Saturday, December 30, 2006

Ya soy yo, pero aún no me he enterado.


Conseguí salir de la vorágine a eso de las cuatro y media de la madrugada (habíamos librado cena de empresa en el campo de batalla más Cubino y la cosa se demoró hasta media hora después de que unos sicarietes con capucha ahorcaran a Sadam y a algunos de sus familiares y se olvidaran de poner a orear también a Bush y sus triperos). Me aburrí, claro, como siempre que salgo, y además comí más de la cuenta y bebí bastante más de lo que me permite mi lucidez.
De la noche piporra me quedaron los flashes de ese observador peliagudo en el que me he convertido con la jodida edad. Veamos:
• Loco cojo, al que ya daba por muerto, aireando su libertad invigilada entre un «dame un cigarro» y un «hijoputa que eres un hijoputa y te voy a rajar».
• Pijos viejos P. de T. a gran reserva la tirada, mamaos como perrillos gordos de mirada maricona y con sus hembras reproductoras hablando fino y devorando perrunillas gartis como con hambruna (me gustaría verlas follar por un agujerito... deben dar suelta a sus mil perversiones para luego ir a misa y confesarse con las piernas apretadas).
[Nota: el ofico de camarero/a es jodidamente cabrón... queda lo de poner veneno en las copas].
• Santi con su gente de tranqui... Cada día me cae mejor este tipo, de verdad, aunque entre juanes y sanjuanes me lo están dejando hecho un triste... otro más, que ya somos legión.
• Lo lúbrico se me vino de pronto a la mirada: Vestales entraditas en años buscando el roce con contoneos y ojitos de entrepierna a puro goteo... coño, que dejan a un hombre y ya están necesitando refregarse en otro como auténticas máquinas de humedad y humores (las prefiero a las pijas viejas, claro, coño, claro). Dan pavor... y vergüenza ajena.
• Y ron y tabaco y un canuto mal liado y ron y ron y ron y ron.
• Y el remate: pijos otra vez, ahora verdes y perfumados/as, oliendo a derecho navarro o a económicas Deusto, con sus nenas de misa y deseo para frustrarse –monas hasta la muerte / de la muerte–, auténtico teatro infantil a las cuatro de la madrugada con el único fin flotando de conseguir un roce de pecho virgen y casto con el que manchar la cama.
Un perico al que creía normal –de verlo a diario en horas lectivas– me mandó a la cama haciendo una suerte de kunfú etílico que me hizo sentir pena y ridículo. Lo dejé morir tranquilo mientras Sadam expiraba.
Vomité a las 5:45 a.m. y me quedé dormido como un angelito.
Una pena.
(11:13 horas) ¿Por qué hay que demostrar siempre la verdad mientras que la mentira se acepta clara en el imaginario de la gente?
Viene esta pregunta hecha y lanzada al aire con el fin de abrir una serie de consideraciones sobre la actividad en Béjar de las distintas sociedades encabezadas por Francisco Montero Moral –Paco Montero–, al que cuento entre mis amigos y con el que a veces tengo refriegas, coincidencias, divergencias, cabreos y risas. Y me jode un punto esa milonga agresiva que está creciendo contra su persona y sus cosas, favorecida por unos cuantos tipos sin reaños para poner sus nombres debajo de las palabras que acusan (a los que firman, mis mayores respetos en la coincidencia o en la discrepancia). En todo caso, por amistad y por cabreo quiero incluir estas palabras en mi diario no sin antes indicar que Paco es Paco y yo soy yo, cada uno en su individualidad y le pese a quien le pese.
Veamos pues:
1. Francisco Montero llega a Béjar en 2002 con un impresionante y brillante bagaje como abogado urbanista, gestor y promotor de obras, y lo hace apostando como inversor por el proyecto de la estación de esquí “Sierra de Béjar La Covatilla”, convirtiendo lo que llevaba casi todos los billetes del «fracaso» en una esperanza para la ciudad y su comarca, arrimando buenas cantidades económicas personales cuando la gestora acometía dificultades crediticias y de activo y mejorando a buen paso cada una de las dotaciones de ese espacio deportivo y de ocio (cada uno es muy libre de pensar sobre La Covatilla lo que mejor le perezca desde puntos ecológicos, económicos, turísticos y su puta madre, pero nadie puede negar que este proyecto partió del ayuntamiento de Béjar apoyado por una amplia mayoría de bejaranos y Paco salvó con su aportación económica lo que hoy es una realidad con futuro que emplea de forma directa a unas 90 personas).
2. En una de las reuniones de la gestora (Gecobesa), un miembro de la junta directiva propuso la compra por dicha sociedad de la finca “La Condesa” con el fin de construir en ella un camping que diera nuevas posibilidades al turismo en la zona, propuesta que cayó en saco roto, pero que Francisco Montero guardó con cuidado en su cartera de futuro.
En un breve plazo, Francisco Montero vio con claridad una opción de futuro y de negocio muy interesante y con muchos visos de realidad para nuestra comarca. Encargó un preproyecto y con él sondeó las diversas posibilidades de realización del mismo.
Vista la posibilidad que se abría ante sus ojos, comenzó un completo trabajo de consultas a todos los agentes económicos, políticos y sociales de la ciudad y su entorno –que llega hasta nuestros días–, decidiendo que su proyecto era posible y que iba a realizarlo con claridad y con todas los argumentos legales precisos –norma que siempre ha sido parte indispensable de su marca por lo que yo conozco y de lo que he sido testigo hasta la fecha–. Dio a conocer su proyecto en exposición pública, lo presentó a partidos, agrupaciones vecinales, empresarios y entidades financieras con el afán de recoger sugerencias, estudiarlas y adaptar el proyecto definitivo a las necesidades propias y a las ajenas.
El proyecto fue tomando forma y se fue adaptando a cada una de las consideraciones que marcaban las instituciones, hasta el punto de ser aprobado en su día con todos los parabienes por la Junta de Castilla y León, encontrándose a esta fecha en su primera fase de construcción.
Huelga decir que la compra de parcelas se hizo con el conocimiento de causa de los vendedores a precios bastante superiores a los establecidos por el mercado.
3. Paralelamente a este proyecto, Francisco Montero crea junto a Juan José Hontiveros (Pepe Hontiveros para los amigos) la sociedad Valdepalacios, S.L. con el fin de dotar a la comarca y a la ciudad de nuevos servicios hosteleros a la vez que realizar construcciones para viviendas de calidad en el centro de Béjar (para hacer negocio, por supuesto, claro, coño... igual que el tendero de la esquina o el aparejador de al lado). Dicha empresa ya ha rematado y abierto al día de hoy una cafetería restaurante en la Plaza de la Piedad –Piel de Toro– con nueve puestos fijos de trabajo, ha construido y apoyado la financiación de la nueva ubicación de una imprenta (la mía... y nadie piense mal, que yo pago cada una de mis deudas y si no lo hago me embargará Caja Duero, y a mucha honra) y está a punto de terminar un grupo de apartamentos de lujo en el mismo edificio, una construcción realizada en materiales de primera calidad y adaptada perfectamente al entorno en el que se ubica –Esta construcción reta la comparación cualitativa con cualquiera otra realizada en Béjar durante los últimos 100 años–. En la misma tónica, se han realizado unos apartamentos en Bohoyo y se está rematando un hotel de cinco estrellas en la misma población; se está remodelando un hotel en El Barco de Ávila –conformarán la ya denominada “Cadena Real” con los establecimientos Real de Bohoyo, Real de Barco y Real de Béjar–, y se acometerá en breve la construcción de viviendas de Rincón de Olivillas, en la que se construirá con las mejores calidades y diseños–. Este proyecto se ha presentado a las diversas instituciones y se adapta a la legalidad requerida según las opiniones de los técnicos institucionales –la culpa será de ellos si se equivocan, no del colega Paco–, pues es norma de Francisco Montero cumplir la ley sin consideraciones de economía o de adaptaciones normativas (hagan la prueba quienes quieran o puedan y comprobarán que Paco mandará adaptar siempre sus proyectos a la norma).
4. Paralelamente a su actividad como empresario, Francisco Montero toma parte activa en diversos foros ciudadanos, en fundaciones como Premysa y en diversos proyectos culturales y sociales del entorno, tanto en calidad de socio económico como de mecenas.
5. Al amor de su actividad empresarial ya se han creado en la zona más de 100 empleos directos en los apartados de construcción y servicios, manteniendo unas nóminas sobre el nivel general de la ciudad –compárense los sueldos de sus empleados en hostelería con los del resto de nuestro ámbito territorial–, y mantiene una alta proporción de puestos de trabajo indirectos en diversos campos en los que realiza subcontratas con empresas de la zona o requiere los servicios de otras, dándose la circunstancia de que es uno de los más importantes clientes de empresas bejaranas y de la comarca en las especialidades más dispares –materiales de construcción, piedra, madera, arquitectura, gestión, artes gráficas, electricidad… y un largo etc.–. Y hay que tener en cuenta que al amor de su impulso, y por sinergia, están surgiendo nuevas pequeñas empresas en distintos campos.
6. El resumen es que desde que la mano empresaria de Francisco Montero ha acariciado nuestra ciudad, un montón de personas han encontrado trabajo estable, un buen número de empresas han visto incrementadas sus cuentas de resultados y se han consolidado nuevas propuestas empresariales en la ciudad. A ello hay que sumar un nuevo estilo de hacer las cosas basado en la calidad –no se entra en este punto a valorar el subjetivismo estético del que mira, pero se afirma taxativamente que nunca se ha trabajado en Béjar con materiales de tan alta calidad.
Y todo se ha realizado con claridad meridiana, intentando convocar voluntades y cumpliendo la ley rigurosamente.
Se puede afirmar, por tanto, que la entrada en Béjar de las empresas de Francisco Montero ha traído posibilidades de riqueza, un optimismo de valor real y unas perspectivas de futuro muy importantes e interesantes.
También está claro que en cualquier actividad del calado de la que se está comentando tendrán que existir descontentos y personas con recelos, pero a ellos es a los que Francisco Montero busca “siempre” para conversar, para escuchar sus dudas y propuestas y para buscar, desde planteamientos de razón y siempre con criterios de legalidad, puntos intermedios de acuerdo a los que adaptarse para no crear tensiones.
¿Qué es lo que está mal?
[Nota de libros recibidos: «Las últimas palabras del soldado Crombez» de Laberinto del Viento, un precioso proyecto minimalista del colega Jesús Zomeño. «Fotografía, humor y Andalucía» de la Asociación Itimad. «Palabras de amor» de la colección Rumayquiya en su número 3. El nº 1 de la revista «Aldaba» de Itimad (estos tres últimos títulos vienen del colega sevillano Agustín Pérez González) y «Subhuti (fragmentos de una vida)» de Jesús Aller en una magnífica edición de Llibros del pexe].

Monday, December 25, 2006

Dios resta al hombre... y lo divide


La cena de Nochebuena fue triste porque la casa de Magdalena y Ángel es ya triste desde la luz cenital como agotada hasta el color de las paredes y la pátina repasada de los cuadros. Cenaron con nosotros Youssouph y Malick y entre el caldo con queso y las gambas al ajillo pusimos a Dios como un trapo en el fondo sur de esa angustiosa sala-comedor, y entre los champiñones al ajo y la macedonia de cabreo turriónico nos toreamos al Sacyl y a su puta madre, y con los mazapanes y las guindas al marrasquino pusimos despedida y cierre a una nada que ya lo era aún antes de empezar a asomar.
Por un momento pensé en levantar la liebre de los truenos, pero acabé sintiendo conmiseración por los invitados y guardé un silencio lleno de palabras sin sentido.
La Nochebuena es para los cristianos viejos y para los críos ilusos, y yo ya voy mayor y he hecho voto de castigo contra los poderes de Dios en la Tierra y aledaños, así como contra esa corrida de acólitos con los ojos mirando constantemente al cielo.
(17:32 horas) La comida de Navidad fue en casa de mis padres y opípara, aunque apenas probé casí nada, pues la mala hostia me quita el hambre y durante estos días acumulo demasiada. Lo siento, mamá, pues todo tenía una pinta sobresaliente y sé que te pasaste horas en la cocina intentando el banquete que no quise darme. Te quiero.

