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Sunday, February 20, 2011

Paquito y Jesús.

Me he encontrado de pronto este vídeo con mis amigos Paquito Ortega y Jesús Márquez dándole caña. ¡Qué nostalgia, coño!

Tuesday, May 6, 2008

La lunática...

NUEVO DISCO DE JESÚS MÁRQUEZ QUE RECOGE POEMAS DE ANTONIO ORIHUELA, JUAN RAMÓN JIMÉNEZ, DANIEL MACÍAS, SANTIAGO G. VALVERDE, INMA LUNA, ELADIO HORTA Y LUIS FELIPE COMENDADOR. ES UNA PRODUCCIÓN DE «EMI» Y «EL PESCADOR DE ESTRELLAS» EDITADA Y DIRIGIDA POR PACO ORTEGA.
PUEDES ADQUIRIRLO YA EN TU TIENDA DE DISCOS.


La lunática orinaba esta mañana en los soportales de la Plaza Mayor con la falda levantada y sus bragas color carne agrilladas en los tobillos. El chorro sonaba potente mientras soltaba su perorata como otro chorro par: “Sabéis que lo sé todo, sé quién entra a misa y para qué, sé quién se tira a la gorda Saturnina, sé quién roba con corbata y quién lo hace por hambre, y tengo una lista con los nombres de todos, y también con los apellidos, y con los nombres de sus abuelos y de sus abuelas; sé por el olfato si has comido o si vas a hacerlo pronto, sé a quién debo hacerle una fotografía levantando mi falda, sé que vais a morir todos y yo me reiré e iré hasta vuestras tumbas para regar las flores de los dolientes con mi orina, sé que Dios es un gran masturbador –y se santiguó tres veces según lo decía– y no tiene barba”… y me miró fijamente a los ojos, y me dijo: “tu eres Comendador, el más feo de toda tu familia, el que tenía una tienda de bragas… te vas a poner más feo todavía, el más feo de todos, y tus padres se reirán de ti, y tu hermana te negará, y tus hijos dirán a gritos por las calles que tú no eres su padre, feo cabrón, dirán que eres una mona, una mona con el culo rojo… solo las monjas son más feas que tú, y más malas…”.
Dejé mi coche aparcado y salí huyendo de la voz de la lunática, que subiéndose sus bragas ya estaba enzarzada con una beata que acababa de salir de la iglesia… “¿Cómo te lo hacen ahí, vieja; da gusto?…”.
Y al llegar a la imprenta tenía un paquete de Dulcimer Songs con el disco [¡¡¡por fin!!!] de Jesús Márquez, en el que colaboro como letrista. Es una edición de EMI y “El pescador de estrellas” dirigida y realizada por el coleguita Paco Ortega. El diseño es rechulo y el disco me parece redondito del todo, una pasada. Le deseo toda la suerte del mundo a Jesús. Yo, por mi parte, lo recomendaré a todos mis colegas, pues creo que el trabajo duro que se ha hecho con esta edición merece mucho la pena.
•••
Cuando estuve en Tanzania no vi a nadie con salacot, ni con sahariana, ni con bombachos, ni con botas negras altas, ni siquiera con rifles de mira telescópica… pero me fascinó de la misma forma que me fascinaron las historias de Rider Haggard en las que Allan Quatermain y Umslopogaas [en mis libros de niño lo llamaban Umpomba] recorrieron los mismos territorios que yo pude pisar [la parodia cinematográfica –el cine siempre es paródico con las novelas buenas y los personajes míticos– que más recuerdo es la protagonizada por el gran Cedric Hardwicke].
Hoy he vuelto a recordar mi viaje al nordeste africano gracias a que he recuperado varios dibujos que hice allí con mis ceras, unos dibujos llenos de contrastes y colores vivos. A mi memoria han vuelto Tasiana [la criada nativa que nos hacía las comidas y nos arreglaba la casa/cabaña], Alí [el guarda de noche que vigiliba nuestro asentamiento y nuestros vehículos], Kimberlee [el médico de Longuido], el hoteli de Gorfan [dirigido por una auténtica belleza etíope], el negro albino de El Río de los Mosquitos, con sus gafas de sol y su aura de ser endiablado; la escuela bajo el enorme tronco seco de acacia espinosa, el Club Inglés de Arusha, la leche ácida de cebú, el walli rosti con carne de vaca vieja, la sonrisa del gobernador de Karatu y la rara inteligencia del jefe de zona de esa provincia [una suerte de Presidente de Diputación], los hermosos pareos de colores vivísimos que marcaban los cuerpos de las mujeres tanzanas, las cebollas de Mangola Chini, las sambusas picantes y los dulces donetis, los masaai como bellos narcisos reinando en la sabana del parque Ngoro-Ngoro, los tatooga con sus túnicas negras de ceremonia y sus lanzas terribles, el chacal solitario del lago Maniara que nos siguió toda una tarde, el mar de stromatolitos en la ribera del lago Eyasi, las bombas volcánicas sembrando los caminos cenicientos, los baobabs en flor, los dk-dk saltando al paso de nuestros vehículos, las jirafas, los babuinos, los avestruces, la araña blanca gigante que me puso los pelos de punta, la letrina seca de la casa del valle, el viento que anunciaba lluvia y que era como un canto, los ancianos contando sus historias al amor de una hoguera, Carlitos [el agregado del Ministro de Deportes tanzano, que hablaba un español peculiar que aprendió en cuba], el índigo en las escuelas [todos los críos vestían ese color], el majestuoso Monte Meru con sus dos bocas volcánicas, la falla del Riff separando la tierra roja de la cenicienta, los árboles botella, el puticlub de Mangola con olor a fritangas, a cucu y a huevos recién hechos; los gritos constantes de los niños haciendo nube a mi alrededor y gritando: “Mzungu, zucari”… y esta huella imborrable de hombres con el día por hacer, con el agua por conseguir, con la comida incierta cada una de sus jornadas. Creo que necesito otros diez años para procesar aquel viaje mejor y escribir algo bellísimo… o mejor volver, volver ya y no regresar jamás.

