Y de pronto Cotázar se transforma en Oliverio, pero peor, aunque se atina el dejado homenaje y se perdona... y a mí me sirve para desenroscarme de la duda de ayer, que fue dolosa y dolorosa, casi como un cilicio de sufriente profano. No importa si en la letra se hace homenaje al padre, no importa siempre que se sepa, que uno mismo lo sepa...
“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”.
crecen los cumulonimbos en el cielo de hoy, y hay viento, un viento que aminora la sensación de grados positivos en el cuerpo... pero aún no llueve, aún no quiere la tormenta traerme sus rayos y ese baño salvífico del aguacero... y se ha ido el nonato como una ardillita, se ha quedado en lo amniótico sin atreverse a ser entre nosotros, sin tener que apurarnos ni abrumarse de abrazos... y confieso que he llorado a solas como una Magdalena mientras buscaba otra vez las imágenes de Sara para hacerme una idea de mi niño perdido antes de haberlo amado... crecen los cumulonimbos y se acupulan en el cielo de hoy como queriendo desatarse en impotencia, y me arrastro, porque hoy no sabría caminar ni mirar a los ojos a ninguno de vosotros. Me he quedado sin lo que aún no tenía y hay cierta sensación de fracasito que es como un deseo malogrado... y sé con pelos y señales cómo es la tristeza, pues su mapa se ha trazado de pronto en mis oídos, en mi boca, en mi estúpida pose de todopoderoso... pero miro a mis hijos, y están sanos, están vivos e impelen cualquier estado de animo a seguir y a adaptarse.
Sé que mañana vendrá y será inexorable todo lo que nos llegue, que pasarán más días y volverán las sonrisas precisas y otras lágrimas, sé que hay que seguir camino y deglutirlo todo con asombro y con ganas, sé que hay que procurar que el paso sea posible para que otros se amparen en su huella... ya sé también que la verdad tiene unos trazos duros que marcan los perfiles de la vida, los arañan, y que nos resta querernos y arroparnos en el tramo que quede... y hacerlo todo más fácil, más diáfano... y también más intenso.
Dejo aquí un poemita para Sandra, por entrar en el mundo real de está forma tan cruda y tan llena de misterios.
Quizás sea lo mejor
o, quién lo sabe,
quizás lo más correcto.
Quédate con el mar que contenías,
con las tareas hechas
y cada eclipse adentro...
quédate con la sensación dulce
de haber sido mujer
entera y nítida,
y de seguirlo siendo
hasta que el tiempo aparque
lo que en su afán te es dado.
Serás lo que procures
más lo que te suceda...
Sonríe, en todo caso,
pues duerme en tus entrañas
el más bello proyecto.
Lo dice este chamán
hecho en la vida a muerdos.
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Thursday, July 23, 2009
Monday, June 1, 2009
De la trepanación de Oliverio

Acababa de ver la película “La dama del perrito” [imagino que basada en la obra de Chéjov del mismo título] en un cine de la calle Lavalle y, al salir de la proyección, fue atropellado por un auto. Se levantó y caminó hasta su casa. Unos días después, y debido a ese accidente, hubo de sufrir una trepanación de cráneo que le dejó disminuido para el resto de su vida.
El tipo que mejor supo camuflar los heptasílabos para enredar las tradiciones clásicas con las vanguardias, el que se metió en el mar del barroco y se lo bebió entero hasta hacer otro mar mejor, el que jugó a mezclar los opuestos como un nuevo alquimista de palabras con su “levitabisma”, el que aglutinó vocablos con verdadera novedad y los hizo permutables, el que construyó un lenguaje mientras agotaba el nuestro, el que destruyó el vacío hasta desinventarlo... se topó con un auto una tardenoche en un cotocroc que lo dejó limpio de lo que tenía.
Oliverio supuso una luz ultrabarroca –pero con señales, siempre con señales... no esa opción de sola consecuencia decorativa– a todo el prosaísmo que le llegó de antes y que se nos vino hasta este jodido luego.
Trepanar el cráneo de un genio debió hacer temblar la mano del cirujano incidente en aquella maravillosa cabeza... y lo mató de poco a poco, como peor pueden morir los hombres de altos pensamientos, disminuido, destartalado, roto.
Leer a Oliverio fue/es para mí uno de los mayores placeres con intención poética que pueda imaginar... leerlo a voces, en silencio, con gana y con desgana, de noche y muy cansado o lúcido y despierto... y de cada lectura, acabo siendo amable, sintiéndome jovial, excitándome hasta el mejor extremo de los éxtasis, con un humor magnífico... me siento generoso e incluso aventurero en la palabra, descubro en mí un grado de ironía que no era hace un ratito... me alegro y me entusiasmo... me alegro a escribir y me entusiasmo a vivir.
Haber llegado al verbo de un tipo tan solvente como Oliverio, me ha proyectado con densidad hacia alguna forma de expresión que últimamente visito sin desmayo en prosa y verso.
•••
En un marco político realmente extraño, jugando a expandir su economía y con una sociedad en plena transformación, mi España de los 60-70 era un divino mar de contradicciones en el que todo era puro dinamismo... para empezar, crecían las ediciones de libros que no se habían podido leer durante el régimen fascista y, a su vez, se hacía mucho más grande la población universitaria... y junto a esa fuerza cultural emergente, un grupo de revistas que nos empezaron a abrir los ojos [“Triunfo”, “Cuadernos para el diálogo”, “El viejo topo”, “Ajoblanco”, “El hermano lobo”...]... y, con ellos, una nueva casta de pequeñas editoriales progresistas que empezaron a difundir el pensamiento de izquierdas, que quedaba muy chuli junto al crecimiento subversivo que emanaba de las universidades... todo un decorado de resistencia cultural que actuó de mecha para la bomba que nos imaginábamos [entonces los jóvenes nos sentíamos comprometidos con la voluntad de intentar un cambio social].
