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Saturday, December 25, 2010

Tres hermosos vencidos [una exposición fundamental en el Casino Obrero de Béjar]



Ayer pasé el día medio dormitando metido en mi estudio, como vaciado de un no sé qué que me obligaba a estar en tono bajo y que presagiaba que algo importante iba a suceder y que debía estar preparado con toda mi energía acumulada para el momento preciso. A las seis de la tarde decidí hacer una de esas performances que se me ocurren a final de año para soltar algo de tensión y luego subí hasta NOTESALVES para hacer acto de presencia en mi exposición de obra... allí había una pareja de conocidos mirando los cuadros y nos saludamos... el tipo me dijo... “hay que ver las vueltas que da la vida, quién iba a imaginar esto”... y yo le contesté que la vida no da vueltas, que todo fluye y cada uno termina siendo el fruto de sus cobardías y sus miedos... “pero yo no imaginaba este mundo que nos presentas ahora, así, en crudo... te conocía y nunca hubiera pensado que estabas en esto”... entonces es que no me conocías, amigo –le contesté–, solo me veías pasar... y ahí quedó la cosa mientras su compañera andaba en “este cuadro me gusta más que ése” y él sonreía mientras miraba mis garabatos. Me despedí y me acerqué a ver la exposición que mantienen abierta en estos días Antonio Garrido, Alberto Hernández y Manuel García Blázquez en el Casino Obrero bejarano... y eso era lo que me iba a suceder, lo que estaba previsto en mi imaginario sin que yo fuese consciente de ello...
Llegué a la entrada del Casino Obrero aterido de frío, que el día estaba cabrón de grados, y me jodió un punto ver la tristeza del lugar... el bar y los salones cerrados y con sus luces apagadas... y una luz macilenta alumbrando la escalera que lleva a la sala de exposiciones, una escalera antigua con las paredes llenas de desconchones, deslucidas a más por una serie de cuadros dispares mal colocados... el estado del lugar no hacía presagiar lo que iban a ver mis ojos.
Al asomarme a la sala, me encontré a Antonio y Alberto charlando con Eloy y con Manolo Paíno, amigos incombustibles que siempre están cuando se precisa. Saludé y me fui directo a los cuadros... los miré con detenimiento, uno a uno, tomando distancia y acercándome para pillar detalles... y enseguida comprendí que estaba ante una muestra moderna, arriesgada, elegante, fresca, brillante... obras dispares que me hacían saltar de sensibilidad y una sorpresa tras otra al ir descubriendo a un Alberto absolutamente pictórico y en un nuevo proceso de investigación interesantísimo [presenta lienzos grandes y brillantísimos el cabronazo], con cuatro líneas distintas de trabajo muy determinadas traídas de su trasunto cerámico... unos lienzos muy orientales de muñeca libre y trazos gruesos, otros con sus juegos de peces llevados a un juego sin fuego, otros con geometrías sobre superficies diáfanas de color y otros de manchas contrastadas sobre fondos críticos muy interesantes... solo con esto ya andaba yo flipando en colorines, sintiéndome un ser especial por poder asistir a un flujo creativo inagotable y de una altura muy destacada... y pasé de pronto a los cuadros de Antonio Garrido... otro mundo, otra estética, otro sistema y otras formas de hacer y entender el arte... dos cuadros de arranque con alto contenido intelectual sobre una misma nada en difumino [un paisaje plano con horizonte sobre el que dos mujeres juegan al juego del reconocimiento y el recuerdo en ese gesto tan frecuente de quien posa y de quien toma una fotografía... y el mismo paisaje plano con una estructura de espera perfectamente encajada en ese juego antiguo de la geometría proyectiva que se