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Tuesday, September 11, 2007

Aves que migran.



Esta mañana tuve una de esas salidas de trabajo que empiezan sin ganas y terminan dejándole a uno lleno de euforia. La misión encomendada por mi cliente consistía en realizar unas tomas fotográficas de un listado de lugares bejaranos que me había proporcionado previamente. Como digo, salí sin demasiadas ganas con mi cámara al hombro, hasta que llegué a la puerta del pico de nuestra muralla en la que me di de golpe con una imagen espectacular y absolutamente plástica [mi abulia y las pocas ganas de cargar con peso –soy un zorolo para estas cosas– hizo que solo sacase montado el objetivo 35-70 mm., lo que me hurtó de hacer unas fotografías de detalle muy prometedoras]: Diré cientos de golondrinas por no parecer exagerado, pero es muy probable que fueran miles las que se reunían en el tendido eléctrico de baja tensión ubicado de forma espectacular en aquella zona [un tendido que vuela desde la mentada Puerta del Pico –donde existe una torre eléctrica–, discurre por todo el valle, atraviesa la carretera general y muere en la siguiente torre eléctrica, que se encuentra en la falda del monte de El Castañar]. A mis palmadas, todas las golondrinas levataban el vuelo y volvía como una nube a ocupar su alineamiento bellísimo en los cables.
Me senté a disfrutar del espectáculo durante más de media hora.

(22:15 horas) El colega Pedro Ojeda me habla de la verdad como ‘el revés del revés’, mientras Pablo F. Magdaleno anota con acierto la incontestable ‘verdad’ de la fumadora del día… y la fumadora es la verdad del revés, y Pedro es el revés de lo que la verdad enrevesa [léase su blog para percartarse –http://laacequia.blogspot.com/–, que es de alto interés en muchos sentidos], y Pablo no tiene verdades a medias con las que darse un revés [todas son enteras… y léase también su hermoso blog –http://lablogse.blogspot.com/–, que es molón].
El caso de los casos es que escribo porque me aburro y me aburro porque escribo, que siendo lo mismo… es igual.
Y entre medias intento ser James Boswell, pero no llego a su habilidad para el detalle, ni a su tiempo para la escritura, ni a su manejo de la observación puntual y exacta… y luego intento ser Cesare Pavese, pero no logro llegarle ni a la altura de su mortecino betún… y decido ser Alejandra Pizarnik, pero no he aprendido a sentir sufriendo ni a sufrir sintiendo… Mi ventaja es que yo estoy muriendo y ellos ya son la muerte espartana… mi mal es que tengo tres hijos reales, dos postizos y cinco imaginarios, una mujer que me quiere y a la que adoro, unos yayos suegreros de final de copa en el tramo de penaltis, una empresa que va y no va [según el día], siete seguridades sociales y siete sueldos [que pagar, claro], un problema de adolescencia y varios de juventud, mil deudas y un payaso que me llama para recordármelas… Así no es capaz de escribir ni su puta madre… o sí.
De FUMADORAS

Friday, August 31, 2007

Filípicas y Molineras.