Sunday, December 2, 2007

Correr con un croissant en la mano.


Me levanté animoso esta mañana y la primera mirada al paisaje me puso mejor todavía. Una niebla mágica y espesa estaba entrando poco a poco en la ciudad por el sur, se comía lentamente el puente gigantesco que da entrada a Béjar por aquel lugar. Bebí mi leche matinal [chocolateada, por supuesto] totalmente acelerado, tomé mi cámara y volé con un croissant en la mano hasta la muralla para ver si llegaba a conseguir algunas tomas de esa niebla magnífica… y lo logré.

Más de setenta imágenes quedaron archivadas en la memoria de mi cámara y me acerqué hasta mi estudio para procesarlas y descubrirlas. No quedó un mal trabajo.


Luego volví a mi cuadro nuevo [ayer lo empecé con auténtico frenesí], un retrato femenino de 1,20 x 0,70 metros que me he empeñado en realizar tomándome tiempo e intentando salirme de mi jodida prisa por todo [también hacer este retrato me tiene de muy buen humor]. Ando ahora en fase de manchas, trabajando solo con negros, cremas y celestes; y quiero que sea el retrato de una sonrisa preciosa y abierta a la vida. A ver si soy capaz de conseguirlo trabando de nuevo la técnica que manejaba con soltura hace años y encontrando el puntito de poesía necesario para darle el justo ‘clin’ [en su decurso han caído ya siete paquetes de Chester y unas 18 latas de Coke].



(12:54 horas) Recibí de manos de Paco Ortega la maqueta final del disco de Jesús Márquez en el que participo con varios temas [acabo de escucharla entera un par de veces y me gusta mucho]. Paco me pide que haga un texto breve de presentación del disco [el mes que viene estará en el mercado editado, creo, por Universal] y me parece que debo hablar por una parte de la voz llena de matices de Jesús, de su duro decurso vital y de su empeño en la música desde que colaboró con Lole y Manuel, de su maestría con la guitarra y su fuerza en el directo… y por otra parte de la sensibilidad aunada en este trabajo que convoca a poetas que nadan entre los cuarenta y los cincuenta [exceptuando un bellísimo tema de Juan Ramón Jiménez], la hermosa labor de composición de Jesús y el cuidado constante y erudito de Paco Ortega… un disco lleno de amigos a la antigua usanza de los cantautores setenteros, con palabras que dicen sin pasar por el jodido lugar común, con palabras de amor, de amistad, de tristeza, de muerte, de purita sensibilidad.


