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Sunday, February 20, 2011

Entre Gilgamesh y Casariego...



Vinieron a visitarme Jesús Urceloy y Marisol con las nuevas noticias del pantano y un par de libros chulos [“Historia y Poesía” –el discurso de entrada de L. A. de Cuenca en la Real Academia de la Historia– y “Antilogía Contrapoesía de poetas reversados”, con poemas de Casariego, Escarpa, A. Martínez y Scala], de los que uno, la antología, era un regalo del colega Gonzalo Escarpa y traído por mis amigos con una dedicatoria no sé si entrañable o profundamente cabrona. Dice: “Para Pipe, ese ejemplo a seguir que, por suerte, nadie sigue. Un abrazo, Pipón. G.”.
Dejé mis nuevos libros sobre la mesa, aguardando un ratillo libre para su lectura, y me fui con mis amigos a degustar unas cañitas por los bares de Béjar y a charlar sobre asuntos banales y profundos [estos últimos tratados desde la pura banalidad]... salieron David Torres y su nueva novela, de la que había recibido ayer mismo notificación del autor por fbk [“Querido Komen, quería invitarte a la presentación de mi nuevo libro, PUNTO DE FISIÓN, que tendrá lugar el 2 de marzo miércoles en el Círculo de Bellas Artes, a las 20.00 horas. Ya le he mandado un abrazo al Urce. Vente, que hace mucho que no te veo el pelo y a mí ya me va faltando. Un abrazo. David.”], con esos detalles pequeños que luego terminan siendo historia de la historia y que lo hacen todo mucho más entrañable y más cercano que los juegos económicos editoriales [es en estas cosas en las que me siento especial, en el poder conocer de primera mano los juegos creativos, los hallazgos casuales, las fuentes precisas, las referencias nada concisas, las obligaciones debidas y los resultados de todo ese batiburrillo de vida alrededor de una obra y un autor]... Luis García Montero, que entró en nuestra conversación mientras le echábamos un vistazo al suplemento cultural de ABC, en el que salía a doble página, con foto grande y dos poemas de baja cota. Discutimos un ratito sobre el valor de la poesía de Luis, dándose la premisa de que a mí me gusta, enfrentada al uso que el poeta ejerce de su statu y a lo impudoroso del enfrentamiento de su ‘ideología’ predicada con el uso de los medios y sus guiños constantes al poder... de Ana Belén y Víctor Manuel, y por las mismas causas, pues me contó Urce que han realizado una campaña publicitaria carísima para Esperanza Aguirre y se han quedado tan panchos en su casilla de izquierdas... de la ministra Sinde y de su lucha mal trazada contra ‘series yonkis’ o ‘elrestoesruido’... del genial Woody Allen, del que Urce recordó enseguida un fragmento de los diálogos de ‘Annie Hall’: “¿Conocen este chiste? Dos señoras de edad están en un hotel de alta montaña y dice una: Vaya, aquí la comida es realmente terrible. Y contesta la otra: Sí, y además las raciones son tan pequeñas... Pues, básicamente, así es como me parece la vida. Llena de soledad, miseria, sufrimiento, tristeza... Y sin embargo se acaba demasiado deprisa.”... y de muchos otros tipos, que conversar con JU y MS es siempre como asistir a un bazar hermoso... luego mis amigos decidieron ir al cine y me dejaron un tiempo estupendo para echar un vistazo a mis nuevos libros.
El discurso de entrada de LA en la Real Academia de la Historia me pareció un texto elegante y hasta arriesgado para el contexto de la institución... degusté la prosapia y los ingentes conocimientos de LA y disfruté especialmente de los tramos dedicados a la mesopotámica ‘Epopeya de Gilgamesh’ y a Constantino Pedro Cavafis...
Luego le tocó el turno a la “Antilogía Contrapoesía”... toda una belleza editorial y de diseño esta pieza de la editorial ‘Ya lo dijo Casimiro Parker” [recomiendo el libro a curiosos de la buena edición, a amantes del diseño gráfico y a bibliófilos nuevos y viejos]... y allí me encontré con hermosas sorpresas de Pedro Casriego Córdoba, como el ‘Te quiero porque tu corazón es barato’, que conservo en una edición antigua a la que vuelvo de vez en cuando... con un Arturo Martínez absolutamente desconocido para mí hasta la fecha y que me dejó frío con su propuesta [no me parece un acierto por parte del antólogo embocar esta obra en el tejado de la de Casariego]... Eduardo Scala en su tono capitular de bordado y crucigrama [es bueno en lo suyo]... y Gonzalo Escarpa en esa peligrosa modernidad que a veces luce radiante y otras veces se acerca al juego trilero de los vasos en una mesa plegable. Un libro de verdadero riesgo en todos los sentidos que nace medio salvado por la hermosa huella Casariego y el sobresaliente diseño de ‘HARPO Comunicación’.
El resultado general es el de haber pasado un buen día de amigos y lectura, cosa que agradezco [aunque solo de vez en cuando].