Tomarse un día para dejarlo en blanco a veces es un lujo inalcanzable. Yo lo he intentado hoy, pero la brasa telefónica lo ha fastidiado todo.
En fin.
Decía el gran Pavese que “es pecado lo que inflige remordimiento”, y a mí me remuerde hoy la conciencia por haber contestado a todas y cada una de las llamadas que me han hecho. Soy un pecador en línea… y, encima, cabreado.
A primera hora intenté que me pudiese la poesía y me empapé de ‘El canto y la ceniza’, buscando el frío lírico de Anna Ajmátova y la tierna dureza de Marina Tsvetáiva, pero solo encontré consuelo por mi falta de palabras y una envidia amoratada por sus versos [‘Cuando alguien muere / cambian sus retratos. / Miran de otro modo sus ojos, y sus labios / sonríen con distinta sonrisa…’ (A.A.”] • [‘Perderlo todo de un golpe, / un tajo limpio. / Suburbio, arrabal: / el día se acaba… // Se acaba la ternura –piedras–, / las casa, los días y nosotros –se acaban. // Mansiones vaciándose: las honro / como a una madre anciana. / Porque vaciarse –madre– es acción: / lo vacío no se puede vaciar. // (Mansiones medio vacías, mejor sería / que os quemaran.) // Que un gesto rudo / no abra la herida. / Suburbios, arrabal, / costura que se rompe. // Sin desmesura verbal, / el amor es sutura. // Sutura: ni venda ni escudo / –no pidas ayuda– / Sutura: el muerto cosido al suelo / como yo cosida a ti. // (Con qué hilo, lo ha de decir el tiempo, / si endeble o fuerte.) // … // Quien rompe no pierde. / Oh, arrabal, / suburbio, divorcio seguro / de dos frentes. / Cerebros al aire, / patíbulo de las afueras. // Nunca pierde quien rompe / y huye al alba. Yo en la noche / me he cosido a ti / toda una vida sin bastas… // … // Es éste el último farol’ (M. Svt.)].
Y debo escribir como sea, sin miedo a ser vulgar, sin temor a dejar sin su gesto a las palabras del hambre de palabras.
El tedio no es excusa, porque es tedio y contiene una voz que puede ser definiva, y yo debo buscarla y practicarla hasta rendirla… descoserle sus retales ajados y coserlos de nuevo de una forma extraña y extranjera, como esas mantas incas con dioses geométricos, y encontrar en su nuevo firmamento algún duelo perdido, una sonrisa tierna o un inútil canto de victoria… El poema, amigo Pablo F. M. [lo intuyo ahora] es darle una vuelta del revés a lo prosaico y hacerlo mágicamente extraño y atractivo, un juego tan insentato como poco práctico, un acto de decir de otra manera lo que será obviedad y antes fue nada.
No es prudente definir lo que ‘es’, pues en su ‘ser’ ya se define con toda la plasticidad del silencio… quizás sea eso lo que la poesía le roba al ‘ser’ y lo que consigue significarse en poema: el silencio que define sin nombrar y tiene vocación de nebulosa.
Se cose el poema a quien lo recibe y se torna disfraz de muchos y verdad o mentira de uno solo. Yo soy el poema… mientras el mundo es prosa, una prosa segada o consumida por los omnívoros que igual hacen a carne que a verduras, a pan templado que a manteca fría… el poema/la poesía es la piedra que muele, pero que no alimenta; el tronco viejo de un árbol muerto que sirve de guarida a los gusanos, pero jamás podría contener una mesa o un armario. No sé, Diego, Pablo, Álvaro… pero siento esa voz tan adentro… que, sin saberlo, poseo la certeza del espacio poético, presiento cada trocha que lo surca y lo temo también…
Veréis que es inconcreto todo lo que farfullo, pero sé que es camino de conocimiento que late entre mis vísceras.
•••