Desde el plano de la creación, los artistas intentan hacer el nudo con la soga cultural que se rompió con la guerra incivil española, procurando continuarla y, a la vez, obviar aquella cultura impuesta en la que los valores fascistas y la escolástica quisieron romper el caudal de una cultura que tenía su cauce bien trazado desde principios del siglo veinte.
Junto a todo lo dicho, hay que sumar las necesidades multiculturales de la pluralidad nacional que nos trajeron hasta esa cosa que se ha venido en llamar “memoria histórica”.
Una de las mejores bazas culturales radicó en qué, en un momento dado, toda opción cultural partía de una conciencie política que casi siempre era militante [de aquellos polvos tan estupendos hemos llegado a los lodos de hoy, es triste gracia, encontrándonos con una política deudora de sus antiguos intelectuales militantes, a los que agasaja sin medida y, lo que es peor, sin criterio, inflándolos de pasta oficial y de parabienes no merecidos en la mayoría de los casos].
Si hay un término que defina la cultura de aquellos años, ése es “heterodoxia”, desde la que se buscaban formas nuevas de expresión desmitificadoras, mucho sarcasmo y una hermosa sensación de esperanza y de innovación.
Los chicos de entonces no podíamos imaginar cómo íbamos a recalar en los hombres de hoy y, mucho menos, apenas podíamos imaginarnos que nuestros hijos iban a carecer por completo de todo aquel entusiasmo que sentíamos intensamente cada día... yo, al menos, he visto poco a poco cómo se han ido cayendo todos los palos del sombrajo que fue mi ideología, cómo no despierta interés mi lucha de años entre los que comen en mi mesa cada día, desde que nacieron, cómo todo lo que pensé sobre el mundo, todo lo que urdí a solas o acompañado, todo lo que supuso una opción entusiasmada de futuro... se ha quedado en esta mierda de mentes adormecidas por el jodido consumo.
En fin, una vida en balde.
•••
¡¡¡ALBRICIAS!!! Buscando libros sobrantes en mi biblioteca, con el fin de ponerlos a la venta en el mercadillo solidario SBQ del día 5 de junio, me encontré un ejemplar de mi librito de cuentos de 1997 "Angelitos negros". Hacía años que pensaba que me había quedado sin ejemplares [ni uno mío], por lo que me he pillado un subidón de la hostia.
El libro lleva ilustraciones del genial OPS [también conocido como El Roto o Andrés Rábago] y una serie de cuentos cortos en clave de chorro que escribí en 1996.
Estoy feliz, coño.
Monday, April 6, 2009
El destino de la mujer azul con la que soñé anoche.

6 de abril de 2009
Me escondí entre las sábanas con un agudo dolor de cabeza con el que no pudieron dos aspirinas juntas... veía chispitas si cerraba los ojos y cascos de caballos pisoteándome si los dejaba abiertos... no sé cómo caí en el sueño, ni cuándo, pero me desperté en el exacto momento en el que el reloj marcaba las 5:23 horas de la madrugada. Todo estaba oscuro y el dolor había bajado hasta la bóveda de mi boca y latía allí como un animal a punto de nacer. Tuve que levantarme para beber algo y para intentar bajar la intensidad del dolor con una pastilla nueva. Vomité y sentí un escalofrío tremendo que me lanzó a la cama buscando ese calor que había dejado. No pude dormir más hasta eso de las ocho... entonces fue cuando apareció la mujer azul desde el guiño del reloj digital de la mesilla, era como una mujer Chagall y una musa redonda de Elmer Batters mostrando todo el pan reciente contenido en sus caderas... y me quedé con ella para intentar quitarme ese diablo interior...
Llegó pálida y con esa mirada de los perros perdidos que buscan acomodo y sienten miedo. Llevaba un polo, de rayitas blancas, grises y negras, abierto hasta la hucha de sus pechos, que eran como un caviar desconocido o alguna envidia... y hacían en el vestido cierto asunto de percha sobre la que dejarse colgar mansamente a esa espera de siglos o segundos que sería tenerla entre los brazos... no supe de su olor, aunque deduje que olería a la brasa en la felpa o al ‘guardemos silencio’ de su blanda caja de caudales blancos... no pude averiguar cómo iba vestida de cintura para abajo, pues estaba en cierta fase lunar que lo ocultaba todo en una sombra como de ceniza... No sé por qué colegí que era azul, porque recuerdo bien que su piel era pura canela en la siesta de hormigas de su sangre bañando la piel como un racimo... pero era azul
“Muchas gracias”, le dije, y me miró asombrada justo antes de meterse conmigo entre las sábanas calientes y mostrarme el tamaño de su cuerpo tomando mi estatura de unidad y mi piel por apoyo. Sintiéndola acoplada, perfecta adaptación a cada sima mía y a cada monte, me deduje de sándalo y de germen. El abrazo fue uno y constante hasta el sueño, el roce era de prófugo y de cauce, el tacto era poroso –como de esponja–, el latido era par y el respirar unívoco, pues mi movimiento era exactamente el suyo... y su atraparme fue como de tuerca, una tuerca en perpetuo girar hacia mi cuerpo.
Ávida de mí, azul entera, con su polo de rayas blancas, grises y negras, me dejó sin querer y yo me daba cuenta de que me hacía piedra, me obtusaba de mí persiguiendo su himen, me revolvía entero.
Desperté, o eso creo, y pensé que no había dormido sino sobre la mujer azul, pegado a ella como un sudor, cubriéndola, enmarañándola, haciéndola de mí.
•••
Y busco como un cachorrillo curioso el poema 12 de ese “Espantapájaros” mágico de Oliverio Girondo... verbos de tres en tres, en gradación constante, para decirlo todo sin que yo pueda hacer nada:
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
¿A qué más?