Sunday, December 24, 2006

Yo, en vez de sentidos tengo direcciones.


La parada técnica de la red de redes le ha traído también silencio a este diario, aunque a mí no me ha traído descanso –ya se sabe, Navidad es un tiempo de consumistas y en las empresas hay que trabajar más–. Le he dado fin a la edición personal de cinco ejemplares de este diario –desde 2002 hasta nuestros días– y me ha dado tiempo a leer algunas cosillas que tenía pendientes.
Cabe destarcar de este tiempo de silencio que la administración autonómica y su azar sanitario están como una puta cabra, y lo digo en base a que Malick ha recibido hace un par de semanas una notificación del Sacyl por vía de urgencia en la que se le reclaman cinco millones ochocientasmil pesetas [5.800.000 pts.] por la atención hospitalaria que se le prestó para curarle de su enfermedad (hay que explicar que Malick llegó a Béjar por un programa de dispersión de inmigrantes sin papeles arbitrado por el gobierno español, y que dentro del protocolo de dicho programa se incluía la realización de un reconocimiento médico para determinar el estado de cada uno de los inmigrantes. Malick llegó con hepatitis B y con tuberculosis en un estado avanzado, por lo que el médico de urgencias determinó su ingreso en régimen de aislamiento, dado que su enfermedad era contagiosa). La carta indica que si en el plazo de quince días no se abona la cantidad requerida, se tramitará expediente administrativo. ¿No es la hostia? El coleguita llega desde Gambia porque en ese país no tiene dónde caerse muerto, el Estado español le declara “sin papeles” y lo deja al pairo [ser un “sin papeles” significa que no puedes trabajar y que no te mereces ni la tierra que pisas porque “no existes”... le curamos, porque somos un país avanzado y solidario, y viene la Junta de Castilla y León y le pasa factura “leonina” y se la envía a «su» dirección postal con «su» nombre y apellidos... ¿Pero no quedamos en que Malick no existe a todos los efectos?, ¿o es que no existe para poder trabajar, como él está deseando, y sí para tener que pagar unos servcios que él no ha demandado, sino que se los hemos dado nostros por la vena de la ayuda humanitaria y se le ha ingresado en un hospital contra su voluntad [él quería irse a Barcelona con el resto de sus compañeros de viaje]? No entiendo nada, de verdad.
Y en el entrecabreo recibo el nuevo poemario de mi Diego F. Magdaleno, «Libro del miedo», al que vuelvo a llamar “cabronazo” por escribir tan deliciosamente como lo hace, y encima me dedica su poema XIII, una pasada: «El dolor de los otros / se amontona en tu puerta. / Ordenas / el amor por colores, / y tus palabras crecen / en los huecos del tiempo, / sin preguntar / por la luz olvidada / que no deja de herirte.». Para matarle y para comérselo a besos a la vez. Gracias, tío.
Y de regalo de Navidad molón y curioso, la felicitación oficial del colega Jesús Mágala, desde la Subdelegación del Gobierno en Salamanca, con un aforismo de mi «Aráñame» que ya me ha traído diversas llamadas y algún que otro pedido de mi librito frasero. Gracias, Jesús, muchas gracias.
También dejo acuse de recibo de una carpeta curiosísisma de la Escuela de Arte de Mérida con un trabajo a medias entre mi queridísimo Antonio Gómez y el fotógrafo Ceferino López. Esta vez mi Antonio vuelve a lo versal en una historia que titula «Agua, pan y cama»... «Nuestro presente // una consecuencia / de sueños ajenos.». Y se queda tan fresco en la sentencia.
Tengo suerte, una suerte enorme de amigos sensibles que buscan y encuentran a veces, que son gloria porque pisan la calle y saben dejar un rastro sobresaliente por el que pisar con indicio. Antonio es un tipo especial y yo me siento orgulloso de tener su afecto en mi cuenta corriente, y me avergüenzo un poquito de no haber respondido aún a su petición tranquila de colaboración en el proyecto «Robos y hurtos. Archivo de confesiones», pues ya he perdido dos de sus fichas (una de ellas, que me entregó en Morille, ya realizada) y ahora recibo la tercera junta a su carpeta creativa. Me voy a poner ahora mismo a currar en ella para enviársela rápido, que estoy en falta.
(12:33 horas) Quisiera olvidarme de esta parte del año, que todo el jodido consumo pasara en un segundo y me encontrase en la misma situación que antes de ayer, en un pueblo vacío y habitable, con su paisaje semirroto en lo urbanístico, pero manteniendo aún esa cosita de soledad y espacio entre personas que tanto me gusta. En fin, será imposible, aunque el calendario se ha encargado este año de ponérselo difícil a los foráneos haciendo coincidir los festivos con el fin de semana. Y quisiera olvidarme también de los ingratos, de los clientelistas, de los negociantes, de los necios y de los borrachos de temporada... pero tendré que soportarlos. En fin...
(13:05 horas) A veces lucho con un rostro que se me ha quedado prendido en la memoria con alfileres, sin más datos que un par de gestos y cierta sensación de agrado. Me paro e intento indagar en esas líneas nítidas que no son nada ni nadie y me desespero por no poder llegar a concretar más sobre esa imagen nítida. Rebusco... y en mi cabeza encuentro millones de gestos sin nombre, sin historia clínica cerebral, gestos que me han dicho algo o me lo han querido decir, rostros que me han agradado o desagradado sin saber por qué. Y no entiendo nada, no domino el proceso, no sé los trámites ni los protocolos que utiliza mi cabeza. Y luego me aburro, me aburro mansamente.

Sunday, December 17, 2006

No me funciona internet, coño

Entrada telegráfica para aprovechar que internet se abre por fin en estos últimos días y para dejar anotadas algunas cosillas que no quisiera olvidar.
Recibo libro del colega Juan López–Carrillo –«Los muertos no van al cine»– justo cuando conozco la noticia de que Ramón García Mateos se ha alzado con el premio de poesía Ciudad de Salamanca, lo que me sirve de enorme satisfacción y viene a indicarme que la nave va –enhorabuena, hermano.
Asamblea general de Premysa con cambio en la dirección –mis mejores deseos para la salud y el futuro del amigo Cipriano y para el camino que le queda a Manolo Bruno– (Ya realizaré con más calma mi resumen asambleario).
Catarro de familia y mil gilipolleces que solventar por un no sé qué de que lo tonto es importante.
Llamada chula de José Luis Morante.
Poemario en capilla, esta vez en Cuenca, en la casa editorial del genial Segundo Santos.
Mil mensajes por responder y unos cuantos por leer.
Mi correo anda lleno de anuncios de Viagra.... ¡¡¡Voto a bríos!!!
... Llega la Navidad y es todo puta mierda.
Bah.

Monday, December 11, 2006

John Keats


Llamada de Morante con promesa de visita en las fechas navideñas –¡¡¡Albricias!!!– y con el comentario de que Miguel d’Ors anda molesto conmigo porque no ha salido su libro «Virutas de taller», que era una edición de la colección «4 Estaciones» dirigida por Lara Cantizani y perteneciente al ayuntamiento de Lucena.
Por dejar aclarado el asunto, apunto en estas páginas mi visión de la jugada:
1. Se me encarga como impresor –por llamada directa de Lara– la edición de ese libro hace aproximadamente un año y medio, circunstancia que le comunico a Antonio Garrido con el fin de que atienda a la maquetación hasta arte final del mismo –yo apenas estoy en el asunto, pues mis labores en la imprenta son otras.
2. El libro se maqueta a partir de un original enviado directamente por Miguel d’Ors a Lara en un documento word que no resulta compatible con el sistema operativo de Mac, que es el que utilizamos en la imprenta, perdiéndose en el tratamiento tipográfico realizado por el autor todas las cursivas y algunos signos específicos. Se anota que no se nos envía prueba de papel, por lo que nos resulta imposible cotejar con un original.
3. Se le envían primeras pruebas a Lara comentándole la incidencia y Lara se las pasa a Miguel.
Ya en esa fecha Lara me comenta que probablemente no haya fondos a corto plazo para ese libro, a lo que yo le respondo que no hay problema, que me puedo adaptar a sus condiciones, que realizamos la tirada de edición y ya se arbitrará la forma de pago como sea.
4. Se reciben primeras correcciones de Miguel con comentarios algo fuera de tono al margen de algunas páginas –sí comentamos en la imprenta al leer sus notas que el tipo es un maleducado–, sugiriendo que Antonio le ha cambiado con intención palabras de su texto original y adjuntando unos dibujos en línea para sumar a la maqueta, lo que trastoca el trabajo ya realizado y hay que comenzar de nuevo.
5. Se envían varias pruebas más con correcciones y cambios indicados por Miguel, recibiendo siempre sus nuevas correcciones con palabras contra el maquetador –quizás suponía que era yo y que mi voluntad andaba por los caminos de que su libro saliera mal, pero repito que no he tocado jamás la maqueta, pues era un trabajo de Antonio Garrido.
6. Después de un montón de meses con el trabajo realizado y con un montón de pruebas enviadas al autor, recibo una llamada de Lara para indicarme que se retira el título de edición por razones que debe explicar él, que yo no las conozco. A partir de esta situación nueva, sólo puedo decir que el perjuicio fundamental lo sufre mi empresa, que no puede realizar un trabajo en el que ya se han echado un montón de horas, y todo sin haber hecho más que lo que se nos indicaba por el cliente –dejo claro que no mezclo mi trabajo con mis aficiones, con mis filias y con mis fobias.

Y ahora me cuenta José Luis que Miguel está cabreadísimo conmigo(?) y que me pone a parir por una carta que le remite –a mí nunca me ha escrito ni me ha llamado Miguel con referencia a este asunto–, cargando sobre mis hombros el que no salga su libro en «4 Estaciones».

Yo, sinceramente, a Miguel le he respetado siempre como poeta y como crítico, es más, he llegado a sentir admiración por él. Su ideario político me la trae floja y su forma de ver la vida y vivirla, pues también. Lo que sí me preocupa es que me utilice como culpable absurdo de un asunto en el que no tengo nada que ver. Su problema será, en todo caso, con el ayuntamiento de Lucena y con Lara Cantizani, editor y director de la colección en la que iba a salir su texto editado.
Mi relación en este asunto ha sido directa con Lara, y también cordial, como siempre y como corresponde a dos personas que se consideran atadas por la amistad.
Los problemas entre autor y editor deben resolverlos entre ellos de forma amistosa o en los tribunales, y los problemas entre la imprenta y el editor deben seguir el mismo cauce –en este caso han bastado unas palabras para saldarlo todo con un «no pasa nada, colega».
Así las cosas, sólo me queda decirle a Miguel que me olvide, que me borre de sus listas y que haga que sus amigos literarios también me borren, coño, que yo voy por libre y a mi bola... y que se deje de alucinaciones, de fantasmas y de monstruos/menstruos, que yo estoy en mi empresa para trabajar y ganar dinero con mi trabajo y no para aguantar payasadas absurdas de tipos con fijaciones extrañas.
¡Ah!, y prometo comprar el jodido libro cuando lo edite alguien, aunque sea para no leerlo.
(22:09 horas) Llevo tres semanas con internet jodido y me siento tecnológicamente herido de gravedad, como ahogándome en un silencio muy distinto al que estoy acostumbrado. Tal circunstancia me ha hecho perder la comunicación con mis colegas y la conexión con las cosas que suceden en el mundo. Lo bueno es que este silencio me ha dejado tiempo de escritura y de lectura, por lo que, si no dura mucho la avería, podré decir que no ha estado mal.

