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Monday, February 9, 2009

DJ.


9 de febrero de 2009
Estoy metido en la lectura del guión “DJ”, de Paco Ortega y Nuria Barrios –que me ha pasado Paquito para que le eche un vistazo y opine–, y me parece que puede llevar a una peli estupenda [no sé cómo aún no me ha dado por escribir guiones de cine, que no me parece un trabajo difícil y, además, admite un trazado poético que siempre me ha apetecido... lo mismo me pongo manos a la obra, porque soy un ‘culo veo, culo quiero’]. El caso es que me saca de mi mundo paranormal esta lectura, y eso es bueno, me pone en el aeropuerto de París y me hace flipar. Gracias, Paquito, por el buen ratinín que me estás propiciando.
Y que por la tarde estaba medio feliz, pues la mañana imprentera se me dio bien y todo se destorció un poquitillo, y que llegué al café y estaba mi Tattoo montando el número –ya le habían negado hasta un vaso de agua por faltón–, y que me saludó y me dio un beso en la mejilla [que es muy cariñoso cuando le da], y que me dijo que si podía beber de mi café, y que le dije que sí, que bebiera... y que se alborotó todo y me dijo que quién era yo para darle a él de beber, y que me quitó el paquete de Chester y salió como alma que se lleva el diablo corriendo calle abajo. T. es un tipo majo cuando está en buenas condiciones, muy leído, puestito en música como pocos... y con un pensamiento autodestructivo que le hace apasionante a la vez que peligroso. Yo le quiero un montón [y me consta que el a mí también], pero cada encuentro es un mal trago para mí, pues no sé cómo actuar y él lo nota siempre en mi mirada y se alborota, y me echa unos responsos insoportables de los que no sé escapar. Me alegré cuando salió huyendo con mi tabaco... y respiré hondo.
•••
Alejandra, antes de darse muerte ingiriendo 50 pastillas de Seconal [fue el día 25 de septiembre de 1972], escribió:

“La noche soy y hemos perdido.
Así hablo yo, cobardes.
La noche ha caído y ya se ha pensado en todo.”

Tremendo el poema, intenso, compendió de tantas cosas y resultado de tanta incomprensión...
Yo también soy la noche y sé que yo y los míos lo hemos perdido todo, que ya casi no soy cobarde y que todavía me queda un poquito por pensar. Caerá la noche, sí, y tendrá que pasar también por encima de mi cadáver como lo hizo por el de Alejandra... aunque pienso que yo aún formo parte de sus cobardes y debo empeñarme en la dignidad que me deje tranquilo.
Confieso que hace varios años que vibro en esa cuerda desgastada que creó Alejandra, que pongo en ella mis pies con sumo cuidado y espero tener un día la valentía suficiente como para echarme a caminar, funámbulo, por ella. Decir que todo ha sido llorado ya, saberlo, y luego abandonarse al salto magnífico, a la memoria animal, al lobo de las fauces abiertas, a lo desolado que es fondo de cada nada... y volver al gesto primitivo, al voluptuoso danzar de lo que acaba, al nombre primero, a las ruinas donde la huérfana llora desolada, a lo que cesa con cada pestañeo, a la tregua de lo indefinido...
Y llorar mansamente, sin angustia por dentro, sin necesidad precisa... y abandonarse en la desmesura de un final que transgreda, y ladrarle a la sombra que se acerca deprisa desde abajo.
Caer... caer... caer... y sentir el desgarro de la mordida, la hendidura caliente ahogándose, la lengua latiendo como un corazón en la boca... y pronunciar en alto que el exceso es silencio cuando se cierra el círculo.

Hemos perdido, sí...
¿Qué heredarán mis hijos?

Sunday, June 15, 2008

Mi mesa se queja.

La caja “RAPID” de liar cigarrillos me mira desde el servilletero robado como pidiéndome uso, pero mi mesa es un desastre desde hace meses y no me apetece sacarla de su espacio de olvido. Haré una lista de las cosas que contiene para ver si me animo a colocar un poco:

• Un CD del Ministerio de Presidencia con el Expediente nº 1.112 que contiene todo el proceso del asesinato de mi abuelo Felipe.
• La tarjeta del tapicero decorador Joaquín Peromingo.
• El disco de Diego F. Magdaleno, “La Soledad sonora”.
• Una nota escrita a lápiz en la que pone: “Gonzal Escarpa buscar gmail / Cereijo / Julia / Gabriel / Deportes / 630 / 030 / 4 / 6 / 364” [nunca entiendo mis notas urgentes y quedan sobre la mesa como esperando a ver qué sucede].
• Una servilleta con la dirección de Tomás Salvador González.
• El distintivo de estacionamiento ORA con validez hasta 2008.
• Una carta con notas en su envés: “ 1-2 agosto / 6BANDAS / otros espacios / logos Pieldetoro 150x60 / Elliottplaza / (¿) / 7 fotos logos grupos 9FCCyL” [a saber de qué va la cosa].
• Un papel mal cortado con lo que sigue: “27 Guadalajara Nov. / SONORA-20.21.22 / 13.14.15 / 23 / Reserva Hopi /242526Monterrey-DF-Guadalajara” [será mi viaje a México, digo yo].
• Una tarjeta de Alicia Martín Pozuelo en la que pone a bolígrafo “Sulleylapluma.es”.
• Un Pentel Color Brusch verde.
• Un depósito de gasolina para Zippo “Premium Lighter Fluid”.
• Mi memoria USB Transcend.
• Mi móvil Motorola apagado [siempre apagado… le odio].
• Mis dos mecheros Zippo alineados.
• Las dos gafas de ver.
• Un cutter marca Olfa.
• Cinco lapiceros diversos, tres bolígrafos, una pluma de punto grueso y un rotulador Edding rojo.
• 16 mecheros desechados por mala impresión serigráfica [la mayoría ya no es capaz de darme fuego]
• Dos paquetes de Chester [uno con dos cigarros y el otro entero].
• Una lata de Coke abierta.
• Una bolsa de chiquitillos de anís [también llamados tetillas de monja].
• Una foto con Carita Boronska [los dos muy risueños].
• Tres enormes montones de libros apilados a mi izquierda [cuento exactamente 87 volúmenes sobre mi mesa], entre los que destaco la obra completa de Oliverio Girondo, los aforismos de Leonardo da Vinci, los diarios de Valéry, Pizarnik, Bukowski, Zenobia y Pavese; un libro de alquimia y mística, “El ser y la nada” de Sartre, “Tristes” de Ovidio, un poemario de Ana Blandiana, los pensamientos de Miguel de Unamuno, tres libros de Cumbreño, la revista Litoral dedicada a los ‘pasajeros’, la obra poética de Elena Martín Vivaldi, el diccionario RAE en dos volúmenes, un libros sobre Balthus, el “Dédalo e Ícaro” de Haldane y Russell, la poética completa de Valerio Catulo, “Sobre el estilo” de Demetrio, las obras completas de José Miguel Ullán, “Palabras para un cuerpo” de Gonzalo Alonso Bartol, “La camarera del cine Doré” del colega Aguirre, “La luna e i Falò” de Pavese…
• Tres sobres con tres trabajos de imprenta que tengo en maquetación.
• Un servilletero robado.
• La máquina de liar pitillos que me regaló paquito Ortega.
• Mi Imac blanco con su teclado lleno de ceniza.
• Un cenicero enorme de cristal.
• Un disco duro externo Lacie.
• Una impresora de sobremesa Epson Stylus.
• Un teléfono fijo Panasonic.
• Un flexo negro con tres intensidades de luz.
• Cables a mogollón.


Y todo sobre una mesa de cristal de dos metros por uno que ha terminado siendo mi vida entera, porque sabe contenerme en su hermoso desorden cada minuto.

•••

Suena “Canta tu nombre en mis oídos” de Malevaje y pasó el mediodía como algo impostergable y desnudo. El día pasa y nada más… ¿qué puedo hacer? Pasa desnudo en un ‘pa mí la vida tiene forma de mujer’, mientras el hombre común pone en su cara de orangután un gesto pretendidamente humano [al fin y al cabo es la voluntariedad de un gesto]. El día pasa sin más, mientras el gran teatro del mundo suena en su oscurecimiento global [esa sinrazón que hace que la evaporación sea menor en términos globales y que los estudiosos que no saben predecir qué tiempo hará pasado mañana en mi pueblo, se arriesguen a predecir qué va a suceder dentro de un par de siglos en el mundo enterito], en las torvas miradas de los beodos mandatarios OPEP, en el seísmo último que arrugó la Tierra o la melopea yankee del minusválido Busch.
Nada, no pasa nada que no haya pasado antes, ni siquiera una esperanza de horizonte.
Y percibo mi encanto discreto en soledad, intentando no apurarme con todas las imposiciones vanas de los hombres y gustándome en esta pose ecuestre, sentado en mi sillón de escritorio como una ele minúscula y conformando el quorum en la academia de mí mismo. Sencillamente, hoy no necesito tampoco a los demás… …pero escuchar tangos me pone [me encantaría saber bailarlos, coño, y a veces lo intento con mi sombra] y me sublima… “Qué es tu vida, amiga mía, / si ya no tienes pasiones, / si no te queda deseo, / si se acabó tu ilusión; / si perdiste tus zapatos / en la última carrera, / si perdiste los sentidos / en ese postrero amor. // Al darte la media vuelta / viste que estabas tan sola / que únicamente sentiste / un nudo en el corazón, / y al mirar hacia lo alto / viste que no había estrellas, / que se escondía la luna / y que se fundió el farol. // Solo quedaba la noche / tan negra como una ausencia, / y ese frío que te hería / como un puñal vengador. // En un momento cruzaron / por tu recuerdo otros días / cuando alegre y desdeñosa / jugabas con el chaval; / lo engañabas cada día, / te reías en su cara, / te gastabas su dinero / en timbas y en bacanal.” [‘Solo quedaba la noche’ (Tango de Antonio Bartrina con música de Oswaldo Larrea)]… y el nicho empieza a abrirse y yo me pongo el frac y la corbata estrecha, y busco en mis heridas alguna cruz de ayer, y me hago todo insomnio por apurar el trago, y festejo en mis uñas todo lo improvisado, y juego a recibir lo que no puedes darme, y me hago cocodrilo hasta ratificar el cataclismo, y busco en los vagones un asiento vacío, y doblo mis camisas, y me desmenuzo como un pescado recién servido.

Monday, April 7, 2008

Utilizar las uñas.