Tuesday, February 10, 2009
¿Ser lo que miras o ser como miras?

10 de febrero de 2009
Hoy vi tristeza en los ojos de un amigo, y eso me preocupa, porque los sucesos llegan, nos tocan y pasan... pero la mirada compila y deja un rastro interior que es difícil de abarcar. Da igual que las cosas vayan bien, regular o mal... si la mirada quiere comerse el mundo y agotarlo, hay futuro... pero si la mirada decae, todo tiende a buscar torceduras y raras dobleces.
El mundo está duro para casi todos... la verdad es que siempre lo estuvo, pero hay que tirar de los recursos que tiene la sonrisa y caminar hacia ninguna parte con ganas y con hambre, con la frente abierta.
Quiero pensar que esta mirada triste de mi amigo es solo ocasional, que cambiará mañana por esa otra mirada tan suya que es capaz de todo.
Yo intentaré poner lo que pueda de mi parte.
[a Pepe H.]
•••
Acuso recibo del último poemario de Encarna Lara [“Desde la orilla”], editado por el Ayuntamiento de Cuevas de San Marcos. Gracias por acordarte de mí, Lara. Lo leeré con cariño y atención.
•••
Caminar con la muerte al lado, como una medusa dispuesta a digerirte, debiera ser la norma, pero no es común más que en los ancianos y los lúcidos. Caminar con la muerte y sentirla como lo más cercano y familiar es una actitud absolutamente vital, y también práctica.
•••
Y, sin embargo, cada mañana decido existir, aunque sea para escribir como hoy, a tirones. Decido existir, y lo hago con voluntad de quedarme prendido por el pecho en estas palabras, como algo entomológico... para un coleccionista.
•••
Quisiera visitar mis pensamientos muertos para llevarles flores, pero quedaron al raso y fueron despojos para las alimañas. Busco entre mis papeles sus blancos esqueletos, sus huesos afilados, sus cenizas.
•••
Cuando me dé cuenta de que crear silencio es el mejor certificado de vida... quizás ya no tenga tiempo.
•••
Dejar que me succione el espejo y se quede con esta anatomía del fracaso y estalle en mil añicos... y que tú, al mirarte en ellos, me veas tan igual a ti como nunca pensaste, tu gesto son mis trazos... yo, tu imagen pendiente.
•••
Se me ha inflamado un poema y supura por su vientre ese pus tan prosaico de los poetas enfermos.
•••
Me dice Paco: “ya no puedo agacharme, macho”... yo le contesto: “yo ya no puedo erguirme, amigo”.
•••
Quienes buscan sujetarse destruyendo el eslabón más débil también morirán un día, y lo harán peor.
•••
Venus llora porque perdió los brazos y no puede tocarse.
•••
Lluvia y persianas... ¿se puede tener más?
•••
En vez de izar banderas, debieran izar sus pollas... jodidos militares.
•••
Que el poema respire... y luego expire.
•••
Repite lo que no es hasta que sea... alcanzarás la gloria.
•••
Solo cuando acaricies el papel habrá un poema... lo demás son manchas.
•••
La mayor corrupción consiste en creer que algo está hecho.
•••
Lo único prodigioso que puedo hacer con mi obra es romperla entera.
•••
Cuando me siento desorientado es que algo funciona bien.
•••
Vi cómo un perro levantaba la pata y orinaba en los muros de la Facultad de Letras salmantina... después olió su orín y siguió su camino lentamente. Cuánto saben los perros.
•••
No quiero mezclar mi existencia con la de los demás... eso me hace muy vulnerable.
•••
De algunos libros solo merecen la pena sus márgenes.
•••
¿De qué me arrepentiré un minuto antes de morir?
•••
Y despido con una perla mágica de Oliverio Girondo:
Mi abuela —que no era tuerta— me decía:
«Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas!
«No te limpies los dientes, por lo menos, con los sexos usados. Rehuye, dentro de lo posible, las enfermedades venéreas, pero si alguna vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis, no trepides un solo instante: ¡El mercurio es mucho menos pesado que la abstinencia!
«Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo confíes ni a los gatos. Recuerda que nunca encontrarás un sitio mejor donde meter la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más un sexo en la mano que cien volando».
Pero a mi abuela le gustaba contradecirse, y después de pedirme que le buscase los anteojos que tenía sobre la frente, agregaba con voz de daguerrotipo:
«La vida —te lo digo por experiencia— es un largo embrutecimiento. Ya ves en el estado y en el estilo en que se encuentra tu pobre abuela. ¡Si no fuese por la esperanza de ver un poco mejor después de muerta!...
«La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita, saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una silla en transatlántico.
«Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. El dolor de muelas, las estadísticas municipales, la utilización del aserrín, de la viruta y otros desperdicios, pueden proporcionarnos una satisfacción insospechada. Abre los brazos y no te niegues al clarinete, ni a las faltas de ortografía. Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra.
«¡La imitación ha prostituido hasta a los alfileres de corbata!».
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Acuso recibo del último poemario de Encarna Lara [“Desde la orilla”], editado por el Ayuntamiento de Cuevas de San Marcos. Gracias por acordarte de mí, Lara. Lo leeré con cariño y atención.
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Caminar con la muerte al lado, como una medusa dispuesta a digerirte, debiera ser la norma, pero no es común más que en los ancianos y los lúcidos. Caminar con la muerte y sentirla como lo más cercano y familiar es una actitud absolutamente vital, y también práctica.
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Y, sin embargo, cada mañana decido existir, aunque sea para escribir como hoy, a tirones. Decido existir, y lo hago con voluntad de quedarme prendido por el pecho en estas palabras, como algo entomológico... para un coleccionista.