Saturday, February 5, 2011

Por lo menos pon unos estores... un viaje para homenajear a Luis Alberto de Cuenca.

El teléfono móvil y los temblores de una compañera de curro de José Luis Morante dejaron esta imagen divina en la que estamos José Luis, Emilio Pascual, Luis Alberto y el que suscribe.

Fue un viaje entrañable desde la justa salida. Venía yo de una semana llena de preocupaciones urgentes en la que apenas había podido reposar [la cabeza, que le da vueltas a todo hasta a la hora de dormir] y todo había encontrado solución a última hora, justo antes de pillar camino a la capital de reino. El día amaneció extrañamente primaveral después de tantos días llenos de flores del frío y solo esa circunstancia ya conformaba el mejor presagio.
Viajé con Antonio Gutiérrez Turrión y el viaje se hizo corto por la conversación constante [casi un monólogo de mi amigo, pues la obligada atención a la conducción y los restos recientes del naufragio semanal le daban forma a mi silencio]... hablamos del último pacto entre gobierno, patronal y sindicatos; de la movida prerrevolucionaria de los países árabes y sus posibles consecuencias, de las ideas de Ortega y Gasset sobre la deshumanización del Arte [Antonio había hecho una relectura reciente de la obra y me puso al día de los conceptos lanzados por el filósofo al respecto]... y así recalamos en Rivas-Vaciamadrid casi sin darnos cuenta.
Y en la macrociudad dormitorio encontramos enseguida a José Luis Morante, algo más delgado que la última imagen que se me había quedado trabada de él, vestido de un negro poético muy especial y con algunas canas más en el cabello. Nos recibió como siempre recibe, con generosidad y con los brazos abiertos, y nos invitó a comer [garbanzos con callos, morcilla de Burgos con huevos estallados sobre una base de patatas panadera y tarta San Marcos... deliciosa la comida]. Durante la comida, José Luis me regaló unos libros magníficos, entre los que había uno que me dejó perplejo: “La dolce vita. Poesía y Cine. Antología”, firmado por Francisco Ruiz Noguera y editado por el ‘Centro Cultural Generación del 27” y la Diputación de Málaga. Morante me pidió que mirase en el índice de autores y me vi en él enseguida con llamada a la página 195 del volumen, donde aparecen dos poemas míos [‘La sonrisa sardónica de Welles’ y ‘Rosebud’] arropados por una hermosa compañía entre la que figuran Francisco Ayala, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Carlos Barral, Pedro Casariego, Antonio Carvajal, Gabriel Celaya, Luis Cernuda, Carmen Conde, Luis Alberto de Cuenca, Gerardo Diego, Jordi Doce, Lorca, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Pere Gimferrer, Félix Grande, José Infante, Manuel Machado, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Edmundo de Ory, Pérez Azaústre, Pedro Salinas, Roger Wolfe... y así hasta completar un elenco delicioso en el que también figuran mi desaparecido maestro y amigo Rafael Pérez Estrada y el propio José Luis.
Toda una sorpresa en una edición realmente hermosa.
Junto a este tesorito, José Luis me regaló el volumen ‘Francisco Ayala. El escritor en su siglo’, de Luis García Montero, y “Escribir la luz. Fotografía & Literatura”, un ejemplar golosón del número 250 de la revista ‘Litoral’.
Y tomamos camino de Madrid, no sin antes dejar a Antonio cerca del centro mormón de la Villa para que fuese a visitar a su hermana.
Aparcamos en un parking del centro y salimos a pasear tranquilamente la ciudad... la Plaza de Cibeles con su molondra restructuración carísima del edificio de Correos para gloria y disfrute de los gallardonitos peperos... Alcalá con sus edificios mágicos y un primer café en la azotea del hotel ‘Ada Palace’, donde nos tomamos un café largo mirando desde arriba el mágico edificio ‘Metrópolis’, ese icono madrileño incomparable [más incomparable para mí desde que ayer descubrí que en su azotea hay una vivienda con puertita de cortina vieja y dos ventanales con persiana verde de maderitas enrollables y tres tiestos de geranios colgados en la pared, todo un contrapunto absolutamente recomendable de ver desde el ático del ‘Ada Palace’... y que se me escapó la frase del día... “hijo puta, por lo menos pon unos estores”].
Luego un ratito de Gran Vía, un ojeo a la bajada putera hasta Sol [las prostitutas cada vez son más jóvenes y ocupan cada árbol y cada esquina con una parsimonia ancestral], la Puerta del Sol con sus rateritos y sus chaperos o con sus ‘compro oro’ en un ambiente multicultural lleno de color que contrastaba vivamente con las modernas estructuras de los nuevos accesos al Metro madrileño... paseo obligado por Chueca [el Madrid que más me gusta] y una Coke en el Círculo de Bellas Artes con un posavasos de diseño Diana Raznovich en el que figuraba un preservativo usado junto al mensaje “No a la explotación sexual”... y se me empezaron a poner los dientes jodidamente largos con los cartelones que anunciaban un acto sobre el legado de Walter Benjamin, un ciclo sobre la nueva narrativa cinematográfica americana con la figura de John Ford como centro de todo, el ciclo ‘siete miradas africanas sobre España”, una exposición sobre la obra de Alberto Mangado o un curso sobre arquitectura contemporánea dirigido por Peter Eisenman...