Quiero rescatar una entrada de este diario que data del día 31 de octubre de 2004, y lo hago en respuesta a mi anónimo interlocutor de la entrada anterior. Yo me equivoco, claro, cada cinco segundos, pero mantengo mis posturas si creo en ellas, como es el caso.
Va la entrada aquella:
“31 de octubre de 2004
Leo en «Mundolibro» que César Antonio Molina hace un elogio de la poética de José Ángel Valente tildando a las nuevas voces españolas de «perezosas», armando sus argumentos en que Valente supo estudiar idiomas para indagar en las voces de su tiempo, y todo para vender el nuevo volumen que saca a la luz en estos días «Galaxia Gutemberg». Y el colega es Director del Instituto Cervantes. Juan Gelman, en el mismo artículo, sin embargo, se ciñe a hablar del autor en clave positiva y contando la relación poética que existió entre ambos: «Siempre nos preocupó, por razones distintas, el misticismo, la cábala, lo sufí y la sensación de la preocupación ausente de lo amado ... Siempre transcurre por la búsqueda del amor y la palabra como pasado que va a ocurrir. Él habla de la ceguera y de los ojos acostumbrados a no ver nada, el deseo de poseer es la negación del ser, decía Valente, siempre siguiendo la razón del corazón». Y uno, pobre payaso, casi «último mono» –como bien escribía Lorenzo Oliván hace unos días– tiene que aguantarse la risa de ver a los poetas políticos lanzando elogios por comparación al poeta muerto, pero no por una comparación normal, sino por una de esas comparaciones genéricas tan parecidas a esa de Gila que decía «alguien ha matao a alguien». Yo, sinceramente, cada día entiendo menos que para que una multinacional se hinche a vender libros tenga que salir el poetita oficial que vive del dinero de todos –y que hasta quizás «aprenda idiomas con él»– a poner su jodido dedo en los pobres ojos de los que no tenemos ni editor, ni pelas para aprender, ni poepolíticos para que nos soben el lomo por comparación. ¡Me cago en todo lo que se mueve! Y mi respeto enterito para Juan Gelman, al que he admirado siempre y leo con verdadero placer. Con bastante más placer que a José Ángel Valente, aunque quizás con menos vértigo. Y no se me sume ahora en la lista de los que denostan su poética, ¡por Dios!, no. Lo que sucede es que mi gusto estético no encaja tanto con la poesía intelectual y desnudada de palabras, aunque respeto esa concepción críptica del poema. Siempre he pensado que el conocimiento hay que democratizarlo, pues la orientación intelectual puede convivir perfectamente con la claridad. Vamos, que no entiendo esa historia de «conocer para esconder» que lleva a la poesía críptica buscando la dificultad. Tampoco la belleza está reñida con la claridad, faltaría más. Y no se me acuse ahora de defender una escritura que piense en el lector sobre todas las cosas, que no lo acepto. Sólo pienso que la baja catadura intelectual y la pose propugnan la dificultad como escondite de las carencias, circunstancia que se patentiza en los textos oscurísimos de multitud de autores. Repito que respeto el hermetismo, la cábala o el retorcimiento, pero no comulgo con esa forma de ofrecer sin querer dar. En todo caso, dejo uno de los mejores poemas de César Antonio Molina, editado por la Agencia EFE como titular de una de sus noticias: «Un buen gestor nunca se preocupa del dinero, y yo me considero un buen gestor». Pues yo tampoco; aunque mi pena es de euros que no me dejan viajar a París, a Viena, a New York, a Madagascar, a Oslo... ni siquiera a Barcelona para intentar quitarme esa «pereza» poética de la que habla en voz alta Cesarín. ¡Me cago en russss! Oye, y, por cierto, ¿cuánto habrá cobrado este César/Cervantes de las arcas de Galaxia Gutemberg por mordernos con la excusa de hablar de Valente? Lo mismo nada, como no le preocupa el dinero.”
[puedes verlo en su entrada original en: http://64.233.183.104/search?q=cache:HJmZ0uW7Z5sJ:www.lfediciones.com/comendador/diario.asp%3Ffecha%3D20041031+mundolibro+cesr+antonio+molina+valente&hl=es&ct=clnk&cd=1&client=safari”].
Queda respondida la entrada de mi amigo/a… y queda claro que ya ponía yo en solfa a este señor hace unos añitos… pero lo mismo soy un equivocado.
De Carmen Calvo no he hablado nunca… ni la conozco… ni la he ‘leído’
•••

Y luego un hervor de tirolinas en la Plaza Mayor con un Cubino [llamémosle con cariño 'el cuarenta', tal como indican él y su hermano] mirando anodadado el vuelo de muchachos sobre ese mar de piedras recientes [granito hortera] que tanto dieron a unos y tanto les quitaron… Y luego respirar unos Chester y beber cocacolas, empeñarme en un verso y fracasar, enredarme en un absurdo acopio de imágenes y quedarme saciado hasta mañana… que viene Felipe Benítez Reyes [ya veremos].

UN BELLO DETALLE DE ANÓNIMO [Gracias]
De LECTORAS

Wednesday, August 22, 2007

Lunares.

Hay lunares para todos los cuerpos de faralaes.
Por ejemplo, amigo Pablo, el par de lunares de E. Medel [enormes sobre el cuerpo embikinado de su poesía- –proesía–]… o los lunares móviles del cuerpo bizantino y muerto de Pepe Hierro [que no era peor que José Ángel Valente, pero sí mucho más majete]… o el lunar de la Pizarnik cuando escribe “no sé si amo u odio… eres muy capaz de suicidarte, no por lo que eres sino por lo que no eres…”… o esa galaxia de lunares itinerantes que corren desde tu hermano Diego hacia mí y luego regresan [entrañables lunares que más que de melamina están hechos de silencios]… o los lunares blancos de aquel grito Pavese en forma de pregunta [“¿O no es quizá la verdadera caridad este lanzamiento violento de sí mismo?”]… o ese lunar canalla que corola algún pecho de mujer deseada… o el lunar del rijoso personaje mediocre que medra y lo tatúa… o el lunar infinito de Youssouph o Malick… o el lunar del dinero [postizo y practicable, como la peor poesía].
Conozco mis lunares y eso es un grave síntoma de edad… sé si laten o brillan, si se tornan sedosos o si encierran el cáncer que me haga ser, sin más.
Yo convivo con ellos [también con los de otros] y juego a decorarlos con palabras absurdas para que se aparezcan a los ojos extraños como mi piel normal.
Hay lunares, amigo, que nos nombran y hieren… yo los estoy contando en un nunca acabar.
De LECTORAS


Para Pablete

Sunday, August 19, 2007

La noche americana.


