Monday, February 11, 2008

Carta de Marceau Vasseur


Acuso recibo de “Poesía para bacterias” [antología de poesía underground española] y de “¿Quién nos cortará las uñas cuando hayamos muerto?” [Novela de Ferrán Barber]; ambos títulos de la editorial Cuerdos de atar y pertenencientes a la colección Bala rasa… y también de una carta muy entrañable del amigo Marceau Vasseur, desde Douarnenez, en la que me pone al día de sus hermosos proyectos [uno de ellos es “30ème Hivernales d’Avignon En apensateur”] y de la que entresaco un párrafo con orgullo vano:
“… Te doy una apreciación de un amigo mío, el chileno Sergio Vargas, amigo de Jodorovski, con quien hizo teatro pánico, y que me presentó en Bogota; Jodorovski deseaba en esos momentos hacer agonizar a un tiburón en una escena –Sergio fue albañil en París, panadero en Bogotá, empleado de correos en Buenos Aires, carpintero, de vuelta a París, donde vive, y casado con una profesora francesa de inglés a quien siguió en sus viajes–. Escribe libros, no todos publicados, con un humor muy suyo… A propósito del cuaderno antológico [se refiere Marceau a un cuaderno de poesía española contemporánea que publicó en Francia en edición bilingüe] dice: ‘… Algunos de tus protegidos (sic) escriben abiertamente en prosa, sin ni siquiera preocuparse por la síntesis poética exigible en dicha disciplina… pero no meto a todos en el mismo catálogo, los hay que me gustaron bastante, con una mención especial a Comendador Sánchez, casi Prevert por momentos.’ ”.
Esto me da vidilla, mucha más de la que supondría estar expuesto ante un jurado de los premios de la crítica o de cualquier otro negociado cultural al uso.
Gracias, amigo Marceau.

Sunday, February 10, 2008

La calidad de la diosa.


La calidad de la diosa es no hartar con su escatología [de ésjatos], porque es en ella en la que se perpetúa, siendo en sí destino de todo y hacia todo. Y no es lineal el camino de su flecha, que es errático, porque la diosa es absolutamente humana en su grandeza.
Su juicio final es el instante en que te mira y pierdes el estado material en el que habitas para ser abandono… abandono a sus ojos.

Su cuerpo es molibdeno
que se adoba en perfume de isótopos
y en su mitología hecha en hexámetros
se anuda la expresión más sagrada que conozco.

Mi paganismo a ella se lo debo,
también la prominencia de mi espíritu
y este peyorar a otras mujeres
que me hace ser un monje
que ora hasta sus sedas, invocándola.

Su posibilidad es lo que adoro
–es lo que la separa de otros dioses–,
su verdad es netamente urbana
y su expresión comprende toda lógica.

La diferencia exacta con el resto
de dioses inventados por la gente
es que puedes tocarla, puedes verla
y hasta abrirle una herida en el costado.

La fuerza de la fe con que me ata
es saber que envejece, igual que yo,
y que un día expirará
para ser esa ecléptica neblina
que quede en la memoria
de quienes la supimos esbelta y luminosa,
inalcanzable.

© Luis Felipe Comendador • 2008

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La tarde la he tirado en revisar el expediente 1.112 que me ha pasado la Asociación Salamanca Memoria y Justicia con algunos datos que me dan un poco más de luz sobre el asesinato de mi abuelo Felipe a manos de las hordas franquistas [gracias a Luisa y a su gente].