Y otra vez a pasear la calle para pillar un vale de súper oferta de ‘Mundo Kebab’ en su local de Hortaleza [con refresco, kebab y patatas por 4,90 €] y para encontrarnos de cara con Enrique Gracia Trinidad y caminar charlando juntos hasta la justa hora del homenaje a Luis Alberto.
Y a las siete, en la entrada del Círculo, empezamos a encontrarnos a amigos viejos [por tiempo y también por edad]... Paca Aguirre y Félix Grande [recién operado del corazón y con bastante buena pinta a pesar del achuchón], entrañables, como siempre; Javier Lostalé... y nos subimos hasta el quinto piso, donde estaba la sala en la que se haría la presentación homenaje a Luis Alberto. Allí aparecieron nuevos viejos amigos a los que fui abrazando... Miguel Losada, Emilio Pascual [qué tipo tan extraordinario, coño], Fernando Beltrán, Javier Puebla, Jesús Urcely y Sol, Ricardo Virtanen... hasta que pude abrazar a Luis Alberto y nos hicimos una foto movida que quedó espectacular y que se debe a la mano de una de las encantadoras compañeras de curro de José Luis.
Y que comenzó el acto y fue verdaderamente entrañable [y largo, aunque en ningún momento tedioso]... quienes estábamos allí habíamos ido a demostrarle nuestro afecto al amigo y al intelectual... y éramos un grupo extraño y misceláneo que dice mucho de lo que supone y es Luis Alberto... tipos de izquierda radical y de derecha recalcitrante, escritores de corte clásico y poetas rompedores, estudiosos, intelectuales, poetas jóvenes y viejos, editores [andaba por allí Chus Visor]... pero todo unidos por el vínculo de la amistad con Luis.
Y me tocó cerrar, aunque luego pediría la palabra Paca Aguirre para leer un poema, y que lo hice en los términos que siguen y a bote pronto:
Verás, Luis Alberto, me gusta ser sincero y debo decirte que yo había viajado aquí desde provincias con la intención de hacerme un abrigo de Visor, pero como se ha ido Chus [se había ido a mitad del acto], pues aprovecho para agradecerte tres cosas, no sin antes dejar muy claro que soy culé, de izquierda [genética e ideológica] y un pequeño editor que siempre pone en los corolarios de los libros que edita “y si encuentras una errata, la saludas de mi parte”. Pues que bajo estas premisas quiero agradecerte en primer lugar que escribieras “La caja de plata”, y especialmente “Serie negra”, pues desde su lectura cambió mi forma de entender la poesía y de escribirla; que me permitieras brillar como editor al dejarme editar uno de los mejores volúmenes que figuran entre mis trabajos editoriales: “No me las enseñes más... y otros poemas”... pero sobre todo, y por encima de la poesía, de la edición o de la intelectualidad generosamente prestada siempre, quiero agradecerte el valor que le das a la amistad y la generosidad con que la das y la recibes. Te quiero, tío... siempre a pesar de ser culé, de ser de izquierdas, de ser un editor con cierto historial de erratas -como casi todos- y de vivir en el más hermoso culo del mundo.”.
Y acabó el homenaje, y nos abrazamos, y nos despedimos [también abracé a Alicia Mariño, a la que no había visto entre el público hasta el final... me dijo... “se nos inundó la casa, Luis... qué mala suerte... escríbeme un mail urgente, anda”].
Y me bajé a la calle a fumar un cigarrito hasta que salieran mis amigos –la nueva ley me tiene pasando los rigores del invierno medio al raso–... y mirando el escaparate de la librería del Círculo me acordé mucho de Hugo Izarra y de su 'Standdart' [lo hubiera pasado bien allí, estoy seguro]... y bajaron Félix y Paca, y charlamos un ratito sobre Carlos Martínez Aguirre... y nos despedimos, pero Félix Grande dio un paso atrás y me dijo... “¿Sabes, Luis, que por ti dimití de un jurado?”... le dije que sí, que lo sabía, y se lo agradecí con un fuerte apretón de manos y una mirada cómplice.
Y la sorpresa fue ver aparecer por la escalera a mi sobrino Javier... había estado toda la tarde dibujando un piso por encima de donde se desarrollaba el acto... y bajaron los demás y nos fuimos a tomar unas cañitas y unas raciones con el añadido gozoso de Javier.
Salimos de Madrid casi a las doce de la noche y llegamos a Béjar con sueñito.
Dejé a Antonio en su casa y me metí en la cama feliz.
Pasé un día magnífico entre mis amigos y pude charlar mucho rato con José Luis, que es un tipo extraordinario.
Dejo aquí copia de mi texto en el libro “Alrededor de Luis Alberto de Cuenca”:

CUARTO Y MITAD DE MUSAS

Fui a comprar hace años cuarto y mitad de musas a una tiendita chica que me recomendaron y el tendero, atentísimo, me indicó con cierto desaliento que hacía unos minutos que Luis Alberto de Cuenca se había llevado el total de existencias de ese producto rarísimo y difícil. Me ofusqué, no lo niego, y ardí durante días en trazar estrategias para robarle al vate parte de aquella compra. Fue entonces cuando contacté con mi amigo José Luis Morante para que propiciara un encuentro pirata con el que ya era un pope de las letras modernas. Con engaños -no muchos, pues L. A. se deja, aún sabiendo los fines y sus restas-, quedamos en un restaurantito de Rivas-Vaciamadrid para buscar el truco -entre viandas, claro- con el que hacernos con el botín pensado y deseadísimo. Los otros personajes de la trama fueron Juan Luis Calbarro, Pepe Barrios, Juanito Hernández Heras, Julio Martínez Mesanza, Agustín Porras y Arturo Ledrado [que no debo negar que pasaron de meros secundarios a entrar en competencia directa por las musas].
De aquel día recuerdo con nitidez preclara que L. A. se levantó a los postres y, de memoria, recitó un poema mío y quedé boquiabierto. Fue entonces cuando me planteé empaparme de su obra como agradecimiento al detalle que me dejó narcisito perdido y muy blandete... y de ahí se consumó el robo más grande de mi historia personal y discreta, pues teniendo en mis manos "La caja de plata", descubrí de pronto el apartado genial que Lleva por título "Serie negra"... allí estaban las musas necesarias, las que andaba buscando como un loco, y las robé y las violé una por una hasta agotarlas y agotarme [así consumé tres años enteros de poemarios que tuvieron blasón en premios magros y pusieron el tono que tanto deseaba en mi obra].
Y con el tiempo descubrí poco a poco al Luis Alberto más hermoso, al amigo total que no dimite y que te echa una mano si la precisas, al que habla de ti de puta madre en foros donde eres un auténtico desconocido, al que te cita o te dedica algún artículo de prensa, al que te visita en casa con chauffeur oficial para compartir mesa, lotería y carcajadas [el chauffeur incluido, por supuesto], al que te manda de vez en cuando libritos deliciosos dedicados [lo último que recibí de sus manos fue una edición primorosa y chiquita de Bocángel en dos volúmenes de "El Parnasillo" o un libro delicioso de caballerías.
Y luego oírle hablar como embobado en alguna noche bruja -de Lucena o de Béjar- de héroes del cómic, de historias de algún clásico rarete, de andanzas literarias pretéritas y nuevas, de música o de cine. Mi afán pequeño en el mar interior de estas letras es declarar bajito que pude consumar el robo aquél... y que, además, soy un tipo con suerte, porque gané a un amigo enorme que se mantiene ahí aunque medien distancias y silencios, aunque no nos veamos en tres años... un amigo grandote y bien vestido que escribe como nadie y que me enseña con cada verso suyo a ser poeta.
De otros temas más arduos apenas puedo hablar, porque me siento anémico frente a los culos planos de la lírica y la crítica literaria pomposa.
Vine a decir que Luis Alberto de Cuenca es un hombre entre los hombres, pero un hombre especial, especialísimo, especialisísimo, al que le debo tanto... que ni tengo intención ya de pagarle.
Por cierto, que mi placer mayor fue ser el editor de su libro "No me las enseñes más...", un lujo que subió mi currículo de editor malo de atar a editor golosete.
Mil gracias, amigo.