A ver si tenemos suerte en nuestro primer trabajo discográfico, amigos. Creo que nos la merecemos porque hemos puesto el alma en él desde el primer día, hemos echado el resto para ofrecer un resultado digno con una voz sobresaliente y una música muy adecuada.
Recordad, colegas, el nombre de Jesús Márquez… sonará mucho el año que viene.
(17:04 horas) Andaba hoy la lunática como perdida por el desierto de piedra que es la Plaza Mayor bejarana, caminaba en zig-zag, se detenía, volteaba su cabeza y gritaba improperios a una nada de 8º centígrados [las lunáticas miden la temperatura en grados Celsius]. Había una media luna en el cielo azulísimo tirando su mirada cenital hacia nosotros y enseguida pensé que era su influjo el que la traía desquiciada. Temí pasar a su lado, pero debía hacerlo para llegar hasta mi estudio. Cuando apenas me separaban dos metros de su cuerpo, se giró y me dijo: ‘Conozco a tu padre y a tu madre, Comendador, y conocí a tu abuela… ellos siempre fueron mucho mejores que tú, que tienes la mirada rara… hay algo dentro de ella que me espanta… ¡vete!… ¡corre!… ¡no me mires!’. Yo pasé de largo, sin hacerle caso con mis gestos, pero temiéndola por dentro. Ella salió corriendo y se perdió camino arriba, por la Calle Mayor.
Y desde ese justo momento no hago más que pensar en lo que puede haber de espanto en mi mirada. Hasta me he pasado media hora observándola en el espejo del baño… pero solo encuentro tristeza.
(18:21 horas) Tan jodido me ha dejado la lunática, que he perdido el norte de mi mano derecha y todo se hace caos. Intenté retomar mi retrato con la idea de marcar las manchas de los labios y me resultó imposible. Después de seis intentos entré en crisis, tomé mis ceras y emborroné toda esa zona de la cara… en tal estado de nervios he tenido un golpe de clama, he recogido mis pinturas y he tapado el cuadro hasta que vuelva a tener un buen ratito. La moza me ha hundido.
•••
Me gustaría saber algo sobre el tiempo que vendrá a poner peso sobre mis huesos, saber qué será de esta rodilla que pasa el día adormecida [me da la impresión de que está muriendo despacito], qué será de mi cabello despeinado y de la piel de los brazos, qué será de mis ojos y de mi vientre, cómo caerán los días sobre mis versos y cómo aguantarán mis párpados abiertos las noches que me resten.
Me gustaría saber si todo mi mundo acabará en ruina o tendré alguna posibilidad de dejar algo para la tranquilidad de mis hijos, si escribiré el poema preciso, el que busco desesperadamente.
Me gustaría saber y, sin embargo, sé que no es preciso más que saber lo que pasó ya para averiguar lo que ha de venir… y haciendo el análisis, me convenzo de que todo lo que llegará ya me resulta indiferente.


De FUMADORAS

Sunday, September 9, 2007

El delicioso estado de ataraxia.


