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Monday, January 31, 2011

"Chispilla, la vida para ti va a ser fácil..."

Imagen tomada ayer en la Sierra de Béjar.

Hay un no sé qué de palomas al Este del Noroeste de este frío, un gorjeo que brinda por un nido recién hecho, algún sudor pendiente y unas uvas verdes y frescas... pero los tendones amanecen desacostumbrados, entumidos, y con ellos todas las sinapsis precisas para armar un nuevo continente de preguntas.
‘Me duele el tres’, me dije como quien dice ‘noria’ o ‘abrelatas’, y espabilé el espanto de andar sin ropa hasta el baño.
Antes me fascinaba el frío, era en él un mordiente seductor de las horas, deseaba la lluvia y la ventisca, el rayo y el granizo... y en mí se despertaban unas hermosas ganas por hacer. Ahora no, que ahora lo espero con ganas, pero me rinde al poco y me deja la cabeza de corcho, como el cuerpo.
La mejor época del año para mí llega siempre con las primeras lluvias de septiembre, y antes duraba meses. Ahora son dos días de encendida expresión y luego esas tiritonas de vejete aterido que no encuentra lugar donde hacer arder sus palabras.
Hay algo que ha cambiado en esta pila de años, un algo termométrico que me destarambana y me deja como desobligado, y no sé qué hacer ni cómo encontrar una brasa que avivar.
De todas formas, ¿qué me queda por decir?...
Ya me he puesto en mi justo lugar –lo sé yo solo– y tengo a cada uno de los demás medio ubicados, que es mucho para una vida. También tengo consciencia de lo que me gusta y de lo que me disgusta, de lo que me apetece y me desapetece. Solo me queda una pequeña pena que tiene relación con el comportamiento humano... ¿por qué somos a veces tan miserables como para no darnos a quien lo necesita?, ¿por qué esta pasión por machacarse unos a otros por una nada absurda?... si el hombre nace y muere, y poco más; si somos solo especie –ahora dominante, con escasos cuatro días de dominación si leemos nuestro mundo en sus estratos–. ¿A qué tanta fiereza mezclada con la chispa del acto inteligente?, ¿a qué tanta mordaza y tanta crítica baldía que hace pequeños daños insuperables?
Debe ser un troll genético hecho de mala sangre.
Y me miro en el cristal de hielo del río [lo visito con frecuencia en estos días bajoceros] y veo a un tipo deformado por los caprichos propios [y también por los del agua sólida], a un elefante que no entiende más allá de su probóscide, a un capitán hermoso que ha perdido su nave y aún espera... y me duelen los dedos de las manos por este empecinamiento que no quiere unos guantes, y el aire me entra limpio en los pulmones llenos de Chester [y me duelen], y las rosas del frío se me muestran abiertas como sexos abiertos.
¿Cuánto duraremos aquí?, ¿qué será de los genes repetidos hasta la saciedad y hasta el hastío?, ¿qué de las miradas cómplices?... ¿un maremoto, un meteorito, una puñalada certera en una esquina, una cama caliente...?... no somos nada, pero seguimos esperando entre lunas y soles, entre lunes y sábados, a que algo suceda y nos cambie el semblante por otro más incierto, ¿quién sabe?
Suena el viento con su ritmo de espera infinita, se me hielan las manos y de la boca sale ese vapor de adentro con sus raras señales de humo imposibles de descifrar. Todo se vuelve críptico.
Y recuerdo a mi abuela preparando el brasero y diciéndome... “Chispilla, la vida para ti va a ser fácil... ya lo verás, solete”.

Thursday, November 20, 2008

Treinta y tres veinte enes.


Otro 20 N para homenajear al abuelo Felipe [ya van 33] y aún no he podido acceder a sus restos, aunque ya sé la ubicación de los mismos en el pueblecito de Los Santos [todo gracias al buen hacer de la asociación para la memoria histórica de Salamanca y al interés que se ha tomado Javier, el alcalde de Los Santos, por el asunto].
Me levanté bien agarrado por el catarrón que tengo, me duché y me puse una muda limpia, pantalón negro, camisa blanca y mi pajarita especial para concelebrar la memoria de mi abuelo. En la calle, como cada 20 N, todo el mundo me ha mirado rarito y sin entender nada, sobre todo porque me he paseado con la cabeza bien alta [siempre la llevo como escondida entre los hombros] y con una sonrisota de oreja a oreja [también suelo llevarla siempre escondida entre los hombros]. En el café hubo un arranque de chanza, pero al enterarse mis concafetanos de los motivos de mi indumentaria, les cambió el tono de las palabras y el valor de la sonrisa.
Lo más jodido llegó a la hora de la comida, cuando escuché unas declaraciones de Esperanza Aguirre sobre esos muertecitos nuestros. Me pareció un escándalo escuchar lo que escuché, aunque de esa boca sucia ya no me extraña nada de lo que salga. Y después de ensuciarme los oídos con la mierda de esa radical del dinero fácil, pillé por banda a mi Guille y le expliqué con detalle [en versión infantil, claro] todos los pormenores de mi actitud y todos los precedentes que me han llevado a ella… recordé entonces cómo mi abuela Antonia me explicaba, cuando yo tenía la misma edad que mi Guille, ese ‘cuentino’ hermoso de un hombre pequeñito con los ojos azules y una sonrisa eterna al que apodaban ‘El Juguete’… y la terrible razón por la que la sandía era fruta prohibida en la casa [mi abuelo llegaba con una sandía enorme el día que le robaron la vida, y quedó destrozada en el suelo]… y cómo sacaba de la vieja cómoda aquella camisa chiquita y aquel chaleco con agujeros y quemazones que guardaba como reliquias de la falta, y me los mostraba como si estuviera orando.
Y a media tarde brindé por mi abuelo con ron cubano.
•••
Recibo mail del hermanito Antonio Orihuela desde México [mecahis…] con el siguiente texto referido a la antología de poesía mexicana actual “15 balas” que he editado en mis talleres bajo la batuta orihuelita:

“Felipe, ayer, echándote de menos un montón, presentamos la antología en la casa del poeta, con un llenazo total y con los libros volando de mano en mano, el recital resultó estupendo y la gente recibio el libro con largos elogios; creo que es un buen trabajo…”.

También me indica Antoñito que la antología será presentada mañana en Ciudad Obregón… que haya suerte.

Tuesday, September 16, 2008

Cada día me preparo para decir adiós por si fuera el último.