JL con la última locura Gallardón al fondo.


Con JL y el Metrópolis.

Por lo menos pon unos estores, coño.

JL en la terraza del Ada Palace.

Con JL en el Ada Palace.

Puerta del Sol con su nueva entrada al Metro

Músicos latinos en la calle... me acordé de Perú.

Las señales son claras.

El estado de la cultura... en la cafetería del Círculo de Bellas Artes.

JL y Enrique Gracia Trinidad.

Pep Guardiola en Cibeles... esto sí que es una metáfora.

Las compañeras de curro de JL... dos cielotes.

Emilio Pascual y JL.

Urceloy y JL.

Arranque del homenaje a LA.

Urce y Sol durante el acto... esto no son formas.

Intervención de Emilio Pascual... estuvo brillantísimo.

LA firmando ejemplares y con un catarrón de no te menees.

Mi sobrinillo Javier con Ricardo Virtanen a su espalda.

Urceloy y Javier... ya de cañas.

Sol, Antonio y la fotógrafa temblorosa.
MATERIALES














Monday, January 31, 2011

Homenaje a Luis Alberto de Cuenca


El próximo viernes, día 4 de febrero, se presenta en el Círculo de Bellas Artes madrileño un libro homenaje a Luis Alberto de Cuenca. Si no se tuercen las cosas, estaré allí participando activamente en este homenaje, pues he colaborado con un texto... me apetece un montón.

Wednesday, August 4, 2010

Y que me encontré con Fernando Jover...


Oye, que nada, que entre algunas malas noticias de muertes y enfermedades cabronas de cercanos, llegó Joselín de EEUU cargado con periódicos, recortables y una camiseta molona de San Francisco en color café y de mi talla... y que estábamos tomándonos una horchata de chufa y se me presentó como si nada el coleguilla Fernando Jover, director de cine y amiguete entrañable con el que enlacé hace justo un año, durante la Semana de Cine Español bejarana... charlamos, reímos, nos contamos penitas [entre ellas la muerte del poeta venezolano Alberto Arvelo Ramos, al que tuve el placer de dedicarle uno de mis libros que le hizo llegar Fernando ]... yo le regalé una cámara de cine americana de los años treinta y él me dedicó el DVD de su último trabajo cinematográfico, “Champagne Supernova”, una hermosa metáfora sobre el dolor de la soledad [más dolor que el dolor] protagonizada por la deliciosa Assumpta Serna y David Villaraco, una metáfora que juega al desconcierto y trae un tema grande [a muchos les cae demasiado grande] para las gentes de mi tiempo: la eutanasia.
Fernando consigue enredarnos con su trabajo, nos ovilla para luego desovillarnos mánsamente, como esa lluvia tranquila que cae en los otoños, el orvallo, y moja hasta los huesos sin sensación de chubasco, penetra y puede. Felicito a ese colega alto y generoso por su trabajo [cuenta ya con diversos galardones que le dan ese otro crédito hecho de oropel], felicito a su estampa de duro por esconder tan alta sensibilidad y tan buen gusto, felicito que aún marque con su corta coleta ese lazo que une el mundo de los hombres normales con el de los tipos extraordinarios... y me felicito yo por poder tenerle como amigo.
Luego recibí mail del gran Luis Alberto de Cuenca, mi queridísimo LA. me decía lo que sigue...

