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Saturday, January 29, 2011

Presentación de "Que yo soy normal"... un texto de Antonio Gutiérrez Turrión.

Fotografía de Santiago Nieto.

Ayer presentamos en "NOTESALVES Contenedor de Arte" mi novelucha [si es que se le puede llamar así] y creo que todo salió estupendamente... un público magnífico entre el que se encontraban amigos entrañables, la acogida hermosísima de la gente NOTESALVES [os quiero, campeones], la presencia de mi editor loco, Marino González Montero [gracias por creer siempre en mí, Marino], y el trabajo sesudo y muy profesional de Antonio Gutiérrez Turrión, que diseccionó con verdadera generosidad y con mirada certera la obra [te quiero, Antonio, y mucho].
Os dejo el texto escrito que resume la intervención de Antonio en el acto de presentación:

QUE YO SOY NORMAL
Béjar, 2011/01/28
Espacio cultural No Te Salves

Se supone que yo debería explicar, brevemente y con suficiente claridad, qué es lo que encierra este libro que hoy se presenta, tanto en la forma como en el contenido, con el fin de animaros a todos a su lectura y degustación. Cada vez me resulta más difícil entrar al comentario de cualquier texto, pues reviso mi capacidad y no encuentro apoyos suficientes como para sentar en público demasiadas ideas y, además, intentar que estas tengan urdimbre, no disparaten mucho y reflejen una estampa no muy equivocada de lo que se pregona. Al fin y al cabo, aún sigue vigente aquello del color con el que se mira y mi vocación no es precisamente la de juez, si no es conmigo mismo, que ese es otro cantar muy peliagudo. Pero vamos a ello.
Me permitiré de entrada una muy breve reflexión filológica que me sugiere el título de la novela. Piénsese en esa palabra que lo encabeza, “Que”, y obsérvese que nos obliga sintácticamente a hacer derivar la oración de otra anterior, principal y supuesta, y que eleva el tono fónico y emocional de su significado: algo así como “Oiga, que yo soy normal”, o acaso algo así como un grito desesperado: “Pero que yo no soy un bicho raro, que yo soy normal”. Véase, además la necesidad que se ha tenido de resaltar la presencia de la primera persona, (“yo”), como reafirmación de la oposición entre esa primera persona y las otras personas; algo así como si se quisiera determinar que el único realmente normal es el que protagoniza esta historia. Y, por último, el doble valor que en castellano comporta la palabra “normal”. Su primera acepción hace referencia a aquello que se ajusta a la norma legal. Pero existe una más, acaso más utilizada en la lengua oral, que se refiere a lo más común, a lo que hace más gente, a lo más usual, tenga esto que ver o no con la norma. ¿A cuál se está refiriendo el autor, a que el protagonista se sujeta a las leyes y no las conculca, o a que él actúa como lo hace casi todo el mundo? El autor tendrá su respuesta y cada lector la suya, pero la perspectiva en la lectura cambia según se le aplique una u otra.
Esto como para abrir boca y para dar sentido o confusión al título de la novela.