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Quisiera visitar mis pensamientos muertos para llevarles flores, pero quedaron al raso y fueron despojos para las alimañas. Busco entre mis papeles sus blancos esqueletos, sus huesos afilados, sus cenizas.
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Cuando me dé cuenta de que crear silencio es el mejor certificado de vida... quizás ya no tenga tiempo.
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Dejar que me succione el espejo y se quede con esta anatomía del fracaso y estalle en mil añicos... y que tú, al mirarte en ellos, me veas tan igual a ti como nunca pensaste, tu gesto son mis trazos... yo, tu imagen pendiente.
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Se me ha inflamado un poema y supura por su vientre ese pus tan prosaico de los poetas enfermos.
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Me dice Paco: “ya no puedo agacharme, macho”... yo le contesto: “yo ya no puedo erguirme, amigo”.
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Quienes buscan sujetarse destruyendo el eslabón más débil también morirán un día, y lo harán peor.
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Venus llora porque perdió los brazos y no puede tocarse.
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Lluvia y persianas... ¿se puede tener más?
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En vez de izar banderas, debieran izar sus pollas... jodidos militares.
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Que el poema respire... y luego expire.
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Repite lo que no es hasta que sea... alcanzarás la gloria.
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Solo cuando acaricies el papel habrá un poema... lo demás son manchas.
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La mayor corrupción consiste en creer que algo está hecho.
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Lo único prodigioso que puedo hacer con mi obra es romperla entera.
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Cuando me siento desorientado es que algo funciona bien.
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Vi cómo un perro levantaba la pata y orinaba en los muros de la Facultad de Letras salmantina... después olió su orín y siguió su camino lentamente. Cuánto saben los perros.
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No quiero mezclar mi existencia con la de los demás... eso me hace muy vulnerable.
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De algunos libros solo merecen la pena sus márgenes.
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¿De qué me arrepentiré un minuto antes de morir?
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Y despido con una perla mágica de Oliverio Girondo:
Mi abuela —que no era tuerta— me decía:
«Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas!
«No te limpies los dientes, por lo menos, con los sexos usados. Rehuye, dentro de lo posible, las enfermedades venéreas, pero si alguna vez necesitas optar entre un premio a la virtud y la sífilis, no trepides un solo instante: ¡El mercurio es mucho menos pesado que la abstinencia!
«Cuando unas nalgas te sonrían, no se lo confíes ni a los gatos. Recuerda que nunca encontrarás un sitio mejor donde meter la lengua que tu propio bolsillo, y que vale más un sexo en la mano que cien volando».
Pero a mi abuela le gustaba contradecirse, y después de pedirme que le buscase los anteojos que tenía sobre la frente, agregaba con voz de daguerrotipo:
«La vida —te lo digo por experiencia— es un largo embrutecimiento. Ya ves en el estado y en el estilo en que se encuentra tu pobre abuela. ¡Si no fuese por la esperanza de ver un poco mejor después de muerta!...
«La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas. Poco a poco nos aprisiona la sintaxis, el diccionario, y aunque los mosquitos vuelen tocando la corneta, carecemos del coraje de llamarlos arcángeles. Cuando una tía nos lleva de visita, saludamos a todo el mundo, pero tenemos vergüenza de estrecharle la mano al señor gato, y más tarde, al sentir deseos de viajar, tomamos un boleto en una agencia de vapores, en vez de metamorfosear una silla en transatlántico.
«Por eso —aunque me creas completamente chocha— nunca me cansaré de repetirte que no debes renunciar ni a tu derecho de renunciar. El dolor de muelas, las estadísticas municipales, la utilización del aserrín, de la viruta y otros desperdicios, pueden proporcionarnos una satisfacción insospechada. Abre los brazos y no te niegues al clarinete, ni a las faltas de ortografía. Confecciónate una nueva virginidad cada cinco minutos y escucha estos consejos como si te los diera una moldura, pues aunque la experiencia sea una enfermedad que ofrece tan poco peligro de contagio, no debes exponerte a que te influencie ni tan siquiera tu propia sombra.
«¡La imitación ha prostituido hasta a los alfileres de corbata!».
Sunday, January 18, 2009
Hacia lo que está oculto.

18 de enero de 2009
Nos mueve siempre la curiosidad hacia lo que está oculto... de ahí el combustible para seguir cada mañana. Curiosidad hacia el otro, hacia las cosas, hacia los hechos que no nos explicamos... y amamos por curiosidad, odiamos por curiosidad, aprendemos y desaprendemos por curiosidad hacia lo que se oculta a nuestros ojos o a nuestro entendimiento... y también necesitamos la curiosidad y lo oculto porque nos excita su existencia posible o imposible.
•••
Decía Valéry que “más vale ser amado que ser comprendido”. Quizás esté muy por encima de la comprensión y el amor el ser seguido.
•••
Soy naïf en casi todo porque no estoy formado, y ser naïf en un tiempo complejo es demostrar mi inutilidad técnica y la incapacidad para ponerme en mi tiempo con solvencia... y encima lo muestro y lo demuestro... ¡estúpido vanidoso!
•••
Recuerdo ahora unas palabras del amigo Ariel Luque en su blog cinéfilo:. “poesía e imagen... algo así como un misterio”, y me pongo a recordar con cierta cosita Terenci la mirada del gran Antonin Artaud en “La pasión de Juana de Arco” [dura poesía entre cruces], la extraña lírica romántica del gesto pensativo de Musidora [que tanta cuerda dio a André Breton y a los suyos], el ambiente más Poe de “El estudiante de Praga” [puro expresionismo molón y casi Grotz], el contrapunto de miradas hoscas y virginales en “El manantial de la doncella” [lo habría envidiado Isidore Ducasse], la boquita llorona de Hardy en “Quesos y besos” [poesía sincopada del absurdo más cándido], Buster sobre su pony mirando al horizonte en “La ley de la hospitalidad” [digno de Nicanor Parra o del mejor Oliverio Girondo], la Dietrich en “Desiré” [poesía de ojos caídos y piel vuelta]... o todo Lubistch entero.
