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Saturday, February 5, 2011

Por lo menos pon unos estores... un viaje para homenajear a Luis Alberto de Cuenca.

El teléfono móvil y los temblores de una compañera de curro de José Luis Morante dejaron esta imagen divina en la que estamos José Luis, Emilio Pascual, Luis Alberto y el que suscribe.

Fue un viaje entrañable desde la justa salida. Venía yo de una semana llena de preocupaciones urgentes en la que apenas había podido reposar [la cabeza, que le da vueltas a todo hasta a la hora de dormir] y todo había encontrado solución a última hora, justo antes de pillar camino a la capital de reino. El día amaneció extrañamente primaveral después de tantos días llenos de flores del frío y solo esa circunstancia ya conformaba el mejor presagio.
Viajé con Antonio Gutiérrez Turrión y el viaje se hizo corto por la conversación constante [casi un monólogo de mi amigo, pues la obligada atención a la conducción y los restos recientes del naufragio semanal le daban forma a mi silencio]... hablamos del último pacto entre gobierno, patronal y sindicatos; de la movida prerrevolucionaria de los países árabes y sus posibles consecuencias, de las ideas de Ortega y Gasset sobre la deshumanización del Arte [Antonio había hecho una relectura reciente de la obra y me puso al día de los conceptos lanzados por el filósofo al respecto]... y así recalamos en Rivas-Vaciamadrid casi sin darnos cuenta.
Y en la macrociudad dormitorio encontramos enseguida a José Luis Morante, algo más delgado que la última imagen que se me había quedado trabada de él, vestido de un negro poético muy especial y con algunas canas más en el cabello. Nos recibió como siempre recibe, con generosidad y con los brazos abiertos, y nos invitó a comer [garbanzos con callos, morcilla de Burgos con huevos estallados sobre una base de patatas panadera y tarta San Marcos... deliciosa la comida]. Durante la comida, José Luis me regaló unos libros magníficos, entre los que había uno que me dejó perplejo: “La dolce vita. Poesía y Cine. Antología”, firmado por Francisco Ruiz Noguera y editado por el ‘Centro Cultural Generación del 27” y la Diputación de Málaga. Morante me pidió que mirase en el índice de autores y me vi en él enseguida con llamada a la página 195 del volumen, donde aparecen dos poemas míos [‘La sonrisa sardónica de Welles’ y ‘Rosebud’] arropados por una hermosa compañía entre la que figuran Francisco Ayala, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Carlos Barral, Pedro Casariego, Antonio Carvajal, Gabriel Celaya, Luis Cernuda, Carmen Conde, Luis Alberto de Cuenca, Gerardo Diego, Jordi Doce, Lorca, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo, Pere Gimferrer, Félix Grande, José Infante, Manuel Machado, Antonio Martínez Sarrión, Carlos Edmundo de Ory, Pérez Azaústre, Pedro Salinas, Roger Wolfe... y así hasta completar un elenco delicioso en el que también figuran mi desaparecido maestro y amigo Rafael Pérez Estrada y el propio José Luis.
Toda una sorpresa en una edición realmente hermosa.
Junto a este tesorito, José Luis me regaló el volumen ‘Francisco Ayala. El escritor en su siglo’, de Luis García Montero, y “Escribir la luz. Fotografía & Literatura”, un ejemplar golosón del número 250 de la revista ‘Litoral’.
Y tomamos camino de Madrid, no sin antes dejar a Antonio cerca del centro mormón de la Villa para que fuese a visitar a su hermana.
Aparcamos en un parking del centro y salimos a pasear tranquilamente la ciudad... la Plaza de Cibeles con su molondra restructuración carísima del edificio de Correos para gloria y disfrute de los gallardonitos peperos... Alcalá con sus edificios mágicos y un primer café en la azotea del hotel ‘Ada Palace’, donde nos tomamos un café largo mirando desde arriba el mágico edificio ‘Metrópolis’, ese icono madrileño incomparable [más incomparable para mí desde que ayer descubrí que en su azotea hay una vivienda con puertita de cortina vieja y dos ventanales con persiana verde de maderitas enrollables y tres tiestos de geranios colgados en la pared, todo un contrapunto absolutamente recomendable de ver desde el ático del ‘Ada Palace’... y que se me escapó la frase del día... “hijo puta, por lo menos pon unos estores”].
Luego un ratito de Gran Vía, un ojeo a la bajada putera hasta Sol [las prostitutas cada vez son más jóvenes y ocupan cada árbol y cada esquina con una parsimonia ancestral], la Puerta del Sol con sus rateritos y sus chaperos o con sus ‘compro oro’ en un ambiente multicultural lleno de color que contrastaba vivamente con las modernas estructuras de los nuevos accesos al Metro madrileño... paseo obligado por Chueca [el Madrid que más me gusta] y una Coke en el Círculo de Bellas Artes con un posavasos de diseño Diana Raznovich en el que figuraba un preservativo usado junto al mensaje “No a la explotación sexual”... y se me empezaron a poner los dientes jodidamente largos con los cartelones que anunciaban un acto sobre el legado de Walter Benjamin, un ciclo sobre la nueva narrativa cinematográfica americana con la figura de John Ford como centro de todo, el ciclo ‘siete miradas africanas sobre España”, una exposición sobre la obra de Alberto Mangado o un curso sobre arquitectura contemporánea dirigido por Peter Eisenman...