La tarde de ayer fue como la noche americana: una sombra de luz con grill al raso y olor a carne churrascadita. Yo le eché un rato a mi nuevo cuadro-palé [cuadro-pallet] y casi me cargo la vieja Mont Blanc que me acompaña en las salidas… merendola, sonrisas, partidilla de tenis con los críos, mosqueo de Felipe y luego besos, puteíllos a Antonio [viejo lobo del mismito Valero que siente terremotos], miradas a la abuela enfrascada en su añil melopea, guiñitos a Julina y ganas de jugar a ser feliz por un ratito.

Se diría que estábamos en aquella USA sesenta de cine de verano y falditas de vuelo, de Coke con muchachas y de baile en la calle… pero ese paraíso solo existe en el cine [americano]… su verdad es de pobres, putas y vaqueros rechulos, de inmigrantes hispanos, de negros sin futuro y de landrias riquísimos con esa jodida e inaguantable cara de republicanos de culo lavado y cocorota repeinada.

Pinté tranquilamente al fresco Palomares con interludios de justo sumiller y paradiñas de horror cárnico [según cambiaba el aire subían los hedores del matadero cruel e ilegal]. Me preguntaba entonces cuándo llegará el día de la destrucción de tal monumento al desatino urbano.
Entonces me dio por imaginar un Palomares idílico, agachándose a Béjar desde sus casas con jardín, envolviendo el paraje de El Bosque con estilo y con gente… no sé.

(16:14 horas) En un ratito marcho con Guille y un coleguilla suyo, Juan, a ver una peli de pingüinos [‘Locos por el surf’], pero mientras contestaré como sin ganas a la última entrada de Pablo Fernández Magdaleno en su blog molón [http://lablogse.blogspot.com/2007/08/bejarana-potica.html]: La poesía, amigo Pablo, es oxígeno que se respira sin saberlo o sabiéndolo, pero se respira siempre, constantemente.
La forma suele adocenarla, pues un poema no puede ser ‘forma’, y el fondo tiende a hacerla prosaica. La poesía debe ser siempre portadora de indicio [por ello no puede ser descriptiva ni cerrada] y ha de contener al hombre que la escupe y a la vez a todos los demás hombres… pero sin contenerlos.
La poesía no debe servir para nada, porque la poesía no sirve, solo destella y muere, pues su mundo pertenece sin duda a ese ‘vacío cuántico’ que es motor sin espacio posible y sin tiempo probable.
La poesía es estúpida si el poeta es estúpido, y también si lo es el lector… se mimetiza bien y su función mejor es no funcionar nunca… pero es buena salida para algunos mediocres que medran en versitos.
La poesía, Pablete, es vivir simplemente y, en algunos momentos, anotar lo vivido.
Es no ser y ser nada.
En fin, gilipolleces grandilocuentes para que vivan muchos y otros mueran de hambre.
(12:12 horas) El cine era un desierto [no me extraña que los dueños se lo piensen] y en él estaba yo con sed de otra cosa muy distinta a esa peli de libreto previsible americano, con tres críos dándome guerra [que si se caen las palomitas, que vamos a pillar otras butacas, que si estoy cansado, que si qué hora es ya, que si Felipedejayadejoderatuhermano… ¡harto!] y un sueño del carajo.
A la salida respiré un Chester con hambre y me quedé pasmado ante un grupo de pijos neonada [cómo se reproduce esta gente, coño, si parece que les sobra el dinero] con motinas de mierda y cascos de medio cráneo, con niñinas calientes vestidinas con blusones de cuadrines vichy y la mirada lánguida y superior [siempre la jodida mirada superior, hasta en su pija adolescencia]. Hacía años que no veía yo grupos tan numerosos de bandarras de marca y pito chico… y me preocupa que esto sea culpa del cambio climático y nos llenen el garito con sus cosas pollardas y sus remilgos de clase.
Pasé de los mimones y me centré en buscar la merienda Palomares, sentadito al fresco de olor a matadero y con los gritines de los cuatro aficionados futboleros del Béjar Industrial… miré por sobre el muro y justo les metieron un gol a los textiles [soy gafe para estas cosas]
Y hasta ahora, que es casi como hasta nunca.
De LECTORAS