ocultaba en los cuadros del Renacimiento]... y luego la ebriedad, la pura ebriedad unida al sarcasmo, a la ironía, a la pura guasa y al pensamiento más elaborado de un verdadero intelectual sin ínfulas, que es lo que es el magnífico Antonio Garrido [lástima que no se prodigue en darse a conocer, porque tendríamos de seguro a uno de los pintores más seguidos, por valores reales, de este siglo, y no exagero, que basta ponerse delante de sus obras para tomar consciencia de ello]... seguían unas obras magníficas y jocosas con el tema recurrente de la clásica imagen de Freud fumando, de las que me pareció absolutamente genial una presentación en la que la imagen del filósofo del psiconálisis se repite de forma especular y el humo de su cigarro invade y molesta a la figura de enfrente y viceversa... todo un tratado sobre la condición humana y todo un resumen, lleno de ironía y escepticismo, sobre el valor del hombre enfrentado a sus máscaras... y el salto siguiente llevaba a dos hermosas láminas seriadas que son pura representación del sarcasmo, verdaderas bofetadas intelectuales llenas de crítica y razón... una sobre la religión, en la que Antonio muestra crasos rostros de diversos ‘generales’ de la Iglesia Católica riendo a carcajadas [¿de qué?... ¿de quién?... ¿por qué?]... y otra lámina en la que el mismo rostro de un militar rollizo [con aspecto de ser de la Europa del Este o quizás ruso] se repite moviendo un palillo en sus labios en varias secuencias... absolutamente impactante y divinamente estético y divertido. Otra crítica feroz de Antonio al una parte del sistema [genial]. Y termina su obra con un perfecto homenaje a Marcel Duchamp, en el que el fallecido, y siempre vivo, artista visionario y lúdico mira un tablero de ajedrez [que está en primer plano] en el que las fichas son tampones antiguos de matasellos.
No podía más mi cabeza con tanta sugerencia, tanta llamada al pensamiento, tanta proposición estética, plástica e intelectual... y pasé de pronto a la obra de Manuel García Blázquez... otra sorpresa del copón... había desaparecido el paisajista y el pintor de rincones solitarios de corte romántico, el tipo del iterativo impresionismo bejarano, y aparecía potente un pintor matérico y elegante de grandes superficies albas con huellas suaves de hojas de roble y trazos libidinosos de blanco sobre blanco... sorprendente [imagino que han tenido mucho que ver en este cambio sus conversaciones con Antonio Garrido y la última mirada artísitica que ha realizado a la obra de Alberto Hernández, pues en esos cuadros se ve un poco al ceramista]... me detuve, busqué asiento y sonreí hasta convertir mi risa en carcajada, que compartí con Paíno, por un suceso divertido traído por uno de los pocos visitante de la sala, un anciano, que tocó uno de los cuadros de Alberto con energía y de arriba abajo... lo vi y se lo dije a Alberto, y él contestó... “se habrá manchado la mano, porque ese cuadro aún no ha secado”... y Paíno apuntó rápido y en voz alta... “no se lave usted la mano, que eso vale una fortuna”... y salimos de la sala todos juntos [eran las ocho de la tarde] dejándola vacía y sin nadie que la cuidase... mis amigos estaban algo desinflados por la falta de ojos para mirar sus obras, por lo triste del lugar y de la situación... pero yo me fui feliz para mi casa, porque había sido testigo de una de las más interesantes exposiciones que he visto en mucho años, y en Béjar, y sin gente molesta alrededor, y de mis amigos, parte de una generación perdida [que es la mía] que está dejando huellas indelebles y valiosísimas a pesar de que los hombres de ahora, de hoy y de aquí no sepan tener ojos para verlas y aprovecharlas.
Mira que tengo suerte.

