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Thursday, September 27, 2007

Las soledades que saben agradecer la compañía pequeñita.



Cuando Paquito Ortega me dijo que somos soledades que saben agradecer la compañía pequeñita, ya andaba el concierto Serrat&Sabina con el pirata cojo con pata de palo, con cara de malo… Yo me quedé pensando como colgado entre las palabras sentidas de mi amigo y la letra machacona de la canción… el pirata solo, con cara de malo, sin pata de palo… el pirata cojo, con cara de malo, con pata de solo… el pirata rojo, con cara de solo…
Me divertí como hacía meses, disfruté de mi gente especial, salté, grité, bailé y pillé cierto puntito entre cándido y salvaje… el pirata solo, con cara de raro.

Entre la multitud –que lo era– me topé con un poeta antiguo del que no pude recordar el nombre ni antes [ayer] ni ahora [iba con una moza que se empeñó enseguida en dejarme claro que era la directora de Tribuna… encantado, coño, encantado… y salí pitando, que me da canguelo todo lo que huele a prensa]; achuché a Paco Novelty y a su eternamente bella Marina [una dulzura mágica la de esa mujer], fumé justito junto a Jessica [la argentinita Yess de Paco Ortega que me dice bajito: ‘no bebás, nene’], reí a carcajadas con Ricardito Luis Moral [tocado con un sombrerito hongo de plástico y cantando a voz en grito todos los temas sabinos], me despanzurré de ver a Pedrito Cubino con carita de zurrasparse [las jodidas almejas, Pedrito, las jodidas almejas], gané un ratito Ana y hasta mereció la pena que perdiese la cartera para ver el contraste de su preocupación junto a esa soltura natural que siempre lleva y atrae, me emocioné mirando a mi Mª Ángeles disfrutar como una grupi [se lo merece mi reina, que lleva un tiempo de constantes desolaciones y ya era hora de ver su gozo aflorar por unas horas], encontré cierto azar inexplicable y solitario en mi Julia del alma [me preocupa un poquito verla en su faz cansada y no sé cómo armar una estrategia para que sea lo que siempre fue: la alegría exacta con vocación de eternidad], abracé a mi hijota y la noté vivísima y en el camino [sabe la libertad y la va gestionando… me gusta mi niña, me gusta mucho], abracé varias veces con auténtica fuerza a mi Paquito Ortega [acreedor cada día de mucho más afecto del que yo pueda darle], degusté a la Charito más social [‘el comodín de la llamada’, como la nombra Ricardo con esa hermosa retranca entre zamorana y vasca]… y bebí cervecita, y me comí un bocata, y conduje de noche… y fue todo un recuerdo hermosísimo para guardar entre gasas y seda.
Me gustó el espectáculo a pesar de que yo siempre fui de Lluis Llach y de Bob Dylan…


