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Wednesday, November 29, 2006

Marco Terencio Varrón


Es la hostia. Durante la cena, con referencia a un colegio en el que han decidido no hacer el festival de Navidad con los críos, he escuchado decir al portavoz de la Conferencia Episcopal –poniendo una carita de imbécil que no sé describir bien– la frase: «¿Negar la Navidad...? [sonrisa estúpida]».
¿Qué pasa, que no se puede negar la Navidad?... Desde luego que no en el sentido más comercial y capitalista del asunto... quizás tampoco desde el absurdo de la jodida tradición... y aún tampoco en lo referente al marqueting del cristianismo milongo... pero sí que se puede negar desde la óptica profesional de unos profes que cobran por enseñar materias y conductas sociales y no por hacerle el caldo gordo a la más retrógrada y sangrante de las sectas conocidas... se puede negar por convicción agnóstica, por asco, por tristeza, por las jodidas diferencias que fomenta y produce, por la mierda que la sostiene y por la auténtica falsedad de su base –habrá que leerse las covenciones de los diversos concilios de Constatinopla y el de Trento para empezar a entender algo de esta matemática tan exotérica y faltona... promulgación de fechas claves en la supuesta vida de Jesús buscando unirlas con provecho a las fiestas y tradiciones paganas con el fin de ir ganando el acercamiento de los fieles...
Y ya puestos, además de negar la jodida Navidad en voz alta, baja y sin ella, también voy a negar a Dios –si es que puede negarse lo que no existe– y a todo lo que huela a él –claro, que no puedo negar a los que sibilinamente lo inventaron, a los que mansamente creen en él -Él– a pies juntillas ni a los que con vista de lince lo reinventan cada día.
Ojo, que respeto al hombre creyente, pero nunca a la masa creyente –me importa un pito el tipo de dios con el que se decida trabajar esta ecuación–, y por ese respeto a su afirmación de Dios, pido igual respeto a mi negación del mismo.
En todo caso, sí, rechoncho y blanquito amigo «portavoz», se puede negar la Navidad con la misma tranquilidad que se niega al unicornio, a la vida en Raticulín o a la suerte de una moneda que cae en la Fontana de Trevi.
Feliz diciembre, ínclito padre Martínez Camino.

Sunday, October 15, 2006

Andrzej Kuśniewicz


Leo en la prensa del día que el arzobispado pucelano debe devolver una herencia –de Carmen y Mª Luisa Gómez del Peral– de veinticuatro millones de euros a sus herederos legales y que, al día de hoy, pasados tres años desde que pilló las pelas, ya se ha gastado la mitad. Llevada la cifra a pesetas, arroja el resultado de 14.400 kilitos de los de antes, por lo que los curas se han fundido en tres años la friolera de 7.200 millones de pelas. Me gustaría saber cómo, dónde y cuándo... porque entre las argucias legales aducidas por la secta está la de que la voluntad del propietario real del dinero –el que lo generó y acumuló en su día–, el finado José María de la Cuesta Maura, le indicaba en carta a su esposa que deseaba que todo el caudal fuera a parar a manos de los más necesitados.
Lo bonito ahora sería que el señor arzobispo de Pucela hiciera demostración documental de que esos 7.200 kilos han ido a parar a manos de verdaderos necesitados... y yo creo que lo tiene chungo el colega con sus crucifijos de oro y sus etecés de inversiones de dinero negro –véanse los oscuros trasuntos del dinero de la iglesia pucelana en los últimos años– y otros dales que te pego.
Se lo quedarán todo al final... y si no, el tiempo...
(12:27 horas) Al releer mi entrada del día, el apellido «de la Cuesta» me trae el vivo recuerdo de un amigo de infancia y juventud al que he perdido la pista desde hace años, Manuel de la Cuesta Peix, el más brillante de todos mis antiguos amigos, voluntarioso, inteligente, capaz, deportista excepcional y buen poeta. De Manolo he sabido muy poco desde el triste fallecimiento de Juanito Montero –alguien me dijo que andaba de profe por las islas y que se había dejado una copiosa barba negra... y ahora acabo de verle en una lista oficial (vía Google) como catedrático de Física y Química. Me encantaría volver a verle para ponernos al día de los azares de nuestras vidas.
Y con Manolo viene el recuerdo entrañabilísimo de Amable García –al que mis últimas noticias ubican en Málaga de Catedrático de Matemáticas con la especialidad en álgebra y siempre con una guitarra clásica en las manos–... y Javier Riobó, al que sé asentado en Valladolid y trabajando en asuntos de diseño gráfico... y Javier Bernal, al que veo con más frecuencia durante los periodos vacacionales... y Ángel Martín Bueno, del que he oído que ocupa un importante puesto en la Delegación del Gobierno en Valladolid...
Mejor dejarlo reposar y que el recuerdo quede en recuerdo.
(18:42 horas) He dedicado la tarde a repasar los poemas de «Hammarcord [l’uomo invaso]» –es la primera vez en mi vida que repaso tanto mis poemas, que ya van por la sexta corrección– y cada palabra es una bomba de neutrones que me cae sobre la cabeza. Corregir, para mí, siempre implica destruir la frescura del poema y enfrascarme en la terrible sensación de estar retocando a un muerto. Me joden los «que», las «y», el uso de subordinadas, la búsqueda de adjetivos que me resulten más atinados... y al final sólo hago destrozos y vuelvo a dejar cada poema como estaba. Me equivoco... corrigiendo me equivocaré siempre... soy un tipo de primer toque y no debo enfrascarme en tantas zarandajas.
Me tomaré una café de la máquina de la imprenta y pasaré página.

Sunday, October 8, 2006

Lauri Soininen


Cada semana, sin falta no justificada, me da un arrebato dominical y matutino y me zampo dos programitas seguidos de la tele que están entregados a la religión. El primero es una ensalada judía con estética años 50 y el segundo es el famosísimo «Pueblo de Dios» –estética 36– con una tal María Ángeles que presenta muy castamente.
Hoy, los judíos han estado más comedidos de lo normal, celebrando una fiesta de rememoración de viajes de antepasados por tierras difíciles –estos tipos siempre atraviesan desiertos, se dejan barba y trencitas y, luego, se ponen a celebrarlo– (felices fiestas, muchachos).