En la contracubierta del libro rezan unas palabras de presentación que pueden servir tanto como las que yo aporte como aproximación certera al contenido de las casi trescientas páginas que forman el volumen. Yo me acojo a ellas y, si acaso, las gloso un poco y las interpreto según mi saber y entender. Bien veréis, por tanto, que no haréis otra cosa que perder unos minutos escuchándome, siendo así que en media página podíais haber despachado el asunto.
Leeré esas palabras: “Que soy normal puede ser perfectamente un tratado completo de filosofía intranscendente, una clase caótica de estilo literario, un ensayo mellado sobre una vida hecha, un juego entre la memoria real y la memoria inventada, un diario constrictor (como la boa aquella), un ejercicio precreativo, un drama jocoso o dos novelas cortas y un diario mal mezclado en la Turmix de casa… también puede ser nada, que ya es algo.”
Hala, como soltando bendiciones y arreglando el mundo por todas partes. Y, sin embargo, estas palabras abarcan mucho de lo que esta novela aporta y resumen muy bien los caminos por los que se debe transitar en su lectura.
La apoyatura externa desconcierta al lector menos avezado pues no hay aparente historia lineal que llevarse a los ojos ni hay héroes que venzan al destino, ni enseñanza moral clara que avive los sabores o los sepulte en agrios o amargos.
Hay un joven que recuerda sus días en Salamanca y en alguna otra ciudad estrecha y apartada, en el más simple camino biográfico; hay un enfermo que desgrana sus horas en un psiquiátrico y va dejando poso y pensamiento en un diario; y hay un claro aprendiz de novelista, El hombre Burberry´s, que ensaya un ejercicio metaliterario que viene a quedarse en solo ensayo y en fracaso.
No es difícil pensar que es el mismo personaje el que sustenta a los tres sujetos de las narraciones, y el impulso siguiente es suponer al propio autor detrás de cada uno de estos personajes. No sería lo más importante pero cada cual puede hacer el ejercicio de aproximación que quiera: no le resultará ni difícil ni equivocado seguramente.
Las tres facetas le permiten al autor formular estéticas distintas en la misma novela y, sobre todo, le facilitan la incorporación de casi cualquier material. De hecho, una buena parte de ese material ya había visto la luz en una novela inaugural de hace unos años (“El tipo de las cuatro”), y algunos de los textos de corte diarístico los conocíamos los que seguimos su blog en internet. Hay que estar preparados, por tanto, para el cambio de estilo, para el cambio de ritmo, para el cambio de propuesta formal y conceptual. No es frecuente un atrevimiento tal, pero la sorpresa se somete a reacciones diferentes según el receptor que a ella se enfrente. Es este para mí el fundamento formal más importante y novedoso de esta novela. De hecho, podemos pasar de una expresión formal y bien pautada -aunque siempre en un tono conversacional- a una expresión concisa, conceptual y reflexiva (la propia del diario), pasando por la expresión chorro y repetitiva del intento fallido de novela, muy próximo al monólogo interior. Ahí hay materia prima para saborear.
Leeré una pequeña muestra de cada uno: Estilo conversacional: Pg. 14. Estilo reflexivo, ajustado al diario: Pg. 34, 11 enero. Estilo chorro: Pg. 128-9. El comentario más detallado lo dejo para la perspicacia de cada uno de los lectores.

