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Saturday, February 6, 2010

Palabras para Claudia (VII). Sobre la amistad.



Joder, Claudia, que lo mejor de este mundo es la amistad, ¿sabes? Sentir, cuando lo necesitas de verdad, que tienes amigos en mil esquinitas del mundo que te lo ofrecen todo y que harían cualquier cosa por ti con la sola condición de que te dejes querer, es el más bello sentimiento que puede embargarte... y yo tengo suerte, mucha suerte, porque tengo amigos grandes que jamás se olvidan de mí, aunque pasen años y ciclones, aunque la vida nos haya llevado a extremos encontrados en los ámbitos sociales, políticos o literarios...
Tener amigos de verdad es no estar solo jamás y, sinceramente, Claudia, no sabría explicarte de ninguna manera cómo se llega a entablar una amistad capaz de la entrega recíproca... quizás todo consista en actuar siempre con generosidad y sin dobleces, en darse y no esperar nunca nada... tampoco sé cuándo se fraguó cada una de mis amistados, cuándo fue el momento mágico del lazo [es algo que nunca he sabido controlar, entre otras cosas porque siempre he estado convencido de que es algo que se escapa a cualquier tipo de control]... lo que sí puedo contarte es mi experiencia de la amistad, ese saber sin necesidad de constatación quién es tu amigo verdadero y cómo, sin dudarlo, sabes que estará ahí para lo que precises y siempre [igual que lo estás tú para él].
El asunto de los afectos resulta una circunstancia esencial para la especie humana, y todo porque no estamos completados y precisamos atención del otro, expresiones de afecto, alguna mano que nos empuje de vez en cuando –todo a pesar de que en nuestra puñetera inmadurez tendemos a la confusión y a poner trabas constantes a los afectos confundiéndolos con otras cosas–. Todo termina siendo una asunto de... ¿cómo te lo diría para que la expresión quedase luminosa?... sí, una cuestión de “ser con los demás”... y es que el contacto con el otro logra que te vayas haciendo a ti mismo, y si ese contacto es sincero y se basa en pautas de honestidad y de respeto, yo creo que ya andamos en el camino del afecto, y de ahí a la amistad solo queda un paso [el tiempo de uso y la profundización en el conocimiento]... y justo lo que anuda la amistad como verdadera es la ‘lealtad’, eso que vincula por adhesión y protección... y siempre sin utilidad buscada.
En la amistad uno se construye mientras comprende al otro, y no conozco mejor forma de construcción y crecimiento, Claudia.
Es todo lo que te puedo decir sobre una de las cosas de la vida que mejores resultados le arrojan a un hombre o a una mujer... ten amigos y cuídalos como a ti misma, y con el tiempo sabrás que has tramado sin querer una buena vida.

* En la foto, Julio Martínez Mesanza, José Luis Morante, yo, Arturo Ledrado, Agustín Porras, Luis Alberto de Cuenca y Juan Luis Calbarro en una comidina que nos montamos en Rivas-Vaciamadrid.


Wednesday, February 3, 2010

Palabras para Claudia (VI). Sobre la integridad.