Siempre me pregunto por lo que nos hace salir adelante cuando estamos mal, pero sobre todo lo por que le hace seguir adelante al que no tiene dónde caerse muerto y su vida es una torcedura constante… levantarse entre la porquería y saber a ciencia cierta que vas a volver a dormir sobre ella, y sonreír y buscarse una solución de urgencia cada jodido minuto con la decisión de pasar un día más, aunque sea sin esperanza… quizás todo radique en saber conformarse y entender que el pan duro y la colilla a medio consumir que le arrebatas al tipo de la limpieza pública, ése que lleva un chaleco fosforescente, te pueden dar tanta intensidad como una campaña militar en el norte de África o descubrir las propiedades y los usos del Radio… quizás todo tenga solución en procesar la vida como una aventura por hacer, una aventura en la que te lo juegas todo a un mínimo absoluto que termina justo cuando aparece el siguiente.
El peligro mayor está en la cabeza, en pararse en el hacer y el conseguir, y dedicarse a elucubrar hasta la justa locura y la consiguiente desesperación.
‘Hacer’ resulta siempre una terapia magnífica para los fracasados como yo, pero hacer con imperfección y sin buscar finales, hacer como quien toma unas avellanas entre comidas o dibuja un monigote en una servilleta de papel. Al fin y al cabo, es muy sencillo percibir que nunca has ido a lugares concretos porque, entre otras cosas, no hay lugares concretos a los que llegar con la cabeza… por eso hay que utilizar las uñas y aferrarse en lo absurdo de una actividad sin frente y sin perfil. Y es que todo se resume en contrariedad, contrariedad de lo físico [el tiempo nos derrota hasta los huesos afilados] y contrariedad del pensamiento [que se abate siempre en busca de una luz, cuando tiene claro que solo existe un solucionario de oscuridad]. Por ello, por todo ello, hay que buscar siempre hacer de la vida una línea quebrada o, como poco, discontinua; una línea en la que la caída sea impulso y el ascenso convoque ese magma capaz de hacerte caer sin demasiado peligro.
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Se pregunta Valéry que si el hombre empezase hoy su camino, con los conocimientos científicos que poesee y sin el retórico bagaje de las supersticiones históricas a su espalda, inventaría las religiones tal y como ahora las mantiene y las consume. Es/fue magnífico este tipo, y su mundo [que acabó físicamente en 1945] late con fuerza y novedad en la filosofía por hacer. Leer [despacito, que lo pide el texto] sus “Cuadernos” es descubrir en cada frase un camino nuevo y distinto por el que pasarse diez vidas enteras caminando. Sus pensamientos son brillantes y su interpretación del hombre es asombrosa y positivamente distinta a otras que conozco venidas de los grandes intelectuales de los siglos XIX y XX.
Permítaseme decir que estos “Cuadernos”, junto a “El oficio de vivir” de Cesare Pavese, los “Diarios” de Alejandra Pizarnik y el “Noches de escupir cerveza y maldiciones” de Bukowski y Sheri Martinelli, son para mí [y seguro que también para quienes las degusten como yo lo he hecho] las cuatro obras luz del siglo XX, cuatro trabajos abiertos que dejan en la lengua el sabor intenso de que aún se puede hacer esa revolución necesaria que lleve al hombre a la excelencia y que le dé valor real a los principios y a los finales intelectuales.
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Y Buk… “… no debemos estar seguros nunca, ni siquiera cuando lo estamos…”. Buen plan de vida, un plan magnífico que solo responde a la realidad y que, por ello, nos pone en la realidad. Pero una cosa es no estar seguros y otra muy distinta es vivir acobardados, escribir acobardados y morir acobardados. No, a eso me niego. Me niego con rotundidad.
Llegamos desnudos [alguno dirá: ‘unos más que otros’, y tendrá razón…], y ya es inseguridad esa desnudez, una inseguridad de la que debemos aprender a empellones… luego, la vida nos pone en un espacio [que puede ser cabrón o amable] y en un tiempo [que siempre es para gastarlo, pero hay demasiados que no saben hacerlo], y tenemos que gestionarlos poniendo parámetros con cierto valor matemático [quiero decir ‘por acuerdo unánime’], unos parámetros que nos marcan la unidad, y luego nos queda operar con ella, sumar o restar, multiplicar o dividir, o quizás cualquier otro tipo de función compleja… y desde esa unidad nos sentimos colmados o frustados, derrotados o vencedores. Lo malo es que las unidades son completamente distintas de un hombre a otro y, lo peor, es que en ellas muchos se apoyan para mirar con seguridad al mundo que les rodea [el que nació con casa, no puede imaginarse sin ella; el que llegó con fincas, no se haría sin el horizonte que marcan sus hectáreas; el que amaneció con unos padres vivos, no puede idear su existencia sin ellos a corto plazo… y esas son sus unidades, y no admiten merma posible… hasta que llega].
Ayer, alguien a quien quiero mucho le puso nombre a uno de los monigotes que me inventé el fin de semana, un espectro con la cabeza hecha de una mancha negra y los ojos espirales. Lo llamó ‘Poemalo’, y me explicó que lo había visto en sueños como un ser capaz de entrar en las historias y cambiarlas. Sin querer le había dado forma a la ‘inseguridad’ no valorada, pues a ese ser de tinta china lo imagino capaz de quitarle la casa al que la tenía como unidad, de quitarle las fincas al que miraba su horizonte hacia el norte, de quitarle los padres al que fiaba en ellos la comida diaria… un ser, ‘Poemalo’, capaz de cambiar con su sola mirada el valor de la unidad de cada uno para ponerle a la vida sazón y desastre.

Saturday, December 1, 2007

Paseo iniciático por la calle Alcalde Juan Belén Cela.