El chascarrillo descojonante llegó con la programación católica, cuando la casta María Ángeles entrevistó a un tipo vestido de negro y con alzacuellos que daba nota de un congreso mundial de televisiones católicas. El cuervo dedicó unos minutos a enumerar los pecados mortales de las nuevas tecnologías y todos los peligros que contienen contra la moral cristiana. Cuando se vació de tanto pecado –una vecina mía diría de forma más castiza: «¡¡¡Echa tu veneno!!!»–, se arrancó con que los medios de comunicación audiovisuales son fundamentales para llevar la palabra de Dios a todos los rincones del mundo, con lo que –a pesar de mis tiernas legañas producidas por el sueño recien acabado– enseguida até cabos y deduje que las palabras sórdidas del involucionista Jiménez Losantos son palabra de Dios.

Ya era hora de que públicamente los cuervos reconocieran de qué jaez es su baba divina, por lo que me santigüé y, sin más, aporreé el mando a distancia para que me llevara a ver caer a otro dios en las pistas niponas: Shumy jodió su motor por acelerar más de la cuenta, poniéndole así un pequeño clavo más a su cruz.
Lo mismo es un aviso del que debiera dar nota mañana don Losantos en la COPE a la vez que agradece a los cuervos que le nimben la voz por la tele.
Palabra de Dios.
(19:42 horas)
[CHARLES BUKOWSKI: Yo era joven cuando mi héroe era joven, la única diferencia es que él se hizo famoso enseguida... ... luego se fue a Malibú y se sentó en la playa a mirar las olas que rompían en la orilla como embustes, como embustes, como embustes...]
Todo llega a encadenarse siempre, de forma fortuita, si, pero todo llega a encadenarse. Y es una ironía ver cómo el fracasado –el realmente fracasado, porque para llegar a lucir su Jaguar ha tenido que mamar mil pollas arrugadas– sonríe desde su poltrona sin saber más que el truco absurdo de crecer en falso, y sonríe porque su farsa funcionó y funciona cada día... Yo era joven cuando el fracasado también era joven, y le vi temblar de ira por conocer su propia incompetencia, y le vi tomar el camino torcido, subirse al carro del integrismo católico para medrar y llegar hasta una cima de asco bruñida de dinero... ....luego se fue al interior y se sentó en una playa inexistente a mirar las olas que rompían en la orilla como embustes, como embustes, como embustes...
[JOAN MARGARIT: cuesta entender la vida, no la muerte. La muerte nunca encierra enigma alguno.]
Vivir en legítima defensa es a veces lo que no se nos ocurre para vivir, porque existen los demás y nos agreden con su sola presencia muchas veces, y te sientes extraño, fuera de lo que estimas que debiera ser la vida, y te acostumbras a sufrirlos y no haces otra cosa que dejar pasar todo por encima o por debajo. Y la única riqueza que te queda en los bolsillos es recordar un tiempo que quizás ni existió o imaginarlo.
[CESARE PAVESE: La tremendad verdad es ésta: sufrir no sirve para nada.]
Y se me caen las religiones, las patrias, las revoluciones, los dentistas, los partos, el trabajo, el matrimonio, las guerras, los masajes tailandeses, los mártires, las prisiones, el hambre, la faja y los sostenes de blondas.
Es mejor indignarse y volver la cabeza antes que sufrir.

Saturday, October 7, 2006

Frans Eemil Sillanpää


Llevar la codicia a misa es muy común entre los adinerados, pues en su temor a perder también quieren tener a Dios en sus cuentas de resultados... ya sabes, uno de esos «paraelporsi» que siempre vienen bien en casos de enfermedad y premuerte.
Sí, los ricos también lloran, también enferman y también mueren... Eso sí, de otra forma, eh... porque lo saben hacer sojuzgando, oprimiendo, vejando y dejando herencia.
No sé a qué viene esta mañana tal inquina contra los ricos, cuando lo que yo quería era analizar y contraponer los conceptos «codicia» y «ambición»... Y, pensando un rato, me parecen sólo palabras, lo que me lleva de nuevo a pensar que la corrupción está en el idioma y que resulta harto difícil sobreponerse a ese imponderable.
Visto el perro y vista la rabia, lo que debo hacer es conocer el alcance de cada una de las palabras que pronuncio y jugar con ellas y en ellas para transfigurarme en maldito, en dios menor, en imbécil, en hombre respetable, en rufián... en rico incluso.
Manejar el idioma y utilizarlo con sabiduría es en sí mismo un poder mayor que el de poseer dinero, parcelas o acciones de bolsa en franca subida; porque con el buen manejo de tal herramienta serás capaz de seducir, someter, humillar, convencer, avergonzar, destruir, conquistar, ser objeto de amor, modificar la opinión... No está mal la materia y el balance de resultados que puedes conseguir con ella.
En fin, acumulemos palabras en vez de monedas y lancémoslas con intención buscando lo que nos plazca.
(16:40 horas) Un síntoma de que entró en la vejez es que cada día necesito menos al mundo que está fuera de mis límites físicos. Normalmente me basta con recrear un lugar, una situación en mi cabeza para quedarme satisfecho y seguir adelante con mi encierro. En esta situación la espera se hace agradable y el tiempo se dilata casi hasta el infinito. Apenas necesito exteriorizar mi estado y, sin embargo, cada día soy más capaz de imbuirme en vivencias enriquecedoras que no necesitan más que la evocación mental del otro. Es quizás todo este tiempo el más íntimo que recuerdo, y no hay ni un sólo resquicio de sentimiento de cárcel o de cueva, sino todo lo contrario, pues siento la libertad más cerca y más abierta.

