Y de pronto Cotázar se transforma en Oliverio, pero peor, aunque se atina el dejado homenaje y se perdona... y a mí me sirve para desenroscarme de la duda de ayer, que fue dolosa y dolorosa, casi como un cilicio de sufriente profano. No importa si en la letra se hace homenaje al padre, no importa siempre que se sepa, que uno mismo lo sepa...
“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”.
crecen los cumulonimbos en el cielo de hoy, y hay viento, un viento que aminora la sensación de grados positivos en el cuerpo... pero aún no llueve, aún no quiere la tormenta traerme sus rayos y ese baño salvífico del aguacero... y se ha ido el nonato como una ardillita, se ha quedado en lo amniótico sin atreverse a ser entre nosotros, sin tener que apurarnos ni abrumarse de abrazos... y confieso que he llorado a solas como una Magdalena mientras buscaba otra vez las imágenes de Sara para hacerme una idea de mi niño perdido antes de haberlo amado... crecen los cumulonimbos y se acupulan en el cielo de hoy como queriendo desatarse en impotencia, y me arrastro, porque hoy no sabría caminar ni mirar a los ojos a ninguno de vosotros. Me he quedado sin lo que aún no tenía y hay cierta sensación de fracasito que es como un deseo malogrado... y sé con pelos y señales cómo es la tristeza, pues su mapa se ha trazado de pronto en mis oídos, en mi boca, en mi estúpida pose de todopoderoso... pero miro a mis hijos, y están sanos, están vivos e impelen cualquier estado de animo a seguir y a adaptarse.
Sé que mañana vendrá y será inexorable todo lo que nos llegue, que pasarán más días y volverán las sonrisas precisas y otras lágrimas, sé que hay que seguir camino y deglutirlo todo con asombro y con ganas, sé que hay que procurar que el paso sea posible para que otros se amparen en su huella... ya sé también que la verdad tiene unos trazos duros que marcan los perfiles de la vida, los arañan, y que nos resta querernos y arroparnos en el tramo que quede... y hacerlo todo más fácil, más diáfano... y también más intenso.
Dejo aquí un poemita para Sandra, por entrar en el mundo real de está forma tan cruda y tan llena de misterios.
Quizás sea lo mejor
o, quién lo sabe,
quizás lo más correcto.
Quédate con el mar que contenías,
con las tareas hechas
y cada eclipse adentro...
quédate con la sensación dulce
de haber sido mujer
entera y nítida,
y de seguirlo siendo
hasta que el tiempo aparque
lo que en su afán te es dado.
Serás lo que procures
más lo que te suceda...
Sonríe, en todo caso,
pues duerme en tus entrañas
el más bello proyecto.
Lo dice este chamán
hecho en la vida a muerdos.
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Thursday, July 23, 2009
Wednesday, July 22, 2009
... tomarse los senos con las manos...

“No estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo. La Maga acababa por levantarse y daba inútiles vueltas por la pieza. Más de una vez la vi admirar su cuerpo en el espejo, tomarse los senos con las manos como las estatuillas sirias y pasarse los ojos por la piel en una lenta caricia. Nunca pude resistir al deseo de llamarla a mi lado, sentirla caer poco a poco sobre mí, desdoblarse otra vez después de haber estado por un momento tan sola y tan enamorada frente a la eternidad de su cuerpo.”.
No has estado atento otra vez, ¿ves? Hay algo en el pasado que siempre debe recordarse o llevarlo encima como una medallita de la Virgen local o esas pulseras necias que lucen algunos hombres en las muñecas. Tú tenías que haber recordado cada día de tu vida que habías leído a Cortázar y que habías sentido a Cortázar... pero ahora... ¿qué vas a hacer ahora?... descubres en cada frase leída que llevas años y años escribiendo ideas y desprendimientos de Cortázar... y que lo haces peor, mucho peor de lo que lo hizo el tipo antes de morirse un día de todos los demonios, no se sabe si por la sangre prestada de un enfermo de inmunodeficiencia adquirida o por la leucemia que anotaron entonces los periódicos.