Y otra vez a pasear la calle para pillar un vale de súper oferta de ‘Mundo Kebab’ en su local de Hortaleza [con refresco, kebab y patatas por 4,90 €] y para encontrarnos de cara con Enrique Gracia Trinidad y caminar charlando juntos hasta la justa hora del homenaje a Luis Alberto.
Y a las siete, en la entrada del Círculo, empezamos a encontrarnos a amigos viejos [por tiempo y también por edad]... Paca Aguirre y Félix Grande [recién operado del corazón y con bastante buena pinta a pesar del achuchón], entrañables, como siempre; Javier Lostalé... y nos subimos hasta el quinto piso, donde estaba la sala en la que se haría la presentación homenaje a Luis Alberto. Allí aparecieron nuevos viejos amigos a los que fui abrazando... Miguel Losada, Emilio Pascual [qué tipo tan extraordinario, coño], Fernando Beltrán, Javier Puebla, Jesús Urcely y Sol, Ricardo Virtanen... hasta que pude abrazar a Luis Alberto y nos hicimos una foto movida que quedó espectacular y que se debe a la mano de una de las encantadoras compañeras de curro de José Luis.
Y que comenzó el acto y fue verdaderamente entrañable [y largo, aunque en ningún momento tedioso]... quienes estábamos allí habíamos ido a demostrarle nuestro afecto al amigo y al intelectual... y éramos un grupo extraño y misceláneo que dice mucho de lo que supone y es Luis Alberto... tipos de izquierda radical y de derecha recalcitrante, escritores de corte clásico y poetas rompedores, estudiosos, intelectuales, poetas jóvenes y viejos, editores [andaba por allí Chus Visor]... pero todo unidos por el vínculo de la amistad con Luis.
Y me tocó cerrar, aunque luego pediría la palabra Paca Aguirre para leer un poema, y que lo hice en los términos que siguen y a bote pronto:
“Verás, Luis Alberto, me gusta ser sincero y debo decirte que yo había viajado aquí desde provincias con la intención de hacerme un abrigo de Visor, pero como se ha ido Chus [se había ido a mitad del acto], pues aprovecho para agradecerte tres cosas, no sin antes dejar muy claro que soy culé, de izquierda [genética e ideológica] y un pequeño editor que siempre pone en los corolarios de los libros que edita “y si encuentras una errata, la saludas de mi parte”. Pues que bajo estas premisas quiero agradecerte en primer lugar que escribieras “La caja de plata”, y especialmente “Serie negra”, pues desde su lectura cambió mi forma de entender la poesía y de escribirla; que me permitieras brillar como editor al dejarme editar uno de los mejores volúmenes que figuran entre mis trabajos editoriales: “No me las enseñes más... y otros poemas”... pero sobre todo, y por encima de la poesía, de la edición o de la intelectualidad generosamente prestada siempre, quiero agradecerte el valor que le das a la amistad y la generosidad con que la das y la recibes. Te quiero, tío... siempre a pesar de ser culé, de ser de izquierdas, de ser un editor con cierto historial de erratas -como casi todos- y de vivir en el más hermoso culo del mundo.”.
Y acabó el homenaje, y nos abrazamos, y nos despedimos [también abracé a Alicia Mariño, a la que no había visto entre el público hasta el final... me dijo... “se nos inundó la casa, Luis... qué mala suerte... escríbeme un mail urgente, anda”].
Y me bajé a la calle a fumar un cigarrito hasta que salieran mis amigos –la nueva ley me tiene pasando los rigores del invierno medio al raso–... y mirando el escaparate de la librería del Círculo me acordé mucho de Hugo Izarra y de su 'Standdart' [lo hubiera pasado bien allí, estoy seguro]... y bajaron Félix y Paca, y charlamos un ratito sobre Carlos Martínez Aguirre... y nos despedimos, pero Félix Grande dio un paso atrás y me dijo... “¿Sabes, Luis, que por ti dimití de un jurado?”... le dije que sí, que lo sabía, y se lo agradecí con un fuerte apretón de manos y una mirada cómplice.
Y la sorpresa fue ver aparecer por la escalera a mi sobrino Javier... había estado toda la tarde dibujando un piso por encima de donde se desarrollaba el acto... y bajaron los demás y nos fuimos a tomar unas cañitas y unas raciones con el añadido gozoso de Javier.
Salimos de Madrid casi a las doce de la noche y llegamos a Béjar con sueñito.
Dejé a Antonio en su casa y me metí en la cama feliz.
Pasé un día magnífico entre mis amigos y pude charlar mucho rato con José Luis, que es un tipo extraordinario.
Dejo aquí copia de mi texto en el libro “Alrededor de Luis Alberto de Cuenca”:

CUARTO Y MITAD DE MUSAS

Fui a comprar hace años cuarto y mitad de musas a una tiendita chica que me recomendaron y el tendero, atentísimo, me indicó con cierto desaliento que hacía unos minutos que Luis Alberto de Cuenca se había llevado el total de existencias de ese producto rarísimo y difícil. Me ofusqué, no lo niego, y ardí durante días en trazar estrategias para robarle al vate parte de aquella compra. Fue entonces cuando contacté con mi amigo José Luis Morante para que propiciara un encuentro pirata con el que ya era un pope de las letras modernas. Con engaños -no muchos, pues L. A. se deja, aún sabiendo los fines y sus restas-, quedamos en un restaurantito de Rivas-Vaciamadrid para buscar el truco -entre viandas, claro- con el que hacernos con el botín pensado y deseadísimo. Los otros personajes de la trama fueron Juan Luis Calbarro, Pepe Barrios, Juanito Hernández Heras, Julio Martínez Mesanza, Agustín Porras y Arturo Ledrado [que no debo negar que pasaron de meros secundarios a entrar en competencia directa por las musas].
De aquel día recuerdo con nitidez preclara que L. A. se levantó a los postres y, de memoria, recitó un poema mío y quedé boquiabierto. Fue entonces cuando me planteé empaparme de su obra como agradecimiento al detalle que me dejó narcisito perdido y muy blandete... y de ahí se consumó el robo más grande de mi historia personal y discreta, pues teniendo en mis manos "La caja de plata", descubrí de pronto el apartado genial que Lleva por título "Serie negra"... allí estaban las musas necesarias, las que andaba buscando como un loco, y las robé y las violé una por una hasta agotarlas y agotarme [así consumé tres años enteros de poemarios que tuvieron blasón en premios magros y pusieron el tono que tanto deseaba en mi obra].
Y con el tiempo descubrí poco a poco al Luis Alberto más hermoso, al amigo total que no dimite y que te echa una mano si la precisas, al que habla de ti de puta madre en foros donde eres un auténtico desconocido, al que te cita o te dedica algún artículo de prensa, al que te visita en casa con chauffeur oficial para compartir mesa, lotería y carcajadas [el chauffeur incluido, por supuesto], al que te manda de vez en cuando libritos deliciosos dedicados [lo último que recibí de sus manos fue una edición primorosa y chiquita de Bocángel en dos volúmenes de "El Parnasillo" o un libro delicioso de caballerías.
Y luego oírle hablar como embobado en alguna noche bruja -de Lucena o de Béjar- de héroes del cómic, de historias de algún clásico rarete, de andanzas literarias pretéritas y nuevas, de música o de cine. Mi afán pequeño en el mar interior de estas letras es declarar bajito que pude consumar el robo aquél... y que, además, soy un tipo con suerte, porque gané a un amigo enorme que se mantiene ahí aunque medien distancias y silencios, aunque no nos veamos en tres años... un amigo grandote y bien vestido que escribe como nadie y que me enseña con cada verso suyo a ser poeta.
De otros temas más arduos apenas puedo hablar, porque me siento anémico frente a los culos planos de la lírica y la crítica literaria pomposa.
Vine a decir que Luis Alberto de Cuenca es un hombre entre los hombres, pero un hombre especial, especialísimo, especialisísimo, al que le debo tanto... que ni tengo intención ya de pagarle.
Por cierto, que mi placer mayor fue ser el editor de su libro "No me las enseñes más...", un lujo que subió mi currículo de editor malo de atar a editor golosete.
Mil gracias, amigo.

JL con la última locura Gallardón al fondo.


Con JL y el Metrópolis.

Por lo menos pon unos estores, coño.

JL en la terraza del Ada Palace.

Con JL en el Ada Palace.

Puerta del Sol con su nueva entrada al Metro

Músicos latinos en la calle... me acordé de Perú.

Las señales son claras.

El estado de la cultura... en la cafetería del Círculo de Bellas Artes.

JL y Enrique Gracia Trinidad.

Pep Guardiola en Cibeles... esto sí que es una metáfora.

Las compañeras de curro de JL... dos cielotes.

Emilio Pascual y JL.

Urceloy y JL.

Arranque del homenaje a LA.

Urce y Sol durante el acto... esto no son formas.

Intervención de Emilio Pascual... estuvo brillantísimo.

LA firmando ejemplares y con un catarrón de no te menees.

Mi sobrinillo Javier con Ricardo Virtanen a su espalda.

Urceloy y Javier... ya de cañas.

Sol, Antonio y la fotógrafa temblorosa.
MATERIALES














Saturday, January 29, 2011

Presentación de "Que yo soy normal"... un texto de Antonio Gutiérrez Turrión.

Fotografía de Santiago Nieto.

Ayer presentamos en "NOTESALVES Contenedor de Arte" mi novelucha [si es que se le puede llamar así] y creo que todo salió estupendamente... un público magnífico entre el que se encontraban amigos entrañables, la acogida hermosísima de la gente NOTESALVES [os quiero, campeones], la presencia de mi editor loco, Marino González Montero [gracias por creer siempre en mí, Marino], y el trabajo sesudo y muy profesional de Antonio Gutiérrez Turrión, que diseccionó con verdadera generosidad y con mirada certera la obra [te quiero, Antonio, y mucho].
Os dejo el texto escrito que resume la intervención de Antonio en el acto de presentación:

QUE YO SOY NORMAL
Béjar, 2011/01/28
Espacio cultural No Te Salves

Se supone que yo debería explicar, brevemente y con suficiente claridad, qué es lo que encierra este libro que hoy se presenta, tanto en la forma como en el contenido, con el fin de animaros a todos a su lectura y degustación. Cada vez me resulta más difícil entrar al comentario de cualquier texto, pues reviso mi capacidad y no encuentro apoyos suficientes como para sentar en público demasiadas ideas y, además, intentar que estas tengan urdimbre, no disparaten mucho y reflejen una estampa no muy equivocada de lo que se pregona. Al fin y al cabo, aún sigue vigente aquello del color con el que se mira y mi vocación no es precisamente la de juez, si no es conmigo mismo, que ese es otro cantar muy peliagudo. Pero vamos a ello.
Me permitiré de entrada una muy breve reflexión filológica que me sugiere el título de la novela. Piénsese en esa palabra que lo encabeza, “Que”, y obsérvese que nos obliga sintácticamente a hacer derivar la oración de otra anterior, principal y supuesta, y que eleva el tono fónico y emocional de su significado: algo así como “Oiga, que yo soy normal”, o acaso algo así como un grito desesperado: “Pero que yo no soy un bicho raro, que yo soy normal”. Véase, además la necesidad que se ha tenido de resaltar la presencia de la primera persona, (“yo”), como reafirmación de la oposición entre esa primera persona y las otras personas; algo así como si se quisiera determinar que el único realmente normal es el que protagoniza esta historia. Y, por último, el doble valor que en castellano comporta la palabra “normal”. Su primera acepción hace referencia a aquello que se ajusta a la norma legal. Pero existe una más, acaso más utilizada en la lengua oral, que se refiere a lo más común, a lo que hace más gente, a lo más usual, tenga esto que ver o no con la norma. ¿A cuál se está refiriendo el autor, a que el protagonista se sujeta a las leyes y no las conculca, o a que él actúa como lo hace casi todo el mundo? El autor tendrá su respuesta y cada lector la suya, pero la perspectiva en la lectura cambia según se le aplique una u otra.
Esto como para abrir boca y para dar sentido o confusión al título de la novela.
En la contracubierta del libro rezan unas palabras de presentación que pueden servir tanto como las que yo aporte como aproximación certera al contenido de las casi trescientas páginas que forman el volumen. Yo me acojo a ellas y, si acaso, las gloso un poco y las interpreto según mi saber y entender. Bien veréis, por tanto, que no haréis otra cosa que perder unos minutos escuchándome, siendo así que en media página podíais haber despachado el asunto.
Leeré esas palabras: “Que soy normal puede ser perfectamente un tratado completo de filosofía intranscendente, una clase caótica de estilo literario, un ensayo mellado sobre una vida hecha, un juego entre la memoria real y la memoria inventada, un diario constrictor (como la boa aquella), un ejercicio precreativo, un drama jocoso o dos novelas cortas y un diario mal mezclado en la Turmix de casa… también puede ser nada, que ya es algo.”
Hala, como soltando bendiciones y arreglando el mundo por todas partes. Y, sin embargo, estas palabras abarcan mucho de lo que esta novela aporta y resumen muy bien los caminos por los que se debe transitar en su lectura.
La apoyatura externa desconcierta al lector menos avezado pues no hay aparente historia lineal que llevarse a los ojos ni hay héroes que venzan al destino, ni enseñanza moral clara que avive los sabores o los sepulte en agrios o amargos.
Hay un joven que recuerda sus días en Salamanca y en alguna otra ciudad estrecha y apartada, en el más simple camino biográfico; hay un enfermo que desgrana sus horas en un psiquiátrico y va dejando poso y pensamiento en un diario; y hay un claro aprendiz de novelista, El hombre Burberry´s, que ensaya un ejercicio metaliterario que viene a quedarse en solo ensayo y en fracaso.
No es difícil pensar que es el mismo personaje el que sustenta a los tres sujetos de las narraciones, y el impulso siguiente es suponer al propio autor detrás de cada uno de estos personajes. No sería lo más importante pero cada cual puede hacer el ejercicio de aproximación que quiera: no le resultará ni difícil ni equivocado seguramente.
Las tres facetas le permiten al autor formular estéticas distintas en la misma novela y, sobre todo, le facilitan la incorporación de casi cualquier material. De hecho, una buena parte de ese material ya había visto la luz en una novela inaugural de hace unos años (“El tipo de las cuatro”), y algunos de los textos de corte diarístico los conocíamos los que seguimos su blog en internet. Hay que estar preparados, por tanto, para el cambio de estilo, para el cambio de ritmo, para el cambio de propuesta formal y conceptual. No es frecuente un atrevimiento tal, pero la sorpresa se somete a reacciones diferentes según el receptor que a ella se enfrente. Es este para mí el fundamento formal más importante y novedoso de esta novela. De hecho, podemos pasar de una expresión formal y bien pautada -aunque siempre en un tono conversacional- a una expresión concisa, conceptual y reflexiva (la propia del diario), pasando por la expresión chorro y repetitiva del intento fallido de novela, muy próximo al monólogo interior. Ahí hay materia prima para saborear.
Leeré una pequeña muestra de cada uno: Estilo conversacional: Pg. 14. Estilo reflexivo, ajustado al diario: Pg. 34, 11 enero. Estilo chorro: Pg. 128-9. El comentario más detallado lo dejo para la perspicacia de cada uno de los lectores.

Pero debería dejar alguna reflexión acerca del contenido. ¿”Que yo soy normal” puede ser un tratado de filosofía intranscendente? No me importa aceptar el envite y firmar a pie de página. El personaje que moldea los tres aspectos viene a intentar demostrarnos que, a pesar de todas sus excentricidades y de toda la división y partición de su personalidad (ya se ha señalado la existencia de al menos tres caras del personaje) los hechos de su vida obedecen a unas premisas comunes para casi todos los mortales y que él lo único que ha hecho ha sido realizarlas en otros parámetros. En su niñez y juventud, se dedicó a soñar y a dejarse llevar por los impulsos: ¿qué niño o joven no lo hace en mayor o menor medida? En otro momento de su vida intentó la creación y hasta se la planteó como método: ¿qué persona que se precie de tal no acomete en alguna medida la aventura?; en este caso, como metáfora, es el de la creación literaria y en otros muchos la del cambio de realidad personal; y en este caso resulta fallida como fallidos resultan tantos intentos en la vida. Por fin, desde un estado de fracaso físico y mental (el manicomio), aparece la reflexión más honda, esa que aparece cuando los parámetros del tráfago de la vida han fracasado y el ser humano sensible se cuestiona los principios más generales y universales; es entonces cuando aparece formalmente el estilo epigramático del diario.
De modo que aquello que parecería un conjunto de elementos intranscendentes termina dando cobijo a un proceso vital de ecos negativos y de principios que terminan con la queja del título; algo así como el quejío del que protesta: ¡Que yo soy normal! y estos hechos que presento no son más que recuelos y posos de lo que la realidad vital me ha ido deparando.
“¿Es una clase teórica de estilo literario?” Ya se ha dejado constancia de la variedad de estilos y de las razones a las que obedece esa variedad. También se ha afirmado que esa variedad me parece uno de los principales valores de la novela. No insistiré más en ello.
“¿Y un ensayo mellado sobre una vida hecha?” Pregúntenle al autor por su edad y por el grado de autobiografismo. Y déjense llevar por la transformación de la persona en personaje, con todas las libertades literarias que conlleva tal fingimiento. Seguramente la vida no sea más que una suma de ensayos, de intentos, casi todos fallidos. Pero, por si sirve de algo, afirmo que el mayor fracaso es precisamente no intentarlo, y que la certeza o falsedad del éxito o del fracaso dependerá siempre de los parámetros con los que sean medidos. Y a buen entendedor, pocas palabras.
“¿Y un juego entre la memoria real y la memoria inventada?” Juzguen lo que se ha dicho y no hay más que sumar.
“¿Y un diario constrictor?” Un diario, seguro. Y constrictor también pues que la vida es ancha y no cabe encerrarla en el papel. Ni falta que le hace. Menuda cárcel estrecha y encogida. Pero sirva esta obra, y tantas otras, de contraste entre la realidad multiplicada y la pobreza de la palabra que intenta aprehender la realidad.
“¿Y un ejercicio precreativo?” Claro.
“¿Y un drama jocoso con dos novelas cortas y un diario?” Solo admito lo del diario, mucho menos lo de dos novelas y de ninguna manera lo de un drama jocoso. Hay mucho en el fondo de triste y de desencanto. Qué le vamos a hacer, así es la vida, aunque intentemos que la ironía nos salve.
“¿Y también puede ser nada, que ya es algo?” No, seguro que es mucho más que nada. Es la confirmación de que todo tiene unos límites mucho más modestos de lo que pensamos cuando iniciamos la vida; es la certeza de que las fuerzas y los principios nos van abandonando cuando la reflexión nos coge en ejercicio; es la evidencia de que muchas veces nos vemos avocados a expresiones vitales que nos convierten en la oveja negra del rebaño, cuando no en seres raros que nos miramos sorprendidos a la cara gritándonos sin pausa: Que yo soy normal, que yo soy normal, que yo soy normal.
Pero sabéis lo que os digo, sabes lo que te digo: que no hay nada normal, que todo es raro y único, que vivir es lo único que importa, si se vive con fuerza y con empeño. Pues llegará el fracaso, y en algún caso el éxito -que eso nunca se puede controlar y no es lo que más importa ni dura-, pero tendrá otros ojos más cercanos y podremos mirarlo sin complejos, cara a cara, como quien va a la lucha con la vida, como quien va al fracaso con la muerte.

