la posición fetal de oso en invierno, ésa en la que me recojo para sujetar el calor corporal y sentirme carne apretada.
Sé que lo que pierdo de mirada lasciva con la llegada de septiembre, lo gano en pensamiento lúbrico… que no sé qué es mejor, si imaginar sobre lo mostrado o imaginar sobre lo tapado.
En fin, que va entrando ya mi tiempo preferido… y cambiaré los cafés con hielo por esa cosa calentita del corto de café con leche, y volveré a mis horarios normales, comiendo a solas con mi Guille y charlando de nuestras vidas cruzadas inexorablemente y de nuestras generaciones [la suya de Shin Chan y la mía de la familia Trapisonda], haciendo macarrones con tomate a vuelapluma, corriendo a la una menos cinco para recogerle en el cole y echándole una mano con los deberes de mates o los de Lengua [la tabla de multiplicar ha pillado cojera con la Play Station y los baños de verano]. Otra vez la vida de familia dividida por los horarios, los documentales de Odisea o Canal Historia, los baños de la noche con sus ‘¡Papaaaaá, lávame la cabeza!’, ‘¡Papaaaá, tráeme las zapatillas!’ y los cuentines a la hora de dormir, y los besotes de buenas noches… Todo será otra vez como antes, aunque tampoco volverá a ser como antes.
Cuando me detengo en estas cosas, me veo mayor [pero no arrepentido]… y también me veo cierto punto entre pirata y canallita cuando muevo la lista de mis preferencias cincuentonas. Veamos:
1. Querer a mi Mª Ángeles sobre todas las cosas.
2. Disfrutar de mis hijos en ese juego de ser y hecerse/deshacerse.
3. Leer diarios de tipos que escribieron su vida sin pensar en epatar, con sentimiento sincero y lúcido.
4. Imaginar mujeres en posturas dispares [este apartado es solo físico].
5. Imaginar sentimientos de mujer en distintas circunstancias vitales y darles forma en el papel [siempre acabamos en sexo o en muerte].
6. Fumar indefectiblemente dos paquetes diarios de Chester.
7. Tomar café a las 9,30 horas y a las 15:00 horas.
8. Escribir este diario hablado/mudo con la dedicación mínima de dos horas diarias [es obligación que me impuse hace ya muchos años].
9. Pintar mujeres desnudas con la mirada triste.
10. Coleccionar imágenes de mujeres fumando, de mujeres leyendo, de mujeres besando…
11. Beber tres Cocacolas diarias como mínimo.
12. Leer poesía y cabrearme.
13. No leer prosa si no es imprescindible.
14. Cultivar la amistad de los que me caen bien.
15. Tunear ‘Los cipreses creen en Dios’ [ya me quedan solo 346 páginas].
16. Mirar a las mujeres maduras e imaginar su desnudo como un ejercicio plástico [es complicado, pues las formas no terminan siendo lo que parecen, lo que hace el trabajo muy similar al estudio de un green golfero]. Oye, y lo que me gustan esas mujeres cercanas a mi edad como material incendiario [tenía razón Joan Margarit cuando me dijo que el deseo real va parejo a la edad]. Vamos, que no hay comparación con las jovencitas.
17. Intentar poemas a partir de microrrelatos previos que llegan de esos ejercicios de menudeo ‘vintage naked’.
18. … y otras cosas que no cuento.
De FUMADORAS

Monday, June 11, 2007

Joan Margarit evoca a José Agustín Goytisolo.


El mundo es un pañuelo, y no siempre para enjugar las lágrimas ni las verdes mucosas que producen los tipos que nos producen alergia.
Me ha llegado desde Cambrils, de la mano del inefable Ramón García Mateos, el libro de actas del III Congreso Internacional “Cambrils ‘05”, que estuvo dedicado a José Agustín Goytisolo de forma monográfica.
Me pongo a echarle un vistazo a sus páginas, y felizmente me encuentro a Joan Margarit haciendo una hermosa lectura [subjetiva, claro, cómo no iba a ser así] sobre la obra de José Agustín.
Califica Joan a Goytisolo como el mejor poeta de los cincuenta [yo estoy de acuerdo, aunque le voy a sumar a Ángel González, y eso que no hay nadie mejor ni peor, sino –y quizás– todo lo contrario], asegurando que los mejores poemas de J.A. van a durar más que los mejores poemas del resto de sus compañeros de generación [También puede ser posible, igual que los de Ángel González].