Friday, December 8, 2006

Federico Garcia Lorca


Otro año más. Ya. Pasó.
Nos invitaron a comer mis padres en su casa y fuimos los cinco con hambre y ganas de estar juntos. Paella de mamá –que es una pasada–, Chuletillas de cordero, salmón, flanes caseros y tarta de chocolate blanco. Me encantó la reunión y que me llamara mi hermana durante la comida.
Mientras se retiraban los platos de la mesa me preguntó mi padre delante de mi madre: «¿Hijo, cómo la ves?». Yo le contesté que guapa de morirse. Y mi padre: «Es que yo se lo digo y se ríe de mí, no me deja decirle esas cosas y se anda quejando todo el día de que está mayor... que se compare con esas amigas que tiene, que se compare...». Y mi madre: «Calla ya, que estás tonto. Si no hay más que verme...». Me encanta verlos así, discutiendo entre sonrisas por amor.
Y es que papá las ha pasado putas con la enfermedad de mamá. Emocionalmente lo ha llevado mucho peor él que ella, pues se ha visto solo en situaciones realmente jodidas, y su carácter y su sensibilidad sufren enormemente con estas cosas. Y ahora que la ve rebosante de alegría, con la salud recuperada, se vuelve todo mohínes y tiene constantes detalles con ella –mi padre, que nunca fue un hombre de detalles–, y yo creo que mamá está entre perpleja y feliz, y juega con él entre el gusto y el disgusto... En fin, encantadores, unos cielos, hermosos de verdad.

Blanca Varela


Después de no saber nada de Belén durante un montón de tiempo, hoy me llega un paquetito suyo con un precioso regalo de cumple, un disco de Malicorn, «Marie», que me sabe a gloria bendita. Es estupendo que los amigos estén siempre, aunque sea en silencio, y Belén es una amiga a la que no querría perder nunca. Gracias por ser y por estar siempre. Un beso.
(22:42 horas) También es imposible ser libre en los mundos imaginarios, en los caminos pararlelos y en la suposición de la vida de los demás. Y es jodido darse cuenta de ello, sobre todo cuando has apostado toda la fortuna a esa baza. Yo aviso a los caminantes para que no se lleven desilusiones: Colegas, nunca podréis ser libres, en nada.
Ajo y agua.

También hoy me han llegado noticias por terceros de Luis Alberto de Cuenca y de Alicia Mariño. Me cuentan que están fabulosos y que siguen en su tono. Yo me alegro mucho a la vez que cierro los ojos fuerte, fuerte para que se convoquen los astros y propicien un temprano y gozoso encuentro, pues son unos colegas a los que quiero de verdad y a los que defiendo en cualquier circunstancia, y sobre todo de la mala idea que tienen sobre ellos algunos chavalines del mundillo literario en pañales. Luis Alberto es un poeta de una vez, clásico y moderno, intelectual y cercano, divertidamente ocurrente y profundamente lírico... Y Alicia, ay, Alicia... la mujer perfecta de poeta en carretera. Os quiero, colegas, os quiero de verdad. A ver si hay suerte y nos vemos pronto.

Wednesday, December 6, 2006

Carmen Martín Gaite


Llegó el jodido frío atacándome fuerte a los bajos. Otra vez la cistitis crónica vuelve a traerme una incomodidad de la que ya me había olvidado.
Mi hija se ha ido a pasar el puente en Salamanca con las amigos y confieso que me cuesta un poco procesar esta circunstancia –cosas de ser padre–. Sé a lo que va y confío en ella, pero me queda un no sé qué protector que me hace permanecer constantemente alerta y pendiente de sus llamadas. Imagino que esto se irá diluyendo con el tiempo, como todo. En el fondo no quiero que se vaya nunca de casa.
Para pasar mejor el agobio, me he puesto a maquetar este diario con el fin de sacar unas copias de todo el material que conservo. Me falta la segunda etapa, que la perdí en un estallido del sistema informático, y la primera, que está publicada en «Béjar Información» y habría que hacer el trabajo de picarla –para tal empresa ando ahora sin ganas–. Me apetece imprimir un ejemplar para cada uno de mis hijos y encuadernarlos con el fin de que si un día quieren saber algo de este minga lacia, puedan hurgar en estas páginas y verme de otra forma.

Tuesday, December 5, 2006

Maite Iglesias


Recibo emocionado mi primer regalo de cumpleaños. Mi coleguilla Maite, la divina chelista intranquila que ya me descubrió a la Du Pré, que me arregló una semana con el «Swinging Bach» o con las hermosas sorpresas Maitana, me ha hecho llegar un tesoro de los de verdad junto a una antigua edición Grijalbo de «La isla de las tres sirenas», de Irving Wallace –prometo leerlo con mis gafas viejas–. El tesoro es hermoso de abrir... [me falta la música de fondo en este punto, que debe ser algún tramo Yann Tiersen... por ejemplo «Si tu n’etais pas là»]... una caja de lata con un pañuelo de gasa rojo perfumado, cuentas y conchas, anillos, iconos, recortes, postales, planos, papel de fumar, monedas, chismes... que en conjunto conforman algo mágico, delicado y delicioso. Abrir la caja me ha llevado a un mundo especial y paralelo del que no quisiera salir nunca... ¡¡¡Qué bonito, Maite!!!
Pongo a cero mi marcador y entro en deuda.
(21:15 horas) Mi Barça va ganando por dos goles a cero al Werder Bremen y me autoimpongo el castigo de no verlo para no caer en esos estados de euforia que me hacen dar saltos –ando aún a la greña con mi jodida lumbalgia.
Se tarda en aprender cuál es nuestro lugar en el mundo –la mayoría muere sin haberlo averiguado–, y eso es fundamental para desaparecer bien, para irse de aquí con una sensación de cadáver exquisito. Yo estoy en ello, y no sé si me queda grande el traje o si ha mermado tanto que ya nunca podré embutirme en él.
Varias cosas me interesan en este sentido y en ellas y con ellas enredo a diario. La primera es la verdad, conocerla, procesarla, tratarla, indagarla... y debo confesar que la verdad es dura por cualquier lado que se la mire. Trabajando en parámetros de verdad, mi lugar en el mundo es una mentira amable para con los demás y jodidamente dolorosa para mí mismo. Sé lo que sucede a mi alrededor, cómo son los que me rozan y cómo soy yo, en qué tonos vibran y en qué sinrazones me sujeto. En todo caso, aún me falta alcanzar el descaro de la verdad.
Otro punto en el que trabajo constantemente para encontrar mi sitio es en la razón, intentando con ella llegar a comprender el proceso que me tiene y me mantiene anclado a una cosa social que no va para nada con mi planteamiento del mundo, conformando poco a poco un ideario balbuceante que quiere acabar siendo algo así como un manual del mundo practicable para Felipe.
Y, por fin, la justicia, esa nada que debiera ser obligatoriamente genética en vez de legítima. Desde este parámetro es quizás desde el que mejor puedo ubicarme en el mundo.
En todo caso, es tan difícil.

Sunday, December 3, 2006

Lawrence Ferlinghetti


Se acerca mi cumpleaños y ya ando enredado en ese sentimiento repetido del mal de edad. Visualizo las nuevas cifras y me acojono. Me miro al espejo y me acojono aún más. El disfraz no sirve, pues aparecen los cuarenta y nueve tacos encendiendo unas canas que quieren esconderse entre una melena que se me hace ridícula para mi edad, la barba se nieva más que la jodida Sierra de Béjar –o de Candelario, que es la misma– y el descenso se señala en las cicatrices que marcan toda la piel y que ya no desaparecerán sino con la putrefacción.
¿He sabido crecer?... No lo sé, aunque para mi bien he mantenido siempre un espacio aparte en el que desenvolverme fuera de los rigores del cuerpo.
En lo físico, este año lo he saldado con una pérdida ostensible de peso que no sé a qué se debe, pues no he puesto nada de mi parte en tal circunstancia; no he visitado ni una vez a mi médico de la Seguridad Social, he pasado una gripe severa, dos o tres catarros, varios ataques de cistitis y una lumbalgia cabrona que me producía una risa floja de dolor.
En el curro, he asumido más riesgos este año que en toda mi vida, pero no me preocupa en absoluto, pues ya he comprendido que el dinero es una mierda de uso y que el que venga detrás que pelle con lo que haya. Nueva local de imprenta, nuevas máquinas, nuevo refugio para escribir y pintar... y cierta angustia por dejar a mis hijos algo tangible que les ponga un poquito de solución de futuro.
En lo creativo, fatal. No he podido darle fin a la biografía de Luis Pastor, tengo mi eterna novela a medias y le he dado fin a mi poemario «Esa intensa luz que no se ve», el poemario en el que más tiempo he puesto de todos los que he escrito hasta la fecha. También he seguido alimentando mi mundo savonarolia, que es el que me ha salvado un poco del naufragio total.
Los sentimientos, bien... muy bien... inmejorables. El amor tranquilo ya se ha asentado y me encanta la vida en pareja que tengo –Mª Ángeles tiene mucha culpa de ello y se lo debo a muerte–. No me quejo de mi vida sentimental.
La familia, chunga. Magdalena a su bola, Ángel complicándolo todo y las hermanas de Ángeles sin entender cómo se debe armar un universo viable de familia con enfermo –habrá que aguantarse o joderse, que es lo mismo–. Mis padres francamente bien, aunque con la cosita de mi madre siempre pendiente de un hilo extraño.
Y los hijos... ¡Ay!, los hijos. Mariángeles, preciosa, poniendo en orden su vida e intentando entender el camino –a ver si este año me da más y mejores gastos–; Felipe sigue siendo la revolución, una hermosa revolución que me cabrea unas veces y otras me entusiasma, pero que siempre me muestra un cariño que necesito como el oxígeno.
Guillermo... divino, absolutamente divino, el hijo que desearía cualquiera... Ayer me contaba Mª Ángeles que el crío le dijo muy en secreto: «Hay que comprarle a papá un abrigo para su cumpleaños, que me ha dicho que hay uno que le gusta mucho.». Mª Ángeles me lo contó para que le explicase qué tipo de abrigo era, y yo quedé sorprendido, pues no me gustan los abrigos y no recordaba haberle dicho tal cosa a Guillermo... hasta que caí en la cuenta... Cuando el niño sale del cole y le recojo, siempre le pido que me cuente lo que ha hecho en clase, si se lo ha pasado bien... esas cosas de padres e hijos. El caso es que cuando Guille acaba de contarme su jornada escolar yo le beso muy fuerte y digo en alto: «Éste es el que va a comprarme a mí el abrigo de visón con su primer sueldo». Ja, ja, ja... Guillermo procesó esa frase tan repetida y se ha empeñado en que tenga el abrigo de visón antes de su primer sueldo. Así es mi Guille, un cielote para el que no tengo palabras, un amor entero.

