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Saturday, May 9, 2009

Fotos sueltas de otros días (II).


9 de mayo de 2009
FEROCIDADES

Andaba Isla Correyero por esos días con el encargo de Sergio Gaspar de hacer una antología de poesía radical, algo que rompiese moldes y anunciase pujanza de una nueva forma de hacer.
A la chica de “Coño azul” no se le ocurrió otra cosa mejor que convocar a los poetas seleccionados en un adusto convento de Ávila [en el que, como ya puede imaginarse, introdujimos todo tipo de consumibles alucinógenos].
Las reuniones eran absolutamente tediosas, pues a Isla no se le ocurrió otra cosa que intentar poner orden administrativo donde solo existía un caos divino. Intentó test con todos nosotros, concursillos para buscar el título de la antología, lecturas de poemas en grupo que le ayudaran a ponerse al día de aquella radicalidad que apenas conocía, y escuchaba sentada en un sillón igualito al de la peli Enmanuel [solo faltaba el desnudo].
Los poetas íbamos a nuestra bola: absolutamente impresentables, pues nos presentábamos a las sesiones con altas dosis de alcohol en sangre [o lo que fuera], lo que terminó con un desvanecimiento de Isla por incapacidad de sujetar aquella situación.
Las reuniones de pequeños grupos en las habitaciones eran de traca, auténticas fiestas llenas de carcajadas, mandarinas y ocurrencias terribles, pues la idea de Isla era no dejarnos salir de allí, como si estuviéramos concentrados para algo importantísimo.
El caso es que, después del desmayo de Isla, escapamos del convento y nos tiramos a la noche abulense [por decir algo, jeje, pues Ávila es más casta que una mujer muerta]. Recalamos en un local con un nombre emblemático al caso: “Carpe Diem”, donde bebimos hasta el ‘Asturias, patria querida’... y se nos acabó el papel de fumar... así que empezamos a preguntar entre los clientes del local si nos podían dejar papel, consiguiendo un Kleenex que nos dio una chica y la indicación del camarero de que había en el baño [higiénico, claro] y que todo el personal que llenaba esa sala eran alumnos y profesores de la Academia de Policía de Ávila... salimos como pudimos del lío policial y acabamos tirados por las calles. De amanecida, volvimos al convento para desayunar gratis, y juro por lo más sagrado que todos los que compartíamos mesa vimos pasear por los jardines exteriores al fantasma de un monje con hábito blanco y capucha.
Yo no fui seleccionado para entrar en “Feroces”... Uberto Stabile tampoco.... pero ésa es otra historia.
* [En la foto: David González, Manolo Moya –también conocido por Violeta C. Rangel–, Juan Carlos Reche y yo].


JUAN DE CARTAJIMA

Yo creo que Pepe García Pérez ya se había jubilado cuando coincidimos en un curso de verano de El Escorial. Coincidimos en un descanso entre ponencias y nos fumamos un cigarrito de comienzo de amistad que me supo a gloria... después de aquello pasamos muchas horas juntos, charlando en las terrazas de los bares escurialos o en las hermosas noches mágicas del Cafetín Croché... y de aquellas charlas supe de su poesía con enraizada fiebre andaluza, de su calidad de exdiputado de UCD y de su aventura en el parlamento durante las duras jornadas de 23F [las pasó putas el campeón], de su trabajo como director del suplemento “Papel Literario” del Diario de Málaga y de una inteligencia sobresaliente llena de guiños.
Lo pasamos de puta madre e hicimos piña con otros 15 poetas asistentes al curso, hasta el punto de conformar durante una noche bruja y alcohólica una nueva tradición poética a la que denominamos la Nueva Sementalidad, nombrando una Venus Pandémica y Celeste y escribiendo un manifiesto inclasificable mientras cantábamos a voces aquella canción salmantina que dice: “Ya no hay toros en Ledesma, ni tampoco en Villarino, ni tampoco en Fermoselle, porque se ha muerto Faustino...”.
Logramos un círculo de amistad hermoso que dura hasta el día de hoy... y nos trajimos fotos de las braguitas de las chicas, fotos que hacíamos por debajo de las mesas de la cafetería del Felipe II sin que se enteraran... no sé por dónde andarán ahora esas fotos, aunque sí recuerdo parte de un poema que escribía al caso durante aquellos días... “yo vi tus bragas blancas / levemente asomando, / fue en la cafetería del Felipe II / durante unas jornadas de poesía. / Turbado te confieso / que apartar la mirada / de tu centro intuyéndose / resultó ardua tarea...”. El poema lo recogí en la antología “Vuelta a la nada”, dentro del apartado “Palabras para Cintia”.
De esa amistad con Pepe García Pérez comenzó un tiempo de colaboraciones con crítica literaria en el Diario de Málaga, en el que aparecí durante varios años años como redactor en créditos de su suplemento cultural.
*[Juan de Cartajima es el apodo con el que Pepe García Pérez firma sus artículos de prensa].