De los apuntes de esta lectura, anoto algunas frases de valor que me apetece dejar:
• “Dejémonos de creaciones, de creatividad. El poema ya está en algún sitio y hay que encontrarlo” [¡Bien, coño, bien!].
• “Ser poema y no ser poeta”.
• “José Agustín es un poeta de libros, no creo que sea un poeta de poemas”.

• “Durará más él –Goytisolo– que los críticos”. [Anota Joan, hablando de los críticos, un párrafo del prólogo de “El rey mendigo”, el siguiente comentario de J.A.. “En la formación de un público para un determinado escritor merece párrafo aparte el papel de la crítica literaria, sobre todo en un país como éste en el que se llama crítico a mucho gacetillero o reseñador, a cualquier plumífero mal pertrechado, a cualquier petimetre, precipitado consumidor de textos teóricos a la moda, o a cualquier aspirante a poeta o novelista que ha tirado ya la toalla o que está por hacerlo, y que se cobija, a la sombra de otros que considera más afortunados, declarándose o ejerciendo de maestro o de manager.”

* Gracias por el generoso envío, amigo Ramón.

(22:18 horas) Mientras leo “Cosecha de ángeles”, de Ana Blandiana, noto que em lanza un mensaje mi paquete de tabaco [lo he notado porque es un paquete de Winston, y yo suelo fumar Chester]. Me dice: “Fumar puede matar” … y vuelvo como si nada a la lectura de Blandiana… “Echo de menos las cosas / que soy incapaz de imaginar…”. ¡Coño! Y follar también puede matar, y comer, y beber, y tocar la cítara… Es impresionante… y viajar puede matar… y hacerse viejo.
¿Por qué no pone en mi paquete de tabaco que fumar me dará placer, que me ayudará a escribir, a pensar a disfrutar de mi soledad tranquila? Si yo sé que voy hacia la muerte, ¿para qué coño se empeñan en recordármelo?… La verdad absoluta es que vivir puede matar, es más, vivir mata.
Pillo otro cigarro y lo enciendo.

Ana Blandiana me susurra ahora… “No tengo que apresurarme, / tengo que dejar que el tiempo pase, / cada segundo que cae / erosiona un poco / el sufrimiento. / (…) / En un milenio, en dos, / la roca será arena, / el hierro de los eslabones, polvo, / mis huesos, moléculas de calcio / disueltas en el agua. / El sufrimiento, nada.”… “Suferinta nimic.”.
Y vuelvo a mi paquete de tabaco, que ahora muestra su envés: “Fumar provoca cáncer”. ¡Coño!, ¿no habíamos quedado en que fumar puede matar? ¡Joder!, ahora, además, provoca cáncer.
De Tontopoemas ©...

Sunday, June 10, 2007

La belleza, con la edad, gana en matices lo que pierde en decorado.

