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Monday, June 27, 2011

Cosas que pasan por leer a Hugo Izarra en un día de calor sofocante.


El calor me mata y parece que eso es bueno para demasiada gente, y saber de esa circunstancia le da un poquito más de valor a esta jodida muerte menor que llevo entre sudores y andar cansino... que estos días vivo como tiradito y mochuelo... que me quedo anonadado en cualquier rinconcito, mirando a la nada como si en ella hubiera algo desde lo que crecer y pillar frío... y así alzo el vuelo... así vuelvo la vista y veo el cenital malestar de todo esto... y sueño...

Hago mis cálculos trigonométricos, que el cielo es algo cabrón y hay que triangularlo, y juego a perecer como un ganso cazado o a volar simplemente, como un graznido y su eco... las balsas están llenas de medusas que no aceptan calibre y los ríos se arterian a medida que subo... es todo pequeñito si giras por las térmicas y sientes que el azul se te atraganta. Ya en una altitud celosa y adecuada, tomo velocidad y apunto nítido hacia donde quiero ir... pero no sé... o sí...
Y una niebla me puede, una niebla como de borrachos tardíos que se nutre de luces de farolas y aromas mortecinos... y de allí la voz, una voz de naranjo o de escalera, que no lo tengo claro... “no te niegues, no, que el camino es de cantos rodados y cansa, pero es el camino... no ves que todo muere y se elimina, que todo acaba por pasar para ser de otra forma o incluso para ser lo mismo... ‘de niños nos lanzábamos como bestias a la máquina de refrescos’ –se oía al fondo–... yo conozco a un tipo que no conozco y escribe poemas con forma de banderines...

La vida de algunos
es como un
telediario.

Las
malas
noticias
se suceden,
una tras otra,
continuamente.

Mi
Vida es
un poco así
también, supongo.

Supongo
que
sí.

... y quizás conozca el Norte o el Este del Noroeste... y algún viento siroco o terral capaz de mover con energía sus poemas... porque al final siempre hay un luto que tragarse, un luto entre moscas y orines, pero nunca entre lágrimas...”.

Y me dejo querer por la marea para buscarme libidinoso, que es lo que queda –aunque jamás lo que toca–... trincha el muslo justo al lado del racimo, donde la esquina blanda, y llévalo a la boca como un tragasables... y trágalo sin más... trágalo y babea como un crío... y di... mío, mío, es mío... luego, piensa en la muerte, piénsala como un ‘¿era esto?’... y compárala con la vida, la que te han puesto ahí para tomarla quieras o no... esa vida que es esto, esto y esto... ni más ni menos que como la muerte, pero una sola vez, una puta sola vez, sin señales antes y sin posibilidad en cualquier luego... caigo... caigo libre y pesado, como una hoja llena de garabatos o como un cuadro brut de Matt pintado en dos minutos... caigo como en espiral y vuelvo al cuerpo lleno de calor, saciado... vuelvo al cuerpo para sentir nostalgia y hasta quizás un poquito de amor sin ganas... y todo sigue igual en lo absoluto, el cigarro apagado, la bandeja de dulces de sepelio, el vino tapado y ácido, la silla en el centro de la habitación echándome de menos -¿recuerdas, Hugo?-, el abrigo en la percha, como un muerto –¿recuerdas, Rosa?... ah, que ya no recuerdas, coño, que te has muerto–, el sombrero sobre la mesa, como un cráneo, los zapatos uno detrás de otro, echando el paso... y una escarpia negra junto al florero... y aún sin pagar el alquiler... y también sin ser el muerto.

Wednesday, October 20, 2010

Resina... [ensayo de poema para Abraham Gragera]

Con Verónica Blázquez, Miguel Miñana, Higinio Mirón, Cipriano González y la esposa de Higinio después de la presentación del libro sobre Pedro Mirón [fotografía de Luis Fructuoso].
Me caen bien estos tipos.

