Showing posts with label RAFAEL PÉREZ ESTRADA. Show all posts
Showing posts with label RAFAEL PÉREZ ESTRADA. Show all posts

Friday, May 8, 2009

Fotos sueltas de otros días.



8 de mayo de 2009

SEGUIR SIENDO PARA TU EQUILIBRIO

Fue como ver llover en el desierto, como amar en el Ganges si atardece con nubes, como llorar de gozo y secarse las lágrimas en el rostro que adoras... el caso es que me hice amiguito de la secretaria personal de Pablo [Mª I. Magariños] para echar un ratito con él y entregarle un reconocimiento pequeño que nos agenciamos a medias entre Juanito y yo.
Le escuchamos cantar como si estuviéramos en un rito ancestral, uno de esos con sacrificio de sangre y mirada al cielo. Pablo no podía con su cuerpo, pero hizo el concierto más hermoso al que un tonto de misa como yo haya asistido. Cantaba al alimón con Víctor Manuel [que estropeaba la magia con sus gritos [Juanito decía a voces... ‘¡Que se calle el blancoooo!’] y en ningún momento pudo sostenerse de pie sobre el escenario [dio el concierto sentado en una silla hasta la que le acompañaron dos personas]. Al terminar el concierto, la subteniente Milanés nos metió en zona vip y pudimos acceder a Pablo sin problema. Estaba destrozado y en su cara se reflejaba dolor, un dolor tremendo. Me sonrió, le abracé, le entregamos el presente que llevábamos y nos pidió disculpas por no poder atendernos... se lo llevaron en volandas a un furgón y marchó al hospital donde sería operado de urgencia.
Quedé triste por ver cómo lo físico destroza a lo sensible.
Pablo es, desde hace muchos años, mi voz favorita en habla hispana... y un hombre al que no dejaré de admirar jamás por su fuerza de carácter y por su poética irrepetible.
Una tarde recibí una llamada de su oficina para agradecer el gesto y para contarme que Pablo dio órdenes desde su retiro para ofrecernos su agradecimiento y sus disculpas por no haber podido atendernos como hubiera querido.
Quedan los tamarindos rendidos por los vientos caribes y el jacarandá del patio sigue lanzando flores que coronan la sien del hermano cubano.



DÍAS MEDIÁTICOS CON FONDO NEUTRO

Andaba yo entonces en gira de presentaciones de mi primera novela, “Nos vemos en el Cielo”, y no le hice ascos a salir en la tele madrileña haciendo el gamberro [que siempre he tenido ese puntito público]. El caso es que caí en manos de una niña monísima que pilló mi novela justo cinco minutos antes de comenzar la emisión y todo fue un desastre mediático de los más chulos, pues como la criatura no me hacía más que preguntitas generales para salir del paso, terminé tirándole los tejos en abierto, jeje, y se sonrojaba sin saber cómo salir de aquel atolladero [imagino que aún me odia]... el mejor recuerdo, en todo caso, es que a los veinte días de poner el libro en la calle, se agotó la edición [todo gracias a la cubierta, que mostraba un cuerpo de mujer con su sexo perfecto en primer plano... en Béjar lo puso mi librero en el escaparate justo con el papelito del precio haciendo de censor].
Ya sabéis que nunca fui de contenidos.
Espero que algún día un editor potente descubra esa novela y me haga una propuesta de lo más indecente para reeditarla... la acepto desde ya y a ojos cerrados... y aseguro magretes beneficios.