En la búsqueda de la ataraxia [es el agua en la que intento nadar desde hace unos diez años] encuentro dificultades que no sé solventar; y lo que más me fastidia es que esas dificultades emergen siempre de los asuntos cercanos y pequeños, ya que en los grandes temas sí que soy capaz de encender la serenidad de ánimo. Todo ello hace que no sea un escéptico al uso [que en rasgos generales sí que lo soy], pues sumo pasión cuando alguna circunstancia mínima y casi inexistente me tuerce los postulados ideales a los que quiero agarrarme: Soy, entonces, un escéptico pasional lleno de guiños hedonistas.
Analizando el estado de mi serenidad, concluyo que viene de mi convicción absoluta de que nada es importante [todo relativizado en el tiempo, claro, por el momento y el estado de ánimo]: No es importante ganar dinero como no es importante no ganarlo. No es importante trabajar y no hacerlo. No es importante amar como no amar. No es importante la vida en sociedad como tampoco lo es la soledad completa. No es importante ser y tampoco lo es no ser… pero el valor de la ‘importancia’ es absolutamente subjetivo en todos los casos apuntados y en los suspendidos por los puntos ortográficos. Es decir: está de puta madre ganar dinero o dejar de ganarlo, pero no es importante; Es magnífico tener un buen/mal trabajo y no tenerlo, pero no es importante; es una suerte poder amar y hasta no amar, pero no es importante; es conveniente la soledad y también el bullicio compartido, pero no es importante; es una suerte ser y no ser, pero no es importante…
La calidad de la ataraxia, por tanto, está en llevar con tranquilidad [serenidad] lo que te llega por azar, por trabajo o por búsqueda e intentar sostenerlo sin cerrar la mano, igual que se sostiene un insecto y se le deja caminar, detenerse o alzar el vuelo… tal forma de ver la vida procura una suerte de armonía que resulta gozosa en extremo: tener la vida en la mano y dejarla discurrir a su libertad sin hacer un solo gesto para atraparla, no darle el valor de posesión a lo que toma tu mano, pero sentirse poseedor de lo profundo despreciando sin gestos lo circunstancial.
Vamos, que basta con vivir conociendo el valor de lo potencial y conformarse con lo que termina siendo suceso: Sabes tu capacidad de ser, estar y hacer, pero no fuerzas las situaciones.
Otro claro parámetro que me acerca a la ataraxia [y que me resulta muy difícil de llevar a la práctica] consiste en no tomar decisiones de valor, en no enjuiciar los sucesos, a las cosas o a las personas, dejando que ellos/ellas sean productoras de su imagen y de su consecuencia, de su éxito o de su fracaso, de tal forma que el resultado me llegue ya elaborado, salvándome así del duro curro de la formación de criterios que no me interesan más que como hechos cerrados. De esta forma, en la línea de estos usos, consigo tiempo para enredar en lo que me interesa de verdad y, en consecuencia, extiendo mi tiempo en los caminos interesantes [interesantes para mí, claro].
(17:10 horas) Por estas fechas siempre me da un ataque de incienso que presenta síntomas preclaros: ganas de escribir contra la curia, recuerdo de mi odio cerval a iridólogos, homeópatas, sanadores, naturistas, ufólogos, exotéricos, espiritistas, horoscoperos, psicólogos, santos, milagreros, ouijases, cartománticos, quirománticos… y republicanos estadounidenses. No es grave, pero sí que resulta molesto cuando los males se manifiestan con el roce diario de la gente que cae en parte de los supuestos que alcanzan dicho mal de incienso.
Me produce prurito, por ejemplo, la corrobla de peticionarios doblemoralinos que acuden a la Virgen santa con sus ‘concédeme, sálvame, enriquéceme…’, los pirulis que ponen su mano para que les adivinen el futuro, los que toman potingues sin depósito sanitario recetados por un carnicerito [eso era antes, que ahora es el doctor Ramírez, que lo pone en un título justo detrás de la silla de su despacho] que chapurrea sobre las energías y los oligoelementos, los que no salen de casa porque hay un alineamiento [yo lo llamaría alienamiento] de planetas, los que dejan que les soben un supuesto bulto del brazo para salir de su estreñimiento, los que intentan hablar con el espíritu de don Comín, los jocosamente abducidos por una nave de Raticulín, los que alquilan su futuro en un test de Rochard, los que miran al cielo [Cielo] esperando que lluevan panes con euros dentro, los que toman en ayunas sirope de aloe vera, los que se dejan mirar el iris de sus ojos para que les vean el estado de las témporas… y otras mil aleluyas que me llenan de molestos picores que siempre se convierten en dinero robado o en poder gilipollas.
Hoy ya llevo diez cafés para ver si me olvido y me pongo a trabar un relato mediocre o un poema absolutamente circunstancial.
Lo peor es que este mal endémico del incienso es imposible de erradicar.
Quizás la muerte…

