Friday, February 18, 2011

Fumando un cigarrito, me encontré con una nutria.


Harto de que no me dejen fumar con el café de la tarde, y con ganitas de despejarme un poquitillo de estos días cabrones e inevitables, dejé a Guille en el cole a las tres y me fui con mi cámara a intentar fotografiar a alguna cigüeña o a alguna rapaz cerca del basurero de Béjar. Cuando llegué al depósito de basuras no había ni un ser viviente visible en todo el perímetro que abarcaban mis ojos, así que decidí darme una vueltecilla caminando por la carretera de Fuentebuena para respirar aire puro y olvidarme de los malos rollos. No había aves... pues a fotografiar líquenes, que ahora presentan unos tonos y unas estructuras chulísimas.
Cuando me cansé de caminar y de liquenear, me senté en el murete que cerca un prado extenso con una pequeña charca y, mirando a la charca, me encendí un pitillo. Se estaba de puta madre... solo, en silencio... y de pronto vi tres estelas grandes en el agua de la charca... flipaba y no podía creerlo... ¡tres nutrias en el agua! y yo sin la cámara preparada... me azoré y rápidamente puse la Nikon en uso, pero ya no había nada, ni una señal de los animales... me sentí mal por no haber estado alerta y decidí aguantar allí sentado hasta que dieran las cuatro menos diez, justo la hora de llegar a tiempo al trabajo... volví a mi pitillo ya sin esperanza, pero con la cámara en la mano... y de pronto, como a unos 15 metros de mí, bajo una piedra trabajada a modo de viga, una de las nutrias me miraba fijamente... y disparé como un poseso hasta que decidió ocultarse... y me sentí profundamente feliz, muy emocionado y lleno de esperanza.
Jamás hubiese imaginado ese encuentro al lado de una carretera, muy cerca de mi ciudad, a las tres y media de la tarde.
Me encanta.








Tuesday, February 15, 2011

Sobre la confusión y otros azares hospitalarios.


Cuando no vas de urgencias, el hospital es mucho más relajado, aunque no pierde su calidad de jodido taller de reparaciones. De día bulle y parece que los males particulares se diluyen entre los males de todos, entre el trasiego de enfermeras y galenos, de visitantes y de cuidadores estacionarios. La noche es otra, pues la ausencia de luz y el falso silencio consiguen que el dolor se focalice, haciendo que el tiempo parezca eterno para quien padece y para quien cuida... prefiero, entre lo malo, un hospital de día, coño.
Hoy vi cómo un enfermo se escapaba con el pijama puesto debajo de su americana [imagino que iba a fumarse un cigarrito a la calle] y me sentí bien porque se me quitó esa sensación de cárcel en la que quedas atrapado por el solo hecho de tener que seguir un tratamiento hasta el final... me gustó ver esa chispa de libertad en un tipo que quizás estaba haciendo la hazaña de su vida... la verdad es que se le veía nervioso y no tenía muy buena cara [me refiero a que no parecía nada saludable], pero seguro que su acción le estaba arreglando el ánimo a base de adrenalina y autosatisfacción. Llovía bastante, pero el tipo no se detuvo ante la lluvia... caminó seguro y le vi detenerse en uno de los pasadizos que pasan bajo la carretera... me pareció que sonreía.
Luego fui testigo quietecito de los estragos que hace el desubicar a un anciano... la confusión terrible, que debe ser una de las peores cosas que puedan sucederle a un hombre... no saber dónde estás, no conocer a quienes te rodean, no tener tu ropa de todos los días sobre la piel, no encontrar el baño... debe ser terrible y debiera ser una de las consideraciones prioritarias a tener en cuenta dentro del mundo de la medicina cuando se acerca a los ancianos... intentar atenderlos en su ámbito aunque cueste un mayor trabajo, no sacarlos de su mundo de golpe y ofrecerles cuidados a la medida de su dignidad, que muchas veces no consiste más que en permitirles tener su pijama de siempre o dejarles ponerse sus pantalones y sus zapatos de todos los días... algún signo de normalidad que no los asuste y los deje desvariando.
Imaginad a una persona entrada en años que siempre ha tenido un pudor extremo en todas su acciones, siempre bien peinada, siempre guardando unas formas venidas de una educación antigua, siempre practicando unas normas de roce con los demás... y que de pronto se encuentre despeinado, con un camisón abierto y casi desnudo, con personas a las que jamás había visto y compartiendo habitación y vómitos... y todas esas cosas privadas que jamás había compartido con casi nadie... imaginad que de la noche a la mañana se encuentra en esas circunstancias... debe ser tremendo, hasta el punto de llegar a perder la razón... y si a eso le sumamos el miedo cerval al final de todos los finales, pues ya está conseguido el desastre total.
En fin, que queda mucho por hacer en la necesaria mezcla de la ciencia con el humanismo... mucho.