Pero debería dejar alguna reflexión acerca del contenido. ¿”Que yo soy normal” puede ser un tratado de filosofía intranscendente? No me importa aceptar el envite y firmar a pie de página. El personaje que moldea los tres aspectos viene a intentar demostrarnos que, a pesar de todas sus excentricidades y de toda la división y partición de su personalidad (ya se ha señalado la existencia de al menos tres caras del personaje) los hechos de su vida obedecen a unas premisas comunes para casi todos los mortales y que él lo único que ha hecho ha sido realizarlas en otros parámetros. En su niñez y juventud, se dedicó a soñar y a dejarse llevar por los impulsos: ¿qué niño o joven no lo hace en mayor o menor medida? En otro momento de su vida intentó la creación y hasta se la planteó como método: ¿qué persona que se precie de tal no acomete en alguna medida la aventura?; en este caso, como metáfora, es el de la creación literaria y en otros muchos la del cambio de realidad personal; y en este caso resulta fallida como fallidos resultan tantos intentos en la vida. Por fin, desde un estado de fracaso físico y mental (el manicomio), aparece la reflexión más honda, esa que aparece cuando los parámetros del tráfago de la vida han fracasado y el ser humano sensible se cuestiona los principios más generales y universales; es entonces cuando aparece formalmente el estilo epigramático del diario.
De modo que aquello que parecería un conjunto de elementos intranscendentes termina dando cobijo a un proceso vital de ecos negativos y de principios que terminan con la queja del título; algo así como el quejío del que protesta: ¡Que yo soy normal! y estos hechos que presento no son más que recuelos y posos de lo que la realidad vital me ha ido deparando.
“¿Es una clase teórica de estilo literario?” Ya se ha dejado constancia de la variedad de estilos y de las razones a las que obedece esa variedad. También se ha afirmado que esa variedad me parece uno de los principales valores de la novela. No insistiré más en ello.
“¿Y un ensayo mellado sobre una vida hecha?” Pregúntenle al autor por su edad y por el grado de autobiografismo. Y déjense llevar por la transformación de la persona en personaje, con todas las libertades literarias que conlleva tal fingimiento. Seguramente la vida no sea más que una suma de ensayos, de intentos, casi todos fallidos. Pero, por si sirve de algo, afirmo que el mayor fracaso es precisamente no intentarlo, y que la certeza o falsedad del éxito o del fracaso dependerá siempre de los parámetros con los que sean medidos. Y a buen entendedor, pocas palabras.
“¿Y un juego entre la memoria real y la memoria inventada?” Juzguen lo que se ha dicho y no hay más que sumar.
“¿Y un diario constrictor?” Un diario, seguro. Y constrictor también pues que la vida es ancha y no cabe encerrarla en el papel. Ni falta que le hace. Menuda cárcel estrecha y encogida. Pero sirva esta obra, y tantas otras, de contraste entre la realidad multiplicada y la pobreza de la palabra que intenta aprehender la realidad.
“¿Y un ejercicio precreativo?” Claro.
“¿Y un drama jocoso con dos novelas cortas y un diario?” Solo admito lo del diario, mucho menos lo de dos novelas y de ninguna manera lo de un drama jocoso. Hay mucho en el fondo de triste y de desencanto. Qué le vamos a hacer, así es la vida, aunque intentemos que la ironía nos salve.
“¿Y también puede ser nada, que ya es algo?” No, seguro que es mucho más que nada. Es la confirmación de que todo tiene unos límites mucho más modestos de lo que pensamos cuando iniciamos la vida; es la certeza de que las fuerzas y los principios nos van abandonando cuando la reflexión nos coge en ejercicio; es la evidencia de que muchas veces nos vemos avocados a expresiones vitales que nos convierten en la oveja negra del rebaño, cuando no en seres raros que nos miramos sorprendidos a la cara gritándonos sin pausa: Que yo soy normal, que yo soy normal, que yo soy normal.
Pero sabéis lo que os digo, sabes lo que te digo: que no hay nada normal, que todo es raro y único, que vivir es lo único que importa, si se vive con fuerza y con empeño. Pues llegará el fracaso, y en algún caso el éxito -que eso nunca se puede controlar y no es lo que más importa ni dura-, pero tendrá otros ojos más cercanos y podremos mirarlo sin complejos, cara a cara, como quien va a la lucha con la vida, como quien va al fracaso con la muerte.