Resina en cada cuerpo, una resina densa que acontece y adhiere a unos con otros, que no deja ni espacio para el aire preciso... resina que enturbia al tú y al yo, que incapacita y aletarga porque obliga... resina en unos ojos, en un gesto de afecto, en una blusa, en dos manos asidas, en un par de palabras, en cada toma y dame... resina que hace pares dispares que no quieren, que hace heridas eternas e incurables... resina como tú y como yo, como cualquiera que se extienda o se encoja, que se haga espiral e incluso se haga un muerto...
¿Por qué tan pegajosa esa cruz de los brazos, lo blando entre las piernas, el filo de una falda?, ¿por qué todo ese instinto de seguirnos y atarnos y no dejarnos ser, ni estar, ni poner, ni hacer?, ¿por qué tanta resina de cada herida abierta o de cada amor, de cada rama nacida o de cada brote tierno?
‘No sé lo que te pasa, no entiendo’, le dice cada noche... y son las chimeneas las que responden siempre con olor a comida, con sensación a llaves que lo han cerrado todo, con su ruido de puertas y algo de laberinto que no deja [que no ceja].
Te vas poniendo viejo, capitán, y ya apenas oteas sino tu propia muerte... que ya los barcos no son lo de antes, ni el riesgo, ni la pesca... que ahora todo es industria de los hombres y un montón de lascivia en cada viento.


:: Barco unifamiliar con proa al sur. Magníficas vistas abisales en invierno ::

Tuesday, March 18, 2008

Catulina de abril.


Yo quisiera morir como Esquilo, de un golpe de quelonio [una tortuga, coño] caído desde las garras de un águila que volaba sobre él, porque los tipos grises debemos buscar muertes generosas y nada vulgares, muertes limpias que, como poco, den que hablar.
•••
¿A quién voy a a dedicar mi abrumada vidita vieja, recién arañada con árida piedra pómez? A ti, Abraham, y a ti, José Luis, y a ti, Belén, y a ti, Jesusote, y a ti, Antoñito: pues soléis estimar en algo mis naderías, ya desde que, únicos entre los hispanos, osasteis exponer el mundo entero en libros doctos, por Júpiter, y atinados. Aceptad, por tanto, como cosa vuestra el contenido de esta vidita vieja, valga lo que valiere. ¡Que ella, oh hados, perdure intacta e inmarcesible otros cinco años más, como poco!
Y, de paso, contar que vino a verme a mi cuvecita Ada Salas con su niña y una tropa estupenda emeritense. Me hizo muy feliz recibirlos y besarlos.

Tuesday, January 8, 2008

Pobre Magdalena...


Feliz porque que he recibido postal rechula de mi Belencita desde Hanoi, porque me ha escrito Antoñito Orihuela encantado de la lectura de ‘Esa intensa luz que no se ve’ y porque Abraham ha contactado a través del blog [necesitaba yo ojos como los suyos para mis palabras]… y cabreado porque durante el café le he echado un vistazo a la prensa nacional [lo hago contadas veces al cabo del año] y me he encontrado en el jodido ‘El Mundo’ y en el zorolo ‘El País’ con el dibujo de un cuerpo humano en ‘decapé’ sobre el que se sitúan con todo detalle las lesiones que la Guardia Civil le ha hecho a un etarra detenido. Ya está bien, coño. ¿Por qué cuando ETA asesina a un ciudadano con uno de sus bombazos o con sus dañinas balas no se hace lo mismo con todo género de detalles hasta que le llegue el asco a los lectores asiduos u ocasinales contra esa piñata de sanguinarios? [cuarto de kilo de riñones con trescientos gramos de metralla, hígado troceado por estallamiento expansivo, ojo punzado por clavo de doce centímetros, boquete de tres por dos en la boca del estómago… ¡Joder!].
La prensa sigue siendo una puta porquería dirigida por cuatro proxenetas de la palabra que juegan al poder entre la pura mierda.
Que la sangre les salpique.
•••
Mirando a Magdalena varada en su sillón, quieta, destruida del todo, asoma en mi cabeza la idea materialista de que la sensibilidad [la sensación], el pensamiento, el habla, el proceso creativo y eso a lo que el personal llama ‘espíritu’ deben presumirse como acción-reacción biológica y nunca de otro misterioso carácter distinto a la química y a la física. Nuestro mundo complejo debe venir de lo fisiológico por cojones, pues cuando falla la fisiología se destruye ese mundo complejo. Vamos que puedo decir la ‘burrada’ de que el pensamiento es un fenómeno glandular, y lo digo porque la terrible lógica que es la realidad de Magdalena me acerca a ello.
Si así fuera, si el pensamiento y todos sus órdenes tuviesen una naturaleza glandular, ¿qué cambiaría en la forma de percibir el mundo, de interpretarlo y de crearlo?: Nada… aunque sí se le caerían los jodidos palos del sombrajo a toda esa caterva de adoradores de dioses y escarbadores de psicofonías y fantasmas. También se iría al garete la psicología más zorola [de cual yo me alegraría grandemente].
Buscarle la física y la química al pensamiento me parece que es una de las labores más importantes que nos debe la ciencia, y por ello debiera considerarse apoyar con fuerza este tipo de investigaciones que terminen dando al traste con todas esas teorías de corte espiritista y religiosete.
A Magdalena le fallan la química y física del pensamiento, de la sensibilidad, del habla, del entendimiento… no le han fallado ni Dios, ni la santa Madre Iglesia, ni el voz de pito del Benedicto, ni el brujo de la tribu, ni aquel san Cucufato [‘hasta que no lo encuentre los cojones te ato’].
Mirar con lógica a lo misterioso a veces puede ofrecerte caminos sencillos de entendimiento… caminos ‘lógicos’ de entendimiento.
Pobre Magdalena… mi reina…

