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Tuesday, January 2, 2007

Miro al fondo de mi vida y veo que no ha pasado nada


¿Recuerdas el mundo que queríamos? No ha pasado nada desde entonces, sólo que han muerto hombres y los nombres de las guerras y de sus generales han cambiado. Queríamos un mundo libre y socialista, con la banca socializada, con la igualdad por montera; un mundo tan utópico como nuestra visión del amor. Nos encantaba engañarnos a nosotros mismos mientras paseábamos entre los plátanos del parque o mientras tomábamos refrescos entre risas y proyectos.
¿Recuerdas que hacíamos trabajos sobre el origen de la vida basados en los textos de un tal Oparín, que diseccionábamos ratones y hacíamos experimentos con permanganato y con perborato sódico? A mí se me ha quedado clavado el recuerdo de mi paraguas negro y los largos paseos dominicales por una Calle Mayor llena de charcos y de chicas que me gustaban.
Ahora todo el mundo dice que no pasa nada, que estamos mejor, que todo va bien... pero a mí me falta la utopía, las ganas de creer en que se puede propiciar un cambio de aquellos que eran parte de nuestras constantes conversaciones. No pasa nada. No ha pasado nada desde entonces.
Ahora me pregunto qué debo hacer y sólo encuentro valor en detenerme en lo pequeño, en gozarlo hasta donde me dejen mis sentidos.
Perder la esperanza es duro, pero me quedan mis hijos. Ellos me llevan siempre a considerar mi derrota y a levantar la voz en las comidas para cagarme en Dios y en todas sus mesnadas, para ofrecerles un meeting radical e incendiario que les pueda servir para, por lo menos, guardar una llama en sus corazones.
(17:24 horas) Escribió Pavese en su diario que «todo lo que no podemos hacer solos disminuye nuestra libertad», y yo lo sumo a mi colección de razones hacia la individualidad. Lo malo de la relación entre personas es que siempre se produce en clave de posesión, en mayor o menor medida, lo que conlleva cierto mal rollo en cuanto a la realidad comparada con las espectativas. No me pidas que comparta contigo lo que mi soledad nunca aceptaría y no me pidas tampoco que sea tenaz y persista siempre en la idea que tienes sobre mí.
Igual que en la vida social hay que dejarse abducir por las rutinas prediseñadas con el fin constante de la integración y de «merecerse» el estar acomodado en los percentiles de la «normalidad» [subnormalidad], debemos también crear unas rutinas que nos refuercen en lo individual y nos ayuden a mantener criterios propios con empecinamiento. Yo hace unos cuantos años que me impuse varias horas diarias de soledad en las que ser, pensar y actuar de forma absolutamente individual. Lo he conseguido de forma relativa, en una especie de camino paralelo en el que me afirmo en mi «yo» sin ese jodido «vosotros» que tanto daño me hace.

Monday, January 1, 2007

YA PUEDES DESCARGARTE EL CALENDARIO DE UN SAVONAROLA PARA 2007

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Espero que te guste.

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Sunday, December 24, 2006

Yo, en vez de sentidos tengo direcciones.