(18:31 horas) En creación es fundamental ser mucho mejor que lo que creas, de tal forma que tu propuesta física sea el error de lo pensado. Un hombre al que su obra le supera en humanidad no es digno de esa obra, porque con ella miente.
Esta tarde me animaba Alberto Hernández, después del café, diciéndome que le habían llegado mis palabras sobre el arte de hace unos días. Yo sonreí agradeciéndoselo. Y es que cada día hay más tipos engolados jugando a ser artistas que se escudan en sus enjendros plásticos o literarios para ponerse en valor. La dignidad de tu obra empieza cuando consigues ser digno de ella, y nunca al contrario, jamás.
Eso de que no importa quién lo hizo, pero sí lo que hizo, es un error terrible que trae consecuencias nefastas para el juego del arte.
Yo creo que Alberto está en un momento dulce y debe empeñarse en parecer lo que ya es, un destacado creador, sobresaliente en sus propuestas y humildemente normal en su vida. Lo tiene todo –que es nada– para estar donde están otros que no lo han trabajado ni lo han sentido como él.
Que la vida no debe ser un cantar de gesta, que para eso están los hombres postreros... la vida debe ser una búsqueda sin límite y sin nómina fija, con sinceridad, con autocrítica, con valor verdadero.
(22:44 horas) Un poema hay que «cometerlo» como se comete un atentado suicida, con fe ciega y sin medir las consecuencias propias, pero valorando siempre las consecuencias ajenas. O algo así.

Sunday, September 24, 2006

Aatos Erkko


Sin adaptarme aún a los rigores del curso escolar, estoy contento porque mis chicos parece que han empezado con ganas –aunque esto no es como empieza...–. Sigo (seguimos) sufriendo la enfermedad de Mada y el encono de Ángel contra lo que sería la mejor solución para todos: contratar a una persona para atender de forma constante a Mada en casa. No entiende el colega que está descabalando nuestras familias, y esto afecta a la educación de los hijos y a las relaciones de pareja. ¿No le iluminará su Dios de una puñetera vez para que acepte cambiar el sacrificio constante de todos por un pequeño sacrificio económico –también de todos– que nos haga llevar el asunto con más dulzura y menos tensiones? En fin, que seguiremos comiéndonos este marrón por el camino difícil, el de ganarnos el puñetero cielo por el sacrificio inútil y diario. ¡Bah!
(16:56 horas) Odio el melodrama cuando se trata de la vida, esa actitud tan común (y tan católica) de ver el mundo sin la mirada práctica de la lógica. Todo se novela y se fabula, cada suceso tiene una banda sonora y un tempo absolutamente teatral; y en esa mirada pequeña, siempre también un punto egoísta disfrazado de conciencia limpia. Los que abundan en estas formas –que son muchos–, jamás han sentido el sufrimiento sicológico de una vida practicable, sus motivos son espurios sin saberlo –o sabiéndolo– y su fin es pasar sin que les roce el daño, volcándolo al instante en los hombros y en las cabezas de otros, mientras hacen aspavientos e incluso derraman lágrimas.
Ojo, y nunca puedes herirlos, porque son gente «buena», ordenada y cumplidora de leyes humanas y divinas... no tienen temor a la muerte de los demás y fían la suya a un Dios magnánimo al que han servido siempre con humillación... ven de maravilla que su caridad pacata se transforme por arte de magia en la sumisión de otros... nunca han sentido el placer porque es pecado... ni dejan que sus cercanos piensen en sentirlo y practicarlo.
Son tipos de otro mundo que siempre han vivido y vivirán bien, pero sin saber lo que es la vida. Su conveniencia es el camino fácil y su pasión es pensar que los demás debieran ser como ellos para el que el mundo fuera perfecto... perfecta y jodidamente melodramático.
Lo que hacen por los demás, lo hacen exactamente por sí mismos.
Vamos de puta madre.

(22:04 horas) Para qué pensar en acabar todos y cada uno de los asuntos en los que nos metemos. No es bueno acabar, porque en el acabamiento hay cierta historia de triunfo que no es conveniente para mantenerse lúcido. Lo mejor es amar lo que haces con intensidad para conseguir que jamás termine. Acabar hace a tu mente cómoda y consigue que pienses de ti tan en positivo, que termines siendo incapaz de retomar la vida en clave de búsqueda. Además, siempre te queda esa «buena conciencia» de la que decía Pavese que «no es otra cosa que la expresión del deseo que todos tenemos: ser nosotros; sentirnos cómodos siéndolo.». Y la comodidad es muerte en cierta forma.

Sunday, September 17, 2006

Cao Xueqin


Habrá que acercarse a Toledo a comprar una espada y ponerle nombre para estar preparados cuando llegue la próxima cruzada benedicta –yo, por mi parte, haré una cruzadita nihilista, algo así como todos contra todos–. Ayer, mientras comíamos, Antonio me comentó que el colega Bene tiene razón por esta vez en sus palabras, aunque sólo le faltó decir un «y nosotros también» para dejarlo todo en su sitio; y yo estoy totalmente de acuerdo con Antonio, pues tanto el islamismo como el catolicismo están asentados en el temor y la sangre, y ninguno puede reprochar al otro nada que tenga que ver con estos conceptos... Sí, pueden discutir sobre quién ha matado más en el curso de la historia –yo creo que los católicos se llevan la palma–, pero nada más.
También, ayer, asistí a una entrevista realizada con muy buen criterio en La 2 de TVE a un jesuita fundador de la teología de la liberación, Jon Sobrino, y me gustaron algunas de las cosas que dijo. Puso el hombrito énfasis en que mientras el Vaticano ensalzaba los valores de caridad elevando a los altares a Teresa de Calcuta, era absolutamente reticente a reconocer los valores de justicia en mártires como Ignacio Ellacuría, asesinado por defenderlos –incluso los recrimina–. También estuvo fino cuando espetó que el marxismo tiene las mismas bases y los mismos fines que el cristianismo y que las dos propuesta de organización social y sus fines pueden convivir perefectamente, sin roce alguno, imbricadas para una evolución positiva.
Yo escuchaba boquiabierto y encantado al sacerdote reclamando que había que trabajar por la justicia, que los países ricos deben ayudar a los paísese pobres para equilibrar la balanza y que deben hacerlo en claves de humanismo, sin reclamar beneficios a sus dádivas ni modular a su antojo las costumbres y la forma de vida de esas gentes. Estaba encantado porque he razonado muchas horas y he escrito metros de palabras sobre ese tema y en esa misma clave.
Lo único que me jodió un poquito fue la excusa evangélica que el tipo utilizaba de vez en cuando para apoyar sus argumentos. Si hubiera dicho lo que dijo olvidándose de pronunciar el nombre de Jesús, todo hubiera estado mucho mejor centrado.
En todo caso, me gusta encontrar de vez en cuando testimonios como este, porque me aportan un poquito de esperanza.
Espero que en el otro bando, en el islámico, también existan tipos con esa misma mirada. Fiaré en ello y esperaré a que lleguen a tomar las zonas de clase de sus sectas para que puedan «imponer» ese mensaje a los locos fieles que no piensan.

