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Thursday, September 25, 2008

Pero siempre seguiré mi camino.


Ya soy de porcelana, y apenas me siento distinto que ayer, pero he dado mis átomos a la severidad y espero la cosecha que ha de venir, y lo hago posado sobre el mueblecito de mi vida anterior [mala madera, sí].
Y sí que os veo de otra forma [yo, que soy ahora solo forma]… agotados de insanía y temores absurdos, llenos de mil dobleces y de mala intención, presos de una moral y prostituidos en otra, podridos por la envidia y empeñados en hacer daño como peor os venga, lívidos por aparentar, esclavos de la murmuración, pensando ser la trampa del que se busca libre… me dais lástima [solo esa lástima que pueden sentir los objetos como yo] porque jamás sabréis degustar las fresas calientes recién cortadas ni obtendréis serenidad con un beso en otoño. No tenéis la vergüenza de salir a los quites del mundo y de abrazar al amigo, pero sentís que sois tierra yerma y quisierais bien adentro que alguien os acogiera sin haceros la cuenta.
Ahora valgo más que vosotros, porque no tengo vísceras y mi ser casi pétreo admite sobrepujas en las casas de empeño y en algunas subastas… y me basta la lluvia si me quiere caer o decide llenarme, y me basta el visillo que difumina el mundo, y me basta hasta el polvo que se posa en mis curvas.
Ahora os veo títeres, mientras las estaciones hacen gestión de nubes sin teneros en cuenta.
Ahora sé que tenéis la ternura de la hiena hacia la carne podre… pero ya no me importa. Mi calidad de objeto os hace más efímeros.
•••

Volvió el gran jefe blanco y me tornó en humano de nuevo [jo, qué lástima] y me dejó sin comer y sin resuello, medio tirado con este puñetero cansancio mío colgado de los hombros. Atento a sus mandatos, maqueté, pasé pruebas, tiré y retiré las páginas de una revista nueva y bien manipulado se lo puse en la mesa donde comía distante. Apenas me miró y dijo un ‘está bien’ que me llevó a hacer cuentas para pasar factura: 14 horas de curro, 86 super A3 de pruebas, 1.000 impresiones digitales en arte final, alzado, hendido, cosido y rapizado… todo a la puta carrera y a deshora [que no pude ir a buscar a Guille ni hacerle la comida, que no pude hacer las camas ni tumbarme los cinco minutillos de sofá a las 2:45 p.m.].
Y se me acabó, como ya he dicho, mi ser de porcelana… y veo ahora a la gente con ese difumino de la carne, y mis palabras de porcelana hacia ellos se vuelven a hacer menos tajantes, más humanas y, por tanto, menos nítidas.
•••

Si me vieras caminando tranquilamente
y en mi cara presintieras armonía,
ten por seguro que me siento bien,
que sigo luchando por dentro
y que no me he rendido aún.

Sabrás entonces que todavía puedo hacer promesas
y que pienso cumplir cada una de ellas
hasta que no pueda más.

Si me vieras caminando tranquilo,
apuesta que he salido a comerme el mundo
a pesar de los imponderables de los hombres
y que pienso lograr todo lo que me proponga.

Si me vieras detenido en un cruce,
no dudes de que seguiré adelante
justo por donde me indique mi intuición,
y que llegaré a otro cruce, y a otro…

Si dudas de mí, te estás equivocando, amigo.
Gastaré la suela de mis zapatos
y sangrarán mis pies,
me quedaré sin saliva,
me sentiré agotado…

pero siempre seguiré mi camino.

© lf comendador 2008

•••

Nada, que a eso de las cuatro me vino un hambre de canciones y escribí la que antecede a estas palabras pensando en Bob y en Leonard tanto como en mí mismo, una canción tan Ítaca y tan cercana a mi sentimiento general, que no necesita trabajarse conceptos extraños y buscarse en formas académicas.
La escribí y me sentí bien, de puta madre, como si estuviera en el año 76 sentado en la Plaza Mayor de Salamanca desnudando mujeres con la mirada junto a mi llorado amigo Juanito Montero… entonces fue cuando decidimos ambos ponernos en el camino hasta que él se hartó y yo continué solo.
Siempre seguiré en el camino, siempre.