La parada técnica de la red de redes le ha traído también silencio a este diario, aunque a mí no me ha traído descanso –ya se sabe, Navidad es un tiempo de consumistas y en las empresas hay que trabajar más–. Le he dado fin a la edición personal de cinco ejemplares de este diario –desde 2002 hasta nuestros días– y me ha dado tiempo a leer algunas cosillas que tenía pendientes.
Cabe destarcar de este tiempo de silencio que la administración autonómica y su azar sanitario están como una puta cabra, y lo digo en base a que Malick ha recibido hace un par de semanas una notificación del Sacyl por vía de urgencia en la que se le reclaman cinco millones ochocientasmil pesetas [5.800.000 pts.] por la atención hospitalaria que se le prestó para curarle de su enfermedad (hay que explicar que Malick llegó a Béjar por un programa de dispersión de inmigrantes sin papeles arbitrado por el gobierno español, y que dentro del protocolo de dicho programa se incluía la realización de un reconocimiento médico para determinar el estado de cada uno de los inmigrantes. Malick llegó con hepatitis B y con tuberculosis en un estado avanzado, por lo que el médico de urgencias determinó su ingreso en régimen de aislamiento, dado que su enfermedad era contagiosa). La carta indica que si en el plazo de quince días no se abona la cantidad requerida, se tramitará expediente administrativo. ¿No es la hostia? El coleguita llega desde Gambia porque en ese país no tiene dónde caerse muerto, el Estado español le declara “sin papeles” y lo deja al pairo [ser un “sin papeles” significa que no puedes trabajar y que no te mereces ni la tierra que pisas porque “no existes”... le curamos, porque somos un país avanzado y solidario, y viene la Junta de Castilla y León y le pasa factura “leonina” y se la envía a «su» dirección postal con «su» nombre y apellidos... ¿Pero no quedamos en que Malick no existe a todos los efectos?, ¿o es que no existe para poder trabajar, como él está deseando, y sí para tener que pagar unos servcios que él no ha demandado, sino que se los hemos dado nostros por la vena de la ayuda humanitaria y se le ha ingresado en un hospital contra su voluntad [él quería irse a Barcelona con el resto de sus compañeros de viaje]? No entiendo nada, de verdad.
Y en el entrecabreo recibo el nuevo poemario de mi Diego F. Magdaleno, «Libro del miedo», al que vuelvo a llamar “cabronazo” por escribir tan deliciosamente como lo hace, y encima me dedica su poema XIII, una pasada: «El dolor de los otros / se amontona en tu puerta. / Ordenas / el amor por colores, / y tus palabras crecen / en los huecos del tiempo, / sin preguntar / por la luz olvidada / que no deja de herirte.». Para matarle y para comérselo a besos a la vez. Gracias, tío.
Y de regalo de Navidad molón y curioso, la felicitación oficial del colega Jesús Mágala, desde la Subdelegación del Gobierno en Salamanca, con un aforismo de mi «Aráñame» que ya me ha traído diversas llamadas y algún que otro pedido de mi librito frasero. Gracias, Jesús, muchas gracias.
También dejo acuse de recibo de una carpeta curiosísisma de la Escuela de Arte de Mérida con un trabajo a medias entre mi queridísimo Antonio Gómez y el fotógrafo Ceferino López. Esta vez mi Antonio vuelve a lo versal en una historia que titula «Agua, pan y cama»... «Nuestro presente // una consecuencia / de sueños ajenos.». Y se queda tan fresco en la sentencia.
Tengo suerte, una suerte enorme de amigos sensibles que buscan y encuentran a veces, que son gloria porque pisan la calle y saben dejar un rastro sobresaliente por el que pisar con indicio. Antonio es un tipo especial y yo me siento orgulloso de tener su afecto en mi cuenta corriente, y me avergüenzo un poquito de no haber respondido aún a su petición tranquila de colaboración en el proyecto «Robos y hurtos. Archivo de confesiones», pues ya he perdido dos de sus fichas (una de ellas, que me entregó en Morille, ya realizada) y ahora recibo la tercera junta a su carpeta creativa. Me voy a poner ahora mismo a currar en ella para enviársela rápido, que estoy en falta.
(12:33 horas) Quisiera olvidarme de esta parte del año, que todo el jodido consumo pasara en un segundo y me encontrase en la misma situación que antes de ayer, en un pueblo vacío y habitable, con su paisaje semirroto en lo urbanístico, pero manteniendo aún esa cosita de soledad y espacio entre personas que tanto me gusta. En fin, será imposible, aunque el calendario se ha encargado este año de ponérselo difícil a los foráneos haciendo coincidir los festivos con el fin de semana. Y quisiera olvidarme también de los ingratos, de los clientelistas, de los negociantes, de los necios y de los borrachos de temporada... pero tendré que soportarlos. En fin...
(13:05 horas) A veces lucho con un rostro que se me ha quedado prendido en la memoria con alfileres, sin más datos que un par de gestos y cierta sensación de agrado. Me paro e intento indagar en esas líneas nítidas que no son nada ni nadie y me desespero por no poder llegar a concretar más sobre esa imagen nítida. Rebusco... y en mi cabeza encuentro millones de gestos sin nombre, sin historia clínica cerebral, gestos que me han dicho algo o me lo han querido decir, rostros que me han agradado o desagradado sin saber por qué. Y no entiendo nada, no domino el proceso, no sé los trámites ni los protocolos que utiliza mi cabeza. Y luego me aburro, me aburro mansamente.