(12:49 horas) Leo a Eugenio Montale en una edición magnífica de Fabio Morábito y me asombro, me asombro y me duelo de no saber llegar ni a un 10% de su magia... ni a un 5%... Y digo esto haciendo un descanso en la página 722, donde posa un poema que lleva por título «Big bang o altro», ni peor ni mejor que los ya leídos, simplemente genial: «Mi pare strano che l’universo / sia nato da un’esplosione, / mi pare strano che si tratti invence / del formicolìo di una stagnazione. // Ancora più incredibile che sia uscito / dalla bacchetta magica / di un dio che abbia caratteri / spaventosamente antropomorfici. // Ma come si può pensare che tale macchinazione / sia posta a carico di chi sarà vivente, / ladro e assassino fin che vi vuole ma / sempre innocente?» (me parece extraño que el universo / haya surgido de una explosión, / como me extraña que se trate en cambio / del hormigueo nacido de un estancamiento. // Más increíble que sea fruto / de la varita mágica / de un dios con caracteres / monstruosamente atropomórficos. // ¿Cómo se puede creer que tal maquinación / se endilgue a quien será viviente, / ratero y asesino todo lo que quieran / pero inocente al fin y al cabo?).
Decir como Montale, un tipo enfermizo e introvertido que sintió en toda su vida que no servía para nada... ¡Qué gozo leerlo!, qué envidia.

(17:49 horas) Tengo esta tarde una sensación de gente sola que se cruza conmigo, y me vienen a la cabeza unos versos de José Luis Morante que son exactamente mi sensación de ahora. Los busco en su «Largo recocorrido» y los leo lentamente para encontrar de nuevo ese ritmo endiablado que el colega refugia sus poemas, la encabalgada música y el sentido común que nos aúna: «Murmullos incesantes depositan / triviales comentarios sobre un móvil. / Las pupilas disimulan tediosas, / leyendo fraudulentas biografías. / Lerdas sombras ocupan las aceras. / Se hace tarde y soplan vientos fríos. / Una lejana risa se repliega / en la circunferencia del cansancio; / mientras, evoca un viaje parecido / y asiente circunspecta a los mensajes / reiterados con música de fondo. / Camufla un cigarrillo el desconcierto / de quienes no adquirieron el billete. / La expresión triste de los rezagados / atenaza el adiós del que se queda. / Y sin embargo ocurre lo de siempre / en el amplio vestíbulo en penumbra. / Antiguas convenciones se repiten / con sobria precisión de cirujano, / como si un domador sin repertorio / descubriera por vocación intacta / la urdimbre rutinaria y misteriosa / de los trenes de largo recorrido / que parten azarosos al encuentro / de míticos destinos en las vías.».
José Luis trabaja siempre en un tono especial que yo comparto, jugándoselo todo a doble o doble, pues la nada ya está para gozarla o sufrirla, para ser de ella o para estar en ella. Confieso que con cierta frecuencia acudo a sus poemas para buscar en ellos sensaciones comunes, rabia o láudano... y todo en la solidez poética que aseguran sus versos siempre. En ellos estoy siempre, porque nuestras vivencias son comunes, porque somos del mismo tiempo, el mismo espacio y la misma sensibilidad... Cuando no sé acotar un poema, José Luis me da las claves para hacerlo... aunque él no lo sabe.
Y reescribo por enésima vez el poema que da comienzo a mi nuevo poemario terminado, que se titulará «Hammarcord». Este poema de inicio llevará por título «Amanece en Rimini» y la última versión es como sigue: «De las uñas mordidas o de lo que amé / cuando los días no sabían acabar / porque eran luz y ocaso y a la inversa, // me quedó como un batir de párpados, / un pestañeo sepia o blanco y negro / que me hace y deshace, / que me rima hacia adentro / en justa consonante. // El mar que no vi entonces / era una piel ajena / llamando a lo interior como una química, / ahora paz / antes guerras mínimas tan grandes, / tan sin derrota, / tan despiadadamente dulces. // Yo y vosotros / no fuimos, / apenas somos / todo y nada. // Sábanas blancas frías / para un calor común / tan compartido / como el pan o los golpes, // como el pan / o / los golpes.». Es una voz común y ajena a la vez que me grita por dentro y no sé concretarla con las palabras justas.

Saturday, September 16, 2006

Sima Qian


Mientras se nos viene adivinando otra guerra santa con desafortunados cruzados benedictos e integristas islámicos –prefiero a Los Morancos, y mira que son los tíos de lo más desagradable–, los sociatas gabachos han pillado a una periquita de buen ver que probablemente se lleve el gato al agua ante los guapetones intelectuales de derechas y los neofascistas lepenes (estos sociatas sí que saben)... Lo mismo para el año que viene se da la piña un Airbus contra la basílica de San Pedro y tenemos que revisar al periquito Nostradamus con atención y darle la razón a los visionarios proufo y a los codigodavinceros... y me jodería.
El caso es que la milonga mundial está cada vez más chunga –y peor que se va a poner– y en los gobiernos galácticos –inclúyanse los de carácter religioso– ha caído una caterva de disminuidos integrales de agárrate... Y mientras, olvidándonos del clima y sus catarros –que ya verás–. Va a ser mejor empezar a excavar en el suelo de mi cueva y profundizar bien para hacerme el bunker deseado, que de esta pandilla de hijos de putas poderosos se puede esperar cualquier cosa y ya.