Antonio Gutiérrez Turrión

Wednesday, January 5, 2011

Cromatografía por encima de un acto poético y unas raras imágenes navideñas...



Ayer participé en un homenaje [con manduca, que eso siempre ayuda] al poeta Miguel Hernández con el fin de sacar algunos fondos para el mantenimiento de NOTESALVES. Leí tres poemas del autor, siempre a pesar de que no me gusta leer en público nada que no sea mío [entre otras cosas, porque no sé darle un tono veraz a las palabras de otro y no soy rapsoda]. El asunto no quedó mal, aunque somos siempre los mismos para las mismas cosas [es triste], destacando, para mi gusto, la sentida lectura que hizo Antonio Gutiérrez del poeta de Orihuela. Y terminamos en charla propiciada por el mismo Antonio, una charla [como casi todas] en la que cada uno marchaba por su lado sin saber penetrar en lo importante, aunque dejando datos sobre los que pensar [que no tanto sobre los que hablar, que cada día me gusta menos compartir mis opiniones en público].
Sigue existiendo una idea extendida sobre que lo que hubo es mejor que lo que hay, sobre que cualquier tiempo pasado fue mejor, sobre el sufrimiento como causa excelente para la creación, sobre ciertos marbetes educativos que acerquen a los creadores con alguna autoridad obligatoria... también hay muchas reticencias a los decorados que los nuevos creadores unen a sus propuestas, a los ambientes enrarecidos que van unidos al arte y la literatura contemporáneos y a las propuestas creativas directas y entendibles [¿por qué siempre se valora lo oscuro, lo críptico, lo difícil?]... una lucha, cuando la realidad indica que todo es fruto de operaciones de márquetin, de juegos de mercado, de enredos para obtener dinero y multiplicarlo.
Tal y como están las cosas, una propuesta creativa es ‘buena’ porque tiene apoyo mediático, porque cumple los percentiles de la mercadotecnia y porque le interesa a quien negocia con ella... nunca por lo que aporta al crecimiento del hombre, al saber o a la sensibilidad común.
Para no ir más lejos, Miguel Hernández, un poeta que en su tiempo no fue parangón de casi nada [hablo en términos literarios, no en sociales] y hasta fue denostado por los popes de entonces [léase al respecto lo que de él decía Lorca desde su subjetivismo y su mala uva, que la tenía, y mucha] no resistiría muy bien los parámetros poéticos de obra digna [sobre todo en sus primeros libros] si no hubiera sido porque su compromiso político en la guerra entre hermanos le llevó a ser musicado por tipos de voz temblorosa que se erigieron en adalides contra el régimen del dictador fascista Francisco Franco, tipos en los que el mercado encontró un filón importante para ganar pasta fácil haciendo de aquel hombre normal que escribía un verdadero icono ideológico [y enriqueciendo a manos llenas a todo ese ‘cantautorato’ , que pasó también a ser parte del pastel]... me gustaría saber lo que se ha ganado con la movida del centenario del nacimiento del bueno de Miguel [poned en Google “centenario de Miguel Hernández” y veréis cómo cantan los logos institucionales en cada una de sus páginas... Generalitat Valenciana, Fondo Social Europeo, ETCOTE, SERVEF, Ministerio de Cultura, Junta de Castilla la Mancha, Junta de Andalucía, Junta de Castilla y León, Universidades de medio mundo y España entera... todos poniendo pasta y recogiendo beneficios]... y el tipo fue solo un hombre normal con ideología y compromiso, que escribía y tuvo la terrible suerte de dejar sus huesos a la tierra en una lucha personal por los valores en los que creyó... nada más que eso, que ya es mucho, ¿no?
Y como el caso de Miguel Hernández, casi todos los demás... y fue su suerte, porque en el camino quedaron creadores que, con más valor literario o artístico, con mejor técnica y con propuestas más brillantes, con obras realmente sólidas e importantes para la evolución intelectual y humanista del hombre, quedaron perdidos y olvidados porque nadie supo encontrarles el ‘valor crematístico’. Una purita tristeza, coño.
Luego está lo del ‘sufrir’ para ‘crear’... premitidme que exprese que eso sí que me parece una solemne tontería, que uno crea cuando está bien y cuando está mal, en condiciones favorables y en condiciones adversas... y de esas distintas situaciones de vida crecen creaciones distintas y capaces de sensibilizar en distintos aspectos y de diversas formas a diletantes y no diletantes, y no tienen por qué ser mejores o peores en función de la situación de vida del creador [ya se sabe que todo es relativo]... lo malo de fomentar esta idea es que se configura una predisposición perniciosa hacia quienes crean en situaciones de estabilidad y lo hacen con excelencia, que son muchos y muy buenos.
El resumen es que no lo pasé mal en el evento Notesalves, pues estaba entre gente afín y con ganas de empaparse de improntas [nuevas o viejas] y de disfrutar de cosas distintas al compreteo y el falso ‘feliz año’ de estos días.