*[Trabajo dedicado a mis amigos Javier G. Riobó y Pedro Ojeda]




Ayer, aprovechando una salida de trabajo, pillé mi cámara sin otra intención que la de que me acompañara [fue una intuición pillarla y meterla en la furgoneta]. Nuestro trabajo se demoró por falta de unas piezas que no estaban terminadas y ello me permitió dar un paseo por la calle Alcalde Juan Belén Cela. Toda una experiencia moral, cívica y casi política…
La calle estaba desastrada y yo enseguida percibí la calidad del ‘homenaje’ que el Partido Popular le había hecho al primer alcalde democrático bejarano [aunque la verdad es que el homenaje diario se lo hemos hecho todos los bejarananos, día a día, destruyendo la placa con su nombre y llenando de porquería todo el lugar].
Aquello es una metáfora viva del ‘agradecimiento’, una metáfora que pide a gritos ser llevada a un poema largo sobre la capacidad humana de destruir.
Sin embargo, entre toda la mierda que compone aquel paisaje, si miras con ojos lúcidos, puedes encontrar cierta belleza plástica que merecería ser llevada a la calidad de obra artística, de monumento a la pequeña y rijosa humanidad bejarana.
Lo que ayer fue deshecho, hoy puede ser materia de contemplación y éxtasis.
*[Vaya aquí mi mejor recuerdo para el amigo Juan Belén].






























(12:19 horas) Releyendo por enésima vez ‘El tiempo incinerado’, de mi amigo Diego Fernández Magdaleno [cuatro libros –todos diarios– componen una foto fija en mi mesa: ‘El oficio de vivir’ de Pavese, ‘Diarios’ de Alejandra Pizarnik, ‘Vida de Samuel Johnson’ de James Boswell y el citado ‘El tiempo incinerado’], encuentro en su entrada ‘Miércoles, 11 de febrero’ una extraordinaria cita de Jacques Derrida que reza: “cuanto más confuso es un concepto más dócil se muestra a la apropiación oportunista”. Todo un tratado podría hacerse de la vaciedad que los hombres lanzamos al mundo a partir de la utilización espuria de conceptos confusos. Es sorprendente cómo armamos planes de vida en base a esa vaciedad, cómo diseñamos argumentos de purita truculencia y cómo intentamos solapar la realidad con las máscaras que nos propicia tal juego de confusión.
Ayer me decía un amigo que Zapatero es un nuevo Hitler porque está enfriando la economía sin saber lo que está haciendo, que va a cargarse el sistema económico porque solo atiende a la política de la amabilidad y se ha empeñado en cepillarse el mundo de los ricos de un plumazo… y me explicaba que ha cerrado el grifo a los bancos para que puedan financiar los negocios más brillantes de este país con créditos abundantes y gruesos.
Me quedé estupefacto con sus argumentos y me dediqué a buscar razones para responderle el próximo día que tengamos un café cruzado [y es que yo no entiendo de economía y él sí]. Indagué un poquito y enseguida vi la razón de su cabreo: resulta que hasta ahora los bancos podían dar créditos sobre un estudio de valor de mercado [valor de calle] que suponía hasta el 80% del valor del negocio a realizar [a rasgos gruesos, los empresarios grandes podían realizar negocios sin poner un duro, dada la sobrevaloración del mercado en comparación con los valores establecidos por el Estado, ya que recibían el 80% de un negocio con más del 50% de beneficios, lo que implicaba que en el crédito ya tenían conseguida la financiación completa más el 30% de beneficios antes de acometer el negocio… está bien, ¿no?]. Ahora, los estudios deben hacerse desde el valor que otorga el Estado a los bienes [el valor catastral, por ejemplo], que es un valor muy bajo, por lo que ahora al gran empresario le toca poner para el mismo negocio un 35%, aproximadamente, de sus propios recursos y esperar a que el negocio se remate para poder realizar beneficios.
Claro, así se enfría la economía de puta madre, pero sobre todo se iguala al personal por abajo y se anulan las hermosas ventajas para los poderosos.
Ya comprendo por qué mi amigo está tan cabreado, ya que le han dado un palo de la hostia donde más le duele… pero no entiendo por qué llama Hitler a Zapatero, cuando lo que ha hecho ha sido aplicar una lógica de socialismo moderado para buscar acercar al pueblo la igualdad de oportunidades y poner en valor a los verdaderos hombres de negocios, los que no necesitan de recursos ajenos para emprender ni de dinero en el aire para ganar.
Yo respeto mucho a mi amigo y le entiendo perfectamente si me pongo en su lugar, pero no entiendo lo de ‘Hitler’… me lo tendrá que volver a explicar.
¿Será acaso una historia que tenga que ver con la cita Derrida del colega Diego?
•••
Me hago un café en la máquina del curro y esbozo un rostro conocido en mis papeles con los carbones viejos. Las manos quedan negras y me gusta.
En fin, todo alimenta.
Leo también las últimas entradas de Antonio G. en su blog, y también alimentan, pero no acabo de sacar conclusiones que me dejen tranquilo por un rato, pues su mundo parece de otro mundo tan distante del mío… Él muestra una preocupación cercana por los restos del naufragio, siempre en el medio tono de querer estar y querer desaparecer a la vez, y yo me ando currando una rasgadura entera, de los jodidos pies a la cabeza [o estando definitivamente o desapareciendo inexorablemente]; pero me encanta leerle, porque me pone cierto puntito lúgubre en los ojos, que es lo que necesito, y me siento par al notarle buscando soledad.
Me hago otro café, que el anterior me supo a poquito, y leo un poema de Derek Walcott:

Al final de esta frase empezará a llover.
Y al filo de la lluvia, una vela.
Lentamente la vela perderá de vista las islas;
la creencia en los puertos de toda una raza
se perderá entre la niebla.
La guerra de los diez años ha terminado.
El pelo de Helena, una nube gris.
Troya, un foso de ceniza blanca
junto al mar donde llovizna.
La lluvia se tensa como las cuerdas de un arpa.
Un hombre con los ojos nublados la toca con los dedos
y tañe el primer verso de La Odisea.