No no estar atento es un fracaso grande, un fracaso que me va a obligar a revisar todos mis textos y a sonrojarme mientras los estrujo entre mis manos... o no, tal vez no debiera hacer eso, pues lo escrito es vida propia, aunque de forma inconsciente hayan aflorado, sobre todo en los últimos dos años de escritura, imágenes magníficas que llegué a creer mías hasta hoy mismo. En fin, que ahora mismo parezco un fracasado y se me agolpan las ideas como balazos en la sien.
Recuerdo que la fiebre globulosa y húmeda que me vino cuando empecé “Dientes de leche” ya me pareció extraña, que aquella necesidad –ahora necedad– de escribir en un tono tan lúbrico llevaba una sospecha de algo oculto que no sabía averiguar... pero ahora, leyendo esta maravilla, sé a ciencia cierta que lo que he escrito lo aprendí algún día de mis diecisiete o dieciocho años por auténtico impacto de este genio en mi mente.
Lo mismo me equivoco... y cuando comience a leerme, termine encontrando diferencias de base que me calmen, pero ahora mismo tiemblo como un niño asustado
En fin, pañuelos...
Sentirla es como el látigo o un tramo de escalera en el que hay sombra y besos... sentirla es como despeinarse una tarde de viento y esperar una lluvia que no llega... sentirla es como una anatomía de la sed o unas ganas incontenibles de orinar y no hacerlo... sentirla es como entrar en el agua y sentir ese frío inmediato en todo el cuerpo... y luego mirar cómo meriendan los muchachos mortadela con pan frente a sus bicicletas o cómo el Sol se pone tras esas nubes fijas en la Peña de Francia... y sentir un algo satinado adentro, un resbalar y un irse sin querer, flotando, a ese otro mundo suyo que no existe.
Hoy miraba a unos ojos ajenos en el café de arriba y sentí que sabían algo de todo esto... pero también supuse que aún no lo entendían como ahora yo lo entiendo.
Los ojos son extraños y cuentan más que ocultan... tendré que hacer un pacto con los míos para que me hablen claro cuando me encuentre lúcido.
Luego, trabajé... vaya coñazo.
Monday, July 20, 2009
Rayuela
“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.”.
Así empieza ‘Rayuela’ y así debiera terminar, y es por eso que escogí hace ya muchos años la poesía como forma de expresión mejor y sigo empeñado en ello.
Hace unas semanas me propuse volver a leer poco a poco todos los libros que me marcaron en mis diferentes épocas –me refiero a novelas, ese género que había abandonado por entenderlo raso y cocoliso–, y me lo propuse porque tengo necesidad urgente de recuperar algunas épocas de mi vida que han quedado difusas y para las que no encuentro razones aplicables a los actos que perpetré entonces y a las locas decisiones que tomé... leo como buscándome el rastro... y me voy convenciendo de nuevo, y con más fuerza, de que la novela –la narrativa– no me interesa nada de nada. Comienzo mis lecturas con muchas ganas y a los cuarenta minutos de concentración ya me sorprendo buscando la frase brillante o el pequeño texto que compendie poéticamente todo el jodido sobrante de papel. Es un gasto inútil de letras... lo mejor, sin dudarlo, es jugar al hallazgo y disfrutarlo como un crío chico en la madrugada de un día de Reyes.
Sí, ahora recuerdo que yo estuve enamorado de la Maga y le intentaba las caras de las chicas que me gustaban por entonces, algo así como la prueba de sombreros que hace Buster frente a un espejo en uno de los pasajes cinematográficos más felices que han visto mis ojos... la diferencia fue que nunca acabé de encontrar la cara a esa Maga ideal mientras que Buster encontró su sombrero para siempre.
Me fascina esa imagen del ‘encuentro casual’, lleno de tal potencia poética, que me anonada leerlo... quizás sea esa idea la que haya que poner en una vida para que resulte practicable y fructífera.
Lo mejor de todo es que vuelvo a tener aquella hermosa sensación de viajar sin salir de mi estudio, vuelvo a tener esa condición de rosa de los vientos en mi mano y vuelvo a sentir el calor como alguna escena de Faulkner, el frío como un pensamiento fino y bien bordado de Dostoievski, el blando sexo como una fortuna Nabokov o cierta subrealidad Carrol... y la noche, medio arañada por Buck.