EL SEÑOR DE FUENTEHERIDOS

Aquel verano nos invitó Manolo Moya a pasar un fin de semana en su casa de Fuenteheridos... recuerdo que acudimos a la invitación del colega todos los que aparecemos en la foto [Abraham Gragera, Antonio G. Turrión, Marino González, José Luis Morante, Uberto Stabile y yo] y nos divertimos de purito abstracto andaluz del interior. Charlamos de todo lo humano y lo divino, comimos y bebimos a placer, recitamos poemas en rondo para un borracho y un tabernero durante las mejores horas de la noche y, sobre todo, dormimos todos juntos en el salón de Manolo, tirados por el suelo y descojonaditos de risa... aunque lo mejor de aquel viaje fue el apretón que obligó a Antonio a utilizar el baño de la casa justo después de haberle contado un cuento al hijo pequeño de Moyita. El niño se quedó con ganas de más cuentos y el baño solo tenía por cierre una cuerdecita de 50 centímetros que dejaba la puerta a media abrir. Todos charlábamos animadamente en el salón [que está justo mirando a la puerta del baño] y el moyita chico empujaba la puerta, la abría y le decía a Antonio [que estaba el hombre apretando con el culillo al aire] “Antoño, cuénteme otro cuento...”... descojonante e imborrable aquella imagen que se repitió por lo menos cinco veces... e irrepetible el encuentro.


UN RUBITO Y UN CERDITO

Siempre consideré a Juan Carlos Valera un genio de la edición y un maestro incomparable de todo lo estético.
En esta foto andábamos de líos literarios en el Círculo de Bellas Artes matritense, pero a Juan Carlos lo conocí en Vitoria, durante unos encuentros literarios en los que también coincidí con Elisa Serna, José Luis Morante, Antonio Gómez y Antonio Gala.
Yo viajé a Vitoria con Juanito y nos alojaron en un albergue de la ciudad. Llegamos los primeros y nos asignaron a un largo pabellón lleno de literas en el que, de momento, solo estábamos los dos. Salimos a cenar por el centro antiguo de Vitoria y volvimos tarde a dormir al albergue. Ya allí, escojimos dos literas del fondo del pabellón dormitorio y pillamos sendas camas bajas seguidas para dormir. Hicimos nuestras abluciones y nos encamamos, bien cansaditos del largo viaje. A eso de las tres o las cuatro de la madrugada se encendieron todas las luces del pabellón dormitorio y nos despertamos asustados... se oyeron unos pasos fuertes y seguros avanzando hacia nosotros y una voz masculina, aunque algo afectada, comenzó a gritar... “¡Hacerme esto a mí, a Juan Carlos Valera, el mejor editor de Cuenca y de España... hacerme esto a mí... meterme como un paria en un albergue miserableeeee...!”... a esa altura de la historia, Juanito y yo estábamos atemorizados entre las sábanas mirando hacia la sombra que se venía hacia nosotros y con los ojos abiertos como platos. De pronto, Juan Carlos nos vio como aterrados, mirándole, soltó su maletita en el suelo y gritó: “¡Gracias, Dios mío.... Un cerdito y un rubitooooo!”.
La amistad fue instantánea y el gozo de tenerla siempre presente crece cada día.
Juan Carlos presentó en aquel encuentro un mandil decorado por Joan Brossa, y lo hizo desnudo paseando un por el escenario un hueso montado sobre un patín.
En los últimos años está muy ligado a Fernando Arrabal, con el que viaja por el mundo presentando su revista/maleta “Menú”. Mis últimas noticias es que andaba por New York codeándose con las más altas esferas del arte.
Un beso lujurioso desde aquí para mi Juan Carlos Valera... te quiero, tío, y te echo mucho de menos.