Anoche, justo cuando salía de mi estudio, me asustó la cohetería del festejo organizado por el alcalde en funciones para inaugurar la Plaza Mayor, que no me esperaba yo a esas horas de la noche aquellos estallidos de… ¿júbilo?, un júbilo que según las informaciones que tengo ha alcanzado la cifra de 44.000 euros de las arcas bejaranas [parece ser que antes de las elecciones lo pagaba todo la Junta de Castilla y León, pero que ahora, con la ciudad perdida, ha caído todo sobre los hombros del dinerito local]. Y este gasto se hace ‘en funciones’ y a cuatro días de entregar los papeles que queden en el ayuntamiento, y para más inri, ha llegado a mis oídos que se pagó en mano, circunstancia que jamás se hace con las empresas locales que sirven mercaderías al ayuntamiento, aunque sientan el ahogo de la banca, la Seguridad Social y la oficina de la Hacienda Pública.
Este morir gastando ante la imposibilidad de morir matando es muy significativo.
En fin… que ya se acaba.
(11:20 horas) Me hace el paisaje y la gente, el gesto de mirar y la capacidad de ver. Y soy como soy por el paisaje donde crezco, por la gente con la que me rozo, por lo que miro y por lo que atino a ver, que generalmente es el triste diez por ciento de lo que miro.
Aún permanece en mis ojos la mirada clara de Joan Margarit y en mis oídos danza el “te quiero” que Joana regaló a su cirujano… pensándolo, acierto a ver que lo difícil, hoy, en el panorama de la poesía actual, es encontrar a algún poeta que hable de algo y que sepa de lo que habla porque lo ha sentido en su carne y en sus huesos, lo que propicia esa dosis de autenticidad tan necesaria en el poema para acompañar a la belleza y al ingenio, que son las otras dos variables en las que hacer vibrar la creación.
En uno de los relajados e intensos ratitos Margarit, mientras ambos mirábamos a un grupo de chicas jóvenes espectaculares que jugaban a ese juego de los ángeles perversos que tanto se lleva ahora, me decía el maestro que las apetencias en ese campo cambian con la edad y que uno acaba desdeñando en el capítulo del deseo ese teatro de exultante juventud, que se lanza a los ojos y casi a la entrepierna, para buscar en otra edad más par, de tal forma que la percepción de la belleza física unida al deseo se desliza también hacia edades más parejas a las nuestras.
Efectivamente es así, hasta tal punto, que lo contrario entraría en el capítulo de las perversiones. Es cierto que yo miro a las jovencitas de dieciocho años con perplejidad, pero sin la mirada lúbrica; con curiosidad de la vista, pero sin deseo… Sin embargo, confieso que la atracción real funciona bastante bien con las mujeres que se acercan por abajo o por arriba a mi tramo de edad, y que en esa atracción se suma algo que antes, en la juventud, no se tenía en cuenta, y que no es otra cosa que la experiencia y el conocimiento de su propio cuerpo y de otros cuerpos, y su capacidad de juego inteligente… no solo de mostrarse, sino de demostrarse. Sí, cuando mis ojos se van detrás de un cuerpo femenino, lo hacen con más intensidad si ese cuerpo calza ya mis años.
Y es que la belleza camina a la par que la edad y crece con ella ganando en matices lo que pierde en tersura y decorado natural.

EL CORPUS BEJARANO VISTO DESDE EL SUBSUELO
[justo el lugar que ocupo en esta celebración... y en casi todas]


















(16:29 horas) Leo en un ‘sin más’ el “Wath is poetry?”, de L. Ferlinghetti, que me regaló Cantizani y me quedo con ese verso que reza: “el poema no tendría que ser explicado”.
Sucede que cuando asisto a lecturas poéticas o saraos literarios en los que un tipo lee sus cosas en alto al personal de tropa, me encuentro con que en el 99% de las veces, el colega de turno se tira diez minutos explicando el poema que leerá en uno. Y yo me siento mal, porque siento que el perico me está tomando el pelo, que me tiene por imbécil… Los poemas emocionan, te hacen reír, te hacen llorar, te erizan o te avergüenzan, dan medida de ti, tocan o simplemente te soplan al oído… pero nunca se explican si no es por sí mismos.

(16:52 horas) Joan me dijo con encendido interés: “Luis Felipe, debes leer a Thomas Hardy. No lo olvides, que vas a quedarte asombrado”. Yo anoté enseguida su nombre en una servilleta de papel: “LEER A THOMAS HARDY”, y la guardé en el bolsillo de mi pantalón.
Hoy, cuando Mª Ángeles recopilaba ropa para la lavadora, sacó la servilleta del bolsillo y la puso sobre la cómoda de nuestro dormitorio. La vi y recordé enseguida la sugerencia de Joan.
Al llegar a mi estudio buceé en internet buscando datos de Hardy. Estoy en ello.