De FUMADORAS

Friday, October 12, 2007

La poesía no solo exige palabras.


Decía Brodsky en su poema ‘fin de una época maravillosa’ que “la poesía exige palabras” [por cierto, que nunca he dicho que el título de este poema me trae siempre a la cabeza el último libro de mi amigacho Abraham Gragera, ‘adiós a la época de los grandes caracteres’… algo tendrá que ver, aunque sea subliminalmente, un título con el otro, ya que mi Abraham adora a Brodsky –fue él quien me lo descubrió–], y yo no estoy del todo de acuerdo, como siempre [soy un jodido culo de mal asiento], porque hay una poesía de apellido ‘concreta’ que, a pesar de que agrupa a miles de estafadores plásticos y a cienmiles de poetas fallidos, tiene representantes vivos y muertos que le dan auténtico y sólido valor a ese apellido [cito sin ir más lejos al gran Antonio Gómez]… pero no venía la cosa por ahí, que mi intención era explicar que existe una fase perceptiva que se une a otra fase poetizadora y queda en la cabeza hasta lograr hacerse mirada o gesto… y tal situación es auténticamente poética sin que necesite del signo trazado o verbalizado de las palabras.
Claro está que Joseph Brodsky no iba más allá del darle pauta a su poema magnífico con ese verso…

Transcribo el poema porque creo que no tiene parangón y porque considero que debe ser ejemplo para poetas nuevos y medio viejos [a pesar de la pérdida que seguro supone su traducción al castellano]:

“Así como la poesía exige palabras,
yo –sordo y pelado, taciturno mensajero de una potencia de segunda categoría– sin querer esforzar mi cerebro,
me pongo el abrigo
y bajo al kiosco a por un periódico.

El viento mueve las hojas.
En estos tristes lugares
el opaco calor de viejas ampollas
produce –con la ayuda de algunos charcos–
efectos de abundancia.
Hasta los ladrones cuando roban una mandarina
se encuentran con una envoltura luminosa.

En realidad, ya se me olvidó hasta el sentimiento con que me contemplo a mí mismo.
En estos tristes parajes todo está planificado para el invierno:
sueños, paredes de cárceles, abrigos, vestidos de novia, bebidas y
minuteros de relojes.
Los gorriones y el barro parecen oxidados, costumbres puritanas. Ropa interior. Y en las manos de los violinistas calentadores de madera.