BENDITO TÚ ERES ENTRE TODAS LAS MUJERES

Fue descojonante cómo la periquita que cubría un evento literario para Telemadrid no consiguió que ninguna de las personas que estábamos a su lado le hiciéramos declaraciones... jajajaja... recuerdo cómo cada vez que arrancaban a grabar, Ada Salas y su amiga extremeña se arrancaban a contarse confidencias y yo me ponía a hacer cucamonas mirando a cámara... la locutora se desesperaba, pero tenía un puntito de respeto a aquella mesa en la que un montón de tipos del mundo de la poesía [entre los que estaban Antonio Carvajal, Ramón Irigoyen o Pepe Hierro] no le hacían ni puto caso... y solo yo miraba a cámara haciendo tonterías con mi cigarrito.
Al final, la cosa se le arregló de aquella manera a la mona rubita, porque pasaron a su lado dos exmises españolas y le dieron cancha.... ¡hablando de poesía contemporánea!... la rehostia.
Desde aquel día guardo un recuerdo indeleble de mi Adita Salas, un verdadero amor poético lleno de sensibilidad y palabras sobresalientes... y también desde aquel día supe que el temible crítico de poetas alclónicos del norte, José Luis García Martín, era un memo con poder, con mucho poder, pero un auténtico memo. Eso también es otra historia.

Sunday, October 5, 2008

Desde el huerto magnífico de todos.

*Fotografía aparecida ayer en El Adelanto

4 de octubre de 2008
[ayer, el malestar que traía no me permitió colgar esta entrada]


Llegué del XI Encuentro de Poetas Iberoamericanos [‘huerto magnífico de todos’] con una importante infección urinaria [no en vano me tiré al barro de la fría noche salmantina junto al inefable Juan Antonio Bernier –total pa nada– con una camisina blanca y una chaquetilla de mentira, entrando a montones de garitos donde el calor era sofocante y saliendo de ellos regazado para aterirme al instante].

*Con Curro Bernier durante la cena del día 3

El encuentro fue estupendo, entre otras cosas, porque me trajo al Bernier más piporrillo con su cosa de búlgaro en ciernes [lleva el hombrito poco menos de un mes en Bulgaria como profe de español y anda como pirulín bandera], por recuperar y volver a abrazar con ganitas a Isla Correyero y quitarme de una vez esa distancia que tanto me molestaba y con la que tantos cabreos me he pillado… no hay como verse, ¿verdad, Isla? [a la que no reconocí al primer golpe de vista], por guiñarle el ojo a la fragante y listísima Isabel Bernardo, por conocer en persona a Nancy Morejón [cubanona hermosísima y poeta homenajeada en el encuentro por el Ayuntamiento de Salamanca… qué buen rollito tiene esta mujer], por quedarme boquiabierto con la poesía del mexicano Miguel Aguilar Carrillo [al que no conocía y con el que he flipado en colores al oírle leer su poema ‘Muchacha en la playa’], por saber también de la obra excelente del ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso [hace un ratito leí delante de un café solo ‘La conquista del agua’… ‘… Haremos un hijo de varias mujeres / que estrenen placentas en cumbres rosadas…’], por ver con mis ojos la bondad hecha gestos de Ángel Luis Luzán y su chica divina, por la lúbrica lectura de María Antonia Ricas [la vi de perfil mientras recitaba y fue precioso], por asistir absorto al derroche de seguridad –envidiable– de Paca Noguerol [lo que sabe la moza… y lo que controla…]... y por el buen trato recibido de Alfredo Pérez y de su Jacqueline.
Mil gracias a todos por el afecto y las ganitas.

*Alfredo Pérez Alencart y Jacqueline

•••
Y nada, que salí de Béjar cargado con un espejo y unas cajas de zapatos para mi hija, con una maletita para mi ropa y bastante cansancio acumulado del curro semanal. Tardé lo indecible en llegar a Helmántica [la carretera está en obras y había multitud de camiones en el trayecto], pero lo hice con suerte y volví a encontrar aparcamiento cerca de la casa de mi hija. Llamada de aviso, descarga del material bélico y caminito a la casa para entregar. Mi reina estaba en el portal esperando junto a Adrián. Subimos los aperos a la casa y vi con alegría que mi chiquitilla ha cambiado de habitación [no ha ganado metros, pero tiene un ventanal con vistas al Campo San Francisco y a la catedral, circunstancia que le da un cambio cualitativo a su supervivencia]. Acabada la entrega, nos fuimos a tomar un café dando un paseo hasta la Plaza Mayor y charlamos los tres durante una hora larga. Luego, me acompañaron hasta el hotel donde me he alojado [Puerta de la Catedral NH] y subieron a ver la habitación, un lujo nubio para los días que corren [Mariángeles pilló la crema de manos que había en el baño y se la llevó en el bolsillo].
Nos despedimos con abracito.