(18:40 horas) El mensaje de Corpus de Antonio Cañizares es para leerlo con ojos diversos, mirando cómo a sus palabras acompañan las autoridades civiles y hasta los más diversos embajadores… Se queja el hombre de ‘falta de unidad en la Iglesia’ y sugiere una sociedad civil rota y enfrentada [en España, coño, que fue una, grande y libre… y católica integrista], y a la vez dice ‘que nadie vea en la Iglesia católica ninguna amenaza a la justa autonomía de lo terreno y a la justa y sana laicidad (…) no podemos someternos a una mentalidad inspirada en el laicismo, ideología que lleva gradualmente (...) a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso relegando la fe a la esfera de lo privado’ [todo esto con el concordato aún vigente con el estado español… vamos, llevándose la pasta de la sociedad civil].
¿Cómo se puede entrar en tales contradicciones si no se predica con ánimo de arenga?… Habla de ‘la justa autonomía de lo terreno’ y de ‘la sana laicidad’ para luego decir que ‘no podemos someternos al laicismo’ porque ‘relega la fe a la esfera de lo privado’ [que es donde debiera estar siempre, en lo privado] ¿Qué quiere Antonio Cañizares?, ¿gobernar el mundo? El tipo quejándose en público ante el respetuoso silencio de las autoridades civiles (!!!).
Luego habla del hambre en el mundo [magnífico recurso], y lo hace embutido en su lujosa casulla de festivos, esa suerte de ‘pénula’ de senador romano que pone a la Iglesia en el justo siglo en el que se le paró el reloj. Que se vaya a solucionar el hambre a Nigeria o a Ruanda con su casulla puesta y deje a nuestra sociedad del primer mundo desarrollarse con parámetros de civilidad y de laicismo [sano o insano], que deje de joder con la pelota de los votos marcados y el manejo de la masa afecta para favorecer sus intereses, que tire contra el hambre con los crasos recursos de la banca vaticana y de los innumerables tesoros que tienen escondidos, así como de los mejores solares de cada pueblo, que son de su propiedad… y que dejen a los gobiernos y a las ONG’s no gubernamentales y no religiosas hacer su labor civil y asesada con el Tercer Mundo sin que haya que cambiar comida por ideología religiosa o moralina.
La Iglesia Católica ya ha intervenido demasiados siglos en este país, y no con demasiada buena mano, y, por ello, en aras de la modernidad y del progreso, no sería malo que sus líderes se retirasen a sus hermosísimos cuarteles y dejasen de dar la vara social, dejando que cada uno viva su fe o su no fe en privado.
Joder con el Corpus.
(22:27 horas) Yo hubiera querido ser una cantante de jazz para dejarme llevar por la niebla de los garitos más oscuros y sonreír a los sonidos húmedos de un piano… o una chelista escandinava sintiendo bajar la música por dentro como baja el periodo, y tocar con las piernas abiertas como alas magníficas ante el asombro de los hombres… Yo hubiera querido ser una mujer con palabras que decir en los más altos foros del mundo vestida con tejanos ajustados y enseñando mis pechos como una victoria… Yo hubiera querido Blanca Varela con veinticinco años o el dolor interior de Frida pensando un cuadro...
Pero soy lo que soy, un hombre inoportuno buscando mi parte femenina entre las sábanas de los cajones de mi cuarto.
De Tontopoemas ©...

Saturday, June 9, 2007

Arquitectura de un viaje a Lucena.

Con el viaje recién cumplido, vuelvo a tomar posesión de mi espacio como con avaricia, porque ya he aprendido que lo que más me gusta es ‘volver’.

Salí tan temprano como se le antojó al despertador del Barça que los Reyes Magos le echaron a Guillermo este año, pues no quiso sonar a la hora prevista y el asunto me torció un poquito el orden de salida. No importó, porque siempre me gusta ir sobrado de tiempo a los sitios y logré despertarme y acicalarme a una hora que no implicaba un retraso importante.
Muerto de sueño, arranqué mi coche a la vez que encendía el primer cigarro del viaje [fue un viaje de humo y soledad acompañado por el último disco de Sylvie Vartan repitiéndose durante 543 kilómetros]. Y amaneció en Sevilla con la jodida incertidumbre de si tenía que pillar la salida hacia Granada o la que indicaba dirección a Córdoba. Escogí bien [la de Granada], pero no estuve seguro hasta que me detuve en una gasolinera cercana a Estepa. Desde allí, camino franco hasta el hotel HUSA de Lucena, donde tenía reserva.

