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Tuesday, April 15, 2008

"Coge siempre un pedazo …" [Sheri Martinelli]


No tengo ganas porque el par se hace uno sin querer y en la resta todo da cero, porque exijo y no doy o porque no sé darme, porque a veces las palabras se tuercen y lastiman, porque ya no sé mirar por el agujero en la media, porque no tengo espejo, porque el amor se piensa como filantropía, porque estoy solo y duele, porque me reconozco, porque nadie me enseñó a arrodillarme cuando fuese preciso, porque ya no traduzco las obsesiones ciertas, porque siento terror a mis manos vacías, porque lloro y sé por qué, porque tiemblo ante un nombre, porque lo clandestino termina en cotidiano, por esta mala racha, porque mi vida tiende a ser página en blanco, porque no soy capaz de mejorar a Milosz, porque soy una estatua de sal que se diluye, porque no siento sed pero presiento el agua, porque no creo en Dios pero sí en un adiós que me imposibilite, porque no sé qué hacer y no encuentro respuestas, porque siento y me como el sentimiento entero, porque me encolerizo, porque quiero dejar de ser yo y ya no puedo, porque estoy agotado, porque nada es ya simple en mi torpe existencia, porque niego la cruz y santifico el sexo, porque yo soy el tigre y el dolor de la víctima, porque moriré pronto si ya no puedo más, porque mirar seduce y me estoy quedando ciego, porque duele la herida, porque quiero ser otro, porque hay mucha distancia…
“Coge siempre un pedazo cuando te pasen la tarta, porque podría no volver…”, le dijo Sheri a Buk el día 15 de abril de 1961… y en mi cabeza siempre retumba ese consejo al hombre perdido… ‘coge siempre un pedazo, que podría no volver…’.


Autorretratos de hoy • © lf comendador

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Estamos decididamente en toda la obra de Otto Dix, en el “Selbstbildnis mit nacktem Modell”, tú mirando a la nada y yo a la idea, con mis manos caídas y bien afeitado; en el “Despreciadores de la muerte…” con la muda recién puesta; en la “Pareja de amantes desigual”, tal como somos con los ojos abiertos… y tú estás sola en el “Desnudo de espaldas, acostado”, y yo en el “Autorretrato con cigarrillo”, y tú en el “Chica de mejillas rojas”, y yo en el “Autorretrato fumando”, y tú en la “Embarazada”… y yo en la jodida “Trinchera”, intentando salir de toda esta mierda.
Mirar pintura me calma tanto como pintar… mirar pintura e imaginar mi vida en esos cuadros, retorcerla, constreñirla, ahogarla, terminarla y volverla a empezar.




Monday, April 7, 2008

Utilizar las uñas.