Y solo me gusta que ‘al final de esta frase empezará a llover’, y no porque el verso me encienda, sino porque estoy deseando que llueva y ese verso es como una premonición.
Salgo a la calle. Llueve.

De FUMADORAS

Tuesday, September 11, 2007

Aves que migran.



Esta mañana tuve una de esas salidas de trabajo que empiezan sin ganas y terminan dejándole a uno lleno de euforia. La misión encomendada por mi cliente consistía en realizar unas tomas fotográficas de un listado de lugares bejaranos que me había proporcionado previamente. Como digo, salí sin demasiadas ganas con mi cámara al hombro, hasta que llegué a la puerta del pico de nuestra muralla en la que me di de golpe con una imagen espectacular y absolutamente plástica [mi abulia y las pocas ganas de cargar con peso –soy un zorolo para estas cosas– hizo que solo sacase montado el objetivo 35-70 mm., lo que me hurtó de hacer unas fotografías de detalle muy prometedoras]: Diré cientos de golondrinas por no parecer exagerado, pero es muy probable que fueran miles las que se reunían en el tendido eléctrico de baja tensión ubicado de forma espectacular en aquella zona [un tendido que vuela desde la mentada Puerta del Pico –donde existe una torre eléctrica–, discurre por todo el valle, atraviesa la carretera general y muere en la siguiente torre eléctrica, que se encuentra en la falda del monte de El Castañar]. A mis palmadas, todas las golondrinas levataban el vuelo y volvía como una nube a ocupar su alineamiento bellísimo en los cables.
Me senté a disfrutar del espectáculo durante más de media hora.

(22:15 horas) El colega Pedro Ojeda me habla de la verdad como ‘el revés del revés’, mientras Pablo F. Magdaleno anota con acierto la incontestable ‘verdad’ de la fumadora del día… y la fumadora es la verdad del revés, y Pedro es el revés de lo que la verdad enrevesa [léase su blog para percartarse –http://laacequia.blogspot.com/–, que es de alto interés en muchos sentidos], y Pablo no tiene verdades a medias con las que darse un revés [todas son enteras… y léase también su hermoso blog –http://lablogse.blogspot.com/–, que es molón].
El caso de los casos es que escribo porque me aburro y me aburro porque escribo, que siendo lo mismo… es igual.
Y entre medias intento ser James Boswell, pero no llego a su habilidad para el detalle, ni a su tiempo para la escritura, ni a su manejo de la observación puntual y exacta… y luego intento ser Cesare Pavese, pero no logro llegarle ni a la altura de su mortecino betún… y decido ser Alejandra Pizarnik, pero no he aprendido a sentir sufriendo ni a sufrir sintiendo… Mi ventaja es que yo estoy muriendo y ellos ya son la muerte espartana… mi mal es que tengo tres hijos reales, dos postizos y cinco imaginarios, una mujer que me quiere y a la que adoro, unos yayos suegreros de final de copa en el tramo de penaltis, una empresa que va y no va [según el día], siete seguridades sociales y siete sueldos [que pagar, claro], un problema de adolescencia y varios de juventud, mil deudas y un payaso que me llama para recordármelas… Así no es capaz de escribir ni su puta madre… o sí.
De FUMADORAS

Wednesday, August 22, 2007

Lunares.

Hay lunares para todos los cuerpos de faralaes.
Por ejemplo, amigo Pablo, el par de lunares de E. Medel [enormes sobre el cuerpo embikinado de su poesía- –proesía–]… o los lunares móviles del cuerpo bizantino y muerto de Pepe Hierro [que no era peor que José Ángel Valente, pero sí mucho más majete]… o el lunar de la Pizarnik cuando escribe “no sé si amo u odio… eres muy capaz de suicidarte, no por lo que eres sino por lo que no eres…”… o esa galaxia de lunares itinerantes que corren desde tu hermano Diego hacia mí y luego regresan [entrañables lunares que más que de melamina están hechos de silencios]… o los lunares blancos de aquel grito Pavese en forma de pregunta [“¿O no es quizá la verdadera caridad este lanzamiento violento de sí mismo?”]… o ese lunar canalla que corola algún pecho de mujer deseada… o el lunar del rijoso personaje mediocre que medra y lo tatúa… o el lunar infinito de Youssouph o Malick… o el lunar del dinero [postizo y practicable, como la peor poesía].
Conozco mis lunares y eso es un grave síntoma de edad… sé si laten o brillan, si se tornan sedosos o si encierran el cáncer que me haga ser, sin más.
Yo convivo con ellos [también con los de otros] y juego a decorarlos con palabras absurdas para que se aparezcan a los ojos extraños como mi piel normal.
Hay lunares, amigo, que nos nombran y hieren… yo los estoy contando en un nunca acabar.
De LECTORAS


Para Pablete

Saturday, May 19, 2007

Busco un refugio donde llueva constantemente.