(22:02 horas) La tarde fue aburrida en parte, pues no he sido capaz de escribir nada interesante en dos horas de intento. Desesperado recogí a mi Guillermo y nos subimos hasta la Fuente del Lobo para hacer desde allí unas fotos de Béjar con mi nuevo objetivo de 300 mm.
Mientras hacía las otos recibí llamadita de Jesús Márquez: ‘tío, ¿me puedes acercar hasta la estación de autobuses, que parece que va a llover y llevo la guitarra…?’. Nos montamos Guillito y yo en el coche justo cuando caían las primeras gotas y sonaban algunos truenos a lo lejos.
Pillamos a Jesús y a su encantadora niña de porcelana y nos llegamos hasta la estación.
La despedida fue apresurada y me quedé algo triste, porque me vino un presententimiento extraño de final que aún no he sido capaz de descifrar.
Mis amigos partieron camino de Madrid y Guillermo y yo salimos a septiembre sin más, a un septiembre que nos cambiará los horarios y el humor, que volverá a unirnos en las comidas y en las cenas, que hara posible, por fin y de nuevo, esa soledad que tanto añoro durante los veranos.
También me escribieron Manuel Moya y Felipe Benítez Reyes, ambos cercanos, entrañables, amigos [os aprecio un montón, tíos].
De FUMADORAS

Saturday, September 8, 2007

Sin sueño... eran las cuatro.


Otro día de palo con cabeza, de mantones bordados de oro y plata, de carísimas coronas sin espinas visibles, de gentío enredando en su doble moral, de misa con campanas sonando a mesa puesta, de luz como aturdida, de mirador y salve, de pijos entre andas y alzacuellos, de curas rebozados en esa orfebrería que hace exotérico el engaño más prosaico que es como el oficio más antiguo del mundo, de turistas risueños, de bejaragüis rimando en mamoneo y gasto, de vinorro y toritos, de agotar…
Y yo escondido hasta que pase el temporal de gente y su calor artificial.
Mi fiesta personal es la que está en mis amigos, y rediez que la tengo [la estoy teniendo]. Ayer llegaron a primera hora de la tarde Laura Granados y Jesús Vázquez con su santa de porcelana [yo estaba ya charlando con Albertito Hernández]. Tomamos un café destartalado por mi prisa y los noté seguros, metidos en lo suyo hasta las cejas y hasta la muerte.
Charlamos muy poquito y los dejé atusarse para cumplir mi cita con Ramón y Antoñito en ‘La otra casa’: un café con copita, charla de buen ambiente y algo de puesta al día en sonrisas y lágrimas [Ramón está feliz en su destino luso y ha recobrado el brillo en la mirada y la sonrisa relajada que yo ya conocía de hace años… me alegro mucho, hermano].
Después del relaxán [‘La otra casa’ es perfecta para tomar oxígeno y pillar punto exacto], vuelta a mis coleguillas ‘Libertad 8´, esta vez con Paquito Ortega y Jessica sumados al cafetín PdT.
Hasta la noche todo quedó en pequeñinos asuntos familiares, ratito de piscina y un trocito de hornazo con cerveza.
Y luego a la movida cantautora, con Laurita destapando a lo bestia ese chorro de voz que impone y sobreexcita [me sacó erizamientos, ganonas de gritar ‘¡con dos cojones!’ y ese fuego divino de volver a ponerme sobre el blanco impoluto de un papel para escribir sin pausa]. Jesús estuvo lacónico en la voz y adornado en el gesto, brutal en el punteo [puede que hasta exagerado en algunas ocasiones] y brillante en el uso de la escena [el puntazo mayor fue que obligara a subir al escenario para hacerle los coros a Youssouph y a Malick]. Y la niña Zahara se hizo descubrimiento sorprendente con esa candidez de tez picante que hace encender los ojos y los guiña [tiene futuro para no parar la criatura].
Y del canto al bebercio, con sede sideral en La Alquitara, a la conversación rechula, al abrazo y las risas, a apurar la nochecita con mi gente mejor [Juanito, Paco Ortega, Ricardo, Jesús Márquez con su hermano y la niña de porcelana, Antoñito y su Nena…]… y de segunda etapa, para llegar a meta, copita en chez PdT con Rufino y pareja, Pedrito, los mentados de antes, Charito muchamarcha, Jacintillo, la nenita Novelty… y a dormir como un santo civilito y profano, virgen hasta las cachas, con un puntito guay, sin sueño… eran las cuatro.

De FUMADORAS

Monday, June 25, 2007

Paquito... tan de nosotros siempre...