Sunday, July 6, 2008

Cirros de dopamina.


Con orgullo y razones, acuso recibo del "Premio Corín Tellado a la Excelencia Literaria" concedido por el inefable Hugo Izarra [http://www.hugoizarra.blogspot.com]. Espero saber llevar tan alta responsabilidad hasta donde se pueda.
Un abrazo,hermano... eres la hostia.


El día se levantó con algunas nubes de dopamina y un fresquito espectacular, y salí a enfríar mi cuerpo con parsimonia. ¡Mmmmmmm, qué gustito!
•••
Vengo de la prehistoria y estoy agotado de labios y luciérnagas, pues fui momia y demasiada incertidumbre.
Descansé un poco en la Edad de los metales, y fue justo el descanso quien puso el ascetismo en mi cabeza como una disensión de lo trabado. Soy memoria dispersa entre los hombres, y aunque quise que todo discurriera despacio y bien sujeto, las cosas se me fueron de las manos y me quedé en metáfora y un hermoso manojo armas blancas.
Cuando descubrí el fuego, supe que mi pupila dilataba y que existe un insomnio indefinible que agota en su desgana y me hace perder la simetría.
Soy capaz, y eso me ayuda a seguir. Soy voraz, y eso me va eliminando. Creo ser absoluto, y por ello no sé dar pasos atrás.
Déjenme solo un rato y crearé de nuevo la destrucción de siempre.
Soy un Hombre normal sin sus obras completas.
•••
La tarde, de arrugarse la piel [por lo climatológico y lo familiar], sentado al puto borde de la piscina de mi cuñadeta, pasando frío como un pobre y dirimiendo la cosa paellera mientras miraba la cara anodina de mi suegro, que está entre sobrepotegido y pirulín bandera… El asunto fuye que se me marchó el espíritu a otros lugares mientas Julia me decía que si tomaba otro vasito de horchata… se me fue a una casa de putas en Singapur, a un fumadero de opio en Tánger y a una casa de la Plaza Mayor que ha puesto terraza en los soportales a modo de última cena jesucristera, pero con bongos y varios Judas pasaítos [anoto nueva presencia de periquita en inmejorables condiciones de uso y disfrute]. Al volver, paré un poquitillo en el borde de la carretera que lleva a Palomares y me cruzé con todo el zorolerío de chándal y zapatitos de tacón [una llevaba manoletinas verdes], pero hoy no sudaban [cosas del tiempo meteorológico], aunque una sí que lo hacía [me temo que hubo sexo entre los martorrales]. Compré tabaco en el bar/estanco del barrio/pueblo [allí andaba V. M. trajinándose una birra y discutiendo sobre los últimos sucesos servates –como la cosa se encedía, pagué y ni saludé–]. Me fumé tres pitillines antes de que mi suegro me echara el alto con el jodido bastón matamoscas y volví en mí…. ¡coño!, que estaba todavía al jodido borde de las piscina y oliendo la cosa matadera con intensidad [eso debe poner, seguro]… y lo mismo ni compré tabaco ni me fumé los pitillines.
También puede ser que todo fuera una mezcla del aburrimiento imperante y este hermoso picor de pichulina que se me ha venido a la entrepierna con la bajada brusca de los grados, que todo influye… y volví a caer en trance; esta vez había desaparecido el abuelo y saltó la alarma… “¿Dónde está papá?, ¿se ha ido solo?… ¡¡¡A buscarle!!!… andaba el perico en la bodega mirando los juguetes de los críos y se molestó un poco por la videovigilancia filial [a ver si le hacen caso un día y le dejan hacer su vida, que él quiere, coño]… Bocata de queso y a ver a Nadal sudando [qué coñazo el tenis… ni comparación con la soledad], y luego a la camarera de Titanic sentada como una diosa en el suelo [que es el cielo de los camareros, un cielo de hash y faldas largas como los manteos del 59]. No es mala compañía para una tarde zorola… mejor… es divina. Mientras escuchaba su silencio escribía esta entrada casi blues y escuchaba a Boby Dy [sigo sin estar enfadado con él] trabando el “When the Ship comes in” cuando tenía la voz limpia y miraba al público desde el escenario [eran otros tiempos… ¿mejores?… y yo qué sé]. El caso es que la camarera del Titanic atinaba a corregirme con su voz casi religiosa [fe le tengo] e incluso acertaba.
Bah, y que lo dejo aquí y me quedo con mi musa, que es bastante más agradable que dar la plasta con palabras.