Este lugar es inmóvil.
Al imaginar la producción quinquenal de
hierro y plomo, uno queda con la mente abobada,
y añora el antiguo poder cosaco de bayonetas y látigos.
Las águilas imperiales, sin embargo, son atraídas como un imán por la ferralla.
Hasta las sillas trenzadas están hechas con pernos y tuercas.
Solo los peces en el mar conocen el precio de la libertad,
pero su silencio nos obliga a construir nuevas categorías
y el espacio se despliega como una lista de precios.

El tiempo está construido por la muerte.
Cuando requiere cuerpos y objetos busca verduras frescas.
El gallo imita al carillón;
para quien tiene un carácter sublime
resulta lamentablemente difícil
vivir en una época de proezas.

Al levantarle el vestido a una mujer bonita encuentras lo que buscas y no un prodigio.
Y no ocurre así por seguir los pasos de Lobachevsky,
sucede porque el mundo abierto tiene que angostarse en alguna parte,
y es aquí dónde yace el fin de la perspectiva.

Tal vez el mapa de Europa fue robado por los agentes del poder,
quizás los otros continentes están demasiado lejos
o tal vez un hada bondadosa me está hechizando,
y no puedo arrancarme de aquí.
Para no llamar a la criada me sirvo vino, acaricio al gato.

A lo mejor sería preferible una bala en la sien,
así como se apunta con el dedo al error.
Tal vez huir de aquí a través del mar, como un nuevo Cristo.
Borracho y atontado por el frío, no es extraño confundir un tren con un barco,
no hay motivo para sonrojarse o para sentir vergüenza:
el tren –como una canoa en el agua– no deja huellas en los raíles.

¿Qué dicen los periódicos en la sección de tribunales?
Fue ejecutada la sentencia, al imaginar eso el ciudadano percibe –a través de lentes con marcos de estaño– a un hombre acostado boca abajo al lado de un muro de ladrillo.
Pero no está dormido, ya que los sueños tienen derecho a despreciar las cúpulas.
Perspicacia de esta época
que con sus raíces anuda los tiempos,
incapaces –en su ceguera común– de distinguir
entre los caídos de la cuna y las cunas caídas.

Ese prodigio de ojos claros
no quiere ver más allá de la muerte,
qué pena, hay muchos naipes
pero no hay con quién barajarlos
para ver el futuro.

El punto de vista de estos tiempos
es la perspicacia hacia los objetos de una vía muerta;
todavía no ha llegado el momento
de derramar la inteligencia,
solo un escupitajo en la pared.
Y no despertar al príncipe, sino al dinosaurio.

Para el último párrafo, ¡ay!, no le arrancaría la pluma a un pájaro.
A la cabeza inocente
no le queda más que esperar el hacha y el laurel.”.

•••
¡Absolutamente sublime!, ¿no os parece?… y francamente gozoso para mí el haber rebuscado este poema para pillar su primer verso como punto de partida de mi comentario de hoy… y lo mejor; que ya puesto me he vuelto a releer a Brodsky con una pasión casi infantil.
¡Qué poco soy!
Gracias, Abraham.
De FUMADORAS

Saturday, January 13, 2007

Rompo los libros que leo para que no contaminen a otros.