(17:19 horas) Veo con horror y con cierta extraña esperanza los sucesos que se desarrollan durante estos días en Birmania y no puedo por menos que recordar aquellos duros días del final de Salvador Allende y el principio del asesino Pinochet o las noches incendiarias con los colegas de Frente Sandinista que sobrevivían en la Salamanca estudiantil que yo gocé con 17 años… aquellos hombres tenían en su contra que en sus causas ponía pesas falsas la bicha norteamericana… en esto de Birmania, la verdad, no tengo ni puta idea en dónde se calzan los intereses… pero me aterra ver que el mundo sigue con sus horrores y me emociana que la gente siga sintiendo esa necesidad de conquistar la calle.
Hay un contraste en lo birmano que no existió en lo sudamericano, y no es otro que el poder religioso [la comunidad de monjes budistas] aquí se alía con el necesitado y allí se alió [salvando dignísimas individualidades] con el poder asesino y sojuzgador [la rijosa, piramidal e interesada iglesia católica oficialista].
De aquellos días me queda un rumor de música que toma rostro en Inti Illimani, Mercedes Sosa, Rosa León, Ana María Drak, Lluis Llach, Raimon, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Luis Eduardo Aute, Paco Ibáñez, Víctor Jara, el Cuarteto Cedrón, José Afonso, Joaquín Carbonell… siempre mezcladas con aquella otra cosa más lúdica de Bob Dylan, Leonard Cohen, Credence Clearwater Revival, Rolling Stones, Donovan, Carole King…
De todos ellos tengo magníficos recuerdos intensísimos, tristes y alegres… a varios los he llegado a conocer en persona delante de unas copas, a algunos los he podido escuchar en vivo varias veces y a todos los oigo con una frecuencia casi maniática en mi estudio y en mi coche… con ellos recupero días de vino y rosas, amores perdidos y amores recuperados, noches de miedo militante y vietnamita, días de lucha y días de auténtica abulia…
Junto a ellos, que son el justo sonido de mis recuerdos, viven en la misma morada discográfica y afectiva Paolo Conte, Nicola Conte, Madeleine Peyroux, Paco Ortega, Carita Boronska, Jonathan Richman, Zizi Possi, Cássia Séller, Caetano Veloso, Yann Tiersen, Willy DeVille, Umebayashi Shigeru, Tracy Chapman, Manhattan Transfer, Tom Jobim, Toquinho, Vinicius de Morais, Toninho Horta, Skeeter Brandon, Sergio Cammariere, Sarah Vaughan, Ray Charles, Renato Carosone, Patricia Barber Companion, Paloma Berganza, Norah Jones, Mildred Bailey, Lhasa de Sela, John Lee Hooker, Jack Johnson, Fátima Guedes, Etta James, Djavan, Dayna Kurtz… todo un universo de sensaciones en el que crecer o, por lo menos, intentar sobrevivir.
De FUMADORAS

INGLÉS AL DÍA: Smoking he(she) undresses

Wednesday, August 29, 2007

Felicidades, Antoñito.


Ayer concelebramos el enésimo cumpleaños de Antoñito G. Turrión con merendola piscinera y un puntito de rasca que me dejó grogui, pues no en vano ya iba yo con mi cosita cistítica apuntando, fruto del jodido estrés que me he pillado durante estos días de actividad frenética.

Me jodió un chis no estar vivo para animar la fiesta y celebrar al mejor cuñado por roce y palabras y al amigo [otra vez será, Antonio, que tu cumple siempre me pilla en momentos extremos]. El caso es que le vi feliz y con buena disposición a sobrevivir, que es lo que se pretende a estas alturas.
Los críos estuvieron enredones y simpaticorros [a mí eso me distorsionaba aún más, pues no me dejaba concentrarme en mi malestar para calmarlo por autoconvicción, pero entiendo su vitalidad y aguanté hasta donde pude].

El caso es que mi percepción doliente de la movida es la de que tengo una familia estupenda y a la que quiero un montón… Julia está pletórica y siempre anima verla sonreír y hablar con esa gracia que es su mayor poder, Julina es una delicia turca digna de pasar a los anales de la belleza particular y serena [cada día la quiero más y creo que ella lo percibe], Nena es una bomba de actividad que no conoce rendiciones y sabe perfectamente cómo llevarlo todo a su justo lugar [su dinamismo es admirable y agotador], Antonio vive una madurez tranquila de la que se puede aprender mucho [el tiempo le ha limado esas esquinas afiladas que a veces ponían distancia y está configurándolo como un tipo muy interesante de tratar y de frecuentar], Ángel es la desesperación quieta y noto en él que vive ahora las dudas que debiera haber vivido hace muchos años [dudar a su altura, después de haber molido siempre una fe ciega, debe ser desesperante y lo entiendo… pero cada uno es libre de ponerle pendiente a su cuesta. Yo le deseo luz y ese difícil entendimiento de que hay que gastar los días con intensidad y no con derrota].

Magdalena es el amor entero y la justa exasperación [su no estar es indecible y casi invivible, pero suma siempre en el plano de la sensibilidad]. Felipe es mi chaval, yo mismo hecho hormonas y actividad pura, mis defectos adolescentes y mis valores utópicos [me puede siempre… pero aún no ha ganado la batalla precisa]. Guillermo es la paz extrema [otra belleza intrínseca que anotar para un siempre que es ahora] y mi Ángeles es la luz entera y necesaria, el amor sin medida desde la actitud tranquila y responsable [no voy a hablar ahora de los que no estuvieron presentes… precisamente porque no estuvieron presentes –a todos los adoro, que quede claro–].