Wednesday, July 2, 2008

Sabías que llegaría el día, viejo.


Sabías que llegaría el día, viejo, en que alguien te robaría tus históricas gafas Ray-Ban y tendrías que ir pensando en cambiar de imagen, y eso que fue de la mejor forma imaginada, aguardando a pillar una birra de litro en la cola del bareto cagón montado en el concierto de Bob Dylan. Te robaron uno de tus objetos más preciados cuando estabas cerquita del mito, pero no caíste en la cuenta hasta ayer, que las necesitaste como el comer por el exceso de luz del día. Y zas, fue decirlo y tu gente te pilló sin respirar unas lunettes de soleil de la misma marca, pero con cierto toque road movie que te da un punto algo más freaky… y que con ellas te embolsaste en tu camiseta “Bob Dylan & his Band lives european summer tour 2008” [regalito de Adrián] y saliste como un viejo rockero a patear las calles, a tomarlas casí desde la nueva mirada.
Así no pareces tan mayor, viejo F., ni tan antiguo.
Te despediste de los cernícalos, que prosperan a pasos grandes y andan perdiendo el plumón, y silbaste ‘Just like a woman’ [“Nadie siente dolor esta noche, y yo espero bajo la lluvia. Todos saben que mi chica tiene un vestido nuevo, pero los lazos han caído de sus cabellos. Ella aguanta como una mujer, hace el amor como una mujer, sufre como una mujer… pero se echa a llorar como una niña… … estaba lloviendo y yo estaba muerto de sed, y entré aquí, pero está claro que no encajo… … es hora de que lo dejemos… … si nos encontramos de nuevo no finjas que me conociste cuando estaba hambriento y era tu mundo… … Engañas como una mujer, haces el amor como una mujer y sufres como una mujer… pero te echas a llorar como una niña.”] y te dejaste en la calle medio día como una balada vieja.
Quizás quieras un motel oscuro de carretera donde una mujer te espere ardiendo, más que el día, para ser media hora de gloria compartida y una noche entera de alcohol y pensamientos extraños. Quizás quieras perderte entre el humo vomitado de una boca carmín o echarte a dormir en unos ojos lánguidos…
Tus gafas te hacen otro sin que tú lo quieras, llevan tu voluntad en sus cristales ahumados, te hacen ver sin reflejos lo que quizás no llegue ni aun buscándolo.


Monday, June 30, 2008

Que ya se me pasó la morrionera.


