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Sunday, July 18, 2010

TransBlues Béjar 2010 [cigarritos mágicos].






No sé si fueron los cigarritos mágicos... el caso es que juro que allí había un bajista tocando con guantes negros, pululaba por el lugar cierto espíritu sesenta trasegado en una mujer con un exagerado peinado afro, había dos tipos con Harley tomando Fanta de limón, Pablito se daba golpes con dos dedos en el brazo, un pijo ancianito bailaba poseído moviendo la cabeza, la latina de blanco se presentó de negro, un tipo de estética del Medio Oeste se encendía cigarritos liados con un mechero de mecha amarilla, una pareja mayor tapaba con mimo a una cría que dormía en su carrito [eran casi las cuatro de la madrugada], un borrachito joven estaba empecinado en hablar desde abajo del escenario con el tipo que estaba cantando y en una esquina andaban los jodidos representantes de los grupos blueseros reclamando servicios absurdos y pagos convenidos... y yo estaba en una nube fantástica que venía de la falta de sueño, de toda la acumulación de malos tiempos recientes, del puntito de alcohol y de la música molona que me entraba por los oídos y por los ojos [quizás también por los cigarritos mágicos... no sé]... el caso es que entre bajones y subidones me lo pasé de perlas, bailando a mi modo, coreando algunos temas, haciendo fotos, bebiendo cervecita fría, charlando con colegas o simplemente dejándome estar sentado a los pies de la barrera de la plaza de toros bejarana.
Quede para los anales que Bill Evans cuajó una actuación maravillosa en la que el soulgrass me pegaba duro en los padentros [a Robben Ford lo tenía entre sombras, aunque dejó algunos ratitos divinos de guitarra y de voz]... que los fabulosos Thunderbirds son realmente fabulosos, sobre todo esa armónica inigualable de Kim Wilson, un calvete mayor y blanquito que no da imagen de lo que regala en el escenario, que es una verdadera pasada... que Michael Hill fue el cierre que más he disfrutado desde aquél del tristemente desaparecido Skeeter Brandon con su ‘Georgia’ mítico [lo tengo grabado y lo escucho mucho, mucho, mucho... y os lo dejo aquí para que os hagáis una idea de la pieza que Skeeter nos dejó en Béjar antes de desaparecer].
Y que acabó el blues otra vez, aunque yo sigo en esa nube de cigarritos y estrellas arriba, una nube en la que me encanta estar y de la que no querría salir nunca.
Un abrazo agradecido a Miguel por propiciarnos momentos tan especiales.
Dicho y hecho.

















Gerardo, Chiqui y Elenita.












Wednesday, February 4, 2009

Verdes, hombres verdes.


4 de febrero de 2009
Leo a primera hora en ‘El Adelanto’ el artículo del colega Manolillo Ambrosio y sonrío.