Cada día me preparo para decir adiós por si fuera el último, porque no me quisiera ir de aquí sin despedirme… pero en la noche me suelo percatar de que no me he despedido de nadie, aunque sí lo he hecho de mis cosas. Y es que no sé dar el beso como si fuera el último, el abrazo como si se acabara, la mano como si ya no fuera a apresar al alba nuevo. Y así me siento como en el oficio de fénix, y voy borrando la luz que pasa para escribir la nueva.
Y me entristezco un poco.
Luego busco en mi carne mortal algo con lo que entretenerme, y juego a separar el blanco de todo lo mirado y ponerlo en un plano de contraste o enredo en el vacío gráfico de las palabras escritas para buscarme en él… y siento que mi ojo ha aprendido a engendrar animales extraños según cada latido, que mi corazón podría estar en el mostrador de piedra de esa casquería donde están alineadas las cabezas peladas de los cabritos y las blancas manitas de cerdo… y también acostumbro a amar físicamente con palabras, hacer de ellas dedos y caderas, muslos y espaldas suaves, bocas y hermosos miembros… y así voy haciéndome mundos sin puertas en los que descifrar el vuelo desdoblado de la palabra ‘filo’ o juego a ser el ácido que corroe el humus que seré y el cuerpo que ya he sido.
•••
Mientras mi abuela enhebraba la aguja con el hilo negro, quizás pensase en lo que habían hecho con su vida, porque mi abuela pensaba en parámetros de otros. Recosía el mandilón [todo era negro en su atuendo] y yo jugaba al laberinto debajo de los manteos de la camilla mientras su piernas me daban pataditas cariñosas enfundadas en unas medias negras y opacas.
– Corindilla, ¿hiciste los deberes?
– Sí, abuela.
Y se reía ufana de su niño del alma.
– Cuando seas mayor tendrás uñas para defenderte y palabras como el cuchillo grandón de la cocina. A ti, corindilla, nadie te hará daño jamás, porque yo ya he sufrido por tres generaciones y sé que cada lágrima será alegría en ti y empujón en tus padres.
Y se quedaba absorta, con el hilo colgando y las manos quietas.
– Yo voy a ser torero, abuela; torero y escritor… y te compraré un abrigo de visón para que estés bien guapa, ¿quieres?
Y reía de pronto, y lloraba también sin que yo lo notase.
Luego salía a jugar con los chiquillos de barrio y acabábamos con la pelota en La Cruz de los Caídos jugando al fútbol en el terrero de aquel parquecito. Cuando todos caían agotados o iban a la fuente a beber agua, yo cogía la pelota y me dedicaba a darle balonazos a la cruz como jugando… y pensaba en que cada golpe de balón en aquel desafortunado monumento al horror valía por una moneda con la que poder regalarle a mi abuela el abrigo de visón.
Mi abuela murió y solo pude regalarle mi sonrisa y la bolsa imaginaria de aquellos extraordinarios balonazos.

Thursday, January 3, 2008

¡Esos bribones!


Ayer recibí visita de Antonio Orihuela, su Mar y su divina Ángela. Todo rapidito, pues iban a Salamanca y solo se detuvieron lo que dura un abrazo y una cañita juntos. Del feliz encuentro me ha quedado un poema delicioso de Antonio, editado por Aullido Libros, que bajo el hermoso título ‘Que el fuego recuerde nuestros nombres’ guarda unos versos impactantes y dignísimos… una despedida de la voz hacia las cosas y los hombres que me ha dejado helado y lleno de ganas de ponerme de nuevo a encender un poema largo [refiriéndose a sus amigos, entre los que me nombra, escribe Antonio: ‘… adiós gatos peleones en la panza del tiempo. / Adiós hermanos, perlas transparentes, / conatos de felicidad que os disolvisteis en el barro / porque, qué otra cosa cabía hacer.’]… Una rareza titulada ‘Libro de tesoros’, editada por La Espiga Dorada, en la que me encuentro mientras leo y me emociono: ‘Luis Felipe Comendador buscaba las palabras que resultaran un escondite perfecto; hace años que nadie sabe de él.’… y el lujoso ‘Archivo de Poesía Experimental', editado por Cordón del Sur, en el que aparezco reseñado también por el amigo gracias a mi extraña labor editorial.
Es un tipo especial Antonio, un tipo al que admiro y al que quiero un montón. Su apuesta libertaria en la palabra es un ejemplo a seguir. Gracias, amigo.
•••
Y hoy se presentó en la imprenta José Antonio Sáinz, otro poeta arrugado por el espacio cerrado y el tiempo desfavorable, otro hermoso vencido, otro amigo perdulario de versos y palabras buscando la sensibilidad… llegaba con un gozoso almanaque de pin up’s para regalarme [una de esas ediciones molonísimas de la Taschen]. Quedamos para el día 15 de febrero en su instituto, en el que tendré una convivencia poética con sus alumnos [espero estar a la altura que tú te mereces, colega].
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¿Cuál es la posibilidad de que pueda decidir sobre lo que deseo ser? [pregunta surgida de la definición de Jasper sobre ‘¿qué soy?’].
Pocas o ninguna… todo a pesar de que sí puedo decidir sobre lo que deseo ser en función de mis posibilidades de ser, circunstancia que me acota y me aprieta en mi forma de ‘ser’, pues parto de caminos limitados por mi ‘estar en el mundo’.
Sí que alcanzo a decidir lo que deseo ser, pero tal decisión no implica –por imposibilidad y muro– que pueda llevar a la calidad de hecho lo deseado.
Y, sin embargo, sí que me siento lanzado al mundo, sí que entiendo que en mí nada la posibilidad de escoger, sí que comprendo que manejando el tiempo potencial puedo ser ‘capaz’ de iniciar el camino al que quiera disponerme por el deseo.
En fin, rollos para nada.
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Nevó en La Peña de la Cruz y el monte la sujetaba pelado como hacía años, gris como la ceniza del volcán Ubinas y amenazante como uno de aquellos monstruos del cine salesiano de los domingos. Me quedé embobado en la cuesta de Colón mirando la postal que conformaba aquella mancha blanca sobre el nublado de plomo, embobado y calado hasta los huesos por la divina lluvia persistente.
Pasó Mateo ‘el del Español’ con su ‘¡Feliz año, mi niño!’ y me sacó del trance, del viaje estético que acababa de surcar.
En mis días de Fru-frú y Citrania ya solía quedarme pasmado ante la vista de esa nieve que bajaba poco a poco desde La Peña de la Cruz hasta blanquearme los pies. Mi abuela Antonia, entonces, badileaba el brasero ‘echándole mil firmas’, avivaba las brasas con el mandilón, me quitaba los zapatos y los calcetines y me decía: ‘mete los pies, corindilla, que se te pongan calentitos’. Yo gozaba de aquel amor compendiado entre el brasero y la abuela… y me dejaba hacer hasta conseguir sensaciones lúbricas que ni en el acto del amor he vuelto a sentir. Mientras me calentaba los pies, mi abuela me hacía un café con leche en la cocina bilbaína y lo remataba metiendo en el líquido un tizón al rojo que producía un sonido animal y fragoso que ya tenía la potencia de irme calentando por dentro… al minuto llegaba el tazón bien endulzado junto a unas galletas María.
Era la nieve la que propiciaba aquello, y también la mantita roja de cuadritos abrazándome por los hombros mientras se calentaba el agua para la bolsa de goma que calentaría mi cama.
Era entonces cuando los gatos entraban en guerra abierta con mi abuela, pues su afán era cobijarse del frío en las escaleras de madera que daban entrada a la casa.
‘¡Esos bribones!’, decía mi abuela mientras cogía el escobón y salía tras de ellos como espantada… luego volvía a la casa resollando… ‘se fueron, corindilla, pero volverán y se encontrarán una sorpresa’… y subía al desvancito con una vela encendida sobre una palmatoria de metal, hacía unos ruidos misteriosos que yo escuchaba con verdadera atención y aparecía con unas matas secas de cardos llenos de pinchos que distribuía con maestría por el escalerón. Luego me llamaba ‘pirracas’ y me ponía el pijama antes de hacerme su hapenning diario, que consistía en tocarme con su dedo el ombligo y, por arte de magia, comenzaba a sonar el despertador de campanitas que tenía sobre la cómoda [la imagino ahora preparando aquel relojón de cuerda y ajustando todos sus movimientos para que el timbrazo coincidiera con exactitud]. Entraba entonces en mi camastro con colchón de borra como en el mismo cielo [ya estaba todo calentito gracias al buen hacer de la bolsa de goma llena de agua caliente] y me enfrascaba en la lectura del Pumby, el Jaimito o del TBO hasta que me entraba el sueño o hasta que sentía maullar con rabia a alguno de aquellos gatos ateridos.
‘¡Esos bribones!’… sonaba la voz deliciosa de mi abuela en la cocina.