Saturday, December 2, 2006

Corso


Hablo con mis amigos y todos andan enfrascados en nuevas ediciones, revistas, poemas... se agrupan y se desagrupan para formar otros grupos... y me hablan de los editores como del último partido de su equipo de fútbol... que si Chus Visor me dijo, que si he hablado con Sergio Gaspar, que si Munárriz me ha prometido... ¡¡¡Mierda!!!
Sé que todo es mentira, hasta la misma mentira lo es, y que son unos desgraciados mendigando papel para sus poemas, que todo es absolutamente falso, y me río por dentro porque yo estoy fuera de juego –de su juego– desde hace un par de años.
¿Valgo para algo? Pues sí, valgo para ir enterrándome con tranquilidad y sin demasiada prisa..
¿Y la poesía?, pues varada a la espera de que suba la marea.
(23:00 horas) La mujer que dibujaba corazones en su ventana no buscaba pájaros ni puentes... buscaba un cuerpo en el que quedarse a vivir sin darse cuenta.
(23:04 horas) Es cansado tener que seguir en esta historia si suena en mi cabeza el «Baby, let me followyou do...» cada vez que me siento indecente, si recuerdo el magnífico final del poema «Corona» de Paul Celan... «Es hora de que la piedra se apreste a florecer, / de que al desasosiego le lata un corazón. Es hora de que sea hora.»... cada vez que siento cómo una tranquila tristeza toma mi cuerpo, si se me aparece el nítido rostro de alguna mujer fantástica cuando miro mi desnudo en el espejo, «O que é, o que é», si imagino la pequeña república de mi abuelo mientras sangraba cuando busco seguridad, si dibujo tu cuerpo desnudo cuando caigo en la cuenta de que no lo he visto jamás... Llueve afuera y tarareo «Gli impermeabili» junto a Paolo Conte sin inmutarme, sin sobreactuar... porque también llueve adentro y no tiene pinta de escampar en unos meses.
En fin.

Friday, December 1, 2006

Truman Capote


Escribió el mejor Roger Wolfe que «Tienes derecho a decir todo lo que te esté permitido decir», luego se hizo más oscuro, más deudor de su tiempo de calle, más derrotado en todo. Pero me seguía gustando.
Más tarde se vino a hacer bastante parecido a mí, y ya no era un maldito, sino que se había convertido en un maldito poeta... y se hizo el triste que es hasta el día de hoy, un triste tan como yo que parece que ya no le queda oxígeno posible.
Y me alegro de haberle publicado sus «Poemas desde un quinto sin ascensor», y que no merezcan reseña alguna en su bibliografía, porque fue un capricho mío con respuesta descatalogada.
Quiero especialmente a este tipo, a lo que fue y a lo que es, a lo que era y a lo que ha venido a ser. Otros –casi todos– son bastante peores. Sí, tengo derecho a decir todo lo que me está permitido decir, pero además siento el irrefrenable deber de decir todo lo que no me está permitido decir.
(21:44 horas) ¿Para qué tener problemas que te compliquen la vida cuando empiezas a rozar el medio siglo?, ¿para qué callarse todo... o decirlo? Ya nada importa, pues he entendido que todo está sujeto un decurso en el que apenas soy capaz de intervenir.
Dejarse llevar y esperar la sorpresa que te depare el día sin hacer gestos altisonantes, comprender mejor que el idioma interviene de forma definitiva en tu forma de ser imbécil –lo anoté hace tiempo en uno de mis aforismos– y no consolarse con nada, porque el consuelo es asunto de mediocres hombres tranquilos... Y ser un tipo dinámico tampoco sirve para mucho, aunque es preferible sumar cierto gesto de dinamismo a lo más simple que te plantees para engañar a las vísceras.

Thursday, November 30, 2006

Allen Ginsberg


Día de absurdas marcas superadas: entre Ríchar y yo nos hemos cepillado el mateado de doce enormes lunas de templado cristal con un vinilo de puta madre. El saldo, un dolor de riñones espectacular y una sensación hermosísima de obrero radical y pirindolo.
(22:28 horas) «He visto a los mejores cerebros de mi generación...»... caer como aves con las alas rotas entre los juncos, ébrios por el dinero y locos por un ascenso en su miserable trabajo o destruidos por una mujer o por un hombre... Ah!, Ginsberg, las nuevas jodidas drogas los hacen aparecer humillados, vencidos hasta en su máscara, líquidos por dentro... y no los he visto aún morir y ya están muertos... Sería mejor verlos destruirse en alcohol y anfetaminas que encontrarlos así, esclavos de una producción que no pertenece a su mundo. Ellos también «atravesaron las universidades con radiantes ojos tranquilos», «se acurrucaban en ropa interior en habitaciones sin afeitar» o «hablaban sin interrupción durante setenta horas»... pero se dieron al infierno de sobrevivir sin acertar a convocar un final digno, se vistieron al modo de la época y encontraron todos los justos gestos de lo falso.
Los veo a diario, Ginsberg, y recuerdo que eran los mejores cerebros de mi generación.
Y yo intentando atender a mi musa.
¡¡¡Mierda de aullido!!!

Wednesday, November 29, 2006

Marco Terencio Varrón


Es la hostia. Durante la cena, con referencia a un colegio en el que han decidido no hacer el festival de Navidad con los críos, he escuchado decir al portavoz de la Conferencia Episcopal –poniendo una carita de imbécil que no sé describir bien– la frase: «¿Negar la Navidad...? [sonrisa estúpida]».
¿Qué pasa, que no se puede negar la Navidad?... Desde luego que no en el sentido más comercial y capitalista del asunto... quizás tampoco desde el absurdo de la jodida tradición... y aún tampoco en lo referente al marqueting del cristianismo milongo... pero sí que se puede negar desde la óptica profesional de unos profes que cobran por enseñar materias y conductas sociales y no por hacerle el caldo gordo a la más retrógrada y sangrante de las sectas conocidas... se puede negar por convicción agnóstica, por asco, por tristeza, por las jodidas diferencias que fomenta y produce, por la mierda que la sostiene y por la auténtica falsedad de su base –habrá que leerse las covenciones de los diversos concilios de Constatinopla y el de Trento para empezar a entender algo de esta matemática tan exotérica y faltona... promulgación de fechas claves en la supuesta vida de Jesús buscando unirlas con provecho a las fiestas y tradiciones paganas con el fin de ir ganando el acercamiento de los fieles...
Y ya puestos, además de negar la jodida Navidad en voz alta, baja y sin ella, también voy a negar a Dios –si es que puede negarse lo que no existe– y a todo lo que huela a él –claro, que no puedo negar a los que sibilinamente lo inventaron, a los que mansamente creen en él -Él– a pies juntillas ni a los que con vista de lince lo reinventan cada día.
Ojo, que respeto al hombre creyente, pero nunca a la masa creyente –me importa un pito el tipo de dios con el que se decida trabajar esta ecuación–, y por ese respeto a su afirmación de Dios, pido igual respeto a mi negación del mismo.
En todo caso, sí, rechoncho y blanquito amigo «portavoz», se puede negar la Navidad con la misma tranquilidad que se niega al unicornio, a la vida en Raticulín o a la suerte de una moneda que cae en la Fontana de Trevi.
Feliz diciembre, ínclito padre Martínez Camino.

Tuesday, November 28, 2006

Monique Ilboudo


Me gusta que las musas sean dispersas y tengan vida propia, que sufran y que gocen, que adopten sin quererlo una pose entre humana y vegetal –pues disfruto al regarlas con frecuencia o sacarlas al oreo de la madrugada–. No han de haber hecho nada especial para ser musas, pero deben sentirse como tales cuando lanzo mis dardos, es decir, conocer su hermosa calidad de musas y saber con certeza que son objeto poetizable y creativo.
Para ellas guardo mis mejores metáforas, los arrebatos líricos, los deseos más últimos y un claro sentimiento de que sean felices. Si en mi mano hay materia con la que construirles una casa en la playa o un castillo de arena, pueden estar seguras de parcela y entorno... sus problemas son míos, su tristeza me amarga, su dolor causa heridas profundas en mi cuerpo y su risa contagia una risa extranjera en mi boca de plástico.
Las quiero como son, nunca como quisieran ser, y voy creando un mundo donde vivir con ellas.
Aunque soy polígamo de soledad, en mi serrallo paralelo canta la favorita cada día un canto de sirena que me atrae como a un náufrago.
Sin mis musas soy nada... con ellas soy la nada... y hurgo en la diferencia.

Monday, November 27, 2006

Tariq Ali


Hay un rastro de cosas por hacer que me perturba: Lo hijos, un espacio donde arder y dispararse a la sien sin saber acertar un solo tiro. El trabajo, endiablada virtud de hombres que odio a rabiar y fuente absurda de desesperación y tiempo perdido. La poesía, ese cuchillo tan mellado últimamente. El amor, con sus breves traiciones y sus tontos regresos...
Ayer asistí como sin querer a la inauguración de un local en el que pululaba el «gran Béjar» con sonrisa de plástico... arquitectos, contables, secretarias, bancarios, ingenieros, políticos, vendedores de vinos... Un mosaico perfecto para un pequeño film del mejor Jacques Tati: los personajes justos para ser decorado, el decorado exacto para ser personaje, la luz de lunch, el azar rebuscado de miradas jugando a no encontrarse.
Saludé con mi mano derecha al alcalde en su visita al excusado, jugué a no dejar paso a una chica de moda, bebí como los ricos en orinal de vidrio un vino de ancha añada, probé delicias breves poniendo caras raras, abracé a un par de amigos, rogué postproducción en mi intento Premysa, regalé risas netas y complices miradas, hice algún chascarrillo con fondo de consorte, fumé de gorra y todo...
Hay un rastro de cosas ya hechas que me perturba, y no atino a acotarlo en palabras o en números... no sé si este mes será el último que cobre, el último que viva, el último que ame, el último que fume con justa elevación un Chester sin boquilla... no me importa.
El caso es que he aseado mi rostro, lo he pulido con la rapizadora de barbas endiabladas y se me ha quedado cierta cara de niño cabreado por la falta de un montón de caprichos.
Soy mayor y me siento en esta circunstancia algo más solitario.
La gente me da risa.
Me muero por no verlos.

Sunday, November 26, 2006

Nasir al-Din Nasir Hunzai


Ya va siendo necesaria una revolución en condiciones, una de aquellas con Bastilla o con Potemkin, una revolución de carritos de bebé rodando por escaleras, de sangre encharcándose y mezclando la miseria de los nuevos ricos con el triunfo de los viejos pobres –los ricos de siempre ya se ocuparán de irse a sus castillos de invierno a verlas pasar–. ¡¡¡Una revolución, coño!!!, sí, una que se cepille de un plumazo a los especuladores, una que no permita la presunción si hay pelas y la condena si no las hay, una que deje en camiseta de tirantes al gilipollas de corbata y traje de fina alpaca, en camiseta de tirantes y en calzoncillos blancos, una que se carge de un plumazo la cocina de diseño y las mingadas currucucú de todos los minimalistas mundiales... una jodida revolución con su estética de aquí se acabron los coches distintos y los ojos pagados para mirar y los oídos tapados para todo... una revolución sin colonia y sin jabón, sin cremas y sin aloe vera... una de agua clara y fría, un agua que despierte y despeje, que encienda motores sin más. ¡Ay!... aquella «Canción ritual que habla de España» del Pablo Guerrero que llenó mis días encendidos e incendiarios... «Tu cabeza está llena de bicicletas blancas, tu corazón un tren desbocado y oscuro. Por tus venas galopan caballos alarmados. Amas el sol y el riesgo, el fuego y el futuro. Islas hay en el tiempo donde vivir querrías y pueblos donde son las tareas comunes: En la escuela se aprende a manejar cometas y a vivir, que es lo mismo lo mío que lo tuyo. Y sales a la calle y la ciudad te niega, y dos y dos son cuatro y mañana hace frío y hay una chimenea debajo de tu cama y alguien dictando normas dentro de tu bolsillo. Y en la pared escribes tu granada de sueños, tu estallido de nuevos horizontes auroras. Y tu imaginación contra la gris costumbre pide: ¡la vida es nuestra!, ¡¡¡paraíso ahora!!!». Sí, coño, ¡¡¡PARAÍSO AHORAAAAAA!!!