Estuvo mi Paco Ortega, ‘tan de nosotros’, paseando con su sonrisa la perla roja.
Vino el colega a verme desde el merengue que lleva siendo Madrid desde hace días y comimos rechulo en el Cubino con la corrobla cipriana y mi Ricardo fiestero.
Hablamos de la ciudad, de su futuro, de la fuerza que viene… tan necesaria, de sembrar con razones raíces largas y del afecto exacto que nos reúne.
Tocamos sin querer a Jesús Márquez, cartero eventual que canta a ratos; hablamos de Sabina y de Wyoming, de Jeager y del buen Amancio Prada… Trotamos la ciudad sin estridencias, con sonrisas abiertas al futuro, y vimos que en el centro de la nada hay algo que nos une aunque sea tarde.
Se fue y me prometió volver ya mismo con su jopo de fiesta y sus canciones, que siempre se resuelven en delicias.
Fue perfecto el encuentro, entre otras cosas, porque Paco es experto en ser amigo.


De Tontopoemas ©...

Friday, March 23, 2007

Llenar lo vacío es tan gozoso como vaciar lo lleno.

Día repleto de llamadas entrañables: Jesús Márquez en plena grabación de nuestro disco con Paco Ortega y Universal [creo que por fin lo tendremos en Semana Santa], Ramón Hernández Garrido sumando su inmensa humanidad a la función pública, un tipo con los cojones, de verdad [mil gracias, amigo, en mi nombre y en los de Juan, Youssouph y Malick], Antonio Orihuela con su hermosa calma de amigo eterno y Manolo Lara Cantizani sumando afecto y propuestas de futuro mientras me recordaba a José Luis Morante… Chulo recibir llamadas de amigos como ellos.
(22,29 horas) Me pregunta no sé quién [porque es anónimo], en un comentario a una entrada de este diario en el blog, que qué es lo que busco en realidad. Y yo qué sé lo que busco, ahí radica mi jodido problema. Soy crítico porque siento la necesidad de contestar y contestarme a cada una de las preguntas que me van creciendo, y necesito serlo para suponerme (¡) creciendo. Soy hiriente porque es la única forma que conozco de sacar mi rabia contra los que conforman mi idea de la mierda del mundo. Busco en el pensamiento filosófico porque noto que me hace ver con algo más de nitidez el mundo, aunque a veces solo consigo un triste bocata de confusión. Me encebollo en la definición de “Arte” porque es una de las materias que me apasionan como vehículo para hacer y decir. Languidezco por una mirada, en fin, porque soy tan fieramente humano como un tacto o un latido. Soy puro contraste porque soy como tú y como todos los demás, un mar de confusión, un hombre solo, un tipo con mil máscaras, un alegre triste, una nada que sumar a la misma nada.
Y no sé lo que busco, si no es la muerte, pero temo por lo que pueda encontrar.
De Tontopoemas ©...


* "Ya están las semillas" de Noel Nicola.

Saturday, September 30, 2006

Veikko Antero Koskenniemi

A la poesía se debe llegar sabiendo que no va a ser un fin en sí misma, y que sublimarse en ella sin otro interés que el de gozo por el conocimiento que propicia es su mejor valor. Nunca poesía para herir, para encantar, para derrotar, para conquistar... y menos para vender. Siempre poesía para el conocimiento, para la serenidad, para el gozo del sentimiento vivido. No para la autosatisfacción, nunca, sino para el autoanálisis.
En fin, que la poesía nunca debe ser «respuesta»... debe ser «pregunta».

(21:07 horas) Emotivo y entrañable el acto de entrega del Premio Libertad. He sentido el cariño de mucha gente y he visto a todos nuestros muchachos felices por este reconocimiento al trabajo desinteresado de todos durante un montón de años. Confieso que se me puso un nudo en la garganta en el justo momento en que Jesús Márquez interpretó mis poemas y no se me fue ni en la intervención deliciosa de Ramón Hernández, ni en la entrega del galardón, ni en las palabras finales de Jesús Caldera. Miraba a mi colega Juan y se me saltaban unas lagrimillas de emoción, pues han sido muchos años juntos luchando por un proyecto loco y maravilloso, y este reconocimiento nos da energía para seguir haciendo locuras.