LLAMA DE AMOR VIVA

Estábamos en uno de los primeros encuentros EDITA, en Huelva, exactamente en la Casa Colón, y Rafael Inglada se presentó absolutamente elegante a mostrarnos su colección de poesía “Llama de amor viva”. Le conocí el día antes justo después de completar mi alojamiento en el albergue juvenil de Huelva. Yo estaba fumándome un cigarrito en las escaleras de entrada al albergue cuando vi cómo se acercaba con pose elegante y una cartera negra un tipo que ya parecía especialísimo a cien metros de distancia. Al llegar justo a lugar en el que yo fumaba, se detuvo y me preguntó si era allí donde se alojaban los ponentes del encuentro de editores. Yo afirmé con la cabeza. Rafael se cuadró, dejó su cartera negra posada sobre el suelo con cuidado, miró con detenimiento la fachada del edificio, se llevó las manos a las mejillas con gesto de arañarlas con fuerzas y gritó para mi sorpresa: “¡Albergue juvenil... me salen espinillitas solo de pensarlo!”. Nos hicimos amiguetes enseguida y pasamos algunos de los días [y las noches] más divertidos que recuerdo.
Rafael me regaló dedicado uno de sus poemarios y el hermoso tesoro “La mujer de Lot”, de Amalia Bautista, una joya que guardo como oro en paño por el alarde editorial minimalista y, sobre todo, por los hermosísimos versos que contiene.
Durante su ponencia, Rafael actuó con un papelito pegado en el mentón, pues se había cortado esa mañana al afeitarse.


DE NIÑO, SOSTUVO LA AGONÍA DE UN PÁJARO EN SU MANO

Celebrábamos en Málaga, con Rafaelito Pérez Estrada, la presentación de un hermoso libro que le había editado en Béjar, “El viento vertical” [quizás la joya editorial de la corona junto a la edición de “El peso de la ausencia” de Antonio Gómez]. Ya andaba algo pachucho el campeón, aunque nunca borraba la sonrisa de su rostro de ‘amante de la o’.
Presentamos en una destacada galería de arte malagueña que se llenó de público y, para albricias propias y ajenas, vendimos los trescientos ejemplares que llevamos [se encargaron de la venta Paquito Cumpián y señora con la consecuencia directa de que la caja se fue al completo en gastos para una fiesta psterior al sarao... que aún me duele en el bolsillo, y cómo]. Rafael me enseñó su Málaga de ensueño –otra ciudad distinta a la de los turistas y el pescaíto frito, mucho más elevada y abierta como una amante al mar Mediterráneo.
Y éramos amigos hacía varios años, pero el milagro azul de aquella edición consiguió que Rafaelito me escribiese semanalmente, sin falta alguna, adjuntándome uno de sus deliciosos dibujos con cada carta, hasta algunas semanas antes de su desaparición.
Yo aún no orino estrellas, como él hacía, pero estoy aprendiendo.


A ORILLAS DEL EAST RIVER

Se había hecho tarde para entrar a las ponencias de un encuentro de poetas estival y me quedé charlando con Pepe Hierro en la cafetería durante más de dos horas. Él consumió dos copas de bebida blanca y yo otros tantos cafés con hielo.
Hablamos de mujeres no más de media hora, y el resto del tiempo evocamos nuestro primer encuentro en Zamora, lleno de anécdotas absolutamente hilarantes venidas del estado alcohólico de aquella noche bruja, y me hizo una hermosa valoración en tiempo real de Claudio Rodríguez –por aquellos días ya estaba el hombrito en sus últimos momentos–, de Ángel García López –al que confesó que quería especialmente– de Jesús Hilario Tundidor –el mejor portero de Zamora– y de Ángel González, del que me contó un par de anécdotas que aún no deben salir de estos labios con ganas. Yo creo que entre los dos nos fumamos en aquel espacio de tiempo un par de paquetes de tabaco... y Pepe fue a orinar como seis veces.
Mientras charlábamos, me dibujó una marina con café en un folio [que perdí por la noche junto a mi carpeta de congreso].
Unos años después, reunidos en Béjar, repitió aquella marina para mí, pero con acuarelas. Se la dedicó a Mª Ángeles... “que tú todo lo pierdes... jovencito”.
Hoy cuelga enmarcada en uno de los rincones más especiales de mi casa.


PRESENTIMIENTOS

Fue un día del 2000 en Rivas. Por esos empujones preciosos que te dan los amigos de verdad [JLM, gracias], me encontré como invitado en la comida homenaje que el ayuntamiento de Rivas le ofreció a Clara Sánchez por haber conseguido el premio Alfaguara de aquel año. Como no tengo abuela –y me duele– ni vergüenza, acabé sentado en la mesa de presidencia comiendo junto a la gran Paca Aguirre –que aquel día andaba machacadita de sus piernas– y junto a la feliz premiada, que resultó ser adorable.
Hablamos en una sobremesa interminable de las diversas técnicas narrativas, de nuestras costumbres de escritura y, ya al final, Paca nos contó su experiencia durísima del periodo más negro de esta España siempre dividida... yo les hablé de mi abuelo Felipe y de mi abuela Antonia y aquél encuentro se me quedó clavado como uno de los más intensos y emotivos, sobre todo por los ojos de Paca, por su mirada dura y dulce a la vez.
Soy un tipo con demasiada suerte.