Mientras espero con ansia la llegada de Abraham Gragera –me llamó el lunes para decirme que vendría a pasar el sábado conmigo– siento cómo empieza a caminar de forma inexorable toda la movida de las elecciones municipales. Es muy probable que a esta hora ya haya sido nombrado Cipriano González Secretario General de la Agrupación Socialista Bejarana y, por tanto, candidato a optar a la alcaldía de Béjar.
Sé a ciencia cierta que ya se están velando armas, que es como decir que ya hay movimientos subterráneos para llevarse cada uno de los gatos a las aguas limpias o cenagosas, según cuadre.
Puede ser divertido pasar estos meses escuchando los «yo hice» y los «yo haré», anotando los argumentos que pongan la cara de bondad a la maldad o a la simple ineficacia, haciendo un rol de «la culpa es de otros... de ellos» y enfangando a gente que no quiere ni tiene ganas de rozarse con los malos rollos políticos de pueblo.
Ya puestos en faena, pues que a mí me gustaría que saliese un grupo de gobierno con ideas muy claras sobre cómo desarrollar nuestra ciudad en los campos más diversos, con un proyecto realizable racional y de plazos justos, sin populismo, con buen rollo y abierto a la comunicación constante con los ciudadanos, sin inquina hacia el que pierda –es más, procurando integrarle en las labores de gobierno... a pesar de las malas experiencias que esa actitud trajo en legislaturas pasadas–. Me apetece un gobierno municipal que democratice el ayuntamiento para que vuelva a ser la casa de todos y para el uso de todos. Sinceramente, no sé cómo puede lograrse lo que mis deseos gritan, pero sé que si hay voluntad positiva se podrá avanzar.
Y de la prensa... me encantará cómo humillan y callan o cómo humillan y ladran. Si fuera por ellos ganaría el PP por diecisiete a cero [incluso para los que están por llegar].
(19:10 horas) Ya se fue Abraham para Helmántica, pero se dejó en el camino –para mi suerte– «Banderas detrás de la niebla» de José Watanabe y «Fábula del escriba» de Eugenio Montejo, además de diez bellísimos dibujos de flores realizados con café soluble. El colega estuvo entrañable, delicioso –porque lo es– y sonriente. Me encanta verle ilusionado con sacar adelante un sueldo al mes, pero sin pensar más que en vivir como él quiere, que es como yo también quisiera vivir. Sigue en la poesía como una niebla que es a la vez luz y percibo que tiene las ideas tan claras que es fácil que no necesite escribirlas ni llevarlas a la palabra poética, porque con tenerlas claras basta.

A los postres de nuestra comida «Piel de toro» llegó Ramón Hernández Garrido para tomar café con nosotros y para intentar ser el catalizador de algún encuentro intercultural con Portugal –yo le agradezco la buena voluntad y procuraré estar a la altura de lo que me proponga–. Nos contó que está feliz en Lisboa y que lo que más le agrada es que la familia se ha integrado rápidamente en aquel ambiente –yo creo que lo tenían fácil–. También charlamos de la política del pueblo, de las ganas de ganar que hay en la Agrupación Socialista y del ambiente positivo que se respira al respecto entre los bejaranos. Ramón es otra persona ahora, y se percibe netamente su felicidad y el buen rollo que le fataba en Béjar. Haremos algo juntos y será bueno, lo presiento.
(23:17 horas) «¿Me dejará la muerte / gritar / como ahora?»... dice el «Orgasmo» de Watanabe y yo veo los dedos de Abraham indicándome la página... «Está tan cerca de lo tuyo, Felipe...» –me dice Abraham bajito mientras me invita a leer–... «esta poesía te ayudará a escribir, amigo, estoy seguro.». Y mis aforismos son como sus dibujos, los que me ha regalado, unos dibujos muy parecidos a los bocetos de aguadas que hace tiempo me confió Alberto Hernández y que conservo como un tesoro, unos bocetos que miro y remiro hasta agotarme... Estamos en lo mismo... vibramos en la misma finísima cuerda que anda siempre a punto de romper por puro estiramiento... y eso es bueno, porque nos une y nos hace voz y trazo en la misma perversión y en el mismo sueño: flores espirales que sentencian a seguir viviendo, a seguir latiendo como individualidades con algo trágico y con algo luminoso, con una interpretación mínima del mundo con la que poder sobrevivir hasta mañana.
¡Zas! Mañana puede ser el día de la muerte y no debe importarnos, porque estamos haciendo uso de la vida en cada palabra y en cada gesto, estamos haciendo un uso decente de la vida, tan decente como inútil.
Alberto y Abraham tienen la misma tristeza alegre en la mirada, la misma consideración al silencio, el mismo ardor que no les deja reposar y sin embargo les hace parecer tranquilos. Eso me falta a mí, pero no pasa nada, no me importa, porque también en el contrapunto está el camino. Son tan parecidos a Aníbal Núñez en la mirada a los espejos que me espanta como un Norte al que debo llegar tarde o temprano.
Cuando apague la voz... ¿habrá silencio?