Bah, que ya se me pasó la morrionera y vuelvo a querer a Bob Dylan como siempre, que a un padre espiritual hay que perdonarle los días delgadinos y cacagüeses, porque si no uno no sería ni un buen hijo espiritual ni una buena persona. Na, que me escuché de un tirón el “No Direection Home””, de 2005”; el “Love and Theft”, de 2001; el “Desire”, de 1976 y el “Patt Garrett & Billy the Kid”, de 1973, y que me puse morrionete y me deshice en ese ‘Tú sí que eres grande, Bob’ que se me viene a la boca con cada una de las audiciones tranquilitas que hago de su música [que es mi música].
Bob me trae siempre los días rebeldes [aquellos días perdidos y maravillosos] en la aldeína de Llueves durmiendo bajo una manta con tres colegas, las jornadas de protesta en el faro de Ribadesella o en las amarillas calles helmánticas, el no querer pensar como mis padres y quererlos a muerte, el rular del porrete de medianoche con sus risas cosidas, el hambre de mujer con amor libre a cuestas y las noches de tienda de campaña en Picos de Europa con su cosa edelweis y sus calcetines rojos gordos, las tardes de Latina con un mundo enterito que arreglar y unas birras después para olvidarlo todo, las manchadas de El Judío arrimado a los últimos borrachines de la noche, los ratos con Adares y las risas sin mácula junto a mi buen Riobó, la rabia por lo del abuelo y los días de muerte cercana…
Bob siempre estuvo ahí, a mi ladito, en cassette o en vinilo, para darme la pauta del pensamiento nuevo, para indicarme que nada es lo que parece, porque es peor, pero que hay soluciones a medio y largo plazo [soluciones de ser y no de estar].
Así que te perdono lo del otro día, carapito, y me quedo con tu música hermosa y con esa poesía que también detonó algo aquí adentro una noche de hace ya demasiados años. Tú no me debes nada, colega; soy yo quien te debe una estética y una profundidad que son camino hoy y lo fueron ayer también.
Gracias por todo, amigo… y hasta creo que te comprendo.
Bye.

Sunday, June 29, 2008

Yo creo que Bob no estuvo en Hoyos.

Anduvo Bobi Dy entre delgadino y cacagüé en el paraje incomparable de Hoyos del Espino. Me dio que no se acordaba el tipo de sus canciones [apenas se reconocían algunos de sus temas míticos en una frase musical o en una caída de voz] y, para colmo, se puso al fondo del escenario y casi de espaldas al público… ¿y su banda?… más parecía una banda de ladrones que un grupo curtido en el rock/country norteamericano [lo habrían hecho mejor cuatro pateranos de Trinidad-Tobago]. En fin, una mierda pinchá en un palo que no le quita ni un puntito de valor a toda la discografía del perico, pero que le deja en bragorrias ante los que, como yo, crecimos y nos desarrollamos en ese sonido y en esa estética.
¡Que le den bien por el culo a Bobi Dy… y que viva Bob Dylan, coño!
Por decir algo bueno del zorolo cantor, pues que le queda aún esa voz ronca con caída final que siempre me pareció una delicia para mis oídos.
Y si a todo esto le añadimos que el cacagüé venía rodeado de matones que perseguían con auténtica mala folla a los que osábamos hacer alguna foto de lejos con nuestro telefonillo, pues no te quiero contar.
Y después del ‘perrea’ Dy, llegó Amaral a salvar la noche, pues no se puede negar que son auténticos profesionales y se toman el rollito en serio [por comparación, Dylan pareció el telonero de Amaral]. La verdad es que yo no soy muy amaralo, aunque me gusta la voz madura de la moza y un par de canciones me hacen ‘rintintín’ [creo que no hay mucho más que rascar, aunque reconozco que tienen una magnífica puesta en escena y suenan bien]. Me reí un montón cuando Adrián soltó aquello de ‘tío, la perica parece una manga pastelera’… o aquello otro de ‘¡joder, qué rollo, si todas las canciones son bonitas!’ [un punto interesante el Adri cuando le llega la acidez a las palabras, define con potencia y se queda tan pancho].
En fin, que me quedé con ganitas de haberme llevado la Nikon con el tele grandote [si me la hubieran pillado los seguratas, me la meten por el culo] y de haber sentido el mito cabalgado las venas de la frente… pero no pudo ser y llegué hecho un perrete a eso de las cuatro de la madrugada para dejarme caer en mi cama como una loncha de queso.
Punto y coma [del coma saldré un día de estos, digo yo].






























Monday, June 23, 2008

Un golpe de calor.