*Material del congreso en mi habitación del Hotel Puerta de la Catedral NH

Cuando quedé solo en la estancia hotelera, me acomodé [me quité los zapatos y los pantalones, y me tumbé en la cama] y me dispuse a hacer la selección definitiva de los poemas que habría de leer en mi intervención en el encuentro [se me había encomendado la labor de cerrar la jornada inaugural con mi declamación y de hacer un breve discurso de bienvenida a los poetas de las ciudades Patrimonio de la Humanidad]. Cerré el asunto en media horita y salí a pasear Salamanca a solas hasta las siete de la tarde, hora en la que había previsto un encuentro informal de los poetas en el hotel para hacer las presentaciones [mis primeros abrazos fueron para Bernier e Isla, a los que hacía un montón de años que no veía]. Saludos, charla distendida y caminito del salón de recepciones del ayuntamiento salmantino. Cuando llegamos, estaba lleno hasta la bandera, y entre el personal asistente –para mi alegría– estaban mis amigos Gerardo y Elenita.

* Con Nancy Morejón en el Ayuntamiento de Salamanca

Arrancó el acto Isabel Bernardo con un discurso muy bien preparado que me gustó [esta chica es racial y muy inteligente… y encima me cae de puta madre]. Dio entrada a Nancy Morejón, entregándole el título de ‘Visitante de Honor de la Ciudad de Salamanca’ e invitándola a realizar su lectura, que inauguraría el encuentro. Nancy estuvo muy poeta en su lectura [es cubana y solo con su acento y la forma de vocalizar y casi susurrar sus poemas ya tiene medio ganado el cielo]. Estuvo bien. Luego fue el turno de Xavier Oquendo Troncoso, que me sorprendió gratamente con su poesía, y el del portugués Vasco Graça Moura [bastante más alejado de mis gustos poéticos… y demasiado político]. Ambos fueron presentados por Alfredo.

*Foto política en la cena oficial del primer día de encuentro

Y llegó mi turno. Me presentó Isabel Bernardo y lo hizo desde el cariño, con lo que puede imaginarse que se pasó tres pueblos en elogios hacia mi persona y hacia mi poesía, pero uno ya agradece estas cosas, aunque no se acerquen a la verdad del todo, por eso de que son demasiados años de palos y silencios. Y leí con ganas y con fuerza, levantando la voz cuando era preciso y susurrando cuando los versos me lo pedían. Rematé dedicándole a Nancy un poema de alto contenido erótico y creo que me la gané desde ese instante [hasta que volví a casa todo han sido sonrisas y frases cariñosas, hasta el punto de que me indicó a la hora de la comida que me sentara a su lado para charlar, y lo pasamos estupendo con una conversación entre seria y distendida… me llamaba ‘cabrón’ cuando le decía alguna maldad... y reía a carcajadas].

* Emilio y Los Derrumbados cantando en la noche de El Savor

Y cenamos de lujo en una cena oficial… y a eso de las doce me escapé con Bernier a la noche salmantina [demasiada bebida, frío/calor como para pillarse una erisipela y una curiosa audición en ‘El Savor’ del grupo Los Derrumbados, que dirige mi amigo Emilio… divertidísimos]. Nos acostamos tarde y maltrechos.
Dormí poquito.

*otra foto con Nancy

Y a eso de las nueve me levanté, desayuné rapidito en el hotel y me tiré a la calle para pasear Salamanca a solas. Di varias vueltas largas y en una de ellas me encontré con Willy y su señora, el radiólogo que trato a Geles en su última operación, un tipo entrañable y cultísimo que me sigue desde hace años y me muestra su afecto con alegría cada vez que me ve. Charlamos de largo y me enseñó algunos secretos salmantinos, como ése por el que un arquitecto se burla del que realizó el edificio de enfrente con un medallón esculpido en piedra de Villamayor [lo fotografié]… varios acertijos, definiciones y juegos de palabras y, pásmense, me regaló un par de cositas que llevaba en la cartera y que yo vuelco a estas páginas.

*el entrañable Willy y su esposa (dos cielos agarraditos del brazo)


1. Papelito fotocopiado y cortado de forma irregular que reza:
“EL LIBRO: abierto, es el cerebro que habla; / cerrado, un amigo que espera; / olvidado, un alma que perdona; y destruido, un corazón que llora. (Proverbio hindú).