Alojado y aseadito, abracé a Morante delante de un café y, un poquito más tarde, hice lo propio con Joan Margarit, que acababa de llegar desde Granada, donde había participado en un acto poético [encantador el tipo, aunque aún no tenía yo pillada la medida de su encanto]… Y luego José Pedro, profe del IES Miguel de Cervantes y El incorruptible Lara Cantizani con su ‘luc metromesoitaliano’, su constante disposición a recibir magníficamente a sus invitados y su carita de concejal de cultura encinta de pillar acta [un cielo de tío siempre]… Desplazamiento al IES M. De C., presentaciones de rigor, risas, charla y de cabeza al acto literario en el que interveníamos Morante y el que suscribe [nos presentó Lara y marchó con Joan a otro acto en el que intervendrían ambos en un centro educativo cercano]. Los chavales, un centenar, de edades que rondaban entre los 13 y los 15 años, tuvieron con nosotros un comportamiento modélico en el que no faltaron la atención y la participación [dos horas seguidas aguantando las miserias de un par de poetas es para nota, y ellos aguantaron y hasta me dio la impresión de que se divirtieron]. Un once para ellos y para sus profes, que estuvieron presentes durante el acto [entre ellos estaba el poeta Antonio Llamas, un tipo majo al que espero leer pronto, pues me ha prometido próximo envío de libros].

Comida rechula con todo el personal [se unieron a los antedichos mi querido amigo Pepe Rodríguez –socialista de los buenos sin sombras y en la penumbra ahora–, un par de profes del centro donde intervino Joan y la hermosa consorte de Cantizani –pletórica y brillante… feliz–] y una sobremesa de las de guardar en los anales de las sobremesas.
Ahí empecé a notar el valor inmenso de Joan, su magisterio y su ironía. Intercambiamos anécdotas, nos contamos chascarrillos y tocamos algunos temas sobre la memoria y la literatura, temas en los que coincidíamos tanto como en el gusto por la poesía que dice y no oculta. Auténtico magisterio para mi suerte eterna.

Feliz fue también escuchar a Antonio Llamas, más parco en palabras que Joan, pero muy atinado en sus comentarios y con un gusto poético bastante elaborado a base de lecturas muy bien escogidas [me pareció un tipo muy interesante por sus comentarios, sus formas y el buen rollo que emanaba… me queda leer su poesía], así como la presencia atenta de José Pedro.
Matamos la sobremesa a eso de las 5,30 p.m. y Lara nos regaló un par de horas de descanso que yo aproveché para pasear a solas la ciudad, volver a ver [a medias, porque andan restaurándola] la abigarrada capilla rococó (¿) de la iglesia de Lucena, visitar la plaza de “Los padres maristas (salidos)” [de la que conservo una entrañable fotografía que me hice en ella hace un par de años con Luis Alberto de Cuenca y Alicia Mariño] y descubrir asombrado una suerte de piedra roja que decora los edificios antiguos lucentinos y que está llena de grandes y bellísimos fósiles.