Wednesday, November 1, 2006

Antonio Gómez


Día festivo sin salsa, soso de atar, aunque bonito como descanso para el curro calendariero. Lo salvó un poco una actividad de la Fundación Premysa a la que asistí con mis dos chavalotes, un partido de basket sobre ruedas protagonizado por el equipo Fundosa, de la Fundación ONCE, que tiene en su palmarés gran cantidad de éxitos nacionales e internacionales. Me llamó mucho la atención uno de sus bases, Jorge Iglesias, un tipo vivo, nervioso y muy mediático que me pareció el alma del equipo –le hice una foto junto a mi hijo Felipe–. Es impresionante ver cómo dominan la silla y la bola al mismo tiempo, sus estrategias de defensa –son duras– y sus armadas jugadas de ataque... y sobre todo la alegría, el buen rollo y las ganas de todos los integrantes del grupo, gente amable y dura a la vez, con la sonrisa siempre en la boca y con un afán de superación que para mí lo quisiera yo.

Muy bien por Premysa en esta actividad, que va un poco por el camino que ya anoté en una densa reflexión de hace un montón de meses, hay que tener presencia social en el ámbito de actuación con propuestas tan lúdicas y apasionantes como la de hoy, que la gente empiece a hacer suyo el nombre de la fundación y a masticarlo con la amabilidad que le suman este tipo de actos –sólo falta que esto sea más y más frecuente–. Y una pequeña pega –que para quienes empiezan en estas cosas no es nada–, y es el protocolo que ha de cumplirse en estos actos para vender mejor la imagen del proyecto.

Desde mi punto de vista, no debe ser el gerente el que actúe de presentador, que la gerencia siempre es para estar en tribuna atendiendo a invitados y sirviendo imagen junto al presidente y las distintas autoridades. Y otro detalle: creo que ya es fundamental que Premysa tenga su imagen en distintos soportes dignos y unitarios (placas, figuras en peana, insignias y todo tipo de «vending») para ofrecerla a sus invitados y a sus visitantes en vez de un extraño Quijote metálico metido en cestita de castaño... Y es que vender imagen es tan importante como llevar a cabo buenos proyectos. Por si me leen los colegas premysos, a los que aprecio de verdad, creo que ya es tiempo de pensar en darle un buen formato a su protocolo y ponerlo en práctica cada vez que se presente la ocasión. También faltaron unas breves palabras del presidente centrando la actividad de la fundación para que alguno se enterase de lo que va... Se notará en el resultado, lo juro.

Y me repito porque me apetece, y lo escribo con mayúsculas porque la actividad se lo merece de verdad: ¡¡¡OLÉ LOS COJONES DE LA FUNDACIÓN PREMYSA!!!
Mis hijos llegaron a casa entusiasmados y con la admiración hacia los jugadores grabada en sus frentes.

Felipe, que se atrevió a participar en el concurso de tiros desde una silla de ruedas (quedó segundo... y por poco se lleva el balón firmado por todos los jugadores del Fundosa) no hacía más que comentarnos durante la comida que era muy difícil manejar el balón sin ayudarse del cuerpo... «y luego mover la silla de ruedas y el balón a la vez, papá, eso si que debe de ser chungo...».
Lo dicho, enhorabuena.

