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Monday, July 26, 2010

Voces del Extremo [aniversario 2]


Mírame entre la cárcel de luz de la persiana, sin que yo perciba que tus ojos me observan como camaleones o armadillos... verás que hoy soy el pájaro pinzana de Manolo Díaz Luis bebiendo de las aguas de un riachuelo sin desdoblar mi vuelo, casi sin rozar la piel del agua. Mírame si quieres con sed, que no me importa, o con hambre atrasada.
Hace calor y nado en un sudor que es frío a veces, y me siento un poquito triste porque mis amigos poetas andan de trotaversos estos días en tierras onubenses y yo no puedo [aunque me alegro por ellos un montón, porque vuelven a estar mezclados y a contarse sus secretos a voces bajo las faldas muertas de Zenobia]. Hace un par de días escribí como un vómito sobre el aniversario del Voces del Extremo bejarano y, ahora que me siento limpio por dentro y mejor, me apetece decirles a todos mis colegas que sigo siendo el mismo [dos correos hermosos e instantáneos de Antonio Orihuela me obligan a estas palabras], que a la vejez viruelas, aunque no olvido ciertas cosas, que todo sigue y yo con todo y entre todos, que estoy allí, aunque aún me encuentre anclado aquí como una piedra vieja que no sabe dar sombra. Se dijo lo que debía decirse y basta.
También me gustaría abrazar desde estas palabras con fuerzota a Uberto Stabile, a Antonio Orihuela y a José Luis Morante, pues ellos sí que saben de qué han ido mis tontas cuitas por haberlas vivido muchas veces en carne propia... en tipos como ellos reside la pasión y la posibilidad, la razón de existir y el indicio de que aún se puede hacer cualquier proyecto, sea cual sea... Antonio me pide que no sea demasiado duro con los poetas, y tiene razón, que con quien debo ser duro es conmigo mismo, por pánfilo, que probablemente sea el culpable de todo.
Si yo me autoubico dentro de Voces del Extremo es porque mi voz es del mismo extremo, porque mi sensibilidad social y mi acento político buscan salida en mi poesía, porque me siento y me presiento parte de un mundo mal hecho y mal gestionado, porque sé que hay sufrimiento y mi conciencia no me deja dormir muchas noches, porque intento practicar un mundo mejor y más justo [aunque las circunstancias me tengan amarrado a unas formas que no me gustan nada], porque necesito gritar cada cinco segundos contra quienes propician y mantienen el fracaso... si me siento un poeta de Voces del Extremo es fundamentalmente porque necesito ser un poeta de Voces del Extremo, porque pertenezco a una generación hundida desde su mismo nacimiento y lo sé, porque intelectualmente he llegado a la conclusión de que mi deber como hombre es hacer algo por los demás y hacia los demás [aunque no sepa cómo... pero lo intento cada día, lo juro]...
Bien es cierto que no comulgo estéticamente con muchas de las formas de expresión de quienes comparten esa situación de extremo poético, que dudo muchas veces de su calidad tanto como de la mía, que no comprendo muchas cosas y otras no sé cómo compartirlas, que presiento a veces cierto acné general que tiende a estropear lo que debiera ser una propuesta poética ética y social, que siento la necesidad real de autocrítica grupal y también la de esfuerzo mantenido... pero también veo en todo ello un campo abierto en el que es capaz de crecer algo con dignidad junto a las florecillas del mal silvestres, y eso me llena de esperanza y me pone ganitas.
Un abrazo fuerte y sentido a la comunidad entera de Voces del Extremo... a pesar de todo y de eso.

Wednesday, July 9, 2008

Bye.

Nada, que me marcho unos días de turismo literario y os dejo aquí esperando [o disfrutando de mi silencio, que será lo más cierto], pero no sin antes aclarar que mis insultos de ayer iban exclusivamente contra la gente televisiva que nos visitó [que yo debo explicarme mal y/o hay alguno al que le apetece leer lo que quiere leer, y no lo que pone –imagino que por anónima inquina personal– (también hay doble moral en quienes lanzan la piedra y esconden la mano)], que existe la ‘presunción’ de lo que sea en nuestro código legal hasta que se demuestran los hechos y sus autores [no dije ayer nada raro, coño, pues tanto se pueden utilizar la presunción de inocencia como la presunción de agresión si no hay hechos demostrados y sentencias firmes], que el desinhibido está más para que lo aten y lo eduquen que para que lo entrevisten y saquen el pecho en su defensa [no me desdigo de nada en su caso].
La cosa es que me largo a ver otra vez el retrato hermosísimo de Zenobia Camprubí en el Moguer juanramoniano y a charlar con mis amigos de la poesía de la conciencia y de los versos de combate… y de paso a olvidarme de todas estas movidas tontas y aburridas.
Nos vemos, coleguillas.