Antonio Gutiérrez Turrión

Thursday, January 11, 2007

Cuando sonrío parece que lloro. No sé engañar a mi máscara

Ya se anda trabajando en una nueva publicación periódica y gratuita para la zona de Béjar, y no niego que me come la curiosidad por conocer sus principios y sus fines. Nos llega de la zona de Madrid. Esperemos a ver qué sucede para sumarla a alguno de los roles ya establecidos o para nombrar alguno nuevo.
Que sea para bien [toco madera y Dios nos coja confesados].

Ayer me llamó el colega Manuel Ambrosio [Manolo es alcalde de Morille] para contarme su cabreo con la gerencia de Premysa. El año pasado se partió el pecho buscando y consiguiendo todos los medios para hacer posible el taller de cantería de la fundación, poniendo su nombre como garantía a las personas y empresas que participaron en el proyecto y hoy, sin más, sin que nadie le informase oficialmente, se entera de que el grupo de canteros formados en ese taller se van a ir a restaurar la muralla de Monleón, cuando él trabajo e invirtió en este proyecto con el fin [lógico] de que Morille se viera beneficiado en el futuro con proyectos de restauración de su casco y entorno [Monleón no lo hizo].
Hay que decir que Manuel es un alcalde distinto, preocupado fundamentalmente por la recuperación racional del casco y el entorno de Morille, en el que ya ha realizado proyectos culturales y de restauración sobresalientes [ejemplos magníficos son los encuentros PAN de poesía rural o el cementerio de arte], y la circunstancia mentada le hace dar un paso atrás en su proyecto mientras ve que su inversión y su trabajo de gestión han sido en vano.
Quizás la gerencia de Premysa debiera ser más dialogante, más abierta a la colaboración y más cuidadosa con las formas y los fondos [conozco algunas quejas al respecto], y tengo muy claro que no se deben cerrar caminos ni generar tensiones cuando no es necesario, y más cuando se está trabajando para convocar voluntades con afán de crecimiento social, patrimonial y cultural.
Y que me encantaría, como Patrono de Honor [me encocora el término porque me da la risa floja], que reinase el buen rollo y se cuidasen las formas hasta la exquisitez, porque creo en el proyecto global de Premysa y en el indicio y las hermosas posibilidades que se alumbran. Que se entienda por la gerencia que cada persona que se acerca a la fundación para colaborar o trabajar lo hace con voluntad positiva y no para pillarse cabreos inútiles. Siempre se trabaja mucho mejor con sonrisas, y mejor si se sabe delegar con inteligencia [que no caigan en saco roto estas últimas palabras, porfa].
Coño, y que se procure solucionar ya lo de Morille, tanto desde parámetros de justicia como de gratitud, que no se puede dejar tirados a los tipos que apuestan fuerte y decididamente por un proyecto.
También se me ocurre –y esto ya es una coña con cuadruple intención– que la Junta de Castilla y León le meta mano a la mimosa muralla de Monleón, que para eso se llevaron el gato al agua en aquella población como se lo llevaron [véanse las notas de prensa al caso en cualquier histórico de noticias]. A mí, como miembro honorario de mi nada personal, me jode un punto... y más si es fastidiando al colega Manolo y a su Morille ejemplar.
(12:22 horas) «Perderlo todo de un golpe, / de un tajo limpio. //... // Mansiones vaciándose, las honro / como a una madre anciana. / Porque vaciarse –madre– es acción: / lo vacío no se puede vaciar. // ... // Nunca pierde quien rompe / y huye al alba. Yo en la noche / me he cosido a ti / toda una vida sin bastas.». Marina Tsvetáieva daba con harta frecuencia en el centro/cetro de la nada. Vaciar la vida para no perderla, usarla hasta agotarla, gastarla hasta la ruina. Porque morir con la vida a medias es un tremendo fracaso. Me lo dicen los ojos tristísimos de mi amigo Santiago Nieto sólo con mirarlos. Morir sin haberse vaciado es un fracaso, morir sin haber dicho a voces lo que te piden las vísceras es un fracaso, vivir sin pensar en el vacío para la muerte es un fracaso.
(16:22 horas) [Recordando un poema de Joan Margarit] «Podría ser contable o profesor», pero ya hace unos años que decidí correr por mi cuenta e intenté aprender a tocar el saxo... y no, no soy de esfuerzos mantenidos, por lo que sólo aguanté un par de lecciones de solfeo y lo mandé todo al garete... En fin, que podría haber sido un lucido bancario o un representante de comercio para surtir a esas tienditas de venta al detall con olor rancio «Punto Blanco» y «Dusen», pero decidí apuntarme a la lista de los hermosos vencidos igual que te apuntas a lista de «VISA» o a la Cámara de Comercio, pagando una pequeña cuota anual por los servicios de pena, cansancio, asco y existencialismo.
Joan Margarit es arquitecto y yo soy arquitexto, aunque ambos nadamos la palabra con distinta suerte y con distinto sueldo.
«Podría ser contable o profesor», motorista de «Telepizza», gigoló de barrio, castrado funcionario, cura párroco o vendedor ambulante de paraguas... y aún podría serlo.
(17:18 horas) He cerrado con José Luis Morante la edición de su diario y sé que será mi proyecto del año, un proyecto en el que intentaré poner de mi parte todo lo mejor. Volver a tener palabras de mi amigo con las que jugar me hace sentirme muy feliz.
(18:27 horas) A veces me desespera saber que algún sentimiento que descubro ya existía antes, como me jode un montón escribir un poema y encontrarme en alguna lectura con ese poema escrito por otro autor antes que yo y mejor. El valor que siempre le doy a un descubrimiento es el de la perdurabilidad, y por eso fracaso, porque siempre el descubrimineto se extingue en otros modificándose, aunque sea levemente, lo que le hurta esa dosis personal de permanencia con el que yo intento insuflarlo. También, a veces, vibro en el tono contrario –repito por enésima vez que soy un tipo contradictorio– y lanzo a voz en grito arengas contra la permanencia de cualquier sentimiento, pensamiento o cosa, abogando con iracundia por cierta suerte de carpe diem que en el fondo no responde a mi narcisismo. En el fondo me voy entreteniendo, que ya es bastante.