(17:21 horas) tomé café con Alberto Hernández y el colega mostró curiosidad por los títulos que hace unos días le puse a las obras de su catálogo «Malen im feuer / Pintando con fuego». Como sé que lee estas páginas con frecuencia, paso a enumerar el rol de fracasos que se me ocurrió (por lo menos me sirvió para pasar la tarde y acabar mi poema de castigo):
Pág. 11: Las banderas son el metal de sus mástiles.
Pág. 13: Arquitextura orgánica para un vino joven.
Pág. 14: No es remanso la paz de los nublados.
Pág. 21: El rey ha muerto y Arlequín viste de luto.
Pág. 25: No hay bosque inquieto cuando las ramas son ceniza.
Pág. 27: La herida geométrica también sabe a dolor.
Pág. 29: Tratado de mineralogía orgánica (salazón en pareja).
Pág. 31: No basta una espiral si buscas cruces.
Pág. 32: El vacío se llena con vacíos menores.
Pág. 35: El Grito [Homenaje a Munch]
Pág. 37: El humus fertiliza los colores... los contiene.
Pág. 38: Bon apetit [madrigal marino]
Pág. 40/1: Tratado de urbanismo
Pág. 40/2: Tánatos no duerme nunca.
Pág. 40/3: Dios mira raro.
Pág. 40/4: Paralelo contrastado imposible.
Pág. 41/1: Runas abisales presagian la muerte.
Pág. 41/2: Las hijas blancas miran con estupor su mundo.
Pág. 41/3: Los clavos de Cristo se oxidan sin remedio.
Pág. 41/4: Las hijas blancas en el mar de noche.
Pág. 43/1: Busca su vertical el muerto.
Pág. 43/2: La memoria es sólo la sombra de los túmulos.
Pág. 44: Odio el Quijote.
Pág. 45: Desnudo de Melibea.
Pág. 47: Noche que encierras cada amanecida [resurrección y muerte]
Pág. 49: Paspartout para un haiku.
Pág. 53: Busca el muerto su vertical y encuentra sombra.
Pág. 54: Libro abierto.
Pág. 56: La magnitud cromática del humus.
Pág. 59: Paspartout de invierno.
Pág. 60: Caleidoscopio adamerado de una esfera.
Pág. 61: Las huellas dactilares del dedo que fue dedo.
Pág. 62/1: La corbata de Caín.
Pág. 62/2: La corbata de Abel.
Pág. 63: La tragedia y sus ángulos más críticos.
Pág. 64: Un clamor de metales se hace sombra en las manos.
Pág. 67: Al escribir se tacha la vida.
Pág. 68: Noche en el centro del día.
Pág. 69: Cuatro relojes sin horas posibles.
Pág. 73: Sábana Santa.
Pág. 75: Paspartout para nada.
Pág. 77: Minarete a la izquierda [Guerra santa]
Pág. 82: Aurora se peina tras los visillos a las tres de la tarde.
Pág. 85: Hija blanca leyendo sentada.
Pág. 86: A mis hijos les crecen espinas [pubertad]
Pág. 89: Placa Petri con cultivo de una idea abstracta.
Pág. 90/1: Escena de caza.
Pág. 90/2: Cosecha de 2006 [buena en cenizas]
Pág. 90/3: Paisaje textil [naturaleza muerta]
Pág. 90/4: El horizonte es rojo y hace señales líricas.
Pág. 93: Comida de familia con la muerte mirando.
Pág. 94: El peine planetario de Aurora mira la noche tras un árbol.
Pág. 95: Cuarto de baño con pendientes, pasadores y el peine de Aurora.

El juego puede ser chulo si lo descontextualizas todo, si juegas a imaginarte cómo serán las obras a partir de los títulos mediocres con los que las he nombrado. En todo caso, el mejor hallazgo para mi gusto es el de las hijas blancas y el del peine de Aurora.
Cuando el Diablo no tiene nada que hacer...
(21:20 horas) ¿Por qué razón hay palabras oficiales en los idiomas y otras que no lo son?... si todas se pronuncián, se mastican, definen sentimientos, situaciones, animales o cosas; si todas encierran un concepto que sirve para la comunicación... No entiendo en qué se basan para que un término de argot no entre en los reales diccionarios académicos –sí entiendo, por supuesto, que hay norma establecida, coño, pero no entiendo esa norma–, y cómo se adjudican valores contrarios y contradictorios a términos preclaros y se permite que los comunicadores de masas los usen a diario de forma equivocada sin que les multen gravemente o los suspendan de empleo y sueldo.
La educación lleva mal paso por dentro y por fuera... hasta la Lengua –como asignatura– renombra cada año sus conceptos y confunde a las mentes necesarias para extenderla... lo que antes eran adjetivos, pasaron a llamarse algo así como determinantes... y veo en el libro de Lengua de mi hijo que vuelven a ser adjetivos este año... no podrían sancionar también gravemente a esa jodida caterva de filólogos que asesinan a nuestros muchachos desde los libros de texto –con los que hacen negocios magros–. ¿Dónde quedaron los clásicos conceptos de «nombre», «adjetivo», «verbo», «preposición» o «artículo»? ¿Por qué los «sintagmas», los «complementos» y tanta pollología vinagrera? Limpien, fijen y den esplendor, camuñas de culos planos, y dejen de confundir tanto, que nuestros chavales ya tienen bastante con tener que chapar Educación Física (antes Gimnasia) –el trigémino y sus adláteres–, Música (antes no había) –los instrumentos africanos, la zarzuela y su puta madre–, Tecnología (antes Trabajos Manuales) –los altos hornos, la escofina y la sierra de inglete–, Sociales (antes Geografía e Historia) –los movimientos demográficos, la morbilidad y el IVA–, Plástica (antes Dibujo) –la estética de Munch, la evolución de Miró y sus iconos o dibujar la apotegma en una circunferencia previo estudio matemático–, Francés, Inglés, Religión –que ahora ya se imparte en las horas de mejor rendimiento–... No nos compliquen la vida ni el futuro, coño, que antes teníamos dos asignaturas troncales con muchas horas –Lengua y Matemáticas–, tres materias medias –Física y Química, Latín y Geografía e Historia– y unas cuantas marías a las que sólo había que asistir a clase para salir con el cinco fijo. No nos jodan, coño, de verdad, hombre... que de los de antaño salieron abogados, químicos, matemáticos, directores de banca, profesores eméritos, ingenieros... y también pasteleros, carpinteros, churreros... de todo, coño, de todo... y aquí estamos, habitando el mundo –que él ya se encarga de moverse solo–... Como mínimo sería bueno que argumentaran un sistema educativo que aportase a nuestros hijos confianza y no tanto jodido fracaso.