Siempre me pregunto por lo que nos hace salir adelante cuando estamos mal, pero sobre todo lo por que le hace seguir adelante al que no tiene dónde caerse muerto y su vida es una torcedura constante… levantarse entre la porquería y saber a ciencia cierta que vas a volver a dormir sobre ella, y sonreír y buscarse una solución de urgencia cada jodido minuto con la decisión de pasar un día más, aunque sea sin esperanza… quizás todo radique en saber conformarse y entender que el pan duro y la colilla a medio consumir que le arrebatas al tipo de la limpieza pública, ése que lleva un chaleco fosforescente, te pueden dar tanta intensidad como una campaña militar en el norte de África o descubrir las propiedades y los usos del Radio… quizás todo tenga solución en procesar la vida como una aventura por hacer, una aventura en la que te lo juegas todo a un mínimo absoluto que termina justo cuando aparece el siguiente.
El peligro mayor está en la cabeza, en pararse en el hacer y el conseguir, y dedicarse a elucubrar hasta la justa locura y la consiguiente desesperación.
‘Hacer’ resulta siempre una terapia magnífica para los fracasados como yo, pero hacer con imperfección y sin buscar finales, hacer como quien toma unas avellanas entre comidas o dibuja un monigote en una servilleta de papel. Al fin y al cabo, es muy sencillo percibir que nunca has ido a lugares concretos porque, entre otras cosas, no hay lugares concretos a los que llegar con la cabeza… por eso hay que utilizar las uñas y aferrarse en lo absurdo de una actividad sin frente y sin perfil. Y es que todo se resume en contrariedad, contrariedad de lo físico [el tiempo nos derrota hasta los huesos afilados] y contrariedad del pensamiento [que se abate siempre en busca de una luz, cuando tiene claro que solo existe un solucionario de oscuridad]. Por ello, por todo ello, hay que buscar siempre hacer de la vida una línea quebrada o, como poco, discontinua; una línea en la que la caída sea impulso y el ascenso convoque ese magma capaz de hacerte caer sin demasiado peligro.
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Se pregunta Valéry que si el hombre empezase hoy su camino, con los conocimientos científicos que poesee y sin el retórico bagaje de las supersticiones históricas a su espalda, inventaría las religiones tal y como ahora las mantiene y las consume. Es/fue magnífico este tipo, y su mundo [que acabó físicamente en 1945] late con fuerza y novedad en la filosofía por hacer. Leer [despacito, que lo pide el texto] sus “Cuadernos” es descubrir en cada frase un camino nuevo y distinto por el que pasarse diez vidas enteras caminando. Sus pensamientos son brillantes y su interpretación del hombre es asombrosa y positivamente distinta a otras que conozco venidas de los grandes intelectuales de los siglos XIX y XX.
Permítaseme decir que estos “Cuadernos”, junto a “El oficio de vivir” de Cesare Pavese, los “Diarios” de Alejandra Pizarnik y el “Noches de escupir cerveza y maldiciones” de Bukowski y Sheri Martinelli, son para mí [y seguro que también para quienes las degusten como yo lo he hecho] las cuatro obras luz del siglo XX, cuatro trabajos abiertos que dejan en la lengua el sabor intenso de que aún se puede hacer esa revolución necesaria que lleve al hombre a la excelencia y que le dé valor real a los principios y a los finales intelectuales.
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Y Buk… “… no debemos estar seguros nunca, ni siquiera cuando lo estamos…”. Buen plan de vida, un plan magnífico que solo responde a la realidad y que, por ello, nos pone en la realidad. Pero una cosa es no estar seguros y otra muy distinta es vivir acobardados, escribir acobardados y morir acobardados. No, a eso me niego. Me niego con rotundidad.
Llegamos desnudos [alguno dirá: ‘unos más que otros’, y tendrá razón…], y ya es inseguridad esa desnudez, una inseguridad de la que debemos aprender a empellones… luego, la vida nos pone en un espacio [que puede ser cabrón o amable] y en un tiempo [que siempre es para gastarlo, pero hay demasiados que no saben hacerlo], y tenemos que gestionarlos poniendo parámetros con cierto valor matemático [quiero decir ‘por acuerdo unánime’], unos parámetros que nos marcan la unidad, y luego nos queda operar con ella, sumar o restar, multiplicar o dividir, o quizás cualquier otro tipo de función compleja… y desde esa unidad nos sentimos colmados o frustados, derrotados o vencedores. Lo malo es que las unidades son completamente distintas de un hombre a otro y, lo peor, es que en ellas muchos se apoyan para mirar con seguridad al mundo que les rodea [el que nació con casa, no puede imaginarse sin ella; el que llegó con fincas, no se haría sin el horizonte que marcan sus hectáreas; el que amaneció con unos padres vivos, no puede idear su existencia sin ellos a corto plazo… y esas son sus unidades, y no admiten merma posible… hasta que llega].
Ayer, alguien a quien quiero mucho le puso nombre a uno de los monigotes que me inventé el fin de semana, un espectro con la cabeza hecha de una mancha negra y los ojos espirales. Lo llamó ‘Poemalo’, y me explicó que lo había visto en sueños como un ser capaz de entrar en las historias y cambiarlas. Sin querer le había dado forma a la ‘inseguridad’ no valorada, pues a ese ser de tinta china lo imagino capaz de quitarle la casa al que la tenía como unidad, de quitarle las fincas al que miraba su horizonte hacia el norte, de quitarle los padres al que fiaba en ellos la comida diaria… un ser, ‘Poemalo’, capaz de cambiar con su sola mirada el valor de la unidad de cada uno para ponerle a la vida sazón y desastre.

Tuesday, March 11, 2008

La luna de Cheshire.