Thursday, November 23, 2006

Jaime Gil de Biedma


(imagen del colega Victorino G.... gracias, hermano).
Calidez y buen rollito es lo que he encontrado en mis dos actividades salmantinas, la presentación del libro de Mamen Somar y la conferencia entre comillas para el equipo de investigación de la Universidad de Salamanca que coordinan Germán Labrador y Fabio R. de la Flor... Buen rollo de verdad y un ratito delicioso con Abraham Gragera –mi niño maestro–, con el impecable Raúl Vacas, con el espíritu más perdulario y hermoso de Fernando R. de la Flor, con Victorino –la imagen viva del entusiasmo y la rabia–, con Jesús Portal y sus gloriosos espacios vacíos, con Amelia Gamoneda y consorte –unos cielos–, con Germán y Fabio –potentes siempre en la expersión y delicadísimos en las formas–... y tantos otros colegas que me hacen importante por su mirada y su afecto... Os quiero a todos, coño... os quiero.

Tuesday, October 24, 2006

Aboul-Qacem Echebbi

Comienza la mañana de buenas maneras, con paquete de la pucelana Fundación Jorge Guillén conteniendo un sabroso volumen de Roberto Ruiz, «Ironías», filósofo emigrante por azares guerracivilinos a tierras americanas –me apetece un montón meterme en su lectura–... Y una sorpresota que viaja desde Jaén, la revista «Paraíso», en la que me complace encontrar en créditos al bueno de Juan Manuel Molina Damiani –tengo ganas de volver a contactar con este tipo especial y valiosísimo–, a Antonio Chicharro, al que conocí en la presentación de mi libro «Sesión continua» y me pareció hombre de fiar... y encontrarme con las ilustraciones deliciosas de mi Abraham Gragera... !Bien por los de Jaén!... Y, de remate, el bellísimo catálogo «Exposição das edições de biblofilia [Menú] cuadernos de poesía» enviado y dedicado por el mismísimo hermano conquense Juan Carlos Valera, una de las mentes más lúcidas, originales y atrevidas de nuestro tiempo. Me alegro de que mi Juan Carlitos favorito se pasee ufano por las calles de Coimbra o corra las «roads» lusas con su deportivo descapotable y su pañuelo de seda al viento.
Cómo quiero yo a este ángel libidinoso y perdulario.

(22:45 horas) Emocionado, porque no es para menos, llego a mi estudio después de recibir una larga llamada de Antonio Gutiérrez para decirme que se ha pasado la tarde riendo a mandíbula batiente con su relectura de mis antiguos «Angelitos negros», una edición de cuentos espasmódicos que realicé en 1997 junto a unos deliciosos dibujos de OPS.
Gracias, amigo, por darme ánimos en este tiempo torcido.
Besos.

Friday, October 20, 2006

Imre Kertész


Suceda lo que suceda, amo a mis hijos sobre todas las cosas... y a mi mujerona. Y lo digo porque en mi milonga contradictoria estoy a muerte contra la comulgada idea de familia –«familia»–. A la mierda eso de aguantarse, mentirse, herirse poco a poco y dañarse hasta la destrucción por mantener esas formas de estar tan mingueras.
Y a todo esto le sumo que no me gusta el sistema educativo, que odio a los políticos agresivos y agresores, que la sociedad no me da más que hostias en los ojos y en la cabeza y que cada día paso más de los caballos de la mayoría del personal –cercano o lejano–. Y por ello, con ello y desde ello, suceda lo que suceda, seguiré amando intensamente a mis hijos, a mi mujerona, a mi amigo Morante, a Belencita, a Urceloy, a Orihuela, a Dieguete F. Magdaleno, a los Antoñitos, a Abraham, a Albertote...

Sunday, July 16, 2006

Kaoru


Turismo cultural a todo trapo, reencuentro con colegas entrañables, estómago revuelto, hartura de coche y gasolina, razón para dormir y unos cigarros.
El jueves viajé a Segovia gracias a Juanito, pues mi Tacuma anda en trance de muerte por un no sé qué de su árbol de levas. Viaje de los de antes, charlando, imaginando proyectos tan cuerdos como locos, subiéndonos los grados de moral al lugar que se debe.
Segovia es deliciosa, un lujo que me llevo perdiendo desde hace la friolera de 36 años, que es justo el tiempo que hacía que no viajaba allí. Una ciudad de lumbre para respirar y transportarse, bien trazada y bien guardada en general –mejor que la Salamanca del zoquete Lanzarote–, respetando hasta las panzas de las viejas casas sometidas a la cirujía de lo nuevo.