“La Alquitara, el Café-Blues emplazado en la calle Gerona, número 10 de Béjar (en la que alternan casas de arquitectura típica y extraños edificios nuevos) y regentado por Miguel Ángel Sánchez Paso, no es el Guggenheim ni ninguno de esos modernos centros de cultura o arte de extraños nombres bisílabos y atrevido diseño, sino un modesto local que abre todo el día, en el que, con pretexto de servir tapas y copas, se montan exposiciones y conciertos, se discute y se filosofa o se queda uno en silencio. Como la limitación en recursos económicos de esta institución bejarana parece haberse suplido toda la vida con el esfuerzo y las ganas de quienes trajinan detrás de la barra y de los muchos amigos que pululan o se aposentan delante, aquí no se nota demasiado la crisis, circunstancia de la que habría que tomar nota.
En miércoles alternos se desarrolla en La Alquitara un magnífico ciclo de maestros del jazz y los viernes se suceden conciertos de temática variada. La tradición solidaria de Béjar tampoco se detiene: con la colaboración de El Sornabique, que recaba fondos para sus proyectos en África, el viernes pasado actuó, a la hora de las brujas, el grupo Obibasé, un prodigio de mestizaje de culturas, lenguas y ritmos. Nos había hablado del asunto Luis Felipe Comendador y allá fuimos Nuria y yo, cogidos de su mano, con la ilusión de los niños cuando los llevan de excursión. Durante la primera hora de actuación, percibí, en la música de Aboubacar Sylla y sus compañeros, todo lo que reza en el folleto (reggae, flamenco, jazz fusion); después, otros sones y matices que la prudencia, como las visiones desde la escoba, aconseja disfrutar en solitario.
Luis Felipe anda estos días empeñado en pasar desapercibido, en mimetizarse con la tierra como los sapos, según sus propias palabras, un empeño imposible y contradictorio, si me permite que se lo diga. ¿Cómo va a camuflarse un hombre grande, con esa melena y esas barbas, que va echando humo y soltando aforismos por todas partes cual lanzadora de cuchillos (Fidel Castra, Avar & Cía, De noche, todas las manos son gatos, Vasos, los pezones de esta noche), acompañado regularmente por un séquito de doncellas y que tiene puesto un faro-confesonario con megáfono en internet, a la vez punzante y benévolo con todo lo que se menea, por mucho que se refugie luego en la trastienda?
Entre el fondo del local y el público hay, en La Alquitara, una columna, cuadrada por más señas, que impide ver de manera despejada lo que ocurre en el escenario. Así se construye este país, siempre a remolque, siempre con pundonor, resignación o rabia, siempre con una columna de por medio, andaba cavilando yo, cuando Miguel Ángel, que se parece a su hermano José Antonio pero tiene mejor semblante de pueblo, escanció aguardiente en los vasos y brindamos por D. Alberto Segade, asiduo de La Alquitara, fallecido unas horas antes y a quien no tuve oportunidad de conocer. Quizá nuestro desconcierto entre el "no somos nadie" y el "vamos a arreglar el mundo", al que alude Luis Felipe, pueda explicarse por haber crecido con una columna sempiterna ante los ojos. En el fondo no veo tanta discrepancia entre nosotros: de una forma o de otra se trata de remover no la de La Alquitara, que es una columna impertinente pero entrañable, sino la otra, la que parece atravesarse, como un maleficio, desde que tengo noticia, en toda iniciativa o sueño.
Manuel Ambrosio
Sánchez Sánchez
Profesor de la Usal”

Manolillo es un campeón porque sabe mirar –debieron enseñarle en algún pueblo chico, que es donde se aprenden las cosas importantes–, porque sabe encontrar los asuntos que trazan el mundo por debajo, porque entiende de la parte de aquí, ésa que no le sirve de nada a las cuentas de resultados o a la feria mediática. Su columna en ‘El Adelanto’ es de las que dejan ver tanto como la columna impertinente de La Alquitara –que yo tras ella he visto muchas cosas–. Solo una nota al margen: yo no había vuelto a salir de mi escondite solitario desde el Festival Blues Béjar, allá por los finales de julio. La semana pasada lo hice dos veces seguidas, para asistir a los dos conciertos alquitareños, y tuve la suerte de encontrarme con mis amigos/as después de muchos meses y abrazarlos a todos a la vez que aceptaba sus invitaciones –así acabé la noche, beodillo y luciernaguete–, y eso no es un ‘séquito de doncellas’ [más atinado hubiera sido por parte de Manolín aplicarme un ‘sequito de doncellas’], que es mi gente hermosa, a la que quiero un montón y a la que no cuido como se merece por esta ampecinada soledad en la que existo mejor.
Me consta, porque me llamó a primera hora para contármelo, que hoy Miguel está feliz por las palabras de Manolo, que don Alberto habrá evocado nuestro sentido brindis por él mientras sus cenizas vuelan libres en estos vendavales que nos tocan y que el ‘séquito de doncellas’ sonreirá la mala percepción de ese alcalde con rizos y coleta.

Saturday, January 31, 2009

Avar & Cia.