(17:49 horas) Recibo ‘Los caprichos de Ceres’, el último poemario del amigo Ezequías Blanco [al que hace un montón de años que no veo], editado por Devenir y prologado por Juana Rosa Pita. Lo leo en un pispás y disfruto del sentido homenaje que Exequias hace en esta obra a los hombres abrazados a la tierra que regala y quita. Su estilo es depurado en esta entrega y juega a la belleza que mueve cosas adentro [conmigo lo ha conseguido]. Elementos y vida para decir sencillamente que en el paso está ‘la verdadera sombra de la dicha’. Enhorabuena, hermano.
De LECTORAS

Thursday, February 8, 2007

Las aves son pensamientos sin vuelta.


No fui dado nunca a los signos ni a las premoniciones. Advierto y sigo.
Hoy cumple ocho años mi niño Guillermo, ocho años que hace ahora de la noche bellísima y terrible en que su madre lo puso en el mundo. Guillermo se deslizó aquel día entre las piernas de su madre mientras paseábamos por los pasillos del pabellón de Ginecología/Obstetricia del Hospital Clínico de Salamanca obligados por la comadrona de turno para propiciar el parto. Guillermo cayó de pronto y sólo mis manos y las de Mª Ángeles evitaron que su cabecita se golpeara con el suelo. Todo fue mágico y trágico, pues mientras su madre se desangraba en una sala de partos que semejaba la escena de una película gore, yo me quedé una hora a solas con mi niño desnudo alumbrado por una lámpara azul que le daba calor y envuelto aún en el sebo amarillo que traía de abrigo. Nos miramos los dos durante una hora eterna. Él ajustándose a los rigores del mundo y yo temeroso por la vida de su madre.

Hoy salí a las seis de la madrugada camino de Mérida para realizar un trabajo urgente que nos había requerido un cliente. No sabía cuántos días podría faltar de casa, pues no tenía valoración temporal para realizar ese curro, pero contaba con un mínimo de dos días. Iba a perderme por primera vez en mi vida el cumpleaños de Guillermo, y eso me jodía un punto [a él también, que echó unas lagrimillas cuando se enteró de mi viaje urgente]. Lo tomé con resignación, pues no andan las cosas para ir dejando trabajos sin hacer, y me fui con Ricardo hasta la capital extremeña.
Ya allí, se empezó a producir la bella coincidencia de la que quiero dejar palabras.

Cuando llevábamos aproximadamente una hora de trabajo, nuestro cliente cambió sus planes de forma sorpresiva, indicándonos que el trabajo que debíamos realizar se dividía por tres [había contratado con nosotros el mateado de veintisiete grandes lunas y lo redujo a sólo nueve, eso sin detraer un euro del presupuesto que nos había aceptado, pues entendió que era su voluntad y no debíamos padecerla nosotros (¡)] Todo se ponía de perlas para mí y para Guillermo. Sonreí desde ese instante y aún sigo con la sonrisa puesta.
Trabajamos con eficacia y a la una de la tarde ya estábamos camino de Béjar. Reí, fumé, llamé a mi Guillermo para darle la noticia de mi pronta llegada y conseguí que el camino se me hiciera más corto que nunca.

Al llegar a las estribaciones de Hervás, justo subiendo hacia Puerto de Béjar, aproveché que la lluvia había parado para abrir la ventana de la furgoneta y juguetear con mi mano a cortar el aire –íbamos muy cargados y la velocidad no pasaba de 80 km/h. De pronto sentí un golpe punzante en mi mano y la metí rápidamente para mirarla. Tenía una pequeña mancha de sangre en ella, pero no era mía. Ricardo vio perfectamente cómo un pajarillo chocaba con mi mano y caía inerte al asfalto.
No fue un signo, que nunca creí en ellos, pero la muerte se convocó de nuevo en mi memoria como hacía ocho años, la muerte y la vida en un mismo sentimiento, la alegría y el temor...
Ya en casa, besé muy fuerte a Guillermo y le saqué de compras para que escogiera el regalo que más le apeteciera.
Se decidió por un par de juegos para la PS. Se los compré mientras sentía que la muerte del pajarillo por el azar de mi mano era un trágico tributo a no sé qué.
De Tontopoemas ©...