A eso de las 7:30 p.m. nos reagrupamos en el patio porticado del hotel HUSA Santo Domingo y allí creció aún más mi estimación hacia Joan, pues la conversación trajo dos o tres temas en los que su valoración fue magnífica [ya los iré comentando con el reposo de los días]. Además hicimos intercambio de libros y me regaló su “Casa de misericordia” [lo leí como un poseso nada más llegar a mi estudio, justo antes de escribir estas líneas, y es un golpe brutal en la afirmación de lo que yo entiendo como ‘poesía de verdad’…”…Y todos los lugares son la muerte.”]: Me dedicó el libro con estas palabras: “Esta Casa de misericordia es para mi amigo Luis Felipe. Ojalá en su ‘mundo –habitable imperfecto–’ encuentre amparo en uno solo de estos poemas. Con la admiración y el afecto de su Joan Margarit. Lucena,8 – VI – 2007”… Y, coño, claro, joder, Joan… he encontrado amparo en cada una de sus páginas, incluyendo el redondo sonido musical del catalán [“…M’invento cap a on vaig, i en la vorera, / davant la casa, escolto: com un gos, / la mort està gratant rere la porta”]. Mil gracias.
Y para sumar tiempo llenito de lectura potente y primorosa, Morante me hizo entrega de un presente especial al que tenía unas ganas enormes de hincarle el diente desde hace ya unos meses, el diario completo de Zenobia Camprubí, desde 1939 hasta 1956, en tres gruesos volúmenes editados por ‘Alianza Literaria / La Editorial, Universidad de Puerto Rico’… y Lara Cantizani se presentó con los cuatro volúmenes que ha editado en su colección Cosmopoética [bilingües todos]: “Qué es poesía?”, de Lawrence Ferlinghetti con traducción de Jesús Aguado; “Vigía de largas distancias”, de Shlomo Avayou y traducción de Joan Margarit; “Cosecha de ángeles”, de Ana Blandiana y traducción de Rafael Pisot y Juan Vicente Piqueras, y “Las extremidades frágiles”, de Gaia Danese y traducción de Juan Carlos Reche Cala… y si no fuera sufiente, el mismo Lara me regaló “El invernadero de la nieve”, editado en DVD Ediciones, con el que ganó en el certamen ‘Ciudad de Burgos’.
Muchos y buenísimos días de lectura me esperan.
Gracias a todos por la generosidad y prometo cumplir anotando mis impresiones aquí de cada uno de estos libros.

Hecho el cambio de cromos, salimos hacia Cabra para acompañar a Joan, que era el encargado de cerrar el curso de uno de los institutos de ese pueblo ofreciendo un recital [se sumó al viaje Jacob Lorenzo].
El panorama en Cabra era más de boda o bautizo que de espíritu poético, pero un buen poeta se crece ante las dificultades, y Joan demostró allí el pedazo de poeta que es. Su recital fue impresionante, sobrecogedor a veces, imbuido de tristeza a ratos, lleno de la pesada razón/sinrazón de la memoria siempre [llegó a erizarme en un par de poemas que me trajeron a la memoria a mi abuelo Felipe y a mi abuela Antonia y me hizo llorar con uno de los dedicados a Joana]. El temblor me duró bastante tiempo después del recitado, y fue la voz dura y perfectamente trabajada, junto a la enorme calidad de Joan como rapsoda, lo que me llevó a tal estado. Fue entonces cuando algo se abrió definitivamente dentro de mi estómago y acogió a Joan como algo propio, como a mi hermana o a mi padre o a mis hijos… sucedió y ahí está ya para siempre [para mi siempre].

Terminado el momento más emotivo de todos los que se acumularon en este viaje y en mi cabeza, nos acercamos al ágape, tomamos unas cervecitas, picamos y departimos con el personal. Ya mediocomidos y mediobebidos volvimos a Lucena para llevar a Joan al hotel, pues habría de viajar temprano al día siguente hacia Barcelona.
Nos despedimos con un abrazo fuerte y con la sensación preclara de que allí había un lazo en el que seguir creciendo.

Acomodado el maestro, nos fuimos con Jacob a disfrutar la noche de viernes lucentina, con sus miradas brujas, con sus pechos de arena fina y suave, con el ardor nadando entre piernas vestales, con su alcohol y su dosis de sensual belleza, con su lumpen de pueblo, con su mezcal hispano… conocimos a una peña rejoven y lo pasamos chuli, pues Jacob es un punto filipino además de poeta [¿en ciernes?… No, un poeta], charlamos con la cantante pop más de moda en la tierra cordobesa [Marián] y con el futbolista joven de más trayectoria en esos campos de olivos alineados como un ejército [jugará en el Barça pronto, ya lo veo].

Dormir y volver a viajar.
Volver.
Joan, mientras desayunaba en una ortopédica área de servicio, ya de camino a casa escribí este poema tan lleno de resaca como mi cuerpo entero:

JOAN MARGARIT RECITA MIENTRAS LE SOBREVUELAN TRES MURCIÉLAGOS

Cada una de mis mentiras
se me queda en el rostro dibujada…
las verdades también,
y me hacen viejo…
Entonces, sabio Joan,
la realidad da un paso
y se adelanta, sin más,
a lo pensado
porque vive en mi gestos
aún antes de la idea.