Querido Luis Felipe, el tiempo pasa, pero el cariño permanece (el que te tengo y te tendré hasta que me muera).
Me gusta saber de ti directamente. Pregunto por ti siempre a los amigos comunes, pero es cierto que hace un huevo que no hablábamos de tú a tú.
Mil gracias por hacer de *go-between* con tu viejo amigo De Cuenca (pero de Madrid).
Lo nuestro es para siempre. Sólo la Pelona será capaz de separarnos.
Muchos besos y abrazos para ti y para toda la familia.
Tu fraterno
Luis Alberto

... y recordé que tengo mil conversaciones pendientes, infinitas visitas por hacer y por recibir, mucho cariño que dar y demasiadas cosas por las que admirarme y sentirme feliz... hoy, que la muerte ha tocado por aquí un par de veces [y le abrieron las puertas de par en par], siento con nitidez que estoy vivo y que quiero vivir con los ojos abiertos y los brazos dispuestos a recibir... Fernando, Luis Alberto, Jesús, Antonio... ¿por qué me gusta tanto vivir cuando siento cerquita pasar a la muerte?

Wednesday, May 6, 2009

Rosebud.



6 de mayo de 2009
Ya voy pensando en sacar las sandalias de su caja, sí, como te lo cuento... sacar las sandalias de tirilla del mueble zapatero y hacerme un Felipe de verano con blusina por fuera y pelo a la estivala, y enseñar los brazos blanquinos por la mediamanga [llenos de las tontas heriditas del invierno]... y luego dejar que los pantalones finos caigan por su peso desde esta cintura rebajada de medida por la crisis... y volver a pensar en Rosebud, a imaginarlo clítoris o larva, desnudo abierto o vaso para ser bebido.
La prueba del nueve siempre la hago en Punta Umbría, pues es allí donde estreno mi ropita de temporada con poses impertinentes [este año le tocó al sector bancario hacer el decorado para mi muestra estética].
Y con la ropa nueva [este año solo ha dado para un polo y un pantaloncete], sentirte como canonizado y subir a la peana de cada calle para orinarte entre carcajadas en los cajeros automáticos de la usura global, que es otra forma de estrenar y de estrenarse... buscarle el imposible Rosebud a la banca.
También con ropa nueva te sientes gatinino [tendré que explicárselo un día al lama Norio para que incorpore el tema vestuario a sus mantras felinos], que es como estar de nuevo recuperando el ciclo que tan bien describió Ángel González... “en verano, los gatos andan a gatas, es decir, a cuatro patas... en invierno, también, pero más tristes.”... y salir como de muda limpia es de lo más cocolín.
Y cuando pasa el estreno y sigue anticiclónica la historia, entonces se enfoca Rosebud como norte único y diverso, como horizonte tendido en el que colgarse hasta el final de verano... lo tomas con las gafas de sol [ésas que no dejan ver hacia dónde se dirigen tus miradas] y lo tramitas como la carne que debiera ser, carne caliente, carne hecha, carne latiendo... y a veces te haces con él un hot dog, y a veces lo tomas con hielo picado hasta el borde [Rosebud frappé], y a veces lo degustas en crudo como el jamón curado... y siempre lo piensas, en cada cara, en cada falda, en cada axila, en cada muslo tendido en formación bañista... entonces Rosebud se hace verano y consigna, sudor rico y siesta, noche interminable, sonrisas, gestos cómplices, ardides y roces.
Lástima que el calor me agote y todo se quede en pensar, escondido, en lo que pudo ser... pero es mejor pensar, pues no acaba el que piensa.
•••
Me pide el colega Javier Vázquez Losada un texto sobre Luis Alberto de Cuenca para publicar en su revista “Otro Lunes”, y me encanta la idea, pues Luis Alberto es un amigo grande, muy querido, y uno de los más peculiares intelectuales de este tiempo y, además, es un poeta gozoso, moderno y divertido. Así que me pongo manitas a la obra.