Sunday, December 3, 2006

Lawrence Ferlinghetti


Se acerca mi cumpleaños y ya ando enredado en ese sentimiento repetido del mal de edad. Visualizo las nuevas cifras y me acojono. Me miro al espejo y me acojono aún más. El disfraz no sirve, pues aparecen los cuarenta y nueve tacos encendiendo unas canas que quieren esconderse entre una melena que se me hace ridícula para mi edad, la barba se nieva más que la jodida Sierra de Béjar –o de Candelario, que es la misma– y el descenso se señala en las cicatrices que marcan toda la piel y que ya no desaparecerán sino con la putrefacción.
¿He sabido crecer?... No lo sé, aunque para mi bien he mantenido siempre un espacio aparte en el que desenvolverme fuera de los rigores del cuerpo.
En lo físico, este año lo he saldado con una pérdida ostensible de peso que no sé a qué se debe, pues no he puesto nada de mi parte en tal circunstancia; no he visitado ni una vez a mi médico de la Seguridad Social, he pasado una gripe severa, dos o tres catarros, varios ataques de cistitis y una lumbalgia cabrona que me producía una risa floja de dolor.
En el curro, he asumido más riesgos este año que en toda mi vida, pero no me preocupa en absoluto, pues ya he comprendido que el dinero es una mierda de uso y que el que venga detrás que pelle con lo que haya. Nueva local de imprenta, nuevas máquinas, nuevo refugio para escribir y pintar... y cierta angustia por dejar a mis hijos algo tangible que les ponga un poquito de solución de futuro.
En lo creativo, fatal. No he podido darle fin a la biografía de Luis Pastor, tengo mi eterna novela a medias y le he dado fin a mi poemario «Esa intensa luz que no se ve», el poemario en el que más tiempo he puesto de todos los que he escrito hasta la fecha. También he seguido alimentando mi mundo savonarolia, que es el que me ha salvado un poco del naufragio total.
Los sentimientos, bien... muy bien... inmejorables. El amor tranquilo ya se ha asentado y me encanta la vida en pareja que tengo –Mª Ángeles tiene mucha culpa de ello y se lo debo a muerte–. No me quejo de mi vida sentimental.
La familia, chunga. Magdalena a su bola, Ángel complicándolo todo y las hermanas de Ángeles sin entender cómo se debe armar un universo viable de familia con enfermo –habrá que aguantarse o joderse, que es lo mismo–. Mis padres francamente bien, aunque con la cosita de mi madre siempre pendiente de un hilo extraño.
Y los hijos... ¡Ay!, los hijos. Mariángeles, preciosa, poniendo en orden su vida e intentando entender el camino –a ver si este año me da más y mejores gastos–; Felipe sigue siendo la revolución, una hermosa revolución que me cabrea unas veces y otras me entusiasma, pero que siempre me muestra un cariño que necesito como el oxígeno.
Guillermo... divino, absolutamente divino, el hijo que desearía cualquiera... Ayer me contaba Mª Ángeles que el crío le dijo muy en secreto: «Hay que comprarle a papá un abrigo para su cumpleaños, que me ha dicho que hay uno que le gusta mucho.». Mª Ángeles me lo contó para que le explicase qué tipo de abrigo era, y yo quedé sorprendido, pues no me gustan los abrigos y no recordaba haberle dicho tal cosa a Guillermo... hasta que caí en la cuenta... Cuando el niño sale del cole y le recojo, siempre le pido que me cuente lo que ha hecho en clase, si se lo ha pasado bien... esas cosas de padres e hijos. El caso es que cuando Guille acaba de contarme su jornada escolar yo le beso muy fuerte y digo en alto: «Éste es el que va a comprarme a mí el abrigo de visón con su primer sueldo». Ja, ja, ja... Guillermo procesó esa frase tan repetida y se ha empeñado en que tenga el abrigo de visón antes de su primer sueldo. Así es mi Guille, un cielote para el que no tengo palabras, un amor entero.