Escribir para ese intento
de interrumpir el proceso
de la muerte

o para terminar con decencia
un día de todos los demonios

como éste

© Luis Felipe Comendador • Para L. P.

De FUMADORAS

Saturday, December 22, 2007

De ayer.


Se va el año y apenas puedo contar un par de cosas que hayan merecido la pena. En todo caso, el resumen es de demasiada actividad y escasos resultados.
Y encima estoy decaído por estas fechas trompeteras que solo me traen recuerdos amargos y mirada un tanto trágica.
En fin…
Dejaré que mi cabeza inclinada por el trabajo siga en su descenso, un descenso tan en progresión geométrica como el de mi cuerpo. No hay remedio.
Y me queda gritar, por lo menos gritar un par de minutos al día.. y también echar de menos…
•••
A la casa grande se accedía por tres tramos de escalera, una escalera de madera barnizada con alarmantes signos de carcoma. Allí vivía con mis padres, con mis juguetes y con las visitas esporádicas de los vecinos con los que compartíamos un corral común con su parra hermosísima y sus banquitos de piedra.
Allí pasé mi niñez, entre copiosas nevadas invernales y noches tan calientes como las de Alabama o las de San Luis [eso imaginaba yo, aunque nunca supe cómo eran las noches de aquellos lugares].
De aquella casa solo mantengo un recuerdo nebuloso que se resume en ocho o diez destellos: un hermano perdido, mi madre hirviendo leche o bañándome en un barreño de zinc, mi padre dándole vueltas a sus cuentas interminables, la moto de Tito Varillas aparcada en el portalón, un rifle rojo que me regalaron mis padres cuando me operaron de anginas y vegetaciones, los Reyes Magos bajando por el monte de El Castañar [los veía tan nítidamente que aún recuerdo la lentitud de sus camellos], la matanza anual del cerdo en el corral y los días de hacer jabón con sebo… diez años de mi vida resumidos en esos leves recuerdos.
Entonces todo era feliz a mi alrededor, hasta la muerte.
Luego [o antes, o durante, que no lo recuerdo bien] vino la casa vieja, la de El Solano, compartida con mi abuela Antonia, una casa con estructura del siglo XIX, con váter común en el portal, sin agua corriente, con una cocina bilbaína de hierro fundido, con brasero de cisco y un desván misterioso, con gatos que llegaban a la casa desde los tejados anejos, con dos alcobas ciegas y una cocina oscura… en ella tomé hábito por la lectura a base de tebeos y algunos libros viejos del abuelo Saturnino que le medio robaba a la abuela Joaquina cuando iba a verla los domingos [un Quijote destartalado, muchas aventuras de piratas y un volumen de ‘Flechas y Pelayos’ primorosamente encuadernado que no he vuelto a ver jamás].
También era todo felicidad en aquella casa… también hasta la muerte.
Y luego la casa nueva de la carbonería, con un balcón enorme mirando directamente al monte, en la zona más alta de la ciudad. Yo creo que fue allí donde empezamos a ser una familia… también la casa de la que guardo los recuerdos más nítidos. Siempre tirado sobre una alfombra persa de color granate jugando a los vaqueros, a los minicares, a las construcciones de Meccano…
Tengo que irme ya, que tengo cena de empresa con mis colegas.

De FUMADORAS

Sunday, May 13, 2007

Yo también hago planes para la nada.