CUARTO Y MITAD DE MUSAS

Fui a comprar hace años cuarto y mitad de musas a una tiendita chica que me recomendaron y el tendero, atentísimo, me indicó con cierto desaliento que hacía unos minutos que Luis Alberto de Cuenca se había llevado el total de existencias de ese producto rarísimo y difícil. Me ofusqué, no lo niego, y ardí durante días en trazar estrategias para robarle al vate parte de aquella compra. Fue entonces cuando contacté con mi amigo José Luis Morante para que propiciara un encuentro pirata con el que ya era un pope de las letras modernas. Con engaños –no muchos, pues L. A. se deja, aún sabiendo los fines y sus restas–, quedamos en un restaurantito de Rivas-Vaciamadrid para buscar el truco –entre viandas, claro– con el que hacernos con el botín pensado y deseadísimo. Los otros personajes de la trama fueron Juan Luis Calbarro, Pepe Barrios, Juanito Hernández Heras, Julio Martínez Mesanza, Agustín Porras y Arturo Ledrado [que no debo negar que pasaron de meros secundarios a entrar en competencia directa por las musas].
De aquel día recuerdo con nitidez preclara que L. A. se levantó a los postres y, de memoria, recitó un poema mío y quedé boquiabierto. Fue entonces cuando me planteé empaparme de su obra como agradecimiento al detalle que me dejó narcisito perdido y muy blandete... y de ahí se consumó el robo más grande de mi historia personal y discreta, pues teniendo en mis manos “La caja de plata”, descubrí de pronto el apartado genial que leva por título “Serie negra”... allí estaban las musas necesarias, las que andaba buscando como un loco, y las robé y las violé una por una hasta agotarlas y agotarme [así consumé tres años enteros de poemarios que tuvieron blasón en premios magros y pusieron el tono que tanto deseaba en mi obra].
Y con el tiempo descubrí poco a poco al Luis Alberto más hermoso, al amigo total que no dimite y que te echa una mano si la precisas, al que habla de ti de puta madre en foros donde eres un auténtico desconocido, al que te cita o te dedica algún artículo de prensa, al que te visita en casa con chauffeur oficial para compartir mesa, lotería y carcajadas [el chauffeur incluido, por supuesto], al que te manda de vez en cuando libritos deliciosos dedicados [lo último que recibí de sus manos fue una edición primorosa y chiquita de Bocángel en dos volúmenes de “El Parnasillo” o un libro delicioso de caballerías.
Y luego oírle hablar como embobado en alguna noche bruja –de Lucena o de Béjar– de héroes del cómic, de historias de algún clásico rarete, de andanzas literarias pretéritas y nuevas, de música o de cine...
Mi afán pequeño en el mar interior de estas letras es declarar bajito que pude consumar el robo aquél... y que, además, soy un tipo con suerte, porque gané a un amigo enorme que se mantiene ahí aunque medien distancias y silencios, aunque no nos veamos en tres años... un amigo grandote y bien vestido que escribe como nadie y que me enseña con cada verso suyo a ser poeta.
De otros temas más arduos apenas puedo hablar, porque me siento anémico frente a los culos planos de la lírica y la crítica literaria pomposa.
Vine a decir que Luis Alberto de Cuenca es un hombre entre los hombres, pero un hombre especial, especialísimo, especialisísimo, al que le debo tanto... que ni tengo intención ya de pagarle.
Por cierto, que mi placer mayor fue ser el editor de su libro “No me las enseñes más...”, un lujo que subió mi currículo de editor malo de atar a editor golosete.
Mil gracias, amigo.





Saturday, January 3, 2009

LAVS DEO.


