Showing posts with label MAMEN SOMAR. Show all posts
Showing posts with label MAMEN SOMAR. Show all posts

Sunday, July 16, 2006

Kaoru


Turismo cultural a todo trapo, reencuentro con colegas entrañables, estómago revuelto, hartura de coche y gasolina, razón para dormir y unos cigarros.
El jueves viajé a Segovia gracias a Juanito, pues mi Tacuma anda en trance de muerte por un no sé qué de su árbol de levas. Viaje de los de antes, charlando, imaginando proyectos tan cuerdos como locos, subiéndonos los grados de moral al lugar que se debe.
Segovia es deliciosa, un lujo que me llevo perdiendo desde hace la friolera de 36 años, que es justo el tiempo que hacía que no viajaba allí. Una ciudad de lumbre para respirar y transportarse, bien trazada y bien guardada en general –mejor que la Salamanca del zoquete Lanzarote–, respetando hasta las panzas de las viejas casas sometidas a la cirujía de lo nuevo.

Allí estaba Ignacio Sanz, con su cara de siempre, con su afecto de siempre, con esa voz hermosa y embrujatrice que podría llevar a la mujer más difícil hasta el catre más fiero –qué envidia de voz, Ignacio–. Estaba en su taller de cerámica, entre barros cocidos y sin cocer que se iban convirtiendo en palabras según pasaban los tragos. Ignacio es un tipo de pueblito pequeño y castellano que no encaja de forma alguna entre rotondas y avenidas, yo le siento entre el trigo restaurando la vida con palabras, con olor a cocido recién hecho y paseando entre matas de jara o tomillos salseros, buscando el eco en alguna barranca o bebiendo agua de un manantial perdido... Hablamos de poesía, de la poesía que a él le gusta y de la que a mí me pellizca; de poetas amigos y enemigos de otra cosa que no sea la poesía, de pasado y futuro, de razones y absurdos.

Me llevó hasta la casa museo de Antonio Machado y entre gatos cansados me enseñó cómo llueve, cómo se hace la paz, cómo se da un paseo sin saber de la prisa... Y allí pillé un buen lote de postales antiguas con mujeres leyendo –en la casa/museo hay una jugosa librería de viejo llena de «Ojos de Brujo»–. Y llovió hasta obligarnos a buscar un refugio donde leer mis versos –el sitio establecido era un raso con árboles que jugaba a ser patio–. Leí y gocé con un grupo de gente pequeño y muy hermoso.
Disfruté como un crío en Segovia, con Juanito e Ignacio, como cuando viajé con los padres salesianos en una de mis primeras salidas del hogar protector que tenían mis padres. Juro volver sin prisa.

Y el viernes a Morille, de ensalada PAN bien aliñada, con Fabio, Manuel Ambrosio en alcalde de los de verdad –uno de esos pocos con un proyecto hermoso atravesado en la cabeza y en las vísceras–, con Fernando R. de la Flor, con Antonio Gómez y la hermosa pareja Málaga –este tipo cada vez me cae mejor–, con Juan Luis Calbarro, Victorino y un montón de colegas nuevos y majetes.
El viaje lo hice con mi hija, con Abraham Gragera y con Youssouph. Fue hermoso, porque pillé el hilo de la conversación con mi Abraham, un hilo que dejamos desatado hace la friolera de tres años. Y vi a Abraham más maduro –me parecía imposible que un maduro sempiterno como él hubiera podido subir en su escala de madurez–, tan sensible como siempre y con su potencial creativo impecable.
Cayeron cañas, palabras, risas... leímos poesía a lo rural –con araña incluida en mi camiseta– y nos animamos a empezar un trabajo común para el que no nos hemos puesto ningún plazo –mal rollo– y hablamos de cómo hay que trazar la vida para esa nada que es ya. Fue delicioso.
Y el sábado, tormenta.
Vuelta al viaje hasta Morille –esta vez con Malick, con Juanito, Youssouph y Abraham– para un día mejor en todos los sentidos.