Tú brotabas veloz,
con ese vigor raro
de los que ya han sufrido,
nombrando cada letra
de la palabra ‘rabia’…
Yo miraba mi sombra
–que es todo lo que soy–
llena de vanidad, pero vacía,
y extendía mi mano
buscando caridad en tu talento.

Bajó el primer murciélago y me dijo:
“No es caridad, Felipe,
es justicia”.
Y quise ser el muerto.

Mirando mi intención,
bajó el segundo
agitando su vuelo hasta mi oído:
“Busca la simetría del dolor…
es sorprendente”.
Y decidí seguir hasta ahora mismo.

El tercero quedó sobre tus labios
para gritar contigo aquella arenga:
“Entender te redime”.

Ahora bebo deprisa,
porque se acaba el tiempo
de una sed que no tendremos.

* Lou Reed lee el poema 'Primer Amor / Joventut procaç' de Joan Margarit
De Tontopoemas ©...

Thursday, June 7, 2007

El temor al viaje.

Salgo esta noche camino de Lucena y estoy absolutamente ilusionado por encontrarme con Manolo Lara Cantizani, con José Luis Morante y con Joan Margarit.
La espera del viaje me pone cada día más nervioso. No me gusta salir de mi agujero para exponerme en la carretera a mis carencias de atención y a las burradas de los demás. La verdad es que no corro, no me gusta nada correr, pero en cada salida me encuentro en múltiples situaciones que me hacen pensar en mi familia y en mí mismo.
Es por este miedo al viaje por lo que voy declinando cada salida literaria que me ofrecen, lo que hace que, también cada día, me aleje un poquito más de esos círculos literarios en los que se mueven la pasta y las influencias.
Lo echo algo de menos, pero prefiero mi segura soledad bejarana.
(15:32 horas) Si te acostumbras a trabajar en categorías simbólicas [me refiero al trabajo literario], llega un momento en el que no sabes diferenciar entre la realidad y el valor de los símbolos, hasta tal punto que tu creación termina siendo irreal, falsa, atiplada.
También es cierto que plasmar la realidad a secas contiene dureza y una gran dosis de estupidez.
De Tontopoemas ©...

Thursday, January 11, 2007

Cuando sonrío parece que lloro. No sé engañar a mi máscara

Ya se anda trabajando en una nueva publicación periódica y gratuita para la zona de Béjar, y no niego que me come la curiosidad por conocer sus principios y sus fines. Nos llega de la zona de Madrid. Esperemos a ver qué sucede para sumarla a alguno de los roles ya establecidos o para nombrar alguno nuevo.
Que sea para bien [toco madera y Dios nos coja confesados].