Hoy toca ese imposible utópico al que llamamos “integridad”, Claudia, y para hablarte de él voy a guiarme por un poema absolutamente lúcido de Rudyard Kipling que se titula “Si”, del que saco esta lista que te dejo... ten calma cuando a tu alrededor todo el mundo la pierda y te culpe a ti de ello, mantén la fe en ti misma cuando duden e intenta excusar a quienes desconfían, espera sin cansarte, no le des pie al sentimiento de odio, nunca te creas buena, sueña sin rendirte a los sueños, piensa sin que el pensamiento sea meta, trata al triunfo y al desastre de la misma forma, soporta que tu verdad se deforme retorcida en otras bocas, recompón tus ilusiones si se rompen, juega siempre y pelea por volver a jugar si pierdes, que tu cuerpo te sirva aunque esté extenuado, trata sin diferencias al que triunfa y al que fracasa, no dejes que te hieran tus enemigos [y menos tus amigos]... Sí, chiquitilla, sé que suena un poco a esas potorrerías de los sectarios ultracatólicos conservadores, pero son asuntos que no les pertenecen por exclusividad y que serán para ti valores sólidos sobre los que edificar tu integridad entre los restos del naufragio... llevar tu verdad hasta el extremo requiere de este tipo de actitudes [fallamos todos en muchas de ellas cada día]... me cago en la puta, Claudia... si parezco un padre párroco, coño... discúlpame.
Si puedo decirte en otro tono que mis fallos en cualquiera de los campos que te he relatado son los que más me han dolido y, sobre todo, son los que han logrado algunas veces que me encierre en mí mismo con el daño personal que eso conlleva... mientras escribía esto se me acabó el tabaco y me acerqué al bar de al lado de mi estudio a reponer tal mercancía... allí estaban un par de camareros con cara de absoluta infelicidad [dos esclavos modernos que seguro que no ganan mil euros al mes], había una cuadrilla de bancarios disfrutando entre risas de un vinito de la Ribera del Duero [esclavos de los peores que ganan bastante más de mil euros al mes], una comandita de funcionarios municipales atiborrándose a tapas [no lo tienen mucho peor que los bancarios], un par de jubiladitas tomando café con pastas [al final es lo que le queda a algunos de esos esclavos] y un político solo en la esquina del fondo agarrado a una caña de cerveza [no encuentro definición en este caso]... todos se tienen por personas íntegras, que conozco a cada uno de ellos [mi pueblo es pequeñito], pero ni uno de ellos le echaría una mano desinteresada a cualquiera de los otros en el caso de que tuvieran un problema... esa es la situación en la que estamos... el mundo es un bar lleno de gente que sonríe y que solo mira para lo suyo. ¿Tipos íntegros?... una mierda pinchá en un palo, coño... pero persisten en su existencia falsa y anodina, siguen en su delirio de ‘normalidad’ y se espantan de que alguien los cribe con los ojos... eso es lo que debemos hacer, Claudia, buscar con los ojos cada disfraz de la gente e indagar en su verdad para encontrar la nuestra, bucear en sus defectos para intentar no cometerlos, escudriñar en su comportamiento para no comportarnos jamás como lo hacen ellos.
Bueno, chiquitilla, que me voy ya a ver si me sale algo de curro, que las cosas están bastante negras para mí en estos últimos meses... es bueno que eso también lo sepan los demás, que sepan tu situación para que tú percibas sus reacciones... cuando yo ando mal hay tantos que sonríen...

* La imagen es un montaje de Urah-dal sobre una foto que me tomaron en Perú.





Tuesday, February 2, 2010

Palabras para Claudia (V). Sobre las jodidas espirales.