Cada día hago cien planes de futuro para intentar salvarme y cada noche se han frustrado todos y cada uno de ellos. Hago planes para dormir menos y escribir más, para obtener ese dinero que me falta a todas horas, para comer lo justo y no inflarme a magdalenas con leche, para conseguir que mis hijos vean su formación como yo la percibo, para llenarme de enconada voluntad, para no caer en los engaños diarios que me hacen más miserable y adormecen mi frágil conciencia… Pero todo se viene abajo con la noche, justo cuando hago balance y percibo netamente que no he conseguido mantenerme ni un minuto en los presupuestos del día. Todo se solapa y cada pequeño acontecimiento modifica sin piedad el orden prefijado para destruir el futuro que busco como una sed.
Intento sacarle partido a este desastre [fracaso] y a veces lo consigo. Es como un enfoque de cámara subjetiva, un enfoque de lo que es el mundo que juega a la proporción inversa: enfoco el mundo y se me desenfoca el ‘yo’.
Lo más curioso es que soy capaz de cumplir casi todos mis compromisos con los demás mientras que no atino a cumplir ni uno de los compromisos que me marco para mí. Es frustrante, a veces demasiado frustrante… y de ahí tantos decaimientos de ánimo y tan seguidos. Toda esta sensación de plazos vencidos sin resultado alguno me hace más solitario de lo que soy, porque, entre otras cosas, le echo la culpa al mundo cuando quizás sólo sea fruto de una inexorable genética heredada.
No tengo voluntad, es triste gracia.
(18:35 horas) Anoto constantemente y no entiendo nada hasta que pasa un tiempo largo sobre lo anotado; entonces, cuando algo empieza a suceder en el poso de mis notas, crece una necesidad urgente de buscarle forma física [gráfica], de llenarlo de palabras y de signos. Es algo así como si mi vida sucediera después de mi vida, como si alguien la hubiese sembrado unos meses antes y comenzase a florecer de pronto, con todo ya pasado y sin posibilidad de ser recuperado [sólo sé recuperarlo como material de memoria]. El resultante de este proceso es siempre contradictorio, pues se aúnan la clarividencia de lo ya vivido y la frustración de no poderlo revivir en el mismo instante en que sucedió.
De este proceso salgo siempre muy afectado, sin ganas de seguir mientras me grito en silencio: ¡Estás loco, Felipe, totalmente loco o mentalmente muerto! Entonces busco signos en la memoria con los que compartir mi frustración, mi desesperación. Busco noches de abril en las que la temperatura se hace excepción del invierno, busco tactos sentidos, busco horas pasadas con sensación de instante e infinito, busco canciones viejas que me hicieron saltar y me elevaron, busco la mirada de mis hijos en un día de lluvia… pero con ello no logro sanar, no olvido, porque no sé olvidar… incluso a veces llego a sentirme peor.
La sensación, entonces, es que siento cómo mi vida sólo me sirve como recurso literario, ya que en lo literario sí encuentra sentido, pero es un sentido ficticio, un sentido que no me sirve nada más que para sentirme Narciso y muerto.
También pienso a veces que este tipo de existencia que relato es muy parecido a la existencia de las piedras, que ‘están’, pero no ‘son’ sin un ser que las desprecie, las lance o edifique con ellas.
Mi estudio tiene más vida que yo, porque recoge mis cosas y las amontona, contiene mis libros, soporta mis dibujos y cobija mi cuerpo como un objeto más que sumar a su desorden.
(22:42 horas) Caigo ahora en la cuenta de que fui un niño feliz, absolutamente feliz, y todo gracias a mis padres, que me ocultaron el mundo con una pantalla de sonrisas y cosas hermosas que hacer, y gracias a mi abuela Antonia, con la que viví unos cuantos años de mi infancia y adolescencia. Ella me llamaba “mi compañerito”, me hacía natillas y me compraba los viernes cuatro tebeos que leíamos juntos. Mis amigos de aquel tiempo también fueron parte de esa felicidad porque ellos también eran felices.
No sé de que me quejo, pues no tengo razones, ya que, haciendo la cuenta, no creo que sumen un 3% los humanos que han conseguido vivir tres años seguidos en el estado feliz que yo lo hice. Llevo un buen bagaje y ya disfruté mi capital y sus buenos intereses.
Lo que me suceda a partir de ahora será de regalo.
Gracias.
De Tontopoemas ©...

Saturday, April 14, 2007

Nuestra memoria es su castigo.

13 de abril de 2007

Vino Antonio G. Turrión de las Islas Británicas cargado con un regalo chuli, una antigua edición en inglés de la obra de William Shakespeare [“The Works of William Shakespeare”, tomo ocho] de la firma Whitehall Edition [gracias mil por el regalote, compañero]. También me cursó invitación de su lectura poética en Madrid, de la que dejo nota por si alguno decidiera perderse por allí: Lunes, 16 de abril, a las 20:00 horas en el domicilio social del Hogar de Ávila, que está en la calle Caballero de Gracia, 18. Aviso de que habrá copita de vino epañol al final del acto y que lo presentará el gran José Luis Morante.
[Mi celebración particular del día de La República Española] Por otro lado, ando revisando en los papeles de mi abuelo Felipe algunas pistas sobre las que sentir al hombre que me ha puesto norte, nombre y voz durante estos años de vida.
Diré que mi abuelo, Felipe Sánchez Barbero, fue robado de su barrio junto a otros dos bejaranos, justo en la Plaza del Solano, al ladito de su casa y justo cuando su familia –la mía– esperaba a que llegase con una gran sandía para comerla y gozarla en común. Se lo llevaron en un camión fascista hasta una finca de Candelario propiedad de una conocida familia de la burguesía fabril bejarana y allí fue asesinado junto a su acompañantes después de haber celebrado una terrible corrida [de toros] con ellos. Una vez asesinados, sus cuerpos fueron abandonados en el camino que va de Guijuelo a Los Santos. Los cuerpos fueron recogidos por vecinos de Los Santos y enterrados en la fosa común del cementerio de ese pueblito. Más tarde hemos conocido de forma vaga que sus restos, junto a los de otros asesinados, fueron llevados a una fosa común del Valle de los Caídos. Fue exactamente el día 21 de septiembre de 1936… Mi abuela, mi madre y sus tres hermanos no pudieron gozar de aquella sandía jamás, como tampoco volverían a gozar del cobijo del abuelo Felipe, que por entonces contaba 31 años.
Pues bien, hasta el año 1951, exactamente el día 30 de octubre, no se reconoce por el Ministerio de Justicia la viudedad de mi abuela Antonia [y ello gracias a Juan Belén Cela y a Mateo Hernández]. En ese reconocimiento en acta de defunción [número 145, folio 93 del Ministerio de Justicia] figura le fecha exacta de la muerte de mi abuelo, el 21 de septiembre de 1936.
Lo curioso es que entre los papeles que tengo en mis manos figura un auto de procesamiento del juzgado de Béjar en el que se asegura que mi abuelo, al que se nombra en el mismo como “Felipe el Guguete” [‘Juguete’ era su apodo], murió en un ‘choque con las fuerzas públicas’ un día cercano al 19 de julio de 1936, dos meses antes de su muerte real.
El documento, toda una inmundicia de falsedades para justificar el asesinato de decenas de bejaranos, simula una suerte de levantamiento en el que matan o apresan a todos los que luego [o antes, como es el caso de mi abuelo] perderían la vida de forma violenta [muchos de ellos fueron asesinados en Salamanca el día 1 de enero de 1937 después de penar cárcel y lo que cayese, que debió ser bastante].
Paso a reproducir la manipulación judicial que hizo el fascio para acabar con la vida de tantos buenos trabajadores bejaranos:

[sic] “AUTO DE PROCESAMIENTO

RESULTANDO:
Que el 19 de Julio los del pueblo de Béjar enterados al parecer por Jose Juan Marcos telegrafista de la Estacion. Del paso de las fuerzas del Batallon de Plasencia que en dirección a Avila pasaban a oponerse al avance de los rojos y con conocimiento del movimiento Nacional en marcha; acuerdan oponerse de manera resuelta a el, para lo que se constituyen en partidas armadas destando exploraciones, cortando la carretera con árboles y maderos cruzando alambres de espino de lado a lado de ella, agrediéndola y causandola baja y con posterioridad, con el que se ensañaron despue de muerto arrastrándolo por las calles; ponen barricadas y patruyan por la población hasta que no les es posible resistir a las fuerzas que el Gobierno manda para restablecer el orden y aun después algunos elementos huyen a la sierra, donde constituyen focos que ha tenido que ser reducidos por las fuerzas de Falange y Guardia Civil, resultando algunos muertos y otros huidos sin has la fecha saber su paradero.

RESULTANDO:
Que como autores de este acto de rebeldia aparecen encabao Valentin Garrido Muñoz, Eloy González Banito, Manuel Francisco Crespo Pedro Miñana Regadera y Dámaso Hernandez Dominguez que en el ayuntamiento y en la Ciudad, se aprestan a repartir y a requisar armas para los revoltosos y aun se dirigen al Cuartel de la Guardia Civil a pedir mas y se ordena por un vale firmado por el alcalde Eloy Gonzalez la requisa de municiones en las diendas, dirigiendo tanto este como el Valentin Garrido los registros domiciliarios.

RESULTANDO:
Que le citando Pedro Miñana procesado en la causa Nº 520 unida a esta por reparto de las armas del citado Agente Sr. Cobaleda según folio 26 aparece de nuevo repartiendo armas mezclado con los directivos de este Movimiento.

RESULTANDO:
Que Alfonso [ilegible] con Tomas Corrales Sanchez [ilegible] digo Marcelino Aparicio Villagomez son destacados en la Venta de la Peregila con armas para dar aviso del paso de las fuerzas, que José Sáncez Montero Angel Garcia Jiménez y Miguel Carpintero Guij ponene por ordenes de la dirección del movimiento alambre de espino y maderos sobre la carretera para interceºtar esta.
Que el Valentin Garrido Sanchez Celestino Garcia Martín, Gregorio Nieto Muñoz, Félix Vallejo Garcia, Baltasar Alonso Aprea, Pedro Lices Moreno, Emilio Crespo Nieto, Benito Nieto Nieto, Vicente Garcia Marti Felix Carretero Hernández y Marcos Martin Matos, constituyen un grupo armado dirigidos por el Valentin Garrido Sánachez que ampado en el ventorro del Candil y tapias a el inmediatas hostilizan a la fuerza siendo causa del vuelco de una de las camionetas resultando heridos varios individuos entre ellos un Alfarez y un Sargento que los mandab Que el Miguel Santos Santos, Felipe Gonzalez Hoya, Candido Rozas Gutierrez Adolfo Izcaray Cegriano, Antonio Gutierrez Sánchez Enrique Castro Perez, Francisco Barroso Gonzalez y Raimundo Castellano aparecer bien constituyendo grupos armado que desde el Parque y Puerta la Villa hostilizan a la fuerza publica bien patryando pors barricada que por las calles que tenian distribuidas par impedir la entrada de las fuerzas.

RESULTANDO:
Que el Manuel Francisco Crespo, el Damaso Hernandez Domínguez y Raimundo Castellano encartados en esta causa han huido ignorandose aun su paradero que los otros encardos conocidos por Barreron El Furria Santos Gonzaes, Juan Rodríguez Molina, Valcarcel el Tuerto, El Genarin, Rufino, Manuel de Arriba, Cesareo Peña, El Alfonsito, El Felipe el Guguete, Martin Gorriato, Cuadrado el Mayor, Julian el Colorino Garcia Castellano han resultado muertos con choques con las fuerzas publica y otros huidos,

CONSIDERANDO:
Que los hechos y circunstancias anteriormente mencionadas constituyen un delito de Rebelion Militar y agresion a las fuerzas armadas previsto y penado en el Bando de claratorio del Estado de Guerra del que parecen responsables en el concepto de autores por parcicipacion directa y voluntaria los anteriormente citados

CONSIDERANDO:
Que le los hechos y circunstancias mencionadas en los anteriores Resultando constituyen un delito de Rebelion Militar previsto y penado en el Codigo de Justicia Militar y Bando dietado por la Autoridad Militar.
Vistos el citado Codigo y Bando declaratorio del Estado de Guerra el Sr. Juez Instructor Don Gaspar Hogado Manzanara por ante mi el Secretario: acuerdan declarar procesados a resultas de este Sumario los encartados Valentin Garrido Muñoz, Eloy Gonzalez Pedro Miñana Regadera, Alfonso Gomez Caceres, Tomas Corrales Marcelino Aparicio Villagomez, Jose Sánchez Montero Angel Garcia Jiménez Miguel Carpintero Guijo, Valentin Garrido Sánchez, Celestino Garcia Martín Gregorio Nieto Muñoz, Felix Vallejo Garcia Baltasar Alonso Aprea, Rufino Lopez Garcia, Fermin Lopez Garcia, Luis Fraile Parra, Pedro liceo Moreno, Emilio Crespo Nieto, Benito Nieto Nieto Vicente Garcia Martín, Felix Carretero Hernández Marcos Martín Matos, Miguel Santos Santos, Felipe Gonzalez Hoya, Candido Rozas Gutierrez, Adolfo Izcaray Cegriano, Antonio Gutierre Sánchez, Enrique Castro Perez, Francisco Barroso Gonzalez y Jose Juan Marcos con quienes entenderan los demas de la ley continuando en la Prisión Preventiva: notifíqueseles este acuerdo indagusle i tráiganse su datos estadísticos compruébense las citas que hagan y dese cuenta de esta acuerdo con copia del mismo a la Autoridad Fiscal y Jurídico Militar de la División.
Asi lo manda y rubrica S. S. En Salmanca a diecisiete de Octubre de mil novecientos treita y seis.”