3 de enero de 2009
Ayer le prometí a Guillermo que iríamos todos a desayunar juntos a la pastelería Italia, que mi chico flipa con los desayunos pantagruélicos [igualito que yo, a qué negarlo], y quedamos en madrugar para que no tuvieran atascado el lugar esa horda de madrileños y portugueses que vienen al mochileo o al esquí proforma.
A primera hora de la mañana ya estaba mi Guille en pie esperando como un campeón a que yo saliese de la ducha [Felipe se rajó por ardor de cama y Geles dijo que desayuna mejor en casa, por lo que la cosa se quedó en dos, los dos glotones de la casa]. Nos manducamos colacao con bollería y un enorme zumo de naranjas recién exprimidas... mmmmm... y compramos unas palmeritas de huevo y unos donnuts para que los desayunaran en casa Geles y Felipón [el secreto del paquete es que también había goloseo para Guille en su interior].
Dejé a Guille en el portal de casa y me fui hasta mi viejo estudio de Colón en busca de una preciosa edición de “El Parnasillo”, con la antología poética de Bocángel en dos tomos, que me regaló Luis Alberto de Cuenca el 2 de julio de 2005 en uno de los encuentros que tuvimos por aquellas fechas [me lo dedicó el colega “Para Luis Felipe, con la devoción milenaria de Luis Alberto”]. Pues buscando esos tomos deliciosos del que escribió “Cautiváronme dos ojos / como Dios hizo un Argel...”, me topé con una bolsa blanca que alguien había depositado sobre mi vieja Underwood. La tomé y enseguida supe que contenía un libro gordote. Lo saqué de la bolsa y tuve que sentarme en la sillita de mi biblioteca para no caer desvanecido al suelo. Era una edición de 1702 conteniendo la parte primera de las “OBRAS DE D. FRANCISCO DE QUEVEDO VILLEGAS, Cavallero de la Orden de Santiago, Señor de la Torre Iuan Abad. DEDICADAS A LA MVY ILVSTRE ACADEMIA DE LOS DESCONFIADOS DA LA EXCELENTISSIMA CIVDAD DE BARCELONA”. La edición es del maestro impresor Jayme Suriá y rezan como lugares de venta, en Barcelona, la casa de Jayme Suriá en la Calle de la Paja; la casa de Iuan Piferrer, en la Plaza del Ángel, y la librería de Iayme Batlle. Contiene un prólo de Fray Miguel Zugarramurdi y los imprimatur “Die 19. Octobris 1702. / IMPRIMATUR. / Romaguera, Vic. Gen. & OFF.” y “ Die 19. Octobris 1702. / IMPRIMATUR. / De Senjuft, & Pagés, Cancel.”.
Toqué el libro con incredulidad, pasé sus páginas [algunas con restos inequívocos de carcoma, pero limpias de hongos y humedades], leí algunos párrafos con auténtica curiosidad y me detuve en el índice de contenidos, que es el que sigue [sic]:

• EL Sueño de las Calaveras.
• El Alguazil Alguazilado.
• Las Zahurdas de Pluton.
• El Mundo por Dedentro.
• Hiftoria, y Vida del gran Tacaño.
• Vifitas de los Chiftes.
• Cartas del Cavallero de la Tenaza.
• Libro de todas las cofas, y otras muchas mas.
• La Culta Latiniparla.
• El Entremetido, la Dueña, y el Soplon.
• Cuento de Cuentos.
• Cafa de los Locos de Amor.
• Carta de las calidades de vn Cafamiento.
• Carta de lo que fucedió en el viage, que el Rey nueftro Señor hizo a Andaluzia.
• Vida de Marco Bruto.
• El Romulo, traduccion del que efcriviò el Marquès Virgilio Malvezzi.
• Carta de Luis XIII. Rey de Francia.
• Tira la Piedra, y efconde la mano.
• Vida de San Pablo Apoftol.
• Vida del Bienaventurado Fr, Tomàs de Villanueva.
• Memorial por el Patronato de San-Tiago.


Y pasé la mañana entera rendido a la escritura del maestro Paquito Q., descifrando su ingenio poderoso, riendo con sus continuos golpes bajos a Garcilaso y subidito a una nube de las buenas.
Con mi tesoro, como un Frodo temiendo convertirse en Gollum, corrí hasta mi estudio nuevo, pues en el viejo hacía un frío de cojones, y volví a disfrutar como un crío tocando, acariciando páginas, leyendo aquí y allá, riendo de satisfacción...
No sé quién lo ha dejado donde lo encontré, pero para mí supone el mejor arranque del año que pudiera imaginarme. Jo, estoy absolutamente emocionado.