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Friday, February 19, 2010

Del oficio de vivir.


1. Ni existe la calle "Pie de Toro" ni el bar al que se refiere se llama así... cosas de Béjar.

Las cosas y las personas deben llegarnos siempre sin buscarlas, pues del desprecio asoman siempre los mejores hallazgos... son enseñanzas de ese “El oficio de vivir” Pavese que es para mí biblia profana... je.
Soy la hostia, pues el pasado verano le había prestado unos libros a José Luis Morante y me he pasado meses buscándolos en las estanterías de mi estudio con sensación de haberme convertido en un alzheimero de na... encima eran mis favoritos, coño, el mentado “Oficio” y los “Cuadernos” de Valéry... pero Antonio GT me los dejó ayer en casa [en su último viaje a Madrid, Morante se los había dado para que me los devolviese]... cuando los vi sobre mi cama salté de alegría [también venía la edición antológica de la poesía de García Montero, que se la presté a Morante porque, para mi gozo y su satisfacción, es quien hace el estudio preliminar a una edición que Cátedra va a sacar sobre el poeta granadino nacido en 1958 [un año después que yo... de ahí el paralelismo experiencial, la igualdad del decorado]... he aquí una de las razones por las que me he decidido a volver a leer a Luis [y no es pequeña], esa relación última con mi amigo del alma [José Luis está verdaderamente entusiasmado y feliz con ese trabajo, y lo que hace feliz a mi amigo, me hace feliz a mí]... así que ando como un niño con zapatos nuevos, sobando y resobando mis libros recuperados.
Y en ese [este] oasis, pues que comparto conmigo mismo el silencio de moscas Goldwin de este sentarse a esperar, la silla envejecida por el uso de mis nalgas, los carboncillos gastados, el olor tumefacto de la ciudad cerrada, toda la incomprensión que llega de los gestos ajenos y esta mordedura de veneno que lo emponzoña todo... ¿no era esto el oasis?... ¿pues a qué se mezcla la ponzoña con el agua limpia?... y que me tocó salidita a un cole del pueblín para afotar a un montón de críos delante de una figurona de María Auxiliadora... y en el paseo de ida, todo el tramo de locales estaban en alquiler o venta [destrozados, hundidos, sucios, pasados de todo]... y me detuve un ratito ante el antiguo Cine Castilla [hoy ruina penosa]... y acabé foteando el curioso Palacio de la Moda [que fuera en su día gran almacén del sitio y hoy es reliquia]... el pueblo está fatal, quedándose sin gente, con los negocios cerrándose a un ritmo verdaderamente alarmante... es para acojonarse, de verdad.
Volví con mis fotinas sonriendo [que los niños son cielotes que saben quitar las penas] y leí un ratillo a Pavese.



2. Fachada del maravilloso Palacio de la Moda.







3. Esta foto la hice para que Sinda entienda cómo se está gatinino. Gato en un contenedor de San Juan.





Sunday, January 18, 2009

Hacia lo que está oculto.


18 de enero de 2009
Nos mueve siempre la curiosidad hacia lo que está oculto... de ahí el combustible para seguir cada mañana. Curiosidad hacia el otro, hacia las cosas, hacia los hechos que no nos explicamos... y amamos por curiosidad, odiamos por curiosidad, aprendemos y desaprendemos por curiosidad hacia lo que se oculta a nuestros ojos o a nuestro entendimiento... y también necesitamos la curiosidad y lo oculto porque nos excita su existencia posible o imposible.
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Decía Valéry que “más vale ser amado que ser comprendido”. Quizás esté muy por encima de la comprensión y el amor el ser seguido.
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Soy naïf en casi todo porque no estoy formado, y ser naïf en un tiempo complejo es demostrar mi inutilidad técnica y la incapacidad para ponerme en mi tiempo con solvencia... y encima lo muestro y lo demuestro... ¡estúpido vanidoso!
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Recuerdo ahora unas palabras del amigo Ariel Luque en su blog cinéfilo:. “poesía e imagen... algo así como un misterio”, y me pongo a recordar con cierta cosita Terenci la mirada del gran Antonin Artaud en “La pasión de Juana de Arco” [dura poesía entre cruces], la extraña lírica romántica del gesto pensativo de Musidora [que tanta cuerda dio a André Breton y a los suyos], el ambiente más Poe de “El estudiante de Praga” [puro expresionismo molón y casi Grotz], el contrapunto de miradas hoscas y virginales en “El manantial de la doncella” [lo habría envidiado Isidore Ducasse], la boquita llorona de Hardy en “Quesos y besos” [poesía sincopada del absurdo más cándido], Buster sobre su pony mirando al horizonte en “La ley de la hospitalidad” [digno de Nicanor Parra o del mejor Oliverio Girondo], la Dietrich en “Desiré” [poesía de ojos caídos y piel vuelta]... o todo Lubistch entero.
Veo algunos fragmentos de estas pelis y me tiro a escribir como un obrero, a lo que salga, palada a palada, porque son la hostia.