Saturday, December 30, 2006

Ya soy yo, pero aún no me he enterado.


Conseguí salir de la vorágine a eso de las cuatro y media de la madrugada (habíamos librado cena de empresa en el campo de batalla más Cubino y la cosa se demoró hasta media hora después de que unos sicarietes con capucha ahorcaran a Sadam y a algunos de sus familiares y se olvidaran de poner a orear también a Bush y sus triperos). Me aburrí, claro, como siempre que salgo, y además comí más de la cuenta y bebí bastante más de lo que me permite mi lucidez.
De la noche piporra me quedaron los flashes de ese observador peliagudo en el que me he convertido con la jodida edad. Veamos:
• Loco cojo, al que ya daba por muerto, aireando su libertad invigilada entre un «dame un cigarro» y un «hijoputa que eres un hijoputa y te voy a rajar».
• Pijos viejos P. de T. a gran reserva la tirada, mamaos como perrillos gordos de mirada maricona y con sus hembras reproductoras hablando fino y devorando perrunillas gartis como con hambruna (me gustaría verlas follar por un agujerito... deben dar suelta a sus mil perversiones para luego ir a misa y confesarse con las piernas apretadas).
[Nota: el ofico de camarero/a es jodidamente cabrón... queda lo de poner veneno en las copas].
• Santi con su gente de tranqui... Cada día me cae mejor este tipo, de verdad, aunque entre juanes y sanjuanes me lo están dejando hecho un triste... otro más, que ya somos legión.
• Lo lúbrico se me vino de pronto a la mirada: Vestales entraditas en años buscando el roce con contoneos y ojitos de entrepierna a puro goteo... coño, que dejan a un hombre y ya están necesitando refregarse en otro como auténticas máquinas de humedad y humores (las prefiero a las pijas viejas, claro, coño, claro). Dan pavor... y vergüenza ajena.
• Y ron y tabaco y un canuto mal liado y ron y ron y ron y ron.
• Y el remate: pijos otra vez, ahora verdes y perfumados/as, oliendo a derecho navarro o a económicas Deusto, con sus nenas de misa y deseo para frustrarse –monas hasta la muerte / de la muerte–, auténtico teatro infantil a las cuatro de la madrugada con el único fin flotando de conseguir un roce de pecho virgen y casto con el que manchar la cama.
Un perico al que creía normal –de verlo a diario en horas lectivas– me mandó a la cama haciendo una suerte de kunfú etílico que me hizo sentir pena y ridículo. Lo dejé morir tranquilo mientras Sadam expiraba.
Vomité a las 5:45 a.m. y me quedé dormido como un angelito.
Una pena.
(11:13 horas) ¿Por qué hay que demostrar siempre la verdad mientras que la mentira se acepta clara en el imaginario de la gente?
Viene esta pregunta hecha y lanzada al aire con el fin de abrir una serie de consideraciones sobre la actividad en Béjar de las distintas sociedades encabezadas por Francisco Montero Moral –Paco Montero–, al que cuento entre mis amigos y con el que a veces tengo refriegas, coincidencias, divergencias, cabreos y risas. Y me jode un punto esa milonga agresiva que está creciendo contra su persona y sus cosas, favorecida por unos cuantos tipos sin reaños para poner sus nombres debajo de las palabras que acusan (a los que firman, mis mayores respetos en la coincidencia o en la discrepancia). En todo caso, por amistad y por cabreo quiero incluir estas palabras en mi diario no sin antes indicar que Paco es Paco y yo soy yo, cada uno en su individualidad y le pese a quien le pese.
Veamos pues:
1. Francisco Montero llega a Béjar en 2002 con un impresionante y brillante bagaje como abogado urbanista, gestor y promotor de obras, y lo hace apostando como inversor por el proyecto de la estación de esquí “Sierra de Béjar La Covatilla”, convirtiendo lo que llevaba casi todos los billetes del «fracaso» en una esperanza para la ciudad y su comarca, arrimando buenas cantidades económicas personales cuando la gestora acometía dificultades crediticias y de activo y mejorando a buen paso cada una de las dotaciones de ese espacio deportivo y de ocio (cada uno es muy libre de pensar sobre La Covatilla lo que mejor le perezca desde puntos ecológicos, económicos, turísticos y su puta madre, pero nadie puede negar que este proyecto partió del ayuntamiento de Béjar apoyado por una amplia mayoría de bejaranos y Paco salvó con su aportación económica lo que hoy es una realidad con futuro que emplea de forma directa a unas 90 personas).
2. En una de las reuniones de la gestora (Gecobesa), un miembro de la junta directiva propuso la compra por dicha sociedad de la finca “La Condesa” con el fin de construir en ella un camping que diera nuevas posibilidades al turismo en la zona, propuesta que cayó en saco roto, pero que Francisco Montero guardó con cuidado en su cartera de futuro.
En un breve plazo, Francisco Montero vio con claridad una opción de futuro y de negocio muy interesante y con muchos visos de realidad para nuestra comarca. Encargó un preproyecto y con él sondeó las diversas posibilidades de realización del mismo.
Vista la posibilidad que se abría ante sus ojos, comenzó un completo trabajo de consultas a todos los agentes económicos, políticos y sociales de la ciudad y su entorno –que llega hasta nuestros días–, decidiendo que su proyecto era posible y que iba a realizarlo con claridad y con todas los argumentos legales precisos –norma que siempre ha sido parte indispensable de su marca por lo que yo conozco y de lo que he sido testigo hasta la fecha–. Dio a conocer su proyecto en exposición pública, lo presentó a partidos, agrupaciones vecinales, empresarios y entidades financieras con el afán de recoger sugerencias, estudiarlas y adaptar el proyecto definitivo a las necesidades propias y a las ajenas.
El proyecto fue tomando forma y se fue adaptando a cada una de las consideraciones que marcaban las instituciones, hasta el punto de ser aprobado en su día con todos los parabienes por la Junta de Castilla y León, encontrándose a esta fecha en su primera fase de construcción.
Huelga decir que la compra de parcelas se hizo con el conocimiento de causa de los vendedores a precios bastante superiores a los establecidos por el mercado.
3. Paralelamente a este proyecto, Francisco Montero crea junto a Juan José Hontiveros (Pepe Hontiveros para los amigos) la sociedad Valdepalacios, S.L. con el fin de dotar a la comarca y a la ciudad de nuevos servicios hosteleros a la vez que realizar construcciones para viviendas de calidad en el centro de Béjar (para hacer negocio, por supuesto, claro, coño... igual que el tendero de la esquina o el aparejador de al lado). Dicha empresa ya ha rematado y abierto al día de hoy una cafetería restaurante en la Plaza de la Piedad –Piel de Toro– con nueve puestos fijos de trabajo, ha construido y apoyado la financiación de la nueva ubicación de una imprenta (la mía... y nadie piense mal, que yo pago cada una de mis deudas y si no lo hago me embargará Caja Duero, y a mucha honra) y está a punto de terminar un grupo de apartamentos de lujo en el mismo edificio, una construcción realizada en materiales de primera calidad y adaptada perfectamente al entorno en el que se ubica –Esta construcción reta la comparación cualitativa con cualquiera otra realizada en Béjar durante los últimos 100 años–. En la misma tónica, se han realizado unos apartamentos en Bohoyo y se está rematando un hotel de cinco estrellas en la misma población; se está remodelando