Sunday, June 15, 2008

Mi mesa se queja.

La caja “RAPID” de liar cigarrillos me mira desde el servilletero robado como pidiéndome uso, pero mi mesa es un desastre desde hace meses y no me apetece sacarla de su espacio de olvido. Haré una lista de las cosas que contiene para ver si me animo a colocar un poco:

• Un CD del Ministerio de Presidencia con el Expediente nº 1.112 que contiene todo el proceso del asesinato de mi abuelo Felipe.
• La tarjeta del tapicero decorador Joaquín Peromingo.
• El disco de Diego F. Magdaleno, “La Soledad sonora”.
• Una nota escrita a lápiz en la que pone: “Gonzal Escarpa buscar gmail / Cereijo / Julia / Gabriel / Deportes / 630 / 030 / 4 / 6 / 364” [nunca entiendo mis notas urgentes y quedan sobre la mesa como esperando a ver qué sucede].
• Una servilleta con la dirección de Tomás Salvador González.
• El distintivo de estacionamiento ORA con validez hasta 2008.
• Una carta con notas en su envés: “ 1-2 agosto / 6BANDAS / otros espacios / logos Pieldetoro 150x60 / Elliottplaza / (¿) / 7 fotos logos grupos 9FCCyL” [a saber de qué va la cosa].
• Un papel mal cortado con lo que sigue: “27 Guadalajara Nov. / SONORA-20.21.22 / 13.14.15 / 23 / Reserva Hopi /242526Monterrey-DF-Guadalajara” [será mi viaje a México, digo yo].
• Una tarjeta de Alicia Martín Pozuelo en la que pone a bolígrafo “Sulleylapluma.es”.
• Un Pentel Color Brusch verde.
• Un depósito de gasolina para Zippo “Premium Lighter Fluid”.
• Mi memoria USB Transcend.
• Mi móvil Motorola apagado [siempre apagado… le odio].
• Mis dos mecheros Zippo alineados.
• Las dos gafas de ver.
• Un cutter marca Olfa.
• Cinco lapiceros diversos, tres bolígrafos, una pluma de punto grueso y un rotulador Edding rojo.
• 16 mecheros desechados por mala impresión serigráfica [la mayoría ya no es capaz de darme fuego]
• Dos paquetes de Chester [uno con dos cigarros y el otro entero].
• Una lata de Coke abierta.
• Una bolsa de chiquitillos de anís [también llamados tetillas de monja].
• Una foto con Carita Boronska [los dos muy risueños].
• Tres enormes montones de libros apilados a mi izquierda [cuento exactamente 87 volúmenes sobre mi mesa], entre los que destaco la obra completa de Oliverio Girondo, los aforismos de Leonardo da Vinci, los diarios de Valéry, Pizarnik, Bukowski, Zenobia y Pavese; un libro de alquimia y mística, “El ser y la nada” de Sartre, “Tristes” de Ovidio, un poemario de Ana Blandiana, los pensamientos de Miguel de Unamuno, tres libros de Cumbreño, la revista Litoral dedicada a los ‘pasajeros’, la obra poética de Elena Martín Vivaldi, el diccionario RAE en dos volúmenes, un libros sobre Balthus, el “Dédalo e Ícaro” de Haldane y Russell, la poética completa de Valerio Catulo, “Sobre el estilo” de Demetrio, las obras completas de José Miguel Ullán, “Palabras para un cuerpo” de Gonzalo Alonso Bartol, “La camarera del cine Doré” del colega Aguirre, “La luna e i Falò” de Pavese…
• Tres sobres con tres trabajos de imprenta que tengo en maquetación.
• Un servilletero robado.
• La máquina de liar pitillos que me regaló paquito Ortega.
• Mi Imac blanco con su teclado lleno de ceniza.
• Un cenicero enorme de cristal.
• Un disco duro externo Lacie.
• Una impresora de sobremesa Epson Stylus.
• Un teléfono fijo Panasonic.
• Un flexo negro con tres intensidades de luz.
• Cables a mogollón.