Tuesday, July 29, 2008

Mañana tarantina.

Mañana tarantina porque la camarera deliciosa se soñó vigilando mi ordenata y despertó entre sudores fríos, porque brindé al Sol en el centro de la plaza de toros bejarana, con mi montera de Caja Duero, la primera faena de la mañana; porque hay una crisis que para nosotros es bilis y para el cuerno de África y la testud de latinoamérica es hambre, porque vi al colega Cipriano como un hombre respirando entre los hombres, porque leí a Valéry aquello de que “Está claro que aumentar, profundizar un pensamiento más allá de cierto punto, se opone a la vida… … la vida es lo ajeno al pensamiento – el enemigo.”, porque mi plan de pensiones con La Caixa arroja pérdidas en bolsa de más de un 5%, porque le advertí a mi hijo Guillermo que Narnia no existe y me miró raro, porque en el círculo cerrado vida/muerte hay aún descreídos y asombrados, porque el Loctite se me pega a la piel y me queratiniza, porque me cizallé las manos colocando el puñetero letrero luminoso de Félix Metro y ahora me escuezen como amigos íntimos, porque la camarera se puso un pañuelo naranja en la cabeza y enclavó un colgante de bola entre sus pechos golosos para irse a Helmántica a visitar a la inefable Angelina [hola, Angelina, ¿cómo te va, tía?], porque mi Felipón no arregla su habi y me pongo frenético, porque mi Mariángeles está desaparecida en combate y padece abulia de Historia del Arte [yo también la padecería en su lugar, claro], porque no llego a fin de mes de nuevo y, a mayores, se me ha caído encima el que mea en las esquinas de su despacho presidencial y me ha dedicado una ponencia de radio completita [como se entere mi padre va a haber más que palabras]… Sí, coño, una mañana tarantina para mirarla entre vísceras y cuajarones de sangre, pero con tranquilidad y con cierto humor ácido.
Este pueblo mío tiene sus rufianes con corbata, pero no son ni graciosos, como en otros lugares; sus empresarios tartajas de pecho inflado por las ínfulas extrañas de representar algo, sus estupiditos con despacho a los que conocí de chiquitillos con los mocos pegados justo en la comisura de los labios, sus mecánicos y albañilitos venidos a más… todos destructivos y aprovechados, todos buscando lo suyo mientras joden bien a los demás y se llenan los bosillones de sus americanas y las de sus coleguitas con las monedas que sobran… una mierda para ellos.
Cómo iba a faltarnos esta ganga entre la mena extraordinaria de gente chula que puebla el sitio.

Saturday, June 7, 2008

Argucias de lo lógico y lo imprevisto.