Veo algunos fragmentos de estas pelis y me tiro a escribir como un obrero, a lo que salga, palada a palada, porque son la hostia.
Saturday, May 31, 2008
Si decidieras buscarme...

Si decidieras buscarme cualquier amanecida, estoy en las arias para Durastanti intentando completar un verso, en el cuadro de Balthus ‘La montaña’ [caminando al fondo a la derecha], junto a Janus Lacinius en la ‘Pretiosa Margarita’ o en la noche saturnal de Isaac Hollandus, en la ‘Geometría Divina’ de Durero, en la canción ‘It’s all over now’ de Boby Dy, en cualquier fotografía de Doisneau, hurgando en el sostén de La Grandisca Fellini o junto al Tío Alfredín, ‘El Puspús’, en las mágicas Aguas Esmaltadas de Manolillo Díaz Luis…
Sin embargo, si me buscases en los mediodías, suelo pasarme largos ratos dans le Cimetière Marine, con Valéry…
Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recomencé
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!
Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.
Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence!... Édifice dans l'ame,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!
Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.
Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.
Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.
L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi!... Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.
O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!
Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.
Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!
Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!
Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence...
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.
Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.
Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant!...
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.
Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.
Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!
Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!
Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!
Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irrefutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!
Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!
Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil... Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!
Non, non!... Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme... O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.
Oui! grande mer de delires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil
Le vent se lève!… il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux rejouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!
… o en las arcadas de una plaza vieja con castillo, o en un artefacto Leonardo dibujado a sanguina en una cuartilla carcomida, o en una miniatura de Alcaíns en ‘Sepulcro en Tarquinia’…
Si tu afán fuera verme en las tardes, cuando el sol se decide a acostarse, búscame sin dudarlo en un verso difícil de Oliverio Girondo, en los espectros mágicos del ‘Protogaea’ de Leibniz o en los textos científicos de Jhon Burdon Sanderson Haldane, en una canción lenta de Nina Kinert, en un texto Pavese o en un llanto Pizarnik, mirando con malicia ‘Desnuda en el sillón’ de Gustave Caillebotte o hablando con mi Buk de Sheri Martinelli…
Pero si me quisieras de noche, en esa hora del génesis oscuro, indaga un sephiroth de Georg von Welling o la cópula Pvtrefactio del Domun Dei, mira en el torbellino imperceptible de lo espetral; suponme duende, garganta, péndulo, entraña, herida… busca en el terciopelo de lo negro y me verás tan amputado como soy, tan indefenso como un animalillo herido en una pata… persígueme en las trampas y el azufre, en las llagas de vino, en el frío relente de lo que ha de venir con la mañana.
Yo siempre estaré allí, carbonizado como una víctima del Vesubio, con forma de tapir y la piel de cebolla, esperando a que llegues… y también a que te vayas.
•••
Cielo raso con una luz difusa
que mira, cenital, cómo palpito
siendo par mediodía y breve tumba
que me ve comenzar cada minuto.
Acostumbrarme a ti me pone un luto
que en su negro satén me desalumbra
mientras que en mi cabeza yo repito
la danza de tus pechos en la blusa.
*Experimento de medición y rima porque estaba aburrido como una jodida ostra.
•••

Soy accidental en todo, porque soy el portador del esperma capaz de dibujar un cántaro en el que conservar la agitación que supone la vida y no tramito mi paso en esa consideración [que debiera ser constante]. Mi fin último habría de fundarse en todo lo que ardiera para pulir mi genética, y dejar así un resto mejorado de lo que se me entregó sin conciencia para ser llevado al infinito posible.
Tendrían que haberme enseñado desde chiquitillo que la muerte individual es perder todo, sin dejarme siquiera el resquicio de un dios para después; que el hombre es un ser lanzado a la vida como un uno que contiene a toda la humanidad, un uno vivo y capaz de evolucionar por voluntad propia… pero soy accidental y presumo cada sorpresa como una agitación, y dibujo sin una idea clara de la mancha final a la que debo llegar.
Andaba hace un par de días Antonio G. Turrión enredado en el “optimista a tiempo total”, y hablaba específicamente del “optimista bien informado”, tipo con el que quiero comulgar desde mi mirada al mundo, el que quiero ser siempre. Y quiero serlo porque sé que soy un edificio de moléculas y células, de axones y dendritas, de sales minerales y agua simple, un tipo en constante germinación y muerte de sus partes biológicas y en proceso insaciable de cambio de sus átomos; un mundo inseparable de los demás mundos que bebe inexorabilidad a la vez que respira.
En tal certeza estoy, que prefiero figurarme accidental y sonriente ante todo, simple en mis deducciones y concreto en mis actos, tomado cada minuto por la sorpresa que colma y no por la que derrota. Ser un triste es tomar la degradación del uno descartando la evolución del todo, no sentir el mal individual como paso preciso al desarrollo de lo que ha de ser gozoso, quedarse en el ceño fruncido y no tener determinación para pasar a la ofensiva decidida. La vida es inseparable del triste como del optimista mientras ambos respiran, y la muerte también. ¿A qué, entonces, verlo todo en gramos de dolor y en miligramos de consuelo?, ¿por qué no reírse a mandíbula batiente del mal propio y sopesar el ajeno como normal decurso del prodigio que es la vida?
Soy un tipo que sabe que la esperanza de vida en condiciones más o menos dignas alcanza hasta los setenta años en Europa, y por ello percibo que el tiempo que rebose de esa edad cumplida es regalo a gozar, y por tanto una sonrisa por cada día de más, y no un dolor, y no una pena, y no una cuita… hemos de morir, por tanto, ¿a qué darle las vueltas al final haciendo pucherines, si cada nuevo día es un comienzo?, ¿por qué ese egoísmo conservador del ser y estar que te lleva a no poder ser ni poder estar por puro decaimiento?