Escalofriante el relato si se conoce a ciencia cierta por testimonios de familia, como sucede en varios de los hombres nombrados en él, que fueron robados de sus casas con el único fin de deshacerse de ellos bien por el método de la tortura y el paseo o bien por el del juicio sumarísimo y el paredón.
Si alguna persona está interesada en conocer este documento, gustoso le haré copia impresa.
Va en memoria de mi abuelo Felipe y de todos los que sufrieron la voraz agresión fascista de los golpistas asesinos del Movimiento Nacional.
De Tontopoemas ©...

Sunday, March 25, 2007

Prefiero un punto nitido a un universo nebuloso.

Porque una ética puede ser buena o mala, y siempre según el punto de vista que tomemos, una moral también puede ser buena o mala por las mismas circunstancias. Mientras que la primera toma función en los valores [que pueden ser de orden material, sentimental o espiritual], la segunda se expresa en las normas y los usos de esos valores. Así, una buena ética puede llevarse con una moral perversa o una ética nefasta puede enmascararse con una moral decorosa.
En todo caso, cualquiera de las percepciones que suponen una ética y una moral son falsas de base, pues su desarrollo implica la suposición de que hay otro que va a tomar mis parámetros como comparación e incluso como forma de uso vital… y esa suposición, por serlo, ya es de partida irreal.
Así, yo le doy un valor a la amistad y supongo que tal valor es par en quien va a recibirla… a la vez, presupongo unas normas para que esa amistad camine, y también imagino que quien recibirá mi amistad va a tenerlas en cuenta y a cumplirlas. Si el valor de la amistad y las normas de uso no concurren en mi amigo, ¿podré decir que es mi amigo?, ¿podré hacerlo cuando yo he marcado el territorio de forma individual?, ¿entraré yo en los presupuestos de valor y norma que mi amigo tiene sobre la amistad? Generalmente terminamos convocando las coincidencias y dejándolas reposar con tiempo y distancia… pero ni la ética es la misma, ni la moral es exacta.
De ahí que siempre tire a buscar/encontrar una idea de individualidad que no requiera del otro más que aceptación o repulsa, de tal forma que quien me acepte acabe encajando en mi presupuesto valorativo y normativo. Es jodido llegar a una buena impresión de este concepto, lo sé, pero es interesante pensar que aporta solidez frente a la realidad nebulosa de lo moral y lo ético.
(17:17 horas) Cambio de hora con sueño perdido y un jodido virus que se ha hecho fuerte en el vientre de mi Felipe. Resumen: noche de Valpurgis con levante de madre a las dos, a las tres, a las cuatro… a las seis llegó la niña [papis, que he llegado], a las ocho Felipe de pie [… que me voy de bareta… y se fue]. La mañana de médico de urgencias [no es nada, es un virus, le pondremos una inyección para cortar los vómitos y que beba solo líquidos hasta hora de cenar]… y luego… papá, bebo ya… papá, ¿entonces no puedo comer?… papá, tengo hambre… papá, me mareo… papá, ¿tengo fiebre?… papá, ¿está el baño ocupado?
Vi la hora de comer mientras Valentino se hacía con el oro en Jerez y yo cortaba patatas finas para freír en freidora.
Y de mi Ángeles no hablo, que ha sido como multiplicar lo mío por cuarenta y sumarle dosis doble de Magdalena y Ángel… y mis papis en Sevilla, de boda, para más inri [qué apoyo dan siempre unos buenos padres, coño].
Vamos, que tenía como meta para este fin de semana dormir como un cosaco y el resumen es sueño sobre sueño y un proyecto de gripe cabrona fraguándose adentro.
No tengo suerte, coño.
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Llevo toda la tarde escuchando y cantando a viva voz “Campanades a morts”, y lo hago como una oración, igual que lo vengo haciendo cada 20 de noviembre desde que Lluis Llach la editó, y lo hago para conmemorar a mi abuelo Felipe, para echar de menos un recuerdo que me negaron y que guardo en mi cabeza como un inmenso vacío… “¡¡¡Asesins!!! ¡¡¡Asesins de vidas!!!”… Hay canciones que responden en sí mismas a todo lo que quisiera gritar… ésta es una de ellas, quizás la mejor.
Escúchala, amigo Ramón [Ramón Hernández Garrido], en silencio y con un volumen que te haga daño, que te duela en el pecho… escúchala a oscuras y dime lo que sientes, porque esta canción nos une desde antes de que viéramos la luz y de que ella misma existiera. En ella están nuestros muertos y en ella late el eco con el que hemos de vivir hasta el final.
(22:19 horas) Yo no soy socialista, entre otras cosas porque ya hace años que no milito, ya que me defrauda el sistema de partidos cada mañana cuando me levanto y reniego del acto ideológico porque me crea un mundo lleno de contradicciones [soy tan jodidamente contradictorio a solas, que no tengo capacidad para sumar más contradicciones a las que ya me llevan], pero tengo en mi mochila una impronta social importante y diversa que viene, cómo no, de mi abuela Antonia, de mi madre y del recuerdo de mi abuelo Felipe. Busco en el territorio de la individualidad algo por lo que luchar y por lo que vivir, pero me resulta muy difícil dar pasos nuevos. Sobrevivo entre sonrisas y decepciones intentando sacar una empresa adelante en la que los valores humanos puedan al negocio, pero eso me lleva siempre a atisbar el borde de la ruina y a conocer mucho mejor el triste material del que estamos hechos los hombres. Soy de izquierda por convicción, eso sí, y también por lógica, pero no desdeño lo que de positivo me aporte cualquier otra postura. Mi postura más árida la guardo para los tipos sin escrúpulos, y lo hago porque aún creo en el hombre [aunque poco], y ese creer me obliga a tomar posturas radicales con ciertos personajes crecidos para la destrucción.
No soy bueno ni malo, pero me gusta mucho jugar a ser ambas cosas a la vez.
El juego… ahí está la clave, en jugar cada minuto al hedonismo, a la radicalidad, a la perversión, a la tristeza o a la rabia… Sin juego no podría existir.
De Tontopoemas ©...