Después de una semana de currito molón [todo se echa de menos cuando te falta], pillo el fin de semana con ganitas de descansar escribiendo. Pocas cosas me han sucedido estos días que no fueran la absoluta concentración en el diseño de todo lo referente al IX Festival Internacional de Blues de Castilla y León y algún que otro manipulado imprentero echando una mano a mi gente en el remate de trabajos. Solo un café con Mª Rosa y un par de colegas suyos, con el fin de darle forma a un hermoso proyecto que tengo en mente desde hace meses, le han puesto algo de color a estos días de paso gris y cintura. Eso, y alguna que otra incomprensión cercana, que no entiendo, al trámite de mi tiempo. Vamos, una semanita para olvidar casi si me miro a la cabeza.
El caso es que me levanté tarde esta mañana y me vine con los ojos a medio cerrar hasta mi estudio, acompañado de Felipe [anda estos días lleno de exámenes y de dudas, y a mi lado encuentra soledad y un poquito de esa concentración que le falta]. Dejamos el coche en la Plaza Mayor y la postal ya estaba montada cuando salimos de él: andaba el desinhibido con su punto alcohólico dándole voces a todo el que pasaba a su lado, el gitano de negro sentado bajo los arcos con su gesto de mando tranquilo en el rostro, la viejita del turbante y la bata de boatiné paseando junto a las escaleras de la iglesia, el infartado dando vueltas infinitas a la explanada para cumplir con sus ejercicios diarios, el librero del barrio repartiendo los periódicos del día por los bares cercanos, el taxista del eterno purito en la boca apoyado en una de las columnas que dan entrada al ayuntamiento, la gorda sacudiendo una manta en el balcón… todo en su lugar, como cada día, y yo también.
Y es que el espacio por el que transito tiene un algo cerrado que lo hace bello, algo cerrado y también algo que late como queriendo abrirme puertas para que salga un ratito de la costumbre y del cansancio. Estas puertas abiertas me muestran de nuevo que no tengo que atacar a las cosas con afán de finalizar, sino que tan solo debo dejarme llevar con la percepción puesta en todos mis sentidos… y cuestionarlo todo para buscar una constante ‘necesidad de’ que me aporte vitalidad [es decir, ganas].
Envidio a los tipos como mis amigos Diego F. Magdaleno o Alberto Hernández [pondrán el grito en el cielo por mis palabras], que tienen su trabajo en el justo lugar en el que vibra su energía intelectual y su afán creativo. Yo tengo que desdoblarme a diario entre lo prosaico de un curro que no me interesa más que como una opción al pan y a la carne bien hecha, y lo que me propicia el placer de hacer y conseguir lo que me sugiere la mente bien rebozadita de instinto. Eso sí, tengo claro que para mí, por mis circunstancias, resulta mucho más fácil disfrutar de mis ‘momentos’, ya que pertenecen al apartado de lo extraordinario [entiéndase aquí el término ‘extraordinario’ como aquello que se sale de lo común y diario, de lo prosaico del trabajo monótono]. Quizás no desee en el fondo hacer de mi mundo extraordinario un puesto de trabajo para no acabar odiándolo, y me encante permanecer en esta situación de ‘envidia’ a mis amigos… porque creo que terminaría consiguiendo que lo que hoy es salida, luz al fondo, se convirtiera en mazmorra oscura.
•••
Decía San Agustín que ‘no debe estar solo el hombre’, pensando en que debiera conocer la ternura, el amor o el deseo de la mano de otro ser capaz de compartir. Hasta aquí, el santo extraordinario lo bordó [no se oculta que el tipo tuvo amada compañera y hasta un hijo brillante, Adeodato]. El caso es que a mí se me ocurre que sí, que no debe estar solo el hombre, pero no debe estar solo exclusivamente de otro hombre/mujer, sino que debe acompañarle la idea, la mano, la duda profunda y la superficial, la palabra [decía Valéry que “El verdadero escritor es un hombre que no encuentra sus palabras. Así que las busca. Y buscándolas, encuentra las mejores.”], cierta discontinuidad de acción/emoción, el accidente, las potencias, la subjetividad, el dolor, la muerte, el contratiempo, la idea de libertad y la de mordaza, el placer… Siendo así el hombre, no estando solo, hará causa común con todos sus acompañantes y comprenderá la razón de romper la lógica que le lleve hasta el espíritu creativo, que no es otra cosa que negarse a que lo verde sea verde; lo cuadrado, cuadrado; lo transparente, transparente [esas situaciones de lógica que hacen al hombre solo conformarse con lo definido y asumirlo sin trabajarle las vueltas, aceptar el estado de su mundo como pura definición estática]. El hombre no debe estar solo asumiendo su decorado fijo e invariable, pues será fracaso hasta su muerte exacta, no será evolución ni preguntas, y ello implicará que no sea ‘hombre’.
¿Cuántos seres asumen sin preguntas, sin dudas, su espacio y su tiempo?, ¿cuántos se proyectan en la seguridad de lo definido para pasar su vida sin la emoción de la ruptura de un concepto, por mínimo que sea?, ¿son ‘hombres’ esos seres?… He aquí una de las razones por las que odio las novelas, que son micromundos deglutidos y cerrados, que son estructuras fijas que amordazan y atontan por su falta de indicio y por su juego de lógica, a veces sorprendente, pero siempre cerrada y marchita. Una buena novela lo es mientras se escribe o mientras se lee, y luego es un muerto. Un buen poema lo es incluso después de que se acabe el mundo. En la novela, se llega como mucho hasta el placer literario, mientras que en la poesía se trasciende hasta el placer intelectual.
Derivo, me voy sin querer de unos temas a otros, como en un crucigrama, pero no pasa nada, que sé que soy así. Y me gusta, porque sentirme imprevisto me hace sentirme en el camino.