Acabé el día raro de ayer con un golpe de calor de mi Guille, que le puso la temperatura corporal en 38,5º y le tuvo toda la noche vomitando bilis y sudando como un cosaco en Gobi… y escuchando a la turba nacional celebrar el pasó de ‘La Roja’ a las semifinales del Campeonato de Europa de Fútbol [estuvieron hasta bien entrada la noche haciendo sonar los claxons de sus autos, e incluso fueron a celebrarlo a su Cibeles particular en la subida del monte de El Castañar].
Y hoy me levanté resacoso de la mala dormida, aunque feliz de ver a mi Guille recuperado como un campeón y pidiéndome con insistencia que le hiciera un cartelón para el arco de san Juanito que está haciendo junto a sus coleguillas del cole. Lo prometí y cumplí mi promesa con diligencia.
Y el resto del día se me anda pasando en mirar la luz difusa de Premysa, en intentar adivinar en qué quedará la historia de La Covatilla, en maquetar la revista de fiestas de Ledrada con sus infinitos anuncios, en macerar mis deudas en el oloroso alcohol de la tranquilidad, en pensar en que el fin de semana próximo cumpliré mi sueño de asistir a un concierto de Bob Dylan, en perderme en tierras que no conozco y quiero conocer, en aguantar el tirón de todo lo que me arrastra con su fuerza prosaica y peleona… en fin, que nado en mis sandalias nuevas como el enésimo argonauta de la vida pimpona y que me voy a liar la manta a la cabeza junto a mi Juanito en tres proyectos solidarios que me apetecen un montón [en Gambia, Senegal y Perú] y que ya os iré contando poco a poco, a la vez que os pediré colaboración y empujoncitos.
•••
Cuando el cigoñino de la torre de El Salvador presagiaba su primera tormenta seria y estaba solo, sin sus padres [que andaría a la caza de algún batracio o de alguna culebrilla con los que alimentarle], si saber aún volar y sintiendo la exacta soledad desde su atalaya, fue justo cuando caí en la cuenta de que los hombres amasamos demasiado a nuestras crías, las sobreprotejemos y vamos con ello macerando su mala evolución.
Iba hacia mi trabajo y solo pensé eso.
Para cuando salí, ya pasadas las ocho de la tarde, la tormenta se había desatado en rayos y centellas, en aguacero y una hermosa bajada de la temperatura [que hasta esa hora se había hecho insoportable para mí]. Allí seguía el cigoñino, parado en su nido y aún solo, esperando a que del horizonte saliera su sombra protectora… entonces fue cuando la Lolita que reía a carcajadas entre los gitanillos me pidió un cigarro: “señor, ¿me daría un cigarro?”. La miré absorto, pensando aún en mi ave ‘depresa’, y vi que no alcanzaba los quince años ni haciendo un esfuerzo de imaginación. Le negué el pitillo y toda la gitanada comenzó a reírse de ella entre aspavientos… “bebé, que eres un bebé payo, que no te han salido ni las tetas y ya quieres fumar… ese hombre sí que sabe… ¡Pero ya folla, señor!, que se lo diga éste…!”.
El cigoñino pasó a segundo plano y la cría quedó comiendo pipas e intentado pasar el mal trago uniéndose a las risas de los demás. Ella tampoco ha aprendido a volar aún, y ya ha pasado bastante más tormentas que el pobre cigoñino, tormetonas de alcohol propio y ajeno, huracanes de sexo que sin suerte le pondrán una tripa prominente en un destiempo, ciclones de esa tonta incoherencia formativa que alimenta un sistema que no piensa en el hombre y sí en los resultados del arqueo… Es una perdedora más que será la justa desgracia en pocos años, flor de paro a lo poco, y a lo mucho una yonqui sin nada que pensar que no sea el pico.
¿Quién merece la culpa de esa cría, quién la tiene, quién la gasta y la alimenta?, ¿quién?
Como uno más de todos, sin hacer nada práctico, con un silencio estúpido, caminé hasta mi casa y cené medio destruido.
El mundo del hombre es una mierda, como el de las cigüeñas, o peor.

Saturday, May 31, 2008

Si decidieras buscarme...