GAMBITO DE REY

En unos encuentros literarios que coordiné durante varios años en Béjar, me tocó recibir y atender durante tres días a Fernando Arrabal, y fue todo un poema trajinar con el perico, un poema divertidísimo a ratitos y algo jodido por momentines... para empezar, me obligó a pagarle sus honorarios con dinero contante y sonante justo a la puerta del hotel, ya que si no lo hacía, no se alojaba... llamó ser andrógino a una joven periodista muy amiga mía y le quitó su cámara de fotos para, según dijo, dejar patente en papel fotográfico su androginia, se subió a la mesa de conferencias y lanzó al aire todos sus papeles para terminar diciendo una tontería tras otra y se enredó en discusiones extrañísimas con los camareros que le servían en el hotel por el acabado de las comidas.
Mi hijo Felipe dijo delante de él... “Papá, que cabeza tan grande tiene este señor”. Yo no sabía qué hacer ni dónde meterme.
Con el tiempo comprendí que hay gente que sabe vivir perfectamente de su pose... y tampoco me parece mal.
Al poco tiempo supe que, durante su paso por Béjar, Fernando estaba bastante enfermo.
Salud, hermano difícil.


PA LUCIRLO EN EL OJAL

Ser acreedor del premio Tardor de poesía me obligó a acudir a la Feria del Libro de Castellón para pasarme una tarde enterita firmando libros en un tenderete. Cuando me presenté en el sitio de la feria, descubrí con cierto asombro hilarante que yo ocupaba el centro de una mesa compartida con el novelista Emilio Garrido y con la mítica Sara Montiel. El arranque fue un poco tenso, ya que Sara llevaba puesta su pose de diva mientras que Emilio y yo éramos espectadores estupefactos y jocosos de lo que allí sucedía. Sara acumulaba una fila enorme que se extendía hasta donde alcanzaba mi vista, y Emilio y el que relata andábamos de purito secano filero, haciendo chistes por lo bajini y descojonaditos de risa por la movida. Con las horas de roce, que fueron cuatro, comencé a hacer miguitas con Sara Montiel, que me pilló cariño y animaba –cuando no obligaba– a sus admiradores a que adquiriesen mis libros y pasaran por el rito de la firma.
Tanto fue el roce, que Sara se empeñó en invitarme a cenar en un restaurante de lujo.
Cuando llegamos a aquel comedor de marca, Sara se quitó su visón con ardoroso glamour y fue aplaudida por todos los comensales de las mesas anejas a la que ocuparíamos.
Al ratito de tomar asiento, aparecieron por la puerta del comedor la directora de la feria del libro y Ana Matute. La tensión se hizo carne y se podía mascar como una bola de chicle, pues Sara y Ana María hacía años que no se dirigían la palabra. La directora de la feria charló con Sara en privado y le pidió que cenáramos todos juntos, a lo que ella aceptó amablemente sin torcer el gesto.

Imagínenme sentado entre Sara Montiel y Ana María Matute mientras se tiraban de vez en cuando, sin mirarse, alguna que otra bomba de neutrones.
El caso es que cenamos y cayeron vinitos y champagnes, y yo, que enseguida me alegro al olor del alcohol, me puse dicharachero y charlatán, hasta el punto de que reté a las reinonas a que se quisieran en mi presencia, circunstacia que, para mi asombro, aceptaron a la primera de cambio.
Con todos unidos ya por las sonrisas y el buen rollo, se inició una guerra en la que tanto Sara como Ana María contaron con detalles las gestas con sus múltiples amantes, desde un gran coito en las aguas del Ganges hasta varias cabalgadas de mérito en la cuna del cine.
Con la noche acabando, nos bebimos la última copa y brindamos.
Sara, entonces, llamó al camarero, besó una copa en la que dejó perfecta la huella de sus labios y le pidió que la envolviera para regalármela.
Los abrazos de despedida aún mantienen el latido de aquella noche bruja con dos hembras divinas.
La copa aún reposa en mi estante de libros ya leídos... y un libro de Ana María, dedicado con cariño especial, está entre mis tesoros bibliográficos.
Ana María vino a Béjar con los años y volvimos a comer y a beber juntos... de Sara no he vuelto a saber nada.