Y todo sobre una mesa de cristal de dos metros por uno que ha terminado siendo mi vida entera, porque sabe contenerme en su hermoso desorden cada minuto.

•••

Suena “Canta tu nombre en mis oídos” de Malevaje y pasó el mediodía como algo impostergable y desnudo. El día pasa y nada más… ¿qué puedo hacer? Pasa desnudo en un ‘pa mí la vida tiene forma de mujer’, mientras el hombre común pone en su cara de orangután un gesto pretendidamente humano [al fin y al cabo es la voluntariedad de un gesto]. El día pasa sin más, mientras el gran teatro del mundo suena en su oscurecimiento global [esa sinrazón que hace que la evaporación sea menor en términos globales y que los estudiosos que no saben predecir qué tiempo hará pasado mañana en mi pueblo, se arriesguen a predecir qué va a suceder dentro de un par de siglos en el mundo enterito], en las torvas miradas de los beodos mandatarios OPEP, en el seísmo último que arrugó la Tierra o la melopea yankee del minusválido Busch.
Nada, no pasa nada que no haya pasado antes, ni siquiera una esperanza de horizonte.
Y percibo mi encanto discreto en soledad, intentando no apurarme con todas las imposiciones vanas de los hombres y gustándome en esta pose ecuestre, sentado en mi sillón de escritorio como una ele minúscula y conformando el quorum en la academia de mí mismo. Sencillamente, hoy no necesito tampoco a los demás… …pero escuchar tangos me pone [me encantaría saber bailarlos, coño, y a veces lo intento con mi sombra] y me sublima… “Qué es tu vida, amiga mía, / si ya no tienes pasiones, / si no te queda deseo, / si se acabó tu ilusión; / si perdiste tus zapatos / en la última carrera, / si perdiste los sentidos / en ese postrero amor. // Al darte la media vuelta / viste que estabas tan sola / que únicamente sentiste / un nudo en el corazón, / y al mirar hacia lo alto / viste que no había estrellas, / que se escondía la luna / y que se fundió el farol. // Solo quedaba la noche / tan negra como una ausencia, / y ese frío que te hería / como un puñal vengador. // En un momento cruzaron / por tu recuerdo otros días / cuando alegre y desdeñosa / jugabas con el chaval; / lo engañabas cada día, / te reías en su cara, / te gastabas su dinero / en timbas y en bacanal.” [‘Solo quedaba la noche’ (Tango de Antonio Bartrina con música de Oswaldo Larrea)]… y el nicho empieza a abrirse y yo me pongo el frac y la corbata estrecha, y busco en mis heridas alguna cruz de ayer, y me hago todo insomnio por apurar el trago, y festejo en mis uñas todo lo improvisado, y juego a recibir lo que no puedes darme, y me hago cocodrilo hasta ratificar el cataclismo, y busco en los vagones un asiento vacío, y doblo mis camisas, y me desmenuzo como un pescado recién servido.

Monday, September 3, 2007

Camino de reconocimiento.