Visto con la distancia de los años, terminas dándote cuenta de que hay espirales en las que entras y de las que no puedes salir de ninguna forma, y eso es algo que nunca nos han enseñado donde debieran haberlo hecho, en las escuelas y en los institutos. Mira, Claudia, yo, ahora, con todas mis cargas [y me imagino que cualquier tipo en mis mismas condiciones], soy capaz de visualizar cómo hubiese querido el diseño de mi vida, y de ahí mi fracaso, porque lo entiendo ahora, que ya no hay soluciones posibles a ese diseño. Estudié una carrera sin futuro, solo porque había que estudiar algo [y yo tuve la suerte de poder escoger, que mis padres en eso no me forzaron a nada], y me desencanté ya en el primer trimestre del primer año, pues nada se acercaba ni un ápice a la idea que yo tenía de esa profesión y de esos estudios [estudié Biológicas en la Universidad de Salamanca], pero seguí en el asunto porque era lo más cómodo para un chaval de 17 años que solo buscaba comodidad y tiempo hecho... y desde ahí, la vorágine... una novia, un matrimonio, unos hijos, un trabajo tedioso que no me gustaba para poder soportar mi familia, créditos, inversiones... todo en espiral y frenético, todo lleno de decisiones que me llegaban impuestas y digeridas... y luego los vínculos, los jodidos vínculos que te van atando de por vida... una familia, un banco con sus hipotecas, unos trabajadores a los que pagar, una empresa en la que agotarte... y la jodida verdad, el engaño, es que siempre acometí mis proyectos cercanos con la idea de que podría controlarlos y detenerme cuando me viniera en gana... ahí fue donde me caí con todo el equipo, en no darme cuenta de que cada situación me iba llenando de ‘imposibilidad’. En fin... un desastre.
Mirando atrás, solo veo que he hecho cosas dirigidas siempre a autoesclavizarme en absurdos compromisos que me han ido destruyendo [ojo, no puedo ocultar que en ese proceso de esclavización han existido también muchos tiempos de satisfacción, pero lo que ‘es’ no tiene nada que ver con lo que yo hubiera querido que fuese]... el caso es que he llegado a un punto en el apenas soy capaz de controlar un ápice de mi vida, ya que todo me viene dado por exacta ‘obligación’ y con el consecuente castigo si no procedo como se espera que proceda.
La solución a todo esto debiera haber estado en una buena formación en mi tiempo infantil y adolescente, en que antes de llenarme la cabeza de absurdos contenidos [Historia, Matemáticas, Lengua, Latín, Geografía...], debieran haber formado con solidez mi criterio y haberme enseñado los caminos hacia las correctas tomas de decisiones en las cuestiones más reales de la vida social del hombre, debían haberme metido a sangre y fuego el valor exacto de los peligros que iba a correr, debieran haberme enseñado a actuar con responsabilidad propia y con exigencia de responsabilidad ajena, habría sido excelente que me hubieran enseñado cómo ser un padre correcto, cómo ser empresario u obrero decente y justo, cómo tratar la brutalidad de un préstamo o una hipoteca y cómo tomar la decisión de tomarlos o rechazarlos... debieran habernos enseñado a salir al mundo con pie firme y seguridad, con datos reales de los antes y despueses de cada una de nuestras decisiones, con la claridad meridiana de un proyecto de vida bien trabado para crecer en lo que realmente estuviéramos preparados para crecer y aportar algo positivo a nuestro entorno... ahí creo que comenzó el fracaso, amiga Claudia, en ese dejarnos al pairo con cuatro datos aprendidos de memoria que no nos han servido para nada...
Como te digo, la vuelta atrás resulta imposible cuando llegas a mi edad... entonces solo quedan los caminos paralelos [que actúan siempre como placebo], como la poesía [es mi caso], caminos que te permiten crecer en el plano intelectual y en el espiritual [apenas una micra en el plano real] y que, por lo menos, te ayudan a pasar algo mejor el trago al sentirte capaz de vomitar todo lo negativo que acumulas [poder echar la mierda siempre procura cierta sensación de descanso]... así las cosas, me gustaría que pensases en esto y te propuesieses ser muy cuidadosa con cada una de las decisiones que tomes en tu vida, sobre todo con esas decisiones que llevan consigo nudos directos y apretados... que seas consciente de que un pequeño cambio a tu edad, un giro de poco grados en tu trayectoria, puede dejarte marcada para siempre y puede cerrarte definitivamente algunos caminos que nunca debieran ser prescindibles.
No te lo pongo bonito, Claudia, lo sé... pero tu ventaja es que aún estás a tiempo y tienes los mimbres de tu vida sin trenzar...
Me encantaría que esto te sirviese para algo.

* Foto de mi equipo de basket en los años setenta [soy el cuarto de arriba contando por la izquierda].


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Friday, January 29, 2010

Palabras para Claudia (II). De la Injusticia.