Monday, March 9, 2009

"Dibujos con la cabeza en otra parte".


8 de marzo de 2009
Jo, mi amigacho José Luis Rguez. Antúnez me ha traído una joya de la República Bolivariana de Venezuela, de un tal Farruco Sesto [Francisco Sesto] que escribe y dibuja de puta madre... sus dibujos son asombrosamente cercanos a los de mi desaparecido amigo Rafaelito Pérez Estrada... lo miro y lo remiro y no salgo de mi asombro. El libro se titula “Dibujos con la cabeza en otra parte” y está editado en el año 2006 por la Fundación Editorial El Perro y La Rana y patrocinado por el Ministerio de la Cultura del Gobierno Bolivariano de Venezuela... absolutamente recomendable, amigos, y por ello os pongo aquí el mail de la editorial: elperroylaranaediciones@gmail.com. El que se anime a pillarlo me lo va a agradecer de verdad.
Mil gracias, hermanito Antúnez, que hoy me has hecho feliz.

Sunday, October 19, 2008

Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura.


Hoy salí un ratito al otoño bejarano para oxigenarme y quitarme los malos rollos con tres o cuatro respirares hondos. Ya están los castaños alfombrando el suelo de erizos amarillos y la fronda toma los colores de esa magia xantófila que tanto me gusta y tanto me eleva. Esto durará cuatro o cinco días y debo aprovecharlo hasta que se me ahoguen los ojos… es purita lujuria.
•••


Y en la alfombra del campo hacer el engrudo y buscar el contrapeso, descalzarme y tomar mis pies entre las manos para sentirlos inembargables, y lanzar el boomerang del grito para que el eco administre y yo especule.
Una mujer tendida sobre este otoño debe ser gloria pura, una mujer dejada de sí sobre el manto de hojas siendo la verdad y el pleonasmo, indiferente a los ojos, alzada como un panal sobre el mullido, muro de incontinencia y suelo mismo.
Una mujer sin techo sobre sus senos, pura y blanda, ofreciéndose con mechones y muslos a las tres abubillas de los plátanos con su cuello de oca, una mujer como sin huesos, pero con hijos escondidos hechos de balbuceos en sus entrañas rojas.
Serena mirará cómo se gesta el cambio más cromático de este otoño de lenguas, verá que se refugian las hormigas bajo su sombra explícita, buscando en el calor el almanaque de primaveras próximas.
Trillar a esa mujer es rol de dioses, porque acabará en humus y habrá de ser subsuelo bajo el suelo…
•
No hables más de la muerte, viejo.


•••


Leyendo hoy el blog de José Ángel Cilleruelo [El Visir de Abisinia], me llega hasta el punto del recuerdo que tengo en el cerebro la imagen siempre dulce de Rafael Pérez Estrada [mi Rafaelito querido y siempre admirado]. Recuerdo sus palabras últimas por una línea telefónica sucia y sus risas tan serias: “Los ángeles, Luis Felipe, ven siempre en el azul como tú ves… nunca desistas del azul, amigo. Yo ahora orino estrellas como una vía láctea y dependo de una línea de astros con olor a tabaco –sólo olor–. Si no te veo más, sigue siendo azul, hermoso caballero salmantino…”. Yo intenté animarle, sabiendo que su estado era muy crítico, pero resultó que él me animaba a mí a seguir viviendo y a “subir esa escalera de peldaños tan altos que da a la boca jugosa de una mujer bella”.
Hoy mi casa está llena de aquellos dibujos suyos que me enviaba, sin falta, cada semana, junto a una carta perfectamente caligrafiada en su letra redonda y rotunda. Yo me he acostumbrado a ellos como a mis hijos, y los miro con ansia por recordar la cara del amigo con su elegancia de blazier y corbata al tono como el dandy que fue, con sus constantes guiños y sus alucinaciones propia de su calidad excepcional entre el resto de los mortales.
Rafaelito tenía un mundo mágico y lo compartió conmigo durante varios años, y hoy me acuerdo de él porque sigue vivo en mis paredes, entre los legajos de las cartas viejas, en los ojos más limpios de las mañanas claras y en las noches azules de musas desnudándome.
Aprendí de Rafael que hay que mirar con hambre y hay que escribir con ganas de amar al papel sobre el que la tinta mancha, que hay una forma lírica que está por encima del mundo de los hombres y más por encima del tirado mundo de la literatura, que el universo propio es la magia que quieras poner en él… y que vivir es más que la vida propia.
Creo que pronto habrá alguien que decida exponer con verdad lo que Rafael fue y lo que Rafael hizo, y entonces se abrirá un paraíso a los ojos de los que quieran verlo, un paraíso distinto a todos los conocidos e imaginados, el paraíso de un genio renacentista y de un hombre bueno sobre todas las cosas.