Hay palabras que viven en un halo de positividad aceptado y que, sin embargo, contienen el mal del mundo… Moral, ética, bien, virtud, libertad, felicidad, paz… son términos que abundan en la codicia humana como configuradores de las máscaras que deforman el valor de ‘verdad’ individual y colectiva que responde a la exacta realidad de cada uno de nosotros.
El mal a pecho descubierto es mucho más sano que todo lo positivo que enmascara y oculta la ‘verdad’ de un hombre.
(10:37 horas) Escribió Paul Valéry que ‘sólo leemos bien aquello que leemos con un propósito personal. Puede ser para adquirir algún poder. Puede ser por odio a su autor.’, y es cierto en mi caso si miro atrás y observo el extenso cementerio de mis lecturas [aunque yo sumo más consideraciones a la atención del interés lector, como, por ejemplo, odiar a alguien con un gusto demostrado por un autor o una obra]: Leí a Nietzsche y me aprendí algunos de sus pensamientos de memoria para epatar y sentirme superior en las conversaciones con algunos de mis amigos. Leí a Luis García Montero con mucho más interés [ya lo había leído antes con cierta abulia] cuando descubrí cómo se lo montó con Almudena Grandes [quizás fuera una mezcla de admiración y envidia]. Leí a Machado porque le encantaba a un acérrimo enemigo mío, y lo hice buscando la blandura poética para tirársela a la cara. Leí a Alberti cuando me enteré de que había abandonado a M. T. León enferma y se había ido con otra. Leí a Juan Ramón Jiménez para odiarle más cuando supe cómo había tratado a Zenobia. Leí a César Antonio Molina para machacar la verdad rijosa de Valente y, por ende, para hacerme con una opinión negativa y preparada sobre el poepolítico. Leí al Unamuno poeta (¿) para recrearme en la suerte de decir con jocosidad en mis saraos: ‘Salamanca… académica palanca…’. Leí a Ginsberg para fastidiar a dos colegas que solo hablaban de Federico Hölderlin [al que yo no acababa de pillarle el punto]. Leí a Edgard Lee Masters para machacar a George Bush. Leí a Ernesto Cardenal para mofarme del Espíritu Santo y de la Vrgen santa que pregonaba aquel Juanpablosegundotequieretodoelmundo. Leí a Cernuda porque un periquito medio poeta le llamó ‘reinona’ en público y se mofó de su obra partiendo de esa circunstancia. Leí a James Boswell porque mi colega Norio me dijo que se me abriría un nuevo mundo en mis ambiciones diarísticas… y así podría continuar hasta el agotamiento dando (verdaderas) razones de lectura Valéry que son fiel indicativo de que siempre leo con cierto afán práctico y con una buena carga de puñetería.
En fin, que ya sé conocerme y ahora ando en el extraño camino de reconocerme.
De LECTORAS

Tuesday, July 17, 2007

Un poema cruzado mientras espero.

Porque hoy he repetido el difícil arte del equilibrismo en farola para colgar un cartelón de blues y me han regalado cuatro camisetas negras, porque un poema triste de Belén Artuñedo se cruzó de pronto con el “Crossroad” de Tracy Chapman, porque el técnico de Xerox está instalándome una máquina nueva y no sé, porque siempre hay una cosa sexual en todo lo que miro, porque tengo sed y un teléfono móvil que no entiendo, porque no he ido a París tampoco este año… y quizás nunca, porque el dinero me toca los cojones y el tráfico está loco, porque Juanito lleva hoy una camiseta de Mazinger Z y su padre es un león herido, porque Diego es feliz y me encanta imaginarlo en su particular sueño americano, porque no me escribe Alexandra hace unas semanas y mi hija anda levantando el vuelo, porque J.R.J. es un simple esqueleto y Zenobia el retrato de la mujer que adoro en sueños, porque tomo café helado mientras G.S. come a mi espalda, porque no tengo ni un puto chavo en el bolsillo peronoimportaporquetengoamigos, porque hay invitados a comer en casa y no puedo quedarme en pelota picada, porque el Sol lanza rayos sin medir consecuencias y el horror norteamericano marca sus últimos muertos, porque hay varias visiones del mundo y todas son buenas y malas a la vez, porque miro cómo se agacha la camarera y me gusta, porque Álvaro Medina de Toro me ha confiado su “Hielo sobre un corazón vacío”, porque ando medio agotado y olvidé ir al magro encuentro PAN de poesía a gozar de mis amigos, porque Reynaldo está perdiendo la confianza en mí y no me extraña, porque me acuerdo a ratitos de Antonio Izard y no comprendo cómo no voy a volver a verle, porque Dios llora con lágrimas ajenas y falsas, porque he de maquetar dos revistas de nieve, porque sé que Riobó anda ahí con su bañista desnuda, porque se acerca un tiempo de melancolía y otro de pérdida, porque Magdalena sólo aguarda al riego diario y Ángel está en la luna de Valencia, porque me faltan cartas en el buzón y espero, porque hay ricos a mi alrededor y me dan lástima, porque ya no busco nuevas ideas y me resbala, porque un poema de Margarit me hace llorar y siento que estoy vivo, porque sigo actuando por impulsos, porque el sostén que avisa de unos pechos me enrojece los ojos, porque aún soy del Barça hasta la muerte, porque las horas son marcapáginas del recuerdo, porque Ada Salas existe aunque no me recuerde, porque el hombre es francamente superior a sus obras y lo sabemos pocos… … es mejor esconderse y gozar de lo que en la cabeza flota.

