Friday, February 15, 2008

¿Nos hacemos un triste?* [turismo cultural en Arenas de San Pedro]


No estuvo mal la pequeña escapada con sello de turismo cultural a cargo de la Dirección General del Libro del Ministerio de Cultura, y encima en aras del fomento de la lectura en las aulas.
El asunto dio para abrazar de nuevo a José Antonio Sáinz [que lo vi profesor –je, je– con su libro de JRJ entre las manos… además de hermosamente ácido comentarista en la visita al lugar de Arenas de San Pedro], escuchar su arenga hacia padres con hijos en edad escolar sobre la ‘poesía violenta’, comer con él y pasear el sitio… y también para conocer de pasada a Tomás Salvador [poeta concreto] y ver si comienza algo nuevo, que me cayó bien el tipo.
Los chavales estuvieron en su tono de chavales, riendo y cuchicheando con mis ‘chistes poéticos’ y atentamente callados en algunas fases. Me sentí bien y se me hizo corto el trago, que me gustaría haber estado un ratito más compartiendo mis batallitas de vejete con ellos.
Luego, un paseo estupendo a solas por Arenas, conociendo sus ruinas, su paisaje y sus cursos de agua… y una paradiña para contemplar con distancia la calzada romana en su subida al Puerto del Pico… y un café en el Parador de Gredos para impregnarme de un no sé qué falangista y de cierto olor a añejo… y un golpe en el coche que me va a costar una pasta [la gente aparca, te golpea y se va… vaya jodido país].
En fin, que la cosa fue de que escribir es haber vivido… y luego vivir para contarlo.






















* Hacerse un triste en Arenas es pasear por su callemás larga, que se llama de la Condesa Triste.

Thursday, February 14, 2008

Isidore Ducasse.


Isidore Ducasse, que era un delicioso cabrón con pintas, escribió: “Mi poesía consistirá en atacar al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiese debido engendrar esa carroña.”.
¿Decadente? Ni Hablar, pero sí un visionario con la capacidad de desnudar a la naturaleza humana en “Los cantos de Maldoror”, dejando al hombre al fresco entre sus más bajos instintos… y todo sin buscar otra gloria que no fuese la de la satisfacción de escribir para sí mismo.
Pues bien, yo adoro esa voluntad poética y la aplaudo, porque es locura a la vez que la más sensata de las corduras [la lucidez está en el justo punto en el que los extremos se tocan]. Y sé que para juzgar al hombre no se puede ajustar uno a los términos medios, a esa cosa tan ‘vanguardista’ que se ha venido a denominar ‘el centro’ [una vasija infecta que contiene a las almas imprecisas y a las gentes sin criterio… como contiene los sentimientos mediocres y adocenados por el temor o cualquier otra salida del tono de valle que requieren los anodinos para ser].
Justo en la línea que separa la excelencia del excremento es donde se nos puede mostrar la realidad desnuda y desnudada.



*UN HERMOSO REGALO DE DONCE