•••

Con Juan Cameron en Candelario

Y que me fui con mi Guille al cine para ver la última de la saga “La Guerra de las galaxias”, y me metí entre pecho y espalda una ensalada de tiros de no te menees, además de un mediano de palomitas y una Pepsi gigante… y que llegué aturdido a mi estudio para encontrarme con un hermoso correo de Miguel Aguilar, de vuelta a ese México al que yo no podré ir este noviembre [me cisco en todo lo que se mueve], que dice:

“Querido Luis Felipe, muchas gracias por todo. Mi estancia en tu compañía resultó muy grata y tus atenciones, lo mismo que tus comentarios sobre mi obra (estos últimos resultan excesivos). He regresado a mi patria y he sentido la nostalgia por Salamanca y sus alrededores, y el deseo de volver algún día. Durante el vuelo de regreso leí partes de tu antología ‘Vuelta a la nada’ y lo primero que me sorprendió fue el tono tan diferente de lo que conocía de la poesía española, una veta que conecta (creo yo) a los clásicos latinos con la poesía norteamericana, sin olvidar a Quevedo y su ironía. Por estos días volveré a tu poesía y a tus aforismos; en verdad los gocé mucho. También déjame decirte que el libro de Diego Fernández Magdaleno lo disfruté mucho. Es raro –por lo menos por acá– encontrar un músico inteligente, culto y sensible. Te mando algunas fotos, donde incluyo una en la que estás descabezado. Salúdame mucho a Pedro, así como a las autoridades que nos acompañaron. Un abrazo muy caluroso. Miguel Aguilar Carrillo. ‘...Y solamente / lo fugitivo permanece y dura.’ Quevedo.”

Apunto que no exageré ni me excedí en la percepción de la magnífica poesía de Miguel, que me fue muy grato conocerle, al igual que a los demás colegas, que comparto sus palabras sobre el amigo Diego Fernández Magdaleno y que le agradezco su lectura generosa de mis cosillas. Un abrazo, hermano.

Con Juan Cameron en La Fuente del Lobo.

Con Miguel y Sonia Luz Carrillo [foto de Juan Camero, el cortador de cabezas].

Con Juan Cameron y Miguel Aguilar en Candelario.

Con Miguel y Sonia Luz.

Con Nancy Morejón en Salamanca.

Thursday, November 8, 2007

Existe un final para cada cosa.


Todo es susceptible de ser reemplazado porque existe un final para cada cosa, y justo en ese final hay alguien o algo esperando para seguir o para cambiar. Desde esta premisa puede inferirse que no hay nada que nos mueva a estar vivos o a lo contrario… y por la misma ecuación podemos calibrar el servicio que nos presta esta premisa de cara a no darle importancia a lo que no la tiene o, simplemente, manifestar como importante solo lo que nos apetezca que lo sea y hasta que nos apetezca que lo sea. Así, todo termina siendo convencional, hasta el poeta en su voz… y cuando entiendes esto, también eres capaz de entender que todo lo que te han enseñado es falso desde su médula, pues va dirigido a modelarte. Así es como llega el desencanto: cuando comprendes que eres sustituible sin más, que no respondes más que a unos parámetros de orden general marcados para todos. Es entonces cuando percibes que la política, el arte, la diversidad cultural, la economía y la vecina del quinto te importan un pimiento.
(21:52 horas) Refrescante y graciosísimo el paisaje al que acabo de asistir en mi salida rápida para comprar tabaco: un amigo de buena posición hurgando en el contenedor de basura, un tipo charlando amigablemente con un fox terrier ajeno y atado a una valla de obras, una jovencita contándole a otra que se ha tirado a un marroquí para demostrarle que si va a África no volverá despatarrada, un madridista riéndose a carcajadas con una cervezota en la mano y un viejito contándole batallas a la pantalla de televisión del local donde compro el tabaco… todo en un minuto largo… ¡¡¡Maravilloso!!!, todavía hay esperanza.