Mi querida Claudia, no sabes cómo me ha impactado conocerte [y eso que solo cruzamos palabras un par de minutillos]... creo que voy a dedicarte algunas entradas de esta bitácora con intención rebelde y quizás también con cierta voluntad didáctica... espero que sepas entenderme.
No te fíes jamás al primer golpe de vista de quienes se rebelan contra la injusticia, Claudia, pues todo tiene sus dobleces y este tipo de rebelión guarda bastantes puñales detrás de cada una de sus esquinas, pues, en nuestra candidez, solemos pensar que quien se alza contra alguna injusticia posee un sentido claro de la justicia [nada más alejado de la realidad]. Normalmente, quien más alza la voz, quien saca las uñas más largas, quien muestra más interés contra una causa injusta es el ‘injusto’ que se siente engañado por algo o por alguien... el verdadero rebelde es un tipo tranquilo que no muestra furia ni pide venganza, un tipo que no muestra su indignación con desmesura y que es capaz de mirarse siempre antes de pedir a los demás que se le unan.
No te fíes de quienes argumentan con odio la defensa de unos ideales ‘justos’ y siempre intentan aturdirnos con generalidades [en las que encuentran miles de millas marinas para sentir la absurda libertad de escupir lo que les apetezca con pomposas hipérboles, y en las que no tienen que demostrar nada ni responder ante nadie en concreto]... el verdadero rebelde es el que actúa contra injusticias concretas e intenta soluciones factibles [del aturdido discurso de lo general nace la dispersión, y de ella las más terribles mentiras y los peores fraudes]. Apártate de esos gurús que atontan y busca siempre concreción e intenta que jamás medie el odio y que tus defensas siempre traigan al lado soluciones verdaderas [de lo contrario, tu lucha contra la injusticia puede propiciar situaciones más injustas].
También debes saber que quien siente verdadera indignación ante cualquier injusticia y pelea contra ellas, es también quien más posibilidad tiene de padecerlas como precio a su justa razón... es por ello que debes estar bien preparada a los golpes... y es ahí donde vas a saber nítidamente si sirves para intentar ‘arreglar el mundo’ y desde ahí desde donde debes crecer de forma individual, aprendiendo a juzgar tus propios actos y valorando tu situación en términos del otro... y no te equivoques jamás en buscarte en la ‘propia dignidad moral’, en tenerte como ‘ejemplo de bondad y de lucha’... que eso es dañino narcisismo... haz lo de debas hacer, soporta lo que debas soportar y olvídate de que eres parte de una lucha noble [tu nobleza y tu valor siempre los deciden los demás]... mantén siempre tu mente fresca y activa, intenta autogestionar tu ideario, no te dejes aletargar por las palabras de otros... que solo tú eres capaz de hundirte y de salir a flote con todas las consecuencias... haz continuo examen de conciencia y no dudes en dar giros de ciento ochenta grados si tu razón te lo indica... que la corrupción individual nace siempre de la falta de criterio... sé valiente, Claudia, concreta, cabezota... y habrás dado el paso más grande de tu vida.

* En la foto, con Juanjo Barral en el patio de la casa de Antonio Orihuela, en Moguer.

Thursday, January 28, 2010

Palabras para Claudia.