Sunday, October 15, 2006

Andrzej Kuśniewicz


Leo en la prensa del día que el arzobispado pucelano debe devolver una herencia –de Carmen y Mª Luisa Gómez del Peral– de veinticuatro millones de euros a sus herederos legales y que, al día de hoy, pasados tres años desde que pilló las pelas, ya se ha gastado la mitad. Llevada la cifra a pesetas, arroja el resultado de 14.400 kilitos de los de antes, por lo que los curas se han fundido en tres años la friolera de 7.200 millones de pelas. Me gustaría saber cómo, dónde y cuándo... porque entre las argucias legales aducidas por la secta está la de que la voluntad del propietario real del dinero –el que lo generó y acumuló en su día–, el finado José María de la Cuesta Maura, le indicaba en carta a su esposa que deseaba que todo el caudal fuera a parar a manos de los más necesitados.
Lo bonito ahora sería que el señor arzobispo de Pucela hiciera demostración documental de que esos 7.200 kilos han ido a parar a manos de verdaderos necesitados... y yo creo que lo tiene chungo el colega con sus crucifijos de oro y sus etecés de inversiones de dinero negro –véanse los oscuros trasuntos del dinero de la iglesia pucelana en los últimos años– y otros dales que te pego.
Se lo quedarán todo al final... y si no, el tiempo...
(12:27 horas) Al releer mi entrada del día, el apellido «de la Cuesta» me trae el vivo recuerdo de un amigo de infancia y juventud al que he perdido la pista desde hace años, Manuel de la Cuesta Peix, el más brillante de todos mis antiguos amigos, voluntarioso, inteligente, capaz, deportista excepcional y buen poeta. De Manolo he sabido muy poco desde el triste fallecimiento de Juanito Montero –alguien me dijo que andaba de profe por las islas y que se había dejado una copiosa barba negra... y ahora acabo de verle en una lista oficial (vía Google) como catedrático de Física y Química. Me encantaría volver a verle para ponernos al día de los azares de nuestras vidas.
Y con Manolo viene el recuerdo entrañabilísimo de Amable García –al que mis últimas noticias ubican en Málaga de Catedrático de Matemáticas con la especialidad en álgebra y siempre con una guitarra clásica en las manos–... y Javier Riobó, al que sé asentado en Valladolid y trabajando en asuntos de diseño gráfico... y Javier Bernal, al que veo con más frecuencia durante los periodos vacacionales... y Ángel Martín Bueno, del que he oído que ocupa un importante puesto en la Delegación del Gobierno en Valladolid...
Mejor dejarlo reposar y que el recuerdo quede en recuerdo.
(18:42 horas) He dedicado la tarde a repasar los poemas de «Hammarcord [l’uomo invaso]» –es la primera vez en mi vida que repaso tanto mis poemas, que ya van por la sexta corrección– y cada palabra es una bomba de neutrones que me cae sobre la cabeza. Corregir, para mí, siempre implica destruir la frescura del poema y enfrascarme en la terrible sensación de estar retocando a un muerto. Me joden los «que», las «y», el uso de subordinadas, la búsqueda de adjetivos que me resulten más atinados... y al final sólo hago destrozos y vuelvo a dejar cada poema como estaba. Me equivoco... corrigiendo me equivocaré siempre... soy un tipo de primer toque y no debo enfrascarme en tantas zarandajas.
Me tomaré una café de la máquina de la imprenta y pasaré página.