A Alejandra Pizarnik le daba miedo de que se fuera el invierno [“Afuera hay sol. / No es más que un sol / pero los hombres lo miran / y después cantan. / Yo no sé del sol. / Yo sé la melodía del ángel / y el sermón caliente / del último viento. / Sé gritar hasta el alba / cuando la muerte se posa desnuda / en mi sombra. / Yo lloro debajo de mi nombre. / Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad / bailan conmigo. / Yo oculto clavos / para escarnecer a mis sueños enfermos. / Afuera hay sol. / Yo me visto de cenizas.”]. A mí me da pavor que llegue el estío con su tiempo de luz que me hace cerrar los ojos [tener los ojos claros es una enfermedad que no tiene cura], con ese calor que me transforma en un ser pegajoso y lento y me deshace como poeta hasta que vuelven las lluvias y el frío.
Me desespera la idea de verano, que es para mí como una eterna idea de vacío.
(18:34 horas) Si ‘busco’ con seriedad, todo se me aparece trágico y terrible. Mi mar de dudas se hace peso muerto y no me deja avanzar.
La debilidad humana está, definitivamente, en querer trazar la vida con seriedad.
Sin embargo, si tomo un punto de vista lúdico para atacar a la realidad, logro convencerme de que avanzo y voy tomando pequeños triunfos.
La ironía es un arma deliciosa.

(23:30 horas) Esta tarde he estado leyendo a Mark Strand… “En un campo / yo soy la ausencia / de campo. / Siempre pasa / lo mismo. / Dondequiera que esté / soy aquello que falta. // Cuando camino / divido el aire / y el aire / siempre se mueve / llenando los huecos / que mi cuerpo deja. // Todos tenemos razones / para movernos. / Yo me muevo / para completar las cosas.”… y siento que hay algo que me acerca a él a pesar de todos sus ‘derechos reservados’ [el libro, “Aliento”, presenta en sus créditos el copy de cada uno de los poemas, uno por uno].
Yo quizás también me mueva para completar las cosas y luego ser la ausencia de lo completado, lo que sobra porque antes no estaba y luego no estará.
De Tontopoemas ©...

Sunday, November 12, 2006

Ángel García López

Sentir piedad es la forma más hermosa de venganza que conozco, pues colma a quien la «asesta» y salva a quien la recibe.
Que no sirve la tierra quemada para conquistar si se compara con una sonrisa piadosa que contenga la sabiduría de la derrota que le otorgas al vencido.

(13:24 horas) Sigue mi Felipe cerril y preadolescente, jodiéndome cada día los minutos de sonrisas que reservé hace tiempo. Está convirtiendo esos minutos de recuperación diaria en los minutos basura que marcan la inflexión entre mi felicidad y mi desastre. Ya no le sirvo como modelo, está claro, ya no me quiere como modelo de nada y todo su afán es chocar conmigo, contra mí. Y yo no sé encotrarle modelos en los que crecer; a su edad los modelos se buscan por uno mismo y se gestionan en clave de gozo y comodidad, no de esfuerzo. Sí, sé que me he equivocado en su educación, pero también sé que me hubiera equivocado con cualquier otro proyecto educativo distinto.
Ahora tengo claro que él marcará su camino y yo sólo podré hacer funciones de refugio y de intendencia, y que con esas razones tendré que saber negociar bien para que no me devore.
Cuando llego a casa por la noche, entro a su habitación y le beso en la mejilla mientras duerme, y le digo despacito todo lo que le quiero –algo que no podría entender si estuviera despierto–. Le tapo con el edredón y percibo que un hijo preadolescente dormido es un gozo del que hay que abusar para no caer derrotado.
Con el tiempo será un buen tipo –ya lo es– y quizás vuelva a mí como antes, pero hecho a sí mismo –mal o bien, que no lo sé ni lo puedo controlar– y volveremos a hacer cosas juntos porque él así lo decidirá.

(17:16 horas) Dos mujeres merendando juntas como en el relato «Arcilla» de «Dubliness», dos mujeres comprando pastelillos, dos mujeres hablando en un café, dos mujeres anarquistas paseando por la Rambla en el 36, dos mujeres odiándose... siempre dan buenos resultados literarios dos mujeres... o no.
Balthus, el hijo de Rilke, pintó a Thérèse con las piernas desnudas y cruzadas, mirando justo detrás de mí, relajada, impúdicamente sentada para la soledad, con sus manos posadas de forma magistral... Y en «Los días dorados», otra Thérèse mirándose al espejo, dejada a su alegre suerte, tendida, desarreglada y bellísima... La genética almacena y desenvuelve, regala y castiga... Y no es azar; es una vieja maleta que se lleva sin saber su calidad de tesoro o de infierno, y se abre un día, y uno se viste con la ropa que contiene, y crea o destruye... o simplemente se ve tan mediocre como sus antepasados y se queda igual, justo donde estaba cuando abrió el bulto genético.
Balthus, Rilke, Joyce... con su cosita Ulyses de imaginarse el padre párroco que en su púlpito acumula el poder... Pavese, Celan, Pizarnik, Zenobia... con sus misterios únicos y eternos... Yo, solitario y tendido como las calles que se estrenan cada mañana, pisadas tantas veces, sinuosas, sin conocer la misión de las sombras que las transitan.
Dos mujeres merendando juntas... Un hombre solo que espera... Las calles preparadas para el desfile de sombras, acumulando pasos perdidos... La genética eclipsándose en unos y amaneciendo en otros... El Norte indefinido que se hace Sur justo a la vuelta... Dios no existe... Dios no puede existir... Dios no debe existir.
(18:44 horas) Debería reírme de cualquier cosa que me afecte y que no dependa exclusivamente de mí; así caminaré más tranquilo, sin intentar ser parte del solucionario hasta que mi única postura sea la de la decisión. Me ahorraré pérdidas enormes de tiempo en pensamientos absurdos y en planteamientos indecidibles, y así podré decdicar más tiempo a mi podre particularidad, a mi fugaz individualidad y a mi pereza creativa.
Somos demasiado de los demás, y todo por voluntad propia, por exacto metichismo, por ese jodido pensamiento que se sustenta en que unidos somos más fuertes –claro, siempre que compartamos sólo los beneficios, no te jode–. Las cadenas de soledad ya son suficientes... como para meterse en los millares de cadenas de cada uno de nuestros conocidos.