Friday, September 17, 2010

Iglesias de huesos

Dibujo de hoy en mi Tricassi Cerasa.

“La muerte se interpone entre los hombres y sus obras”... esta frase de “Las mil y una noches” citada por Canetti al principio de su “Libro de los muertos” me ha dejado flipadito, porque nunca había percibido así a la de las últimas facturas... un muro entre mí y lo que hago será mi muerte, por supuesto... pero también un muro entre mí y lo que me rodea, entre mí y quienes me rodean, entre mí y la lluvia, entre mis huesos y el gesto de mis manos... un muro entre mí y lo que no he hecho.
Tenía razón Antonio al recomendarme vivamente esta lectura... es la hostia. Os dejo algunas frases de Canetti robadas mientras leo:
“El adversario muerto solo da testimonio de su muerte”.
“Se muere con demasiada facilidad. Morir debería ser mucho más difícil”.
“Lo más audaz de la vida es que aborrece a la muerte, y despreciable y desesperadas son las religiones que difuminan este odio”.
“¿Y cuál es el pecado original de los animales? ¿Por qué los animales padecen la muerte?”.
“...poder morir cuando vivir resulta insoportable”.
“Siempre poseeré a pocas personas, para no tener que conformarme nunca con su pérdida”.
“Vivir como si tuviéramos un tiempo ilimitado por delante”.
“Religiones de la descomposición. Perfume de la podredumbre”.
“¿Qué edad hay que tener para dudar de la importancia de lo pensado?”.
“El continuo engendrar de la limpieza. ¿Cuántas limpiezas contradictorias hay?”.
“Si has de sucumbir, ¿con qué palabra en los labios?”.
“Lo que temo no es el presente de la muerte. La temo como pasado”.
“El miedo a morir demasiado pronto”.
“Iglesias de huesos”.
“¿Ha vivido aquél por cuya vida nadie se ha preocupado?”.
Y un clamor de truenos que viene desde la Sierra de Francia, y allí un muerto convertido en pájaro pinzana... no se ha ido del todo Manolo Díaz Luis... yo lo he visto en los rayos lejanos caminando despación junto al Tío Alfredín, “El Puspús”.

Sí, definitivamente “iglesias de huesos”.