Allí estaban Youssouph y Malik, Susana y Lolina, Javi y las niñas de Mario, algunos chavalillos del nuevo MPDL, Blanca y Mariángeles, la hermana de Juan y su moza, su padre –orgullosísimos–, Miguel y Berta con su cuquina chica, Juan Martín Tiedra con señora y sobrinillos, mi familia entera... y el espíritu solidario de Sonia y el Pepe... todos mezclados con calderas, rabadanes, meleros, málagas... y con la gente hermosa de la Agrupación Socialista Bejarana... ¡Mil gracias a todos! Y unas gracias especiales para Ramón, José Manuel y Antonio Gutiérrez (el tiempo nos une siempre, amigos).

Sunday, July 16, 2006

Kaoru


Turismo cultural a todo trapo, reencuentro con colegas entrañables, estómago revuelto, hartura de coche y gasolina, razón para dormir y unos cigarros.
El jueves viajé a Segovia gracias a Juanito, pues mi Tacuma anda en trance de muerte por un no sé qué de su árbol de levas. Viaje de los de antes, charlando, imaginando proyectos tan cuerdos como locos, subiéndonos los grados de moral al lugar que se debe.
Segovia es deliciosa, un lujo que me llevo perdiendo desde hace la friolera de 36 años, que es justo el tiempo que hacía que no viajaba allí. Una ciudad de lumbre para respirar y transportarse, bien trazada y bien guardada en general –mejor que la Salamanca del zoquete Lanzarote–, respetando hasta las panzas de las viejas casas sometidas a la cirujía de lo nuevo.

Allí estaba Ignacio Sanz, con su cara de siempre, con su afecto de siempre, con esa voz hermosa y embrujatrice que podría llevar a la mujer más difícil hasta el catre más fiero –qué envidia de voz, Ignacio–. Estaba en su taller de cerámica, entre barros cocidos y sin cocer que se iban convirtiendo en palabras según pasaban los tragos. Ignacio es un tipo de pueblito pequeño y castellano que no encaja de forma alguna entre rotondas y avenidas, yo le siento entre el trigo restaurando la vida con palabras, con olor a cocido recién hecho y paseando entre matas de jara o tomillos salseros, buscando el eco en alguna barranca o bebiendo agua de un manantial perdido... Hablamos de poesía, de la poesía que a él le gusta y de la que a mí me pellizca; de poetas amigos y enemigos de otra cosa que no sea la poesía, de pasado y futuro, de razones y absurdos.

Me llevó hasta la casa museo de Antonio Machado y entre gatos cansados me enseñó cómo llueve, cómo se hace la paz, cómo se da un paseo sin saber de la prisa... Y allí pillé un buen lote de postales antiguas con mujeres leyendo –en la casa/museo hay una jugosa librería de viejo llena de «Ojos de Brujo»–. Y llovió hasta obligarnos a buscar un refugio donde leer mis versos –el sitio establecido era un raso con árboles que jugaba a ser patio–. Leí y gocé con un grupo de gente pequeño y muy hermoso.
Disfruté como un crío en Segovia, con Juanito e Ignacio, como cuando viajé con los padres salesianos en una de mis primeras salidas del hogar protector que tenían mis padres. Juro volver sin prisa.

Y el viernes a Morille, de ensalada PAN bien aliñada, con Fabio, Manuel Ambrosio en alcalde de los de verdad –uno de esos pocos con un proyecto hermoso atravesado en la cabeza y en las vísceras–, con Fernando R. de la Flor, con Antonio Gómez y la hermosa pareja Málaga –este tipo cada vez me cae mejor–, con Juan Luis Calbarro, Victorino y un montón de colegas nuevos y majetes.
El viaje lo hice con mi hija, con Abraham Gragera y con Youssouph. Fue hermoso, porque pillé el hilo de la conversación con mi Abraham, un hilo que dejamos desatado hace la friolera de tres años. Y vi a Abraham más maduro –me parecía imposible que un maduro sempiterno como él hubiera podido subir en su escala de madurez–, tan sensible como siempre y con su potencial creativo impecable.
Cayeron cañas, palabras, risas... leímos poesía a lo rural –con araña incluida en mi camiseta– y nos animamos a empezar un trabajo común para el que no nos hemos puesto ningún plazo –mal rollo– y hablamos de cómo hay que trazar la vida para esa nada que es ya. Fue delicioso.
Y el sábado, tormenta.
Vuelta al viaje hasta Morille –esta vez con Malick, con Juanito, Youssouph y Abraham– para un día mejor en todos los sentidos.