(13:29 horas) Hoy concelebramos el cumpleaños de Ángel con comida familiar enredada en un murmullo de enésima última cena y no me apetece nada de nada no poder quitarme los zapatos y los pantalones durante la manduca. El caso es que cada día llevo peor este tipo de reuniones en las que flota la enfermedad como una espada de Damocles chunga y en las que los silencios dan unos gritos atronadores que ensordecen.
Me llevaré mi diario gráfico de otoño para hacerme transparente y que no se note mi presencia y, sobre todo, para entretener mi mano y dejar mi boca cerrada hasta llegar a meta. Es la hostia.

Thursday, September 14, 2006

Chow Ching Lie


Hay un planteamiento lógico de la existencia humana que siempre me ha interesado, el de dejarse llevar por lo inexorable. Me ha interesado y creo en él a pies juntillas: un hombre no puede decidir su futuro si no es dentro de la inexorabilidad de las cosas que lo rodean. Es, pues, el mejor método a seguir el de la adaptación constante a esa lógina que está por encima de las decisiones y nadar a favor de corriente intentando aprovechar las distintas oportunidades que se presenten. Y, sí, también ser hedonista, buscar el placer por el placer ante la lógica de triste trazado y seguro final. Convencer de esto al común de los mortales no es difícil –siempre que no crean en un Dios salvador–, pues el planteamiento raya los límites de la razón más primaria, pero de ahí a que lo practiquen, es ya otra cosa... pero para qué entrar en el terreno de las utopías.

Sunday, September 10, 2006

Lin Shu


Debiera existir un tiempo natural para la muerte o quizás debiéramos buscarlo cuando aún el cuerpo y la mente aseguran autogestión.
A pesar de la dureza que encierra, el mandato natural actúa siempre con una lógica aplastante que está muy por encima de los pensamientos filosóficos y de los avances científicos. El hombre acaba y es un grave error mantenerlo por milongas artificiales en una calidad de detritus latente que distorsiona. Y digo esto con la consciencia de que en un corto plazo de tiempo me ha de llegar la hora de la decisión, el final del ciclo natural.
Quizás mi planteamiento sea egoísta, pero no quiero que mis hijos tengan en mí una rémora que les impida colmar sus vidas con la libertad o las cadenas que ellos mismos decidan ponerse o quitarse.
Como padre, tengo una responsabilidad irrenunciable sobre mis hijos, debo encauzar su camino humanístico mientras su biología termine de tomar las riendas de su libertad. Como hijo, sólo tengo una impronta moral que me obliga, y está en mi decisión modelarla, seguirla o descartarla, procurando siempre huir de los marbetes tradicionales y de los roles marcados. Mi apuesta debe ser que mis hijos crezcan libres y sólo me utilicen como apoyo hasta que yo decida, nada más; que mis padres vayan a su ritmo y que no me procuren disturbios, ni yo a ellos. Que vuelvo a repetir lo que ya he escrito muchas veces: los padres son responsables de sus hijos, pero los hijos no deben asumir las cargas de sus padres si no es por condicionamientos de afecto, cariño o compasión, y siempre en libertad, por supuesto. Bajo este planteamiento, un padre siempre es «culpable» de las consecuencias finales o transitorias que resulten en sus hijos, pero esa culpabilidad nunca puede llevarse a la proposición contraria, de ninguna manera, de ninguna.
La ley natural es taxativa en esto: el individuo que no sirve se elimina. Y yo me pregunto: ¿Qué hay de Dios en este hecho contrastado? ¿No es ese Dios que no existe el que ordena el mundo y la naturaleza? ¿La moral es herramienta de construcción social o es arma de destrucción de la especie con su influencia negativa en la evolución genética del grupo?... Háblenme los filósofos de esto, por favor, explíquenme los teólogos a ese Dios contradictorio que por un lado arbitra la norma de la selección natural y por otro nos dota de una moral destructora de su norma.
Viene todo esto a que me siento profundamente decepcionado de mi hija, que en su explosión de autoafirmación nos maltrata sin pudor (a su madre y a mí) y no cumple ni una de las espectativas educativas que me había planteado con ella... y a la jodida vejez ajena que pone constante disturbio en mi vida, y en la de mis hijos, que están más a su suerte que nunca por esa jodida moral decimonónica del respeto a los padres que no nos permite decirles a la cara cómo debe funcionar el mundo para que no existan estas distorsiones. Es curioso cómo quienes nos educaron, quienes nos quisieron inculcar una moral cristiana –que en ella siguen a machamartillo con sus historias de misas que lo arreglan todo (?)– sean ahora los que ponen la chispa de desastre familiar con ojitos tristes y sin dar su brazo a torcer.
Y sigue sin pasar nada, nada.

(16:12 horas) Si yo fuera presidente me convertiría de inmediato en un imbécil y nombraría un gabinete para pulir la caricatura de mí mismo. Luego, sin prisa, haría una lista de los problemas del pueblo con el fin de tenerlos bien anotados y encargaría a un ministerio que mantuviese viva esa lista para que el personal fuera consciente de que mi gobierno manejaba esa información. Los discursos empezaría escribiéndolos yo mismo para crear estilo, y con el tiempo se formaría un gabinete para tal labor. Me dejaría comprar por empresarios y por presidentes de otros países y tomaría medidas para asegurarme un futuro como asesor blindado de un tipo de gran fortuna.
A mi esposa, la presidente consorte, no sé, la metería en un ayuntamiento de cierto calado y declararía alguna guerra para que el populacho no pensase en las cosas de casa...
Si yo fuera presidente, joder, me haría rico enseguida, que nunca se sabe cuándo acaban estas cosas ni cómo.
Y a la oposición la metería en la cárcel para que engordara su curriculum.
Sobre todo, si yo fuera presidente, me convertiría en un imbécil de inmediato.