(17:58 horas) Después del pasote currero del fin de semana –currando para «que me lo agradezcan»–, cabreado como un cura salesiano y sintiendo con rabia varios intentos de humillación profesional y personal de un par de pericos... cerré el garito a cal y canto y me leí a Raúl Vacas: «Al fondo a la derecha», una colección de sus artículos en «Tribuna Universitaria» que no me han llegado en el mejor momento –lo siento, colega– y su «Consumir preferentemente», con chulas ilustraciones de Pep Monserrat y una poesía ocurrente que me ha hecho sonreír y hasta pensar un ratito. Gracias al colega por aguantar mi cabreo con sus prosa, su versos y su tranquilo paso. Prometo un mejor día de relectura, que lo merece.

Sharat Chandra Chattopadhyay

¡¡¡Joder!!!... Trasegar con este minidiluvio y esta puñetera ventolera cien paquetes, como un repartidor o un digno butanero de los de «no hay polvo»... y luego aguantar la mediocridad iridiscente de los ampulosos nuevos ricos con sus violaciones pueblerinas a mis diseños gráficos... y luego mudar la color con el recadito plus encima del teclado... y después sentirme individuo... individuo de mierda.

Thursday, November 23, 2006

Jaime Gil de Biedma


(imagen del colega Victorino G.... gracias, hermano).
Calidez y buen rollito es lo que he encontrado en mis dos actividades salmantinas, la presentación del libro de Mamen Somar y la conferencia entre comillas para el equipo de investigación de la Universidad de Salamanca que coordinan Germán Labrador y Fabio R. de la Flor... Buen rollo de verdad y un ratito delicioso con Abraham Gragera –mi niño maestro–, con el impecable Raúl Vacas, con el espíritu más perdulario y hermoso de Fernando R. de la Flor, con Victorino –la imagen viva del entusiasmo y la rabia–, con Jesús Portal y sus gloriosos espacios vacíos, con Amelia Gamoneda y consorte –unos cielos–, con Germán y Fabio –potentes siempre en la expersión y delicadísimos en las formas–... y tantos otros colegas que me hacen importante por su mirada y su afecto... Os quiero a todos, coño... os quiero.

Monday, November 20, 2006

Ángel Crespo


Hoy hace la hostia de años que la vida le dio finiquito al General, y, por fin, me olvidé de salir de casa con mi pajarita roja en el cuello –como he venido haciendo cada año desde que finó el asesino–. Sí que he tenido un recuerdo para mi abuelo Felipe, para sus tres rosas de sangre en el pecho, para la terrible soledad que dejó en casa, para mi abuela Antonia y para mi madre.
Todo pasa, hasta las pajaritas de alegre luto. Y me da la sensación de que me voy reconciliando un poquito con el pasado en la medida en que entro en conflicto con el presente. Olvidé mi pajarita, abuelo, pero nunca se irá de mi cabeza tu recuerdo inventado hecho de un par de antiguas fotografías, tu chaleco de asesinado –que guarda mi madre como un tesoro en su armario– y todas las historias sobre ti que me contaron abuela y mamá.
Soy para intentar serte, abuelo.

Sunday, November 19, 2006

Javier Lostalé

Todo el día encerrado con la escritura, con la tinta china, con los pinceles y con la música... ¡Hay esperanza! Empecé a escribir a primera hora de la mañana y el chorro duró justo hasta la hora de comer... y era tan fácil... que he rematado cuatro poemas que andaban en el dique seco pidiendo árnica.

Por la tarde, después de un cafetín con charleta, me agarré a la tinta china y he andado engolfado en un dibujo unas cuantas horas, ilusionado como hacía meses con una imagen deliciosa, hasta que llegó Richar de Zamora con mi nueva guitarra y, hala, a darle a las cuerdas y a buscar los sonidos que ya tenía medio olvidados... hasta me marqué un «Fuego en el agua» molón y castizo, eso después de recuperar el ritmo de «Sublime ilusión» y de apuntar un poquito las canciones que andaba currándome en el verano de un par de poemas que escribí para ser cantados. El aparato es extraordinario, ayuda y tapa defectos. Acabo de dejarla hace unos minutos apoyada en la pared después de intentar –gozando y haciendo gallitos– el «Just like a woman» de Boby D.
Qué buen rollito.

Saturday, November 18, 2006

Raúl Vacas


El otoño está siendo insultantemente bello este año en Béjar. Los tonos de la xantófila se mezclan con el verde oscuro y con los ocres de los árboles sin hojas y el conjunto me produce sensaciones que sólo sé sentir en este tiempo y bajo esta gama cromática... y si le sumamos la humedad, ya es todo pura lujuria.
Tal circunstancia me pide escritura, pero soy una mierda y no me llega ni una palabra. Sólo sobrevivo en mis ejercicios de mantenimiento: sonetos malos para entrenar el ritmo, este diario que ya se ha hecho necesidad y algunos aforismos que llegan más del apretones al ingenio que de vómito creativo.
La verdad es que ya me anda preocupando este silencio largo, este enorme paréntesis sin poder explicarme en pura incontinencia. Otras veces he sufrido este mal, pero con tanta extensión ni con tanta ansiedad.

(17:15 horas) Comida familiar hecha de risas para celebrar el cumpleaños de mi padre, con los niños radiantes como nunca, con mi hermana feliz en escapadita urgente desde Sevilla, con mi madre pletórica y risueña y con mi padre hermosamente abuelo... pero jovencito de atar. He disfrutado mucho y he realizado un porrón de fotos para mi cuadernito de recuerdos impropios. Me encanta ver a mi gente nítida y feliz. Es un buen presagio.
(18:34 horas) Alguien que seguro que me aprecia y conoce mis debilidades me ha enviado el «Tangolibre» de Yo-Yo Ma a mi correo electrónico en un enlace a You Tube –«http://www.youtube.com/watch?v=uJC2bOmAEn8&mode=related&search=»–... y ya voy por la sexta audición embelesada. Erizado, siento la derrota del verdadero placer en el estómago, se me doblan las rodillas y me concilio por un ratito con mi mejor forma de estar.

Es la hostia este tango, con su cosa decadente, con su tristeza tibia, con su lánguida desgana, con su hermosa sensación de encuentro/desencuentro // espera/desesperación. Es como un continuo encabalgamiento de melancólico placer, un tango para tipos como yo, que estoy empezando a terminarlo todo con cada lumbre del día y ya no siento más esperanza que la que me traiga un recuerdo hermoso... ¡Ah!, la memoria y sus usos... soy hedonista hasta para lo triste.
Gracias, «Alguien», muchas, muchas gracias.

(22:23 horas) El mejor legado que me han dejado mis padres es la palabra, y es por encima de todo el legado que yo quisiera dejar a mis hijos: Palabras para hacerse comprender, para explicarse, para buscar respuestas, para defenderse y atacar, para dar rienda suelta a su poso imaginativo, para exhibirse con ellas y para callarlas. Palabras que contengan el método de hacerles vivir por encima de todo y de todos.
Esta noche, cuando salía de mi casa para venir hasta el estudio, vi a una pareja de jóvenes besándose bajo la lluvia. Pasé junto a ellos con cierta envidia por ser capaces de convocar al amor en la lluvia, y recordé de pronto la primera escena cinematográfica de amor que me impacto vivamente: fue en Salamanca, en mis primeros días de estudiante, justo en el cine Taramona. Ponían «Delicias turcas»: Olga y Eric haciendo el amor tirados sobre la calle y bajo la lluvia... fue una visión intensísima que aún me llega nítida a los ojos. Y todo ello con una magnífica sensación/intención de acabamiento. Tengo que buscar esa película para volverla a ver... o no, que quizás se pierda la magia de mi recuerdo inventado.

Friday, November 17, 2006

David González

A veces tengo suerte. Hace la friolera de un par de años que no pillaba un periódico de Salamanca con ganas de leerlo y hoy lo he hecho. Era «El Adelanto» de hace un par de días, y me he encontrado en él un magnífico artículo de Antonio Gutiérrez Turrión hablando de Ángel Calvo Meirama. Clavado y lúcido, perfecto, Antonio. Mi más cordial enhorabuena por ello y unas gracias personales y grandotas por recuperar a Ángel, quizás el mejor alcalde y el más formado que nunca ha tenido la ciudad de Béjar. Entre mis títulos mejores guardo con especial cariño el haber trabajado junto a él en una legislatura en la que ocupé las concejalías de Deportes y de Urbanismo y Obras. Aprendí mucho de Ángel, de sus hermosas luces y de sus pequeñas y nítidas sombras. Pocos han sabido medir al día de hoy los grandes proyectos que aquel equipo que él dirigía sacó adelante y lo que suponen y supondrán para el futuro de nuestra hermosa ciudad. Pocos, también, pueden comprender el alto valor de un tipo importante para la comunidad y la injusticia que hasta hoy se ha venido perpetrando con su figura... Pero el tiempo pone y quita razones.
––––––
Vuelvo a sentir el latido acelerado del corazón, y es como una enfermedad. Cuando esto me sucede no encuentro sosiego, no sé detenerme ni seguir, me agoto y comienzo cuadros, me agoto y hago asomar poemas, me agoto y escribo en mi diario y hago collages rápidos y recorto imágenes de revistas viejas y remiro mis antiguas postales... y siento miedo, un terrible miedo a no saber salir de este estado. Luego todo pasa, que tengo la experiencia de otras ocasiones, y todo se templa y vuelvo a poder tomar distancia.
Entre el trote he retomado el «Ulises» de Joyce, y me sucede lo de siempre, comienzo por el último corte de lectura y a las dos páginas leídas me dan ganas de escribir mi «Ulises» personal. Recuerdo que lo empecé en una vieja edición de bolsillo y ahora lo continúo en una deliciosa edición ilustrada por Eduardo Arroyo que me despista constantemente de la lectura. Y me dan ganas de contar las miserias particulares de mi pueblo, esas miserias que todos conocemos y callamos.
(22:25 horas) Mañana es el cumpleaños de mi padre y no sé a cuántos años asciende su existencia, sólo sé que está lúcido y en forma, que tenemos mucho en común y que le quiero.... y que le sigo viendo como mi mejor protector... y que estoy orgulloso de él más que de lo pueda estar él de mí... y que no necesito demostrarle nada porque es mi padre y caminamos juntos hasta donde nos lleve la vida.
¡¡¡Felicidades, colega!!!

(23:11 horas) Los viernes son de Magdalena, pues siempre la visito con la tranquilidad del trabajo acabado y con un relax especial que me hace verla de otra forma. Hoy estaba sin su dentadura postiza y atendía con sonrisas a todas mis canciones y mis bailes –suelo cantarle bien fuerte y bailar delante de sus ojos, porque me mira fijamente y empieza a seguir el ritmo que le marco–. Estaba dulcísima y daba la sensación de que sus ojos estaban algo más vivos, como si hoy habitara su cabeza un hálito de vida interior. De pronto, sin saber por qué, me entristecí al verla reír sin pudor y sin sus dientes –nunca hubiera permitido que la mirase en esas circunstancias cuando la razón estaba en su cabeza–. Vuelvo a decir que la vejez es humillación, humillación para quien la lleva y tristeza para quien la recibe. Adoro a Magdalena y me siento muy mal de encontrarla en ese estado angélico y semivegetal. ¿Hacia dónde va? ¿Qué razón tiene su estancia? ¿Por qué le suceden estas cosas a las dulces almas primarias que sacrificaron su tiempo al completo por nada de nada?