Abrió boca Kaoru con su acción artística «Tecnocharro», que había conseguido el premio ARCO en su última edición, una pasada en la que intervino el grupo folcklórico «El Castañar», de Béjar. Sobre una base de música «tecno», el grupo debía bailar con todos los pasos de baile tradicionales en la plaza mayor de Morille. Y así se hizo, hasta el punto de que se fue sumando personal y Youssouph hizo las delicias de los paisanos poniendo la nota étnica en aquella locura nipona –yo también salí a bailar un ratito.... de pena, claro–... Y solucionamos unos cuantos asuntos importantes para cada uno de nosotros. Comimos paella entre risas y en el receso siestero nos acercamos a ver la exposición del colega Jesús Portal. Chula la muestra y perfecto el lugar.
Allí me quedé con Jesús y con Victorino y se abrió el cielo... ¡¡¡Llovió a mares!!! Refugiados del agua, charlamos de técnicas pictóricas, de ganas de hacer, de miedos... y tengo que decir que ambos tipos me cayeron de puta madre; la sensibilidad de Jesús y la pasión de Victorino –que nos hizo mil fotos mientras charlábamos– fue lo más especial del día.
Luego, cafés, espera a que escampase en el bar de Morille, con sus goteras y todo, un poema para la blanca Sara, risas y viaje de vuelta a casa con despedida hermosa –por fin besé a Mamen Somar, un cielo de niña–. Había que recoger a Jesús Márquez, que llegaba a Béjar en bus para actuar en el camping de El Pinajarro.

Monday, June 5, 2006

Nakane Tori


Recibo de manos de Antonio G. Turrión, enviada por Ramón H. Garrido, una edición sobre Unamuno, «Meditaciones evangélicas», editada por Diputación de Salamanca y trabajada por el colega Paolo Tanganelli –que salió de mi olvido hace unas semanas para pedirme una colaboración en una revista calabresa–. Le echo un vistazo rápido al libro y me encuentro con hallazgos interesantes, tan interesantes como una reflexión sobre el hombre que vive para la historia. Se hace Unamuno –el pesado poeta y el lúcido ensayista– una interesante pregunta sobre el valor de la historia para alguien que entra en ella. Se pregunta de qué sirve que pronuncien tu nombre gentes que nunca podrás conocer y da la opción de eternida contra la de historia, indicando que un hombre debe trabajar para la eternidad y no para ser historia... En fin, la triste calavera coronada por la gloria literaria hoy me ha hablado un ratito, pero, sinceramente, no creo que aguante su lectura una hora seguida.

Y que a media tarde me han llamado los colegas de Radio Vallecas –«60 minutos Vallecas»– para hacerme una entrevista mañana de cinco a seis de la tarde junto a Luis Pastor y Jesús Márquez. Me hace ilusión volver a oír la voz de dos colegas tan interesantes y tan bien puestos en el hilo de la sensibilidad. Lo malo es que Luis le daré la mala noticia de que su biografía va lenta, demasiado lenta para mi ritmo.
(22:24 horas) La democracia es un sistema que valora la mediocridad sobre todas las cosas. Mi problema es que soy incapaz de imaginarme otra forma de organización que trate con cierta justicia a algunos colectivos... ¿Qué necesitamos, entonces? Quizás nuevos pensadores que le den vueltas a las formas de organización social y consigan algo tan innovador e inimaginado que valore a los individuos de razón y defienda a los que pellan con sus imposibilidades sin que medie la diferencia. Es harto difícil para la naturaleza humana que esa circunstancia pueda conseguirse. Habrá que comprar esperanza donde la vendan. Y olvidarse de la palabra «todos», porque embrutece y lleva a terribles engaños, para cambiarla por la expresión «cada uno».
Vivir es realmente una anecdota si no se dota con valores de construcción individual.