Ayer me llamó el colega Manuel Ambrosio [Manolo es alcalde de Morille] para contarme su cabreo con la gerencia de Premysa. El año pasado se partió el pecho buscando y consiguiendo todos los medios para hacer posible el taller de cantería de la fundación, poniendo su nombre como garantía a las personas y empresas que participaron en el proyecto y hoy, sin más, sin que nadie le informase oficialmente, se entera de que el grupo de canteros formados en ese taller se van a ir a restaurar la muralla de Monleón, cuando él trabajo e invirtió en este proyecto con el fin [lógico] de que Morille se viera beneficiado en el futuro con proyectos de restauración de su casco y entorno [Monleón no lo hizo].
Hay que decir que Manuel es un alcalde distinto, preocupado fundamentalmente por la recuperación racional del casco y el entorno de Morille, en el que ya ha realizado proyectos culturales y de restauración sobresalientes [ejemplos magníficos son los encuentros PAN de poesía rural o el cementerio de arte], y la circunstancia mentada le hace dar un paso atrás en su proyecto mientras ve que su inversión y su trabajo de gestión han sido en vano.
Quizás la gerencia de Premysa debiera ser más dialogante, más abierta a la colaboración y más cuidadosa con las formas y los fondos [conozco algunas quejas al respecto], y tengo muy claro que no se deben cerrar caminos ni generar tensiones cuando no es necesario, y más cuando se está trabajando para convocar voluntades con afán de crecimiento social, patrimonial y cultural.
Y que me encantaría, como Patrono de Honor [me encocora el término porque me da la risa floja], que reinase el buen rollo y se cuidasen las formas hasta la exquisitez, porque creo en el proyecto global de Premysa y en el indicio y las hermosas posibilidades que se alumbran. Que se entienda por la gerencia que cada persona que se acerca a la fundación para colaborar o trabajar lo hace con voluntad positiva y no para pillarse cabreos inútiles. Siempre se trabaja mucho mejor con sonrisas, y mejor si se sabe delegar con inteligencia [que no caigan en saco roto estas últimas palabras, porfa].
Coño, y que se procure solucionar ya lo de Morille, tanto desde parámetros de justicia como de gratitud, que no se puede dejar tirados a los tipos que apuestan fuerte y decididamente por un proyecto.
También se me ocurre –y esto ya es una coña con cuadruple intención– que la Junta de Castilla y León le meta mano a la mimosa muralla de Monleón, que para eso se llevaron el gato al agua en aquella población como se lo llevaron [véanse las notas de prensa al caso en cualquier histórico de noticias]. A mí, como miembro honorario de mi nada personal, me jode un punto... y más si es fastidiando al colega Manolo y a su Morille ejemplar.
(12:22 horas) «Perderlo todo de un golpe, / de un tajo limpio. //... // Mansiones vaciándose, las honro / como a una madre anciana. / Porque vaciarse –madre– es acción: / lo vacío no se puede vaciar. // ... // Nunca pierde quien rompe / y huye al alba. Yo en la noche / me he cosido a ti / toda una vida sin bastas.». Marina Tsvetáieva daba con harta frecuencia en el centro/cetro de la nada. Vaciar la vida para no perderla, usarla hasta agotarla, gastarla hasta la ruina. Porque morir con la vida a medias es un tremendo fracaso. Me lo dicen los ojos tristísimos de mi amigo Santiago Nieto sólo con mirarlos. Morir sin haberse vaciado es un fracaso, morir sin haber dicho a voces lo que te piden las vísceras es un fracaso, vivir sin pensar en el vacío para la muerte es un fracaso.
(16:22 horas) [Recordando un poema de Joan Margarit] «Podría ser contable o profesor», pero ya hace unos años que decidí correr por mi cuenta e intenté aprender a tocar el saxo... y no, no soy de esfuerzos mantenidos, por lo que sólo aguanté un par de lecciones de solfeo y lo mandé todo al garete... En fin, que podría haber sido un lucido bancario o un representante de comercio para surtir a esas tienditas de venta al detall con olor rancio «Punto Blanco» y «Dusen», pero decidí apuntarme a la lista de los hermosos vencidos igual que te apuntas a lista de «VISA» o a la Cámara de Comercio, pagando una pequeña cuota anual por los servicios de pena, cansancio, asco y existencialismo.
Joan Margarit es arquitecto y yo soy arquitexto, aunque ambos nadamos la palabra con distinta suerte y con distinto sueldo.
«Podría ser contable o profesor», motorista de «Telepizza», gigoló de barrio, castrado funcionario, cura párroco o vendedor ambulante de paraguas... y aún podría serlo.
(17:18 horas) He cerrado con José Luis Morante la edición de su diario y sé que será mi proyecto del año, un proyecto en el que intentaré poner de mi parte todo lo mejor. Volver a tener palabras de mi amigo con las que jugar me hace sentirme muy feliz.
(18:27 horas) A veces me desespera saber que algún sentimiento que descubro ya existía antes, como me jode un montón escribir un poema y encontrarme en alguna lectura con ese poema escrito por otro autor antes que yo y mejor. El valor que siempre le doy a un descubrimiento es el de la perdurabilidad, y por eso fracaso, porque siempre el descubrimineto se extingue en otros modificándose, aunque sea levemente, lo que le hurta esa dosis personal de permanencia con el que yo intento insuflarlo. También, a veces, vibro en el tono contrario –repito por enésima vez que soy un tipo contradictorio– y lanzo a voz en grito arengas contra la permanencia de cualquier sentimiento, pensamiento o cosa, abogando con iracundia por cierta suerte de carpe diem que en el fondo no responde a mi narcisismo. En el fondo me voy entreteniendo, que ya es bastante.