Saturday, August 28, 2010

De la radio mientras trabajo y dos celebraciones emotivas



Se suceden los días y ando agobiado de curro [ya era hora, coño] hasta el punto de que en la imprenta apenas nos comunicamos [cada uno anda a lo suyo]... esta vuelta a tener labor me tiene algo más vivo mientras oigo de lejos la radio que Paco tienen encendida junto a su máquina... a veces pone Radio Tormes, una cadena de música pasada [demodé] que más o menos se me hace soportable, pero a ciertas horas conecta con una cadena de Béjar y al ratito me veo obligado a pedirle por favor que cambie de emisora, pues se me hace tan insoportable, que no me permite concentrarme en mi trabajo y lo hago todo mal... la razón es un programa con tertulianos espoleados por el locutor para que dejen la idea constante de que todo se hace mal en nuestra ciudad... así, los tertulianos se transforman en altos expertos en jardinería y riego, en tráfico urbano, en gestión cultural, en urbanismo, en gestión de residuos, en nuevas tecnologías, en administración, en macroeconomía y en microeconomía, en turismo... ‘expertos’ en todo lo pensable y lo impensable... y, claro, aportan sus ‘sensatísimas’ opiniones para argumentar la idea general del programa, que no es otra que en Béjar todo está fatal, todo funciona mal, todo se gestiona de pena [idea que el conductor del programa pregona hasta con sarcasmo]... gracias a que Paco me hace caso [no sé si dándome la razón] y cambia de emisora, mi trabajo vuelve a tomar tono y sigo adelante con velocidad.
Mi opinión al respecto es que ese baño diario de basurilla mediática responde a la libertad de expresión [estoy con ella, claro], pero también a la utilización de un medio de difusión para encauzar la opinión de los paisanos hacia un lugar que todos conocemos... y todo estaría bien si el grupo parlante se configurase en opción política y se presentase a unas elecciones para demostrar que lo que dicen sin reparo también son capaces de llevarlo a cabo en la justa realidad... mientras, dejan nadando una idea de la ciudad realmente triste y nada atractiva para quien los escuche [flaco favor nos hacen con respecto a quienes nos visitan], yo diría que la peor ciudad del mundo por donde se la mire... y aquí me gustaría reflexionar sobre si es digno utilizar un medio de difusión destinado al público en general para hacer pagar viejas deudas personales, para dejar salir fobias y rencores individuales y para capitalizar caminos de opinión a costa de lo que sea... la pena es que hay algunos tertulianos a los que conozco personalmente y a los que aprecio, y me molesta mucho verlos utilizados solo por el absurdo narcisismo de dejarse oír por las ondas... prefiero otros tonos y otras formas.
Yo, por mi parte, hace dos semanas tuve la oportunidad de ser entrevistado por la Cadena Ser nacional, exactamente en el programa “A vivir que son dos días”, dirigido durante el verano por Lourdes Lancho [acompañada por la inefable Jaio, un cielote], y busqué la primera oportunidad que me dejó Lourdes [era una entrevista de carácter literario] para invitar a todos los oyentes a visitar Béjar, mi ciudad, con la afirmación taxativa de que no se arrepentirán jamás de haber venido a mezclarse con nosotros... y todo ello a pesar de que me molesta un punto en lo personal que la ciudad se llene de visitantes [circunstancia de la que me quejo con frecuencia, pues amo a mi ciudad de invierno]... y ahora quiero decir muy claramente que la ciudad de Béjar es lo que es y tiene lo que tiene [que son muchas cosas] gracias a sus ciudadanos y a sus políticos [inclúyanse todos los partidos que han podido pasar durante el periodo democrático por nuestra Casa Grande], y que cualquier voluntad de ‘hacer’ [sean cuales sean los resultados] es digna de ser agradecida y hasta reconocida... y empezar a hablar bien de nuestra tierra, a venderla al exterior con optimismo y sin exageración es nuestra responsabilidad como bejaranos, nos situemos donde nos situemos... y es desde este punto desde el que no puedo entender que en ciertos medios se diga un día tras otro que todo está fatal [esos mismos medios que, cuando están en el machito los suyos, no hacen más que echar flores]... solo es cuestión de objetividad, de presentar opiniones diversas y colegiadas, de tener la voluntad positiva de reconocer todos los servicios que tenemos y de los que gozamos. En fin.
Y que madrugué en sábado para salir de bolo hasta Malpartida de Plasencia, donde participaba en el acto de presentación del libro que el amigo Higinio Mirón ha escrito sobre su padre asesinado por las hordas fascistas en la guerra fratricida del 36. Hice mi viaje tranquilo pasando de los 22 grados de salida hasta los 33 grados que marcaba el termómetro en Malpartida a las 11:15 de la mañana... una pasada de calor. Me asombró que a esa hora, en sábado de verano y con la temperatura a tope, el auditorio chinato apareciese lleno hasta la bandera para asistir al acto de presentación del libro sobre Pedro Mirón... se notaba emoción en los previos y entre el público estaban algunos socialistas bejaranos a los que aprecio [me encantó encontrarme con Ángel Calvo Meirama]... me tocó intervenir en primer lugar y centré mi intervención en el tiempo, partiendo del eslogan que Orwell creo para el Partido Único de su “1984” [“Quien controla el pasado, controla el futuro; quien controla el presente, controla el pasado”], animando a los asistentes a no quedarse aparcados en la lucha por la memoria usurpada y a dedicarse a luchar a diario en la toma de partido por un humanismo positivo que nos lleve a un futuro de dignidad y justicia, pues desde mi punto de vista es el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestros muertos. Estuve algo nervioso, ya que el ambiente era, como digo, muy emotivo...
Terminado el acto [que me parece que quedó bastante digno], me despedí con velocidad para huir pronto del calor asfixiante chinato y para intentar llegar a tiempo al homenaje sorpresa a mi amigo y cuñado Antonio Gutiérrez Turrión por cumplir sus sesenta años y por coincidir ello con su jubilación del mundo de la enseñanza... y llegué a tiempo de asearme un poquito y correr hasta el paraje de El Castañar para participar en la celebración... y la cosa fue también emotiva de cojones, con Antoñito derramando unas lágrimas por la sorpresa y regalándonos mil sonrisas francas y bien abiertas [de las que mí me gustan]... lo pasamos realmente bien y hasta Antonio se nos puso Cochise durante un ratito al ver que su hermano Leopoldo le regalaba un tamboril y una dulzaina... tomó los instrumentos y se arrancó con canciones serranas que me sonaron a gloria bendita... y así nos fuimos hasta la plaza de toros bejarana, donde se dio el colega un símil de vuelta a ruedo cantando canciones y moviendo el culete junto a sus hermanos y Francisco... de mareo y de puro triunfo esa actuación... y que me pareció que habíamos hecho algo bueno, algo que a Antonio le quedará grabado durante muchos años en el cajoncito memorial de lo entrañable... y me sentí muy feliz de verle feliz y colmado de afectos... ¡Un abrazo, campeón! [son las cosas de entrar de morritos en el mundo viejuno].
No ha sido un mal día, coño.


Friday, July 30, 2010

Otro viaje alucinado por la D. O. Jamón de Guijuelo... y unas palabritas emocionadas de jubileo