Thursday, November 16, 2006

Enrique Baltanás

Quizás el toque de la vida esté en la búsqueda de la dificultad por la dificultad. Así somos y así actuamos. Pasamos de largo de los caminos rectos y nos enredamos en trochas que nos hacen caminar en círculos. Sí, nos empeñamos en la dificultad. Cuando algo se acaba y somos consciente de ello, no nos damos por vencidos, no comenzamos a sembrar otras huellas en terrenos vírgenes, no; rememoramos, buscamos la solución del bucle y revolvemos en un pasado que sólo tendrá la capacidad de hacernos daño.
Si todo es muy simple: algo termina y se acabó... y a continuar muriendo hacia adelante.
¿Por qué sucede esto?, ¿qué mecanismo nos lleva a ser tan redundantes?... La búsqueda absurda de la dificultad y el empecinamiento moral son los dos casos humanos que más me disgustan y por los que me pregunto con más frecuencia.
Y en el fondo, lo más desquiciante en el itinerario vital es conseguir con éxito todas las metas marcadas, ya que quien lo consigue siente el fracaso desde el componente positivo, sin encontrar razones que lo apoyen, siendo tal fracaso neto y de golpe seco, un fracaso sin posibles culpables en los que apoyarse para salir. Morir de éxito, creo que así lo llaman esos tipos de letras y números... Lo mejor es tener una vida promediada y trabajar en ella con soluciones simples en las que el porcentaje de errores sea adecuado y nunca nulo.

(22:33 horas) He recibido un libro delicioso desde el Ateneo de Sevilla con tarjeta cordial de su presidente, Enrique Barrero González. El volumen lleva por título «Homenaje a la Fiesta del Soneto celebrada en el Ateneo de Sevilla en 1912», una recopilación de éxitos de colegas tan queridos como Luis Alberto de Cuenca, Enrique Baltanás, Antoñito Carvajal –al que ya voy echando de menos–, Gamoneda, Pura López Cortés, María Rosal Nadales, José Antonio Sáez... Un divertimento extraordinario para un tiempo sin rima y sin ritmo... que se agradece.
Y a pesar de que el día ha sido de calendarios –son los peores días de un impresor–, he recordado a mis coleguitas de siempre y de nunca mientras pegaba faldillas y he pensado vivamente en los que acumulan problema sobre problema... lo he hecho con fuerza, como creyendo que en mi pensamiento anidase alguna solución entre tonta y exotérica.
Va por ellos este día, con fervor.

Wednesday, November 15, 2006

Josep María Rodríguez


Es tan fácil conformarse... y resulta tan difícil querer crecer... ¿Qué nos conviene?
La soledad de la ciudad es dramática... Reniega y vente al mundo, busca piel si la precisas, caricias si no las presientes, besos si tu boca se ha vaciado, amor si entrenas odio, gozo si hay humedad buscando los muslos, lágrimas si tus pañuelos permanecen bien planchados en los cajones... Busca en tu soledad el camino de perfección que son las manos... y mírate en los espejos el desnudo que has hecho de tu vida –míratelo con detalle, tocándote con curiosidad, como un descubrimiento–... Lee a Gogol, a Gorski, a Valéry, a Samain, a Turguenev, a Th Gauthier... busca en librerías de viejo antiguos textos de Kawaji, Gyofu Soma o Rofuu Miki... escóndete en un cine de barrio a ver reposiciones de Maciste o de aquellos ojos Loren mirados por un Fabrizio en camiseta de tirantes... píllate en dvd «2046» de Wong Kar-Wai y encuéntrate en los ojos de Maggie Cheung o en el ardor de Tony Leung... escucha como si fueras yo el «Living in road» de Lhasa de Sela y siente cómo la seda te rodea para hacerte dormir en su tensión...

La soledad de la ciudad es bellamente dramática, y en ella son los muertos los que caminan y rezan, los que alzán las calles antes del mediodía, los que cierran las puertas si atardece... La sombra es de los hermosos vencidos... de nosotros... la sombra siempre será nuestra, y por eso la sembramos cada tarde mirando con nuestros ojos a la tierra.

Monday, November 13, 2006

Emilio Carrere

Es curioso cómo los estados de ánimo van marcando el camino de la posibilidad, de tal forma que todo el mundo tenga en cualquier momento un motivo para matarse y otro para no hacerlo en ninguna circunstancia. Y son los estados de ánimo los que vencen las dificultades o las hacen insalvables, los que propician el éxito o los que lo niegan de forma neta.
Todo es posible partiendo del cero... y también todo puede resultar imposible... de ahí que tenga una gran importancia la actitud que tomemos ante cualquier circunstancia de la vida... y que conste que no hablo de estados de optimismo o pesimismo, sino de disposición individual hacia consecuciones de índole positiva o negativa, porque también lo negativo hay que trabajárselo, y a veces duramente.
En todo caso, sí que es importante que a los estados de ánimo se sume la razón para moderar la carga intuitiva con la que generalmete determinamos nuestros movimientos, y eso siempre entraña dificultad y, sobre todo, aprendizaje.
En una persona fundamentalmente intuitiva es necesario que concurra la razón para que no sea la arbitrariedad la que domine en sus actos.
No sé.

Sunday, November 12, 2006

Ángel García López

Sentir piedad es la forma más hermosa de venganza que conozco, pues colma a quien la «asesta» y salva a quien la recibe.
Que no sirve la tierra quemada para conquistar si se compara con una sonrisa piadosa que contenga la sabiduría de la derrota que le otorgas al vencido.

(13:24 horas) Sigue mi Felipe cerril y preadolescente, jodiéndome cada día los minutos de sonrisas que reservé hace tiempo. Está convirtiendo esos minutos de recuperación diaria en los minutos basura que marcan la inflexión entre mi felicidad y mi desastre. Ya no le sirvo como modelo, está claro, ya no me quiere como modelo de nada y todo su afán es chocar conmigo, contra mí. Y yo no sé encotrarle modelos en los que crecer; a su edad los modelos se buscan por uno mismo y se gestionan en clave de gozo y comodidad, no de esfuerzo. Sí, sé que me he equivocado en su educación, pero también sé que me hubiera equivocado con cualquier otro proyecto educativo distinto.
Ahora tengo claro que él marcará su camino y yo sólo podré hacer funciones de refugio y de intendencia, y que con esas razones tendré que saber negociar bien para que no me devore.
Cuando llego a casa por la noche, entro a su habitación y le beso en la mejilla mientras duerme, y le digo despacito todo lo que le quiero –algo que no podría entender si estuviera despierto–. Le tapo con el edredón y percibo que un hijo preadolescente dormido es un gozo del que hay que abusar para no caer derrotado.
Con el tiempo será un buen tipo –ya lo es– y quizás vuelva a mí como antes, pero hecho a sí mismo –mal o bien, que no lo sé ni lo puedo controlar– y volveremos a hacer cosas juntos porque él así lo decidirá.

(17:16 horas) Dos mujeres merendando juntas como en el relato «Arcilla» de «Dubliness», dos mujeres comprando pastelillos, dos mujeres hablando en un café, dos mujeres anarquistas paseando por la Rambla en el 36, dos mujeres odiándose... siempre dan buenos resultados literarios dos mujeres... o no.
Balthus, el hijo de Rilke, pintó a Thérèse con las piernas desnudas y cruzadas, mirando justo detrás de mí, relajada, impúdicamente sentada para la soledad, con sus manos posadas de forma magistral... Y en «Los días dorados», otra Thérèse mirándose al espejo, dejada a su alegre suerte, tendida, desarreglada y bellísima... La genética almacena y desenvuelve, regala y castiga... Y no es azar; es una vieja maleta que se lleva sin saber su calidad de tesoro o de infierno, y se abre un día, y uno se viste con la ropa que contiene, y crea o destruye... o simplemente se ve tan mediocre como sus antepasados y se queda igual, justo donde estaba cuando abrió el bulto genético.
Balthus, Rilke, Joyce... con su cosita Ulyses de imaginarse el padre párroco que en su púlpito acumula el poder... Pavese, Celan, Pizarnik, Zenobia... con sus misterios únicos y eternos... Yo, solitario y tendido como las calles que se estrenan cada mañana, pisadas tantas veces, sinuosas, sin conocer la misión de las sombras que las transitan.
Dos mujeres merendando juntas... Un hombre solo que espera... Las calles preparadas para el desfile de sombras, acumulando pasos perdidos... La genética eclipsándose en unos y amaneciendo en otros... El Norte indefinido que se hace Sur justo a la vuelta... Dios no existe... Dios no puede existir... Dios no debe existir.
(18:44 horas) Debería reírme de cualquier cosa que me afecte y que no dependa exclusivamente de mí; así caminaré más tranquilo, sin intentar ser parte del solucionario hasta que mi única postura sea la de la decisión. Me ahorraré pérdidas enormes de tiempo en pensamientos absurdos y en planteamientos indecidibles, y así podré decdicar más tiempo a mi podre particularidad, a mi fugaz individualidad y a mi pereza creativa.
Somos demasiado de los demás, y todo por voluntad propia, por exacto metichismo, por ese jodido pensamiento que se sustenta en que unidos somos más fuertes –claro, siempre que compartamos sólo los beneficios, no te jode–. Las cadenas de soledad ya son suficientes... como para meterse en los millares de cadenas de cada uno de nuestros conocidos.

Saturday, November 11, 2006

Manuel Lara Cantizani

A primera hora llamo al colega Manuel Lara Cantizani para felicitarle por el galardón que ha recibido con su poemario «Piel del invernadero de nieve» en el XXXIII Concurso de Poesía Ciudad de Burgos. El tipo estaba absolutamente feliz y nos reímos los dos de encontrarnos por fin en la misma colección editorial (DVD ediciones).
Espero que lo disfrute.
Curiosamente, me llama Morante –siempre atento– para darme noticia del premio de Lara, y al rato lo hace vía Internet Josep María Rodríguez, con el que hacía mucho tiempo que no cruzaba palabras. Ambos llenos de cariño, lo que me da energía para un ratito.