Allí estaba Ignacio Sanz, con su cara de siempre, con su afecto de siempre, con esa voz hermosa y embrujatrice que podría llevar a la mujer más difícil hasta el catre más fiero –qué envidia de voz, Ignacio–. Estaba en su taller de cerámica, entre barros cocidos y sin cocer que se iban convirtiendo en palabras según pasaban los tragos. Ignacio es un tipo de pueblito pequeño y castellano que no encaja de forma alguna entre rotondas y avenidas, yo le siento entre el trigo restaurando la vida con palabras, con olor a cocido recién hecho y paseando entre matas de jara o tomillos salseros, buscando el eco en alguna barranca o bebiendo agua de un manantial perdido... Hablamos de poesía, de la poesía que a él le gusta y de la que a mí me pellizca; de poetas amigos y enemigos de otra cosa que no sea la poesía, de pasado y futuro, de razones y absurdos.

Me llevó hasta la casa museo de Antonio Machado y entre gatos cansados me enseñó cómo llueve, cómo se hace la paz, cómo se da un paseo sin saber de la prisa... Y allí pillé un buen lote de postales antiguas con mujeres leyendo –en la casa/museo hay una jugosa librería de viejo llena de «Ojos de Brujo»–. Y llovió hasta obligarnos a buscar un refugio donde leer mis versos –el sitio establecido era un raso con árboles que jugaba a ser patio–. Leí y gocé con un grupo de gente pequeño y muy hermoso.
Disfruté como un crío en Segovia, con Juanito e Ignacio, como cuando viajé con los padres salesianos en una de mis primeras salidas del hogar protector que tenían mis padres. Juro volver sin prisa.

Y el viernes a Morille, de ensalada PAN bien aliñada, con Fabio, Manuel Ambrosio en alcalde de los de verdad –uno de esos pocos con un proyecto hermoso atravesado en la cabeza y en las vísceras–, con Fernando R. de la Flor, con Antonio Gómez y la hermosa pareja Málaga –este tipo cada vez me cae mejor–, con Juan Luis Calbarro, Victorino y un montón de colegas nuevos y majetes.
El viaje lo hice con mi hija, con Abraham Gragera y con Youssouph. Fue hermoso, porque pillé el hilo de la conversación con mi Abraham, un hilo que dejamos desatado hace la friolera de tres años. Y vi a Abraham más maduro –me parecía imposible que un maduro sempiterno como él hubiera podido subir en su escala de madurez–, tan sensible como siempre y con su potencial creativo impecable.
Cayeron cañas, palabras, risas... leímos poesía a lo rural –con araña incluida en mi camiseta– y nos animamos a empezar un trabajo común para el que no nos hemos puesto ningún plazo –mal rollo– y hablamos de cómo hay que trazar la vida para esa nada que es ya. Fue delicioso.
Y el sábado, tormenta.
Vuelta al viaje hasta Morille –esta vez con Malick, con Juanito, Youssouph y Abraham– para un día mejor en todos los sentidos.

Abrió boca Kaoru con su acción artística «Tecnocharro», que había conseguido el premio ARCO en su última edición, una pasada en la que intervino el grupo folcklórico «El Castañar», de Béjar. Sobre una base de música «tecno», el grupo debía bailar con todos los pasos de baile tradicionales en la plaza mayor de Morille. Y así se hizo, hasta el punto de que se fue sumando personal y Youssouph hizo las delicias de los paisanos poniendo la nota étnica en aquella locura nipona –yo también salí a bailar un ratito.... de pena, claro–... Y solucionamos unos cuantos asuntos importantes para cada uno de nosotros. Comimos paella entre risas y en el receso siestero nos acercamos a ver la exposición del colega Jesús Portal. Chula la muestra y perfecto el lugar.
Allí me quedé con Jesús y con Victorino y se abrió el cielo... ¡¡¡Llovió a mares!!! Refugiados del agua, charlamos de técnicas pictóricas, de ganas de hacer, de miedos... y tengo que decir que ambos tipos me cayeron de puta madre; la sensibilidad de Jesús y la pasión de Victorino –que nos hizo mil fotos mientras charlábamos– fue lo más especial del día.
Luego, cafés, espera a que escampase en el bar de Morille, con sus goteras y todo, un poema para la blanca Sara, risas y viaje de vuelta a casa con despedida hermosa –por fin besé a Mamen Somar, un cielo de niña–. Había que recoger a Jesús Márquez, que llegaba a Béjar en bus para actuar en el camping de El Pinajarro.