Saturday, October 28, 2006

Odysseus Elytis


Me hubiera gustado ser como Falstaff –o como Oldcastle, que es justo lo mismo–, un gracioso caballero bebedor, gordo hasta estallar y juerguista hasta la muerte. Ser como Falstaff para recibir a mis amigos como se debe, con cenas Pantagruel y perfidias Maldoror... Ayer pasaron por Béjar Tony y Miguelón... y sólo pude tomar un triste café con ellos... ¡Joder!, después de tantos años sin vernos y de tantos buenos años pasados juntos... un triste café de mierda. Por eso también le dije ayer a Maite –que me propuso visita– que espere hasta que le haga señales que propicien un encuentro más vivo. Es jodido querer recibir y no poder hacerlo.
(10:24 horas) Había previsto visita de Urce y Marisol, pero todo se ha torcido por azares tristemente humanos, y lo siento, porque su presencia fugaz suponía un poquito de oxígeno para mí. Tenía preparada la edición de los talleres de poesía de Madrid con la misteriosa intención de escrutar en sus caras el resultado de mi curro... Otra vez será, amigos, que no pasa nada.
(11:49 horas) La mujer es la magia y la pesadilla, el lazo buscado y la posesión destructora. Yo confieso que estoy absolutamente subyugado por lo femenino, pero también extremadamente atemorizado. En fin, a mis amigos Urceloy y Maite les cuento que con una mujer se puede pisar la gloria o se puede caer de por vida en un terrible infierno, y que por ello hay que andar con pies de plomo, pues la química del deseo quita razón y lógica, y la electroquímica del odio sólo funciona para destruir.
Lo mejor, a nuestras edades, es buscar el paralelo a cualquier situación que sugiera conflicto, es decir, mantener la tensión del cruce con la convicción de que nuestras líneas nunca podrán encontrarse. Ahí es donde las relaciones vibran mejor, en saberse sin estar... en eliminar la jodida química que nos hace actuar sin el componente volitivo.

Yo, que en el fondo soy un tipo con suerte, tengo una compañera que sabe ser complemento y dejarme espacio, mi Mª Ángeles, y de ella he aprendido que se suma a partir de la tolerancia y la confianza ciega, amando sin perturbar, teniéndose sin pararse a mensurar la calidad o la cantidad del amor, simplemente dejándolo fluir en común y por separado. Y para que esto suceda, nunca hay que pedirle pruebas al amor, ni hacerle preguntas, ni buscar en él respuestas... y también quitarle el posesivo a cada una de las cosas que se van sumando al vínculo –sé que es pura contradición lo que digo si lo enfrentamos al concepto aceptado y genérico de «amor»– y saber siempre que lo que nos une nos separa, que lo que nos apetece nos quita libertad, que lo que nos embruja nos esclaviza.
Una mujer tranquila, sin temor a la pérdida, sin avaricia afectiva, sin otra pasión que dejar respirar para poder respirar... es la mejor imagen que se me ocurre del amor y para el amor.
Y para el odio... olvido y tiempo.