No es malo el ejercicio en el que me he metido, aunque es tedioso y necesita zapa y ganas, pero presiento resultados que ya van asomando en el cambio de tono y calidad de mi diario [llevaba una temporada limitado por cierta mordaza territorial y tenía una mala sensación de estar escribiendo para otros en vez de para mí mismo, lo que arrojaba los resultados nefastos de los últimos meses].
Así que seguiré desempolvando mis viejos libros icono, buscándolos entre la múltiple miseria de libritos malos que se han ido acumulando con el tiempo para ocultarlos a mi vista en las enormes cajas en las que reposan desde el nisesabe.
Llovía a raudales y la mujer se refugió bajo los soportales de la plaza... yo la miraba desde la lluvia como un capibara limpiándose del último baño de barro en la charca... al verme sonrió y me llamó loco... “ven a refugiarte, que te estás calando”... yo le hice un gesto de negación con la mano y también le sonreí mientras el agua me bautizaba como el último hombre nuevo de la tarde... tenía los ojos achinados y era realmente hermosa en su refugio... yo la guardé en mis ojos para luego y seguí desbarrándome en el rito de la lluvia.
Algunos hombres buscan serenidad y solo encuentran espinos... pero no importa.
Hace unas semanas me propuse volver a leer poco a poco todos los libros que me marcaron en mis diferentes épocas –me refiero a novelas, ese género que había abandonado por entenderlo raso y cocoliso–, y me lo propuse porque tengo necesidad urgente de recuperar algunas épocas de mi vida que han quedado difusas y para las que no encuentro razones aplicables a los actos que perpetré entonces y a las locas decisiones que tomé... leo como buscándome el rastro... y me voy convenciendo de nuevo, y con más fuerza, de que la novela –la narrativa– no me interesa nada de nada. Comienzo mis lecturas con muchas ganas y a los cuarenta minutos de concentración ya me sorprendo buscando la frase brillante o el pequeño texto que compendie poéticamente todo el jodido sobrante de papel. Es un gasto inútil de letras... lo mejor, sin dudarlo, es jugar al hallazgo y disfrutarlo como un crío chico en la madrugada de un día de Reyes.
Sí, ahora recuerdo que yo estuve enamorado de la Maga y le intentaba las caras de las chicas que me gustaban por entonces, algo así como la prueba de sombreros que hace Buster frente a un espejo en uno de los pasajes cinematográficos más felices que han visto mis ojos... la diferencia fue que nunca acabé de encontrar la cara a esa Maga ideal mientras que Buster encontró su sombrero para siempre.
Me fascina esa imagen del ‘encuentro casual’, lleno de tal potencia poética, que me anonada leerlo... quizás sea esa idea la que haya que poner en una vida para que resulte practicable y fructífera.
Lo mejor de todo es que vuelvo a tener aquella hermosa sensación de viajar sin salir de mi estudio, vuelvo a tener esa condición de rosa de los vientos en mi mano y vuelvo a sentir el calor como alguna escena de Faulkner, el frío como un pensamiento fino y bien bordado de Dostoievski, el blando sexo como una fortuna Nabokov o cierta subrealidad Carrol... y la noche, medio arañada por Buck.
No es malo el ejercicio en el que me he metido, aunque es tedioso y necesita zapa y ganas, pero presiento resultados que ya van asomando en el cambio de tono y calidad de mi diario [llevaba una temporada limitado por cierta mordaza territorial y tenía una mala sensación de estar escribiendo para otros en vez de para mí mismo, lo que arrojaba los resultados nefastos de los últimos meses].
Así que seguiré desempolvando mis viejos libros icono, buscándolos entre la múltiple miseria de libritos malos que se han ido acumulando con el tiempo para ocultarlos a mi vista en las enormes cajas en las que reposan desde el nisesabe.
Llovía a raudales y la mujer se refugió bajo los soportales de la plaza... yo la miraba desde la lluvia como un capibara limpiándose del último baño de barro en la charca... al verme sonrió y me llamó loco... “ven a refugiarte, que te estás calando”... yo le hice un gesto de negación con la mano y también le sonreí mientras el agua me bautizaba como el último hombre nuevo de la tarde... tenía los ojos achinados y era realmente hermosa en su refugio... yo la guardé en mis ojos para luego y seguí desbarrándome en el rito de la lluvia.
Algunos hombres buscan serenidad y solo encuentran espinos... pero no importa.
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