(12:25 horas) Leo bastante últimamente –eso es síntoma de que no me llega la escritura–, y no sé si lo hago para buscar, para aprender o para ayudar a pasar el tiempo. Lo que sí sé es que no disfruto con mis lecturas, que las fuerzo en exceso y no sé dejarme llevar por ellas.
A veces me creo en estados de ánimos que no corresponden a mi realidad, pero por creerme en ellos se hacen reales. Ahí es donde influyen mis lecturas... leo a Gamoneda y me quedo hundido, leo a García Montero y no pasa nada, leo a Laforgue y me entusiasmo, leo a Nicanor Parra y sonrío...
(22:15 horas) Yo creo que la literatura ya no me interesa, porque ya no accedo a ella con el entusiasmo con el que solía hacerlo en 1998, por ejemplo. Quizás este asunto me esté avisando de que algo anda acabándose por dentro, y lo mismo me pasa con ciertos aspectos de la vida que antes consideraba de vital importancia... el cultivo de la amistad, la valoración del paisaje de mi tierra, el disfrutar de la calle y del bar... Algo se está agotando y presiento que me irá dejando desolado esa jodida falta de ilusión por las cosas que antes significaban pura pasión.
Hace un rato, mientras Magdalena cenaba, le di dos golpecitos en la frente y pregunté: «¿Quién anda ahí?». Ella me miró fíjamente con los ojos vacíos que ya son costumbre para todos los que la queremos, se detuvo un momento y me espetó: «Pantalones, pantalones».
Todo un poema que podría haber abierto la temporada del realismo sucio español con éxito.
¡Puta mierda!
(22:56 horas) ¿Cuál es el interés de este diario? ¿Para qué llevo escribiéndolo desde el 96? ¿Qué he logrado de tantas horas anotadas?
No lo sé.
Empecé con la intención de dejar palabras en las que irme reencontrando, en las que reconocerme... y ahora no sé hacia dónde camino ni por qué tengo estas enormes ganas de acabar. No quería anotar el suceso que ahora contaré, pero, después de pensarlo mucho, creo que debo hacerlo para poder verme en él con distancia: Hace unos días destruí toda mi colección de mujeres leyendo y finiquité el blog que tantas horas de búsqueda me había supuesto (tan sólo dejé vivas un par de postales que me regaló Marisol Huerta, a las que he cogido un cariño especial). Después de la destrucción me sentí muy mal, con unas enormes ganas de llorar, pero necesitaba romper algo muy querido para intentar alumbrar una salida nueva. Se me caía el alma de ver cómo desaparecían ante mis ojos postales antiguas, láminas de arte, affiches de cine, viejos programitas de mano, cartones publicitarios y otros objetos que mostraban hermosísimas mujeres en pose de lectura... pensaba en el tiempo dedicado a su búsqueda por librerías de viejo de Madrid, Sevilla, Valencia, Segovia, Salamanca... con la ilusión puesta en lograr algo que emanara belleza.
Y no ha cambiado nada desde entonces... bueno, sí, que estoy mucho más triste, pero nada se ha activado adentro que me encienda para volver a pillar ilusión loca.
¡¡¡Mierda!!!

Friday, November 10, 2006

Antonio Gamoneda


Recibo hoy un bonito regalo de noviembre, pues Antonio Gamoneda me envía su nuevo libro, «Sílabas negras», editado por la Universidad de Salamanca como saldo en letras del XV Premio Reina Sofía que le fue otorgado al poeta y amigo; y me agrada más porque la edición está a cargo de su hija Amelia y de Fernando R. de la Flor.
Recuerdo ahora al poeta en Cambrils, achacoso y locuaz, intentando un cigarrillo a escondidas... o en la Sierra de los Pedroches cordobesa, ambos sentados en el recibidor de un hotel mediocre... o en Béjar, conociendo de primera voz una salsa para carne que hace mi madre a la que en casa llamamos «hijoputa» –no sé si Antonio llegó alguna vez a probar la receta–. En fin, que leeré sus negras lágrimas con lentitud arcana, en silencio –sin música– y buscando concentración... porque yo aún tampoco sé que soy unas manos.
Gracias, Antonio.

(22:24 horas) Los días de otoño que sienten nostalgia del verano me deprimen profundamente. Suelo despertar con la idea clavada en la frente de un paisaje xantofílico con media niebla jugando al escondite de los castaños, los robles y los álamos... incluso en el entresueño huelo la humedad de una noche eterna de lluvia.
Cuando abro la ventana de mi habitación y me doy de narices con un sol hiriente, casi insultante, se me cae el mundo...
Despierto a Guillermo –ya estamos él y yo solos en casa a las ocho y media– y lo llevo a mi cama para que vea diez minutos la tele mientras me ducho y me aderezo –eso le sirve para conectarse poco a poco con el mundo–... me visto y luego procedo a vestirle a él entre cosquillitas y risotadas –más dosis de conexión positiva con el mundo–... Desayunamos nuestro tazoncito de leche con Nestquick, arropado por unas galletinas o unas magdalenas, y de ahí al rito de los pises, la lavada de dientes a la par y el peinado repeinado con agua corriente y colonia –mi niño se ducha siempre antes de acostarse, porque si no la prisa de la amanecida nos sacaría los nervios a los dos–. Luego, el rito de las gafas, ponerse los zapatos, revisar la mochila para el cole, embuzarnos en abrigos, cazadoras o trenkas... y armar un zipizape de carreras para ver quién llega primero al ascensor, quién abre la puerta del portal o quién toca vencedor el capó del coche.
Y de esas carreras breves pasamos a la más importante del día: llegar a la puerta del cole antes que Daniel y su madre o que Juan y su padre, adelantar al furgón de reparto de pan o poder detenernos justo en nuestro lugar de parada favorito –al lado de la barandilla que protege la puerta del cole–. Y dejo allí a mi compañerito diciendo adiós con la mano y tirándole besos mientras le veo enredarse en conversación con algún coleguilla que espera en la puerta...
Y de allí a la tristeza del día de otoño soleado, con la chaqueta y el alma sobrándome, camino al curro –más tedioso y desolador que el puñetero día de sol– para ser un cero a la izquierda de la nada.
Mi hijo me salva, por lo menos.
¡Gracias, chaval!

Tuesday, November 7, 2006

Amalia Bautista

Acceder al trompeteo de la poesía sin medir la lógica de las proposiciones realizadas con palabras, sin conocer la urdimbre del metro y sin haber catado la geometría del ritmo es tan absurdo como hacer tortilla sin huevo, sin aceite y sin sal. Quien no es capaz de pararse a hacer un análisis detenido de la matemática que arde en un poema antes, durante y después de perpetrarlo, es que no necesita el poema ni merece, incluso, que la poesía se asome a su boca como simple vocablo.
Conocer la naturaleza del poema, entender el concepto de poesía y redefinirlo también es indispensable.

Quizás el mejor poema sea una ecuación matemática que resuma, dé luz y aporte indicio para una ecuación posterior, pues «lo mejor de la matemática es que permite definir términos que no son conceptos, mientras que en filosofía sólo se alcanza hasta la definición de los conceptos...» [esta aserción fantástica procede de Giuseppe Peano, según nota de Bertrand Russell –capítulo II. La lógica simbólica. Apartado d. Lógica simbólica de Peano, de su «Principios de la Matemática–].
De ahí que cada día huya más del poema, que lo tema, que lo respete y que lo visite a hurtadillas.

Monday, November 6, 2006

Claudio Rodríguez


Cuando Ludwig Boltzmann criticaba el machismo como concepto contrapuesto al equilibrio, aún no sabía el error que supone extraer el pensamiento matemático de su estado de convención entre tipos que marcan constantes y variables con la precisión que pueden soportar unos pies de barro; no podía ponderar el valor desequilibrante de, por ejemplo, el impacto del sonido de un «Azzurro» interpretado por Paolo Conte, el poema «Muerte en fuga» de Paul Celan –«Leche negra de la madrugada, la bebemos de tarde, / la bebemos al mediodía, de mañana la bebemos, / de noche la bebemos y bebemos; / abrimos una tumba en el aire –ahí no se yace / incómodo. // Un hombre habita la casa, juega con las serpientes, / escribe, escribe, mientras oscurece Alemania, / tu pelo dorado, Margarita, / lo escribe y sale de casa y fulguran las estrellas, silba / a sus judíos, hace abrir una tumba en la tierra, / nos manda: "tocad ya para el baile". // Leche negra de la madrugada, te bebemos de noche, / te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos, / de tarde bebemos y bebemos. // Un hombre habita la casa y juega con las serpientes; escribe, / escribe, mientras oscurece Alemania, / tu pelo dorado, Margarita, / tu pelo ceniciento, Sulamita... abrimos una tumba en el aire / –ahí no se yace incómodo–. Grita: / cavad más hondo en la tierra los unos y los otros, cantad y tocad; / empuña el arma en la cintura, la blande, tiene ojos / azules... cavad más hondo con palas y seguid / tocando para el baile. / Leche negra de la madrugada, te bebemos de noche, / te bebemos al mediodía y de mañana te bebemos, / de tarde bebemos y bebemos. // Un hombre habita la casa... tu pelo dorado, Margarita, / tu pelo ceniciento, Sulamita, juega con las serpientes. Grita: / tocad mejor la muerte, la muerte es un maestro de Alemania. Grita: / tocad más sombríos los violines y subiréis al aire en humo, / tendréis una tumba en las nubes / –ahí no se yace incómodo–. // Leche negra de la madrugada, te bebemos de noche, / te bebemos al mediodía... la muerte es un maestro de Alemania... / te bebemos de tarde y de mañana te bebemos, / y bebemos la muerte, que es un maestro de Alemania... / tiene un ojo azul, te acierta con bala de plomo, / te acierta justo... / un hombre habita la casa... tu pelo dorado, Margarita... / azuza a sus perros contra nosotros, nos da / una tumba en el aire, / juega con las serpientes y sueña con la muerte, / es un maestro de Alemania... / tu pelo dorado, Margarita, / tu pelo ceniciento, Sulamita.»– o el indicio de un cuadro blanco de Alberto Hernández... Y aún así desarrolló la magnífica idea de que el equilibrio del mundo es una constante en su totalidad... ¿Valoraba Boltzmann el peso creativo, la emoción o el indicio?, ¿los incluía como factores de equilibrio o de desequilibrio?... Una jodida constante para un equilibrio de locos de atar.

Sunday, November 5, 2006

Roger Wolfe

Una constante del hombre es trabajar para aminorar sus incertidumbres –quizás sería mejor decir «su incertidumbre»–; no quedarse perplejo y no tener dudas parece el no va más de la seguridad y, por tanto, es muy sugerente pensar que cuando se aminora la incertidumbre se alcanza felicidad... pero la falta de incertidumbre lleva a la quietud, y de la quietud llegan los males propios y ajenos al intentar mantenerla y protegerla.
Prefiero buscar la felicidad en la incertidumbre y en la inquietud, en las preguntas y en los temores, aunque sé que nunca llegaré a ella, pero percibo que ése es el camino más atinado.

LISTA DE LA COMPRA PARA INTENTAR SER INQUIETO

• No me haré viejo.
• Desharé siempre cualquier estado que me lleve a la armonía.
• Practicaré la desobediencia civil, la religiosa y la militar.
• Viajaré todo lo necesario.
• Buscaré constantemente cambios en mi vida.
• Intentaré comprender todo lo simple.
• Alimentaré mi curiosidad a diario.
• No me enamoraré de personas.
• Aprenderé cualquier ritmo para saber romperlo mejor.
• Intentaré que nada me sea necesario ni suficiente.
• Buscaré la belleza en el desorden.
• No faltaré a las leyes de la naturaleza [es absurdo].
• Sólo me sentiré obligado con mis hijos.
• Propiciaré la confusión entre quienes me rodean [es un magnífico principio de soledad].
• Tan sólo reconoceré mi mediocridad ante quien me merezca respeto.
• Crearé y destruiré mi tiempo como me venga en gana.
• Seré el dios de mí mismo.
• Tendré siempre en cuenta que es mejor intuir que comprender [la intuición abre puertas y la comprensión las cierra].
• Daré la calidad de real a todo lo que me permita salir de mi agujero.
• Crearé para conocerme y reconocerme.
• Buscaré lo improbable para crecer o ser eliminado.
• Moriré solo.
• Intentaré morir por sorpresa.