un hotel en El Barco de Ávila –conformarán la ya denominada “Cadena Real” con los establecimientos Real de Bohoyo, Real de Barco y Real de Béjar–, y se acometerá en breve la construcción de viviendas de Rincón de Olivillas, en la que se construirá con las mejores calidades y diseños–. Este proyecto se ha presentado a las diversas instituciones y se adapta a la legalidad requerida según las opiniones de los técnicos institucionales –la culpa será de ellos si se equivocan, no del colega Paco–, pues es norma de Francisco Montero cumplir la ley sin consideraciones de economía o de adaptaciones normativas (hagan la prueba quienes quieran o puedan y comprobarán que Paco mandará adaptar siempre sus proyectos a la norma).
4. Paralelamente a su actividad como empresario, Francisco Montero toma parte activa en diversos foros ciudadanos, en fundaciones como Premysa y en diversos proyectos culturales y sociales del entorno, tanto en calidad de socio económico como de mecenas.
5. Al amor de su actividad empresarial ya se han creado en la zona más de 100 empleos directos en los apartados de construcción y servicios, manteniendo unas nóminas sobre el nivel general de la ciudad –compárense los sueldos de sus empleados en hostelería con los del resto de nuestro ámbito territorial–, y mantiene una alta proporción de puestos de trabajo indirectos en diversos campos en los que realiza subcontratas con empresas de la zona o requiere los servicios de otras, dándose la circunstancia de que es uno de los más importantes clientes de empresas bejaranas y de la comarca en las especialidades más dispares –materiales de construcción, piedra, madera, arquitectura, gestión, artes gráficas, electricidad… y un largo etc.–. Y hay que tener en cuenta que al amor de su impulso, y por sinergia, están surgiendo nuevas pequeñas empresas en distintos campos.
6. El resumen es que desde que la mano empresaria de Francisco Montero ha acariciado nuestra ciudad, un montón de personas han encontrado trabajo estable, un buen número de empresas han visto incrementadas sus cuentas de resultados y se han consolidado nuevas propuestas empresariales en la ciudad. A ello hay que sumar un nuevo estilo de hacer las cosas basado en la calidad –no se entra en este punto a valorar el subjetivismo estético del que mira, pero se afirma taxativamente que nunca se ha trabajado en Béjar con materiales de tan alta calidad.
Y todo se ha realizado con claridad meridiana, intentando convocar voluntades y cumpliendo la ley rigurosamente.
Se puede afirmar, por tanto, que la entrada en Béjar de las empresas de Francisco Montero ha traído posibilidades de riqueza, un optimismo de valor real y unas perspectivas de futuro muy importantes e interesantes.
También está claro que en cualquier actividad del calado de la que se está comentando tendrán que existir descontentos y personas con recelos, pero a ellos es a los que Francisco Montero busca “siempre” para conversar, para escuchar sus dudas y propuestas y para buscar, desde planteamientos de razón y siempre con criterios de legalidad, puntos intermedios de acuerdo a los que adaptarse para no crear tensiones.
¿Qué es lo que está mal?
[Nota de libros recibidos: «Las últimas palabras del soldado Crombez» de Laberinto del Viento, un precioso proyecto minimalista del colega Jesús Zomeño. «Fotografía, humor y Andalucía» de la Asociación Itimad. «Palabras de amor» de la colección Rumayquiya en su número 3. El nº 1 de la revista «Aldaba» de Itimad (estos tres últimos títulos vienen del colega sevillano Agustín Pérez González) y «Subhuti (fragmentos de una vida)» de Jesús Aller en una magnífica edición de Llibros del pexe].