2. Papelito del mismo tipo que el anterior en el que está escrito:
“Dices que para vivir, / debo dejar de beber, y tengo que prescindir / de fumar y de joder. / Tu consejo es a mi ver / sabio, atinado y prudente. / Mas si tanto inconveniente / suelen tener las pasiones, / dime para qué cojones / quiere la salud la gente. José Antonio Gabriel y Galán a su médico.”


Y reímos juntos mientras su esposa repetía como un eco cada dicho que Willy me relataba. Les hice una foto porque me pareció tiernísima su imagen.

*el excelente poeta mexicano Miguel Aguilar Carrillo con Isabel Bernardo

Luego asistí a la segunda jornada del encuentro [ya mellado por mi infección urinaria] y escuché a Mª Antonia Ricas y me gustó, y escuché a Miguel Aguilar Carrillo y me fascinó, y escuché a Juan Antonio Bernier [que me dedicó su primer poema] y me afirmé en mi idea de que es un poeta de una vez; y escuché a Ángel Luis Luján y sentí enseguida que es una bellísima persona, y escuché a Mario Pérez y no encajé en su tono poético.

*Curro Bernier ante una sopa de melón con jamón

Comimos y me sentí muy molesto con mi infección, por lo que decidí volver rapidito a mi casa para ponerme la manta eléctrica encima y tumbarme a reposar para encontrar algo de sosiego en mi malestar.
Sentí un montón perderme la última sesión [pido disculpas por ello a María do Cebreiro Rábade, a Juan Cameron, a la buena de Isla, a Vicente Valero [que me dio la sensación de ser un tipo excelente] y a la peruana Sonia Luz Carrillo.
Podré desquitarme de esta falta el día 9 en Béjar, pues vendrán a leer sus poemas Sonia Luz, Juan Cameron y Miguel Aguilar.
Lo he pasado estupendo, de verdad, y creo que he hecho nuevos amigos.

*Isla Correyero cenando enfrente de mi punto de vista

• Libros recibidos durante el encuentro:

- “La conquista del agua” de Xavier Oquendo Troncoso
- “Así procede el pájaro” de Juan Antonio Bernier
- “Laberinto del cuerpo” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Historias” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Muchacha en la playa” de Miguel Aguilar Carrillo
- “Libro cero” de Fernando Díaz San Miguel
- “Habitación de olvidos” (antología)
- “Epitafio del fuego” (antología)
- “Poesía en Salamanca” (antología)
- “El huerto magnífico de todos” (antología)
- “Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España” (edición infantil)
- Un catálogo de literatura infantil del peruano Jesús Cabel

•••

5 de octubre de 2008

Va remitiendo la infección [ayer me metía a las nueve y media en la cama con una manta rodeando la cintura y me quedé dormidito viendo la goleada que el Barça le clavó al At. De Madrid], aunque arrastro un incómodo dolor de riñones que me molesta cuando permanezco un ratito de pie. Y hoy me levanté tarde y lo primero que hice fue correr a leer con hambre ‘Muchacha en la playa’, de Miguel Aguilar. Encendidos poemas y jocosos de lumbre para un tipo mayor como yo, exactamente iguales a mi percepción penúltima y antepenúltima de la mirada lúbrica, casi hermanos en expresión y auténticos gemelos univitelinos en sensaciones. Me encanta la poesía de Miguel, me arma y me desarma, me vuelve loco.


Copio aquí dos de esos poemas magníficos en su chorro sensible:

¿Por qué la carne, Señor, la turgencia, las células
ahítas a lo largo del camino, los secretos
lugares, la oscuridad latente
en ese centro, las pequeñas espinas
que alimentan la sangre? ¿Por qué los huesos, la albura

siempre oculta de los huesos?

¿Los órganos contrechos; esa arritmia, ese dolor

en el insomnio, ese perfume

lento, caminando hacia el espíritu

indeciso, el malestar de la lejanía? ¿Por qué si rubio, trigueño

o pelirrojo

el centro? ¿Por qué los muslos fiables, Señor, los muslos,

como agua, leche y mirra? ¿Las rodillas,
Señor, las comisuras entre muslo y pantorrilla?

Esa rayita, Señor, no tan rayita,

justo en el blanco, Señor, ¿por qué?

¿Por qué la oscuridad de los pezones y la línea
convexa de la espalda? Los ojos,

Señor, y las mejillas, las clavículas y el centro,

oscuridad cegada, tan hondo,

tan centro, tan profundo. ¿Por qué la noche inmensa,

el infinito, en ese centro?