Anoche caminaba agotado hacia mi casa cuando me sorprendió una luna enorme, igual que la que vi en Mangola durante las noches de mi viaje africano. Era de nuevo el gato de Cheshire, con esa inquietante costumbre de dejar su sonrisa flotando en el espacio, haciéndome partícipe de la magia de su boca lunática [y hasta diría que lasciva]. Recordé entonces algunos párrafos de la obra del gran Enrique Anderson Imbert intentando revelarme desde su muerte lo que sucede al otro lado del espejo, junto a esa gran sonrisa absolutamente perturbadora que es la purísima intuición en la que me gustaría vivir por los siglos de los siglos y amén… y así transgredir la realidad con toda la irreverencia que me queda.
Decidí alargar mi camino para sentirme acompañado de esa luna/gato que me mataba de puro placer y vi en ella unos labios distantes que sugerían el desnudo invisible más bello que pueda imaginarse, y me sentí mordisqueado levemente por sus dientes blanquísimos, y note que me abducía como a un amante imperfecto y me hacía el amor por dentro hasta hacerme implotar [debe ser luminoso eyacular hacia adentro y que el placer recorra hasta la más mínima célula por debajo de la epidermis, como una descarga eléctrica que no encuentra salida y entra en bucle hasta el exacto agotamiento]. Anonadado, vagué durante un tiempo sin caer en la cuenta de que era la hora de dormir. Luego volví la vista al cielo y un nublado nocturno embriagó la sonrisa lunar, que se tornó extranjera, tomando cierto idioma irreconocible… después llovió… y aún no sé si fue por dentro.
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De aquel “las cosas van bien porque aún no estoy muerto”, que escribió Buk en junio de 1962, estoy aprendiendo… y del “… Joder Dios santo cómo me alegro de que comamos y caguemos, cómo me alegro de que haya música. Me alegro de que haya pan de centeno; me alegro de que haya perros viejos en las calles. Me alegro de que haya lluvia y puentes y vino. Y sueño…” que le escribía ese mismo día a Sheri Martinelli después del poema que comenzaba como he citado. Las cosas van bien porque yo sigo adelante, aunque sea a trancos cortos y descuadrados, aunque respire mal y un tapón mucoso me haga hablar como la voz en off de los documentales de La Dos. Pero más bajito; aunque me muera de sueño y me pase el día tirado y bebiendo mosto frío en vaso bajo… todo va de puta madre porque parezco imbécil y aún no llego a serlo del todo, y porque me he tomado unas vacaciones gracias a la cosa política, unas vacaciones de borrego para intentar conseguir lo menos malo con un voto que no sirve de nada, porque no suma para el todo regional y a mí me resta…
Lo malo de ser algo en la vida es que siempre te enteras después, si es que llegas a enterarte. En el ‘mientras tanto’ solo eres capaz de darte cuenta de que no coincides con casi nadie en la visión de cada una de las jugadas, que la percepción de la poesía de los arriba [esos tipos con nombre en cuerpo 42 de los suplementos culturales ‘importantes’] no coincide para nada con tu visión tranquila y ardorosa [donde tú ves vida, ellos ven prosaísmo; y donde tú no ves nada, ellos ven la hostia de cosas]. A mí lo que me interesa es ‘decir’ sin esa gilipollería de los culos planos, salvaguardando mi esencia de la estupidez formal todo lo que puedo… pero es difícil.

Hoy me llamó Antonio Orihuela para contarme que Juan Cano Ballesta [el tipo es Commonwealth professor of spanish university of Virgina, que debe ser la repanocha] me ha incluido en su estudio “Nuevas voces y viejas escuelas en la poesía española (1970-2005)”, editado por la editorial Atrio de Granada. No está mal, coño, otro poquito de canela para este bizarro engreído.

Sunday, January 20, 2008

Es la hostia....