Tuesday, May 16, 2006

Seisensui


Acabo de conocer por una llamada triste de Nieves Salvador que el activista cultural y poeta concreto José Carlos Beltrán ha fallecido en Benicarló. Un sentimiento de tristeza me ha invadido por saber que esa enconada fuerza, toda hecha de ilusión y de afectos, se ha agotado. Para Nieves va mi abrazo de solidaridad y el deseo de que aquella fuerza le sirva para superar el vacío y crecer en él.
Somos un no sin prisa, amiga Nieves, pero la nave sigue su errática singladura.
(15:48 horas) Vivir de lo que fuiste es muy distinto que vivir por lo que fuiste. En todo caso, me gusta más pensar en vivir por lo que pueda ser, dejar el camino abierto a la sorpresa, al triunfo absurdo o al fracaso. Todo lo que queda por llegar será un don que ha de gastarse con la alegría de lo inexorable y con la estupidez del orgullo por lo conseguido. Malo o bueno, el camino ha de andarse para gastarlo, no para mirar atrás.

(21:25 horas) La tarde, de morirse de buena, con paquete bomba de T. S. Norio (Braulio García Noriega) conteniendo canana literaria y medio musical y regalote de «Memorias de un revolucionario: Piotr Alexéivich Kropotkin» en una edición divina de la muerte de KRK tras y letras. Braulio, tío, me has hecho feliz. A más, a eso de las siete me llama un directivo de Loewe para pedirme disculpas por la avería que ha sufrido mi tele y para indicarme que me la cambian por una nueva último modelo... Todavía quedan empresas con algo de dignidad comercial. ¡Olé tus cojones, Loewe!... y gracias.
(22:35 horas) Ver a mi hijo Guillermo entusiasmarse con cada pequeño suceso que le toca, asombrarse de todo y reír con una felicidad que no he conocido en nadie, hace que me sienta relajado y como agotado, una sensación tan parecida al placer físico del amor que es en sí misma amor físico hacia mi hijo. Hoy me contaba que irá a Madrid el próximo viernes de excursión con el colegio... me decía: «...papá, y tengo que llevar mucha agua, que a Madrid se llega en veintidos horas o por ahí, y tres meriendas que no sean de chocolate, papa, porque en Madrid se deshace todo el chocolate, y hay que llevar chándal, papa, que en Madrid es como si fuera gimnasia... y me ha dicho Julia que no lleve mucho dinero, así que no sé si te podré traer algo...». Guillermo es aún la inocencia, la virginidad, el alma limpia... Mis otros hijos son ya otra cosa, están más influenciados por el exterior, más contaminados por el jodido mundo al que los hemos echado... son unos magníficos chicos, con las virtudes y los defectos comunes de su edad... pero se están marchando muy despacito... y eso me entristece y me aporta soledad, una soledad distinta a la que yo siempre he buscado. Por eso los quiero tan intensamente como a algo que sabes que vas a perder... los quiero y debo ir acostumbrándome muy despacito a vivir sin ellos y para ellos.
Lo que vendrá contiene el miedo.

•• RECOMENDACIÓN ••

Abraham Gragera
PRE-TEXTOS
Isbn: 8481917060
Valencia, 2005

Una primera obra poética madura, innovadora y sorprendente.
Desde mi punto de vista, Abraham es el mejor poeta de su generación y el que más proyección de futuro presenta.
Una realidad hecha de sensibilidad, plasticidad y pensamiento.