Si decidieras buscarme cualquier amanecida, estoy en las arias para Durastanti intentando completar un verso, en el cuadro de Balthus ‘La montaña’ [caminando al fondo a la derecha], junto a Janus Lacinius en la ‘Pretiosa Margarita’ o en la noche saturnal de Isaac Hollandus, en la ‘Geometría Divina’ de Durero, en la canción ‘It’s all over now’ de Boby Dy, en cualquier fotografía de Doisneau, hurgando en el sostén de La Grandisca Fellini o junto al Tío Alfredín, ‘El Puspús’, en las mágicas Aguas Esmaltadas de Manolillo Díaz Luis…
Sin embargo, si me buscases en los mediodías, suelo pasarme largos ratos dans le Cimetière Marine, con Valéry…

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recomencé
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence!... Édifice dans l'ame,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi!... Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.

O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence...
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant!...
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irrefutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil... Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non!... Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme... O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de delires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève!… il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux rejouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!


… o en las arcadas de una plaza vieja con castillo, o en un artefacto Leonardo dibujado a sanguina en una cuartilla carcomida, o en una miniatura de Alcaíns en ‘Sepulcro en Tarquinia’…
Si tu afán fuera verme en las tardes, cuando el sol se decide a acostarse, búscame sin dudarlo en un verso difícil de Oliverio Girondo, en los espectros mágicos del ‘Protogaea’ de Leibniz o en los textos científicos de Jhon Burdon Sanderson Haldane, en una canción lenta de Nina Kinert, en un texto Pavese o en un llanto Pizarnik, mirando con malicia ‘Desnuda en el sillón’ de Gustave Caillebotte o hablando con mi Buk de Sheri Martinelli…
Pero si me quisieras de noche, en esa hora del génesis oscuro, indaga un sephiroth de Georg von Welling o la cópula Pvtrefactio del Domun Dei, mira en el torbellino imperceptible de lo espetral; suponme duende, garganta, péndulo, entraña, herida… busca en el terciopelo de lo negro y me verás tan amputado como soy, tan indefenso como un animalillo herido en una pata… persígueme en las trampas y el azufre, en las llagas de vino, en el frío relente de lo que ha de venir con la mañana.
Yo siempre estaré allí, carbonizado como una víctima del Vesubio, con forma de tapir y la piel de cebolla, esperando a que llegues… y también a que te vayas.
•••

Cielo raso con una luz difusa
que mira, cenital, cómo palpito
siendo par mediodía y breve tumba
que me ve comenzar cada minuto.

Acostumbrarme a ti me pone un luto
que en su negro satén me desalumbra
mientras que en mi cabeza yo repito
la danza de tus pechos en la blusa.

*Experimento de medición y rima porque estaba aburrido como una jodida ostra.