(22:28 horas) Me hubiera gustado haber escrito “Cuando vas silenciosa […] / y pisas las aceras / y pasas circunspecta entre la gente / con el periódico en la mano y una bolsa de pan […] / uno no puede más que preguntarse / cómo es posible que todas esas cosas / que componen el mundo / en este instante / –la realidad / tu realidad / la mía– / singan como si tal / indiferentes […] / y no hay un verdadero cataclismo / ni pase nada […] / (Salvo claro / la debacle que armas en mi cuerpo / y en este mirar mío que te acecha / obsesionado / torpe / detrás de una retina y unas gafas).”, pero lo hizo Víctor Botas para [me juego lo que sea] mi Paulina Cervero…
*Nota para la anónima y tímida quinceañera de edad no temprana: a mí me desarma este poema de Víctor Botas casi con la misma fuerza con la que describes esa “simple mirada”, me “descontrola” y me deja muerto…
Es casi lo mismo que te sucede a ti, pero de otra manera y por otro suceso… pierdo mi seguridad poética, mi engañosa seguridad poética…
¿Me preguntas que qué ocurre? Bien has de saberlo, aunque el resumen mejor es que estás viva, bellamente vivaz, hermosamente herida… y eso es grande a la edad que se te antoje… rubor, ardor, deseo… ¡No vas por mal camino!
De Tontopoemas ©...

Monday, July 16, 2007

He vuelto a saber del gris otra vez esta mañana.


Me sorprendió el día con su cosita nubosa, su ratinín de goterones y su vientecillo fresco. Siempre hay un oasis en los veranos de este tiempo cambioclimático mediático, un oasis en el que pillar unas bocanas de aire y salir al mundo como en otoño, y mirar de nuevo el carmín y los volúmenes, las curvas y el erizado correr hasta un refugio cercano.
Simplemente feliz me está dejando este día extraño, entre otras cosas, porque he vuelto a ponerme calcetines [ya me habían hecho un principio de heridita en el interdedo las sandalias nuevas], porque he vuelto a saber del gris en medio de la luz y a poder abrir los ojos como platos, porque he vuelto a mirar con buen enfoque las prisas y las pausas y porque me he animado a escribir igual que me animo en los más fríos días del invierno bejarano.
•••
Es curioso cómo las mujeres presentan en su vida –por lo general– dos actitudes muy diferenciadas y distintas sobre la poesía. Cuando son jóvenes, la anudan para sí y se muestran sensibles recibiéndola, buscándole el sentido que apetezca a su estado natural y a ese calambre mágico que es el deseo propio y ajeno… Luego, con la edad, la poesía se torna inútil para ellas, pues vuelcan el valor en lo práctico y las palabras que sugieren terminan siendo muestra de incapacidad de su varón adversario [por supuesto que hablo de poesía en sus acepciones amorosa y pasional]. En palabras simples, cuando llegar a hacer el amor no se maneja como realidad tangible y dimensionada, sino como deseo ambiguo, la poesía funciona en ellas como un detonante lleno de potencial… pero cuando lo de tal circunstancia animal es cosa hecha y manejada, el espiritualismo romántico de un poema no sirve más que para la sonrisa.
Y no es misoginia lo que trae este comentario, sino experiencia de años conociendo a mujeres que pasan de la tensión poética a la abulia [y no estoy hablando de hacer poesía, que hay poetisas divinas y profundamente sensibles andando por nuestras calles, sino de recibirla].
(22:10 horas) La virtud siempre nada en el terreno del entendimiento y en saber manejarse con tino en el entorno. Es virtuoso, por tanto, el inteligente [que no el fundamentalmente bueno], pues la virtud requiere de un ‘otro’ que la valore y la reconozca como bien gestionada. A la virtud se llega por el éxito, camino que no suele ser común de quien transita en la bondad natural. Es por ello que siempre me siento receloso ante la virtud proclamada [no ante la que yo descubro sin que me lleven a ella con pesas falsas] y huyo del virtuoso oficial como del mismo Dios.


(22:42 horas) Carita Boronska es ahora el remate dulcísimo de un día isla tan parecido a ese ‘17 de julio. Lunes’ [1939] en el que Zenobia anotó en su diario: “Para empezar, está demasiado nublado. Confío que llueva y pueda quedar una tarde despejada para merodear por el centro antes de la partida. Llovió a cántaros por la mañana, pero no aclaró por la tarde. J.R. y yo dimos una vuelta a la manzana…”. Tan de la muerte y tan de hoy… tan Zenobia y tan Carita Boronska en su versión del ‘Come together’, tan todo y tan nada de nada como un todo.
De Tontopoemas ©...