* "Campanades a morts" de Lluis Llach. [va dedicada a ese "anónimo" que me pregunta... esta canción resume mi eterna rabia, siempre la ha resumido... y es una magnífica respuesta a algunas de tus preguntas... Y a Ramón H. Garrido, y a su madre –siempre en mi memoria–, y a mi abuela Antonia y a mi madre, su hija].

Sunday, January 21, 2007

Colecciono muertes ajenas. Busco muertos... pago a plazos.

Llega a primera hora Lola González Canalejo con las correcciones de la revista «Estudios bejaranos» y me regala un par de libros a los que me apetecía meterles el diente: «Celebración del mundo, celebración del tiempo», del colega José Luis Puerto, y «Las cinco abejas. Béjar en el siglo XX» de Jesús López Santamaría. Mil gracias, Lola.

Como descanso, me tomo un cafetín con leche en PdeT y me veo en papel prensa gracias a mi César Yuste, que da noticia en «El Adelanto» de la próxima edición de mi libro «Esa intensa luz que no se ve» en la deliciosa editorial del colega Segundo Santos. ¡Carne de papel!, Alberto, eso somos, carne de papel.
(13:44 horas) Quizás el asunto esté en el equilibrio, Alberto, en buscarlo, encontrarlo y quedarse a vivir en él, pero, ¿qué es el equilibrio y cómo se sabe que uno está en él? Mi abuela siempre decía que los hombres se visten por los pies para hacerme entender que hay que ser perseverante y enconado en las propias decisiones para poder llevarlas hasta sus últimas consecuencias. El problema surge cuando para perseverar en una idea, en un proyecto, en una obra... tienes que desequilibrar todo tu estado de tranquilidad y entrar en un campo de desasosiego y dudas. Si persigues el equilibrio, te detienes en la búsqueda y dejas tu proyecto de vida a medias, en una mera declaración de intenciones; pero si perseveras hasta el final, encuentras malestar y acabas siendo sacado a empujones de ese percentil humano en el que la vida es relajada y gozosa en medio tono. Querer brillar puede llevarte a la oscuridad total, y quedarte en lo gris es perderte en una penumbra que nunca puede saciar ni dar respuesta. ¿Qué debemos hacer, Alberto?
(16:24 horas) De cometerlo, he llegado a la conclusión de que me gusta el error, me gusta porque habla de imperfección y de posibilidad de superación, porque sabe dejar en difuminado los límites, porque deja turno de contestación y de réplica. No hay nada que más encienda y anime que descubrir el propio error y trabajar en ponerle soluciones buscándole las vueltas. Lo perfecto es cosa de dioses, y esas criaturas perversas son sólo fruto de la cabeza necesitada de los hombres. Vivamos pues en el error, amigo Alberto, y él nos propiciará caminos nuevos en los que perdernos con esa lujuria que abre selvas.
No hay que temer al error... a lo que hay que temer es a la perfección.
(19:22 horas) Llego de ver «Pérez, el ratoncito de tus sueños» con los críos y me ha parecido una pequeña estafa. Acostumbrado a ver pelis para críos desde hace la friolera de 18 años, creo que ésta es la que menos se sostiene en el desarrollo de la historia. Con bastantes menos medios he visto películas muy superiores a la mentada. Piensan que los chavales son tontos y se equivocan de medio a medio. Mis hijos han salido comentando los graves errores que presenta la historia y la floja sobreactuación de los personajes reales.
En fin... como es para niños.

(19:40 horas) «Nunca le falta a nadie una buena razón para matarse» [Pavese, 23 de marzo de 1938]. Lo mismo sucede con la urgencia de vivir, pues tampoco le falta nunca a nadie una buena razón para seguir viviendo. Todo radica en el estado de ánimo, en la que la voluntad decidida se apoye en uno de los dos lados de la balanza. A veces morir es lo fácil, pero otras veces la decisión de desaparecer es muy difícil de tomar. No puedo imaginarme en la cabeza de un torturado en Irak, en Colombia o en Guantánamo; no puedo imaginarme en el cuerpo de una mujer violada ni en el de una madre con su hijo muerto en los brazos... son vidas al límite, proyectadas hacia la muerte. En ellas debe ser fácil morir. ¿Y el hombre normal de una sociedad pacífica, con su vida medio resuelta, con un trabajo, con un amor caliente que llevarse a las piernas, con mil bienes de consumo en su mano, con la tranquilidad a la puerte de casa...?, ¿cómo puede ese hombre llegar a la voluntad de muerte? Esta situación plantea que hay un estado de la conciencia en el que el sufrimiento mental/sentimental puede equipararse al sufrimiento físico sin que éste exista... Matarse por amor, por fracaso, incluso por desgana, por falta de emociones y altibajos en la vida.
Pavese tomó esa decisión durante el año 1950, harto quizás de buscar la trascendencia, el amor o una esperanza en algo o en alguien. Hizo el gesto de la muerte y con él se bañó de una eternidad que acabará algún día, porque la eternidad también se acaba.

Tuesday, July 18, 2006

Tu Fu


«Dieciochodejulio». No me da la puñetera gana de olvidarme de esta fecha, coño, porque sigue siendo el símbolo (ahora en voz baja) de los perversos unidos bajo unas siglas tan poco acertadas como «PP» (Partido Popular). Me gustaría que el partido que giobierna actualmente nuestro país consiguiese una buena desaparición de ETA para poder ver con mis ojos cómo se troncha esa fiambrera atómica que es la unidad de la derecha/ultraderecha española.
Ya estoy viendo una guerra a muerte entre católicos radicales, ultraconservadores integristas, frentes diversos de mano tiesa y boina con borleta, caballeritos de Cristo Rey, racistas del pulcro sepulcro y otras lindezas ultrapolíticorreligiosas. Lo adivino en el horizonte como un sol tranquilo como adivino mi sonrisa para ese entonces.
No me da la puñetera gana de olvidarme de esta fecha porque no puedo olvidarme de mi abuelo Felipe, ni de mi abuela Antonia, ni de mi madre, ni de tantos olvidados que sufrieron los caprichos guerreros de tantos fascistas asesinos.
(21:12 horas) Todo lo fundamental ya estaba aquí cuando llegué, y aquí seguirá cuando me marche. Y no sé si me esperaban como soy o fui pura sorpresa, pero sé que saben que me iré y que algunos se alegran esperando y que al resto le resbala. A mí no me importa, pues sé que fui y soy, y sobrevivo en un seré que no es excitante, pero que me sirve. ¿Qué dejaré?...