Tuesday, March 9, 2010

Parecidos que mosquean.

Cubierta original de Antonio Garrido.

Cubierta sobre una foto de mis manos.

Cubierta de Eduardo Galeano.

Me escribe mi amigo Antonio Orihuela para darme noticia de que Eduardo Galeano ha sacado hace nada una antología poética con una cubierta 'parecidísima' [por no decir igual] a la que en 2002 creó Antonio Garrido para mi antología "Vuelta a la nada". ¿Qué os parece?
A mí me mosquea.

Monday, January 28, 2008

No se puede hacer nada.


Hoy escribo al amor de un comentario en mi entrada de ayer, un comentario que ponía en mayúsculas diversos nombres de bejaranos con la utópica ilusión de hacerlos revulsivo de no sé qué.
No se puede hacer nada –ni ellos, ni otros– por un cambio social severo y con futuro en este momento, y menos en la categoría puntual que se propone: un solo pueblo. La política marca un decurso de las cosas de tal forma que apenas puede hacerse nada sin destruir antes todas y cada una de las categorías sociales y administrativas en las que estamos metidos, y eso es trabajo duro y largo [además de precisarse para él hombres con ganas y valores tangibles en múltiples niveles]. Desde mi punto de vista, a corto plazo solo nos queda la palabra para usarla contra el sistema feroz y buscarse un buen escondite para que nadie sea capaz de silenciarla.
Sé que mi afirmación es tremenda, que sugiere rendición y quizás apatía, pero estoy convencido de que cualquier esfuerzo se topará de lleno con el jodido stablismen tan bien edificado por los señores de la economía bien apoyaditos por los políticos en masa.
Mi opinión particular, y muy pensada, consiste en dejar que la sociedad se corrompa hasta el justo punto de ruptura –que lo hará sin remedio más pronto o más tarde, pues no en vano llevamos ya bastante tiempo en una fase potente de corrupción de los sistemas sociales modernos, que han entrado en caída]. Será entonces, cuando la ruptura sea patente, cuando serán necesarios los hombres precisos para liderar las nuevas formas de ser y hacer [me parece absurdo quemar ahora las naves ante la completa seguridad de fracaso que se averigua con facilidad].
Por cierto… recibí hoy tres ejemplares del disco ‘Soledad sonora’, que contiene obras para piano de Pedro Aizpurua interpretadas por mi amigote Diego Fernández Magdaleno [sorprendentemente lo puse y me encantó… je, je]. Le pasé un ejemplar a Antonio Garrido.
Mil gracias, Diego, y muchos éxitos.

Sunday, January 27, 2008

La esencia.



Lo verdaderamente importante es que la esencia siga en su sitio… y mira que nunca odié a Antonio Garrido a pesar de que me dijo varias veces que Leonard Cohen era un plasta aburrido y que no se podía comparar con Carlos Santana… a Antonio lo quiero y lo admiro aunque diga en voz alta tonterías de ese calado. Y es grave que un tipo que siente pasión por Bob Dylan diga eso de Leonard… pero yo creo que entiendo a Antonio, que entiendo que le otorga a Bob la esencia de lo que es Leonard… en fin, que me da igual, aunque nunca olvido esa pequeña afrenta que supone su sonrisa irónica cuando estoy escuchando a Leonard.
Lo que le sucede a Antonio es que teme a la intertextualidad [de ella hablaba muy bien Antonio G. Turrión en la entrada de su diario del 19 de enero titulada ‘Soy intertextual’ –http://antoniogt.blogspot.com/2008/01/soy-intertextual.html-–]. Yo lo he notado con frecuencia, y me agrada conocer esa debilidad de artista… y me gustaría decirle que no la tema, que somos intertextuales de natura y que es de ahí de donde surge la originalidad. ¡No temas, chaval!, y sigue jugando a deformar superando.
En mi esencia conviven demasiados aspectos y me resulta complicado definirlos: soy de izquierdas a pesar de los pesares [cada día siento que nado más en un pensamiento anárquico que en el socialismo en el que me ubiqué hace años], tramito cierto sentimiento solidario que me obliga a despotricar contra las fronteras del hombre y contra las desigualdades, soy profundamente intuitivo y me fío muchísimo de la primera impresión, no busco lazos [ya he llegado a odiarlos todos] y sí reacciones puntuales que me proporcionen material de trabajo, soy tremendamente carnal [cada día me gusta más el valor de la piel buscando lo lúbrico], estoy abierto a cualquier pensamiento para procesarlo dentro del mío, pero sin pertenecer a él [no quiero pertenecer a nada ni a nadie]…
Nadie podrá decir jamás que perdí el norte en una de estas premisas que conforman mi esencia; pueden estar o no de acuerdo conmigo, pero nunca decir que traicioné a mi esencia, porque nunca lo hice ni lo haré.
Ah, y tomo sin miedo los pensamientos ajenos si me sirven como camino de conocimiento –nunca me he sonrojado por ello.
La sensación, si tomo una mirada cenital a mi vida, es que aún estoy formándome, que me ando construyendo todavía, a mis cincuenta años, que sigo recabando datos para reconocerme. Quizás cuando tenga 75 [si es que logro llegar a eso, que lo veo muy difícil] logre modelar mi primera obra limpia, mía, absolutamente mía. En todo caso, tampoco he dejado mucha mierda en el camino hasta ahora, o no más que la mayoría de la gente [tampoco algo brillante, pero no me importa demasiado].