(13:13 horas) Ayer, enredando en mi biblioteca, encontré mi ejemplar de «Hyperion», y sólo de ver bajo el título el nombre de Hölderlin, recordé algunos pasajes que hace años me llegaron y me dispuse a buscarlos entre el texto. Tenía subrayados, anotaciones, frases inconclusas escritas a bolígrafo en los márgenes, respuestas lacónicas a la narrativa lírica de Hölderlin. Releí con velocidad, parándome en algunas páginas y pasando otras de largo... y me iba llegando la magia de aquella lectura con anotaciones... De allí nació un tiempo literario personal en el que trabajé sobre la imposibilidad de ser, sobre las desilusiones y la posibilidad de superarlas, sobre la evocación de un tiempo feliz y la valoración de sus tristes resultados.
Percibí con nitidez cómo me marcó aquella lectura y cómo me peso la imagen de Diotima, llevándola a la presencia física y poética de Mª Ángeles y construyendo un buen montón de poemas en esa clave y en ese latido Hyperion.
Y el desencanto, que tantos versos me ha dado y me ha quitado, resumido en el dolor de un Hölderlin que fue Hyperion y que terminó siendo yo mismo: «Oh, tú, Naturaleza, con tus dioses; he acabado de soñar el sueño de las cosas humanas y declaro que sólo tú vives, y aquello que los hombres sin paz han conquistado por la fuerza y han escogido, se disuelve como las perlas de cera al calor de la llama».
(16:43 horas) Vengo del café y la conversación allí ha corrido sobre el futuro del colega Cipriano González. Todos mis contertulios –y yo mismo– piensan –pienso– que es la opción más fiable del PSOE en Béjar para acometer una salvadora llegada al ayuntamiento. Si tal circunstancia se diera –que yo apuesto mi mano derecha en ello–, habrá que darle una salida a la dirección de la Fundación Premysa, y en este punto me gusta imaginarme activo, pues ese vacío contiene una bonita impronta de proyectos en los que meterse hasta las cejas y poner en ellos fervor ideológico personal. Sería una bonita salida a este impás de mediocridad en el que ando sumido últimamente, y ahora tengo ganas de moverme. Sí, sé que lo llevo muy crudo como para que alguien piense en mí, pues siempre he sido un tipo incómodo, y también sé que habrá sus dificultades para ajustar con la persona indicada para tal labor. En todo caso, dejo anotado hoy en mi diario –que nunca fue políticamente correcto– que me apetecería un montón poder trabajar en una serie de proyectos que siento pendientes de realizar, y veo en el probable vacío que se acerca una oportunidad preciosa. A ver cómo se desarrolla todo.

(17:15 horas) Hay una foto deliciosa de Manuel Álvarez Bravo, realizada en 1931, que lleva por título «El ensueño», en la que me detengo con mucha frecuencia cuando paso las páginas del catálogo donde aparece. El gesto bellísimo de la muchaha apoyada en la barandilla, la posición de sus manos y el extraño apoyo de su cuerpo me llevó un día a escribir un poema que lleva por título «Una mujer se peina y llueve», uno de los pocos retratos poéticos que he hecho en mi vida, que tiene la curiosidad personal de que cada vez que vuelvo a él me llega un sentimiento concreto que tiene mucho que ver con el amor. Ese poema lo conservo siempre cerca y lo leo asombrado de que alguna vez fuese capaz de juntar las palabras con tal sentimiento estético.
Miro la foto y me deshago.
Leo el poema y me pongo triste.
(18:50 horas) El mejor amor es el imposible, porque siempre mantiene el deseo latente... y el mejor poema es también el imposible, porque sólo es capaz de ser vivido en el sentimiento intimo. Amar la imposibilidad del poema y poetizar el amor como imposibilidad... Una buena forma de no ser para sentirse vivo. Qué jodidamente bonito es el término «imposibilidad»... Hace ya seis o siete años que escribí el poema «No hay posibilidad para los hombres penúltimos», y ahora recuerdo que durante aquellos días mi cabeza era todo un tratado de la imposibilidad.

(22:43 horas) Leo en «i-bejar.com» un artículo de Óscar Rivadeneyra –«Razones y sinrazones de una crisis»– en él me hace una cita ciega para esbozar un retrato de la busguesía bejarana que me resulta muy atinado. Está de puta madre eso de «Son menos mundanas sus crisis, menos numéricas y pragmáticas. Porque el oficio constante de burgués tiene prioridades que la razón de la clase media no entiende, y que van mucho más allá de la perduración de las grandes osamentas del textil en el tiempo, primero, y en el espacio, después. La crisis introspectiva de la élite tradicional bejarana (a menudo oculta detrás del Lacoste y de la Vigilia del Castañar) lleva años dirimiéndose entre el fingimiento de la ostentación o el disimulo de la ruina; no acosada por más horizonte que el de la usurpación de sus privilegios y sus bulas por la insolencia agnóstica de los "nuevos ricos".». Está fetén, chiquillo; lo que sumado al calificativo de «poeta barbudo» que me dedica –y que me gusta un güevo, porque me trae a la memoria cierta cosa Bahía Cochinos que me hace sonreír– es para enviarle un ¡Felicidades!.
Lo dicho.