(22:19 horas) Ayer, sin querer, escuché que alguien me llamaba «subnormal» sin darse cuenta de que la normalidad hace a los hombres anodinos. En fin, aguantar la normalidad de los demás todos los días hace que me sienta un subnormal infeliz y que en mi percepción de esa subnormalidad sea en el único lugar en el que encuentre un resquicio de luz.
Ser normal, como quien me tilda de minusválido psíquico, sería para mí bastante triste.
¡Aire!

Thursday, May 25, 2006

Bashoo


Otra vez asuntos económicos para sacarme de quicio, asuntos económicos y telediarios hirientes con declaraciones abiertas del monigote Acebes cargando contra la emigración y apellidándola de delincuente, asuntos económicos y un huracán Zaplana devorando los restos de todos los naufragios, asuntos económicos y no saber qué hacer con Youssouph y Malick (mis «delincuentes» más queridos), asuntos económicos y el retorno de un Jedi que me habla de la esencia de Dios y de su santísima madre (Madre), asuntos económicos y todo un tratado de la utilidad para sentirme por unos minutos la calavera de don René Descartes... Asuntos económicos, asuntos políticos, asuntos morales, asuntos religiosos... mezclándose con los conocidos asuntos fisiológicos que tan amplia zona ocupan en la ciencia escatológica.

Mañana haré un viaje comercial y espero sacar de mí al mejor escritor para vender, la mejor máscara.
(15:28 horas) Lo que objetivamente está en el mundo, ¿a quién pertenece?... y lo que lleva calidad de abstracto, ¿cómo puede arbitrarse? Mi niñez fue muy feliz, y sé que ese estado se lo debo a mis padres y a mi abuela Antonia, pero mis padres y mi abuela crecieron unidos a la dificultad y, me consta, su vida junto a mí también estuvo llena de problemas. No sé si ellos fueron felices en su tiempo infantil –me temo que no demasiado, pues sus carencias eran todas–, pero supieron conseguir que yo lo fuera.
Ahora me planteo mi felicidad y percibo netamente que hace aguas. Y lo tengo todo, o por lo menos todo que creo que puede tener un hombre –hasta ambición–. ¿No debiera ser feliz aunque sólo fuera en pago a la felicidad que ellos –mis padres y mi abuela– me procuraron?
Siento la felicidad como una herencia trabajada que no debiera malgastar, y sin embargo se va difuminando sin que acierte a saber dónde está la vía de escape que produce su pérdida. Y siento que debiera dejarlo todo para trabajar sólo por mi felicidad y por saber dejársela de herencia a mis hijos. Un bien sin medida para una vida bien trabada.
Y leo retazos de este diario, entradas de hace unos meses, y me veo farragoso y siento que voy a peor, cuando no al socaire de todo lo malo que me sucede. Ya he concretado que no estoy hecho para convivir con el tipo de gente que está dentro de los percentiles sociales actuales, ya me he definido en una estupidez centrada, ya me he convencido de la inutilidad de mis pensamientos y ya dudo de mi valor en el mundo del trabajo. Hago lo que nunca quise hacer, vivo como jamás quise vivir, he repetido tramos de vida que anteriormente me hicieron sentir desgraciado sin haber aprendido nada... Ahora, ¿cómo me resum0?, ¿hacia dónde voy?, ¿qué debo hacer o deshacer?, ¿me queda tiempo?

(20:06 horas) Enredando entre mis papeles para recolectar material con el que llenar mi nuevo estudio, he recuperado hoy mi ejemplar de «Cuanto sé de mí», de Pepe Hierro, con una deliciosa dedicatoria del maestro en la entrada del libro –un rostro femenino muy griego con una ventana y un florero–. Recuerdo que Pepe lo hizo con su pluma de batalla y luego lo retocó mojando su dedo índice en la copita de chinchón que se estaba bebiendo. La dedicatoria data de 1998, año en el que pasó unos días en Béjar y pude disfrutar de su ingeniosa compañía y del entusiasmado y sentido declamar de sus versos.
Y, ya puestos en el azar del encuentro, me he leído el libro de un tirón, pues hacía un par de años que di por desaparecido este volumen y ya había olvidado casi todo su contenido –he de decir que no tengo perdón del Diablo por mi enfermiza memoria y el constante descuido que tengo con mis cosas–. Y me he reencontrado con aquel mágnífico cráneo en el recuerdo, con aquella mirada dura y entrañable hablando de las cosas y el oficio de nombrarlas («no tengo miedo nombraros / ya con vuestros nombres / cosas vivas, transitorias...»), de aquel hablar como se hablan los hombres, «conteniendo las ganas de llorar...», de sus preguntas que hoy son mías («¿qué hago yo aquí?»), de acatar la vida, de aquel dolor que fue en principio... o aquel magnífico tramo de ‘La aventura’ en el que la verdad es también la realidad: «Buscas los días. Te aferras a escenas / que son el reflejo de un sueño en la sombra de un sueño.». Maestro de la nada, Pepe, y del soneto, y del mejor jamón de Guijuelo, y del tabaco, y de la bebida blanca más peleona... Maestro de la nada que dijo para mi mal «malaventurados los que abrimos nuestros corazones». Tengo tu trazo otra vez en un lugar exacto para que seas «nada» de nuevo en los estantes de mi biblioteca. Pepe muerto y vivísimo ahora en mis manos, Pepe el de los jirones de belleza, el de los fatales jirones de belleza... Te echo de menos, tío –¿o debiera llamarte abuelo?–, enredándome para engañar a tu Lines con el penúltimo (?) cigarrillo del día y el primero de la noche.

Pepe, mientras escribo de ti, o te hablo, o no sé... un mecánico de esa capital del reino donde tú tenías letras, mesita y compañía, está dándome la vara con un ruido infernal para poner al día las máquinas de mi imprenta. Y me gustaría que compartieses ahora ese ruido generador de palabras hermosas e infumables bodrios, que rieses conmigo delante de una copa y que viéramos juntos las estampas antiguas de desnudos que guardo en una caja vieja. Y que me dieras una palabra tuya para que mi mejor offset supiera de una vez lo que es la gloria.