Saturday, October 21, 2006

Filippo Tommaso Marinetti

Lo circunstancial acaba siendo siempre el fundamental argumento para un cambio profundo en mi personalidad. Lo tengo claro. Cualquier cosa o persona que me llega sin querer y sin buscarla, termina llevándome a planteamientos personales de cambio de dirección que, mirándolos con distancia, producen auténticos zig-zag en mi camino. Por ello he de ser cauto siempre, pero también receptivo, y debo aprender cada día más a sopesar el valor de lo circunstancial que me llega y las consecuencias de futuro que pueda acarrearme.

(12:30 horas) Hoy es sábado y estoy dedicado de lleno a salvar un trabajo editorial para mi amigo Urceloy, una colección de plaquettes de los alumnos de su taller de poesía. Con un retraso patente, ordeno todo el material –ya tirado en máquinas– y dejo preparado todo para empezar a darle el remate el lunes por la mañana.
El caso es que me ha sucedido como en otras muchas ocasiones, que lo que en la cabeza funciona con facilidad, en la práctica toma tintes caóticos y se llena de dificultades.
En esta edición podría haber resuelto en tiempo perfectamente sólo con haber realizado una suerte de antología en libro único, lo que conllevaría la realización de una sola cubierta y una maquetación de corrido... con el resultado de que mi Urce ya tendría hace unos meses su trabajo entregado... Pero mi propuesta –aceptada por él con alegría– me ha llevado a realizar 16 cubiertas distintas y a tratar a cada autor con los parámetros de una edición independiente, por lo que lo que iba a ser un solo volumen, se ha convertido en una colección de 16 títulos más un envase que los contenga.
Aunque ya voy viéndole la luz al asunto, estoy jodido, porque mi retraso puede afectar al devenir profesional de mi colega... así que tiraré el fin de semana a tope para ver si puedo solucionar en el curso de la semana que viene.
Lo siento por Jesús y le pediré mil disculpas cuando lo tenga junto a unas cervezotas, porque en esta edición ha mandado mi carácter y, cómo no, he salido derrotado, como casi siempre. ¡¡¡¡Joder!!!!
(22:45 horas) Vencido como una palmera huracana estoy ahora. Toda la mañana y parte de la tarde poniendo orden en el trabajo Urce, y para remate, a eso de la 6,30 h. p.m., me he metido una reunión con José María Hernández Díaz, Juan y Santi (estos dos últimos de Premysa) con el tema central de Nicomedes Martín Mateos. Sí, me merecía este sábado de pasión –con perdón de mis contertulios– porque ando algo dejado en todo lo que no percibo como sólo mío.
Lo mejor es que llego de cenar y me encuentro el afecto de Jesús en el mail –gracias por tu amistad y tu comprensión, hermano– junto a una poética deliciosa que ha escrito para no sé qué medio. Comulgamos valores y sensaciones... y eso ya es mucho en estos tiempos perdularios.

Y a descansar... a descansar leyendo a Alejandra para pillar gasofa... «Cualquier intento de explicación es inútil. No sé hablar. No puedo hablar. He dicho que la lluvia me da miedo. Arbitrariedad. Yo me doy miedo. Mi vida es demasiado grande e importante para que yo –alguien como yo– la lleve. [16 de julio, lunes. 1962]»... Y yo tampoco... a mí también... yo también... mi vida también, Alejandra, triste Alejandra, calavera Alejandra... pero no muerta... jamás muerta.