Monday, May 29, 2006

Wakaba-shuu


Hay que anotar hoy que la belleza pasa pronto, pero la ignorancia es una lacra hasta la muerte. Y no sé a qué sumar esta consideración, pero espero que a una sola persona le sirva de algo. Y es que se puede ser bello de forma lúbrica, de forma inocente o por inteligencia. La primera forma, la lúbrica, siempre se pone en valor por la química del otro, por ese azar de feromonas que nos hace creernos folladores eternos o diosas divinas. Es una belleza de minutos, de espasmos y de olvido, y se acaba con una tripilla incipiente, con un mal gesto en la cara o con una convulsiva falta de conversación. La belleza inocente dura algo más, como una niñez, pero termina en justa imbecilidad si se quiere mantener en el tiempo. La belleza inteligente, aún siendo la más peligrosa de las tres, es la más duradera y la que produce más estragos en el otro, pero también es la que aporta hasta el final sin perder ni un ápice en función de tiempo, es más, ganándolo. El problema está en que las dos primeras bellezas tienen más que ver con la genética que con otra cosa y, por tanto, son bellezas fugaces. La belleza inteligente, no. Puede llegar a ser eterna, pues no depende de lo físico, sino que contiene un alto grado de espiritualidad que puede sobrevivir al cuerpo.
La belleza pasa pronto. La ignorancia es una lacra hasta la muerte.
(15:38 horas) A veces me pregunto qué es la conciencia, mi conciencia. ¿Cómo se ha formado y a qué estímulos reacciona? Me gustaría saber cómo se ha edificado ese condicionamiento moral en mi cabeza para que funcione como barrera y quién ha sido el responsable de su modelación.
¿Yo soy el creador de la conciencia de mis hijos? ¿Cómo? ¿Por qué?
A mis años sólo sé concretar que siento su tensión y que unas veces me hace sentir miserable y otras cobarde. Y no sé si es otro «yo» o un legado moral que se me ha impuesto como un riñón o un hígado. El caso es que mi conciencia me amarga, me entristece, me amedrenta... actúa casi como si fuera una religión, porque siempre me hace triste, nunca me dota de alegría o de entusiasmo por lo que me rodea.
Tengo que buscar libros que hablen de la conciencia, pues estoy francamente interesado en buscarle la vueltas y joderla hasta que se queje.
Pondré manos a la obra.
(20:35 horas) [A media tarde se presentó Antonio Avilés para prestarme un libro que le ha gustado mucho, se trata de «El don prodigioso», de José María Páez Balgañón. Le regalé un ejemplar de mi nuevo libro y le cambié el préstamo por una de mis últimas adquisiciones. Este fin de semana lo dedicaré a la lectura de este prometedor título.]
Me preocupa de nuevo mi dispersión y mi inconstancia, pero a la vez me gusta ser como soy. Ser disperso me trae miles de ideas que de otra forma nunca llegarían, y eso me llena de gozo y me eriza. Ser inconstante me hace cambiar de registro, y eso me forma.