Hay dos formas preclaras de estar en el mundo [independientemente de los procesos reflexivos que le hagan a uno más o menos conocedor de su estadía en estos lares]: sonriendo ante la inexorabilidad o doliéndola.
Yo prefiero descojonarme de risa, aunque sea una risa floja.
Sunday, April 27, 2008
Miradas*

Mírame andar, que ayer me falló la rodilla y me fui al suelo. Estoy empezando a pagar mis 29 años de basket y todas las tensiones estúpidas a las que sometí a mi cuerpo, pero me lo pasé de puta madre.
Mírame andar sin que te vea, y notarás cómo me he puesto viejo, cómo mis hombros caen y mis pies arrastran, pero me lo pasé de puta madre.
Mírame andar sin que te vea y sin que te sienta, y verás como migran los pájaros, cómo la luna busca un desfase entre nubes, cómo la orilla del otro lado se acerca poco a poco, cómo la carne crepita y huele, cómo no importa lo que fue y sí lo que haya de venir… Mírame y piensa en una noche de alimañas y espíritus, en una controversia y en un absurdo, en el rastro del animal herido, en la feria incendiada de luces y un hombre solo, en la costra que protege la herida, en el pañuelo blanco… o, si quieres, mejor mírame con deseo, aunque me quede poco que ofrecer, o con ganas de morderme el muslo, o con incontinencia por hacerme la boca nueva… me da lo mismo siempre que no me mires con conmiseración. Mírame, en todo caso, para que pueda quedarme a vivir en tus ojos un ratito, para quemarme con tus rayos de láser, para dejar caer tus bombas atómicas sobre mi espalda sin que yo sienta nada… pero que presienta.
Mírame andar y verás el pasado completo del hombre, el medioevo de un gesto común, el justo instante de la ira antes del combate, el pretacto de amar, la sensación de vértigo de quien penetra y sale, el agosto del cuerpo, la líquida lujuria de un hagámoslo ahora, el antiguo régimen, el nuevo, el renacimiento entero y las postmoderna cojera patizamba de mi pierna izquierda.
Mírame andar sin que te vea y sabré que me miras, porque hay un hombre igual que yo que pervive en tu sombra y la alimenta.
La soledad es un arte mayor que me fascina.
*[Debo dejar de leer a Oliverio Girondo... o debiera pohibírmelo mi médico de cabecera]

•••
Las mandarinas se pelaban con la mano y quedaba el perfume durante horas mientras en la tahona del tío Jerónimo se hacían hornazos fuera de temporada. Todo era blanco en aquel subsótano, que daba al río, en el que el calor del horno y el penetrante olor a cualquier cosa recién hecha lo configuraba en paraíso menor y subterráneo. Las bandejas, renegridas de los miles de horneadas que habían sufrido, se apilaban como pizarras viejas sobre unas enormes estanterías de madera burda. Allí se hacía todo lo que pueda imaginarse que necesitase un horno de leña: tostones asados, mazapanes, polvorones, bollos de infinitas formas, pan de pueblo, magdalenas con azucarón, bollas, mojicones, colines, chiquitillos, milhojas, empanadas… y el tío Jerónimo lucía una boina blanca, un mandilón, una camisona regazada y su eterna colilla de tabaco de liar colgada entre los labios. Era brusco, pero tierno; callado, casi hermético… y de vez en cuando me decía: ‘pilla una pasta, Felipón, que están calientes’. Yo le sonreía y pillaba un puñao de aquellas pastas de nata con formas de corazón, estrella, luna, conejito… y me las comía sentado en el escalerón de piedra. A veces, sin venir a cuento, le gritaba: ‘¡Tío Jerónimo, ¿iremos a pescar?!’… ‘Claro, Felipón, el domingo a las siete te quiero ver en la gasolinera de Bernal con la pesquera al hombro, que esta semana hay trepa de bogas y vamos a ir a las chorreras con cinco anzuelos… van a engancharse hasta por la cola, ya verás… pero esta vez no te pongo yo el cebo, eh, que tienes que aprender… y lo mismo hasta pillamos algún barbo grande o una buena trucha, que el tío Jerónimo es un campeón.’… y seguía amasando rebozado en harina, y a mí me parecía que Dios tenía que ser igual que el tío Jerónimo… Y se murió un día, no sé de qué, y se me borró de la memoria como por arte de magia, y hoy ha vuelto a visitarme, sin más, con la tía Eugenia y su moño trenzado.
Tuesday, February 26, 2008
Odio los periodos electorales.

Hay cierta minusvalía social en esto de la política que me hace vomitar. No me jodas, que un ciudadano adulto, a estas alturas del cocido, no tenga claro quién es quién y de qué va cada uno… y junto a ello, esa inmoralidad cabrona del gasto bestial en papeles para tirar y en absurdas vaciedades. Que el político piense aún que puede cambiar la opinión de un ciudadano a base de diseñito y miradas lánguidas o enérgicas, con insultos o con imprecaciones teatrales [y que eso sea verdad, que lo es], habla con claridad meridiana de la carne de asno que puebla estas tierras adocenadas.
Debiera prohibirse hacer campaña electoral, y más gastarse un solo euro de la gente en el juego de convencer por el engaño. Lo suyo sería obligar a veinte días de silencio político absoluto para que la gente pensase [o por lo menos dejase de oír estupideces] y decidiese su voto sólo en función de lo vivido [no de lo vendido o regalado en tres semanas].
Y todo ese dinero malgastado en la puñetera promoción de uno solo, invertirlo en algo positivo y tangible para el ciudadano.