Abrió boca Kaoru con su acción artística «Tecnocharro», que había conseguido el premio ARCO en su última edición, una pasada en la que intervino el grupo folcklórico «El Castañar», de Béjar. Sobre una base de música «tecno», el grupo debía bailar con todos los pasos de baile tradicionales en la plaza mayor de Morille. Y así se hizo, hasta el punto de que se fue sumando personal y Youssouph hizo las delicias de los paisanos poniendo la nota étnica en aquella locura nipona –yo también salí a bailar un ratito.... de pena, claro–... Y solucionamos unos cuantos asuntos importantes para cada uno de nosotros. Comimos paella entre risas y en el receso siestero nos acercamos a ver la exposición del colega Jesús Portal. Chula la muestra y perfecto el lugar.
Allí me quedé con Jesús y con Victorino y se abrió el cielo... ¡¡¡Llovió a mares!!! Refugiados del agua, charlamos de técnicas pictóricas, de ganas de hacer, de miedos... y tengo que decir que ambos tipos me cayeron de puta madre; la sensibilidad de Jesús y la pasión de Victorino –que nos hizo mil fotos mientras charlábamos– fue lo más especial del día.
Luego, cafés, espera a que escampase en el bar de Morille, con sus goteras y todo, un poema para la blanca Sara, risas y viaje de vuelta a casa con despedida hermosa –por fin besé a Mamen Somar, un cielo de niña–. Había que recoger a Jesús Márquez, que llegaba a Béjar en bus para actuar en el camping de El Pinajarro.

Sunday, May 28, 2006

Kensai


Esta mañana la he dedicado a la lectura de «De la esencia y valor de la democracia», de Hans Kelsen, y he de decir que comencé la lectura sin muchas ganas, como con la intención de mirar cuatro páginas y dejarlo, pero me he enganchado de tal forma que he rematado el libro de un hermoso tirón. Y lo primero que quiero decir es que cualquier político que tenga en su cabeza ser un servidor digno y honesto con la sociedad a la que representa, no debiera hurtarse de tener este libro en la cabecera de su cama.
Hans Kelsen hace una bella defensa del parlamentarismo democrático por comparación y por razonamiento serio, y analiza con lucidez aspectos tan interesantes como el transfuguismo, la autonomía, el populismo o el el obstruccionismo parlamentario. Propugna, además, una hermosa lógica del principio mayoritario poniéndo en valor la importancia de las minorías como opoción futura de gobierno.
Todo lo que cuento puede parecer un peñazo, pero juro que no lo es. Hans presenta en uno de sus capítulos una reflexión interesantísima sobre la «libertad», en la que analiza brillantemente dos conceptos que acuña con los nombres de «libertad natural» y «libertad social» («legalidad natural» y «legalidad social»), los define, los compara y los enfrenta para dar luz a un concepto que de por sí siempre crea graves problemas de intención y de ejecución.
Desde mi punto de vista, la propuesta de Kelsen es muy brillante, sobre todo cuando argumenta que el hombre debe rectificar a la naturaleza legislando, asumiendo, por tanto, que una sociedad inteligente debe sobreponerse al instinto para poner orden en los aspectos más descarnados y propiciar la protección de los que en el medio natural serían objeto ine ludible de selección.
El problema, como siempre, es que la teoría funciona, está muy bien engranada, pero al final falla el hombre que la aplica y la masa que lo apoya.
De llevar la teoría de Kelsen a sus máximos, estoy seguro de que tendríamos una sociedad francamente mejor, más desarrollada y mucho más imbricada en un futuro positivo para el hombre y para el medio que ocupa... pero lo veo chungo, de verdad.

Cuando acabo con el periquito Kelsen, me leo de un tirón –vaya mañana– el poemario de Mamen Somar («Interior de una sombra») y me sorprende encontrar un tono muy similar al de Belén Artuñedo, una sensación turbadora recorre todos los versos y engancha.

Creo que esta mujer escribe bien, aunque está empezando y se notan ciertos miedos que, seguro, acabarán tornándose en pura poesía. El libro encierra belleza a raudales y una sensibilidad muy destacable, una sensibilidad triste que no ahoga y que invita. Creo que con unos pequeños retoques y salvando algunas erratas de primera toma, el poemario es editable y muy digno, así que me pondré manos a la obra, haré esta tarde una lectura más detenida y hablaré con Mamen para estudiar la edición. Me encanta descubrir poetas, y Mamen me ha resuelto un poquito el vacío de las últimas semanas.