Monday, September 4, 2006

Mian Mian


Me escribe el bueno de Jesusote Urceloy para decirme que irá el martes a grabar con Sánchez Dragó y que recomendará mi libro «El gato sólo quería a Harry» al final de su plática. Gracias al colega, y muchas, porque uno, que va mayor en estos días, ya viene necesitando algún cariñito que le ponga aceite a la falleba literaria. Urce siempre se ha portado muy bien conmigo y yo tomo nota de su generosidad con el afán de devolverla a la menor. Junto a esta pequeña noticia, me llega otra de Enrique Gracia Trinidad con invitación incluida para hacer una lectura de poesía en la Biblioteca Nacional... Empieza a moverse ya el otoño literario... a ver qué nos depara.
(23:12 horas) Estalló la noticia presentida, el cuerpo de la hija de Marino ha sido hallado cerca de Puerto de Béjar y un no sé qué de padre vuelve a atemorizarme porque presiento cerca el aliento lascivo y terrible del fauno, porque nunca pensé en un asesinato de estas características aquí al lado, justo en el paraíso.
Me siento triste e intento reconocerme en Marino, un hombre de la izquierda local de siempre al que le envío mi más alta consideración y mi más profundo sentimiento.
La vida es azarosa y Dios sigue sin existir.

Sunday, July 23, 2006

Guo Moruo


Ayer celebramos en familia el cumpleaños de Magdalena con cierto mal rollo de acabamiento. No estuvo la familia de María Adela, aunque ella se acercó unos minutos por la tarde para ver a su madre.
Magdalena pasó sobre el día sin enterarse de lo que vale un peine, empecinada en irse de allí y mirando al infinito con esa cara interrogativa que se le ha quedado desde que el alzheimer le ha atacado con dureza.
Del día, salvo una conversación con Antonio sobre el valor del receptor en literatura, las risas generales de los niños, la emoción de Nena cuando le cantábamos a su madre el «Cumpleaños feliz», un montón de fotos chulas con vocación de «quizás no haya más».
Y el resumen... pues una tristeza alegre por las faltas absurdas y una alegre tristeza por el tranquilo afecto de los que acudimos a celebrar la familia de una forma civil y ética.

(17:03 horas) El acabamiento lento de los padres tiene un no sé qué de jodida madurez que agota, ver cómo se destruye una persona a la que quieres y a la que admiras con aquella lentitud de los bueyes tan Llamazares, y cómo al lado se van dejando cosas importantes del ahora para no sentirse mal nunca por lo que se dejó de hacer.
Cuando se entra en esta dinámica, y se hace de comparsa, lo mejor es amar tranquilamente y esperar a que todo suceda en términos de inexorabilidad, guardarse las miserias en el bolsillo y aguantar los embites absurdos de la candidez junto a los de la mala hostia. Y es difícil en algunos momentos, muy difícil, pero absolutamente necesario para alcanzar cierta dimensión humana en esta cosa injusta y tan difícilmente valorable.
Una madre que olvida a sus hijos, a sus hermanos, a sus nietos... que ha desaprendido en cuatro días todo el proceso de los hombres y las cosas, de los nombres y los sentimientos... es un dolor terrible para los que asisten al proceso desde el afecto más íntimo. Y entonces te preguntas por el hijo de puta de Dios, porque en estas circunstancias y en otras tantas, la figura de Dios –para el que lo tenga como existencia máxima– es la de un hijo de la gran puta. Y Magdalena creía en Dios a pies juntillas por educación y, cómo no, por emparejamiento y roce; creía hasta el punto de que lo poco que recuerda en esa cabeza perdida son iconos religiosos a los que se aferra con candidez y dulzura.

Y Dios, ahora, son sus hijas haciendo de madres eternas, faltando de la cama cuando despiertas, dejando vacío su lugar en la mesa mientras comes, derramando lágrimas y echando fuerza ante la profundidad del respeto hacia un recuerdo que ya es sólo carne de absurdo, aguantando la presión de quienes las echamos de menos sin hacer reproches y soportando el duro tirón de un físico que apenas funciona y de una mente que es ya sólo un soplo imperceptible.
Y el único perdón es el que yo pido desde lo más profundo de mis vísceras si es que alguna vez me desquicio y soy inoportuno sumando tensión donde no se necesita. Hago todo lo posible por llevarlo bien, intento comprender y analizar cada decisión y cada hecho que me afecta, muerdo mi lengua cada cinco segundos y apago mi rabia con sonrisas y besos... Hasta que ese Dios tan cabrón quiera, justo hasta que a él, el magnánimo (?), el justo (?), el sabio (?)... le salga de sus divinos cojones sorprendernos con otra de sus mágicas movidas.
Sólo sé decir que hoy amo profundamente a Mª Ángeles, quiero mucho a Nena y a Julia y adoro a Magdalena, sobre todo cuando consigo hacerla reír, bailar, cantar o enfadarse por un segundo tornándose en la mujer y saliendo por unos instantes de su cosificación dolorosa.
No sé decir más... o no quiero.
NOTA del día 22 a las 17:37 horas: ... y quiero un güevo a Carmen y a Francisco, al Guti y a la angelical y sufrida Adela (los olvidos, a veces, toman dimensiones extrañas y literales que no tienen nada que ver con el devenir diarístico rápido y fugaz –o fugitivo–). Y mi expresión no es otra –en este caso– que la que me produjo el rodar de unas lágrimas y las naricillas rojas de Julia y Nena... un sentimiento, en fin, que habitó en un instante.