Repaso mis últimas entradas en este diario y me dan ganas de gritar. Estoy bajo de pilas y quizás debiera dedicarme a tocar todas mis cosas y hacerme silencio como trabajo indispensable: Mis plumas, con su erótica del frío, saben mucho más que unos ojos o que unas manos… tocarlas es casi como practicar sexo a escondidas, pues en ellas se esconde todo lo que amo, todo lo que deseo y todo lo que debo forzar a salir… el vasito “Martini” que robé hace años en un bar de Punta Umbría, bajo, chatito, también frío y sugerente cuando lo llevo a mis labios [me suele gustar más él que los contenidos que lo visitan]… El antiguo llamador modernista de bronce que compré en Portugal hace un par de años, con su rostro femenino de corte griego, mirándome a los ojos con sus ojos vacíos [me encanta acariciar esa pieza… entre mis deseos más misteriosos figura el de hacer desaparecer su pátina de orín a base de caricias]… los cigarritos liados con mi maquinita “Rapid”, que antes fue de María Jiménez y luego de Paquito Ortega [crujen en mis oídos como una música mística y embrujadora]… el pañuelo rojo que me regaló Maite, la cellista, hace ya tiempo [huele a hembra imaginada… perfecta y desnuda]… mi harmónica “Honner”, que se sabe adaptar a mis labios con más sabiduría que un beso dulce… mi botella vacia de “Hendrick’s”, la cámara “Voigtlander” de baquelita, las cartas dibujadas de Rafaelito Pérez Estrada, la copa de vino que me regaló Sarita Montiel en Castellón con sus labios marcados, la última postal que me envió Belén desde París, la cajita metálica de “Grageas Bengué” que me regaló Mila, la máscara veneciana que me trajo Javier hace ya casi un año…
Tocarlo todo para intentar alejarme de los malos augurios de la escritura, para obligarme a amar otra cosa que no sean las sombras o los recuerdos, para encontrarme otra vez en la magia de algún misterio que me vaya resolviendo con tranquilidad
De FUMADORAS

Wednesday, April 18, 2007

Rectificar llena de aire fresco los pulmones.

A primera hora recibo mail de José Ángel Cilleruelo explicándome las razones de su silencio y el desencuentro que yo creí que existía entre nosotros [él no tiene constancia de la llegada de mis mensajes escritos y telefónicos con relación a los materiales creativos de Rafael Pérez Estrada que obran en mi poder]. El caso es que en su día yo me ofusqué por su falta de respuesta y despotriqué en una entrada de este diario contra él, circunstancia por la que le pido públicas disculpas, reconociendo mi impulsividad desatada y su buena voluntad en este asunto.
Reitero aquí mi absoluta admiración por la excelencia creativa de Rafael Pérez Estrada y mi voluntad de que todo el material que poseo de él sea de disponibilidad absoluta para ser mostrado de cualquier forma y en cualquier soporte, sin más interés por mi parte que el divulgativo, y aprecio también en lo que valen las palabras de afecto de José Ángel Cilleruelo y su disponibilidad.
Gracias, amigo, y pelillos a la mar.
Eso sí, queda pendiente una cita con café, copa y puro, que me hace mucha ilusión que nos veamos y charlemos.
(22:25 horas) Soy de cuando le pedí a Mateo el del Español una caña y me contestó: “sí, mi niño, ha ganao Ocaña”. Entonces jugábamos a basket en el patio porticado de los salesianos durante el fin de semana completo con paradiñas para comer y merendar; nos hicimos unas camisetas de tirantes en canalé de algodón con vivos rojos y con unas letras de badana cosidas que rezaban “BT” [Béjar Troters]. Yo calzaba unas botas de lona TAO mientras me moría por otras americanas que vendía en exclusiva El Campeón. Cuando quedábamos agotados de basket, practicábamos un deporte inventado al que llamábamos ‘golcan’ [apócope de ‘gol cansancio’], que consistía en jugar a fútbol a cámara lenta tumbados en el suelo mientras narrábamos la jugada. Era absolutamente relajante y a mí me encantaba hacer de portero y ensayar estiradas de más de un minuto para parar los lentos balones que me lanzaba Riobó.
¿Y de tapa, Mateo?… “Sí, mi niño, la etapa, la etapa”.
De Tontopoemas ©...