Saturday, May 31, 2008

Si decidieras buscarme...


Si decidieras buscarme cualquier amanecida, estoy en las arias para Durastanti intentando completar un verso, en el cuadro de Balthus ‘La montaña’ [caminando al fondo a la derecha], junto a Janus Lacinius en la ‘Pretiosa Margarita’ o en la noche saturnal de Isaac Hollandus, en la ‘Geometría Divina’ de Durero, en la canción ‘It’s all over now’ de Boby Dy, en cualquier fotografía de Doisneau, hurgando en el sostén de La Grandisca Fellini o junto al Tío Alfredín, ‘El Puspús’, en las mágicas Aguas Esmaltadas de Manolillo Díaz Luis…
Sin embargo, si me buscases en los mediodías, suelo pasarme largos ratos dans le Cimetière Marine, con Valéry…

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recomencé
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence!... Édifice dans l'ame,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi!... Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.

O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence...
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant!...
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irrefutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil... Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non!... Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme... O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de delires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève!… il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux rejouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!


… o en las arcadas de una plaza vieja con castillo, o en un artefacto Leonardo dibujado a sanguina en una cuartilla carcomida, o en una miniatura de Alcaíns en ‘Sepulcro en Tarquinia’…
Si tu afán fuera verme en las tardes, cuando el sol se decide a acostarse, búscame sin dudarlo en un verso difícil de Oliverio Girondo, en los espectros mágicos del ‘Protogaea’ de Leibniz o en los textos científicos de Jhon Burdon Sanderson Haldane, en una canción lenta de Nina Kinert, en un texto Pavese o en un llanto Pizarnik, mirando con malicia ‘Desnuda en el sillón’ de Gustave Caillebotte o hablando con mi Buk de Sheri Martinelli…
Pero si me quisieras de noche, en esa hora del génesis oscuro, indaga un sephiroth de Georg von Welling o la cópula Pvtrefactio del Domun Dei, mira en el torbellino imperceptible de lo espetral; suponme duende, garganta, péndulo, entraña, herida… busca en el terciopelo de lo negro y me verás tan amputado como soy, tan indefenso como un animalillo herido en una pata… persígueme en las trampas y el azufre, en las llagas de vino, en el frío relente de lo que ha de venir con la mañana.
Yo siempre estaré allí, carbonizado como una víctima del Vesubio, con forma de tapir y la piel de cebolla, esperando a que llegues… y también a que te vayas.
•••

Cielo raso con una luz difusa
que mira, cenital, cómo palpito
siendo par mediodía y breve tumba
que me ve comenzar cada minuto.

Acostumbrarme a ti me pone un luto
que en su negro satén me desalumbra
mientras que en mi cabeza yo repito
la danza de tus pechos en la blusa.

*Experimento de medición y rima porque estaba aburrido como una jodida ostra.