Saturday, May 13, 2006

Moritake

Tiendo constantemente a idealizarlo todo y percibo netamente que ahí descansa toda mi debilidad. ¿Cómo podría conseguir hacerme con un específico que me pusiera realidad en los ojos cuando la necesito? Esta jodida debilidad de idealizarlo todo me hace menos libre, aunque quizás más intensamente alegre y más intensamente triste; y si lo que de verdad entiendo como una vida colmada debe basarse en el grado de intensidad, puedo decir que no debo quejarme, porque todo lo siento intensamente. El problema es que caigo con excesiva frecuencia en estados de euforia que me llevan luego a una incómoda sensación de fracaso –justo la sensación que me lleva a la escritura y a la pintura–. ¿Cómo podría controlar estos altibajos sin perderme el desatino creativo? No lo sé.
Todo esto me lleva a no entenderme demasiado bien con los demás, a no estar en su onda y, por tanto, a no ser comprendido ni a comprenderlos. Mientras que yo mido con mis ojos un gesto, unos labios, un cuerpo, el estado de la luz sobre las cosas, una forma de andar... los otros los atrapan inconscientemente y no se sienten perturbados... a mí, sin embargo, esas visiones constantes me incendian, me deprimen, me angustian o me llevan a la euforia; de tal forma que mi realidad se hace tan compleja que a veces soy incapaz de procesarla y me paralizo... sobre todo si al lado de mi percepción surge un conflicto tangible al que hay que poner solución; entonces me detengo mientras los otros ponen manos a la obra y noto en sus miradas estupor y hasta desprecio por mi actitud. Y no sé ser de otra manera, porque si lo intento entro en una terrible sombra que me llena de temores que me paralizan mucho más.
(13:23 horas) Vamos a ver, ¿no es suficiente que no robe, no mate y no moleste a los demás? ¿Por qué tengo que esforzarme en ser más que eso? No me gusta trabajar sino en lo que me pide el espíritu, pero he de hacerlo sin atinar a entender para qué ni por qué. Sé que tengo valores que podría desarrollar con cierto éxito y que podrían servirles a los demás de alguna forma, pero me empeño –se empeñan– en ocuparme en asuntos absurdos que sólo producen mediocridad y basura, asuntos que me dejan destruido y me van deshaciendo poco a poco. ¿Esto significa que estoy castigado por algo que los demás han hecho mal o simplemente que no sirvo para vivir? Lo más triste del asunto es que mis hijos llevan el mismo camino, entre otras cosas, porque no tengo la valentía de enseñarles cómo debe ser la vida, de formarles en la capacidad de vivir y no en la capacidad de sufrir poco a poco, despacito, para morir sin haber tenido una vida intensa. Y todo se va sumando para dejarme hecho unos zorros, empastado de tabaco y café, de cocacola y otros artificios.
No puedo con esta situación... y no sé cómo salir de ella.

(14:12 horas) Ayer estalló el televisor de mi casa y se produjo un pequeño incendio que me hizo pensar en la precariedad. Si hubiera sucedido sin estar yo en casa, la cosa podría haber acabado en tragedia. Pensar en mis hijos, en estas circunstancias, ha vuelto a traerme el miedo y una inseguridad total sobre mis fines.
No sé por qué, también se me vino a la cabeza la figura de Alberto Hernández y una sensación extraña de que compartimos algo inexplicable. No sé lo que es, pero cada día le entiendo mejor –entiendo mejor sus creaciones– y me siento muy unido a su solucionario creativo.... impresiones fugaces, caídas, cimas llenas de vértigo, desgana, pasión por lo que se podría hacer y no se hace... Alberto es un tipo impresionante escondido en sí mismo. Un día lo sabrá el mundo, estoy seguro.
Y escribo como esperando una señal, con tensión y con desesperación. Escribo buscando la escritura... y no llega.
(17:06 horas) Aún no sé por qué no me atrevo con una novela en serio, pues me siento preparado y noto cómo esa técnica creativa se produce en mí con facilidad en los últimos tiempos –cincunstancia que no sucede con la poesía–. Sí, siento vértigo a meterme en un proceso que me separe de todo durante un tiempo largo y que me produzca más tensión que sumar a la que ya llevo encima. El trasunto lo tengo muy claro y siento que sólo debo dejar fluir el verbo, y también siento que escribir un relato largo me daría una opción de libertad distinta a la que ahora intento frecuentar.
Me apetece crear personajes y jugar a ser un dios menor con ellos.

(18:05 horas) Estoy un poco preocupado con «El gato sólo quería a Harry». Sergio Gaspar me pide un esfuerzo para mover el libro entre gente de letras con posibilidad de realizar una reseña crítica en prensa nacional y José Luis Morante me anima enviándome direcciones de los más nombrados estilitas literarios españoles para que les haga llegar mi nuevo poemario rogándoles lectura y reseña, pero estoy harto de arrastrarme y no sé si lo que realmente me interesa es escribir para vaciarme o escribir para vender libros. Confieso que sólo he hecho una llamada, al colega Fernando Rodríguez de la Flor, intentando colocar el libro... su respuesta ha sido la que me esperaba: «¿Te llevas bien con Luis García Jambrina?, él es quien puede colocar tu libro en ‘El Cultural’ de ‘ABC’»... Y yo no me llevo mal con Jambrina, que es un tipo que siempre me ha caído bien, pero me repatea eso de que para estar en los medios tengas que llevarte bien con unos y con otros. ¡Joder!, yo quiero que mi libro se defienda sólo o que se autodestruya, y si no me sirve de aval la palabra, ¿para qué quiero el currículo y las amistades? Siento que mi libro es bueno, lo siento con sinceridad y con intensidad, y me molesta mucho tener que venderme.
Si no llega ahora, que es su tiempo –un tiempo antiliterario lleno de usura–, ya llegará a destiempo junto a algún lamento ajeno. No me importa su vida, pues yo ya gocé de su creación, pero sí que me importan sus consecuencias paraliterarias, que no quiero que me rocen ni me afecten.
(19:24 horas) Creer que estás desesperado hace que te sientas desesperado.

•• RECOMENDACIÓN ••

«Diarios»
Alejandra Pizarnik
Edición de Ana Becciu
Ed. Lumen
ISBN: 84-264-1394-3
Barcelona, 2003

Recoge uno de los textos más bellos, lúcidos y tristes que yo he leído en mi vida entera de lector.
Lo recomiendo encarecidamente como libro de cabecera para abrir y leer por cualquiera de sus páginas en cualquier momento del día o de la noche.