Anoche me quedé flipando cuando vi que un 9 % de personas había manifestado que el debate asqueroso les hizo decidir su voto. ¿En qué mundo vivimos? Ciudadanos (?) incapaces de haberse hecho con un criterio en cuatro años [y esta legislatura ha sido preclara para tomar partido –por su tufo cainita–], toman la decisión de su sufragio por una mirada, por la caidita de unas cejas, por un reproche o un insulto, por una corbata o por un plano corto. No me extraña cómo vamos y no me extrañará a dónde llegaremos [y no será culpa de los políticos –que la tienen también, claro–, que será culpa de una ciudadanía inmadura y sin criterio].
Odio los periodos electorales.
•••
El Arte debe ser ‘descolocado’ en su concepción y en sus resultados, no debe admitir el orden, ni esa limpieza impoluta de las amas de casa… por eso me suele decepcionar lo que veo: obras de tipos que no se han manchado, lavadas como el culo de un niño y puestas a orear en marcos y en espacios impecables. Eso es ‘decoración’ para una revista de fin de semana o para la sala de estar de un nuevo rico. Estoy muy decepcionado de todas las propuestas artísticas que he visto últimamente, tanto o más que con los últimos libros de poesía que he leído. O poetas impecables o estúpidos que escupen hacia fuera palabras inconexas [me siguen pareciendo malísimos los dos, por indecentes]… charlatanes sin dudas sobre sí mismos.
Hay que mancharse hasta lograr que el poema sea como los desconchones de una pared o como la gotera del último piso del edificio en el que vivo… que sude el cabrón, que se orine, que nunca sea una victoria antes que una derrota decente.
Un golpe en el mentón y que la cabeza se gire cortando el riego al cerebro… o un golpe bajo con los nudillos… así debe sentirse un buen poema y así debe darse.
•••

Yo no soy de cuando Menéndez Pelayo escribió la ‘Epístola a Horacio’, ni de cuando los yambos y los pirriquios del sembrado maestro, ni de cuando el mal papel ‘ad usum scholarum’ [ahora se clavicordian ediciones escolares con reserva y barnices, con DVD en adjunto, tiro en cuatricromía y papel marca al agua castigado a troquel y golpe seco… total, nos sobran árboles y tiempo]. No soy de cuando el ‘mujeril deseo’, ni de cuando la yedra ciña frentes, ni del tiempo esmaltado en el sonido lúbrico de las flautas de Euterpe.
Soy de la falsa sabiduría de los hombres ablandados, del serpeo vital, de lo violable, de la sangre mirada en las pantallas de líquido cristal, del riesgo bien medido y del descaro, de lo atónito que me abre la boca como a un tonto real, de cualquier cibermística de albiones [o britanos] caracteres, de los jeans de algodón teñido en índigo, de la carne gozada de antemano, del saurio amancillado en la tetilla como signo de statu, de esa mengua cabalística y bancaria que esclaviza en porcientos de por vida, del puro simulacro, de esa Roma novísima que recicló su nombre por NY y se hizo decadente y transatlántica, de la gente alevosa y pestilente… También soy parte de lo que está ocurriendo, quien prende el fuego y huye, quien siendo disoluto se empecina, Villon, Tarzán de esquina, el cordero de Dios, la eléctrica mujer que me cabalga, el suero en cualquier brazo, la lengua que ahora lame el jugo entre unas piernas, el que busca en arcadas vaciarse, el que va a la cabeza de sí mismo, el que le hace a los demás el favor de marcharse para que se sientan bien, el que no guarda copias del día anterior y se le olvida, Oliverio Girondo, abril lloviendo, el mar, el bar y la pobre prostituta de la esquina.
Thursday, October 18, 2007
Hay que buscarlo... al poema.
En los días como el de hoy, con la resaca de un trabajo intenso de ayer que se extendió hasta casi las cuatro de la madrugada [doce horas continuadas de generoso encaje de bolillos horteras], me pongo como ‘en la masmédula’ del gran Oliverio Girondo y, mientras desato imágenes y las optimizo en un tiff viable o trazo textos enormes en tipografía austriaca para lograr un pdf que aguante una filmación correcta, repentizo versos sin sentido ‘consentido’ alguno para matar el hambre y las ganas de mandarlo todo a tomar por el culo.
Y mientras mis párpados quieren caer por su peso, busco ‘En la masmédula’ en mi biblioteca… pero solo encuentro un viejo ejemplar de ‘Persuasión de los días’ en el que tengo marcado en rojo un ‘Atardecer’ magnífico y Girondo total que viene al pelo a este atardecer que hoy me tiene agotado en su cuesta:
Íbamos entre cardos,
por la huella.
La vaca me seguía.
No quise detenerme,
darme vuelta.
La tarde, resignada,
se moría.
Íbamos entre cardos,
por la huella.
Su sombra se mezclaba
con la mía.
Yo miraba los campos,
también ella.
La vaca, resignada,
se moría.
Y me faltó el tabaco justo cuando no podía salir a la calle a buscarlo, y me irrité hasta el punto de enganchar una serie de imprecaciones vanas, al uso de mi abuela cuando escuchaba aquella música de los partes radiofónicos franquistas/fascistas… ‘Hijosputascabronesmamapollaspeseterospatanescacatúas’… [ella incluía cada dos o tres golpes de voz un ‘asesinos’], y rebusqué en los ceniceros de la imprenta hasta que encontré un par de colillas viables con las que doparme un poquitín.
No nací para trabajar y mi fracaso es tener que hacerlo a pesar de haber intentado buscarlo desde la opción de empresa [el empresario pequeño y pobre trabaja más, mucho más… y está también más jodido, porque todo parte en su contra y está pensado para hundirle].