Friday, September 29, 2006

Matti Yrjänä Joensuu


Hoy, mi mujer y mi hijucha me han regalado «Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta», de Charles Bukowski, un libro que tenía muchas ganas de leer desde hace tiempo, que pedí varias veces a mi librero y que nunca conseguí que me lo trajese. Mañana le daré entrada y fin.
Por otro lado, ando reflexionando sobre la obtención del Premio a la Libertad que mañana nos será otorgado de manos del Ministro Jesús Caldera. No hay duda de que es un bonito empujón que nos llena de responsabilidad y de ganas renovadas, sobre todo un magnífico empujón para Juan, sobre cuyas espaldas siempre ha pesado la responsabilidad de nuestra actividad social y solidaria. Espero que mañana sea el día que marque el principio de nuevos proyectos y de mayores riesgos.

Dejo aquí mi abrazo de hermano al compañero de fatigas Juan Hernández, el Juanito de siempre, a la vez que le aseguro que es uno de los tipos más importantes de mi vida –y de la de muchas otras personas–. Eres grande, hermano, el más grande. Gracias por existir y estar siempre a mi lado.
(22:51 horas) Es inevitable sufrir en el transcurso vital, pero si ese sufrimiento no lleva consigo una carga de conocimiento, resultará absolutamente inútil, lo que lo multiplicará y terminará por hacerlo mucho más arduo. Sufrir es saberse vivo, y tal circunstancia –tal conocimiento– terminará siendo gozosa si se sabe procesar.
Lo más práctico es ser consciente de cómo vibra el dolor –sea físico o psíquico– y arañarle cada esquina para saber superarlo y aprender de él.

Monday, August 14, 2006

Gao Xingjian

Después de un montón de días llenos de trabajo y tensión, hoy hago puente y me siento como vacío. Al salir de casa me he dado una vuelta tranquila por Béjar para ver cómo actúa el nuevo plan circulatorio municipal y sólo me salen quejas que indican una tremenda falta de previsión y de diseño por parte de los munícipes. Lo peor es que han puesto en marcha su jodido experimento cuando más movimiento de personas y automóviles hay en la ciudad estrechísima, sin pensar en ningún momento en que las molestias que le procuran al autóctono y al foráneo son de cabreo absoluto.
Sólo se me ocurre que ante la previsión de una debacle electoral en la ciudad, el alcalde y su equipo están entonando un dramático canto de cisne que, para más inri, además de molesto, dejará las arcas vacías a los que vengan.

(11:07 horas) Veo en internet que David Torres se acuerda de mí en un artículo sobre la mano izquierda de la empresa Yanko para despedir a sus curritos que ha publicado «El Mundo». «Agradecido... y emocionado...» le envío un saludo al colega de la vega, al que prometo regalarle una edición antigua del diccionario VOX escolar cuando crucemos las miradas. Zenk.

(13:11 horas) Mañana celebraré con mi mujer y con mis hijos la friolera de 24 años de matrimonio, unos años magníficos, llenos de intensidad y de libertad, con tristezas y alegrías, pero siempre en una piña tranquila.
Y tengo claro que toda la armonía que he disfrutado durante estos años proviene de mi Mª Ángeles, tanquila y clara, sabiendo siempre dejarme espacio en el crecer individualmente y sonriendo ante cada una de mis boutades. Si de algo tengo por lo que felicitarme en la vida, es por haber encontrado los lazos con una mujer que desde el silencio sabe respetar la libertad sin gestos altisonantes. ¡Gracias por todo tu tiempo compartido conmigo, reina!
(22:34 horas) Hoy, cuando subía a Palomares a recoger a mi familia, me he encontrado con mi amigo Pepe Servando, su mujer y sus hijos. Encantadores. El día está colmado cuando se recupera una amistad de las buenas, de las de juventud, y se aprecia que todo va bien.

La tarde la he pasado pintando un homenaje a Alfred Hitchcock y he disfrutado como un enano manchándome de tinta china y viendo nacer lo que tenía en la cabezota metido como una espina. No me ha quedado mal del todo, coño.