Me gusta compartir algo de tiempo con los jóvenes, saber de qué va su rollo, qué buscan, qué esperan, qué pretenden... me siento bien con ellos y me asombro gratamente al verme en sus miradas exactamente igual que cuando yo tenía sus ganas y sus miedos...
Ayer, en Mérida, me medio riñó una chiquilla de ojos vivos porque me confesé vencido en público... me dijo: “que sí, que podemos cambiar el mundo y no hay que rendirse...”. Yo sonreí mientras me perdonaba por haberle dado, también en mi charla, pistas sobre la falsedad de mi confesión de vencido. Le di dos besotes y le firmé el cuadernito que contenía mis versos... y después pillé mi coche para volver a casa. Durante todo el viaje, que fue largo, no se me quitaba de la cabeza su mirada... ni tampoco sus palabras.
¿Qué coño puedo hacer yo a estas alturas para cambiar el mundo?... ¿qué no habré hecho ya para intentarlo?... ¿cómo podría yo unirme al ímpetu de esa chiquilla para hacer que salten chispas?... eran las preguntas que me asaltaban en el trámite ‘in the road’ de ayer... repasando, puedo enumerar algunos intentos en mi vida [y todos fallidos]: milité a su justa edad [la de mi interlocutora hermosa, que se llama Claudia] en agrupaciones radicales de izquierda, salí a gritar a la calle, tiré panfletos y estuve detenido [y acojonadito], me formé por mi cuenta en algunos aspectos con el fin de ser como yo quería ser [todo para intentar hacer lo que nunca he podido hacer], milité en un partido poderoso y tuve representación pública [todo para acabar destruido y desencantado], fundé un periódico ‘antiacomodaticio’ y lo mantuve durante más de seis años [todo para sentirme vilipendiado, presionado, acosado, insultado... y quedarme si un puto duro], creé una editorial y recibí fundamentalmente palos de muchos de mis editados [además de deudas... apenas nadie conoce el concepto de ‘compartir’ y todos confunden solidaridad con dádiva, conformándose así un mundo lleno de ingratitudes], me metí de lleno en el mundo solidario [el ‘profesional’] y se me aclararon rápidamente los conceptos de ‘voluntariado’ y de ‘cooperación’ [hasta ese momento no podía imaginarme que en ese campo hubiese tantos intereses creados y que tanto porcentaje de dinero se arañase en gastos administrativos y en gastos varios], monté una empresa con varios empleados e intenté llevarla en parámetros de pura justicia social [es imposible, pues el mundo de la empresa y el del trabajo están viciados por la puta individualidad y el peor de los egoísmos –tanto por parte del trazado patronal como por parte del arañazo obrero, que no se salva ninguno–], acogí a dos hermosos vencidos que vinieron a España en patera [hoy los llamo “mis hijos”] y entendí que por ahí podría encontrar una trocha en la que buscar una salida, y me puse a ello, y monté mis propios proyectos de cooperación, que es en el asunto en el que camino ahora, pero presiento tigres al fondo y se me vacía el aire de los pulmones hasta no poder pensar...
Mi querida amiga Claudia, tú partes limpia ahora, tú inicias el camino con ímpetu y con intención, ves posibilidad donde yo dejé ruinas... y eso me gusta y me anima mucho... pero te darán palos terribles y debes estar preparada para soportarlos, se te caerá tu mundo en un segundo como un castillo de naipes y debes tenerlo bien previsto para saber volver a empezar, verás cómo desertan tus mejores amigos y cómo se venden los que eran para ti norte y ejemplo, verás cómo el sistema abduce todo y lo desangra hasta dejarlo de su mismo color, te llegará el desencanto, perderás todas tus fuerzas y pensarás en integrarte y dejarte llevar o simplemente en desaparecer... pero debes seguir intentándolo, debes insistir hasta agotarte... porque yo aún creo que es posible, estoy convencido de que es posible, sé que es posible... pero estoy realmente agotado de equivocarme, agotado de caer y volverme a levantar...
Y quiero decirte que me tendrás siempre que lo precises, y que el hecho de tenerme –sentirlo yo y que tú lo sientas– es para mí verdadera gasolina y me llena de esa vitalidad que tanto necesito. Estoy harto [y ahora también me siento derrotado, vencido], pero me conozco y sé que aún me queda capacidad para ilusionarme y volver a pelear, que solo me falta una chispita como la tuya para decir: “¡Qué cojones!.... vamos a comernos el mundo, coño...”.
Un beso fuerte y todo mi ánimo... no dejes de buscarme cuando lo desees.