•••

El Señor es misericordioso y atento con mis huesos.

Él los lleva a poblar las anchas avenidas

que van a dar al mar / que es el morir

donde crece la mirada.


El Señor es cariñoso con el cuerpo mío, con los ojos

y las manos y las piernas dirigidas a entablar

una conversación con la arena, con la brisa y con el sol

que solo pertenecen a la calma y el sosiego.


El Señor conduce las miradas donde esa frágil

muchacha asciende de las aguas vestida con Su sol
solamente con Su sol, vistiendo el aire con el cuerpo solo.


El Señor es atento con mis huesos. Él los lleva a adorar

no al becerro de oro de piedras recamado sino a esa niña

de cabellos mojados lejos de los mercaderes

paupérrimos que buscan el sustento diario.


¿Quién no confía en el Señor? Pues el Señor trajo hasta aquí

las arrugas, las canas, el exceso de grasa

para mirar a esa muchacha.


El Señor es pescador de hombres ateridos,

de cómplices de la rutina

y me conduce lejos de las inclinaciones de la sobrevivencia,

de los lujos y manjares que solo caben en la imaginación.


Loado sea el Señor que me conduce a contemplar

los redondos pechos y la negrura de ese centro

de la muchacha aquí, acomodando una toalla

sobre la arena como un altar y tomando el licor refrescante

de una piña y aguardiente.


Loado sea el Señor por tantas maravillas.


* © Miguel Aguilar Carrillo ['Muchacha en la playa']


•••

¿Por qué la palabra quiere tanto a Miguel Aguilar [“Con dulce oscuridad trota la muerte, / con esa simpatía, /… / viene jadeando la dulce muerte.”] y a mí me quiere tan poco?
Leí esta tarde ‘Historias’ y ‘Laberinto del cuerpo’ [“… La carne es un invento prodigioso.”], y me quedé hecho un guiñapo, me sentí chiquitito ante tal chaparrón de versos hermosísimos.
Tengo que dejar de leer también poesía, me dije, por lo menos poesía buena, que no me viene bien a la tensión de todo lo que en mí es tensión.
Pensé con uno de esos libros en la mano [libros de editoriales pequeñas o hasta quizás autoeditados, con maquetación mala y poca planta para poner en los anaqueles o mostrar en los escaparates de las librerías] que tenía un tesoro que pocos pueden disfrutar, y me calmé un poquito. Luego leí ‘Así procede el pájaro’, deal amigo Bernier, y recibí la puntilla exacta con ese “Luz de dentro, / mis ojos”.
Que no vuelvo a leer, he dicho.
…

Y recorrí mis cortinas, las que me pongo en los ojos por las noches, y decidí cerrarlas para sentirme sepultado como se sepultan los hombres en la carne precisa de las hembras. Penetré en mi prehistoria sentado en el borde de la silla [que juega a ser el túmulo mejor para mis huesos] y estiré mis tendones buscando el calor húmedo del soportal sin límites. Mi reino es de otro mundo.
Pasó entonces por mi muerte pequeña la preñada mujer que lleva pantalones ajustados de color crema, y la hice ruborizarse con mis ojos mientras pensaba en sus desmayos, e imaginé sus brazos desnudos mientras el pedicuro le limaba las uñas de sus pies de almohada.
Un instante me basta para hacer el amor en la cabeza, un instante magnífico en el que todo es místico y bermejo, en el que hay obsesión inabarcable y un tic-tac en el pulso acelerado.
Pasó luego la mujer de la camisa negra mostrando bajo su botonadura el blanco de nácar de su piel y un sostén deshilachado… ¿qué contendría ese cáliz blondado, qué raíces, qué género de piel, qué blando tacto…? La dejé transmutarse porque advirtió mis ojos y me gusta el asalto sin defensas.
Y de pronto vi al ángel con su pozo de líquenes, con sus dulces medusas ofreciéndose a mí, inmóvil, hincado en el aire de enfrente con sus rodillas pudorosas buscando mi rara trashumancia, mi ser junco y sal, mi sangre haciendo el grumo, mi lengua sin remedio. Su boca transportaba todo el hambre y quería cambiármelo por mi sed.
No accedí sino a ser su pantano o a sudarle su fiebre… y me olvidó.
Ahora soy el alfiler que prende al insecto entre las alas, el idiota tendido que mira sus dominios pensando con desastre que va a perderlos pronto.
Mi cuerpo son las sábanas que me acogen… y mi alivio es el yeso del techo que me cubre.