31 de enero de 2009
Mientras el guineano [G. Conakry] Aboubacar Sylla le hacía el contrapunto al cubanito Andy Sierra en la percusión y todos cantaban a coro “África, je t’aime...”, yo andaba escribiendo en el reverso de mi ‘fila 0’ tonterías como “Fidel castra” o “Avar & Cia”. A mi lado estaban Manolillo Ambrosio con su Nuria [como una virgen blanca de porcelana, todo magia en los ojos...], Joselín y Mariaje, Albertito y mis cuatro gracias PdT de nocturno bailongo. No voy a negar que ya llevaba cuatro copazos este cuerpo de cabaret y que la cabeza andaba por su cuentecita en aquel tam-tam.
Sin más, como algo consensuado hace ya tiempo, Miguel puso en la barra ocho chupitos de aguardiente y brindamos emocionados por don Alberto Segade, que ayer tomó descanso de la vida. Fue un trago corto e intenso mientras mirábamos a su esquina de siempre en La Alquitara. Nos dejó un tipo íntegro, mordaz, acojonante... ese amigo mayor imprescindible que enseñaba al hablar todo su mundo, un hombre de garantía, un humanista impresionante, un sabio renacentista y un auténtico inquieto.
Quedó nuestro homenaje entre la música.
Entonces terminó la fiesta y empezó la melopea, el rollito confesional con su cosilla entre nosomosnada y vamosarreglarelmundo. Manolo, que es un tipo molón con ideales casi intactos, andaba empeñado en no entender que nuestra opción [la de Miguel, Juanito y yo mismo] no saliera con dos cojones a tomar la calle [la niña de porcelana, su chica CCOO, moderaba con sentencias preclaras nuestra charla monólogo... que uno siempre se habla a sí mismo]. Yo expresaba ese quedarse sin aire que me ha dado la experiencia, ese andar todo el día buscándome enemigos justo entre los de cerca, el quedar sin resuello de las horas políticas o el andar agotado de lidiar con la gente... y Manolo insistía en su afán ‘integrista’ del que aún tiene esperanza, insistía en su firme voluntad de cambiar el mundo casa por casa, calle por calle, acera por acera, se cabreaba a veces y decía con rabia que no se debe estar en los cuarteles de invierno, que hay que echar a la chusma de cada plataforma de poder, que hay que recuperar el espacio con garantía para nuestros hijos... y yo le respondía con absurdas definiciones de un individualismo sólido lanzado hacia los otros, le hablaba de conseguir sistemas, de perpetrar a solas las bases de lo nuevo, de ser siempre en lo oscuro, de estar sin que te sientan...
Algo perjudicados –eran las 4:30 de la madrugada– salimos a la lluvia para tomarle el pulso a todas las palabras. Nos abrazamos. Nos despedimos. Seguía igual el mundo.
Ya en casa, me desarmé en segundos y me tiré a la cama... una hora enterita me pasé dándole hermosas vueltas a las palabras de Manolo y Nuria... una hora enterita pensando en cómo puedo comprometerme sin que me afecte el mundo, en cómo puedo hacer que mi razón convoque y llegue, en cómo debo ser, en cómo debo estar... justo antes de dormirme me afirmé en mis principios, en este seguir siendo en espacios vacíos sin esperar que asomen resultados, sin creer, sin atarme más que a mí mismo.
A las 9:30 ya estaba duchado y dispuesto a desaparecer, como cada día, como cada noche. Fui a ver a Guillermo jugar a basket, tomé un café con Malick y luego otro con Manolillo y Nuria, que pasaron a despedirse... y ando aquí, como un sapo en el barro buscando el mimetismo.
Ahora voy a pensar un ratito en don Alberto.

Friday, August 15, 2008

Ibérico con 'Viña Tondonia' en Fuping.

“Ayer, después de cenar (7 de la tarde) fuimos a la ciudad, hicimos pequeñas compras, paseamos con la mirada abierta y, después de unas cervezas en terraza, regresamos en taxi al hotel (cinco yuanes la carrera = 0,5 €). Como ya llevamos algún tiempo comiendo con cierta desgana la picante comida china, decidí invitar a mis amigos a un banquete improvisado en mi habitación. Le tengo que agradecer a Aurora, entre otras cosas, que casi me obligase a traer unos paquetes de jamón al vacío, y a mí mismo la ocurrencia de meter en la maleta un par de botellas de “Viña Tondonia” que me dio mi padre. Abrir el ibérico, olerlo y catarlo fue una experiencia casi mística, el sabor trascendía y trascendía hasta lo inimaginable. Luego hubo, con ayuda del vinito, conversación profunda y divertida.
Abrazo.”