Y la verdad es que envidio a tipos como José Luis Morante o Antonio Garrido, empeñados siempre en cerrar cada etapa a la perfección, metódicos, consecuentes con su obra y trabajadores constantes. Me gustaría ser como ellos, pillar una presa entre los dientes y no soltarla hasta haberle sacado todo el jugo.
Me preocupan mi dispersión y mi inconstancia, pero también me hacen ser como soy, y la verdad es que no me disgusta del todo.
Sí debo decir que esta circunstancia llega a angustiarme algunos días, pero aún llego a rescatar viejas ilusiones y a ponerme manos a la obra a ratitos con viejas novelas, con poemas fallidos, con dibujos rehechos mil veces.
(22:01 horas) Llevo una hora trabajando en la ponencia que impartiré en Portugal en Julio y no va mal. Realmente da mucho juego el asunto de contar la relación de la cultura con las administraciones públicas, el mercantilismo cultural, el compadreo de los fondos en extinción y los no gastados, el clientelismo de algunos personajes y grupos del mundillo cultural y social, la terrible enfermedad de la cultura subvencionada y los mil recovecos con los que defraudar dinero público con la connivencia de políticos y funcionarios.
Por contra, es una delicia hablar de cómo nacen y crecen los proyectos independientes, cómo se alimentan y retroalimentan y cómo superan la mayoría de las veces a las propuestas institucionales con mucho menos dinero y casi ningún medio.
Estos colectivos alternativos e independientes contienen una verdad necesaria que hay que seguir, a pesar de la dificultad que entraña acceder a ellos.
Creo que al final saldrá una ponencia aceptable... dura y aceptable.

Friday, May 19, 2006

Takako


Como violar a una muchacha virgen o como profanar un santuario ha sido el viaje de esta tarde junto a Antonio Garrido para visitar la casa de Aníbal Núñez. Habíamos quedado con Fernando R. de la Flor y Germán en El Pato rojo, se produjo el encuentro y, tras un café rápido, corrimos hasta la casa del poeta. Nos recibió Julia, su sobrina, que estaba con una amiga y tenía el mandato de la madre de Aníbal de vigilar nuestra visita y de anotar cuidadosamente cada uno de los objetos que nos lleváramos.

Fue entrar en otro mundo penetrar aquella puerta, entrar en los años setenta otra vez, pero en unos años setenta de hambre creativa y delicias turcas, de querer saber y tener que hacerlo de forma semiclandestina... Libros antiguos por todos los rincones, primeras ediciones, fotos deliciosas realizadas por el padre de Aníbal –uno de lo más destacados fotógrafos salmantinos–, esculturas, imágenes de un mundo extraño y tremendamente cercano, paredes y techos negros, muebles ahogados por libros y objetos infinitos.

La habitación de Aníbal aún se conserva como cuando el poeta marchó, con su trenka marrón colgada sobre la puerta, con un maravilloso desorden por mesas y anaqueles y con la cama a medio hacer; sobre ella fui extendiendo carpetas llenas de dibujos y pinturas, de escorzos femeninos y de intentos pop, de aníbales auténticos y de ensayos al más puro estilo Tapies.... La casa de un poeta, de un pintor, de un creador anárquico y sobresaliente... y yo enredando entre sus cosas, mirando el bellísimo cuadro de su madro o enfrentándome a sus ojos en una foto de perfecto corte romántico. Olía a vida, a pasión, a lucha, a rabia, a inquietud, a besos... olía a soledad... Y yo enredando entre sus cosas con ganas de gritar y sonreír, con ganas de llorar a lágrima viva por esa falta indescriptible hecha presencia física en unos gestos antiguos, en una mirada robada al tiempo o en palabras escritas con prisa y desamparo.
Hoy me he sentido muy feliz... y muy triste.
Gracias a Fernando y a Angelita, a Germán y a Julia, a Antonio Garrido.