•••

Soy accidental en todo, porque soy el portador del esperma capaz de dibujar un cántaro en el que conservar la agitación que supone la vida y no tramito mi paso en esa consideración [que debiera ser constante]. Mi fin último habría de fundarse en todo lo que ardiera para pulir mi genética, y dejar así un resto mejorado de lo que se me entregó sin conciencia para ser llevado al infinito posible.
Tendrían que haberme enseñado desde chiquitillo que la muerte individual es perder todo, sin dejarme siquiera el resquicio de un dios para después; que el hombre es un ser lanzado a la vida como un uno que contiene a toda la humanidad, un uno vivo y capaz de evolucionar por voluntad propia… pero soy accidental y presumo cada sorpresa como una agitación, y dibujo sin una idea clara de la mancha final a la que debo llegar.
Andaba hace un par de días Antonio G. Turrión enredado en el “optimista a tiempo total”, y hablaba específicamente del “optimista bien informado”, tipo con el que quiero comulgar desde mi mirada al mundo, el que quiero ser siempre. Y quiero serlo porque sé que soy un edificio de moléculas y células, de axones y dendritas, de sales minerales y agua simple, un tipo en constante germinación y muerte de sus partes biológicas y en proceso insaciable de cambio de sus átomos; un mundo inseparable de los demás mundos que bebe inexorabilidad a la vez que respira.
En tal certeza estoy, que prefiero figurarme accidental y sonriente ante todo, simple en mis deducciones y concreto en mis actos, tomado cada minuto por la sorpresa que colma y no por la que derrota. Ser un triste es tomar la degradación del uno descartando la evolución del todo, no sentir el mal individual como paso preciso al desarrollo de lo que ha de ser gozoso, quedarse en el ceño fruncido y no tener determinación para pasar a la ofensiva decidida. La vida es inseparable del triste como del optimista mientras ambos respiran, y la muerte también. ¿A qué, entonces, verlo todo en gramos de dolor y en miligramos de consuelo?, ¿por qué no reírse a mandíbula batiente del mal propio y sopesar el ajeno como normal decurso del prodigio que es la vida?
Soy un tipo que sabe que la esperanza de vida en condiciones más o menos dignas alcanza hasta los setenta años en Europa, y por ello percibo que el tiempo que rebose de esa edad cumplida es regalo a gozar, y por tanto una sonrisa por cada día de más, y no un dolor, y no una pena, y no una cuita… hemos de morir, por tanto, ¿a qué darle las vueltas al final haciendo pucherines, si cada nuevo día es un comienzo?, ¿por qué ese egoísmo conservador del ser y estar que te lleva a no poder ser ni poder estar por puro decaimiento?
Hay dos formas preclaras de estar en el mundo [independientemente de los procesos reflexivos que le hagan a uno más o menos conocedor de su estadía en estos lares]: sonriendo ante la inexorabilidad o doliéndola.
Yo prefiero descojonarme de risa, aunque sea una risa floja.

Sunday, May 11, 2008

Una paz de dicotiledóneas y ganitas.


Un paseo tranquilo por la humedad del campo me ha traído una paz de dicotiledóneas y ganitas de arreglarme la barba, que últimamente crece espesa y valiente cercándome la boca. Salí con mi Bonier a buscar agracejos, peonias, ababol, amarantas, ruibarbos, hortigas, filodelfos, droseras, euforbias, escrófulos… pero me quedé en un par de cigarros sentado en la humedad de una piedra y mirando el paisaje troquelado sobre un cielo plomizo en movimiento. Hoy todo es verde húmedo en la zona de Béjar y el cuerpo se me quería tirar entre los tréboles mojados sin pensar en ese después rojo de cistitis y riñones rampantes con garras de dolor de medio tono.
No me gusta tanto el paisaje de horizonte, pero me vuelve loco el de metro cuadrado, el que encierra en el campo de enfoque de mi Nikon, con su macro montado, una flora diversa con su fauna latiendo en un tam-tam… y la lluvia cayó, y yo callé aturdido por la belleza entera dibujada en la luz pobre del día. Con ella, con la lluvia, me perdí en un camino cerrado de vegetación, con helechos rizándose en mis pies con esas caracolas preñadas de pedúnculos que son la justa plástica a la que los hombres no sabemos llegar.
Caminé sin saber y sin querer, en una soledad de líquenes inabarcable y lúbrica… y acabé descansando los ojos en unos pechos pequeños acostados bajo un sostén tan rojo como la amapola muerta que encontré en mi camino, y todo junto al humo de un café con leche.
La ‘dulce muchacha triste recorría caminos en busca de una risa donde descansar…’ suena ahora en mi iTunes y dibujo un barco azul sobre un mar amarillo, el mismo de la canción de Pablo Guerrero. Me autoanalizo, me hago una pequeña crítica, bebo una Coke, leo a Michel Houellebecq, tengo frío y se eriza el vello de mis brazos, toco un ratito mi harmónica Hohner de blues y luego le busco el mismo blues de la harmónica a mi guitarra eléctrica [se me da bastante peor] y termino ensuciando las dos piezas que mejor toco de Bob Dylan, dibujo una página de mi libro con un cuerpo de mujer a base de manchas de tinta blanca, leo un par de páginas de los Cuadernos de Paul Valery, me enciendo otro cigarro y presiento que me siento bien.
De puta madre.