29 de julio.
Se presentó sin avisar, a media mañana, el coleguita Braulio García Noriega [T. S. Norio] haciendo paradiña en su viaje desde Oviedo a Moguer... y que tomamos unas cervecitas, nos pusimos al día de nuestras cosas e hicimos intercambio de cromos [a mí me tocó la suerte de quedarme con un ejemplar de “País”, de Alberto Porlan, y otro de “Las palabras del asombro”, una canana de los chicos hermosos de La Palabra Itinerante]. Vi a mi amigo más delgado, pero tan jovial, vivo e inteligente como siempre. Me hizo feliz poder abrazarle de nuevo.
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30 de julio.
Después de no poder pillar el sueño hasta eso de las tres de la madrugada [este calor me está matando... de sueño, entre otras cosas], tuve que madrugar para tomar camino de Guijuelo con el fin de hacerle un reportaje fotográfico a un cliente jamonero. Pablo tosía como un asmático durante el camino de ida y me dio unas lecciones breves sobre el color de las mucosidades de expectoración y de cómo atacarlas con antibióticos [magnífico para empezar el día... y sin desayunar]... y así nos plantamos en la tiendita de cárnicas, muy bien surtida, que pertenecía a nuestro cliente... el tipo era jovial, pero a la vez bastante peculiar, sobre todo en lo tocante a su orgullo de hombre hecho a sí mismo... sacó a toda la clientela temprana de la tiendita, ordenó a sus empleados [cinco] que se ocultaran en la trastienda y se puso en mis manos ‘profesionales’ [pobre]... y así comenzó el trámite fotero... tomas generales desde todos los ángulos, tomas de detalle [algunas robadas para mí, como un tostón blanquito entre carne roja, una colección enorme de rabos, una toma de jetas de cerdo muy bien colocadas y alguna otra curiosidad que me salió de ojo]... el tipo, mientras yo foteaba, me iba relatando parte de su vida... cómo llegó a Guijuelo, cómo se hizo a sí mismo con mucha voluntad y más trabajo... y de vez en cuando soltaba frases lapidarias que me dejaban flipaíto... un panorama.
Cuando acabé mi trabajo allí, debía esperar a Pablo, que había ido a visitar a otro cliente acompañado de su estado miasmático, me dediqué a pasear por la zona para buscar alguna toma sorpresa, y me topé de narices con un edificio lleno de pintadas realmente peculiares... desde una dedicada al Ché [en el pueblo más derechero de toda la comunidad de Castilla y León] hasta una pared entera que perfectamente la habría firmado Pollock sin problemas... me dije.... “¡Hostia, un Pollock a lo Banksy!”... y llegó Pablo... y nos fuimos a la fábrica de nuestro cliente para seguir haciendo fotos... el edificio era totalmente nuevo y de tipología federal [me refiero a esas casonas con columnas de la época de la Guerra de Secesión], un cerdo de fibra recibía a los visitantes a modo de león rampante [pero sin rampar] justo al lado de la puerta de entrada... y, adentro, las oficinas brillaban de un estuco amarillo muy bien tirado sobre el que lucían frases escritas en negro de grandes pensadores y de hombres de negocios... mi flipe iba en aumento, hasta el punto de que tenía que detenerme de vez en cuando a respirar hondo... charlamos un ratillo, rematé mi trabajo, hicimos unos mandados y terminamos tomando unas Cokes en el polígono industrial de salida hacia Béjar para quitarnos el enorme calor que llevabámos encima... las Cokes se acompañaron de magro, una bola de patata y atún picante y la segunda parte de la disertación miasmática de mi amigo Pablo, que realmente anda tocado y sufriente, pero trabajando.
De vuelta a casa vine en silencio, intentando procesar todo ese hiperrealismo acumulado en la mañana...
Carne muerta expuesta a los ojos tranquilos de las mujeres ancianas con monedero, carne muerta y esputos mezclándose con Pollock y la visión constante de los colores patrios [en balcones, ventanas, cinturones, pulseras, sobre la cafetera del bar, en la antenita de radio de los coches...], carne muerta colgada, en salazón, sobre los límpios mostradores de acero inoxidable... pero carne muerta con sellos azules... y yo en sandalias y sudando como si me estuviesen exprimiendo por dentro... carne muerta y el orgullo constante de los hombres hechos a sí mismos [ése 'yo no era y terminé siendo' que tanto nos gusta llevar en la boca], carne muerta y la cajera con piercing de la tiendona ‘Rodilla’, carne muerta y los tres minusválidos caminando con dificultad por la acera contraria a la que a mí me llevaba, carne muerta y teléfonos móviles, carne muerta y dinero y dinero y dinero y dinero, carne muerta y coches de lujo nubio [el mundo del jamón es hierático en su urbanismo –y también tremendamente hortera–, pero absolutamente cuidadoso en su atomoción], carne muerta y negros y latinos trabajando a destajo y haciendo horas extraordinarias, carne muerta y olor nauseabundo... de esas ruinas nace aquí el dinero... y también la opción política acomodada al monedero generalizándose y vistiendo las calles.
Al llegar a casa me entristecí, pues al tío Antonio, uno de los hermanos de Magdalena que anda por aquí de vacaciones [al que quiero yo un montón], le había dado un jamacuco y había andado toda la mañana metido en urgencias con la familia a cuestas [circunstancia que le hará volver de inmediato a Sabadell, donde reside]... y que empecé a pensar en que voy mayor por ambiente y por purita comparación con mis cercanos, y que me acordé de pronto de mis cuñaetes Antonio y Mª Adela, ambos ya en proceso de jubilación... y que me puse un poquinín mimoso y me dieron como ganitas de tumbarme un ratillo para pensar con detenimiento en ellos... que yo tenía pensado desde hace un par de meses dedicarles una entradita de este diario, y que quería currármela por lo especial de estos seres hermosos que me han acompañado durante muchos momentos importante de mi vida... pero que pasan los días y no me sale la forma.
Quizás lo mejor sea expresarme con parquedad y ya, y decirles a ambos, a Antonio y a Mª Adela, que los quiero un montón y que me emociona verlos quemando una de las etapas más complicadas de la vida de un ser humano social, la del apartarse despacito y en silencio. Y eso... que me apetece mucho darles las gracias y un abrazote fuerte por haberme acompañado en esto del compartir durante muchos años, por haberme enseñado y por haberme aguantado con esa generosidad que solo pueden ofrecerte los que te quieren [y sé que soy dificilito de aguantar por temporadas]... deciros que en el decurso de nuestras vidas juntos he gozado de ver nacer y crecer a vuestros hijos [y ahora lo hago emocionado viendo a la chuli Sarita], que hemos compartido sentimientos intensos y hemos dejado un camino realmente especial [ahora se me caen los palitos del sombrajo pensando en nuestra Magdalena bonita y la inexpresable Ramona]... y que os deseo a los dos un tiempo divino en el que podáis gozar con todos los sentidos de todo lo que os rodea y de todos esos genes lanzados a su suerte que os van a poner sonrisas inigualables cada día.
Disfrutad de este tiempo que viene, haced de él lo que realmente os apetezca... y que yo lo vea, coño.... y no me deis demasiada envidia hasta que a mí me llegue la hora de ese ocio ganado con trabajo y trabajo.
Otro abrazo fuerte.