Wednesday, January 2, 2008

Volvió la lluvia como los delicados pañuelos de hilo que usaba mi padre.

Volvió la lluvia después de demasiados días a esta ciudad de políticos cartilaginosos e indecentes [una buena riada que se los llevase a casi todos no estaría demasiado mal]. Estoy de mal humor y solo la sensación mojada del día me calma un poquitín.
Béjar es un desastre encantador al que le sobra el cincuenta por ciento de esa gente que la pisa y la escupe, que la mancilla por lo espurio y le añade esa cosa rijosa de los tristes pueblos blandos.
Pero me he prometido que no voy a interesarme por la mierda menor y diaria a partir de ahora, y procuraré no hacerlo.
Prefiero lo turbio de la razón para buscar posibilidades nuevas que la minúscula aberración de los pequeños satrapitas separados del poder por la gente normal, la que pisa la calle a diario… católicos infieles [no a su catolicismo precisamente] enfangados en el puñado de dinero dado por la espalda, esposas de borrachitos menores con el culo regordo de no haber hecho nunca nada más que para sí mismas, coimas de raro standing abujarradas por cierta siglasis quística, meapilas infernales, caraduras de peseta (aún), Mortadelos de diario con un solo disfraz, capones… Prefiero, decía, lo turbio de la razón.
Ser lo que he hecho de mí es mi privilegio y también mi responsabilidad, y saber lo que he hecho de mí es parte del camino que debo recorrer cada día. Y no me ‘resigno’ jamás a ser lo que otros intentan que sea, lo que otros desean que sea [la resignación es para quienes navegan en el hecho religioso, y yo por ahí no paso ni pasaré jamás]. Si me angustio, es angustia de mí lo que siento; si me desespero, es desesperación de mí; si me siento fracasado, es fracaso de mí… y todo ello me hace total responsable de mis actos ante mí y ante el hombre como definición de un grupo que camina a la par.
No soy responsable de mis deseos, eso nunca [de ellos solo soy presa], pero sí de mis hechos como individuo, de mi corta singularidad, de mi no parecerme a los otros.
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Volvió la lluvia como los delicados pañuelos de hilo que usaba mi padre en el 74 para sonarse la nariz, volvió como un alfiler de corbata de calamina, volvió como el peine de carey junto al aguamanil de la abuela, volvió como aquellas antiguas antenas de radio que gusaneaban por las paredes irregulares de las casas, volvió como las mañanas de sábado acarreando el cubo de cisco, como el pan de tahona, como el helado de fresa de dos bolas, como el orín de las verjas viejas, como el chorro del caño junto al portal, como el sidecar de don Alfonso, como los vilanos en primavera, volvió como el chiquillo atropellado en la carretera, como las bombas fétidas de los bautizos, como los matasuegras de fin de año… volvió como silbar… la lluvia.

De FUMADORAS

Tuesday, January 1, 2008

Enero es un canto al exceso...


Enero es un canto al exceso en su primer tramo y un económico sufrimiento en su final. Así lo establecieron los doctos clerilegos de Trento con su ajuste diosero a los ciclos naturales, y así lo seguimos viviendo y concelebrando los ridículos humanos, incapaces de salirnos de esa vorágine montada a base de religión y economía de consumo.
Yo cumplí con el rito pagano de la cena fin de año familiar y luego lo pagué con hermosos ardores saturnales, recorriendo mi cama como un fauno sin víctima propiciatoria.
Mis hijos pusieron la alegría [incluidos Malick y Youssouph] junto a mi madre, que nos regaló a todos, junto a las uvas, unos calzoncillos rechulos para empezar el año estrenando algo.
No obstante, como protesta particular, unas horas antes de la cena me afirmé en mi ateísmo militante, renovando mis votos con justo homenaje a Jam Montoya y con la decisión de seguir descubriendo poco a poco los contravalores de una comunidad cristiana pervertida en su cúpula y en gran parte de sus bases.
Debo decir que me acosté pronto, no tanto como forma de protesta… y sí muertecito de sueño y aburrido de la infecta masa fiestera y celebradora.
Sonaban los pumpunes del Casino Obrero en mis oídos menguados por la cosa imprentera.
2008 llegó para ser otra cifra que vivir… y hoy empiezo a agotarla.

PERVERSIFICACIONES GRÁFICAS PARA EL AÑO QUE EMPIEZA







(17:46 horas) Arrojado al mundo en este día para comenzar el itinerario del año cincuenta y uno de existencia, aún no sé si la vida la marca mi tiempo o es controlada por el tiempo de los demás. Necesité cincuenta años para sentirme vencido y hermoso, cincuenta años para averiguar que la muerte es descanso y empezar a no temerla, cincuenta años para saber que la edad te hace profundamente egoísta, cincuenta años para entender que el amor es el instante en el que ruge el temblor en mi cuerpo…
Hoy vuelvo a sentirme arrojado al mundo, como cada uno de los cincuenta años anteriores, arrojado sin saber para qué ni por qué, pero arrojado a un océano de libertad imposible a causa de la conciencia propia [también de la ajena], arrojado para ser objeto subjetivo que no trascenderá porque desperdiciaré el poco conocimiento que alcance [si yo no lo desprecio, será la muerte quien lo haga], arrojado para ser origen de algo intangible y continuación de lo ya existente, arrojado para hacer elecciones constantes y así ir perdiendo la vida, arrojado para relacionarme con todo lo que llegue a mis sentidos y arrojado para interpretarlo mal o bien, arrojado a cualquier posibilidad de mí y también de vosotros, arrojado para el continuo absurdo del ‘existir’, arrojado contra cualquier doctrina, arrojado para ser presa fácil de todas las magnitudes, arrojado para la ambigüedad….
Y quiero ser este año agresivo en la palabra y violento en el gesto, ciscarme en todos los símbolos del mundo, ser artífice de razonamientos locos que me contradigan y me armen… y tener voluntad de crear… por lo menos una nueva muerte de Dios, una muerte definitiva de esa inexistencia tan dañina para los hombres. Y hacerlo sin querer ser inocente, sin serlo.
Cincuenta años para intentar esa nada feliz, pero no estúpida, a la que es posible llegar.
Nos vemos y nos lo contamos.


De FUMADORAS