Buena mañana la de hoy, muy buena. Y tengo que agradecérsela en parte a Raúl Vacas, que me consta que ha sido responsable de la formación de esta nueva voz.

(19:02 horas) La tarde enterita para Mamen: lecturas varias, vueltas atrás, anotaciones, sorpresas agradables, intentos fallidos, versos para enmarcar, tildes traicioneras –puñeteras tildes–, algún pequeño problema de rima cacofónica, verdad, sentimiento, lubricidad, alguna falta de ritmo interno, rupturas realmente brillantes, demasiado «yo» –Felipe, entiende que es un primer intento–, alguna recurrencia, pasión incontenida... El poemario definitivamente se sostiene y casi tiene unidad. Mi decisión es firme y lo publicaré –no sin antes hacerle a Mamen unas consideraciones para que las valore–. ¡¡¡Habemus ....!!!
(20:17 horas) Tengas comuniones, bodas y bautizos que te arruinen la vida y dejen tu cuenta al pairo, y disfrutes de ellas, y te tupas a comidas de lujo mal hechas que te produzcan ardor de estómago; tengas que cumplir hasta que todo te sea devuelto en comuniones, bodas y bautizos... y te mueras gordo y feliz.... arruinado y en gracia de Dios.
(22:20 horas) No saber hacer la comida, ni la cama, ni fregar los tristes cacharros que se quejan en el fregadero; no saber lavarte la ropa ni plancharla, ni barrer el suelo de tu casa, ni poner la mesa... y menos quitarla... siempre necesitando del servicio ajeno para «parecer» y no ser nunca. ¿Lo has pensado bien? Así puedes ser mañana.
«Idealizar la realidad es justificarla». Son palabras de Kelsen que subrayé esta mañana y que releo esta noche... y yo diría que realizar los ideales es destruirlos.
Cuando las frases se vuelven del revés terminan dando juego.

Friday, May 26, 2006

Ransetsu


Llegan a mis manos nuevos libros por el arte de magia del correo, y me quiero detener en uno de ellos especialmente, el libro de un solitario de Antequera con las ideas fijas y poco prácticas que yo también tengo algunos días. Agustín Porras se llama el mozo, enconado en la edición de ruina siempre, amante fiel de la literatura buena –no de la literatura práctica– y nombre con apellidos de aquel estupendo proyecto llamado «Poesía, por ejemplo» o del más cercano –y muerto– papel de redenciones «Primera piedra». Agustín Porras, el coleguita al que no veo hace siglos, me ha enviado su libro, su primer libro, después de un millón de años... y me alegro tanto, que le guardo un abrazo fuertote, uno de esos de celebración a lo grande. El libro –«Ojalá» se titula– es de Huerga y Fierro editores y da fino en el tono de un poeta bien entrenado que por fin soñó que se entregaba a la muerte, que perjura silencios y se queja de retórica o que bellamente susurra que «no hay mejor poema que haberos conocido». Merece la pena gastarse unos dólares y beber este acíbar que se vuelve dulce en la garganta.
Ah, y me acuso de haber pecado de silencio, pero no sólo con Agustín, sino con todos y cada uno de mis amigos, y que me apetece deciros que no hay penitencia posible para mi falta, pero sí excusas graves –y también pequeñas–, pues hacerse un mundo distinto cuesta una creación y mil olvidos, y yo ando en ello hace ya unos cuantos años.

Y luego un «Ya cada día es más noche», de Enrique Badosa, editado con lujo de recursos ajenos por la Fundación Jorge Guillén que dirige el colega Antonio Piedra. Y todo por «un silencio de libros cerrados» para que yo consiga decir que no está mal el lance, Badosa, nada mal.
(22:09 horas) Anoto a esta hora que acabo de abrir un sobre con un prometedor poemario de Mamen Somar, poeta nueva y perdida –y hasta quizás perdularia– a la que pienso leer con entusiasmo y dedicación. Me cae muy bien esta chica y me encanta la fuerza y el miedo de la gente que empieza. Estudiaré edición.