A este mail han seguido otros veintidós con fotos vampirizadas a Miguel Ángel Gil y a Rafa Pérez [fotos que he recortado y ajustado, sin expreso permiso de sus autores, para incluir en esta entrada]… por cierto, que no estaría mal que tanto Rafa como Miguel Ángel se sumaran a contarme sus impresiones [anímalos, Albertito].

El propio Miguel Ángel, siempre muy preocupado por lo social.


CRÓNICA VIJARRENSE PARA A.H.

Pasé frío esta noche y hoy me he levantado cistítico y tosedor [la temperatura baja sin avisar y a los viejitos como yo nos suceden estas cosas]. Ya por la mañana recibí llamada de Miguelón para quedar a tomarnos un café y enseñarme una nota cabrona que ha publicado hoy La Gaceta, ese diario tardofascista que se edita en Salamanca y que solo ve por los ojos del dinero y, por ende, por las gafas de culo de vaso del PP. Atacan directamente a Miguel por la oscura pesetería de no haberles contratado un anuncio del Festival Internacional de Blues de Castilla y León, cuando el colega va con el presupuesto absolutamente mermado y haciendo magia mientras apoquinan su guita las instituciones. La Gaceta, Halarberito, empuja si te matriculas o destruye si no puedes apoquinar su jodido impuesto revolucionario. Quieren cargarse el festival por sus santos cojones y por una comercial sin escrúpulos que va solo a lo suyo [estaría bien que alguien nos contase todo lo que ha sucedido entre bambalinas para que los salmantinos ubiquen a estos zorolos voceros y terminen poniéndolos donde se merecen… ahora me darán a mí, pero me toca los cojones, amigo Halarberito]. Ellos, que debieran estar al lado de quienes generan las noticias [en este caso Miguel] y, sobre todo, de quienes les llenan las arcas, que no son otros que Caja Duero, Junta de Castilla y León y Ayuntamiento de Béjar [organizadores oficiales del Festival de Blues de Castilla y León y colaboradores de facto con pelas y nombre fiscal]… ¿a que a ellos no se atreven a destrozarlos impunemente como lo han hecho hoy con Miguel?
Dejémoslo, colega, que me encabrono, aunque debo decir antes que el diario extremeño ‘La Aldaba’ pone todos los años una página entera de publicidad gratis al evento [hay diferencias, ¿eh?], entre otras cosas porque entiende su importancia y porque sus directivos saben que apoyando esta fiesta cultural e informando de ella arrastran otra publicidad muy interesante.
Ayer, y con esto respondo a una pregunta de la viva Guadalupe, en una hermosa conversación me dijeron que tú y yo parecemos Batman y Robin [yo Robin, por supuesto] por esa referencia de amistad a la que acudo con tanta frecuencia… pero tal circunstancia hay que leerla sin maldad, porque sé que procede de una envidia sana. La verdad, Guadalupe y Halarberito, es que me siento protagonista de una historia sobresaliente en la que disfruto siendo observador y vocero, una historia de excelencia artística en la que soy testigo directo y constante, una historia de la que poca gente tiene consciencia ahora, pero que con el tiempo tomará el signo épico que le pertenece [¡ay, tontitos, no sabéis lo que os estáis perdiendo!].
En fin.

Rafa Pérez [Alafa], el maestro químico y la intérprete.