Sunday, November 12, 2006

Ángel García López

Sentir piedad es la forma más hermosa de venganza que conozco, pues colma a quien la «asesta» y salva a quien la recibe.
Que no sirve la tierra quemada para conquistar si se compara con una sonrisa piadosa que contenga la sabiduría de la derrota que le otorgas al vencido.

(13:24 horas) Sigue mi Felipe cerril y preadolescente, jodiéndome cada día los minutos de sonrisas que reservé hace tiempo. Está convirtiendo esos minutos de recuperación diaria en los minutos basura que marcan la inflexión entre mi felicidad y mi desastre. Ya no le sirvo como modelo, está claro, ya no me quiere como modelo de nada y todo su afán es chocar conmigo, contra mí. Y yo no sé encotrarle modelos en los que crecer; a su edad los modelos se buscan por uno mismo y se gestionan en clave de gozo y comodidad, no de esfuerzo. Sí, sé que me he equivocado en su educación, pero también sé que me hubiera equivocado con cualquier otro proyecto educativo distinto.
Ahora tengo claro que él marcará su camino y yo sólo podré hacer funciones de refugio y de intendencia, y que con esas razones tendré que saber negociar bien para que no me devore.
Cuando llego a casa por la noche, entro a su habitación y le beso en la mejilla mientras duerme, y le digo despacito todo lo que le quiero –algo que no podría entender si estuviera despierto–. Le tapo con el edredón y percibo que un hijo preadolescente dormido es un gozo del que hay que abusar para no caer derrotado.
Con el tiempo será un buen tipo –ya lo es– y quizás vuelva a mí como antes, pero hecho a sí mismo –mal o bien, que no lo sé ni lo puedo controlar– y volveremos a hacer cosas juntos porque él así lo decidirá.

(17:16 horas) Dos mujeres merendando juntas como en el relato «Arcilla» de «Dubliness», dos mujeres comprando pastelillos, dos mujeres hablando en un café, dos mujeres anarquistas paseando por la Rambla en el 36, dos mujeres odiándose... siempre dan buenos resultados literarios dos mujeres... o no.
Balthus, el hijo de Rilke, pintó a Thérèse con las piernas desnudas y cruzadas, mirando justo detrás de mí, relajada, impúdicamente sentada para la soledad, con sus manos posadas de forma magistral... Y en «Los días dorados», otra Thérèse mirándose al espejo, dejada a su alegre suerte, tendida, desarreglada y bellísima... La genética almacena y desenvuelve, regala y castiga... Y no es azar; es una vieja maleta que se lleva sin saber su calidad de tesoro o de infierno, y se abre un día, y uno se viste con la ropa que contiene, y crea o destruye... o simplemente se ve tan mediocre como sus antepasados y se queda igual, justo donde estaba cuando abrió el bulto genético.
Balthus, Rilke, Joyce... con su cosita Ulyses de imaginarse el padre párroco que en su púlpito acumula el poder... Pavese, Celan, Pizarnik, Zenobia... con sus misterios únicos y eternos... Yo, solitario y tendido como las calles que se estrenan cada mañana, pisadas tantas veces, sinuosas, sin conocer la misión de las sombras que las transitan.
Dos mujeres merendando juntas... Un hombre solo que espera... Las calles preparadas para el desfile de sombras, acumulando pasos perdidos... La genética eclipsándose en unos y amaneciendo en otros... El Norte indefinido que se hace Sur justo a la vuelta... Dios no existe... Dios no puede existir... Dios no debe existir.
(18:44 horas) Debería reírme de cualquier cosa que me afecte y que no dependa exclusivamente de mí; así caminaré más tranquilo, sin intentar ser parte del solucionario hasta que mi única postura sea la de la decisión. Me ahorraré pérdidas enormes de tiempo en pensamientos absurdos y en planteamientos indecidibles, y así podré decdicar más tiempo a mi podre particularidad, a mi fugaz individualidad y a mi pereza creativa.
Somos demasiado de los demás, y todo por voluntad propia, por exacto metichismo, por ese jodido pensamiento que se sustenta en que unidos somos más fuertes –claro, siempre que compartamos sólo los beneficios, no te jode–. Las cadenas de soledad ya son suficientes... como para meterse en los millares de cadenas de cada uno de nuestros conocidos.