Friday, January 5, 2007

No sé parecer lo que no puedes ver en mí


Me llega delicioso paquete del colega José María Cumbreño Espada junto a una carta llena de afecto. [Anoto el recibí de «El coleccionista», de mi recordado Rafael Pérez Estrada y en edición de José Ángel Cilleruelo; «El ancho olvido» de Malén Álvarez, «Muertes impares» de Florián Recio, «Antología sumergida» de Javier Rodríguez Marcos, «La princesa y la muerte» de Gonzalo Hidalgo Bayal y «Entrevistas literarias» de Liborio Barrera]. Mil gracias, José María.
(12:05 horas) Cualquier amago de profesionalizar el arte, el sentimiento o la literatura me parece abyecto, sobre todo si dicho ánimo es apriorístico: «voy a escribir, pintar, sentir para vender...». Otra cosa es el después creativo, que ya pertenece a otras manos y a otros ojos. Aún en ese punto, en el de las postcreación, siempre me joden ciertas maneras mercantilistas y clientelistas que son capaces de destruir la luz creativa con su niebla de intereses.

Viene esto a que recuerdo hoy vivamente a Rafael Pérez Estrada –otra vez, que su recuerdo late en círculos en mi cabeza; y ésta gracias a José María–. Él, que fue la generosidad hecha carne, que siempre supo acercarse a cualquier alma sensible con una sonrisa, dando sin pedir; que escribió como los ángeles vencidos sin medir la condecoración o el fracaso, que supo ser brillantemente discreto y, sobre todo, amigo eterno de sus amigos... Ahora, en este tiempo marcado por su falta, es seleccionado, antologado, escogido y puesto a secar por tipos que saben hacer dinero de lo que él conseguía llevar al terreno de los sueños, de las alucinaciones y de la sorpresa. El mago en el mercado exhibiendo sus vísceras a los ojos compuestos de todos los insectos necrófagos.
Vuelvo a recordar que llamé hace un par de años a su albacea y le dejé mensajes sin obtener respuesta alguna. No me importa su silencio, pues cada día disfruto de todos los dibujos que me hizo el amigo y cualquier día, sin contar con nadie, los daré a la luz en una edición limitada para mis amigos y los suyos.
Y los albaceas que albaceen, antologuen, reúnan, seleccionen a su antojo, a su puto y goloso antojo.
(12:23 horas) Sé que en mi caso es imposible, pero me gustaría desentenderme de lo material para que mi individualidad aprenda a crecer mejor. El problema fundamental de obtener tal desentendimiento radica fundamentalmente en que a tal circunstancia irá siempre unida una grave dosis de egocentrismo y de iracundia propiciada por cada una de las intromisiones del otro en mi decurso vital de soledad... Otra opción viable puede ser la del desinterés, trabajar el desinterés como opción de escape a la dictadura de los demás.
En fin, elucubraciones de un discapacitado para asuntos de individualidad y desprendimiento.
(18:39 horas) Me he dado cuenta de pronto que estoy en el bando de la eufonía, me gusta el ritmo machacón, la música en la palabra, los vocablos blandos y redondos, la rima que sorprende (nunca la buscada). Me fascina la palabra «muslos» y me enloquece la palabra «vértice». También me encanta crear palabras sin sentido, pero con sonido y sensación de blandura: «algábala», «dolamela», «voralanda», «dusmilebla»... y enredo con ellas creando una tranquila melopea que llega a hacerse física.
A veces también juego a un ritmo hecho de números, los pronuncio en alto dándoles distintas entonaciones y cadencias... es divertido y ayuda al ritmo de mi mala poesía.