Seguí buscando ‘En la masmédula’, pero nada… hasta que caí en la cuenta de que mi herramienta global favorita me lo proporcionaría al instante… ‘Hay que buscarlo’…
En la eropsiquis plena de húespedes entonces meandros de
espera ausencia
enlunadados muslos de estival epicentro
tumultos extradérmicos
excoriaciones fiebre de noche que burmua
y aola aola aola
al abrirse las venas
con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que
buscarlo
al poema
Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio
Desnudo
Desquejido
sin raíces de amnesia
en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de
medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con
aliento a zorrino
y a rumiante distancia de santas madres vacas
hincadas
sin aureola
ante charcos de lágrimas que cantan
con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso
lúcido beodo
inobvio
entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente
antes que se dilate la pupila del cero
mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que
brotan del intrafondo eufónico
con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente
hay que buscarlo
al poema
•••
… y pues eso hago, mientras me humillan los que no podrían hacerlo de otra forma que no fuera encargándome trabajos para poder pillar las pelas suficientes para el café del día, para el tabaco justo [y necesario], para engordar la yema familiar de hijos y de abuelos, para pagar la luz y sus desaires, para la gasolina, para el agua, para la justa sed de todo lo innecesario que se ha hecho costumbre.
Hay que buscarlo.

(22:49 horas) Oye, que me metí en harina con Oliverio y ya voy por el tramo 14 de su ‘Espantapájaros’, en el que cuenta que su abuela le decía: “Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas! Lo que es la sabiduría puesta por la edad, una abuela que ya pilló en su día el asunto de los caminos paralelos que presta la imaginación bien desarrollada, esa imaginación que te da todo lo que deseas sin enredarte en problemas de relación, esa imaginación que propicia la autogestión del cuerpo y el espíritu, así como la individualidad sin tener que andar molestando al otro en vano.
Estoy disfrutando como un crío con esta lectura.
Y mientras mis párpados quieren caer por su peso, busco ‘En la masmédula’ en mi biblioteca… pero solo encuentro un viejo ejemplar de ‘Persuasión de los días’ en el que tengo marcado en rojo un ‘Atardecer’ magnífico y Girondo total que viene al pelo a este atardecer que hoy me tiene agotado en su cuesta:
Íbamos entre cardos,
por la huella.
La vaca me seguía.
No quise detenerme,
darme vuelta.
La tarde, resignada,
se moría.
Íbamos entre cardos,
por la huella.
Su sombra se mezclaba
con la mía.
Yo miraba los campos,
también ella.
La vaca, resignada,
se moría.
Y me faltó el tabaco justo cuando no podía salir a la calle a buscarlo, y me irrité hasta el punto de enganchar una serie de imprecaciones vanas, al uso de mi abuela cuando escuchaba aquella música de los partes radiofónicos franquistas/fascistas… ‘Hijosputascabronesmamapollaspeseterospatanescacatúas’… [ella incluía cada dos o tres golpes de voz un ‘asesinos’], y rebusqué en los ceniceros de la imprenta hasta que encontré un par de colillas viables con las que doparme un poquitín.
No nací para trabajar y mi fracaso es tener que hacerlo a pesar de haber intentado buscarlo desde la opción de empresa [el empresario pequeño y pobre trabaja más, mucho más… y está también más jodido, porque todo parte en su contra y está pensado para hundirle].
Seguí buscando ‘En la masmédula’, pero nada… hasta que caí en la cuenta de que mi herramienta global favorita me lo proporcionaría al instante… ‘Hay que buscarlo’…
En la eropsiquis plena de húespedes entonces meandros de
espera ausencia
enlunadados muslos de estival epicentro
tumultos extradérmicos
excoriaciones fiebre de noche que burmua
y aola aola aola
al abrirse las venas
con un pezlampo inmerso en la nuca del sueño hay que
buscarlo
al poema
Hay que buscarlo dentro de los plesorbos de ocio
Desnudo
Desquejido
sin raíces de amnesia
en los lunihemisferios de reflujos de coágulos de espuma de
medusas de arena de los senos o tal vez en andenes con
aliento a zorrino
y a rumiante distancia de santas madres vacas
hincadas
sin aureola
ante charcos de lágrimas que cantan
con un pezvelo en trance debajo de la lengua hay que buscarlo
al poema
Hay que buscarlo ignífero superimpuro leso
lúcido beodo
inobvio
entre epitelios de alba o resacas insomnes de soledad en creciente
antes que se dilate la pupila del cero
mientras lo endoinefable encandece los labios de subvoces que
brotan del intrafondo eufónico
con un pezgrifo arco iris en la mínima plaza de la frente
hay que buscarlo
al poema
•••
… y pues eso hago, mientras me humillan los que no podrían hacerlo de otra forma que no fuera encargándome trabajos para poder pillar las pelas suficientes para el café del día, para el tabaco justo [y necesario], para engordar la yema familiar de hijos y de abuelos, para pagar la luz y sus desaires, para la gasolina, para el agua, para la justa sed de todo lo innecesario que se ha hecho costumbre.
Hay que buscarlo.

(22:49 horas) Oye, que me metí en harina con Oliverio y ya voy por el tramo 14 de su ‘Espantapájaros’, en el que cuenta que su abuela le decía: “Las mujeres cuestan demasiado trabajo o no valen la pena. ¡Puebla tu sueño con las que te gusten y serán tuyas mientras descansas! Lo que es la sabiduría puesta por la edad, una abuela que ya pilló en su día el asunto de los caminos paralelos que presta la imaginación bien desarrollada, esa imaginación que te da todo lo que deseas sin enredarte en problemas de relación, esa imaginación que propicia la autogestión del cuerpo y el espíritu, así como la individualidad sin tener que andar molestando al otro en vano.
Estoy disfrutando como un crío con esta lectura.
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