Tuesday, July 11, 2006

SEPPUKU (hara-kiri)


Otro día once que sumar a la mierda mundial. Bombay vuelve a recordarnos que habría que borrar la palabra «Dios» de todos los diccionarios para que desaparezcan los hombres terribles que lo adoran –léase «Dios» en todas las acepciones imaginadas, incluyendo las del poder, el dinero, el petróleo o la propiedad del resto de recursos naturales–. Es asesino el que inflinge la herida... y el que le apoya, el que le induce, el injusto, el indiferente, el opresor, el ambicioso, el necio, el que no tiene escrúpulos, el mercader indecente, el hambriento de poder, el intolerante, el que guarda silencio, el que esgrime dinero contra otro, el que despilfarra, el deshonesto, el que contemporiza, el que hace caridad, el que se humilla, el que sólo piensa en sí mismo, el que compite por todo, el que se niega a pensar aún siendo el muerto.
Por cierto... ¿Hay vascos en la India?
Pues eso, mísero Aznar, pues eso.

Wednesday, July 5, 2006

Kokinshuu


Mi dolor de riñones se ha convertido definitivamente en una lumbalgia de caballo que me tiene más tieso que un torero, pero apenas siento el dolor, porque mi cabeza se va constantemente a la última imagen que tengo en la cabeza de Javier Carretero, un chico que fue compañero de mi hija en el cole desde bien chiquitos y que hoy se pelea con la muerte en un hospital de Salamanca por el absurdo de una portería de fútbol que le cayó encima con muy graves consecuencias. Le visualizo enseguida en una obra de teatro escolar haciendo el papel de un alcalde gruñón y divertidísimo, o riendo por la calle con sus amigos... sólo le recuerdo riendo y jugueteando, con una inmensa bondad infantil y una actividad propia de los chicos felices... y con estas cosas vuelvo siempre a la idea de Dios, a la idea del Dios injusto que no existe y que muchos se empecinan en mantener como opción de poder para sojuzgar a los más pobres tipos de la Tierra.
Mis mejores deseos para Javier y su familia y la convicción de volverle a ver pronto por las calles de Béjar con su tropa de coleguillas haciéndole guiños a la vida.
Suerte, chaval.
(16:23 horas) No sentirme bien me hace estar más lúcido de lo normal, y últimamente la lucidez se transforma en temor, pero en un temor sobre las cosas, algo que nunca me ha gustado sentir. Tomo nota y busca un ratito de soledad mientras suenan las máquinas de la imprenta como un signo de patria pequeña y particular... si las máquinas suenan, todo marcha.

(22:28 horas) Como poco, se me ocurriría pedir a los líderes mundiales, esos locos de atar, que trabajasen por hacer las guerras más humanizadas, sólo con heridos de levedad por uñeros –joder, un arma de destrucción masiva que provocase uñeros en toda la tropa enemiga–, por empachos o por rozaduras en codos y rodillas. Como mucho, se podría permitir atacar para producir panadizos en los dedos gordos de los pies o desatados ataques de lujuria –árabes enseñándole el rabo a los jodidos norteamericanos para matarlos de envidia y mujeres de California, como las nueces, en primera línea a pecho descubierto para mayor éxtasis de las tropas binladinas... ¿Es que los asesores de los reaganes busheros de turno no pueden llegar a esos estupendos niveles de imaginación? ¡Que los cambien, coño, que los cambien!

Wednesday, May 31, 2006

Teitoku

¿Para qué utilizan la moral los líderes religiosos? Como un verdadero ejército fantasma con el que soguzgar a los grupos creyentes y que estos, a su vez, dlobeguen sin conmiseración a los no creyentes. ¿Y la fe? Pues como fortísima anfeta que llega a hacer ladrar en su vehemencia a quienes la consumen. ¿Y el rito? Como algo atávico con lo que infundir temor.
Ayer tuve la fortuna de escuchar una conferencia científica sobre la verdad inventada y la discriminación mental que realiza la moral en la mente humana. Impresionante.
Como verdad demostrada se dijo que el mentiroso tiene mucho más éxito en su vida, en su trabajo y en sus relaciones. Todo parte de la creación de una imagen propia que se asume como cierta y luego de colocar esa imagen en la mejor posición social posible. Eso, unido a la discriminación o a la permisividad moral crea verdaderos monstruos capaces de justificar cualquier acción por terrible que sea. Se detuvo el tipo especialmente en las decisiones que conllevan eliminar a unos para salvar a otros, y ponía como ejemplo el de cinco pacientes en trance de muerte por fallos de distinos órganos vitales y se daba como solución matar a un hombre sano para salvar esas cinco vidas con sus órganos (moralmente no parecía viable), pero cuando el planteamient o se realiza en otro escenario, la cosa cambia: un tren a toda velocidad viene hacia un cruce de dos vías, por una de ellas atraviesan cinco personas y no tienen posibilidad de escape, por la otra vía atraviesa una persona en las mismas circunstancias. Tú tienes a mano un mando que decide la ruta que debe tomar el tren, ¿lo desviarías?, ¿a qué vía lo desviarías? (tu decisión en este caso es moralmente viable). Pero, ¿qué diferencia existe entre un presupuesto y el otro? Cinco hombre viven y uno muere o cinco hombres mueren y uno vive.

Saturday, May 27, 2006

Kukusai


Ahora me doy cuenta de que toda la vida he andado buscando una columna vertebral para cada una de mis palabras y, sin embargo, sólo he logrado que se apoyen en una columna de huesos viejos y ajenos que puede desmoronarse en cualquier momento. Joan Brossa y sus «poemes visuals» consiguieron una obra bien cordada. Como última opción podría dedicarme a robarle sus vértebras para hacerlas mías.