Desde el punto de vista gnoseológico, Dios es un absurdo que excede a la calidad humana, pues su definición [definir como acotar, marcar, señalar y limitar] resulta imposible sin más, ya que no se basa en un soporte material y, por tanto, no admite definición ni valor de ‘existencia’.
Claro que podríamos pensar que en la percepción del mundo desde el punto de vista de una bacteria, el hombre tampoco admite definición, aunque sí la misma posibilidad de existencia que los planetas, las estrellas o las galaxias [no son susceptibles de ser poseídos por la mano, pero sí por ‘la razón de la lógica’, circunstancia que tampoco le cabe a una improbable definición de Dios]. Así pues, el hecho de plantearse una definición de Dios y arbitrar su existencia carece en sí mismo de sentido, ya que el hecho ‘Dios’ no existe como tal y, por tanto, no admite ser materia de conocimiento [anoto aquí el error de Nietzsche en su afirmación de que la muerte de Dios significa la liberación del hombre… Dios no puede morir porque no es, no existe].
Dios, entonces, resulta el marbete que responde a diversos sentimientos emotivos del hombre para los que no encuentra respuesta o sobre los que no puede arbitrar un solucionario lógico que le deje satisfecho. El hombre busca consuelo en la idea de Dios cuando es incapaz de encontrar razones [bien porque no tiene la capacidad suficiente para razonar, porque no tiene el valor para hacerlo o porque simplemente teme por el resultado cierto que le aportará la razón y lo niega amparándose en la facilidad de la palabra ‘Dios’].
Pordría entonces decirse que Dios es cobardía del hombre… como puede también decirse que si no existe Dios, el ateísmo es un absurdo, ya que consiste en negar algo que por definición no existe [es un juego muy curioso al que me gusta jugar con frecuencia].
Y ahora viene el problema… ¿Qué cojones hacemos con esa multitud que vive por y para Dios, que mata y da la vida por Dios, que suspira y expira por él, que se enriquece a su costa y arruina y somete en su nombre?, ¿qué podemos hacer con esa turbamulta de creyentes que dominan el mundo y lo dirigen amparados en una vaciedad conceptual que no tiene ni posibilidad de definición?, ¿cómo podemos poner solución a un problema que tenemos y sufrimos en el estado de ‘realidad’ si su generador pertenece al campo de lo inconcreto por inexistente?
Es la hostia, ¿no?
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Después de comer, ‘peluché’ un ratito con Guillermo y su amiguito Dani en el sofá y les gané gracias al secreto ‘mordisco de vaca’ que practico con maestría en los muslos de mis cotrincantes… aún así, vencidos con mis mejores/peores artes, los críos se agarraron a mis tobillos y no me dejaban salir de casa, por lo que tuve que practicar con ellos la técnica del dedo eléctrico en la cintura, que los dejó a puntito de pis tumbados sobre el suelo. Y mira que sé que no era un combate equilibrado, pero los jodidos chavales se defendían como leones y hasta me tiraban tarascadas a los ‘güevanillos’, por lo que debía estar atento y ágil para no sufrir un desaguisado en mi entrepierna.
Estas peleas me dejan absolutamente feliz y me dan la dimensión de lo que soy y de lo que quiero ser, además de un regusto especial de padre que me encanta sentir de vez en cuando, a pesar de que ya me agoto un poquito bajo la insistencia incansable de los chavales.
Es entonces –después de estas ‘peluchas’ divinas– cuando percibo que sí puede darse una definición de Dios, que no es otra que yo mismo sonriendo agotado.
Ayer alguien me dijo que creía más en Dios porque me había conocido… y yo debiera haberle contestado que es normal, porque yo soy Dios, un dios capaz de lo mejor y de lo peor, un dios imperfecto y absolutamente finito, un dios de andar por casa en gayumbos y sin camiseta, con los pies desnudos y el pelo despeinado, mitad diablo también…
Ahora tengo gatas [agujetas] producidas por mi trabajo físico de Dios, y decido con cierta sorna bíblica que son buenas, muy buenas.
Lo único malo es que para mí los domingos no son ‘días de guardar’ [¿qué expresión, verdad?]… así que me he dado un paseo largo [no como los de Antonio G., que me moriría de asfixia siguiendo a Trucho] por “Noche de escupir cerveza y maldiciones” junto a Charles Bukowski y Sheri Martinelli… así hemos paseado juntos por “un gemido bestial está muy bien pero el lloriqueo y la afectación no sirven para nada…”, luego caminamos sonriendo por “… El hombre no está destinado a entender la naturaleza de la mujer. Si así fuera la evitaría por completo y el plan natural de la naturaleza se iría al garete…”, y rematamos agotados llegándonos hasta “Ahora voy a pillarme un ciego de la hostia. Algo me ha interrumpido la jornada, pero ahora voy a llenar el tanque de nuevo… claro, cariño, ¿por qué no?… otra vez he perdido el boli…”. Y ahora reposo un ratito escuchando la voz divina de Paula Bas.
En fin… cosas de dioses.