•••

Soy accidental en todo, porque soy el portador del esperma capaz de dibujar un cántaro en el que conservar la agitación que supone la vida y no tramito mi paso en esa consideración [que debiera ser constante]. Mi fin último habría de fundarse en todo lo que ardiera para pulir mi genética, y dejar así un resto mejorado de lo que se me entregó sin conciencia para ser llevado al infinito posible.
Tendrían que haberme enseñado desde chiquitillo que la muerte individual es perder todo, sin dejarme siquiera el resquicio de un dios para después; que el hombre es un ser lanzado a la vida como un uno que contiene a toda la humanidad, un uno vivo y capaz de evolucionar por voluntad propia… pero soy accidental y presumo cada sorpresa como una agitación, y dibujo sin una idea clara de la mancha final a la que debo llegar.
Andaba hace un par de días Antonio G. Turrión enredado en el “optimista a tiempo total”, y hablaba específicamente del “optimista bien informado”, tipo con el que quiero comulgar desde mi mirada al mundo, el que quiero ser siempre. Y quiero serlo porque sé que soy un edificio de moléculas y células, de axones y dendritas, de sales minerales y agua simple, un tipo en constante germinación y muerte de sus partes biológicas y en proceso insaciable de cambio de sus átomos; un mundo inseparable de los demás mundos que bebe inexorabilidad a la vez que respira.
En tal certeza estoy, que prefiero figurarme accidental y sonriente ante todo, simple en mis deducciones y concreto en mis actos, tomado cada minuto por la sorpresa que colma y no por la que derrota. Ser un triste es tomar la degradación del uno descartando la evolución del todo, no sentir el mal individual como paso preciso al desarrollo de lo que ha de ser gozoso, quedarse en el ceño fruncido y no tener determinación para pasar a la ofensiva decidida. La vida es inseparable del triste como del optimista mientras ambos respiran, y la muerte también. ¿A qué, entonces, verlo todo en gramos de dolor y en miligramos de consuelo?, ¿por qué no reírse a mandíbula batiente del mal propio y sopesar el ajeno como normal decurso del prodigio que es la vida?
Soy un tipo que sabe que la esperanza de vida en condiciones más o menos dignas alcanza hasta los setenta años en Europa, y por ello percibo que el tiempo que rebose de esa edad cumplida es regalo a gozar, y por tanto una sonrisa por cada día de más, y no un dolor, y no una pena, y no una cuita… hemos de morir, por tanto, ¿a qué darle las vueltas al final haciendo pucherines, si cada nuevo día es un comienzo?, ¿por qué ese egoísmo conservador del ser y estar que te lleva a no poder ser ni poder estar por puro decaimiento?
Hay dos formas preclaras de estar en el mundo [independientemente de los procesos reflexivos que le hagan a uno más o menos conocedor de su estadía en estos lares]: sonriendo ante la inexorabilidad o doliéndola.
Yo prefiero descojonarme de risa, aunque sea una risa floja.

Sunday, May 11, 2008

Una paz de dicotiledóneas y ganitas.


Un paseo tranquilo por la humedad del campo me ha traído una paz de dicotiledóneas y ganitas de arreglarme la barba, que últimamente crece espesa y valiente cercándome la boca. Salí con mi Bonier a buscar agracejos, peonias, ababol, amarantas, ruibarbos, hortigas, filodelfos, droseras, euforbias, escrófulos… pero me quedé en un par de cigarros sentado en la humedad de una piedra y mirando el paisaje troquelado sobre un cielo plomizo en movimiento. Hoy todo es verde húmedo en la zona de Béjar y el cuerpo se me quería tirar entre los tréboles mojados sin pensar en ese después rojo de cistitis y riñones rampantes con garras de dolor de medio tono.
No me gusta tanto el paisaje de horizonte, pero me vuelve loco el de metro cuadrado, el que encierra en el campo de enfoque de mi Nikon, con su macro montado, una flora diversa con su fauna latiendo en un tam-tam… y la lluvia cayó, y yo callé aturdido por la belleza entera dibujada en la luz pobre del día. Con ella, con la lluvia, me perdí en un camino cerrado de vegetación, con helechos rizándose en mis pies con esas caracolas preñadas de pedúnculos que son la justa plástica a la que los hombres no sabemos llegar.
Caminé sin saber y sin querer, en una soledad de líquenes inabarcable y lúbrica… y acabé descansando los ojos en unos pechos pequeños acostados bajo un sostén tan rojo como la amapola muerta que encontré en mi camino, y todo junto al humo de un café con leche.
La ‘dulce muchacha triste recorría caminos en busca de una risa donde descansar…’ suena ahora en mi iTunes y dibujo un barco azul sobre un mar amarillo, el mismo de la canción de Pablo Guerrero. Me autoanalizo, me hago una pequeña crítica, bebo una Coke, leo a Michel Houellebecq, tengo frío y se eriza el vello de mis brazos, toco un ratito mi harmónica Hohner de blues y luego le busco el mismo blues de la harmónica a mi guitarra eléctrica [se me da bastante peor] y termino ensuciando las dos piezas que mejor toco de Bob Dylan, dibujo una página de mi libro con un cuerpo de mujer a base de manchas de tinta blanca, leo un par de páginas de los Cuadernos de Paul Valery, me enciendo otro cigarro y presiento que me siento bien.
De puta madre.