(11:07 horas) Cuando Descartes dice en sus «Meditaciones metafísicas» que Dios podría haber previsto que el hombre no se equivocase nunca, está sometiendo a duda su entendimiento y el valor de Dios. Cuando yo pienso en alto que Dios no existe, quiero elevar una certeza del campo de la especulación –donde no debiera haber estado nunca– al de las afirmaciones taxativas. Lo malo es que esta verdad alumbra el fracaso de casi toda la humanidad y, por tanto, resulta tan poco práctica que, como mucho, debe quedarse en verdad individual y privada.
Y con esa verdad se hace daño, se hiere... pero es una verdad que quizás sea necesaria como principio revolucionario exacto: partir de la negación de Dios para mover del revés a todo el traje social, dejar con el culo al aire a los creadores de un poder tan maligno como ficticio y volver a ordenar caminos y fronteras. Ahora llega el momento de pensar en cómo sustituir o con qué esa idea espiritual que tañe fuerte y adentro de cada hombre, cómo darle un sentido tan práctico y analgésico como el que emana la idea de Dios y cómo robarle su durísmo componente de poder y sometimiento... Quien sea capaz de ver esto y de darle forma filosófica universal, quien se capaz –aún más allá– de llevarlo al terreno de la práctica social y extenderlo como norma aceptada, tendrá el mejor futuro en sus manos –ojo el mejor futuro de todos, no el propio–. Sí, hay que diluir la idea de Dios y sus consecuentes como primera fase de crecimiento positivo y hacer que los aún creyentes –casi todos– trasladen su idea de que Dios es un ajeno espiritual a que Dios es cada uno de los otros, el grupo humano mismo, los seres vivos y las cosas: humanizar a Dios, animalizarlo y cosificarlo... y luego eliminarlo como la voz antigua para rehacerlo como una voz nueva y tangible, con existencia física y palpable.

La verdad es que cuando me meto en estos temas, siento una alta incapacidad expresiva, pues mis pensamientos fluyen muy bien ordenados, hasta el punto de que lo veo todo con claridad meridiana, pero las palabras apenas saben llegar a mi boca o a mis manos.
Será mejor ir dejando retazos, pequeños apuntes indefinidos, notas básicas sobre las que poder ir elaborando mejor toda mi idea al respecto.
Lo cierto es que estamos en un momento social terrible, con una masa absolutamente mediatizada, con una clase poderosa y llena de intereses que afectan negativamente al individuo y a sus relaciones con los demás y su entorno, con un reinado de idiotas que no han aprendido aún a conocer las verdaderas prioridades del mundo y de los que lo habitamos. Esclavos del dinero y creadores de unos valores que en sí mismo son terribles contravalores, estos líderes idiotas nos acomodan en el mito y la creencia para tenernos absolutamente doblegados y, eso sí, con caritas de felicidad y postura constante de estatismo. Alimentan en nosotros una ambición constante que nos debilita y nos hace sumisos... Dios y sus sicarios... sicarios de una nada tan poderosa que a ellos les proporciona todo.

(11:56 horas) PENSAMIENTO LOCAL Y PEQUEÑO
Sitúense los bejaranos en la Plaza de España, justo donde hace unos meses se ubicaba el conocido «Bar Sol». Justo en la trasera se realizó una dura expropiación argumentando un ensanche de vía para facilitar el acceso y el tráfico hacia/desde dicha plaza. Ya situados, verán que se ha realizado el derribo del antiguo edificio y que se procederá en breve a elevar uno nuevo.
PREGUNTAS
¿Se construirá en la misma línea vertical del edificio antiguo y, por tanto, no se llevará a cabo el retranqueo a la línea de la vía trasera para proporcionar un vomitorio generoso a la Plaza de España?, ¿se construirá en altura algún piso más que los marcados por la línea horizontal de edificaciones coolindantes?, ¿terminará algún representante local siendo propietario de alguna vivienda en esa edificación? Ahora, cambien el valor inquisitivo por el asertivo y sientan la diferencia que hay entre preguntar y sufrir el mal de la arbitrariedad.

(14:24 horas) Puede existir algo sin que me pregunte por qué existe, pero entonces no existe para mí más que de una forma superficial, ya que no indago en el conocimiento de su existencia ni pertenezco a su ámbito de existencia. Este planteamiento lo hago desde una base de realidad triste, de tal forma que lo que no me plantea preguntas pierde para mí su calidad de existencia y habita en un plano de desinterés. La tristeza radica en el hombre que admite la existencia de las cosas, los sucesos y los seres y no se para a preguntarse por ellos aunque sean de vital importancia en su curso vital y emocional. Ahí es donde atisbo a ver la animalidad del hombre, en darle valor de simplicidad al suceso por pereza de pensamiento. Esto nos trae a esta conducta social que padecemos, una conducta inducida por el consumo fácil y la comodidad de tomar criterios preelaborados para ahorrarnos el trasunto reflexivo.

(22:15 horas) En el umbral de su muerte, Iván Serguéievich Turguénev se preguntaba: «¿Qué clase de persona soy? Pueden hacerme la observación de que tan siquiera me pide nadie que lo explique: de acuerdo. Pero me estoy muriendo, por Dios que me muero de verdad y ante la inminencia de la muerte parece del todo justificado el deseo de saber qué clase de pájaro he sido.
...
... he sido un hombre del todo superfluo en este mundo... Es evidente que la naturaleza no contaba con mi aparición, de manera que me trató como a un huésped al que no se ha invitado y al que no se espera...». Francamente lúcida esta calavera que tanto se parece a mí en la cubierta de su «Diario de un hombre superfluo» y que tanto coincide con mi forma de ver el mundo y de verme en el mundo. Siempre como a desmano, desubicado en cada lugar y puesto justo donde otros debieran estar. Sin hacer asonadas ni dar gritos, sin abrigar esperanzas y sin poder mover ni un ápice de lo que me rodea.
Siempre me gustó el verbo «evitar» y lo supongo como mío, pues en la práctica, en mi práctica, es un verbo de uso diario en acción –no en vocabulario–: evitar enfrentarme con alguien, evitar una mirada, un encuentro, una conversación, una sonrisa, un acto, una responsabilidad. Sí, soy un hombre superfluo que se dedica a evitar todo cuanto le llega. ¿Y qué clase de persona soy? Aunque no me veo aún en ese finiquito Turguénev, sí puedo decir que me veo fácil, buena gente en general, con ganas de meter el dedo en mil ojos y haciéndolo con mucho tiento y en voz baja, vital a ratos y mortal a temporadas, aburrido de relación, rojo por tradición, incoherente y poco práctico, iluso, preencoprético y distante con quien me produce temor o indiferencia. Quizás hablaran mejor de mí mis amigos, pero sé que no me conocen como me conozco yo, que no llegarán jamás al fondo de mis máscaras.