(14:06 horas) Recibo jugosa llamada de José Luis Morante y percibo que andamos en el mismo tono de siempre y que caminamos a la par, tanto en los momentos de vacío creativo como en la mirada hacia el mundo. Tengo muchas ganas de verle para charlar largo y tendido del mundillo mierdoso de la literatura y, cómo no, de levantar nuevos proyectos en común que me pongan ganas y algo de esperanza.
(16:30 horas) Ya estoy dándole final a la antología de Luis García Montero y debo apuntar dos cosas: que su primera época me gusta mucho más que la de los últimos tres o cuatro años y que le noto imbuido de un aura que no le pertenece, vamos que se ha hecho un poeta del dinero que no ha sabido marcar diferencias entre su poesía y sus ahorros... y eso se nota siempre para mal.
Mala suerte la del poeta con suerte... mala muerte la del poeta con suerte.
Después de leer el libro sólo se me ocurre preguntar: ¿De qué vas, Luis? Eras bueno y ahora eres rico. ¿Por qué lo has jodido todo? Es una falta de inteligencia no saber llevar estos dos aspectos –el creativo y el económico– por caminos paralelos.
(16:48 horas)

Te preguntarán
verdades tautológicas,
subíndices de anhídridos,
el valor de una curva a partir de dos datos,
la historia de Plutarco,
el arte en Capadocia...

Te preguntarán
los flujos migratorios desde el sur a tu tierra,
la estética de Tápies,
el sintagma verbal
y la función sináptica del sistema nervioso...

Querrán que tengas base
de moral y de historia,
que entiendas cómo crecen
las plantas en los campos,
que sepas operar
con una o dos incógnitas
o que sientas el mundo
tal como lo hacen ellos.

No tendrás más opciones
que rendirte a sus normas
o ser un desclasado
feliz –entre otras cosas–,
pero ten muy presente
que si no te doblegas
debes ser fuerte y uno,
sensible y destructivo.

Ellos querrán que sepas
lo que les hace fuertes.

Yo estaré satisfecho
con un «insuficiente».

[dando esperanza a un hijo fuera de los percentiles educativos actuales]

(22:14 horas) Noche para ofrecerme a la loca pensando en su somier, en su despertador antiguo, en las sábanas de su cama estirada. Noche para ser el amor en soledad, la risa cáustica y sardónica de Welles. Noche para cruzar mis piernas frente a la computadora en blanco y negro, y escribir como un insecto con los ojos compuestos y las alas quemadas. Noche para el teléfono portátil –para apagarlo, claro–, para el verso antipoético de Nicanor Parra –«estos hijos de puta no me dieron tiempo ni para ponerme el abrigo sin decir agua va me sacaron a empellones uno me dio un culatazo en el tórax otro degenerado me escupió pero yo no perdí la paciencia... me llevaron a una calle desmantelada cerca de la estación de ferrocarril en un furgón de los radiopatrullas y me dijeron ahora puedes largarte... yo sabía perfectamente lo que eso quería decir... ¡asesino! ...debiera haberles gritado pero morí grtando Viva Stalin»–. Noche para el vicio que no se perdona, para perpetrar un poema, para saber a ciencia cierta quién es el sicario, quién el humillado, quién el adúltero, quién el pobre, quién el corrupto... La corrupción... el peor de los estados del hombre... el corrupto es peor que el asesino, que el violador, que el vulgar ladrón... y en esta noche andan los corruptos salpicando su baba por las calles de camino a sus casas, con los bolsillos llenos de un dinero miserable y hacia la peor soledad, la soledad sin escrúpulos. Noche para la ebriedad que haga olvidar tanto asco.
Soy blanco y negro para no ser gris, blanco de las miradas más hostiles y negro de los que toman mis versos como suyos. Estoy vacío como una botella que embriagó y no queda ni una gota de palabras en las vísceras. Blanco y negro y vacío. Bonita noche con niebla al fondo para confundir a las alimañas y a las víctimas. Noche de otoño.
Fúmame (jajajajaja).

Saturday, November 4, 2006

Luis Alberto de Cuenca

Mis pensamientos, mis actos y mis sentimientos crean el tiempo en el que suceden, y jamás al contrario. Está claro, por tanto, que el tiempo –mi tiempo– lo creo y lo destruyo continuamente, constantemente... y no es él quien me marca su paso, sino que soy yo quien lo va anotando y tachando. Por tanto, el tiempo ni se gasta ni se usa... sólo se crea.
Esta nueva percepción de potencialidad me hace más fuerte, me empeña más en hacer, en crear, en pensar, en sentir. Si vives intensamente, está claro que vives más tiempo, porque el volumen de tiempo creado es mayor que el que emana del hombre anodino, y por tanto el tiempo vivido es también mayor. No es cuestión de años, meses o días... es cuestión de tensión e intensidad, de tal forma que alguien con treinta años cumplidos puede haber vivido mucho más tiempo que otro ser con cien años contados.
[Trabajar más en esta idea].

(12:55 horas) Entre la bella aforística de Jonathan Swift, hay un apartado dedicado a la religión que no tiene desperdicio alguno. Dice el colega en su aforismo número 67 que «Somos lo bastante religiosos para odiar, pero no lo suficiente para amarnos los unos a los otros.»... Y vuelvo a mi convencimiento de que en la idea breve y bien trabada está la mejor filosofía, la mejor creación y el mejor arte... Y comienzo la lectura de «Poesía (1980-2005)» de Luis García Montero para intentar reconciliarme con esa palabra que un día fue luz para mí y que con el tiempo recaló en palabrería. Me apetece salvar al García Montero que me tocó con sus «Flores del Frío», con los «Poemas para Tristia» o con «Diario cómplice», sólo eso... que a lo mejor es demasiado.
(19:54 horas) La conducta de las personas que dirigen el mundo globalizado es infame, pues juegan a excluir y a incluir a su antojo en ese paraíso del conocimiento que han creado. Ahora el pobre es más pobre, el rico es más rico y el olvidado mucho más olvidado... pobreza global y olvido global... nunca riqueza global. Claro, que estoy hablando de conceptos virtuales, y me afirmo: ¡¡¡Pobreza global!!!

(22:51 horas) «Es horrible morir así de fea...» escribió Raymond Chandler y me gusta la porposición como título, como principio y como fin de un libro... Llegar bella a la muerte es un asunto interesante sobre el que dar vueltas y vueltas... Es horrible morir así de fea... es horrible morir... así de fea... es horrible... morir... así... es horrible... morir.
Y es que la muerte no quiere presas agotadas, quiere muñecas rotas, bocas húmedas y calientes, ojos grandes, cabellos bien peinados, cuerpos para celebrar con ellos el rito más necrófilo, ardor, guiños, tersura... la muerte quiere ángeles caídos, rosas frescas cortadas de su tallo... para darles el beso último y dejarles el gesto más sereno que nadie ha imaginado... Puede ser delicioso prepararse mil días para una muerte bella y para ser bellos en la muerte... un fin en sí mismo de la estética... un hedonismo militante hasta el final... un arte tan concreto como una naturaleza muerta o un cuadro tediosísimo de Antonio López.

Friday, November 3, 2006

Máximo Hernández Fernández


Envejecer es un proceso inexorable de humillación: humillación de lo potencial, humillación del pensamiento, humillación de la idea de libertad, humillación del cuerpo, humillación de la especie... La naturaleza también nos humilla cuando nos oxida, y lo hace, rebajando la atención y la tensión de cada uno de nuestros órganos, tanto de los receptores como de los fenectores.
Un anciano, por tanto, es un tipo que ha sobrepasado los percentiles de vida, por lo que se ve castigado en un humillante y lento proceso de apagamiento que agota e invalida.
El hombre, con sus afanes científicos, no es capaz de arbitrar medidas asociadas contra el envejecimiento que lo dignifiquen, de tal forma que mientras se avanza en el retraso de la muerte, no se producen apenas avances en el humillante proceso de degradación, lo que conforma sociedades con un índice cada vez mayor de personas no válidas para el disfrute de la vida ni para el progreso en un espacio natural. El fracaso se patentiza en la gran legión de enfermos de tiempo y desgaste, personas que no son capaces de mantenerse si no es con la ayuda social o familiar, personas que ya no habitan su cuerpo –puros vegetales– o cuerpos que no son capaces de mantener la lucidez de sus mentes.
Alguien está cometiendo un grave error no dejando que la naturaleza actúe con sus leyes, un error que se ha de pagar cuando alguien decida acercar la ley natural a la norma moral... Y, mientras, continúa la humillación desolando a millones de individuos y sojuzgando a millones de familias en la obligación de cuidar a sus ancianos a cambio de vida.
Yo no quiero llegar a esos extremos jamás. Prefiero morir de lo que venga o de lo que yo decida, no quiero sentir la humillación de que mis hijos me limpien las heces, de sentirlos hundidos y fracasados por mi culpa... No quiero vivir si no puedo hacerlo por mi cuenta, no quiero.

(22:06 horas) Caigo de pronto en la cuenta de que el icono más repetido en la obra de Alberto Hernández son las cruces –ni las espirales, que son muchas, ni los peces, ni los últimos árboles secos (¿viñedos... plátanos podados... acacias torturadas?) aparecen en sus cuadros tantas veces como las cruces–. Cruces como sombras, cruces como grafías, cruces conformándose en sus eternas presentaciones adameradas, cruces clavadas en la sombra, echando raíces, cruces de luz, cruces de humo, cruces en aspa, cruces invertidas... ¿Por qué estas cruces?... ¿Por qué no había yo dado con este icono en las constantes visitas que hago a la obra del amigo? Por curiosidad he pillado algunos de los catálogos de Alberto que tengo a mano y me encuentro en el titulado «Secando la luz», editado por la Diputación de Lugo, una obra de 2002 de 85x80 cm. –que también aparece en «Pintando con fuego»– realizada sobre el atercipelado tono naranja clásico de Alberto y conteniendo una cruz amarilla en la parte superior izquierda y una suma de tres cruuces blancas horizontales jugando a deshacerse. En el mismo catálogo aparecen otras 5 cruces adameradas de gran formato. En el catálogo «Polípticos» aparecen tres grandes cruces adameradas y en el catálogo «Cercos 05» aparecen también las presentaciones adameradas con cruces, en siete obras exactamente.
En el caso de los cuadros adamerados podría entenderse que las cruces vienen marcadas por la simetrías de las teselas... pero en los dípticos o en los cuadros de una sola pieza, ¿por qué aparecen con tanta frecuencia?. Y lo mejor, ¿por qué me hago yo estas preguntas?... Más cuando sé que Alberto es un heterodoxo y que su juego plástico bulle en terrenos que están más cercanos a lo instintivo que a lo racional. ¿Por qué tengo la necesidad de interpretación de una obra que ya acepto como monumental y, cómo no, indescriptible?

Lo cierto es que me he empeñado en ir dejando la huella del artista Alberto Hernández porque siento como una suerte única poder compartir con frecuencia su mundo sensible, poder disfrutar de su obra en mi trabajo y en mi casa, poder horadar en alguno de los resquicios de su mundo cuando tomamos café. Sí, yo sé que es grande porque trabaja para esa nada que es la eternidad, porque lucha en una vibración del arte que tiene mucho nuevo que decir y muchas bases que sentar y asentar, porque es un autentico pionero y sabe arriesgar en la realidad experimental dando pasos de gigante en cada una de sus nuevas propuestas. Sé que Alberto será hito, referencia y referente –ya lo es–, y sé también que el tiempo habrá de escogerle entre los hombres buenos y valiosos.
Yo sigo mirando su obra cada día con estupor y verdadera admiración, sin poder creerme que voy siendo un pequeño testigo de su suceso vital y artístico, y ello me hace feliz y me llena de orgullo.