•••
A eso de la una y media me ha entrado un dolor de cabeza bestial [debe ser que en el justo puntito de relax que estaba pillando me ha salido toda la tensión de la semana, que ha sido mucha, y se ha convertido en este puñetero latido en la sien que me deja medio ciego]. Y sigo confesando que los dolores no me disgustan porque me hacen sentir que estoy vivo de verdad, pero éste de hoy es cabrón y creo que me tomaré un par de aspirinas en cuanto llegue a casa.
Cuando el dolor se asienta sobre mí, parece que asisto alucinado a mis exequias y comienzo a vestirme con cada una de mis vísceras para arropar el trabado esqueleto que me arma y me sostiene. Si me giro, veo a mi derecha las bocas que guardan los besos más lascivos y me entra un no sé qué de habérmelos perdido; si miro a mi izquierda, hay una fronda de brazos que me buscan para echarme su velo de abrazos… lo demás es apacible como el humo manando por la chimenea obelisca de una fábrica, índigo como los uniformes de los colegiales africanos, violento como una penetración salvífica, escarbado como los siglos en los que vivieron otros y tan instantáneo como cuando no quiero nada.
Vamos a la cama o a los zapatos para andar o tullirnos, para quedarnos o ser arterias con su aridez de fiebre.
Admiro a Alberto porque halla en el hambre de lo que desespera y alumbra ventanas ciertas de cada gesto falso, porque olvida en lo que va entregando, porque amordaza el ritmo de un instante en la amalgama y hace tumbas heroicas para colgar de la pared sencillamente. Y le sigo en su confusión ígnea hasta ser tegumento o sentirme relieve y garabato, hasta verme esperpento o graznar un fracaso. Sus obras son un lacre que encierra lo que busco, sea lodo o trompetas, amputación o lágrimas.
Y las serpientes muerden en mi sien y se enroscan, y mi lengua se torna en feldespato y anuncia un disparate, y el latido cabrón ha tomado el compás y se hace música coagulada y dañina. Me duele la cabeza como nunca, me duele como una confesión y es como un péndulo que en su tac-tac me obliga a descomponer mi gesto natural… y arde la melopea que repara: soy tapir y huyo del fuego oscuro, tapir de musgo quieto que ya no cubrirá a ninguna hembra en esta temporada. Soy el gemelo de mí mismo y nada siento en este cuerpo par con posturas y esquinas. Soy la ingestión que asfixia o envenena y deja las mejillas blancas. Soy quien desata los incendios con estas pobres manos y luego se hace caucho. Soy la armonía de un diamante que aún no ha cumplido su ciclo de calor. Soy la fatiga que en su drama se tensa y se hace sueño… Me duele como nunca esta cabeza mía…





•••
Tarde.
Decidí invitar a comer a toda mi familia, y lo hice en La Venta del Bufón, y nos sirvió Miguel desde su pie en la tierra para mostrar que quien es capaz de montar una de las mejores convocatorias musicales de Castilla y León, también lo es de servir platitos de paella con naturalidad y aguantar las gansadas de los comensales con verdadera profesionalidad. Aquí funcionan así las cosas, Halarberito, y tú lo sabes bien. Aquí, hermano, puedes escribir ‘los versos más tristes esta noche’ y mullirte en la gloria de los hermosos vencidos… y a los dos minutos moverte en la mediocridad bajo la mirada abyecta de quien te utiliza como accesorio de su prosaísmo [no suele haber término medio]. Es la Vijérriga de siempre, la del paisaje hermoso y la de los tipos verdaderamente importantes a los que nadie les concede importancia [quizás por ello sois mucho más importantes].
Comí de puta madre y me bebí un refrescante botellón de Paulaner que ayudó a que mi dolorzote de cabeza se diluyera, y mantuve colgado de mi hombro a Guillermito durante toda la comida, y le pelé puñaditos de gambones a mi Felipón adolescente, y miré a mi Mariángeles para verla mayor y deliciosa, y disfruté de las risas de Claudia y de Julina, y me reí con You y brindé con toda la familia, incluidos Jesús Majada y Sinda… y su pícara Leticia, y vi a mis padres estupendos, vivísimos, hermosos…
¿Qué más puedo pedir, Halarberito?

















"Como ves, la gente es aparentemente feliz. Sus sonrisas contienen la resignación de
lo que son. Producen sensación de que con el lujo hemos perdido algo esencial. Ahora
lo mejor de China es la gente."